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Historia 191773 — capítulo 25
Hogar
Fue una de las mejores noches que he vivido en mi vida, baile hasta más no poder, los pies me dolían como nunca mientras iba de vuelta a casa subida en el camaro ya casi a la madrugada, vi por la ventana como la luna menguante se alzaba en lo alto en una noche tan despejada que era fácil contar cada estrella. Cuando me dispuse a bajar del auto fue James quien abrió la puerta para que yo saliera. Vaya caballero resultó ser. No puede caminar ni la mitad del camino hasta el porche de la casa, así que sin importarme nada me saqué los tacones e hice el recorrido descalza ante la mirada divertida de él.
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Fue un día muy divertido Lily, gracias por dejar que viniera- me besó en la mejilla tan despacio que me dio la impresión que quería darle dramatismo para poder oír lo agitada que me ponía ante su roce.
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Si, yo también la pase... fabuloso, no eres tan mal bailarín Potter- sonreí, por algún extraño motivo no quería que se vaya, deseaba tenerle cerca, deseaba que la noche no se acabe, que me abrace al acostarse y al siguiente día poder seguir viéndolo y así seguir hasta el resto de mis días- eh, quieres tomar algo, un café, un vodka- sonreí pícaramente- ¿ambos?
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Un café estaría bien- se acercó mucho más de lo debido- he tomado unos cuantos tragos de más y no quiero ningún accidente de regreso al hotel.
No me tomé la molestia de hacer silencio al entrar a la casa, de todas maneras se supone que los novios debía ir a pasar su increíble noche de bodas y futura luna de miel muy muy lejos de aquí, tal vez en alguna playa exótica o en unas montañas nevadas fabulosas. Pero nunca me imaginé ver a Petunia abrazada por su esposo y llorando mares sentados en el sillón.
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¿Petunia?- dije entrando a la sala junto a James.
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¡¡TÚ!!- se levantó furiosa y levantó la mano para dejarla caer fuertemente sobre mi mejilla. Nunca antes había recibido una cachetada. Dolió.
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¿Pero qué diablos?- dije aún sosteniendo mi mejilla con la mano, ella intentó lanzarse contra mí y seguir proyectando golpes pero James sostuvo su mano con fuerza antes de que llegara a mi otra mejilla.
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Ni se te ocurra volver a intentarlo- no podría decir cual mirada tenía mayor furia, si la de él o la de ella.
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Aléjate de ellos Petunia- dijo Dursley cogiéndola de los hombros y ella volvió a llorar- son inestables.
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¡¡Por Merlín Petunia!!- grité una vez conseguido que mi orgullo volviese a donde debía estar- ¡¿Con qué derecho te atreves a golpearme?!
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¡¡Tú eres un monstruo!!- me escupió- Un fenómeno que jamás debería coexistir con la gente normal.
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¡¡ ¿Pero qué demonios pasa por tu cabeza?!! ¿Estás loca?
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¡¡NO!!- gritó con fuerza- no intentes decir que estoy loca ¡Porque la que hace cosas raras aquí eres tú! ¡Tú y tu rareza solo han traído desgracias a esta familia!- sus ojos estaban desorbitados, tenía todo el maquillaje regado por sus mejillas haciendo que sus ojeras resaltaran más, aún no se había sacado el vestido de novia que lo tenía hecho jirones, era una imagen de una novia demacrada.
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¡Desde que mis padres se enteraron que eres bruja todo se acabó! ¡Esta familia se acabó! De un día para el otro cambiaste, eras otra... como si te hubieran reemplazado, te convertiste en un fenómeno- intenté hablar pero sus gritos no dejaron que diga ni una palabra- ¡¿Acaso tu magia no podía decir que aquel tren en el que murió papá se iba a descarrilar?! ¡¿No podías con esos estúpidos poderes que tienes revivir a mamá?! De qué diablos te sirve la magia si no puedes mantener viva a la gente que supuestamente quieres.
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Petunia ¿A qué viene todo esto?- dije con un nudo en la garganta, no podía hablar bien y me imaginé lo cristalino que estaban mis ojos ante aquellas palabras.
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¡¿A qué viene todo esto?! A que nunca te ha importado nada más que tú, siempre quisiste ser la que llamaba la atención, siempre te hiciste la importante solo porque eras "especial"- parodió la palabra- y... y hoy... hoy era mi día Lily, e igual que siempre ¡tú arruinaste todo!
