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Historia 191773 — capítulo 5

Encuentros

Sus ojos eran profundos, de un castaño claro ocultos tras unas gafas redondas, me miraban fijamente, esos ojos que me podían envolver en un manto de felicidad, un torrente de emociones me embriago, catapultó mis sentidos, la soledad desapareció tras su mirada. Su aliento aún rozaba mi piel, tan fresco y cálido a la vez, los rasgo del niño mostraba la inocencia de alguien de 11 años, pero tras la mirada se observaba que estaba creciendo un nuevo sentimiento en él, un sentimiento que yo también estaba sintiendo.

*¿Acaso es real el amor a primera vista, o solo es imaginación?*Mi corazón palpitaba tan fuerte que sentía que deseaba salirse de mi pecho y unirse al suyo para no separarse jamás, baje la vista hacia sus labios, tan carnosos, tan seductores como él mismo, mis ojos llamaban a gritos que volviera la mirada a los suyos, para volver a cubrirme con su brillo y alegría, me di cuenta que el también observaba mis labios, la llama de felicidad rebosaba en su ojos y el reflejo de los míos mostraban lo mismo. Una eternidad en tan solo unos segundos, los mejores segundos de mi vida, seguramente él no sabía lo que su pecho estaba sintiendo, pero yo si. Empezó a amarme, sus ojos lo decían, él temblor en la mano lo decía, su aliento ahora entrecortado lo decía, su boca... su boca lo decía. 

Tan cerca el uno el otro, que un pequeño movimiento y nuestros labios se rozarían, inclinó su rostro levemente. No lo pensó. Unió sus labios a los míos, era el beso más tierno, inocente, dulce, apasionado y perfecto que pude haber recibido, se abrió paso pidiendo permiso con su lengua para entrar en mi boca, y yo se lo permití, él tenía 11 años, y me dio el mejor beso de mi vida, la danza de nuestras lenguas era rítmica, mis brazos, quietos a mis costados, al igual que lo suyos, deseaban abrazar y que los cuerpos se fundan entre sí, pero ninguno abrazó.

Separó sus labios tras unos segundos, abrí los ojos al mismo tiempo que él, pero yo ya no podía verle a la cara, su pequeña e inocente mano recorrió mi mejilla, llevándose con ella las lágrimas que brotaron de mis ojos.

No pronunció palabra alguna, pero agarró mi mano derecha suavemente y con un leve tirón me levantó y llevó caminando hacía el castillo, fui débil nuevamente, pero no podía evitar seguirlo, mientras caminábamos las lágrimas seguían brotando de mis ojos, resbalando por las mejillas para terminar en mis labios, probando lo salado de las mismas, ese sabor que llevaba consigo la felicidad del momento y la tristeza del futuro.

El iba a morir, James yacería en la sala, sin haberse podido defender, tratando de que yo y nuestro hijo viviéramos.

Este niño era el amor de mi vida, lo sentía, él era James y ya lo amaba y él me amaba, pero no podía hacerle esto, no podía permitir que muera. Mientras esté en mis manos, el viviría y sería feliz.

Me desplome en el piso, impotente, infeliz, desdichada; se giró rápido sobre sus pies y se agacho, para nuevamente retirar las lágrimas de mis ojos.

Te ves bonita al sonreír, las lágrimas solo arrastran consigo la belleza- pronunció tan dulcemente, su voz era una melodía - no llores bonita.

Quise hacerle caso, no llorar, pero no podía, las lágrimas brotaban de mis ojos con tanta fuerza que empecé a marearme, él me acurrucaba en su regazo y trataba de controlarme.

¿James? ¡James!- la voz de una mujer gritaba a lo lejos y se iba acercando- ¿Dónde has estado? te he buscado como loca por todo el castillo, por favor no lo vuelvas a hacer.

La señora agarró a su hijo y lo envolvió en un abrazo, provocando que yo me cayera nuevamente al piso, al parecer no se dio cuenta de mi presencia.

Calma Dorea ya lo hemos encontrado-la voz de Dumbledore me llegó de improviso, en este momento era lo único que quería escuchar.

Sáqueme de aquí- susurre, para luego, en un arranque de locura gritar- SAQUEME.

