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INICIAR DE NUEVO — capítulo 5
Aún desorientado por la desesperación conjunta, debido a la ausencia de magia en la que vivió los últimos dos meses y con las manos atadas, el siniestro mago pudo ver que estaba en medio de un callejón solo y sucio, todavía con Hermione recargando en su cuerpo.
Snape, logro a duras penas apartarse del agarre de la castaña; debido al mareo que le dejo la aparición.
Una vez repuesto, Severus se posiciono delante de la castaña, y con sus ojos llenos de furia cuestiono a la joven bruja por la tontería que había hecho.
-
Se puede saber qué diablos hizo ahora, porque estamos aquí, Granger.
-
Yo solo quise evitar que usted fuera llevado a Azkaban, y esta fue la única forma que encontré para ganar tiempo, yo pensé que.
-
No Granger, claramente no pensó, con esto solo empeoró mi situación, y usted se acaba de convertir en prófuga de la justicia igual que yo.
-
Como, eso no es posible, yo no he hecho nada.
-
A ver deje le explicó, acaba de ayudar a escapar a un convicto de Azkaban eso la convierte a los ojos del ministerio es mi cómplice.
Ante estas palabras el mundo de la castaña se volvió a derrumbar, pero con todo el carácter de un Grifindor y sin la intención de demostrarle el miedo que tenía al hombre que la miraba fijamente, dio medio vuelta y comenzó a caminar hacia la calle.
- Granger, espere,- grito el hombre que se había quedado de pie en medio del callejón, - al menos desáteme las manos antes de que se valla, porque mi varita se quedó en posesión del ministerio.
Hermione detuvo su caminar ante la solicitud de ayuda que realizó su ex profesor, y con una sonrisa sarcástica, muy al estilo de Snape, camino nuevamente hacía el hombre y con varita en mano desató los amarres mágicos que sujetaban las manos del hombre.
-
Y a ver Granger, ilumine con su intelecto, podría decirme donde diablos estamos.
-
Estamos en Tottenham Court Road, es el centro de Londres- contesto la castaña, riendo un poco pues siempre que tenía que huir se aparecía en ese lugar.
-
Ok y ahora que los dos somos prófugos de la justicia, podría decirme donde diablos piensa que podemos refugiarnos.
-
Mmm... Definitivamente en su casa no, porque creo que allí será el primer lugar donde nos busquen- respondió la castaña,- y mucho dinero mágico no traigo
-
Genial, creo que después de todo no es tan lista como pregonan los demás, de todas formas con nuestro actual estatus no creo conveniente que nos vean en el mundo mágico, así que tenemos que conseguir refugio en el mundo muggles, y como supongo que tampoco trae con sigo dinero muggles, prestarme su varita.
Y antes de que la castaña pudiera negarse, el hombre tenía la varita de Hermione y con un ligero movimiento de mano transfiguró un par de papeles que estaban tirados en el piso del callejón en dinero muggles.
-
Eso es ilegal, no podemos hacer dinero con magia-, le gritó Hermione mientras le arrebataba la varita.
-
En serio- se le quedo viendo fijamente por un momento, - es cómplice en la fuga de un convicto, acusado de tortura, homicidio y no sé qué cargos más y se preocupa por un poco de dinero falso, dígame se ven reales,- dijo Severus mostrándole a la joven los billetes.
-
Si así están bien.
-
Perfecto, ahora supongo que sabe llegar a su casa sin magia, cuestiono el mago.
-
Si porque, solo hay que toma...- y antes de que terminara de decir la forma de llegar a casa de sus padres, Snape la tomo de la mano y salió caminando rápidamente del callejón.
-
Tenemos que movernos rápido, antes de que lleguen los aurores y a partir de hoy usara lo menos posible su varita.
Soltándose del fuerte agarre del hombre, Hermione se detuvo y comenzó a cuestionar a Severus sobre el motivo del porque tenía que dejar de usar su varita, si ella ya era mayor de edad y podía usar su magia sin ser rastreada.
-
Todas las varitas tienen un detector mágico- le respondió Snape deteniéndose frente a Hermione, - que ante ciertos delitos se activa, aunque el mago tenga 100 años, o que cree que cuando un mago o bruja conjuran un imperdonable, solos van y se entregan a Azkaban, y ya no se detenga que tenemos que escondernos hasta que averigüe como deshacerme de usted sin ponerla en riesgo, niña tonta- y la volvió a tomar de la mano.
