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Historia 191773 — capítulo 7
La cierva
Mi cumpleaños no fue festejado, no se lo había dicho a nadie, solo los señores Evans mandaron por lechuza una tarjeta de felicitaciones y una nueva remera rosa, que terrible.
Los días posteriores disfruté viendo crecer a la pequeña flor cercana al campo de quidditch, de ella salía unos preciosos lirios color naranja y aquel aroma que desprendía era dulce y embriagador que me pasa horas sin despegarme de ella, claro que tratando que nadie me viera, especialmente James.
En una de aquellas ocasiones en las que estaba junto a la plantita leyendo un libro, alcance a ver a lo lejos que James y Sirius caminaban hacía donde yo estaba*,*sigilosamente me escabullí hasta unos arbustos cercanos.
Se sentaron junto a los lirios, de espaldas hacia mí.
-
Me cae James que estas bien loco y cursi ¿A quién se le ocurre venir a estar cuidando flores? Pareces mujer.
-
Cállate Sirius.
-
Solo digo la verdad, capaz y le vas a regalar un ramo de lirios a Remus.
-
¿Qué? ¿Estas celoso? Para ti también hay florecitas.
Sirius le dio un golpe en el hombre a James y ambos se pusieron a reír.
- Aquí conocí a esa niña... la de cabello negro que te conté. Tal vez si ve la flor me recuerda y... no se... creo que si me estoy volviendo loco.
Me quería ir, no quería escuchar la conversación entre Sirius y James, pero no tenía salida, si me dirigía hacia el castillo ellos me verían, en el campo de quidditch estaban los Slytherin entrenando y hacia atrás se encontraba el bosque prohibió, al cual no me atrevía a entrar, ese lugar me producía un gran estremecimiento y pavor, especialmente pensar en que tal vez me encontraría con alguna acromántula muy, muy grande.
James volvió a hablar.
-
Estoy seguro que vi a esa niña ¡Aquí! En este preciso lugar...
-
Ya, ya, ya... la besaste... ¿Y eso qué? Plantaste lirios James, me parece que más estabas por recordar a Lily.
La mención de mi nombre me paralizó.
-
No... bueno... esa niña me tiene perturbado, tenía una cabellera color negra, tan negra como la noche misma... y sus ojos... tan hermosos, tan verdes... tan Lily… ¡Mierda! ¿Cómo podría compararla? La niña era de una manera especial, única y Evans es... no se, todo lo contrario y a la vez tan parecidas, Evans es una loca... Maldita Evans.
-
Puag... de veras que eres bien gay James.
Sus palabras fueron tan frías, como el mismo hielo polar, no me importó correr hacia el bosque, sea cual sea el animal que encontraría sería mejor que escuchar sus palabras, corrí por entre los espesos árboles, chocando cada instante contra las ramas de los mismos, el eco de sus palabras se arremolinaban en mi mente, volviendo cada vez con más fuerza, intensidad, braveza y hasta con algunas palabras que no había pronunciado pero que mi mente acomodaba de una manera que doliera aún más.
Llegué exhausta a un claro en el bosque, era muy acogedor pese a los árboles oscuros al extremo opuesto, el agua correr de un riachuelo en medio del claro era lo único que se lograba escuchar, me fije en cuál era su dirección, por el lado este se introducía en el bosque espeso y al lado oeste seguía una dirección más abierta.
Las aventuras en un bosque nunca fueron de mucho agrado para mí, especialmente si este se llamaba bosque prohibido y si según los libros que leí estaba lleno de cosas que cualquier persona prefiriese tener tan lejos como es posible, pero en este momento preferiría morir aplastada por algún centauro enojado que escuchar lo mucho que me detesta James, así que seguí al riachuelo en la dirección que parecía menos peligrosa.
No camine mucho hasta darme cuenta que el riachuelo terminaba en el lago que se encontraba en completa quietud, rodee una gran roca hasta encontrar como subir a ella, era perfecta para tomar un descanso, las montañas tenían nieve en la parte más alta de ellas, los días eran aún fríos, pero no tanto como para que nevara, solo quedaban los residuos del invierno.
Un brillante sol se alzaba sobre mi cabeza, era medio día y había faltado al almuerzo, me acerque al riachuelo a beber un poco de agua tan refrescante, mientras me arrimaba a la piedra y un ligero cansancio se apoderaba de mí, llevándome a la tierra de los sueños.
