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Historia 191773 — capítulo 22

En brazos de Morfeo

Abrazar a mi amigo no fue lo que esperé; deseaba poder transmitirle seguridad, confianza, consuelo; deseaba que pueda verme como una amiga que jamás revelaría su secreto; pero no fue así. Su cuerpo rígido, sus brazos quietos a sus costados y el palpitar acelerado de su corazón me explicaron que lo que más deseaba hacer en ese preciso instante es salir corriendo, huir de mi mirada, escapar de sí mismo.

Agarró mis brazos pegándolos a mi cuerpo y alejándome de él, sus ojos color miel tenían un brillo peculiar, que casualmente me recordó a mí misma después de la embestida de mis amigos diciéndome que era una alma en pena que no sonreía. Sus ojos me miraron con vergüenza y salió de la enfermería, aún apretando los puños y con su ancha espalda rígida se fue dejando un rastro de ira, dolor y frustración.

  • Remus… ¡¡¡espera!!!- grité pero él no hizo caso a mi llamado.

Por un momento vacilé entre salir tras Remus o quedarme con el cuerpo inmóvil de James. Mi corazón me dijo quédate, no te vayas, no lo dejes solo. Pero mi mente imploraba ir tras mi amigo para poder explicarle algo, no sabía cómo actuaría, pero debía seguirlo, tenía la necesidad de decirle algo, aunque no sabía cómo hablar con él en este momento.

Al final ganó mi razón y eche carrera tras él.

Al salir de la enfermería vi como curvaba la esquina a lo lejos, corrí lo más rápido que pude y le alcance un piso más abajo, sosteniéndome el lado izquierdo que empezó a punzar… ¿tan mal físico tenía por estos días? ¿Si acostumbraba a correr todas las noches antes, ahora por que no puedo 100 metros?¡¡Bahh!!- farfullé con cansancio.

  • ¡Remus! ¡Espera!- grité jadeante, esperando que se detuviera para no tener que perseguirlo por más tiempo a donde sea que se dirigiese.

Él se detuvo con los puños cerrados, dio media vuelta, fijó sus ojos en mí con su mirada suplicante, resopló y se arrimó en la pared, para luego posar la vista en un punto muy interesante en la pared.

  • ¿Qué sabes?- me preguntó con una voz rasposa que expresó todo lo que vi en sus ojos: amargura.

  • Todo- respondí débil y suave, sabía que podía escucharme, tenía un excelente oído debido a su condición, además de sus demás "dones malditos"- lo sé absolutamente todo- no podía mentirle, no a mí amigo, a unos de mis mejores amigos, no era solamente el hecho de que sabía de su existencia antes de conocerlo. Cada uno de sus síntomas, su apariencia, sus cicatrices, su mirada, sus facciones lo delataban. No podía creer lo poco perceptivos que eran las demás personas para no darse cuenta, ven las cosas en sus narices pero por el simple hecho de pensar que todo es normal y que lo saben, evitan aquello que marca la diferencia. Creen que las únicas estrellas que existen son las que titilan en el cielo.

Su rostro se desencajó nuevamente mostrando las cicatrices que cruzaban su rostro y al apretar los dientes dejó evidenciado aquel cardenal casi imperceptible en su cuello; penas llegaba a los 17 años pero su semblante mostraba el de un adulto que ha sufrido durante toda la vida. Nuevamente, con un golpe fuerte en la base del estómago me di cuenta de lo mal que he actuado estos años, existían personas que sufrían por cosas mucho peores que las que me había tocado a mí; y aún así, aquí están, luchando, riendo, bromeando, apoyándose en las personas que los quieren... sin huir.

  • ¿Desde cuándo lo sabes?- dijo dejándose caer en el mármol y ubicando su cabeza pegada a la pared con las manos colgantes sobre sus rodillas.

  • Creo que desde siempre, pero yo… Remus- di un paso hasta él, tratando de romper la barrera que al parecer hizo aparecer en medio de los dos.