Pero que…- me levanto del suelo y pudo ver quién era yo, el cabello negro no me había delatado- mi niña, por Merlín, ven, calma, te ayudare- me agarro del brazo, y me ayudó a caminar, rápidamente James intentó ayudar.

No se preocupe, señor Potter, yo la llevo a dentro, usted siga recorriendo el castillo con su madre.

No, yo quiero ayudar, ¿Qué le pasa?- la preocupación era evidente en el tono de voz, no quise mirarlo a la cara nuevamente, sabía que eso me haría mas daño.

James, ya oíste a Dumbledore, deja que se encargue de la niña.

Empezamos a alejarnos de ellos, pero aun oía a lo lejos, el sonido de la voz del niño, pidiendo que le dejaran ir.

Esta vez no me llevo a la enfermería, sino, a su oficina

Meigas Fritas- miré hacia Dumbledore, para darme cuenta de que aquello que pronunció, era la contraseña para atravesar la gárgola, subimos por las escaleras, no quería fijarme en la oficina, pero era inevitable, apenas entré pude ver los cuadros de los antiguos directores del colegio, me senté en una silla de madera, lejos de la silla en la que me había sentado la vez pasada.

¿Por qué quisiste escapar?- pronunció Dumbledore, mientras me acercaba una taza de algo humeante- es té, tómalo, te hará bien.

Gracias- pronuncie suavemente- por el té- indique la taza- y por alejarme de él.

Fue duro verlo por primera vez.

No pensé que dolería tanto- los cabellos que me caían frente al rostro, empezaron a cambiar a su color natural- Ni siquiera le conozco ¿Cómo puede ser posible?

Querías escapar, pero nunca puedes escapar del destino, no hay forma de que puedas huir de lo que ya está predicho.

Tendré que estudiar aquí- no era una pregunta, era una afirmación.

Sí.

¿Viviré en la enfermería, hasta que empiece el nuevo año escolar?

No, tú tienes una familia, que son los Evans, mañana debes ir con ellos, es tu cumpleaños número 11, la Lily que vive con ellos desaparecerá y tú tomarás su lugar, intenta disimular todo lo que puedas, no queremos causarle un gran dolor a esa familia.

Y que pasara con la niña que vive con ellos ahora.

  • Esa niña eres tu, desaparecerá y tu seguirás con su vida.

Y mis padres, ¿Qué pasó con ellos?

Todavía no nacen, ya te lo había dicho.

Pero si existen en un futuro, pensaran que su hija murió en un incendio.

Basta de impresiones por hoy, tienes que descansar- quise reclamar, pero al ver mis intenciones el pronuncio rápidamente- te contare todo, pero en otro momento.

De acuerdo.

La mañana siguiente fue tranquila, hacía mucho frío pese al sol que resplandecía en el cielo, toda la tarde y noche anterior pase llorando, hasta el punto que mis ojos se secaron y llegaron a arder.

Permanecí en la oficina del director hasta el momento de marcharme con mi nueva familia, solo un momento me levanté de la silla, la tarde anterior para esconderme mientras James y Dorea Potter regresaron a la oficina del director, James preocupado por mí y la señora Dorea con la intención de despedirse.

Ver a James me produjo un desconcierto tal que solo traía recuerdos de Gabriel ¿Tan pronto dejaría de amar a la persona con quien estuve por años por un niño que acababa de conocer? Lo que empecé a sentir por James no podía ser amor ni magia, debía ser una maldición.

Lily, querida, agárrate de mi brazo fuertemente por favor- Dumbledore me sacó de mis pensamientos.

Al tomar su brazo un fuerte retorcijón me produjo nauseas, todo era oscuro, hasta que vi la calle empedrada y las casa juntas en frente de mí. Me había hecho una aparición conjunta.

¿En dónde estamos, profesor?       

Cerca de tu hogar, ves a esa niña, la que está allí- señaló a un pequeño parque, en el cual estaba una niña flaca y con rizos muy prominentes, estaba escondiéndose tras uno arbustos- ella es Petunia, tu hermana.

Otra niña de cabello rojo estaba buscándola, en el momento en el que tocó el brazo de Petunia la pelirroja desapareció, el grito de Petunia fue tan alarmante, que por un momento creí quedarme sorda, y luego ella cayó desmayada.

Nos acercamos sigilosamente y al voltear puede ver a Dumbledore apuntarme con su varita directamente en el pecho.

