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Historia 191773 — capítulo 3

No sé en qué momento caí en la inconsciencia y tampoco cuánto tiempo pasó, tal vez días, semanas o a penas minutos. Mi pierna seguía enmudecida tanto por la fractura como cerca a la ingle que ardía al igual que mi brazo hechizados con una maldición. Tenía pequeños cortes en todo el cuerpo y moretones que salpicaba mi piel con tonos verdes y morados.

Oía voces a lo lejos, pero más parecía a un zumbido molesto, las palabras no eran claras y un pitido constante hacía que me duela la cabeza más de lo que ya dolía. Quise despertarme para decirles a las personas que hablaban que se callara, que su estúpido murmullo me disgustaba, pero mi cuerpo me lo impedía, apenas podía respirar, al cabo de un rato, esas vocecitas tan inquietantes empezaron a tomar sentido. Eran los Dumbledore quienes hablaban.

Creo que sí será necesario borrarle la memoria, no ha dejado de decir incoherencias mientras duerme.

Tal vez tenga toda la razón - le contestaba uno de los Albus al otro- pero después de tanto tiempo compartido con ella, no se como podría producirle otro dolor, la quiero como un hija propia- pegó un suspiro, deduje que el que hablaba en ese momento era el Dumbledore mayor- créeme cuando te digo querido pasado, que esta niña sabe robarse el corazón de cualquiera.

  • ¿Cree que ella podrá contenerse y guardar todo ese sufrimiento dentro? Guardará el secreto de tantas vidas.

Es más fuerte de lo que parece- su voz demostraba sufrimiento- sé que su dolor permanecerá por mucho tiempo, pero pasará, se enamorará y ese amor se volverá más fuerte que cualquier otro sentimiento, más fuerte que el odio, más fuerte que la tristeza que ahora la embriaga, ella sabe que por el bien de todos debe de cumplir con su destino. Solo hay una persona capaz de destruir el mal que pronto llegará y solo de su vientre podrá salir.

  • Entiendo... pero prefiero que hagamos algún hechizo, para que guarde su secreto dentro, y si alguna vez trata de contarlo, que se detenga- hablaba nerviosamente el Dumbledore joven, creo que tal vez por verse así mismo con más edad.

No quisiera desconfiar de ella, pero tiene razón- musitaba muy afligido- ayúdeme con esto por favor, creo que, un hechizo simultáneo causará mayor efecto y no podrá ser eliminado.

  • ¿Qué pretende hacer?- yo tenía tanto o mayor interés en que me iban a hacer, la verdad es que si tuviera en este momento un poco de control sobre mi cuerpo me negara totalmente, pero mis músculos no respondían, tal vez mientras estaba inconsciente me administraron drogas para el dolor.

Señores, por favor deberían salir- chillo una vocecita más fina, Madame Pomfrey, seguramente- ella necesita descansar y con sus pláticas sólo lograrán despertarla.

Saldremos enseguida- respondió el Albus joven- solo denos unos minutos más.

Esta bien, pero solo unos minutos, entendido- se escucharon unos pasos alejándose y al final el sonido chirriante de la puerta al cerrarse.

Deberíamos hacerlo ahora, que encantamiento cree usted que será el mejor en este caso.

Para mi concepto, creo que será necesario uno muy poderoso, pero que no le cause daño, que no le permita hablar de lo que será su vida, pero que no la vaya a matar ¿Qué le parece el deliruis asfictius?

  • Interesante.

Apenas empezaron a pronunciar las palabras del encantamiento tuve intensos deseos de gritar, deseos de llorar, golpear, me desesperaba la insoportable quemazón en mi pecho, sentía que me ahogaba pero no podía toser, mis pulmones no querían recibir más aire, el dolor era desgarrador, quería correr, alejarme de ellos, impedir que me causen semejante agonía, pero nuevamente mis piernas y brazos enmudecidos me lo prohibían.

La quemazón interna y el ahogamiento cesaron de golpe, no obstante dejaron una sensación de aturdimiento en mis sentidos, ya no oía tan claro como antes, ni percibía los olores de la enfermería con la pureza anterior. Estaba cayendo en la inconsciencia otra vez. Eso sería mejor, tal vez si no volvía a despertar estaría mucho mejor.

