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Historia 191773 — capítulo 21

Títeres y marionetas

  • Bien Lily- comenzó el profesor con un tono de voz muy suave, digna del maestro que siempre da consejos y se preocupa por sus estudiantes- ¿Será que me tienes la suficiente confianza como para contarme porque decidiste irte del colegio?

  • Yo…- titubeé sin dejar de mirar la camilla donde estaba James- debe suponerlo, verdad.

  • Querida Lily- suspiró- pasaste tanto tiempo intentando evitar lo inevitable, y cuando creíste que de verdad lo conseguiste, apresuraste su muerte.

  • No está muerto- susurré, convenciéndome de que James era fuerte y lo soportaría.

  • Pero está al borde de la muerte.

  • Yo nunca quise que esto sucediera- sentía arder mis ojos- quiero que viva, que sea feliz, que vea crecer a sus hijos, que vea nacer a sus nietos, que si tiene que morir sea en la calidez de su cama ya habiendo cumplido todas sus metas en la vida… no a los 21 años siendo asesinado, no quiero eso para él.

  • ¿Y por qué no piensas en que tú también morirás a esa edad y de la misma forma? ¿Acaso tú no importas?- preguntó con clara curiosidad a lo que me récele, la respuesta estaba al filo de mis labios, pero tenía vergüenza de salir.

  • Siento que mi vida se acabó el día del incendio, que morí... que ahora soy un espejismo viviendo una vida que no me corresponde, que ocupo un lugar que no es mío, que amo a alguien a quien no debo amar. Que yo no soy Lily Evans. 

  • Siento mucho ser yo el culpable de tu tristeza- dijo ruborizado.

  • No es su culpa.

  • Si la es Lily- mencionó entrelazando sus dedos- nunca debí haberte enviado a donde te envié… trate de hacer lo mejor, pensé que te estaba salvando de la muerte... pero mis errores costaron la vida de demasiadas personas, una cantidad inimaginable- me miró con tristeza mezclada con vergüenza- sé que es tu vida y la de James, pero gracias a sus muertes tendremos varios años de paz, años en los cuales podremos prepararnos para la verdadera batalla.

  • A usted no le importamos nosotros, me tiene como una marioneta con la cual hace y deshace a su antojo… daría todo por no saber mi destino.

  • Yo te di esa opción cuando llegaste y no la quisiste aceptar.

  • ¡Lo sé! Eso es lo que me duele... que si no hubiera sido egoísta tratando de recordar mi vida lo habría olvidado todo y ahora James no estaría debatiéndose entre la vida y la muerte.

  • La vida no es fácil, pero puedes hacerla llevadera si tienes amistad y amor en tu alma.

  • ¿Amor? Me quitaron a mis amigos, a mi familia, me quitaron mi vida profesor... he pasado años guardando este secreto, no es nada fácil... desearía poder contarlo, no guardarlo aquí en mi alma encerrado, deseando escapar y perforando mis huesos todos los días. Sé que la persona que amo morirá, mi mejor amigo pasará encerrado en una prisión siendo inocente y no sé si mi supuesto hijo vive o no al final.

  • Lily...-  dijo acercándose a mí y reposando su mano en mi hombro- esos libros que dices haber leído son de Harry Potter… la historia la cuentan los ganadores, si tu hijo es el personaje principal es porque él al final será el triunfador.

  • Pero ¿por qué diablos existen los libros?

  • Existen historias del mundo mágico que fueron necesarias ser contadas a los muggles, ocasiones, personajes o sucesos que marcaron la vida de todos los seres humanos: Merlín, Odiseo, Drácula, el hombre lobo; estas historias debían ser contadas de una forma muy sutil, dar a conocer a los muggles sin que se alboroten por la magia, de allí nacieron los cuentos… ¿Cómo les dicen…? Así, los cuentos de hadas. De la necesidad de proteger a los muggles, pero de mantenerlos informados.

Me quedé estática con lo escuchado, mi mente intentaba captar el mensaje claro, pero únicamente podía pensar en la espalda de James desnuda con una herida horrible en el centro de su columna y en cómo mantenía su cabeza con los ojos cerrados sin reaccionar.