-
Ya que vamos a viajar por medios muggles y con dinero falso al menos tomemos un taxi-, señaló la castaña, mientras hacía señas a un vehículo de alquiler que los llevaría a la casa de sus padres.
Después de dar una serie de indicaciones al conductor del taxi, iniciaron un viaje que duro cerca de una hora, tiempo en el cual Hermione y Snape a penas y se dignan a cruzar miradas.
- Llegamos señores, indicó el taxista mientras señalaba el taxímetro, indicándole el costo del viaje.
Snape, saco uno de los billetes falsos que había transfigurado en el callejón y se lo entrego al taxista, después de indicarle que se quedará con el cambio bajo del vehículo y siguiente el camino de la castaña bruja.
Al llegar a la puerta de una casa de dos pisos, pintada en tonos tierra, con cochera y ventanas grandes cubiertas por grandes hojas de papel, Hermione comenzó a buscar entre las hojas de una planta que estaba aún lado de la puerta,- aquí están, siempre la dejan donde mismo- llevando las llaves a la puerta para entrar.
- Disculpen, quienes son ustedes, ahí no vive nadie, la casa está deshabitada desde hace más de un año, los Grengars los antiguos propietarios, desaparecieron así de un día para otro y desde entonces nadie ha vivido en la casa,- decía desde la banqueta una mujer ya mayor de edad.
Cediendo el paso a su profesor, la castaña saludo con la mano a la señora, -Sev, entra a la casa ahora te alcanzo- y camino hacia la calle donde estaba su vecina, para que esta no intentará pasar al interior de la casa de sus padres y poderle sacar algo de información, pues claramente no la había reconocido.
Pasado cerca de una hora, en la que Severus, no dejaba de pensar en porque Granger lo había llamado de esa forma y sobre todo el porqué demoraba tanto hablando con la anciana, se escucho retumbar la puerta de entrada, acción que provocó que el hombre se tensara.
-
Porque diablos tardo tanto Granger, estaba...- Snape se detuvo a tiempo antes que pudiera expresar la angustia qué sentía por la joven.
-
Disculpe, profesor pero es que una vez que la señora Maggy comienza hablar no hay poder humano o mágico que la calle, pero al menos logré que nos diera un poco de comida, porque no se usted pero yo me muero de hambre y supongo que aquí no hay ni una migaja de pan duro, porque según la vecina nadie ha pisado la casa en más de un año.
Quintándole las bolsas que llevaba Hermione, Snape siguió a la joven bruja por el pasillo hasta llegar a la cocina, en donde tomo dos platos, una para ella y otro para él y comenzó a servir la comida que le dio su anciana vecina.
La pareja comió en completo silencio, hasta que Hermione se levantó para ir a su cuarto, pero antes de salir le dirigió unas palabras a su compañero de fuga, las cuales provocaron una gran irá en su profesor.
- Se me olvidaba decirle, usted es Tobías Prince, soy mala para mentir y no se me ocurrió algún nombre, por lo cual solo eliminé parte de su nombre original, es investigador y maestro de universidad y mi flamante y reciente esposo, y yo me llamo Jean.
Dicho esto la mujer de cabello rizado y rebelde subió corriendo las escaleras para encerrarse en su cuarto y evitar de esta forma la ira de su profesor.
Tras unos segundos que le tomaron a Severus Snape, ahora Tobías Prince analizar la información que acababa de recibir, decidió encarar a la joven mujer y subió las escaleras.
Después de buscarla en las primeras dos recamaras, claramente molesto por la estupidez que había dicho su alumna, Severus abrió abruptamente la puerta de la recamara del fondo del pasillo, sorprendiendo a la mujer que en ese justo momento se desnudaba para tomar un baño.
- Podría decirme porque DIABLOS dijo esa tontería sobre noso... - dándose cuenta de las condiciones en que estaba su receptora, Severus volvió a cerrar la puerta y tras esta le dijo que la esperaba en la sala cuando estuviera lista.
Había pasado 20 minutos, desde que vio a Hermione casi desnuda, cuando la imagen de está iluminó el umbral de la puerta, pero ahora la mujer vestía un pantalón suelto de color azul y una blusa blanca de tirantes.
