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Historia 191773 — capítulo 6
Hogwarts
El resto del viaje fue casi tranquilo, encontramos un compartimiento en el cual estaban 2 chicas, la una parecía retraída, era regordeta y con las mejillas rojas, me acordé de una manzana y la otra seguramente era delgada, con un cabello color castaño claro.
-
¡Qué esperan para cambiarse de ropa!- alguien habló a través de la puerta, un chico alto, su color de cabello era casi blanco y con una cara afilada y pálida - ya mismo llegamos, ¡Apúrense tontas!- exclamó con desprecio.
-
Tal vez si nos tratara mejor y no pusiera esa cara de... - pensé lanzar un insulto, pero no era bueno conseguir enemigos tan pronto- hostil, le hiciéramos caso - mi voz fue educada, pero a él le pareció un insulto.
-
Insolente, que no sabes quien soy- su rostro cambió a rojo por la ira- soy un prefecto niña estúpida.
-
Bueno su insignia lo dice, no tiene porque recordarlo- una voz femenina sonó a mi defensa, no revire a ver quien era, luego lo haría- nos cambiaremos, una vez que "usted, señor, digno prefecto"- dijo con sarcasmo- nos brinde un poco de intimidad.
El joven se marchó dando zancadas fuertes, pero solo una vez que ya no escuche sus pasos revire. La chica que me ayudó fue la de cabello castaño claro.
-
Gracias.
-
Por nada, a mi tampoco me gusta que me griten, iba a reaccionar primero, pero me ganaste.
-
Ya me cayo mal ese prefecto- respondí sonriéndole.
-
Igual, mejor cambiemonos, no queremos que otra vez el ilustre prefecto nos grite- miro a mi amigo que aún seguía sentado y con la cara expectante- podría salir, por favor.
Apenas lo dijo, Severus salió a paso apresurado, parecía que quería huir lo más pronto posible. Usamos una capa para taparnos, primero yo le hice de cortina y luego ella a mí, su corbata era negra, al parecer también iba a primer año, la otra chica, la manzanita, se limitó a taparse ella sola, ni siquiera nos miró, era como si le diéramos asco.
El tren perdía velocidad de a poco, al bajarnos un hombre muy grande y con enmarañada barba nos recibió, los libros lo habían representado muy bien*.*Unos pequeños botes estaban en la orilla del lago, me dio miedo subir, parecían tan frágiles.
Junto con la chica de cabello castaño y Severus, subimos a un bote, en el cual estaba un chico de ojos color miel, era como yo, parecía querer alejarse de todo y de todos.
Una vez cruzado el lago, alce mi rostro al igual que todos los demás para ver aquel hermoso castillo, la media luna lo iluminaba, dándole una sensación de terror, la vez anterior que estuve aquí, solo vi las paredes de la enfermería, ahora me parecía fascinante.
El gran salón al que entramos estaba atestado de estudiantes, pero mi vista no solo se fijo en la gran mesa de los docente o en el sombrero sobre el inestable taburete, sino que mis ojos se quedaron maravillados al contemplar el cielo estrellado, a este lugar nunca había entrado y era maravilloso ver las parpadeantes estrellas que formaban las constelaciones, tanta era la maravilla que no me percate de que algunos alumnos ya habían sido seleccionados hasta que un grito me sacó del trance en el que me encontraba.
-
¡GRYFFINDOR!- pronunció muy alto el sombrero seleccionador y un muchacho de cabello negro y ojos grises fue corriendo alegre a la mesa en la que los aplausos sonaban con entusiasmo, era Sirius Black y para mi asombro ahora que lo veía bien, era el muchacho que se ofreció a enseñarme a volar en escoba, me cayó bien en esa ocasión, pero ahora ¿Qué tenía que hacer?
-
Evans, Lily- la profesora McGonagall pronunció el nombre tan fuerte y claro, estaba nerviosa, pero decidida a pedirle al sombrero que me ponga en cualquier casa, la que sea menos Gryffindor, no quería estar cerca de James, pero apenas el sombrero toco mi cabellera gritó.
-
Gryffindor
¡Ese viejo sombrero no me dio tiempo de pedirle nada! ¡Que fraude! a mi supuesto hijo no existente si le dejo escoger.