  • Yo tampoco quiero que muera.

  • ¿Por qué tiene que morir después?- dije con sarcasmo.

  • No, porque al igual que a ti, le tengo mucho afecto- me sonrojé, de verdad estaba siendo mal educada- si quieres volver a irte avísame Lily, tal vez pueda ayudarte y evitar que al joven Potter le sucedan estas cosas.

El profesor Dumbledore se alejó de mí, dándome la espalda en dirección a la puerta de salida.

  • Profesor- susurré, él detuvo su paso, di tres zancadas y lo abrace por la espalda- usted es lo más cercano a una familia que tengo… necesito confiar, necesito saber y sentir que puedo ser feliz aunque sea por poco tiempo.

  • Tú felicidad es él y tú eres su felicidad… has pensado durante seis años únicamente en James. Piensa un poquito en ti y en el mundo, no solo en el mágico; piensa en que algún día te agradecerá por el gran sacrificio que estás haciendo- se giró y me abrazó como un abuelo que consuela a su nieto cuando se despierta en la noche con miedo del coco- cuida a James, pediré permiso a las clases que faltaras.

  • ¿Cómo me encontró?- pregunté antes de que saliera por la puerta de roble.

  • Por esto- me extendió la esfera que me había conducido hace tanto tiempo a esta época- se supone que solamente tú puedes ver lo que oculta esta esfera "tu vida", pero James logró verlo, eso solo quiere decir que ambos se complementan, nunca podrá existir un James sin su Lily- se dio la vuelta pero antes de abrir la puerta volvió a dirigirse a mí- Lily, no debes temer a la muerte, a lo que debes tenerle miedo, y mucho, es a no vivir la vida- y se fue junto con la esfera.

Me quedé pensando en lo mucho que había perdido durante tantos años, quejándome de la vida que tuve, dejando escapar al hombre que amo y escondiéndome tras una máscara de rudeza, yo quería ser una chica normal, yo quiero amar a James como se lo merece. Verlo ahí tumbado en esa camilla es muy doloroso, pero mientras su corazón siga latiendo yo seguiré a su lado y jamás volveré a huir, bueno a intentar huir.

  • Ya que vas a quedarte aquí- la señora Pomfrey irrumpió mis pensamientos, acercándose junto con un paño de algodón- ayúdame quieres, limpia la herida, vamos a regenerar la sangre en su cuerpo.

  • Emm, lo hago con la varita…- pregunté dudosa.

  • No, ahí está un caldero con una poción regeneradora de sangre, frotala, no podemos darle nada de tomar debido a su condición así que haremos que sus poros lo absorba.

Asentí con la cabeza y me fui directo hacia el caldero y lo arrastré hasta la camilla de James.

  • ¿Tengo que frotar la poción alrededor o solamente sobre la herida?- volví a preguntar, en realidad tenía una condición pésima.

  • Por todo niña- me miró con cara de pocos amigos- perdió sangre de todo el cuerpo no solo de la espalda.

  • Hum, al decir todo se refiere a…

  • Si, a todo… permiso, voy a revisar tu expediente para preparar el antídoto contra esas heridas que provocó la maldiciones.

Pasé lo que quedaba de la madrugada limpiando su espalda y pecho.

Nunca antes lo había visto sin camisa y ahora tocaba cada musculo de su bien formado cuerpo. Sentí mucho recelo de tocarlo, pero es lo que más deseaba, ahora me sentía culpable no solo por el estado en el que se encontraba sino también por entrar en su intimidad y peor aún, sin que él lo supiera.

A eso de las 8 de la mañana, escuché un gran alboroto fuera de la enfermería, reconocí la voz de Sirius como la que hacía mayor escándalo pidiendo permiso para entrar a ver a su amigo, pero para la señora Pomfrey ya era demasiado con tenerme a mí como ayudante y a los padres de James que habían llegado temprano de visita en hora no adecuada.