  • ¡No te acerques…! - gritó- dime Lily ¿todo el cariño que has expresado durante tanto tiempo fue lástima o qué?

  • No… yo te quiero de verdad.

  • Mentira… quien podría querer a un… a alguien como yo.

  • ¡Pues yo te quiero! James te quiere, Sirius, Peter, Mary, Cherry… todos te queremos por quien eres.

  • ¡Pues no lo deberían hacer! No se dan cuenta de que soy distinto, que los puedo lastimar, que soy una bestia que no merece tener amigos.

  • ¡¿Una bestia?! Por favor Remus… no quieras dar lastima, conmigo no funciona… tú sabes que lo que acabas de decir es una de las más grandes mentiras, sabes que te queremos y que nada va a cambiar las cosas.

  • Pero… soy un- su semblante me dio mucha tristeza, no me importó la barrera y me acerqué, tomé su cara entre mis manos, arrodillándome frente a él.

  • Eres mi amigo, una de las mejores personas que he conocido en mi vida, inteligente, amable, digno de confianza, con un corazón enorme y una valentía interna que tantos desearían tener… que yo desearía tener... Tu cuerpo cambia cada mes, pero esto- puse mi mano en su pecho- tu corazón jamás podrás cambiar.

  • Lily- su voz empezó a sonar como el quejido de un niño- soy peligroso, deberías alejarte.

  • No lo haré, ni aunque me lo rogaras, porque sé que en el fondo lo que más deseas es tener en quien apoyarte, sé que tienes a tus amigos, pero también puedes contar conmigo, yo nunca te defraudaré.

  • ¿De verdad no me tienes miedo?

  • Hay Remus- solté una ligera risita- no te voy a mentir... si fuera luna llena, estuviera sola, en el bosque y sin varita, si... te tendría muchísimo miedo. Pero no el resto de los días ¿Crees que estaría aquí sentada si no fuera porque confió en ti? ¿Crees que hubiera aceptado ser tu novia falsa para darle celos a la chica de Ravenclaw en cuarto año si te tuviera miedo…?

  • Espera- me detuvo abruptamente- tú lo sabías en ese entonces.

  • Si... y recuerdo que funcionó... saliste con ella por cuanto ¿dos semanas?

  • Fue un mes... Enserio lo sabías.                  

  • Ajap…

  • Te han dicho que eres la persona más linda del mundo- me sonrió- ¿De verdad no te importa?

  • Remus... - dije ya perdiendo la paciencia- podrás ser un gran lobo en luna llena, pero el resto de días eres un cachorro... Y ya te lo dije de muchas formas, es tu turno de creer y empezar a confiar un poco más en el cariño de tus amigos… y hablando de amigos, vamos a la enfermería que un muchacho que ha estado para ti en las buenas y en las malas y que siempre te apoya está como bella durmiente sin despertar.

  • ¿Qué siempre me apoya?- preguntó con serio interés, al parecer quería saber qué cosas más sabía y no había dicho.

  • Aja- evadí la pregunta jalando sus manos para que le levantara y subir las escaleras.

  • ¿Por qué no me dijiste que lo sabías?- preguntó después de unos cuantos escalones.

  • Porque si tú me lo querías decir pues bien, pero si no me lo decías no iba a encararte de esa manera. Qué querías que haga, que vaya y te diga "Oye Remus se cuál es tu problema peludo"

  • Ya me parecía sospechoso esa actitud… yo también esperaré a que tú nos cuentes quién es Elizabeth- me paré de golpe y tosiendo, al parecer me atranque con mi propia saliva al tragar

  • ¿Estas bien...? Dumbledore dijo algo de esa chica pero creo que solamente James entendió… ¿la conoces?

  • Yo… ehh… un poco, no la he visto hace años- no era una gran mentira ¿o sí?- la verdad no sé porque Dumbledore la mencionó.

  • Dijo algo como que Elizabeth no conoce Londres y que su historia puede ser contada… algo así, no entendimos muy bien.