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Pero yo…- no entendía sus palabras, no sabía a qué quería llegar.
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¡¡Tú nada!! Solo que otra vez quisiste ser el centro de atención, quisiste hacer que yo me vea en ridículo- las lágrimas cayeron por mis mejillas, volteé la cara para que ella no me viera pero James que estaba a mi lado capturó esa imagen. Nunca en su vida se olvidaría de ella- por eso llevaste a esos amigos raros tuyo que llegaron en motos y autos de lujo y tú en vestido de diseñador, solo para que todo el tiempo la gente hable de ti y nadie se acuerde de que fue ¡¡MI BODA!!
Se soltó de los brazos de Dursley y volvió a golpearme, esta vez con el puño cerrado, su anillo de bodas perforó mi rostro haciendo que brote sangre, no traté de esquivar, algo de aquellas palabras que dijo impedían que la contradiga, ella trató de lanzarse sobre mí seguramente para sacar todo aquel odio que tenía dentro. Pero James se lo impidió. La sujeto de la cintura y la empujó contra Dursley, se paró frente a mí protectoramente con los músculos de la espalda tensos.
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En tu vida vuelvas gritar a Lily- su voz era amenazante. Me dio miedo. Cerró los puños hasta el punto en que se notaba sus nudillos blancos, lo vi más alto e imponente; un sonido similar a los truenos empezaron a sonar con fuerza fuera de la casa, se suponía que era una noche despejada así que no entendí de donde venía eso hasta que la sala comenzó a temblar botando al piso todos los cuadros, adornos y la vajilla que estaba en la estantería del comedor cercano, las puertas y ventanas se abrieron de golpe y las luces parpadearon, me sentí en una película con efectos especiales en tercera dimensión- ¡Mucho menos golpearla! ¡¡ENTIENDES!!- gritó y un viento revoloteó todo alrededor de nosotros, los rostros de Petunia y de su esposo estaban contorsionados y al borde del colapso.
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James- sostuve su mano, no podía ser nadie más que él quien estaba haciendo aquello con el clima y la casa.
Él no tenía varita en mano, la magia brotaba directamente de su cuerpo, como un niño que aún no aprende a manejar sus poderes.
- ¡James!- me puse frente a él y sostuve su rostro con mis manos para que me mirara a los ojos a través de sus lentes- tranquilo- le dije en voz bajita.
Petunia había quedado relegada ante mis prioridades, ahora era James y su temperamento quien me importaba. Clavó sus ojos en los míos y en su mirada perdida, algo de lucidez apareció, respiró fuerte y me abrazó.
Así, sosteniéndome en sus brazos se dirigió a los demás presentes en la habitación.
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Lily pasará el resto del verano en mi casa- afirmó con voz firme y decidida, no sé si por temor o porque de verdad lo deseaba no lo contradije- es mi novia...- mintió- ...y a mis padres no les molestará- sin soltarme sacó la varita de su bolsillo e hizo florituras con ella, el desorden causado en la casa volvió a la normalidad y al momento siguiente mi baúl y una maleta negra bajaron por las escaleras hasta chocar delicadamente en la puerta de la casa, nos giramos y siguió apuntando las cosas para que saliera con facilidad.
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Venderé todo- Petunia se hizo escuchar cuando ya nos íbamos- el día que cumplas la mayoría de edad venderé la casa, el auto y las propiedades del campo… tienes que darme algún poder para hacerlo y el código de una cuenta bancaria para depositar la mitad del dinero- más lágrimas cayeron por mi mejilla, no podía creer que lo último que ella me diría era algo como eso ¿Tanto me odiaba?
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Yo me encargaré - volvió a hablar James- les enviaré una carta a esta dirección lo más pronto posible.
Espera- le dije llorosa a James y volteé para ver a aquella mujer que llevaba la misma sangre que yo en sus venas- no lo abandones por favor- se me quebró la voz cuando lo pronuncié, nadie en la sala entendía lo que significaban esas palabras, pero no me importó, lo único que esperaba era que dentro de algunos años ella recordara lo que le dije y no por culpa del odio que siente hacia mí abandone a mi hijo- entenderé si no lo amas, solo no lo abandones cuando no estemos para él.