Transformó la ropa que Alice me había dado, a una pequeña faldita, junto con la más espantosa blusa rosada y zapatos negros y para terminar el horrible conjunto unas medias rosadas con encaje blanco en los filos. Definitivamente este no era mi estilo.

¡¿Pero qué hizo?!- grité alarmada.

Lily vestía esta ropa al salir de su casa, no pensarás que va a entrar con otra.

Tenía razón, pero, siempre odie el color rosado.

Ahora tomarás su lugar- vio mi cara de preocupación- todo saldrá bien no te preocupes, en septiembre volverás al colegio.

La niña, Lily ¿A dónde fue?

A ocupar un lugar en el futuro que tu dejaste- fue su única respuesta y desapareció.

Me dejo junto con una Petunia desmayada, poco después una señora igual de flaca que mi supuesta hermana apareció.

Lily, hija, escuche un grito, están bien.

Eh si, ma…¿Mamá?, solo que se desmayó- señala temblando a Petunia.

La señora Evans era encantadora, con su cabello castaño rojizo alborotado, traía puesto un delantal, se parecía tanto a mi que nadie podría dudar que era mi madre.

Los meses transcurrieron con mucha tranquilidad, en mi nueva familia eran tan encantadores como lo habían sido en mi otra vida, querían mucho a Lily, y yo no podía evitar quererlos también.

A Petunia la llegue a querer mucho, todas las noches me llevaba una taza de chocolate caliente y me contaba sus historias en el colegio emocionada de que yo empiece a ir con ella, era mi más grande compañía hasta que los arranques de magia empezar a presentarse, ahí empezó a estar distante y tenerme miedo al igual que el señor y la señora Evans que no entendían lo que ocurría, ni con la actitud de su hija que había cambiado y mucho menos con las cosas extrañas que sucedían.

En primavera salíamos a jugar en el parque, a veces iba solo o con Petunia, a mi me fascinaba columpiarme tan alto como podía, para luego saltar y sentirme libre, mientras el viento rozaba mi cara.

En una de esas tarde de juego conocí a Severus Snape, era un chico amable y tímido, me ayudó contándome historias de Hogwarts, de magos y de cómo serían las clases. Gracias a él pude comprender más de lo que me estaba sucediendo con mi magia accidental y tratar de controlarla un poco. Llegamos a estar muy unidos y poco a poco empecé a reír con las bromas de Severus, tenía un humor negro, pero era agradable tener un amigo. Era un chico bueno, tal vez en el futuro cambiaría, pero ahora era mi confidente.

Ya no lloraba, me había anestesiado el alma ¿O el dolor era tan grande que mi cuerpo lo rechazó? Era solo un cuerpo que caminaba sin rumbo esperando una carta para entrar al colegio. Ya no tenia mi mundo, donde la magia era ver el atardecer sobre el mar y un beso en el cuello. La magia si existe, yo podía hacerla y quería aprender, quería defenderme, tal vez así, cambiaría mi destino.

...

Un funcionario del ministerio apareció junto con mi carta del colegio una tarde calurosa de verano, les explicó todo a mis padres y ellos estaban fascinados con la noticia, le emocionaba saber que no estoy loca ni endemoniada. Pero Petunia ya no me hablaba, ni me miraba, se notaba el creciente odio que tenía hacia mí, había cambiado del miedo al resentimiento.

La señora Evans me acompañó a comprar todas las cosas que necesitaba para el colegio, ella estaba con tantas o más dudas que yo. ¿Qué si las 3 túnicas sencillas negras de trabajo serían suficientes? ¿Qué si era necesario o no usar el sombrero puntiagudo? ¿Guantes de piel de dragón?

La librería era más interesante, aparte de los de la lista, la señora Evans me compró unos cuantos ejemplares de mi agrado. Pero ni el caldero, ni el juego de redomas de cristal ni el telescopio fue tan emocionante como el momento de comprar la varita. Sentí la magia correr por mi cuerpo cuando tome la varita que me escogió.

  • ¿Estas emocionada Lily?- preguntó la señora Evans distrayéndome.

He, sí, eso creo mamá- aun no me acostumbraba a llamarla así, pero qué más podía hacer.

Pues yo sí, prométeme que te cuidaras ¡Te tendré lejos tanto tiempo! escríbeme si- empezó a sentirse mal, pero la emoción le ganaba.