Tratando de olvidar el hecho que su profesor la vio casi desnuda, Hermione se sentó en el sillón que estaba en frente de donde estaba Severus sentado y colocando las manos en sus piernas, espero los gritos del hombre.
Muy al contrario de lo que ella esperaba, Snape se dirigió a ella con un tono completamente claro y tranquilo.
- Entiendo que tenía que dar una explicación sobre mi presencia, pero porque decir eso justamente.
Tras dar un suspiro Hermione comenzó a dar las razones del porque actuó así.
-
Aunque Harry y Ron saben donde vivo, la casa está bajo un Fidelio y yo soy su guardián, por lo cual no creo que alguien del otro lado la encuentre, pero no está demás las precauciones, Maggie la vecina, enserio es tan distraída que dudo que sepa quién soy así que le di mi segundo nombre, ella se encargará de dar a conocer a todo el vecindario que la casa ahora está habitada por Tobías y Jean Prince, así que si se rompe el hechizo y localizan la casa tendremos tiempo de huir.
-
Entiendo, pero su esposo, Granger podría ser su padre-insistia en el tema Severus.
-
Al vernos llegar juntos, ella supuso que éramos pareja, yo solo no la saque de su error; eso quiere decir que no se ve tan viejo cómo piensa, si solo se quitara esa barba, que no entiendo porque diablos se la ha dejado crecer- dijo la castaña liberando un suspiro.
- Como sea, además no hay forma de romper un Fidelio, si usted no da su dirección por escrito- respondió Snape claramente fastidiado.
-
Profesor- hablo la castaña mordiéndose levemente el labio inferior, -y si escribí mi dirección digamos en una solicitud de admisión para un trabajo de practicante en el ministerio podrían, ellos encontrarnos.
-
Que hizo que Granger.
-
Escribí mi dirección y otros datos personales en una solicitud que entregué a Percy Wesley hace unos días para ingresar a trabajar en el Ministerio- contesto Hermione muy rápidamente.
Haciendo un gesto y llevándose la mano derecha al rostro y acariciándose la barba que cada día estaba más larga, Snape comenzó a lanzar insulto - Y se dice la bruja más lista de su generación, solo es una niña tonta que no piensa lo que hace y al igual que el resto de ineptos actúa por impulso.
-
Pues nunca pensé ser prófuga por su culpa, debería estar más agradecido en lugar de estar gritándome todo el tiempo- contesto Jean Prince antes Hermione Granger también elevando el volumen de la voz.
-
Perdón, pero no recuerdo en qué momento solicite su ayuda, señorita metomentodo.
-
Pues no lo hizo, pero si prometió ayudarme a localizar a mis padres y estando en prisión no creo que pudiera.
-
Entonces, solo es una mocosa egoísta que busca su beneficio.
-
Pues piense lo que quiera, pero ahora estamos juntos en esto y lo mejor sería tratar de llevarnos bien, si desea descansar o asearse un poco, puede hacerlo en el cuarto de mis padres, que es la primera puerta a la derecha de las escaleras, porque sabe puede ser un criminal pero no tiene porque parecer uno- tras decir esto la joven castaña subió las escaleras para desaparecer el resto del día en su cuarto.
A la mañana siguiente y tras escuchar ruidos en la cocina, Hermione decidió bajar para encontrar a su ahora "esposo falso" haciendo el desayuno, vistiendo su clásico pantalón negro otra camisa.
-
Buenos días, veo que se levanto temprano, y al menos se cambió un poco la ropa- dijo Hermione, haciendo referencia a la camisa que llevaba Snape, la cual la tenia arremangada hasta los codos dejando a la vista la marca tenebrosa.
-
Si, pero creo que su padre y yo no tenemos la misma talla, sus ropa me quedan corta, y ya siéntese a desayunar que tenemos que ir a Cokewonth
-
Y exactamente que hay allá y a que vamos.
-
Vamos a mi casa, por dinero y otras cosas que servirán para localizar a sus padres y por fin deshacerme de usted, así que como rápido para irnos, - dicho esto el hombre sirvió el desayuno que era un par de huevos revueltos, salchichas, café para él y jugo de naranja para ella.
-
Donde consiguiente esto.