Mi garganta empezó a cerrarse otra vez impidiendo que entre aire a mis pulmones debido al hechizo que todavía tenía para silenciarme, pero esta vez era controlable, no había dicho nada sustancial, apenas un ligero comentario inentendible, solo impedía que hablara, pero seguía recordando. James se preocupó de todas formas y me llevó pronto hasta el auto, una vez ahí recosté la cabeza en el asiento, me sentí mejor, aún no curvó la esquina y yo ya estaba dormida.
...
No tengo idea de cómo llegó mi cuerpo a la habitación del hotel, pero cuando desperté ya era pasado el meridiano. James me dijo que había tratado de despertarme pues parecía que tenía pesadillas, pesadillas que no recuerdo. Y tampoco recuerdo si él durmió en la cama igual que yo o en el sofá. A mí me pareció que en el sofá pues tenía una muy mala cara. Tampoco sabía si él había hecho el intento de ponerme una ropa más cómoda que el vestido, pero también deseche esa idea porque al despertarme me vi tan desaliñada, despeinada, con el maquillaje regado y el vestido hecho un desastre. Después de haberme duchado por al menos una hora en agua casi hirbiendo, cambie mi vestuario del de la noche anterior por un vaquero rasgado azul oscuro y una camiseta floja de franjas blancas y rojas que colgaba por un lado dejando descubierto un hombro, almorzamos y James empezó a manejar el camaro rumbo a Londres. Sirius había ido a dejar en la moto a Mary en su casa temprano por la mañana.
Fue un viaje silencioso, pero en las 4 horas de viaje en carretera hubo algunas pláticas. Yo intenté usar varios argumentos para no quedarme a pasar el verano en su casa, ahora que tenía un poco más de control sobre mi cuerpo y el agua caliente conectó mis neuronas me di cuenta que aquella era la peor idea que pudimos tener, pero él manifestó argumentos aún más convincentes de lo terrible que sería que yo pase el verano sola y sin dinero. Después de eso solo esperaba que sea verdad que a sus padres no les molestaría mi presencia en su casa.
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¿Así que sabes manejar?- le había preguntado cuando él abrió el techo descapotable por el intenso calor- nunca lo habría imaginado- sentí que el moño que me había hecho después del baño dejó sueltos algunos mechones que ahora bailaban al ritmo del viento y la velocidad de auto.
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Un poco... aprendí el verano pasado y perfeccioné en las vacaciones de navidad- sonrió relajado, era agradable verlo así, con el pelo despeinado, me recordaba a cuando montaba su escoba en el colegio- mi padre lo compró por mi cumpleaños 17, dijo que sería bueno que si vivía en un lugar muggle, viaje en un artefacto muggle.
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Pues eso es perfecto, no creo que a los londinenses les agrade ver un joven montado sobre una escoba.
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No, no creo que les guste… capaz y me llevan a la hoguera- lanzó una sonrisa.
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Huy- me burlé- y después cómo podríamos ganar la copa de quidditch sin el jugador estrella.
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¡¡Ahhhaaa!!- su entusiasmo siguió ritmo a mis palabras- ¿O sea que no quieres que me quemen vivo solo porque quieres ganar la copa? Que ambiciosa prefecta futura premio anual tengo sentada en mi coche.
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Esa es una de las tantas razones- dije acomodandome en el asiento para quedar viéndolo de perfil- además que yo no he conducido en años y no creo que me acuerde y necesito un auto para movilizarme.
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Ahora soy tu chofer- volvió a reír- ves Evans, me usas- me lanzó una mirada picara y continuó manejado con tranquilidad.
Seguimos hablando de temas insensatos y riendo a todo pulmón de cosas sin sentido. Fue agradable no tocar el tema de lo que había pasado aquella noche en mi casa, yo no quería dar explicaciones de mi actitud y sentía que él no quería platicar de lo ocurrido con su arrebato de magia accidental. Me había quedado nuevamente dormida, desperté cuando él, despacito, tocó mi rodilla, ya habíamos llegado a Londres, era casi el anochecer, la ciudad era sencillamente hermosa. Él prometió que saldríamos a pasear y me mostraría lo que me había perdido durante tanto tiempo.
Justo como había dicho, sus padres, Dorea y Charlus, me recibieron con una gran sonrisa en el rostro, no hicieron comentario alguno del porque yo estaba en su casa con todo mi equipaje, pero me imagino que fue solo porque yo estaba presente. En un momento Dorea me había dicho que siga a Milky, la elfina que tenían es su casa, hasta la habitación de huéspedes.