  • Dejadme un momento a solas con ella por favor- escuche el susurro de Dumbledore, el sentido del oído todavía no estaba bien como para escuchar si había salido o no de la gran habitación convertida en enfermería.

Se mantuvo callado por largo rato, exhalando suspiros en intervalos de más o menos un minuto.

Mi niña- pronunció al fin con delicadeza- perdóname por causarte este dolor tan grande, solo quiero el bien para todos, y lo sabes, si es verdad todo lo que cuentan esos libros que dices haber leído, sabrás que mis intenciones jamás serán con el propósito de dañar a nadie, al contrario, es por el bien común, hay que hacer sacrificios para lograr la paz del mundo- su voz denotaba tristeza, una tan grande como la que yo estaba sintiendo en ese momento- tengo que regresar a mi época... ya sabes, a cuidar a nuestro muchacho, sigue durmiendo, descansa mi pequeña Lily.

Sentí un tierno beso en la frente, uno de esos que se siente cuando un abuelo te lo dan antes de dormir, aquella muestra de cariño hizo que no sintiera tanto odio por él, sabía perfectamente que esto era igual de duro para los dos.

Adiós

Pasé varios días más en la enfermería, sin poder moverme por mis propios medios, seguramente con magia me llevaban al baño porque no recordaba haberme levantado ni para eso, ignoraba la fecha en la que estábamos, no hacía más que perderme en la inconsciencia y ya no vi al Dumbledore que me trajo a este mundo.

En una noche se me acercó un Albus con ojeras y cabello muy desalineado, pero mostrando claramente que era a él a quien vería de ahora en adelante.

Intentó ser cordial, amable y respetuoso, pero yo dolida y maleducada le ignoraba, viendo que yo no iba a mirarle y mucho menos pronunciar palabra alguna, dejo sobre la mesita de noche una carta, en la cual resaltaba el nombre de Elizabeth Ruijven.

Recorrí mis dedos por los bordes de la misma, estaba muy interesada en que decía, pero el deseo de leerla se mezclaba con la frustración que sentía, después de mirarla un buen rato, la deje intacta sobre la mesa, no tenía ganas de leerla en este momento, lo haría, si, pero no ahora.

Me levanté de la suave cama, al hacerlo sentí vértigo y las ganas de vomitar volvieron, espere sentada a que el cuarto se quedara quieto y mi respiración se relajara, una vez estuve segura que no me caería me puse de pie lentamente, vi la puerta entreabierta del baño y mis pies me guiaron hasta el, necesitaba un poco de agua fría en mi rostro, mis pasos parecían los de un niño que intenta por primera vez caminar, tambaleándome de un lado a otro, gracias a las barandillas de las camas, a las cuales me agarraba fuertemente, no me caí.

Al llegar al baño, lo primero que hice fue mojarme el rostro, tomé un sorbo de agua refrescante que pasó por mi garganta aliviando su sequedad, hace tanto que no probaba bocado de agua que ésta me sabía a gloria; luego de que mis párpados se abrieran y cerraran unas cuantas veces, despojándose de las pequeñas gotas de agua que se llenaron en mis pestañas, alce la mirada.

Una niña, al otro lado de la habitación me observaba con gran curiosidad, tenía su fino rostro salpicado de cristalinas gotas, su cabellera despeinada era de un rojo tan obscuro e intenso como las mismísimas llamas que causaba un hermoso y enigmático contraste con su pálida piel cubierta de casi imperceptibles pecas, sus labios sin color temblaban y sus verdes ojos almacenaban unas cuantas lágrimas.

Las facciones de su cara cambiaban continuamente pasado por la curiosidad, la confusión, incredulidad y nuevamente a la curiosidad, su mirada era triste, llena de miedo y asombro; esa niña me trajo vagos recuerdos de cuando yo tenía aproximadamente 10 años, tal y cual como ella parecía tener. Me asombró el hecho de que su mirada nunca se apartó de la mía, hasta podría asegurar que no parpadeó, me estaba asustando su inmovilidad, así que decidí saludarla con simple esbozo de sonrisa y la niña imitó al instante la mueca en su rostro, acerqué mi mano hacia a ella y realizó el mismo gesto.