Una enorme piedra rodaba hacia mí desde una empinada cuesta, por la que yo no quería subir, pero sentía que la cabeza de algún animal me empujaba hacia arriba con mucha fuerza y la piedra cada vez se acercaba más, quería correr pero el animal no me dejaba retroceder, en esos momento hubiera deseado tener un cuchillo y matarlo para poder correr hacia abajo, lejos de la enorme piedra que se aproximaba peligrosamente.
El sonido de un lengüetazo en el agua me despertó de un salto, restregué mis ojos, el cielo antes celeste ahora estaba de un gris obscuro junto con una enorme luna brillando, no lo podía creer, dormí tanto tiempo.
De pronto sentí como una nariz fría y húmeda se acercaba a mi mejilla derecha, quede paralizada de miedo, esto me pasaba por estar en un bosque prohibido en una noche como esta y para colmo de todo en luna llena, por debajo de su nariz húmeda un aliento caliente y olor a hierba chocó contra mi cuello, el pavor invadió mi cuerpo, ¿Sería Remus el que estaba tras de mí con su forma de lobo? Cerré los ojos tan fuerte como podía, quería gritar pidiendo auxilio, pero el animal se asustaría y mordería con más fuerza deseando que me callara, de súbito sentí que su lengua rozaba mi mejilla una y otra vez produciéndome cosquillas.
Gire el rostro lentamente para no espantarlo y me encontré con sus grandes ojos negros mirándome fijamente y su lengua colgando por un extremo de su boca con la clara intención de pasarla por mi rostro nuevamente, esta vez me produjo cosquillas en la nariz.
- Hola amiguito ¿Cómo estas?- meneo su cabeza ligeramente a la derecha, como quien quiere saludar- Parece que eres amiguita verdad- no tenía cornamenta por lo cual deduje que era una hermosa cierva color miel la que estaba frente a mi.
Empezó a girar en círculos como si algo le picara en el lado derecho de su lomo, camine lento hasta ella y coloque mi mano en su cabeza con el intento de tranquilizarla, no le estaba picando nada, sino que le dolía el espino atravesado en su lomo, fue muy fácil sacarlo y ella empezó a saltar nuevamente y chapoteando el agua de riachuelo, hasta dejarme llena de barro las medias negras del uniforme.
Como lo obscuro del lugar me mostraba el hecho de que ya era muy noche me apresure a seguir el rastro del riachuelo hasta el claro y poder salir, la cierva me siguió muy de cerca, todavía jugando en el agua, la luz de luna brilló nuevamente en el claro mostrándome a la feliz cierva que se acercaba hasta mí
- Adiós ciervita.
Camine por entre los árboles con la intención de llegar nuevamente hasta los terrenos del castillo, pero la cierva me seguía.
- Quédate aquí, me tengo que ir.
Pero la cierva se me adelanto, corrí para agarrarle y no permitir que se acercara al castillo, ya suficiente tendría con intentar entrar desapercibida como para intentar entrar con una cierva.
- Prometo volver, te traeré una manzana ¿Sabes que es una manzana? Bueno no importa, por favor no me sigas, quédate si.
La cierva fijó sus ojos en algo que estaba tras de mí y luego salió corriendo hacia el claro en el bosque, esperaba que no haya visto nada peligroso.
Alguien rodeó mi cintura con un brazo y con la otra mano impidió que gritara, me arrastraba fuera del bosque con pasos sigilosos, se detuvo de improviso provocando que por poco cayera, gracias a ese momento logre propinarle un pisotón en su pie derecho, aguantó un grito tan fuertemente como sus labios apretados podían, trate de correr pero su mano alcanzo mi brazo y me jaló tan fuerte hasta el campo de quidditch. Llegué jadeante hasta ese lugar, estaba un poco débil por no haber comido nada desde el desayuno.
-
Idiota ¿Quién eres... y que te pasa?- grite mientras miraba el piso intentando proporcionar aire nuevamente a mis pulmones.
-
Idiota tú... Evans, como se te ocurre la estúpida idea de estar en el bosque en plena noche... pensé que eras un poquito más inteligente, ¿Sabes cuánto tuve que arriesgarme por sacarte de allí? ¿Qué tal y un animal te encontraba y te comía? Acaso no entiendes el significado de PROHIBIDO.
-
Cállate Potter, déjame respirar... como te atreves a traerme a jalones hasta este lugar, ¿Estas loco o qué?
-
Aparte de que te salvó de ese animal que estaba tras de ti, te pones de gritona.
-
Nadie pidió un superhéroe, jamás pedí auxilio y mucho menos de ti.