Estoy segura que en ese lapso de tiempo James informó con detalle lo acontecido y explicó por qué yo estaba allí, porque cuando la volví a ver a la hora de la cena, la señora Potter me mostró una sonrisa aún más grande pero con un ligero aire particular de lástima ¿O era ternura? Por un instante me sentí humillada, pero eso cambió la mañana siguiente cuando me trató más como una hija que como una chica que no tenía hogar.
Al parecer lo único que la señora Potter sabía hacer en la cocina era postres, bueno y quién podría culparla, aparte de que Milky cocinaba exquisito, el trabajo de la señora Potter en el Ministerio se llevaba gran parte de su tiempo. Pese a eso, me enseñó a hacer algunas de las comidas favoritas de James, no fue mucho tampoco lo que aprendí ya que como él me lo había prometido salimos a conocer Londres.
Temprano por la mañana fuimos a ver la mayor parte de los lugares históricos, y vaya que si tenía, me emocioné tanto cuando él me llevó a uno de los museos más importantes de la ciudad, el olor a antiguo y pintura era embriagador, al parecer James no era muy admirador de la historia, pero vi en sus ojos como le gustaba verme pasar de un cuadro a otro, de una escultura a otra y así mismo a las antigüedades como niña en una juguetería. Él se divertía viéndome feliz.
Buena parte del recorrido lo hicimos sobre el camaro, claro que estaba sin el techo para poder apreciar todo lo que Londres nos ofrecía. Me sentí incómoda cuando cada vez que hacíamos una parada la gente nos quedaba viendo con gran interés, bueno, se quedaban viendo con gran interés al camaro. En una ocasión un joven pidió si podía tomarse una fotografía junto al auto, traía una cámara manual de aquellas que recién habían aparecido, dijo que un sueño era poder tener un recuerdo de haber tocado un auto último modelo como ese. Para mí, el camaro era absolutamente fabuloso por ser un auto clásico, al igual que la cámara con la que lo fotografiaron. Con una sonrisa irónica me di cuenta que siempre me gustó esta época y que aquello que yo consideraba clásico ahora formaba parte de lo más actual, y en un flash me dije a mi misma "bravo Lily Evans ahora también eres parte de lo clásico"
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¿Te pasa algo?- preguntó cuando me vio meditabunda.
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Nop- mala respuesta.
Cuando alguien te pregunta que si te pasa algo y sabes que aquella persona te conoce mejor que tú, decirle que "no" es asegurarle que si te pasa algo. Le sonreí y hable con sinceridad- bueno, creo que tengo hambre- Eso también era verdad. Él sonrió y me dio un beso en la frente y con un movimiento divertido me hizo subir al camaro, las personas que estaban ahí nos quedaron viendo hasta que curvamos.
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No es la deliciosa comida que preparan en Hogwarts, ni lo exquisito que hace Milky, pero apuesto a que te encantará.
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¿A dónde vamos?- pregunté con mucha curiosidad, no quería que me llevase a comer en un sitio caro. Yo no tenía más dinero que el que guardaba para los útiles del colegio del próximo año; los señores Potter y James me dijeron que no me preocupe por nada que fuera económico, que ellos se encargaran de mí. Fue algo vergonzoso cuando la noche anterior en la cena se dio la conversación, les aseguré que una vez que Petunia me diera lo que me corresponde les devolvería cada centavo que ellos habían ocupado en mí durante la que sería mi estadía en su casa- ¿James?- insistí para que me diga el lugar.
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Tranquila, lo que te voy a invitar no tendrás luego que insistir en devolver.
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Hey, un trato es un trato- saqué una libreta en la cual iba a apuntar cada gasto que diese- ¿A dónde vamos?
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Pero en esta ocasión, te estoy devolviendo lo que tú una vez me invitaste- no respondió mi pregunta, pero no hubo necesidad de que hablara, cuando estaciono el camaro me di cuenta que habíamos ido a la misma pizzería en la que comimos el verano pasado, cuando yo pagué la cuenta porque él solo tenía en el bolsillo galeones. No me imaginé que lo recordase- te dije que la próxima vez pagaría yo.