Pegue un salto de asombro junto con un jadeo y desvié la mirada por primera vez, me fijé en el contorno, a la niña la rodeaba un marco tallado con tal perfección, mire nuevamente a sus ojos verdes, ella era yo dentro de un espejo.

Este era el punto que había estaba esperando para convencerme que todo era realidad, no había marcha atrás, no despertaría jamás, nunca iba a volver a mi pequeño mundo, a mi época, con mis amigos, con mi familia y con mis 17 años, eso era pasado, aunque esos hechos sucederían en un futuro el cual ya no podía ser.

La niña en el espejo lloraba, lloraba de dolor e impotencia, aquí solo querían jugar con mi vida, arrancándome todo lo que amaba, obligándome a que ocupe un lugar en la historia que no me pertenecía. Yo tenía que huir de aquí, desaparecer, esta existencia ya no tenía sentido, al diablo con todo. Esta no era mi vida, yo no soy Lily Evans.

Caminé nuevamente a la cama de la enfermería, seguía débil y adormecida por los sedantes o por lo que sea que me hayan dado, justo después de acostarme llego la señora Pomfrey y tras de ella un grupo de estudiantes cargando a otro.

Era un joven algo apuesto al que situaron en la cama frente a la mía, tenía la cara redonda y unos cabellos de color castaño obscuro, la señora Pomfrey hizo salir a todos los demás  chicos de la gran habitación.

Dime muchacho qué fue lo que te pasó- inquirió rápidamente la enfermera

Hay, ese estúpido de Malfoy, ¿Qué se cree? ya porque es prefecto, puede hacer lo que se le venga en gana, a pero me las va a pagar, el desgraciado ese…

Cálmese señor Longbottom- dijo la señora admirada por semejante forma de expresarse- le estoy preguntando qué es lo que le paso, no otra cosa. 

Bueno pues, me lanzo de la escoba- decía el muchacho, yo pensé que estaba más herido, pero podía hablar con mucha fluidez, seguramente no fue un golpe muy duro- me duele el brazo y no lo puedo mover, todo mi cuerpo cayó sobre él.

Bien, parece que está roto- decía luego de examinar por un lado y por otro- te daré un remedio, creo que va a pasar aquí hasta el día de mañana.

Un soplo de ira salió por la comisura de sus labios, al parecer no le gustaba para nada estar en la enfermería.

Yo ya estaba haciendo planes para escaparme de aquí, no pasaría de esta semana, eso era lo único que podía soportar, pero la visita de aquel muchacho traería nuevas complicaciones, como lo haría si ahora tenía a un nuevo compañero de habitación ¿O tal vez podría requerir un poco de ayuda?

El resto del día pase quieta, simulando que dormía, la señora Pomfrey se me acercó 2 veces en la tarde para darme más medicina, era de color ocre y con un sabor, mucho peor que su olor ¿Para qué me la daban? pues no lo sabía, tal vez para el dolor o para cicatrizar las heridas, tal vez eran para que la pierna se sanará más pronto, ya no la tenía rota después de todo, pero si que me dolía, el golpe fue muy duro, ahora que la anestesia iba pasando, no solo me sentía aturdía, sino también tremendamente adolorida.

Oye ¿Cómo te llamas?- preguntó el chico una vez que la señora Pomfrey abandonó la habitación.

Elizabeth- respondí automáticamente.

Ah ¿Estas en primero? ¿En qué casa? no te  había visto antes- musitó muy rápido.

No estudio aquí- contesté secamente.

Y entonces por qué estás aquí.

Vine… eh… de visita- no sabía qué contestar.

A ya, no pensé que era algo agradable visitar la enfermería- se burló.

Pues no verdad- no tenía intenciones de responder al porqué me encontraba en este lugar- ¿Te caíste de la escoba cierto?