Lo prometo, escribiré, pero- solté una risita- no estaré con las lechuzas todo el día, eh.

Bueno, con tal que sea una por semana, con eso me conformo- me sonrió débilmente.

Bien, eso me parece estupendo.    

  • Te daré un regalo de inicio de año, espérame aquí.

La señora Evans hizo que le esperara fuera de "El emporio de las Lechuzas". Ella quería regalarme una.

Mientras esperaba me fije en la tienda que estaba en frente, tras la vitrina un niño de cabello negro observaba una escoba, se le veía aburrido, se fijó en mi mirada y salió a saludarme.

  • Hola ¿Vas a entrar este año a Hogwarts?

  • Si, ¿Tú también?- asintió sonriendo- ¿Te gustan las escobas, yo quisiera poder volar?

  • Yo se un poco ¿Si quieres en el colegio te enseño?

Le iba a decir gracias, pero apareció la señora Evans con una jaula, con una hermosa lechuza color café y parda en el pecho, sus ojos eran tan grandes que podía dejarme hipnotizada, creo que así lo hizo, porque apenas la vi la adore.

Me despedí del niño con un agitar de mano, lista para regresar a casa y una semana después a Hogwarts.  

El día miércoles primero de septiembre de 1971, nos despertamos muy temprano para llegar a Londres, habían obligado a Petunia a ir, así que toda la mañana antes de salir y durante el viaje, se comportó hostil conmigo.

Querían llegar temprano para poder hacer algunas compras y aumentar mi maleta de ropa, la señora Evans sollozaba débilmente, intentando que no la viéramos, pero los sonoros resoplidos que daba en el pañuelo, la dejaban al descubierto.

Aún era las 10 y media cuando entramos en la estación King's Cross. No nos demoramos mucho en cruzar hasta el andén 9¾, el hombre del ministerio ya nos lo había explicado.

Una locomotora de vapor de color escarlata, fue lo primero que vi, tan magnífica, tan mágica.El lugar estaba lleno de brujas y magos que despedían a sus hijos, cargando consigo lechuzas y gatos.

Pero al ver a Petunia tan enojada la tome del brazo y lleve un poco lejos de los señores Evans, para platicar.

  • Tuney, ya no estés enojada conmigo, no es mi culpa.

  • Claro que si, te vas a ir y me dejaras con mis papás sufriendo mientras yo voy al colegio que está cruzando el parque.

  • No fue mi elección**… ¡lo siento mucho, Tuney, lo siento! Escucha**- tome su mano, ella forcejeo tan duro pero mantuve el agarre de la misma- tal vez cuando llegue podré ir a hablar con el profesor Dumbledore y convencerlo de que cambie de opinión.

  • Yo…no…quiero…ir- el forcejeo era tan fuerte que tuve que soltarla-¿crees que quiero ir a un estúpido castillo a aprender a ser una…una?- recorrió su mirada por toda la plataforma, buscando las palabras más hirientes- ¿…crees que quiero ser un…un…fenómeno?

Por un momento mis ojos se llenaron de las lágrimas reprimidas hace ya tanto tiempo.

- No soy un fenómeno, es horrible que digas eso.

- Ahí es a dónde vas- su voz era despectiva y cargada de odio-a una escuela especial para fenómenos. Tú y ese Snape… raros, eso es lo que son. Es bueno que te separen de la gente normal. Es por nuestra propia seguridad.

Todo mi ser se llenó de ira, no entendía cómo ella podía ser tan insoportable, la llegue a querer durante un tiempo, amarla como una hermana, pero ella jamás se compararía con el pequeño hermano de mi otra vida.

- No pensabas que era una escuela para fenómenos cuando le escribiste al director rogándole para que te aceptara- pronuncie con tanta rabia, pero me arrepentí al instante, ella solo estaba celosa, por eso me trataba tan mal.

  • ¿Rogándole? ¡Yo no le rogué!

- Vi su respuesta. Fue muy amable- dije quedamente.    

- ¡No debiste haberla leído…! Era algo privado… ¿Cómo pudiste?

Mire en otra dirección tratando de escapar de su mirada asesina, lastimosamente me encontré con que Severus estaba muy cerca de nosotras, sin intención delate lo ocurrido.