-
Pues entonces no debí ir a salvarte y dejar que ese animal te coma.
-
Eso hubiera sido estupendo- el tono de voz de ambos no bajó en ningún instante, lo bueno era que el castillo no estaba tan cerca como para que los estudiantes o profesores escucharan los gritos que dábamos.
-
Pues bien, ¡Entonces vuelve a que te maten que no te salvare otra vez!
-
Ja- reí sarcásticamente- como si alguna vez me hubieras salvado.
Cruce a zancadas el campo y me encamine hacia el castillo, añorando mi caliente cama, aunque estuviera bueno también una deliciosa cena, pero eso ya era mucho pedir.
La furia que tenía hacia el tonto de James me impidió ver que la puerta principal estaba cerrada, y no había forma de entrar por ahí.
-
Ahora si esperas ayuda verdad- dijo burlonamente.
-
Pudiera entrar si quisiera.
-
Aja, y como si esta cerrada la puerta
-
Alguna otra debe haber- y si que la habían, pero se tenía que dar la vuelta al castillo.
-
Si, lejos... pero por aquí mismo hay otra escondida.
-
¿Por dónde se entra Potter? Esto no es un juego.
-
O, no lo se... acabo de decirte que jamás correré en tu auxilio.
-
¡No soy una damisela en peligro! Solo quiero entrar y no te cuesta nada decirme por donde- alce el tono un poco más.
-
Pero sin gritos damisela, dime que gano yo ayudándote a entrar, hace rato ya me gritaste y con todas las buenas intenciones que tenía en ese momento- el tono de fingido dolor de su voz contrastaba con la burla de su rostro.
-
¿Qué quieres Potter?
-
No lo se, bueno, me vendría bien si… no eso no, que tal si haces mis deberes por eh… digamos hasta que se acabe el año.
-
Estas loco, que te pasa, eso es explotación.
-
Bueno tomando en cuenta el hecho de que también me callaría que estuviste a altas horas de la noche vagando por el bosque y que aparte está prohibido, y veamos… a si, yo que fui en tu recate arremetiste contra mí propinándome un pisotón que casi me deja cojo, pero igual me arme de valor y logre sacarte de ahí.
-
Las cosas no fueron específicamente de esa manera.
-
Pero a quien le creerían, eh Evans.
-
Eh… ¿Pues no crees que a mi? Tonto.
-
Puede que sí... pero veamos, tu historial quedaría manchado y los profesores ya no te verían como la buena estudiante responsable y juiciosa, sino como una alborotadora que anda por el bosque a horas no debidas y con… James Potter- alzó las cejas.
Mi frente se arrugó de tal manera que pensé que jamás volvería a su estado normal, Potter era un…un… no tenia palabras para definir la estúpida, cobarde e idiota actitud que tenía.
- ¿Qué pasó con tu frente Evans? Piénsalo rápido, que no tengo todo tu tiempo.
No quería ceder ante Potter, pero tampoco quería un manchón en mi historial estudiantil, mi estúpido orgullo me lo impedía, yo era una muy buena alumna y no se diga de mi conducta y por culpa de Potter no dejaría que me castigaran.
-
Esta bien, pero escoge solo 2 materias.
-
5 materias.
-
3 y es lo último.
-
Esta bien Evans, luego hablamos de los detalles, primero vamos a la sala común.
Se acercó a uno de los lados de la puerta y toco tres veces en uno de los tallados y la puerta se abrió sigilosamente ¿Tan sencillo era?
-
¿Pero qué…? Dijiste que esta puerta no se abriría.
-
Nunca dije que tenías que creerme.
-
Eres un farsante.
Camine a paso largo por entre los pasillos del castillo con la intención de llegar antes que él a la sala común y correr a mi habitación, pero seguramente tomó uno de los atajos que llevan al séptimo piso porque cuando cruce por el cuadro de la dama gorda James ya estaba sentado en uno de los sillones.
-
Pero que lento caminar Evans.
-
Cállate Potter- y empecé a subir por las escaleras.
-
Historia de la magia, Herbología y encantamientos.
-
¿Qué?
-
Esas son las tres materias de las que quiero mis tareas... Historia de la magia, Herbología y encantamientos.
-
Eres un explotador- fue como una despedida y subí sin más hasta mi habitación.
Los días posteriores fueron un calvario, Potter empezó a darme sus pergaminos para que le realizara las tareas y con lo difíciles que se ponía, al menos no escogió transformaciones porque no soy muy buena en esa materia.