Aún brillaba el sol cuando decidimos regresar a la casa de James, pero ya empezaba a tintarse las nubes blancas de un ligero tono rojizo. Él me dijo que me sentara en el parte superior del sillón y yo habiendo deseado desde que era niña lo hice sin esperar a que me lo dijera dos veces. El viento tocó en mi rostro, golpeado mis mejillas y despeinando aún más mi cabello, y cuando James puso el radio y aquella canción de los Rollings que tanto me gustaba empezó a sonar a todo volumen, me sentí tan libre como nunca lo había estado. La persona por la que daba la vida estaba junto a mí, cantando a puro pulmón la misma canción que yo en aquellos tiempos cuando no sabía nada de la magia la entonaba hasta rasgarme la garganta. Y lo mejor era que aquella enorme sonrisa que cursaba su rostro la había producido yo.
Tanto tiempo desperdiciado peleando. Él me había mostrado su lado arrogante, orgulloso, prepotente y obstinado y eso me gustaba en él, que no dejaba que nadie lo vea pisoteado. Ahora me enseñaba esa parte divertida, alegre, libre, con ganas de vivir, de vivir junto a mí, y era absolutamente maravilloso.
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Vaya Evans- me dijo una vez que estacionó el auto en la parte delantera de su manción. Su domicilio estaba a las afueras de la ciudad, en uno de aquellos barrios residenciales con grandes jardines y seguridad privada, era un edificación completamente moderna, de color blanco, lo único que se podría decir que tenía de clásico era el estudio que guardaba varias réplicas de cuadros del renacimiento y una espectacular chimenea- quién diría que a la prefecta perfecta le gusta no solo cantar sino gritar el rock y resultaba ser divertida.
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Vaya Potter- lo remedé ya entrado a la sala principal- quien diría que sería agradable pasar una tarde con un niñato engreído como tú- pasó su brazo por sobre mi hombro, por primera vez en 6 años de estudio en el colegio habíamos estrechado lazos de una amistad verdadera.
Entramos en la sala blanca y ahí lo vimos, estaba sentado en el primer escalón que subía a las habitaciones, arrimado a su baúl, tenía grandes señales de golpes en su rostro, su cabello negro que siempre lucia perfecto ahora caía de forma irregular, sus ojos grises casi no tenían vida.
- No supe a donde más ir- Sirius se levantó despacio lanzando un pequeño quejido cuando lo hizo.
De forma inconsciente me solté del brazo de James y me acerqué a mi amigo, su ropa era todo un caos, llevaba la chaqueta de cuero por encima de una camiseta desgarrada y manchada de tierra, sostuve su rostro en mis manos, quise inspeccionar que era lo que le había ocurrido, los moretones en su cara estaban empezando a hincharse, tenía un rastro de sangre en su labio partido y otro que caía por su ceja, cuando bajé un poco la mano derecha vi que sangre seca había caído por la parte trasera de su cuello, tal vez un golpe muy fuerte en su cabeza- la odio- susurró, me miró fijamente, sus ojos estaban rojos y cristalinos, una lágrima comenzó a deslizarse antes de que me abrazara.
Sirius lloró en mi hombro como un niño, presionó sus manos en mi espalda apretando mi cuerpo al suyo como si quisiera aferrarse a algo y no dejar escaparlo, como si necesitara que alguien le demuestre cariño, como si necesitara saber que alguien se preocupa por él. Y yo me preocupaba por él y lo quería como no había querido a ningún amigo antes. Él era mi mejor amigo, y al igual que James son lo más y casi lo único importante que tenía, no podía verlo de esta manera, casi destruido, un sentimiento de odio hacia la persona que maltrato así a Sirius creció dentro de mí, porque en el fondo yo lo sabía, yo sabía quién era la causa de aquello que le ocurría. Su madre.
-o-o-o-o-o-
Los días pasaron lentamente, pero era la primera vez que le agradecía al tiempo por su lentitud. Canuto estaba mejor, los golpes y cortes en su rostro gracias a las curaciones de mi padre ya eran casi invisibles al segundo día de que llegó a la casa, había tenido varios golpes en el resto del cuerpo que lo pintaban de ruedas color morado las cuales eran ahora indoloros y desaparecidos. Nos contó que él se había colado en una habitación donde se estaba dando a cabo una reunión con los que pensaba eran mortífagos, había escuchado que tenían planeado un futuro atentado al primer ministro y a ciertos simpatizantes de los muggles, pero fue descubierto por su hermano que también estaba en la reunión antes de que esta terminara. Su madre lo sacó con un fingida sonrisa que no era necesaria, todos en la sala sabían que Sirius no compartía con los ideales de los Black y solo por respeto a que esa era su casa no le habían lanzado un abada kedabra en ese preciso instante por ser considerado espía.