Entregué el sombrero a la profesora y me encamine hacia la mesa de los Gryffindor que aplaudían emocionados por tener un nuevo estudiante en su casa, pero mi mirada se posó en la de Severus y le dedique un triste sonrisa, la cual no era solo por alejarme de él, sino por el hechode tener que estar cerca de James.
Al llegar a la mesa, Sirius me hizo espacio junto a él, pero ya que era amigo de James, le di la espalda. Era mejor así.
En ese momento el chico que nos acompañó en el bote se sentó frente de Sirius, no me había dado cuenta de que lo nombraron.
-
McDonald, Mary- la chica de cabello castaño claro que se podría decir "mi amiga" se acercó al taburete, el sombrero si se pasó tiempo meditando sobre su cabeza.
-
GRYFFINDOR
Ella se acercó y se sentó junto mí, bueno por lo menos podía conversar con alguien.
-
Seremos compañeras- dijo emocionada.
-
Si que bien- pronuncié un poco distraída.
-
Te molesta el hecho de ser de la misma casa que yo o que te haya tocado esta casa.
-
NO, tu no tienes nada que ver- le sonreí- y tampoco no me quejo de esta casa.
-
Que bien, me llamo Mary... y si ya se, tu te llamas Lily- rio despacito- soy muy atenta.
-
Me alegra porque no me gustan mucho las presentaciones- reímos juntas.
No reviraba a ver quien mas se acercaba al sombrero, solamente lo hacía cuando decía nombres que lograron llamar mi atención, como:
-
Pettigrew, Peter- algo dentro de mí explotó, sentí tanta rabia de verlo ahí, tan delicado, como miedo de ponerse el sombrero, tan traidor, ¡tan gusano!
-
Gryffindor- gritó el sombrero, sentí ganas de romper el sombrero ¿Cómo podía estar tan cerca de quién me traicionaría?
El gusano se sentó junto a Mary, mucho mejor, porque cara a cara, no sabía cómo reaccionaría, si mi plan de que James me odie y cambiar el futuro funciona, Peter jamás le traicionará, pero eso no cambia el hecho de que su presencia me alteraba. Ya me caía mal desde antes, desde que leía los libros en mi vida pasada, cuando pensaba que todo era ficción.
Mi vista se clavó fijamente en el plato dorado, teniendo ganas de que este fuera la cara de Peter y se destruyera con la simple mirada.
-
¿Qué te hizo plato, pelirroja?- esa voz- acaso te enojaste con el porque no sirven rápido la comida- se estaba burlando de mí, la mofa en su tono lo decía.
-
Eso no te importa ¡Potter!- ups, olvide que nadie nos había presentado, pero a él eso no pareció importarle.
-
Claro que sí, el plato me importa, si lo sigues mirando de esa manera, seguro que explota.
-
Mejor miro tus gafas, tal vez explote junto a tu cabeza- ser hiriente con James no era tan difícil, tan impulsiva que era, los insultos solo salían de mi boca sin pensar.
Alce la mirada, pero no soporte verlo por mucho tiempo.
-
Snape, Severus- giré mi rostro hacia el taburete, para ver la selección de mi amigo y alejarme de su mirada matadora.
-
SLYTHERIN- pronunció el sombrero y mi amigo se alejó hasta la mesa verde, observe cómose sentaba junto al prefecto de esa casa, aquel chico prefecto del tren que nos gritó.
-
Tu amigo obtuvo lo que quiso... hooooo que bien, bravo por Snivelius.
-
¡Cállate Potter!
Definitivamente este no era el mejor día de mi vida, pero al menos la comida estaba rica, especialmente la tarta de melaza.
Los fantasmas aparecieron sin causar mucho asombro, ya sabía que llegaría, pero disfrute del grito aterrado que emitió Peter y más cuando se abrazo del brazo de Mary y ella le propuso un golpe sordo en la cara.
El prefecto de mi casa, un joven alto y cabello rizado nos guió hasta la sala común, la dama gorda del retrato no era tan gorda como me la había imaginado, la clave para entrar era "lata apertum".
La sala común era muy cómoda, con varios sillones, mesas y sillas esparcidas por toda la habitación redonda. El sillón frente a la chimenea se veía tan placentero, que me llamaba a gritos que me sentara junto con un libro y mi té favorito.
Mi habitación era la que se encontraba al final de las escaleras en espiral, la vista era maravillosa. Me preguntaba cómo serían mis compañeras de habitación, aparte de Mary, 3 chicas más eran mis compañeras Brett Cherry, Haarlem Azul y Rhade Holly.