Había ocasiones que tras la jornada de clases pasaba encerrada en la biblioteca, mi rendimiento estudiantil no bajó para nada, pero mi estado físico era deplorable, me acostumbre a pasar despeinada, agarrando mi cabellera en un moño alto. La primavera se estaba terminando y con ella también el año lectivo, al fin terminaría mi primer año de colegio, y pensar que en mi otra vida ya estaba empezando la universidad.
Una pequeña muestra de amabilidad se mostró en Potter que dejó de darme los pergaminos los últimos días, con lo cual pude estudiar mejor y sacar buenas notas en los exámenes, solo en transformaciones saque 90, lo cual me hizo desdichada por unas cuantas horas, pero todo paso cuando Mary y Cherry me llevaron hasta la orilla del lago a descansar y disfrutar de nuestro último día en el colegio.
El nuevo verano junto a los Evans no sirvió para abrir los lazos familiares, ya que los señores se fueron a un viaje de negocios que duró prácticamente todas las vacaciones, pasamos junto con mi supuesta abuela y con Petunia los primeros días, ya que mi querida hermana tenia planeado ir de campamento, ya no tenía edad pero insistió tanto que no le pudieron negar.
Durante el tiempo que estuvimos en la casa de la señora abuela Evans yo empecé a practicar un poco de transformaciones, realice cosas sencillas con la esperanza de que los del ministerio no me enviaran cartas amenazantes de expulsión y ocultandome de aquellas dos mujeres que no me tenían aprecio alguno, un día Petunia me vio transformando una taza en ratón y viceversa
- Que horror- chilló tan alto- eres un monstruo y te mezclas con esos animales horrendos, no dudo que puedas hablar con ellos fenómeno.
Sus frases ya no me causaban dolor, más bien su estúpida voz chillona provocaba una risa.
-
Dime, cuantos de tu clase encontraste, seguramente muchos, ustedes deberían desaparecer.
-
Mejor desaparece con esto.
Le avente el ratón a su cara con mi varita, y ella salió corriendo despavorida, reí lo mas que pude, hasta me dolió el estómago, pero Petunia regreso momentos más tarde con la abuela Evans, la cual me hizo lavar los platos durante todo el verano.
Me escapaba de la casa durante unas horas cuando la abuela solía ir de paseo, mi gran consuelo y compañía era Severus, nuestra amistad se fortaleció todo ese verano, también escapaba de su casa, así que más bien yo era un consuelo para él, aunque me asustaba cuando empezaba a hablar acerca de magia oscura y pociones a base de ingredientes extraños.
Sé que en los libros decía que él era malo, pero yo no lo creía, en el fondo era bueno y muy tierno, dejando aún lado esa mirada fría, Severus estaba siempre apoyándome, era mi amigo y confiaba en él. No podía creer que en los libros lo retratan como quién mató al profesor Dumbledore, esa debía ser una mentira o algún plan, él no podía convertirse en un mortífago. ¡¿Por qué no termine de leer los libros?!¿Cuánto me perdí de la historia? Seguro que Harry sobrevivió, es el protagonista, tenía que sobrevivir. ¿Y si no lo hizo? ¿Cómo podría saber si mi supuesto hijo iba a vivir, si la única oportunidad de saberlo paso y no la leí?
- Lily, ¿Estás bien hija?- La señora Evans me sacó de mis pensamientos.
Viajábamos en auto a la estación del tren en Londres para comenzar mi nuevo año en Hogwarts.
-
Heee… ¿Qué…qué pasó?
-
No lo se, te quedaste… en blanco …creo- la señora Evans estaba preocupada.
-
No nada, solo pensaba en… el colegio.
-
Perdón por no pasar este verano contigo, mira que ayer llegué a casa y tu hoy te marchas nuevamente.
-
No hay problema, de verdad.
-
Si es de preocupación, dime nena, perdonaras a tu padre por no poder haber venido a despedirte.
-
Calma… mamá… no hay que perdonar, él está ocupado y no pudo, no importa, ya nos veremos en Navidad.
-
Lily, tu siempre tan comprensiva, mira allá hay un sitio libre, iré a estacionar.
La señora Evans era de esas mujeres que aunque no pasaba junto a su familia el tanto que ella deseaba, los quería y se preocupaba mucho, caminamos hasta la estación mientras ella iba recitando todo lo que debía haber llevado, especialmente instrumentos de aseo, como cepillo de dientes, pasta, peinillas y todo lo demás, hasta me preguntó si tenía todo lo necesario para mis días difíciles, que según ella debía llegar pronto.