Pensé que estabas dormida cuando llegue, bueno no importa. Pues si, me lanzaron de la escoba, ese imbécil de Malfoy- pronunciaba el nombre con desprecio e ira.

El es mayor que tu.

  • Si, yo estoy en segundo, él en quinto, y se cree la gran maravilla del mundo, me lanzó un hechizo mientras practicaba para mañana el partido, tenía tantas ganas de jugar, pero como ves, con un brazo roto no se puede hacer mucho que digamos.

Que pena, tu si que tienes problemas ¿verdad?- el tono sarcástico sonó muy fuerte.

Bien no me has dicho porque estás aquí... en la enfermería me refiero.

Me caí.

  • ¿De un árbol?- me miró riendo y analizando lo mal que me veía- no lo creo, seguro y fue una algo muy duro, para que tengas ese aspecto de inferi.

¿Inferi? ¿Qué era un inferi? Había tantas cosas que no recordaba de los libros, aparte de que no terminé de leerlos todos.

Si algo así, no fue una caída muy fuerte que yo recuerde, pero al parecer me lastimé mucho.

Tienes edad para estudiar aquí ¿Cuántos años tienes?- el chico si que hacía preguntas.

Analicé matemáticamente cuántos años tenía, nunca fui buena para las matemáticas, pero pequeños cálculos seguro que podría realizarlos, si estábamos a principios de enero de 1971 yo debería tener 10 años, mi fecha de nacimiento, bueno la de Elizabeth Ruijven era el 1 de febrero, pero ¿Cuál era la de Lily Evans?

10- respondí en un hilo de voz con la duda en mi mente.

Mmh, entonces vienes el otro año, apuesto a que estabas impaciente y por eso decidiste venir a ver como era el Hogwarts ¿verdad?

  • Algo así- pensé en como pedir ayuda, nunca fui de las chicas que puedan mentir ni hablar con sutileza, las palabras solo salían de mi boca sin permiso- la verdad tengo que salir de aquí y no sé cómo ¿Me ayudas?- sonreí débilmente, tenía la esperanza de que este muchacho me ayudara.

  • ¿Por qué no le dices a la señora Pomfrey que ya te sientes mejor? Ella seguro que le dirá al profesor Dumbledore y te llevara a tu… a donde sea que tengas que ir.

No, eso no, Dumbledore no se tiene que enterar que me voy. En realidad tengo que escapar- lo miré fijamente- ayúdame a escapar.

  • ¿Pero cómo lo haría?- su frente se arrugó, la pregunta fue más para si mismo que para mi, parecía más serio, se veía gracioso con esa postura, claramente se notaba que era un chico amable y divertido, no un serio como aparentaba en este momento- está bien, no quieres que Dumbledore se entere ¿verdad?- yo cabeceé ligeramente- pero tu cabello rojo llama bastante la atención, habrá alguna forma de cambiarlo de color, dime ¿Eres metamorfomaga?- esta vez negué con la cabeza, aunque eso sería algo bueno si se supone que soy una bruja. No, no tenía que pensar eso, yo odio esta vida, si, eso tenía que pensar- bien, ya hallaremos la forma.

Se escucharon unos pasos y breves notas de voz tras la puerta de ingreso a la enfermería.

Por favor señora Pomfrey, déjenos entrar, solo será un momento queremos ver cómo se encuentra.

Ya se los dije, está bien- era la voz de la enfermera quien respondió.

Si, pero queremos verlo, por favor- la voz de súplica estaba mezclado por unas incontenibles ganas de llorar.

Está bien, pero solo una persona, no creerán que voy a dejar que entren los 4 verdad.

Bueno- una nueva voz, la de un hombre se escucho- yo entro.

Alto- chilló alguien con voz más dura- mira a Alice como se encuentra, ella debería entrar, si no llorara en este preciso momento.

Bah, está bien, ya entraré yo luego.

Gracias, de verdad muchas gracias

La puerta se abrió, propinando un imperceptible rechinido de la puerta, por la cual, apareció una pequeña niña, linda, con la cara igual de redondeada que la del chico que estaba frente mío, al verlo se le ensanchó una sonrisa y sus pequeños ojos brillaron de felicidad, lo mismo ocurrió con él.