Al parecer no podíamos escoger cama, porque nuestras cosas ya estaban colocadas sobre cada una de ellas, la mía estaba junto a una de las ventanas y era la que se encontraba más al fondo, casi pegada a la pared. Todas las camas situadas en la habitación tenían doseles con cortinas rojas, una mesita de noche al lado izquierdo y un pequeño semanero al lado derecho, el piso era de madera, por lo que no se sentía tanto el frío de la noche.
-
Me gusta- Mary fue hacia su cama, frente a la mía, e inmediatamente empezó a desempacar su baúl, ubicando la ropa cuidadosamente en el semanero.
-
Mira, esta es mi familia- me enseñó una fotografía de una señora de cabello claro acariciando a su hija, la cual sostenía el brazo de un hombre un poco bajito, junto a la señora se encontraba una pequeña niña rubia que halaba la falda de su madre, pidiendo atención- ella era Eloy- señaló a la niña- murió poco después de tomar la foto, junto con mi padre, mi madre no me lo cuenta, pero estoy segura de que los asesinaron- lo dijo de golpe, no esperaba tanta sinceridad.
-
Lo siento mucho.
-
No te preocupes, a pasado 2 años y ya me estoy recomponiendo.
-
Tu mamá se quedo sola en casa.
-
No, ella se volvió a casar en el verano, vive con su esposo en una playa, es una pena, a mi no me gusta el calor.
-
Porque piensas que los mataron.
-
No lo se, pero algo me dice que fue así- un rastro de tristeza se asomo en su cara- ¿Y tu familia?- cambió de tema. Ahora el rastro de pena estaba en la mía.
-
Mi hermana me odia por tener poderes mágicos... y mis padres eh... están bien- y los otros aun no nacen
*-*Si que eres expresiva Lily- me dio un almohadazo.
-
Ahu, eso dolió- pronuncié sonriendo, mientras yo le devolvía otro.
-
Esta mejor que durmamos, ya sabes, mañana primer día de clases.
-
Si, buenas noches.
-
Buenas noches Lily.
Ella regresó a su aposento, y colocó la fotografía en la mesita de noche, cerré las cortinas del dosel de mi cama, me coloqué el pijama y me acosté a dormir, reviviré mi cuerpo y vi que mi mesita de noche estaba vacía.
...
Un resplandor entraba por las cortinas. El amanecer estaba presente.
- ¡Lily!- Mary abrió de un tirón las cortinas, gritando de emoción- buen día, tenemos que bajar a desayunar, apúrate... ¡Primer día de clases!
La chica me caía bien, su forma de ser siempre animada era agradable, además que casi nunca tuve una buena amiga, ni siquiera en los 17 años de mi vida anterior, esperaba de todo corazón que ella si lo fuera, necesitaba a alguien.
Una vez listas nos apresuramos a salir de la habitación.
Al bajar me asegure de que James no se encontrara en la sala común, hasta ahora iba bien, ni rastro de él.
- ¡Elizabeth, ¿Cómo estas?!- oh, oh, eso era grave, me giré rápidamente.
Alice se apresuraba a abrazarme, radiante como siempre.
-
¡Shitt! Alice no digas ese nombre, ¿Cómo estas? me alegra de verte, tengo que contarte e implorarte algo, por favor.
-
Claro, pero ahora tengo clase, qué tal si nos vemos luego, en la tarde si.
-
Si, esta bien, pero hasta eso... has de cuenta que no me conoces si- su cara era reprobatoria- luego te cuento... por favor.
-
Esta bien, nos vemos luego- me miró inquisitiva.
Bajamos rápidamente las escaleras hasta llegar al gran comedor, casi nos perdimos, pero eso solo fue una excusa para reír, aunque con un poco de nervios llegamos al gran comedor.
- Sus horarios señoritas, son de primero verdad- asentimos la cabeza hacia el chico que tenía la insignia de prefecto de Gryffindor.
Una de mis compañeras de habitación se nos acercó, tenía el cabello y ojos color negro intenso parecía un poco extraña, Cherry, era la que tenía la cama contigua a la mía, conversamos de muchas cosas del castillo y las nuevas clases.