- ¡Ese chico la encontró! ¡Tú y ese niño han estado espiando en mi habitación!

- No… no espiando- me sentí avergonzada, nunca me habían reclamado por algo así-¡Severus vio el sobre, y no podía creer que un no mago fuera capaz de contactar con Hogwarts, eso es todo! Dice que debe haber magos trabajando encubiertos en el servicio postal y que ellos se encargan de…

La voz tan fuerte de Petunia me interrumpió

- ¡Aparentemente los magos meten las narices en todas partes! ¡FENÓMENO!

En eso quedó la discusión, que buen comienzo para mi vida de bruja, siendo llamada fenómeno, me sentía un poco así, incluso en el mundo de los magos, mi caso era raro.

Los señores Evans se despidieron de mí con una sonrisa en la cara, mientras que Petunia con un abrazo obligado muy frío, sin muestra del más mínimo afecto.

Me apresure a entrar en el tren cuando dieron las 11 en punto y los motores de este empezaban a funcionar, busque un lugar solitario, las palabras de Petunia me hicieron daño, "*odio ser sensible",*gritaba en mi fuero interno. Un compartimiento estaba vació, así que decidí entrar, con la esperanza de que el solo hecho de verme por la ventana al corredor fuera suficiente para ahuyentar a la gente.

Pero naturalmente, las cosas nunca salen como a mi me gustaría que ocurrieran, el sonido de la puerta al abrirse fue tan ruidoso al igual de cuando se cerró, encogida en el asiento y con la cara pegada al cristal de la ventana, no me fije en quien acababa de irrumpir en mi soledad, pero la sombra de alguien se acercó y sentó en frente a mí.

  • Hola- saludo alegre, indiferente a mi sufrimiento- ¿Vas a primero?- siempre la misma pregunta- yo también- no espero a que le respondiera.

Alce el rostro ligeramente para encontrar a la persona que intentaba entablar conversación conmigo, mis ojos se abrieron como platos, al ver su rostro, el cual mostraba el mismo asombro, vi la extraña chispa de alegría que eso le produjo.

  • ¡Eres tú!- James se abalanzó sobre mí rodeándome con sus brazos fuertemente. Me quedé helada. Como me podía pasar esto otra vez, es que era algo tan horrible, yo quería verlo, pero de lejos y no aquí, ahora, eso no- ¡Te busque tanto...! Sabía que te encontraría al ir a Hogwarts.

Una vez que el impacto de sus ojos pasó, pude pesar con más claridad, esta ya era la segunda ocasión que me encontraba con él, pero esta vez yo era más fuerte, había decidido que él sería feliz y una muerte a los 21 años no era lo más cercano a la felicidad. El tendría que ódiame si no quería morir. Lo aparte de un solo golpe.

  • ¡¿Qué te pasa niñato estúpido?! ¿Con quién me confundes?

Su rostro cambió totalmente, la chispa de alegría se volvió negra y sus ojos... tristes.

  • No... no me confundo, tu rostro, tus ojos son los mismos- pronunció.

  • Pues entonces consiguete otros lentes... que esos no funcionan. Yo nunca te he visto antes- las palabras salían como cuchillas afiladas, pero estas cuchillas me cortaban a mí.

  • ¡Claro que sí! En Hogwarts, no lo recuerdas, cuando te perdiste y…

Dejo la frase incompleta, aunque yo sabía lo que continuaba…nos besamos

  • Mis padres no son magos, no sabía nada de esto hasta que llego mi carta hace un mes. Esta es la primera vez que voy a Hogwarts- trate que sonará con la mayor burla posible.

Me miró fijamente, queriendo encontrar algún rastro de que se trataba de una broma, pero yo no se lo permití, luego tal vez recordó que mi cabello de ese entonces era negro y no el rojo fuego de ahora.

  • Ya veo... tu no eres ella ¡Pelirroja!- el apodo sonó con desprecio, el mismo que tendría cualquier persona, en especial un niño, después de ser humillado. Me miró con desprecio.

Giré mi cabeza de vuelta a la ventana, mientras me abrazaba las piernas con los brazos en el asiento, volviendo a posar mi cara contra el cristal, los paisajes pudieron ser asombrosos de no ser que mis ojos estaban empañados, detesto llorar y al parecer eso es lo mejor que puedo hacer en esta vida.