Como siempre los padres de James fueron muy amables conmigo y no sintieron que el estado en el que se encontraba su hijo fuera mi culpa, de hecho se alegraron de que él me haya encontrado antes de que una desgracia aún mayor haya sucedido. Como dijo el señor Potter "mi hijo es y siempre será un héroe". Después de ayudar a la señora Pomfrey a revisarlo y tratar de estabilizar, viendo los cuidados y las heridas que no eran comunes dejó que la enfermera del colegio fuera quien se encargue. A eso del mediodía mi estómago lanzó un pequeño gruñido, y era de entender, no había probado bocado desde el día anterior muy temprano en la mañana, la señora Potter sonrió y mandó a ver un poco de alimento para mí, al parecer estaba muy conmovida por mi extremado cuidado hacia su hijo.

  • Me recuerdas a él- pronunció sacándome de mi concentración al pasar el paño por su antebrazo.

  • ¿A quién?- pregunté confundida a lo que ella lanzó una risita que no llegó a sus ojos.

  • A James... el verano pasado te paso cuidando él a ti, ahora los papeles cambiaron.

  • Ehm… -no tenía respuesta clara, me sentí avergonzada- ya ve- dije sintiendo las mejillas sonrojadas.

  • ¿Y son novios? O siguen mintiéndose.

  • Bueno, no… yo solo- vi en el reloj de pared como la hora de visitas empezaba en ese preciso instante, 5 cabezas muy familiares me veían desde la entrada, al ver a James sentí como cada uno de ellos se les agujereaba el pecho.

Saludaron a los Potter y luego se me acercaron a mí, cada uno me dio un abrazo y me pidieron que por favor no volviera a preocuparlos de esa manera.

Sirius fue el último que se me acercó, me abrazó como solo un amigo puede hacerlo, las palabras fueron innecesarias.

  • No vuelvas a hacer eso mi bella Lily- me dijo muy serio, pero su semblante cambio a una sonrisa- aunque si tengo que volver a ver a Isabelita tan exasperada imaginándose lo que ustedes iban a hacer fuera de Hogwarts, sería bueno que se desaparezcan otra vez- sonreí a ante la imagen, sentí mis músculos contraídos pues no había dejado de llorar hace ya bastante.

  • Se lo dijeron.

  • Bah… paso hostigando toda la mañana, al final le dije que tú y James se fueron a divertir un poco… casi me ahorca por saber a dónde fueron.

  • Gracias por no decirle la verdad.

  • Por favor, ese siempre será un secreto merodeador, y ella no consta en esa lista.

Volví a sonreír, al ver que mi amigo pese a toda la preocupación por su James, él tampoco me culpaba por lo ocurrido.

  • Ahora dime que lo que te paso en el labio no te lo hizo Cornamenta- llevé por inercia mi mano a mi labio y me fijé que no había hecho ni el más mínimo intento de curarme la mordida, de hecho ni siquiera me acordé que yo también estaba lastimada, poco, pero lastimada.

  • Bueno…- trate de dar explicaciones pero Sirius me paró.

  • No dejes que Isabel vea eso, sino vas a acompañar a James en una de las camillas.

Miramos la escena que teníamos en frente, Mary se agachó para colocar su cabeza en el filo de la camilla, Remus abrazaba a Cherry y Peter estaba arrimado a la pared, ninguno de ellos hablaba, solamente se fijaban en el rostro pálido de James, sus ojos cerrados y su cuerpo flácido boca abajo dejando descubierta la herida que hace poco yo había estado limpiando con el paño de algodón empapada en poción.

  • ¿Cómo está?- preguntó Sirius indicando con la cabeza, a lo que negué con tristeza.

  • No muy bien, de hecho aún no da muestra de mejora, está en las misma condiciones que en las que llegó, bueno la sangre perdida se está regenerando- dije sin llegar a contarle exactamente cómo- pero está mal.

  • Deberías ir a descansar, tienes muy mal aspecto- pasó su brazo por mis hombros.

  • No… yo me quedo hasta que abra los ojos…

Pero una vocecita estridente que entró en la enfermería haciendo mucho escándalo me interrumpió.

  • ¿Dónde está James?- preguntó respirando agitada Isabel.