En la tarde le explique todo a Alice, claro que guardando lo esencial, le roge que olvide mi estancia aquí del invierno pasado, que olvide el nombre de Elizabeth y que olvide que me ayudo a intentar huir, ella aceptó, igual que Frank, aunque este mostro un poco de resentimiento, pero qué más podía hacer.
Las clases estuvieron tranquilas durante varios días, aunque los trabajos siempre nos dejaban exhaustas, Mary, Cherry y yo pasábamos todas las tardes en la biblioteca, me hice amiga de la señora Pince, siempre era malhumorada con los demás, pero pareció que me tomó aprecio.
-
Detesto astronomía- la cara de Mary parecía contraída- como quieren que sepa todos los nombre de todos los puntito brillantes del cielo.
-
Son estrellas Mary.
-
Ya lo se Lily, pero haber dime, ¿Cuál es esta?- señalo la más brillante.
-
Sirius.
-
¿Dónde? ayer me gasto una broma y tengo que vengarme de él.
-
¡Mary! no estoy diciendo que Sirius está por ahí, esa estrella se llama Sirius y pertenece a la constelación del Canis Major- dije cerrando mi gran libro- además, ¿Tu crees que Black alguna vez va a venir a la biblioteca?
-
Tienes razón, mejor vamos que seguro y el banquete de Halloween va a empezar.
-
¿Vienes Cherry?
-
Luego- pronunció despistadamente- aun no termino con esto.
-
Bien, nos veremos abajo.
Llegamos a la sala común, como siempre yo, primero viendo que James no aparezca y luego respirar profundamente.
-
Pelirroja, pelirroja, pelirroja- ¿porque a mí?
-
¿Qué quieres Potter?
-
De ti nada
-
Entonces déjame en paz
-
Esta bien, oye pelirroja, yo de ti tendría cuidado con lo que comes esta noche- déjalo Lily ya se le pasará, pensaba para mi misma.
-
Potter- habló Mary- porque no vas a ver si una dragona puso ya sus huevos, tal vez tengamos suerte y te use de alimento.
Hale a Mary lejos de James, seguro y él le insultaría peor, una vez en el cuarto ella exploto.
-
Lily, no se como le aguantas, se la trae contra ti, siempre molestándote y gastándote bromas, solo con ese Snape se porta peor.
-
Déjalo, es un niñato engreído, mientras no le haga caso… seguro y se le pasara.
-
Si claro, el otro año será.
-
Guardo tus esperanzas para el próximo año, pero creo que no bajaré al banquete, no quiero volver a tener la cara llena de puntitos rojos.
-
Segura- me miro triste.
-
Si, ve y diviértete con Cherry, y procura no comer nada que te ofrezca Potter.
El bullicio de la cena no se escuchaba en la sala común, me recliné en el confortable mueble frente a la chimenea, no tenía libro ni té, pero disfrutaba de la soledad, un ruido llamo mi atención, parecía como que alguien chocaba contra un sillón cercano, pero la habitación estaba vacía salvo por mí.
Estuve atenta a cualquier nuevo sonido, nada ocurrió, así que decidí observar nuevamente las llamas. Otro ruido llamó mi atención, pero esta vez si tenía un causante, el chico de ojos color miel que conocí en el bote, cayó de bruces en el suelo.
-
Estas bien- me acerque a ayudar a levantarse.
-
Si, si, hay, eso me dolió.
-
Ven siéntate.
-
Gracias, porque no estas abajo con los demás.
-
Bueno tu amigo me advirtió de algo en la comida, como veras prefiero evitarlo.
-
No le hagas caso, bromea con todos.
-
Ya lo se Remus, pero no quiero puntos de colores en mi cara.
-
Lily, porque no avisas a un profesor, debes defenderte.
-
Si lo hice.
-
¿A quién?
-
Eh… bueno… a… a-alguien
Era agradable hablar con Remus, siempre decía cosas interesantes y no me decía pelirroja como James, hasta Black se portaba mejor llamándome Evans.
-
Tengo que irme Lily- miró por la ventana, casi anochecía, esta semana era luna llena y yo sabía a dónde iba.
-
Claro, cuídate mucho y se precavido.
De apoco los alumnos empezaron a entrar en la sala común un rato después.
-
Evans- Sirius hablo- has visto a Remus, no lo encontramos por ningún lado.
-
Salió hace rato.
-
Siempre se escapa... no puede ser ¿A dónde va?…- iba hablando solo hasta perderse por las escaleras.