  • ¡Eso dijo Dumbledore!… qué más dijo…

  • No mucho, entiende, no tengo idea de cómo descifrar del lenguaje en clave que se lanzaban Dumbledore y James.

  • Mmmmm- lancé una expresión torciendo lo labios ¿Qué le diría Dumbledore a James? Y especialmente ¿Qué le diría James a Dumbledore?

  • ¿Lily? ¡Lily!- Remus chasqueó sus dedos frente a mí rostro pidiendo atención.

  • ¿Ahh?- solté aún metida en mis pensamientos.  

  • Te preguntaba si querías que luego te traiga una poción rehabilitarte o por lo menos un café, mírate- cruzó los brazos y me observó de pies a cabeza- te ves terrible, jamás había visto ojeras en tu rostro ¿Y que se supone que es esa cosa que tienes en tu cabeza? ¿Un nido?- agarró un mechón de mi cabello y con una sonrisa burlona lo soltó como si fuera paja mal cortada.

  • Tengo derecho a verme como Troll- repliqué con una expresión de burla, la misma que mi amigo cargaba encima- he pasado todos los días en la enfermería ¿Sabes lo incómodo que es dormir en una silla?- le di un pequeño golpe en el hombro al terminar de subir el último escalón.

  • ¿Por lo menos le pusiste un hechizo alcochonador?

  • Ajap, pero me duele el cuello… espero que despierte pronto.

  • Es lo que todos esperamos… ¿Te puedo hacer una pregunta Lily?- asenté la cabeza afirmativamente- ¿Por qué cuidas tanto de James?

  • Ehm… bueno... porque primeramente él no estuviera en ese estado si no fuera por mi culpa y porque…- me empezó a sudar las manos, a estas alturas ya todos debieron haberse dado cuenta de lo que sentía por él, pero era tan difícil admitirlo- James me cuidó el año pasado cuando estuve inconsciente.

  • Todos lo hicimos, bueno claro que él se quedó a dormir en la habitación, pero fueron apenas dos noches, y además lo hizo en un sofá ¿Sabes lo cómodo que es ese sofá? Es mejor que un colchón hecho con plumas de fénix... de verdad Lily, no porque duermas incómoda en una silla Cornamenta va a despertar más pronto.

  • Lo sé... pero me siento más segura si estoy aquí con él- señalé a la gran puerta caoba de la enfermería.

Agarré el filo de la puerta y con un audaz movimiento giré y entré en la habitación blanca, como ya se me había hecho costumbre no noté el momento en el que mis ojos quedaron clavados en la cama en la que James usualmente dormía.

Tenía dos diferencias sustanciales a cuando me fui: la una fue que Isabel había vuelto y sostenía la mano de James, mirándolo directamente a los ojos y susurrando palabras; la otra era que aquel dormido muchacho, ya no estaba tan dormido, tenía puesto los lentes y miraba a su novia fijamente con el rostro cansado y pálido.

Hace nueve días que el aire no entraba con normalidad a mis pulmones, ahora una oleada de paz se asentó en mi estómago, me provocó un poco de mareo verlo acostado, era tanta la felicidad que llegue a sentir, que mi cuerpo no resistió el dolor en el pecho a verlo despierto y fuera de peligro.

  • ¡Cornamenta!- Remus corrió hasta la camilla de James, yo seguía sin poder moverme del lugar en el que estaba, aún agarrando el pomo de la puerta- ¡Despertaste! ¿Cómo estás? Gracias a Dios- gritó lleno de alegría, sin poder ocultar la dicha que le producía verlo mejorando.

A mi me corrían ligeras lágrimas que oculte inmediatamente. 

  • He estado mejor- dijo con un soplo de voz casi inaudible que para mí fue lo más hermosos que pude escuchar desde hace ya bastante tiempo- ¿Qué hace ella aquí?- me miró desde la camilla, sus ojos estaban llenos de resentimiento e ira, una mirada que no había visto hace años, la misma que me lanzó en el tren cuando defendí a Severus en nuestro primer viaje al colegio. Fue como una puñalada en el costado.