  • Shhi- señaló la enfermera con el dedo sobre su boca- está ahí, pero tranquila.

Vi cómo su cara se iba contorsionando y lágrimas resbalaban por sus mejillas mientras se acercaba al cuerpo inmóvil de James.

  • Amorcito, vas a estar bien- decía mientras acomodaba unos mechones de su cabello, los mismo que yo había pasado desordenándolos durante toda la mañana- te quiero mucho, por favor, despierta, hazlo por mí amor.

  • Sabes que no te escucha ¿verdad?- le dijo Sirius con apatía, mirándola con cara de perro enojado.

  • No me importa- fijó sus ojos en nosotros, en mi para ser más exactos y su mirada solo transmitía odio- ¿Qué haces aquí?- escupió las palabras como ácido- tú eres la culpable de que este en este estado.

  • Isabel- interrumpió Remus- ni siquiera sabes exactamente qué es lo que ocurrió.

Se dio la vuelta murmurando algo como "idiota", pero no volvió a hablar durante toda la visita. Los padres de James preguntaron que quién era esa joven y al oír la respuesta dada por Peter fruncieron la nariz a lo que soltamos una pequeña risita sin mucha alegría. Después de media hora el tiempo de visita se estaba por terminar y la señora Pomfrey se puso más quisquillosa que de costumbre. Uno por uno mis amigos se fueron, pidiendo que por favor les contara absolutamente todo acerca de las mejoras que pueda presentar, los padres de James tenían que marcharse y de la misma forma, me pidieron que lo cuide mucho y que les mantuviera comunicados en todo momento.

La última que ponía resistencia a la señora Pomfrey fue Isabel.

  • Me iré cuando ella lo haga- me señaló con el dedo, *mal educada,*pensé con ardides.

  • La señorita Evans tiene el permiso dado por el director para quedarse… ¿Acaso lo tiene usted?- dijo con impaciencia la enfermera.

  • Y eso porque, yo soy la novia de James, yo debería quedarme.

  • Si... bueno, tienes razón, eres la novia- dije son un falsa sonrisa en la cara- tú deberías quedarte, pero, ups, yo tengo el permiso- empujé su delgado cuerpo hasta la puerta y antes de cerrarla añadí- ve a descansar, yo curaré a James, y no te preocupes- señale el paño en mis manos- limpiare muy bien cada parte de su cuerpo… linda.

Cerré la puerta dejándola con la boca abierta y un resonador ¡¡EVANS!! se escuchó en el pasillo luego de haber cerrado tras de mí la puerta. Sonreí con satisfacción, pero la sonrisa se me desvaneció al ver que James seguía sin reaccionar.

Y la sonrisa no volvió durante los siguientes días. El partido ya había pasado, Gryffindor perdió por 10 puntos aunque cogieron la snitch, yo seguía sin asistir a clases, la hora de visitas era lo peor que podría ocurrir, no porque llegasen los padres de James, los merodeadores y mis amigas, sino por la cara de estreñida que ponía Isabel, la cual durante esos momento no me dejaba acercarme ni un poco. Siempre le susurraba cosas y le daba besos en su cara, la señora Pomfrey la sacaba luego de eso.

Pese a las pociones que le aplicábamos a diario, los hechizos que le realizaban y todos los cuidados necesarios, no mejoraba en lo absoluto.

La señora Potter pasaba mucho más tiempo en la enfermería a mi lado, llegaba temprano en la mañana y se iba al anochecer... los primeros días no cambió de rutina, pero su cuerpo cansado por la edad no le permitía seguir mucho tiempo, así que cada día las horas que se quedaba se iba aminorando. Le prometí escribir una carta cada atardecer y rigurosamente lo hacía. 

Me sentía miserable, especialmente en la noche, cuando solamente él y yo nos quedábamos en la enfermería, en una ocasión un chico de Ravenclaw de quinto se quedó durante la noche por una indigestión, pero se marchó a la mañana siguiente. Sentí envidia.

  • Hola Lily- me saludó Sirius al entrar en la enfermería el sábado por la mañana- ¿Cómo está?- era la pregunta que seguía a su saludo como todos los días.