-
¿Qué pasó pelirroja? te perdiste del banquete- James me hablaba tontamente- toma, te traje un poco de tarta de melaza.
-
Cómetela TÚ, seguro y está con algo que hará que ría sin parar o que produzca puntos de color en mi cara otra vez o algo que la vuelva púrpura, estoy harta de ti, desaparece.
Salí de la casa común como una flecha, directo a mi dormitorio, una vez encerrada en el baño, unas cuantas lágrimas empezaron a caer, las sequé rápidamente con la manga del jersey, ya no quería llorar, siempre me trataba mal, se burlaba, hacía bromas pesadas y hechizos broma, también se las traía con Severus, pero a mi me detestaba y aunque eso era lo que yo quería, no significaba que no doliera.
-
¿Lily? Estás ahí- Cherry pronunció despacio.
-
Sí, me estoy yendo a bañar, ya salgo.
Agua caliente era lo que necesitaba mi cuerpo, el frío empezaba a hacerse presente y mi alma necesitaba un buen baño.
Me puse el pijama dentro del baño y salí con la mejor cara posible.
-
¿Dónde están Mary y Cherry?- pregunte a mi compañera que se encontraba pintando las uñas de las manos de un color verde chillón a la otra.
-
Dijeron que iban a la sala común- pronunció Azul, cuyos ojos hacían honor a su nombre
-
Y que te esperaban- dijo la otra chica, Holly.
-
Gracias
Al bajar lo primero que vi, fue la tarta de melaza que había rechazado. James la había dejado ahí, mire en otra dirección, buscando a mis amigas.
-
Mary, Cherry ¿Dónde están?
-
Aquí ven, ¿Cómo te encuentras?- me inspeccionaron como la señora Pomfrey
-
Bien, ¿Por qué la pregunta?
-
Ya sabes, por Potter, oímos lo que te dijo, los chismes vuelan.
-
No fue tan grave.
-
Sabes Lily- Cherry sonreía mientras pronunciaba las palabras- Potter casi no hablo en el comedor.
-
Y tampoco comió- la ayudó Mary.
-
Y eso que tiene que ver.
-
No se, solo te lo contábamos, cuando salió del gran comedor pensamos que se llevaba esa tarta para comérsela, pero mira ahí está.
-
Apuesto a que espera que alguien más se la coma, para que la broma tenga sentido, mejor vamos a dormir, mañana tenemos clase temprano y algún prefecto vendrá.
...
El frío y escalofriante invierno empezaba a hacerse presente, siempre trataba de estar cerca a la chimenea, además de que por lo menos ya había ido 4 veces a la enfermería en busca de una poción para el resfriado en lo que iba de noviembre y la mitad de diciembre, el terrible temblor de mis manos enguantadas producían que mi caligrafía fuera pésima. Mientras que James seguía tratando de humillarme de todas las formas posibles, en un momento, antes de entrar al colegio, pensé que tal vez necesitaría tiempo hasta que me deteste, pero ya era casi cuatro meses de insultos y bromas.
Pero bueno, tenía que soportar el infierno que yo misma creé, aunque en realidad para ser un infierno hacía mucho frío, especialmente en las noches y madrugadas, ni siquiera la cobija que Azul me había prestado era de ayuda.
-
¿Lily?- preguntó Cherry- siempre has sido así en los inviernos, todas tenemos frío, pero solo el normal.
-
Es que nunca he vivido un invierno tan crudo.
-
Pero hace dos años fue peor- intervino Mary.
-
Es que- trate de inventar algo brevemente- vivíamos en otro lugar, nos trasladamos en primavera.
Como extrañaba mi playa.
- Bueno, tienes razón, ve a darte un baño con agua caliente, seguro y eso te hace bien.
Una vez que me bañe en agua casi hirviendo y tomé una taza de té en el gran comedor me sentí mucho mejor.
Salíamos a prisa del castillo, dirigiéndonos al invernadero para clases con la profesora Sprout, terminamos pronto pues solo investigamos acerca de las diferencias entre el lazo del diablo y otra planta de la cual ya no me acordaba el nombre, tendría que estudiar.
Al salir del invernadero me di cuenta que los primero copos de nieve empezaban a caer, ahora hacía mucho más frío, tendría que correr a un lugar caliente.