Pero la historia era otra cuando su madre empezó a lanzarle crucios una vez que lo llevó a su habitación, al parecer no solo fue ese hechizo sino uno más fuerte que lo lanzó una y otra vez al piso hasta que quedó inconsciente en el suelo. Una vez que había reaccionado lo primero que hizo fue empacar sus cosas y salir de aquel maldito lugar al cual nunca consideró hogar.
En un principio la mirada de Lily fue únicamente de preocupación ante la situación de Sirius, pero luego, cuando él se instaló en la casa a ella se le notaba tensa, como si estuviera ocupando un sitio en un lugar que no debería. Pero después de que mamá haya sonreído como nunca escuchando música en la casa y risas a toda hora, Lily se relajó. Le comenté que el mayor deseo de mi madre era tener la casa llena de hijos, Dios no le había dado tantos como ella quería pero que el tenerlos a los dos era un bendición para mis padres.
Sirius y yo llevamos a Lily a un parque de diversiones en Londres, ella nunca antes había estado en uno, gritó con todas sus fuerzas cuando la montaña rusa daba sus volteretas, pero se la veía feliz.
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Quiero subirme otra vez- dijo con entusiasmo viendo a la montaña rusa mientras comía un algodón de azúcar- y quiero otro de estos.
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Te has comido casi todo el carrito- dijo Sirius viendo la gran capacidad de Lily de comer algodón de azúcar- ¿Cómo puedes querer más?
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Mmmm- se chupó un dedo mientras hablaba- no he comido algodón de azúcar hace tantos pero tantos años que casi había olvidado su sabor… me trae una inmensidad de recuerdos- nos lanzó una sonrisa de añoranza.
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¿De tus padres?- preguntó Sirius jalándola del brazo para ya marcharnos.
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Ehm… si, mi familia- su estado de ánimo cambio drásticamente.
Terminó el algodón de azúcar antes de llegar al camaro. Se sentó en la parte posterior y supuestamente se quedó dormida, pero yo sabía que no, aquel comentario la había hecho sentir mal, estaba seguro que no fue Lily quien recordó. Fue Elizabeth.
No era totalmente noche cuando llegamos a la casa. Lily desapareció de nuestra vista apenas bajó del camaro, fui a verla en su habitación pero no la encontré ahí. Me distraje cuando Milky nos informó a Canuto y a mí que mis padres habían salido a una reunión y que llegarían hasta tarde. Además nos entregó una carta que había traído una lechuza en la tarde.
- ¡¡Es mía!!- dijo emocionado mi amigo quitándomela de las manos apenas vio que su nombre figuraba en el sobre. La leyó sin inmutarse en lo absoluto, en su rostro no había ningún rasgo hasta que termino de leerla y con una sonrisa pícara dijo un nombre- Mary.
No se demoró mucho en poner unas dos camisetas y dos vaqueros en una maleta que le preste y subirse a su moto para ir al llamado de ella. En la carta decía que su hermana, su madre y el esposo de ella se marcharían unos días de casa y le invitaba a que le haga compañía. Solo sería unos días pero un extraño sentimiento de que algo malo sucedería me invadió lanzando una corriente eléctrica por mi columna. Antes de que se montara a la moto le pedí que se llevara el espejo doble cara y le prometí que no me lo desprendería de encima bajo ninguna circunstancia.
Aquel miedo que tenía era como un globo que crecía cada vez que entraba aire a mis pulmones. Traté de tranquilizarme tomando un vaso de agua y respirando fuerte. Mis padres estaban en una reunión y ellos eran capaces de cuidarse solos, Sirius iba camino a la playa a casa de Mary y tenía el espejo en sus manos, podía llamarlo en caso de emergencia y Lily… Lily.
Subí las escaleras a toda velocidad, necesitaba saber que estaba bien para que aquella sensación desapareciera.
-
¡¡Lily!!- grité cuando no la encontré pero no me respondió.
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Pasa algo amo Potter- Milky apareció frente a mí antes de que gritara otra vez- Milky escucho que gritaba el nombre de la señorita de cabellos de fuego.
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Tranquila Milky, solo la estoy buscando y no la encuentro.