  • Nada… me estoy desesperando, no reacciona y la herida no… no cicatriza, está estable, pero hasta que no reaccione y pueda beber la poción no se puede asegurar nada- cubrí mi cara con las manos y respiré profundamente, miré a mi alrededor- y los demás.

  • Fueron a dar la prueba de aparición, es hoy… yo iré luego.

  • Haa… la prueba- dije apesadumbrada- ya la daré en las vacaciones o el otro año, pero no me voy de aquí.

  • Como lo digo todos los días, deberías descansar, cuando James despierte no va a estar feliz de verte en esas condiciones y con esa cara.

  • Bahh- soplé con tristeza- dudo mucho que en realidad quiera verme, los recientes hechos, bueno… seguro lo sabes.

  • ¿Por qué le enviaste esa nota? Yo sé que tú le quieres y de verdad que me sorprendió.

  • Tenía que hacerlo, quería que me odie... sino no me dejaría ir- volteé a mirarlo- igual no me funcionó.

  • Si querías que te deteste lo lograste, heriste su orgullo. Pero no va a dejar de sentir lo que siente por ti, aún con lo molesto que estaba fue en tu búsqueda, y aunque sea un testarudo y diga que fue porque lo obligamos, en realidad fue porque se preocupó de que algo te ocurriera.

  • Siempre con su complejo de héroe- me acerqué y acaricié su mejilla, noté un cambio, no estaba fría como en otras ocasiones, ahora ardía- ¡Madame Pomfrey!

La enfermera se acercó con rapidez, dijo que seguramente era un efecto de la poción, que la volviera a frotar por todo su cuerpo como lo hacía siempre, luego se marchó diciendo que debía ir a ver unas cuantas plantas para usar en el invernadero, pero yo estaba segura de que iba a conversar con la profesora Sprout por un buen rato.

Al momento de disponerme a realizar lo que me había dicho la enfermera, Sirius bajo la mirada y ocultó una sonrisa mientras yo avergonzada humedecía el paño.

  • Nunca se lo digas- murmuré aún con la cara igual de ardiente que la de James, al frotar el paño en su espalda.

  • No te preocupes, no le diré a mi mejor amigo que la chica que ama lo conoce… emm… ¿qué no más frotas?

Le lancé una almohada que milagrosamente dio directo en su cara, haciendo que soltara un auchh.

  • ¿Qué diablos estás haciendo?- la melodiosa voz de Isabel sonó desde la puerta, llena de indignación y de celos- con que para eso te quedas no Evans, para manosear a MI novio.

  • Disculpa, yo no estoy manoseando a MI amigo- respondí sin mucha gana- estoy tratando de que mejore.

  • Yo hare eso… dame el paño.

  • No...- oculté el paño tras de mí instintivamente, ya suficiente tenía con tener que verla a diario como para que ahora me quiera dar ordenes.

  • Yo soy su novia.

  • Y eso a mi no me interesa.

  • Escúchame Evans… llevo saliendo con James por algunos meses, tengo más derecho que tú.

  • Hah… crees que eso me importa- di dos pasos hasta ella, Sirius me miraba con miedo y alistándose para cualquier ataque- James podrá salir contigo, al igual que con Thatiana Adams y Julie Anne Smith, o no te has dado cuenta de los adornos que tienes en la cabeza… además bien podrás presumir que te toma de la mano pero es a mí a quien ama desde hace 7 años, y no voy a dejar que TÚ me alejes de él, escuchaste.

Su rostro se desencajó y me dio pena por lo que dije, se notaba que Isabel lo quería y yo había dado en la llaga, donde más le dolía. Me sentí miserable, ahora también lastimaba a una persona que siempre fue dulce, comprensiva, inteligente, amable y todas esas babosadas que se supone tiene una chica perfecta. Alguien que amaba a James. Pero...

  • Isabel yo…- traté de corregir lo dicho, pero ella me calló con un gesto con la mano.

  • Volveré mañana- salió disparada de la habitación.