Los paisajes con nieve siempre me gustaron, pero solo hasta ahora sabía que los prefería en postales y no cayendo en copos sobre mí.
Alguien retiró el gorro de lana que cubría mi cabeza
-
Pelirroja ¿Por qué tan arropada?- jaló mi bufanda desprendiéndome de ella.
-
Devuélvemela Potter- pronuncié las palabras tranquilamente.
-
Porque debería hacerlo- enrollo la bufanda sobre su cuello- los colores de Gryffindor me quedan mejor a mí.
-
Dámela por favor- repetí en un tono implorante.
El suave viento hacía que los copos se arremolinasen alrededor de mi cara, unos cuantos luchaban para ingresar por el cuello de mi camisa, y estos al contacto con la piel se derretía y bajaban helando aún más mi espalda, empezaba a marearme, hasta el punto que mis ojos se nublaron.
-
¿Lily?- preguntó- te sientes bien.
-
No- susurré.
Mis ojos se abrieron lentamente, tenía un leve dolor de cabeza, Mary me veía preocupada
-
Mary ¿Qué me pasó?
-
Te desmayaste, tenías 40 de fiebre... madame Pomfrey había salido a Hogsmeade, por lo que no te atendieron rápido... Potter te trajo.
-
Es un idiota, me quito el gorro y la bufanda.
-
Recién acaba de irse, bueno recién acaba de ser sacado.
-
Gracias, no quería verlo.
-
Salgamos de este lugar, me trae malos recuerdos.
-
Lily, tu nunca has estado en la enfermería.
Hay, se supone que no, verdad
- Todos los lugares de enfermos me trae feos recuerdos, apúrate, salgamos.
Cruzamos brevemente los pasillos hasta la sala común, no había muchos estudiantes, solo unos tres de cuarto año en las mesas del fondo y James en el sillón frente a la chimenea.
-
Li…pelirroja, ya te sientes mejor.
-
No es tu problemas... hace rato no te importó, porque ahora tendría que hacerlo.
-
Lo siento, no pensé que el frío te hacía tanto daño.
-
Ese es tu problema Potter, tú no piensa- esas fueron las últimas palabras que cruzamos.
Las vacaciones de navidad estaban muy cercanas, lo señores Evans enviaron a mi lechuza Ely, le puse ese nombre porque quería tener un recordatorio de mi vida pasada, diciendo que me esperaban en la estación en Londres y que estaban felices de volver verme.
Los días de navidad y año nuevo trajeron consigo muchos recuerdos de mi anterior vida, de mis padres, de mi hermano y de Gabriel.
Aparte de auto flagelarme con recuerdos, intente leer todos los libros posible, había varios en la casa de los Evans debido a que el señor enseñaba historia en una universidad cercana y la señora siempre tenía guardadas las novelas de su club de lectura, en la cual estaban las señoras más prestigiosas de la ciudad según Petunia, leía porque quería de una manera indescriptible olvidarme del hecho que iba a cumplir un año de esta nueva vida, por lo que el 31 me acosté rápido, intentando conciliar el sueño.
El viaje en tren de vuelta a Hogwarts no estuvo mal. Mary y Cherry iban conversando animadamente de sus vacaciones y cuáles habían sido sus regalos de navidad, mientras que yo aparentaba dormir, resguardandome en la obscuridad de mis ojos cerrados, pero al cabo de un rato termine completamente dormida.
-
Lily- alguien me sacudió.
-
Mmmmm.
-
Despierta, ya mismo llegamos, tienes que cambiarte.
-
Si, ya voy- abrí los párpados lentamente, para encontrarme con los ojos de 6 personas. Sirius, Remus, Peter y James habían ingresado en el nuestro compartimento.
-
Si que roncas pelirroja- se rió James.
-
Si no te gustan mis ronquidos podrían perfectamente haberte ido hace rato Potter- dije con disgusto- hola chicos- salude a los otros tres.
-
Hola Lily, ¿Tuviste unas lindas vacaciones de navidad?- preguntó Remus
- Si, no estuvieron malas ¿Y tu?
- Más o menos, estoy un poco cansado, pero bien…
Me sentí mal por mi amigo, era muy difícil para él poder guardar su secreto, los días pasados fueron luna llena, tenía muchos rasguños en la cara.
-
¿Y tu Black?