  • Lily ha estado…

  • Que se vaya- dijo volteando la cara para no mirarme más, dispuesto a que su orden sea tomada en serio.

¿De verdad creía que me iría solo por un berrinche de niño tonto? ¿Acaso se le ocurre pensar que pase tanto tiempo en la enfermería para luego irme así porque sí? Pues claro que no.

  • Lo siento por ti Potter- "era Potter otra vez"¿Qué diablos me pasaba?- pero no me voy hasta que venga madame Pomfrey… ¿Puedes ir a buscarla Remus? Seguramente está en el invernadero 6 con la profesora Sprout.

Durante un momento James gastó la poca fuerza que tenía en intentar que me marchara, diciendo palabras hirientes, esfuerzo perdido y desperdiciado. Isabel me lanzó una mirada burlesca que gritaba: "¿Dónde está el amor de James por ti, Evans?" y yo seguí tratando de levantar la pared de indiferencia. Maldito ego.

  • Si vas a estar aquí por lo menos ayúdame- le dije a Isabel con la máscara de no me importa nada- trae el líquido que sale del grifo violeta del cuarto lavabo del baño…

  • ¿Me estás dando órdenes, Evans?

  • No- dije autosuficiente- solo que aquí yo soy la que sabe qué hacer y tú no… así que o vas a ver el líquido y traes dos onzas en este frasco o te vas… elije.

  • ¿Por qué... le das órdenes?- sonó nuevamente la voz rasposa de James- ¿Quién... te crees?

  • No hables amorcito, todavía estás delicado… no te preocupes voy a ver ese liquido… todo por ti mi vida- Puaj, aunque no sea a James al que se dirigiera, tantas palabras dulces me dan nauseas.

Madame Pomfrey me había enseñado que es lo que debía hacer en caso de que James despertara y ella no estaba: debía coger en un frasco la poción que estaba en el contenedor del lavabo, ponerle esencia de tela de acromántula y un poco de sucotrino fresco. Me dispuse a mezclar el sucotrino con la tela de araña para producir una masa compacta similar a la goma de mascar que al fusionarse con la poción color verde sucio que ya estaba hecha, era un excelente cicatrizante interno y regenerador de tejidos.

Isabel volvió en pocos minutos con el frasco lleno, no con las dos onzas, lo dejó en la mesa junto a mí y se fue a tomar nuevamente la mano de James, sentí un golpe en la boca del estómago, uno de esos golpes que hacen que quieras vomitar todo lo que has comido durante varios días, que bien que mi dieta obligatoria por estar en la enfermería se reducía a una taza de té y galletas.

Que ilusa fui al imaginarme que tal vez todo cambiaría cuando James despierte y me vea junto a él, se dé cuenta que estuve ahí, cuidándolo, preocupándome y amándolo. Pero en vez de eso, Isabel fue quien lo recibió y es a ella a la que mira con ternura.

Mecí la poción cinco veces en contra de las manecillas del reloj, dos veces en forma recta de norte a sur y un vapor verde azulado apareció en forma de tirabuzones que se perdía cada cinco segundos. James debía tomarlo antes de que los diez vapores desaparecieran.

Me apresure hasta la camilla y alcé con mi mano su cabeza para que tenga mayor facilidad al beberla.

Tómala- dije tratando de sonar… ni siquiera sabía cómo quería que mi tono de voz sonara.

¿Es veneno?- dijo con mucho esfuerzo, me pregunté si lo dijo en son de broma o literalmente.

No… es una poción que te hará bien.

¿Dónde está la enfermera?

Llegará pronto… bébela- acerqué el frasco a sus labios, ya había salido seis de los vapores.

- Que me de Isabel- siente de los vapores.

Bébelo pronto.

No- ocho.