  • Eres mala Evans- me dijo Sirius poniendo una mano sobre mi hombro- pero le dijiste la verdad, no puede culparte por eso… ella siempre lo supo, de hecho todo el colegio sabe que mi amigo está enamorado de ti y también que no es un santo.

  • Basta Canuto- lo llamé por su apodo, siempre lo usaba cuando lo quería reprender, era mi forma de decir "Boby, abajo"- suficiente tengo con que James no se despierte.

  • Hay mi bella Lily, tanto tiempo llamándolo Potter y ahora mírate, rogando por su salud

Le lance una mirada significativa y el alzo las manos a la altura del pecho en señal de rendición.

  • Me voy, me voy… a ver si puedo sacar el permiso de aparición.

Se acercó a James, desordenó su cabello y con un gesto de cabeza se retiró.

Me quede nuevamente sola, bueno, con el cuerpo inmóvil de James, me agaché y pasé el paño por su cuello, sentí un gran deseo de hablarse, aún sabiendo que él no podría escucharme.

  • ¿Dónde quedó tu flacucho y débil cuerpo, James?- susurré al ver una vena que gritaba "soy hombre y estoy bueno".

Tenía definidos sus abdominales y lo mismo pasaba con sus bíceps. Sus piernas eran fuertes y musculosas, pero nada exageradas. Para mí era perfecto.

Toqué con la punta de mi dedo su cuello y subí hasta su mentón, luego instintivamente pase el pulgar por sus resecos labios y acaricié sus mejillas que todavía seguían sin color, por unos segundos mi corazón aceleró sus latidos al sentir que el cuerpo de James se estremecía ante mi tacto, pero luego al ver cómo sus ojos seguían cerrados y sin realizar movimiento alguno, me di cuenta que solo fue la imaginación, me dio un mareo y unas intensas ganas de llorar que dolían en la garganta y se extendía por el pecho.

Caí en el frío piso de mármol blanco con las manos en la cara, al parecer algunas de las costumbres que se van obteniendo al pasar el tiempo no se pueden borrar, mi cuerpo quería soltar lágrimas, pero mis ojos únicamente ardían. Me sentía impotente, abrace mis piernas con los brazos y agaché la cabeza, dejando al paño colgante de mi mano, inmóvil al igual que James. Solté un quejido lleno de frustración y comencé a balancearme en mi propio cuerpo.

Un olor llego hasta mí, me abrazaron, alguien colocó la cabeza sobre mi espalda y me acunó, deseé tanto que fuera James quien al fin se había despertado y me vio tan vulnerable que no pudo resistirse y fue a tranquilizarme. Pero el olor de aquella persona era muy distinto, era un olor familiar si, un olor que hace mucho tiempo no lo sentía.

  • Vete de aquí- dije sin moverme del lugar en el que estaba.

  • Solo si vienes conmigo- arrastró las palabras, era la misma voz que había escuchado en el bosque, era la misma persona que intentó matarnos ¿Y ahora quería consolarme? Que ironía.

  • Vete Snape- me levanté con brusquedad, dejando atrás todo rastro de impotencia, un fuego ardía en el fondo de mi pecho, el deseo de venganza era tan fuerte que no podía resistirlo, en cualquier momento sacaría la varita y lo atacaría, no me importaba las consecuencias, debía lastimarlo, debía matarlo.

  • Solo vine a ver como estabas- me miró con suspicacia, seguramente pensaba que no lo había reconocido, pero estaba segura era él, era su hechizo- ¿No me crees verdad?

  • ¿A ver como estoy? o ¿A ver cómo está James?- soltó un risa sarcástica- ¿o a ver si lograste matarlo?

El miedo llegó a sus pupilas, no pudo contraatacar a lo que le había dicho

  • ¿A lo que yo?… yo no Lily…no.

  • Y me vas a mentir… fue el mismo hechizo que le lanzaste el año pasado frente al lago, pero ahora estaba perfeccionado ¿no? En esa ocasión solo le cortaste la cara, ahora casi lo matas… ¡Tú y tu mugrosa banda de… asesinos!

  • Lily… no digas eso…- suplicó.