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Esta en el jardín, sentada bajo del manzano- aquel sentimiento de miedo se esfumó. Por momentos pensé que ella estaba en alguna clase de peligro. Vaya mente paranoica la mía.
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Muchas gracias Milky- le sonreí y ella hizo una reverencia- no hagas eso Milky, sabes que no me gusta- ella sonrió y movió sus grandes orejas- podrías llevarnos un café bien cargado y caliente para Lily y para mi.
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Claro amo Potter- y sin hacer caso a mis pedidos se fue haciendo otra reverencia.
Ella estaba ahí, justo como había dicho la pequeña elfina, arrimada al manzano que estaba en el centro del jardín. Todo allí era una ilusión, algo como el techo del gran comedor del colegio. Mi padre lo había hecho apenas nos mudamos a esta casa porque yo teniendo 6 años extrañaba aquel paisaje. La observé desde el marco de la gran ventana de mi habitación. Estaba abrazada a sus piernas viendo fijamente las estrellas que empezaban a brillar con fuerza.
-
¿Qué haces aquí?- la sorprendí desde atrás de su hombro, ella dio un respingo y me fulminó con la mirada.
-
No hagas eso Potter- me miró aún con susto en su rostro- me has asustado.
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Lo siento, no fue mi intensión- me senté a su lado, ella sonrió- aún no me respondes… ¿Qué haces aquí?... quiero la verdad eh.
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Bueno… - dudo en responderme, abrió y cerró la boca varias veces pero al final decidió hablar- creo que escondiéndome de ti… en un lugar donde puedas encontrarme.
-
Oh- tanta sinceridad me dio de lleno en el pecho, no supe que responder ni cómo moverme, me limite a ver las mismas estrellas que ella veía durante un buen rato.
¡¡¡Boooon!!!
El sonido de algo parecido a una explosión se escuchó claramente desde donde estábamos, por instinto agarré a Lily del brazo muy fuerte, sintiendo la piel de su brazo desnudo contra el mío, debía saber si estaba ahí, que no estaba lastimada.
-
Amo Potter- Milky apareció de la nada frente a nosotros con el rostro lleno de lágrimas y desencajados por el terror- están aquí, Milky los vio- la pequeña elfina se tumbó al piso y empezó a abrazarse a sí misma con tanta fuerza que pensé se haría daño.
-
Milky, calma- gritó Lily sosteniéndola para que se tranquilizara un poco- dinos que viste.
-
Habla Milky- le insistí.
-
Están aquí- los sonidos de los golpes siguieron llegando desde fuera, se escuchaban gritos de algarabía y destrucción- los de las máscaras, los seguidores del innombrable- chilló- los mortífagos van a matarnos.
Tuve miedo, no había tenido la mejor de las experiencias con los mortífagos y ahora la casa estaba sin mis padres. Lily se puso más blanca de lo que ya era y también el miedo inundo su rostro.
- Milky escúchame claramente- me arrodillé frente a ella, mi familia había tenido a aquella elfina desde hace años, yo le tenía un especial cariño. No quería que nada le pasara- Ve a casa de Mary McDonald en la playa del sur, Sirius llegara allá en cualquier momento, haz todo lo que él te diga, nosotros estaremos bien…- la elfina dudaba en marcharse pero yo necesitaba que ella no esté cuando los mortífagos nos encuentren- ¡Milky!- le reprendí porque no se marchaba- entendiste Milky… es una orden. ¡VETE!
Un popcsonó y Milky al instante se había marchado dejándonos a Lily y a mí con aquel sentimiento de terror. Ya nos habíamos librado en una ocasión, esta vez sí nos encontraban nos mataban.
Un poco de humo denso salió por la ventana de mi habitación, la casa se estaba incendiando.
-
Por Merlín James- Lily se desesperó un poco y se aferró con fuerza a su varita apuntando hacia la ventana- la única salida es esa, como podemos irnos de la casa… tu padre puso un hechizo anti aparición verdad- decía las palabras en tiempo acelerado y respirando fuerte. Estaba nerviosa.
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Tranquila Lily, no dejare que nos pase nada. Mi cuarto no es la única salida. Ven.
Cogí la mano libre de Lily y la llevé a la parte posterior del jardín, donde estaba una puerta a la cual las enredaderas la decoraban tapándola completamente. Unas escaleras en forma de caracol nos llevaron hasta otra puerta que era el espejo de cuerpo completo que había en el estudio. Un piso abajo.