Por favor- le lancé una mirada que hasta a mí me pareció demasiado implorante, a lo que él se esforzó por alzar la cabeza y beber. Su cara pasó por muchos gestos que evidenciaban lo desagradable del semilíquido verde, pero al final se lo terminó todo.

Me siento débil- murmuró y luego cayó en un inmediato sueño.

¿Qué le hiciste?- preguntó asustada Isabel, mirándome con los ojos totalmente abiertos - esperé más de una semana para que despertara y ahora tú le…- agitó sus manos a la altura de la cara sin saber qué decir- ¿Qué le hiciste?

  • Créeme Isabel, como medimaga te mueres de hambre… James está bien, es un efecto de la poción- respondí sin ganas- mientras duerme, los tejidos se van regenerando, cuando la poción ya no le haga dormir, es porque está curado…- volteé y sonreí fingidamente- salta, tu novio ya salió del estado de gravedad- y me fui directo al baño cerrando la puerta tras de mí, seguro se vio patético ¿Pero de cuando acá me importa cómo me vieran los demás?

Me sentía feliz porque James ya había despertado, estaba vivo, su corazón latía. Deseé salir y gritarle a todo el mundo que el amor de mi vida no había muerto, que estaba bien, que su novia estaba con él allá afuera. Auch. El reflejo del espejo en el baño no me decía lo mismo.

Esos ojos verdes estaban llenos de tristeza, de decepción. Me pareció ver a la misma niña que años atrás no podía identificarse en el mismo espejo, solo que ahora tenía más edad, la edad en la que cambió su vida, la edad en la que el destino empezó a jugar con ella.

...

Todo el fin de semana en horas de visita la enfermería pasó abarrotada, bueno, hasta que madame Pomfrey sacaba a varios estudiantes y solamente quedaban 5 o 6 personas aparte de mí, que me sentaba tras el escritorio de la enfermería, oculta tras un grueso libro de plantas brasileñas que curaban el insomnio. Durante esas horas Isabel no se alejaba de James por nada, especialmente porque él se lo pedía… otro hachazo. Yo era despreciada por su mirada y sus palabras hirientes. Habíamos vuelto a ser los tan lindos amigos de toda la vida, los que siempre peleaban y no se dejaban intimidar por nada, los que siempre tenían una palabra en la boca para contraatacar; la diferencia es que ahora yo ya no tenía la suficiente fuerza para responder, por lo tanto él siempre se quedaba con la última palabra y yo salía de la enfermería hasta que James caía nuevamente en el sueño producido por la poción y regresaba para aplicarle la corporal.

No deseaba, ni tenía cabeza para ponerme al día con tareas pendientes y repasos para los exámenes finales que eran en tres semanas, pero mientras me mantenía distraída era perfecto. Puse nuevamente como excusa que James estaba en la enfermería sin poder levantarse por mi culpa y por eso era que yo estaba realizando los trabajos de él, en parte era verdad, si estaba en ese momento en la biblioteca haciendo los trabajos de otra persona era únicamente por mi culpa. Lo bueno es que una cantidad considerable ya estaba terminada gracias a Mary, Cherry y los chicos, quienes pensaron que esa era la única forma que tenían de ayudar.

Acababa de escribir un relato sobre: inventos y descubrimientos mágicos en  el siglo IX, para historia de la magia (materia que James no seguía) cuando giré la cabeza y me fijé en la mal disimulada mirada de la señora Prince dirigida hacia el reloj que marcaba las 7 con 55 minutos, debía marcharme.

Podía regresar si quisiese sin que ella lo notara, ya lo había hecho antes, existía un pasadizo, el cual lo descubrí yo sola, desde la ala oeste del castillo, cerca de la sala común de Ravenclaw hasta uno de los estantes de la biblioteca, al parecer a Rowena Ravenclaw le gustaban los atajos hasta el lugar en el que se sentía libre.

No estaba segura de que los merodeadores lo conocieran, pero hasta ahora nunca me los he topado en ese lugar ¿o tal vez se escondía para que no los descubriera fuera de la cama a horas no adecuadas? Pero justamente ahora no deseaba quedarme, lo único que quería era ir a la enfermería.