Alice- su mirada brilló mucho más.

Ho…hola Frank, como estas, ya te sientes mejor.

Bueno si, el brazo me molesta un poco, pero me siento mejor, dicen que mañana tengo que salir.

Si lo supe, me asuste mucho cuando me contaron que te caíste, no estuve en el entrenamiento, tenía clase extra de pociones, lo siento por no estar ese momento contigo.

No te preocupes, me alegra verte aquí, en este momento, conmigo.

Era una escena que la verdad yo no quería presenciar, parecía que eran novios ¿Pero no estaban muy chicos para eso? Se suponen que tienen apenas 12. Pasaron hablando mucho tiempo de temas que para mi eran aburridos, no les preste la menor atención, simplemente me distraje viendo y luego halando un pequeño hilo suelto de la frazada blanca que me cubría, hasta que este se deshilo de la sabana, dejando una fina línea descosida en sentido horizontal que la marcaba.

La luminosidad en la habitación bajaba según el trascurso de tiempo, que para mi era demasiado lento, pero cuando la habitación empezó a estar a obscuras, las velas en los candelabros se prendieron automáticamente, como si alguien encendiera el interruptor, pese en la posibilidad de que no eran velas sino focos, hasta que recordé que si eran velas, y que no eran encendidas por interruptor alguno, sino con magia. La magia que siempre quise y que ahora odiaba.

Suspiré fuertemente lo que llamó la atención de una Alice arrimada a la cabecera de la cama de Frank, el cual yacía dormido.

Dicen que un suspiro es un beso a larga distancia sabes- sonrió débilmente ante su afirmación.

Pensé en Gabriel, ¿Cuán lejos estaba él de mi? Ni siquiera ha nacido, nunca lo volveré a ver.

Si, así dicen- también intente sonreír- ¿Hace mucho que se durmió?- señale con la cabeza a su acompañante durmiente.

La verdad no, pero se notaba cansado desde que entre, lo conozco mucho, pese al poco trato que hemos tenido.

Eres su novia- anuncié, pero sin rastro de pregunta- se nota que lo quieres.

Pues... no, ya quisiera yo eso- dijo tan despacio que al parecer pensó que yo no la escucharía.

  • Y porque no lo son, ¿Por qué aún son muy niños?

No, el tiene novia y no sabe que me gusta- lo dijo sonrojándose.

Pues tú le gustas a él, o eso parece.

No importa lo que sienta, siempre será novia de ella.

Y eso porque, no tiene sentido- dije, tomando confianza en mis palabras.

Muchas circunstancias lo impiden.

Deberías de pensártelo mejor sabes

No lo se pero….

Niña ¿Cómo te encuentras?- interrumpió la señora Pomfrey, abriendo bruscamente la puerta- es hora de la poción nuevamente, que bien que estas despierta, tómala, bébela toda, te hará bien.

Alice estaba asustada, la señora Pomfrey no se fijó en ella cuando entró en la habitación, pero era claro que se había pasado la hora de visitas. Vislumbre como movía los labios, su "ayúdame" era inaudible, pero fácil de leer.

La enfermera estaba dispuesta a regresar y revisar a Frank, pero yo llame su atención para que Alice pudiera escapar de la enfermería.

Eh… señora Pomfrey- ella se giró rápidamente con la duda en su mirada- me podría… decir... para… qué… qué… sirve… esta poción- hable muy despacio, el tiempo suficiente, para que Alice muy sigilosamente pudiera salir de la habitación- la he bebido ya muchas veces.

Es una mezcla, para que se sanen brevemente tus heridas y los hechizos que te realizaron surtan más efecto, querida.

Bien, eso era estupendo, yo estaba intentando escapar de esto y resulta que yo estaba tomando la poción que provocaba un "mayor efecto", resople con frustración.

Esta vez la poción tenía un dejo de otro sabor lo que me estaba produciendo mucho sueño, luche contra mis párpados, pero ellos me vencieron, al final se cerraron.