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No podremos con todos ellos- Lily miró con aquella fuerza que la caracteriza a la puerta del estudio que estaba cerrada. Los bullicios eran fuertes y el humo ingresaba por las rendijas de la puerta.- ¡Cave Inimicum!- hizo las florituras en el aire para que estemos protegidos por algún ataque desde fuera de la habitación, pero eso no impedía que traten de entrar con un bombarda por lo que ella invocó otro hechizo- ¡Notten magus!- apuntó la puerta para que nadie pueda ingresar por medio de magia, si quería matarnos tendría que tratar a la forma muggle, sin varita- ¿Puedes hacer un traslador? Debemos irnos ahora- el bullicio aumentaba, más explosiones en el resto de la casa eran obvias y los intentos de entrar al estudio también. Se escuchó varios hechizos lanzados contra la puerta que se estremeció y luego los golpes contra ella se hizo presente, en cualquier momento la puerta de roble sería derribada,
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No, es muy complicado y demorado- Lily tenía razón no podríamos contra tantos mortífagos. Ella empezó a mover con la varita cosas hacia la puerta con el fin de obstruirla, puso unos cuantos armarios, mesas y sillas- pero podemos irnos por esta chimenea ven- se detuvo, me miró con mayor miedo que a los mortífagos, posó su vista en la chimenea y con un gesto negó rotundamente- sé a dónde ir, estaremos bien.
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¡NO!... no me voy a meter en una chimenea.
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¡Lily! Tenemos que irnos nos van a matar ¡entiendes!
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No me iré por ahí, no entrare al fuego… ¡No lo haré James!
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¿Pero qué te pasa? ¿Acaso nunca has viajado por polvos flu?
Boomm. Otro golpe a la puerta que lanzó al suelo algunas sillas.
- Es que… no puedo- su voz se quebró, dio unos pasos atrás y chocó contra la silla que había caído.
Boomm
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Lily- acaricié su mejilla, ella se veía tan débil- no pasara nada.
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No me obligues, no puedo hacerlo- el humo ingresaba volviendo todo más denso, empezamos a toser, debía sacarla, no importaba cómo pero debía hacerlo.
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Pero yo sí puedo- agarré su pequeño cuerpo y lo levanté del suelo dirigiéndome a la chimenea sin hacer caso a sus gritos de protesta.
Boomm
- ¡¡Nooo James!!- lloró y se agarró fuerte del marco de la chimenea impidiendo que me moviera, no entendi su comportamiento ¿Acaso prefería morir en manos de mortífagos que viajar por polvos flu?
Boomm
- Lo siento Lily, pero debo sacarte de aquí- agarré su cuerpo con mayor brusquedad y la pegué al mío mientras entré a la chimenea. Pese a sus gritos, el llanto, el miedo y el temor que ella tenía, grite el nombre del lugar al que íbamos, dejando que nos consuman las llamas mientras que el último golpe a la puerta consiguió abrirla- ¡Valle de Godric, casa Potter!
Estoy seguro que no escucharon la dirección que había nombrado pero la furia en los ojos tras aquellas mascaras aumentaron el miedo que tenía, aun recordaba el terrible dolor que sufrí en el último ataque, no quería volver a sentirlo y mucho menos que Lily lo sienta. Cuando llegamos, por un segundo ella se abrazó fuerte a mí, pero luego se soltó con total ira, en sus ojos solo vi rencor y un dolor inmenso, un dolor que yo había provocado. Me volteé hacia la chimenea de la antigua casa en la que vivía y apuntándola con la varita grité- Bombarda.
Lily gritó medio quejosa tapándose la cara para que los restos del impacto de la explosión no la lastimaran, algunos escombros cayeron contra sus brazos desnudos, había olvidado que ella traía puesto solo un pantaloncillo corto de jean y una blusa negra sin mangas.
- No podrán utilizar red flu para llegar a esta casa si no hay chimenea conectada a la red flu… espero que el hechizo anti-aparición que hizo papá hace años aún funcione- la miré, ella seguía con aquella expresión y lo único que se me ocurrió hacer fue seguir hablando mientras ella encogía su cuerpo y se abrazaba arrimada a algo que parecía un sillón cubierto por una sábana en una esquina de aquel cuarto lleno de polvo y recuerdos- aunque no creo que sepan dónde estamos, hemos vivido en Londres por años, nadie recuerda que esta casa es de nuestra propiedad.