Poco rato después cuando el silencio reinó nuevamente en el compartimiento, entró otra persona, un niño.

  • Hola que tal, interrumpo, espero que no, el tren está lleno y no me voy a ir - hablaba arrogantemente y riendo a la vez.

  • Claro que no interrumpes, entra- escuche la puerta cerrarse- soy James Potter y tu.

  • Black, Sirius Black, es un placer- esa voz ya la había escuchado, pero no recordaba dónde- señorita y ¿Quién es usted?- dijo galantemente

Me sentía muy mal como para hacer vida social en ese momento, así que le eche una mirada de reojo y volví la vista hacia la ventana, la verdad, él era muy apuesto, Sirius Black. Los libros casi no hacían honor a su belleza. No parecía de 11 años, se veía mucho mayor.

  • Déjala- pronunció James- la pelirroja esta loca, rato casi me pega, JA JA JA- las sonoras risotadas seguramente se escucharon en todo el tren.

Sus risas continuaron hasta muy tarde, seguramente ya era las 2 o 3 pasado el meridiano, no me molestaba escucharlo reír, después de todo de eso se trataba, compraron algunas golosinas cuando apareció la señora del carrito, ambos niños tenían suficiente dinero como para alimentar a un albergue de niños un año entero, eso ya lo sabía, según los libros las distinguidas familias Potter y Black poseían una gran fortuna.

Seguí con mi rostro fijo en la ventana, deseaba irme de ese compartimiento y a la vez no, ¿Sería indecisa ahora?

Una vez más, la puerta de compartimiento se abrió y alguien con el uniforme ya puesto se sentó frente a mí. Al parecer era el día de "siéntense en frente y molesten a Lily Evans"

Alce la mirada para ver quien era, me sorprendió ver a Severus, pero enseguida cambié la expresión de mi cara.

-No quiero hablar contigo- respondí secamente.

  • ¿Por qué no?

Bueno porque acabo de insultar a la persona empecé a querer y ahora él me aborrece.

  • Tuney m-me odia. Por ver la carta que Dumbledore le envió- invente rápidamente, ya ni siquiera me acordaba de ese asunto, era increíble la fuerza de ese niño con lentes para distraerme.

  • ¿Y que?

Lo mire, como podía hacer semejantes preguntas y yo con este embrollo que tenía.

  • ¡Que es mi hermana!

- Ella es solo una…- se calló, y yo disimule que me secaba alguna lágrima en este momento ya no existente- ¡pero nosotros nos vamos! ¡Este es el gran momento! ¡Nos vamos a Hogwarts!

Su gran emoción, hizo que yo soltara una pequeña sonrisa.

- Más te vale estar en Slytherin.

- ¿Slytherin?- una tercera voz se entrometió en la platica- ¿Quién quiere estar en Slytherin? Creo que mejor me voy ¿te vienes?- dirigió la pregunta hacia Sirius, pero él no sonrió.

-Toda mi familia ha estado en Slytherin- pareció que se sentía avergonzado.

-Rayos y a mi que me parecías normal.

- Tal vez rompa la tradición- sonrió-¿A dónde te irías si tuvieras que elegir?

- ¡Gryffindor, donde están los valientes de corazón!- su mano estirado como si sostuviera una espada invisible me pareció un acto de completa inocencia, sonreí sin que nadie se diera cuenta- igual que mi padre.

Esta vez fue Severus quien interrumpió la conversación con un leve gruñido, y entonces James se giró.

- ¿Tienes algún problema con eso?

- No, si prefieres ser un musculoso a un cerebrito.

- ¿A dónde esperas ir?- la voz de Sirius se hizo presente- viendo que no eres ninguna de las dos cosas?

Ambos se echaron a reír después de haber humillado a mi amigo, no era justo, él no vino con intenciones de molestar, solo quería hablar conmigo, así que preferí levantarme y alejarme de ellos, así mataba dos pájaros de un tiro, sacaba a Severus de este lugar y yo me alejaba de James.

- Vámonos, Severus, busquemos otro compartimiento.

- ¡Oohhhhhh- Sirius y James se empezaron a burlar con más gana, al regresar a ver a James, él mostró una fría mirada cargada de reproche- te veo luego, Snivelius!- es lo ultimo que alcancé a oír.