-
Terribles- el desagrado en su cara fue evidente- parecía una convención de estúpidas serpientes, no pararon de reprocharme por estar en Gryffindor- sonrió- ni se imaginan la cara de mi madre, fue un espectáculo digno de ver.
-
Yo si me lo imagino ¿Y pelirroja? no me vas a preguntar cómo estaban mis vacaciones- pronunció James
-
¿Cómo pasaste las vacaciones de navidad Potter?- pronuncié con desagrado.
-
Estupendas, no vi a Snivelius.
-
Ja ja- dije sarcásticamente- sal por favor,
-
Y porque, solo he dicho la verdad, no tengo porque que salir.
-
Potter, quiero cambiarme y no lo voy a hacer en presencia de 3 niños, salgan- mire a los cuatro- Por favor.
El castillo de Hogwarts nos esperaba con una gran comida y a continuación un merecido sueño rehabilitarte.
Mi organismo empezó a acostumbrarse a ese frío tan horrible, pero este se llevó casi todo enero, días en los cuales los estudiantes se habían acostumbrado a verme sentada en el sillón frente a la chimenea, a veces parecía raro, siempre que entraba se levantaban de ese sillón, como si tuviera mi nombre grabado y mi solo presencia pedía reclamo.
Empecé a dar caminatas solitarias por todo el castillo, sin omitir los campos, un día intente encontrar el lugar de mi primer encuentro con James, para mi sorpresa no estaba lejos del campo de quidditch, desde el cual se podía ver claramente la ventana de mi habitación, por ende ese lugar también se podía observar.
Una mañana fría en la que caía finas gotas de lluvia me levanté muy temprano, era sábado por lo que mis compañeras seguían durmiendo, me acerque sigilosamente a la ventana y como todas los días observe aquel lugar en que sus labios tocaron los míos, un chico de cabello negro y despeinado estaba sentado en ese lugar, mirando a lo lejos el lago.
No soporte la escena por lo que me adentre en el baño, un poco de agua caliente sería buena para mi salud, luego me puse rápidamente un pantalón rasgado artísticamente junto con una camiseta de mangas largas, y un jersey violeta oscuro, para terminar con mi bufanda de Gryffindor, hacía frío y no me quería arriesgar.
Baje a la sala común dispuesta a leer, pero ni siquiera mi libro "Historia de Hogwarts" logró despejar la mente, la llamas chisporroteaba en la chimenea, emitiendo una agradable sensación de calor, las veía jugar tranquilamente, mezclándose las unas con las otras, era fascinante la danza de estas.
Un chirrido me sobresaltó, pues el retrato de la dama gorda se abría lentamente y James entraba por este.
-
L…pelirroja ¿que haces despierta a esta hora?
-
Estoy leyendo- fijó su mirada en mi libro cerrado.
-
No parece.
-
No, no parece… es que no podía dormir, y tú, ¿De dónde vienes?
-
Vengo de…- cambio la respuesta brevemente- fui a dar un paseo por… las cocinas, tenía hambre- su semblante mostraba tristeza.
-
¿Te sientes bien? Parece que algo te pasa.
-
No es nada… importante, solo que…algo
-
Mmmmm, ya veo.
-
¿Y ti que te pasa?- seguramente mi voz sonaba igual que la suya.
-
Eh… no es nada… importante, solo que…algo- imite sus palabras, mientras que él emitía un leve esbozo de sonrisa- … ¿Potter?
-
Mmmmm
-
Que fecha es hoy
-
29 de enero- pronunció de inmediato mientras sus ojos se clavaban en las llamas.
Ahora entendía su pena y la mía, estaba tan mal informada de las fechas al no tener un calendario, pero debí darme cuenta, hoy hace un año que James me besó.
-
Voy arriba… a… a cambiarme, estaba lloviznando fuera.
-
Estabas en las cocinas- le recordé.
-
Cierto... chao.
Apenas él subió a su habitación yo salí de la sala común, empecé a dar vueltas por el castillo siempre con la mirada en el suelo, mis piernas me llevaron a los campos y en un momento me di cuenta de adonde me dirigieron, en ese pequeño espacio estaba sembrada un lirio naranja. Estaba segura que fue James el que la sembró. El aún me recordaba.
Mis ojos ardían pero ya no lloraba, las lágrimas se habían secado, sentía que eso era peor, la tristeza ahora se encerraba dentro de mí ser, lastimando cada órgano vital.