Puse los pergaminos y plumas en la maleta negra que acostumbraba a cargar, agarré el pilo de libros que únicamente dejaban mis ojos a la vista y salí de la biblioteca. Tenía alzada la cabeza durante todo el transcurso y cuando llegué lo difícil fue abrir la puerta sin que se me caigan los libros, crucé rápidamente sin mirar a James hasta la mesa que se encontraba frente a su camilla para depositar los libros. Al girarme vi su rostro dormido, según la señora Pomfrey debía despertar dentro de dos horas, suspiré y fui directo a la estantería donde se encontraba la poción para el cuerpo, mientras humedecía el paño di la espalda a James, no quería verlo, el corazón me palpitaba como no lo había hecho hace mucho tiempo... dolía.

Me acerqué lento hasta él cuando ya no tenía excusa para darle la espalda, el paño estaba completamente húmedo, hasta tuve que deshacerme de algo del líquido que estaba de más.

Soplé con fuerza mientras bajaba la sábana a la altura de su cadera y desabrochaba su camisa, justo el momento en el que toque con el paño su pecho desnudo una mano agarró mi muñeca haciéndome soltar el trapo húmedo con brusquedad, estaba muy nerviosa y jamás creería que el corazón podría latir más fuerte de lo que ya hacía si no fuera porque en ese momento sentí que se salía de mi pecho, perforando mi cuerpo.

¿Qué haces?- preguntó James viéndome directamente a mis ojos, que los sentí ardientes por el susto que me lleve.

Tenía la boca seca y paralizada en un grito que no salía, ¿Por qué diablos el castillo debía ser iluminado solo por velas y contribuir a un perfecto escenario de "Drácula despierta y agarra la mano de su siguiente victima"?

¡¿Evans?!- dijo ante mi seguramente rostro lleno de susto- ¿estás bien?

¡No vuelvas a hacer eso!- reaccioné intentando soltarme de su agarre, pero para ser una chico acostado en una cama de la enfermería era muy fuerte y no me soltó- me asustaste.

Que bien...- soltó uno de sus gestos arrogantes, de esos que acentuaba sus rasgos al sonreír de lado- ahora responde ¿Qué hacías?

Yo… pu-pues - ¿por qué carajos tartamudeaba? esto iba de mal en peor, seguro y mis latidos podía ser escuchados-  te aplicaba la poción- señalé con la cabeza el paño caído sobre su pecho.

Puaj eso apesta- frunció su nariz y me soltó bruscamente.

Bueno ya sabes- agarré el paño y lo sostuve en mis manos jugando con él- las pociones no son del todo agradables.

Igual que tú.

Potter, no le he dado el permiso de tratarme de "tú"- sonreí con falsedad.

No me importa Evans, de todas maneras suelta ese paño y vete.

Oye tú ¿Qué derecho crees que tienes para tratarme de esa forma?

Bueno- lanzó la misma sonrisa que yo le había dedicado- digamos que me canse de ti, de tus niñerias y de todo lo que te rodea.

Bien hecho, al fin lo superaste- giré en redondo en busca de algo que me distrajera, y encontré la pregunta perfecta dentro de mi cabeza- ¿Por qué te despertaste?

Porque no tenía sueño…- se mofó- algún problema con eso.

Para mí ninguno, pero es importante saber hace cuanto te despertaste… ya sabes para darte nuevamente la poción que te duerme y así tener un poco de paz.

  • No la quiero otra vez.

Que pena, te la tienes que tomar- empecé a mezclar los ingredientes hasta que los tirabuzones de humo salieron- toma- extendí el recipiente con la poción - ya salieron seis vapores ¡tómatelo!

Sabes que Evans… no me gusta que me digan que hacer.

¿Ahora te lo tengo que pedir de por favor? - dije con frustración.

Puede ser.

¡Tómatelo! Solo quedan dos vapores por salir.