  • Eso es lo que son… unos asesinos y tú ya te uniste a ese grupo… pero sabes que Snape… me das lástima- escupí las palabras con todo el odio que pude. 

  • Me preocupé mucho al ver que no aparecías.

  • ¡Ohh! te preocupaste por mí… que tierno- cada palabra destilaba ponzoña sarcástica- debería agradecer que gracias a esa preocupación que tuviste intentaste matarnos…! ¡Gracias!

  • Jamás te haría daño a ti, ¡entiendes!

  • ¿Y porque? Solo soy una sangre sucia que no merece estudiar en este colegio, que ni siquiera merece existir… preferiste matar a un sangre limpia, te odio Snape- su rostro se desencajó, un brillo maligno apareció en sus ojos. La rabia no solo la tenía yo.

  • ¡Te enamoraste de ese estúpido Lily…! ¡no entiendes que tiene novia, que siempre te ha utilizado, que para él eres solo un juego, una chica más para su colección!

  • Pues sí, me enamoré y prefiero ser un objeto de colección y no un hombre hundido en su propio miedo y con suficientes agallas para intentar matar a alguien pero sin nada de valencia para decir lo que siente. Vete y no vuelvas Snivellus.

Formó una mueca capaz de asustar a cualquier persona, tuve el instinto de dar un paso atrás, pero mi orgullo me dijo quédate, y le hice caso. No dejaría que me viera débil, tantos años de práctica en el arte de ocultar mis verdaderos sentimientos debían de servir en este momento, aunque el miedo me llegó hasta todas partes de mi cuerpo.

Agarró con fuerza mis brazos, hundiendo sus uñas en mi piel, se acercó sin dejar un milímetro de distancia entre nosotros, arrinconándome contra la pared. Cuando James hizo lo mismo en el bosque no me moví porque simplemente no tuve la fuerza interna para hacerlo, pero ahora era el miedo de su mirada la que no me dejó darle una patada en su entrepierna.

  • No babeo por ti como ese intento de payaso- soltó las palabras, calentando con su aliento mi rostro- pero estoy seguro que ese- dijo con ira, cogiendo mi cara con una de sus manos, de forma brusca logró que viera hacia James- no es lo que buscas.

  • ¿Y tú si lo eres? Créeme, no entras en  los cánones de mi hombre perfecto.

Intentó besarme, la fuerza y la osadía me había vuelto, intenté zafarme y evitar por todos los medios que sus labios toparan los míos, pero no fue necesario hacer mucho esfuerzo, porque Remus lo jaló por la túnica e implantó con todas su fuerza de lobo un puño en la cara cetrina de Severus.

Snape se tambaleo un poco, toco donde había llegado el golpe y vio como unas cuantas gotas de sangre brotaba por su labio roto. Remus mantenía la mirada fija en él, indicando los dientes apretados y aún teniendo sus puños cerrados, listo para golpear. Nunca antes lo había visto con su parte de lobo a flote.

  • Estos son los amigos con los que te llevas Lily- Severus volvió a arrastrar la palabras- unos agresivos, animales… o debo decir medio bestias.

Sentí lo tenso que Remus se puso, su secreto mejor guardado iba a ser revelado a su amiga que se supone no sabe nada.

  • ¿Por qué sabes lo que es? ¿No? Un hombr…

  • Sé lo que es- intervine antes de que terminara la frase, me acerqué y puse la mano sobre el hombro de mi amigo- y no me importa porque él sí merece tener amigos y jamás… ¿escuchas? jamás me alejare de él, no me importa los motivos, voy a apoyarlo hasta el día que me muera.

  • Lárgate Snape- masculló Remus, aún con los dientes apretados y sin aflojar su semblante.

Severus dio la vuelta y cerró la puerta con un golpe demasiado fuerte para mis odios. Apenas reinó el silencio en la habitación, Remus soltó todo el aire que había contenido y sus brazos cayeron como los de un títere sin titiritero.

Acaricié su rostro pasando por sus cicatrices y lo abracé.

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Hola ¿cómo están? he tenido problemas con la página de Potterfics, por eso no subía antes el capítulo, espero que haya sido de su agrado. Un comentario por favor. :)