-
Y guardaste las pastillas para el dolor de cabeza ¿verdad?
-
Si… mamá, escucha todo esta guardado, tu hiciste la maleta ayer, tranquila.
-
Esta bien, bueno le diré a tu papá apenas llegue que te envié una carta mediante esos pajaritos tan inteligentes.
-
Son lechuzas.
-
Lo que sea- me dio un abrazo por los hombros.
-
Escuchas... el tren va a partir, mejor me subo.
-
Bueno hija, cuídate, te quiero mucho- y un sonoro beso cayó sobre mi mejilla
-
Adiós mamá.
Encontré a Severus en uno de los compartimientos y rápidamente me contó acerca de lo mal que lo pasó estos últimos días.
-
Él la pegó, fue horrible... en mi propia cara... y yo no pude ayudarla, no puedo usar magia fuera de Hogwarts.
-
Yo lo hice, tú porque no.
-
No mientas Lily, nadie puede.
Me quede callada, según los libros un estudiante no podía usar magia en sus casa, pero yo practique transformaciones.
-
La cosa es que ni siquiera intente ayudarla con algo, odio a ese maldito muggle.
-
Es tu padre, no digas esas cosas.
-
Ese animal muggle... no es mi padre Lily, si tan solo podría destruirlo, apuesto que lo lograría si…
No sé si se fijo en el miedo que tenía mi rostro o en algo más, pero paró la conversación, más bien comenzó a hablar acerca de todas las pociones que haríamos ese año y las aventuras que el pretendía vivir.
-
Malfoy dice que tengo talento ¿Tu que crees Lily?
-
Yo digo que Malfoy es una persona desagradable.
-
El es mi amigo Lily- Severus me lo recordó.
-
Tú también tratas mal a mis amigas y no digo nada.
-
Ya, está bien, me callo si.
-
Perfecto, tengo un poquito de sueño, dormiré si.
Desperté unas dos horas antes de llegar a la estación, fue ahí cuando perdí de vista a Severus.
Sentí las manos calientes de alguien sobre mis ojos que me saludaba de forma graciosa.
-
¿Adivina quien soy?
-
A, pues... se que es alguien agradable... que me cae bien, es un estupendo alumno y que lo quiero mucho.
-
Casi pero no.
Soltó sus manos y abrió sus brazos para rodearme, abrazo al cual yo correspondí con mucho gusto
-
Remus, tanto tiempo sin verte, qué felicidad.
-
Igual digo Lily, mírate, creciste.
-
Chistoso, has visto a Mary o Cherry.
-
No... pero sería usted doncella tan amable de acompañarme hasta uno de los carruajes que nos llevarán hasta el castillo.
-
Claro que si... noble caballero, siempre y cuando los bufones de Potter y Black no aparezcan
Reímos mucho por la barata imitación de época medieval que realizamos.
- Calma Lily, no los he visto y seguramente ya están camino al castillo.
Lastimosamente los dos junto con Peter se acercaron a penas vieron a Remus y como ya no quedaba otro carruaje no tuve otro remedio que subirme en el mismo que ellos. En vacaciones había sido el campeonato mundial de Quidditch y Potter junto con su familia y Black habían ido y no pararon de hablar de otra cosa que no fuera bludger y snitch, me pareció un lindo detalle de su parte el hecho de que le hayan traído como obsequio una escoba en miniatura a Remus y un gorro de lana para Peter, un gorro que me pareció muy conocido y particular, lo recordaba de algún lugar, pero definitivamente no pertenecía a Inglaterra.
-
Puedo verlo Pettigrew.
-
Claro Ev…Evans.
-
Gracias.
Su lana era áspera y un poco gruesa, seguramente abrigará mucho en los días de invierno.
-
¿Dónde lo compraste James?- preguntó Remus viendo el gorro de lana.
-
Allá, en ese país... es hermoso, casi nadie habla nuestro idioma, de hecho por las montañas o en la selva ni siquiera hablan algo entendible, solo frases raras y sonidos guturales, como si fueran sonidos de pájaros.
-
Además algunos nativos tiene extraños rituales, pero los paisajes son hermosos- intervino Black.
-
¿Dónde fue el mundial?- esta vez hablo Peter.
-
En un país que se llamaba como es… así…Bolivia, pero ellos no ganaron, quedaron en segundo lugar contra Francia… pasamos el Atlántico sobre un barco mi mamá quería un viaje relajante.