No... creo que no.

Vi como el último vapor salía del recipiente y como la poción se solidificaba; agarre con brusquedad el recipiente y puede darme cuenta que estaba tan dura como una piedra.

Arruinaste la poción- no sabía si sentirme triste, enojada, frustrada o no sé qué.

¿Sabes lo horrible que se siente tener que estar dormido todo el tiempo? Esa poción es asquerosa…

Sabe a los mil demonios… lo sé- me senté a horcadas sobre una silla junto a su cama- especialmente cuando llega a la base del estómago, es como si cada célula de tu cuerpo quisiera alejarse porque no soporta el sabor y mucho menos el olor, pero como no puede, lleva a tu mente a un estado de inconsciencia en el cual supuestamente ya no sientes nada, pero eso dura solo durante el proceso del sueño, te despiertas internamente y quieres escapar pero las piernas no responden, tus ojos no se abren, gritas pero nadie te escucha… y quema, quema como si un cigarro gigante se estuviera apagando en el pecho. Duele estar acostado, te arde la espalda y estas todo entumecido... pero debes hacerlo, mientras más pronto te despiertas más pronto te recuperas y ya no tendrás que tomar esa cosa fea y verde.

¿Cómo lo sabes?- me preguntó con incredulidad ante mi ración de sinceridad.

Bueno… yo pase un largo mes en esta misma cama tomando la misma poción, tu solo has pasado una semana tomándola, no seas quejoso.

Lo dices de verdad o es para fastidiarme.

¿Fastidiarte? ¿A ti? ¿Al gran James Potter?- me mofé a lo que él respondió frunciendo el ceño- ¡que no hombre…! mira- me saqué la chaqueta que llevaba puesta y le mostré mi brazo izquierdo- ¿Ves esta cicatriz? La tengo desde… umh, seria desde los 10 años, es el mismo maleficio que te lanzaron, claro que a ti te golpeo 4 en el mismo lugar y a mí solo 2- me acerqué como si le fuera a contar un gran secreto- tengo otra cicatriz en la pierna, pero esa no te la voy a mostrar.

¿Y si yo fui herido con más gravedad porque tu pasaste un mes antes de que te pudieras despertar y yo solo una semana?

Bueno… yo- me puse a pensar si sería buena idea decirle toda la verdad sobre mí, opte por solo decirle lo que creía conveniente- mmm… necesitaban realizar una serie de ocus pocus sobre mi cuerpo, lo cual dio paso a una serie de inconvenientes, no supe que ya paso un mes hasta que desperté por completo y escapé.

Ese fue el día que…- James se calló abruptamente y yo preferí eso, no era necesario volver a nombrar los recuerdos.

Te voy a dar nuevamente la poción- dije un poco incómoda cambiando el tema- bébela esta vez por favor- solo recibí un asentamiento de cabeza.

Se la tomó sin quejarse, solo con un gesto de asco en la cara que era imposible no mostrarlo, fue suficiente apenas un minuto para que sucumbiera en el sueño, antes de dormirse su mirada se topó con la mía.

Media hora después me quede igual de dormida que James, caí en los brazos de Morfeo, reposando la cabeza en el costado de su camilla. Después de mucho tiempo tuve un sueño normal y tranquilo: estaba sentada en una banca en el pasillo de la casa de mi abuelo, bueno, en la casa del abuelo de Elizabeth, veía el correr del agua en lo que muchos años antes fue un gran río, un ciervo se posó en el centro del claro justo tras del riachuelo, saltaba y jugaba, llamándome con sus cornamentas, pero yo solamente lo veía divertirse, el viento soplaba y acariciaba mi cabello, se sentía como si el perfume que inundaba el lugar abrazara el tranquilo reposar en el que me encontraba.

Pocos minutos después empecé a tomar conciencias de la realidad, y aun así seguí sintiendo la suave caricia en mi cabello. Era James.


:) su opinión siempre es super bienvenida.... gracias por su comentario :)