Jamás me imagine que un campeonato como ese se celebrara tan cerca de mi país, jamás pensé que la magia flotara tan cerca y yo tan ignorante de la realidad.
-Hey, pelirroja, tenemos que bajar.
- Qué… eh si, claro.
Ya habíamos llegado al castillo, y yo tan despistada no me di cuenta, algo me pasaba el día de hoy,
-
Lily- escuche un grito femenino tras de mí, era Cherry que se acercaba rápidamente.
-
Hola Cherry, te extrañe muchísimo- ella no dijo palabra alguna pero por la forma en la que me abrazo pareció que ella me extrañaba mucho más.
-
Tengo tanto que contarte Lily, has visto a Mary.
-
Eh, no, pensé que estaba contigo.
-
Ya ves que no, vamos a dentro, me muero de hambre.
-
Si vamos.
Los encuentros son a menudo muy emotivos, pero Mary tenía en su mirada tanta tristeza que transmitía a los demás.
-
Mary ¿Te encuentras bien?- pregunté una vez estando en la habitación
-
Sí, solo un poco... aterrada.
-
Mary, pero si parece que hubieras visto al propio grim- intervino Cherry.
-
Pienso que vi algo mucho peor que eso.
-
¿Qué viste Mary?- Cherry empezó a impacientarse.
-
Vi lo que tiraba de los carruajes
-
Y eso que tiene que ver
-
Calla Cherry
Yo sabía perfectamente lo que le sucedía, yo también los vi. Una vez cuando era pequeña alcance a observar como un carro pasaba sobre un niño, su cráneo quedó abierto y jamás se borró esa imagen de mi mente.
-
Quieres hablarlo Mary.
-
Quisiera contarlo todo, pero no puedo.
-
Te entiendo, hay cosas que se deben callar…
-
No, no es eso Lily... no puedo contarlo porque no lo recuerdo, entiendes, no recuerdo cuál fue la muerte que vi, pero me duele mucho intentar recordarlo.
-
Trata de no pensar en ello, olvídate de los thestral, olvídate de esa muerte.
-
¿Tu también los viste?
-
Si, pero no es algo que me duela.
-
Se supone que ellos solo aparecen ante los ojos de quienes entienden la muerte, pero tú no sufres por esa muerte.
-
Tal vez... no sea solo la muerte de otras personas, sino la no existencia, la pérdida.
Y yo sabía perfectamente eso... mis padres, aquellos a los que nombraba padres con todo amor, no están muertos pero tampoco están vivos, no en este momento, y pese a querer nadar contra corriente, en el fondo de mi alma sabía que moriría asesinada por un rayo verde en mi pecho, no le tenía miedo a la muerte, sino a la forma de morir, pero eso tampoco importaba, moriría por alguien a quien amaba, no quería cambiar mi muerte, sino quería cambiar la de James.
Moví la cabeza rápidamente con el afán de olvidar aquellos pensamientos dolorosos.
- Sabes que... debemos dormir, mañana empieza un nuevo año.
La puerta de entrada de nuestra habitación golpeó tres veces, era una chica de quinto año, la nueva prefecta.
-
¿Quién de ustedes es Lily Evans?
-
Yo, porque.
-
La profesora McGonagall te manda a llamar.
Y ahora que hice, ni siquiera es un día en el colegio y ya me llamaban.
Camine despacio tras de la chica que había sido enviada a verme, toque la puerta de entrada a la oficina de la profesora.
-
Adelante señorita Evans.
-
Buenas noches profesora ¿Mandó a llamarme?
-
Si… tengo malas noticias para usted señorita Evans, lamento tanto tener que darlas, debe recordar que tiene el apoyo absoluto de todos los docentes del colegio...
*Oh, oh, ¿Qué pasó?*el rostro de la profesora mostraba mucha tristeza, verdaderamente lamentaba tener que darme la información.
-
¿Qué pasó?
-
Nos hemos enterado que hubo un accidente de tren en las afueras de Manchester, las rieles estaban sueltas y el tren cayó por un precipicio.
Seguía sin entender cual era la mala noticia que tenía que darme, todo estaba muy confuso.
- Lily...- la profesora McGonagall se acercó y puso su mano sobre mi hombro- es muy difícil para mí decirle que no hubo ningún sobreviviente.
La verdad cruzó por mi mente como un rayo, el señor Evans viajaría en tren hoy hasta la casa, de él era de quien hablaba la profesora.
- Será enviada hoy a su casa hasta el día funeral, siento mucho la muerte de su padre.