-
Aún tengo un poco de "dinero" y salí a comprarlo temprano, con ayuda de su vecina, la cual acostumbra a saludar a sus vecinos casi de madrugada- tras una pausa Sanap volvió a cuestionar a la joven, -Señorita Granger, supongo que debido a su origen su documentación está en orden, porque la vamos a utilizar.
-
Documentación...- repitió Hermione.
-
Enserio, todo se lo tengo que explicar con manzanas, acta de nacimiento, identificación, estudios etcétera, para que la tenga a la mano junto con algo de ropa por si hay que salir inesperadamente de la casa, porque aunque Harry y los Wesley no son muy brillante y dudo que logren relacionar la solicitud con el Fidelio a la casa, no está de más tomar cartas en el asunto.
-
Ok, solo una cosa- dijo Hermione, - ya que aceptamos nuestra nueva vida de prófugos, hay que poner reglas de convivencia porque no pienso estar soportando su mal genio siempre.
-
Haber, Grengar ilumine con su sabiduría-, dijo el mago cruzándose de brazos y con una sonrisa de burla en la cara.
-
Ya ve que le digo, número uno tenemos que tratar de dirigirnos la palabra sin insultarnos u ofendernos- respondió la chica
-
Decir la verdes no es insultar.
-
Bueno al menos hay que hablarnos de tu y con menos formalidad.
-
Ok, y que más.
Y así continuaron desayunando, en medio de la primera plática cortés y amena desde que escaparon, muy parecida a las conversaciones que habían tenido durante el mes que Severus había estado internado.
Al terminar de desayunar, Hermione levantó la mesa, lavo los trastes sin magia, como lo indicaba una de las reglas de convivencia que habían estipulado durante el desayuno, para después subir a su recamara y comenzar a arreglarse y alistar las cosas dentro de su ya famoso bolso de cuentas, como se lo dijo Severus.
Aparte de comenzar a llamarse por su otro nombre, Jean y Tobías habían pactado que cuando a uno le tocará hacer la comida el otro se encargaría de los trastos sucios, sus lugares de descanso, así como los espacios en común los mantendrían en perfecto orden, nunca saldrían a algún lugar sin al menos avisarle al otro, que preferentemente nunca saldrían solos y que iban a tratar de conseguirlo dinero muggles honestamente, eso era más bien por ella que por él, pero bajo el argumento de usar solo la magia en casos de vida o muerte le prometió que no volvería a transfigurar un billete.
Ambos continuaron en sus cosas, hasta que el reloj marco las 11 de la mañana y Tobías llamo a Jean para salir rumbo a su casa, pero antes de partir le advirtió que no sería un viaje corto y cuando llegaran a su casa iba a obedecerlo en todo.
Al ir caminando hacia la salida del circuito habitación, para tomar algún tipo de transporte muggles, Hermione tomo de la mano a Snape, - que es por si nos ve algún vecino, debemos ser convincentes con las mentiras- dijo la joven mujer de cabello rizado ante el gesto hecho por el hombre.
Tomaron nuevamente un taxi y tras cruzar toda la ciudad, llegaron a una gran calle cercada por grandes bodegas y edificios industriales.
- Y todavía no ha visto la parte más deprimente- dijo Snape al ver el rostro de la joven bruja.
Continuaron caminando en completo silencio por las calles sucias llenas de basura y residuos de las industrias, hasta que dieron vuelta en una esquina y vieron un complejo de casa pequeñas y algo deterioradas, una imagen completamente diferente al barrio donde había pasado Hermione los primeros años de su vida.
-
Es la última casa de la calle- dijo Severus señalando una casa que al parecer algún día había tenido un color gris claro, pues la pintura ya estaba muy desgastada, la fachada solo estaba decorada por una puerta negra sin cerrojo, con dos ventanas a su lado y una más en la parte de arriba indicando que ahí estaba una de las habitaciones, al frente de la casa había un pequeño jardín completamente seco, el cual aumentaba la imagen de casa abandonada.
-
Bienvenido a mi dulce hogar- exclamó Snape.
-
Aquí vive, pero parece una casa abandonada- respondió Hermione, mientras observaba como la puerta se abría al contacto de la mano de Severus.
-
Paso la mayoría del año en Howard, y en los últimos meses he estado, digamos algo ocupado- dijo el hombre cediéndole el paso a la joven bruja.
Al entrar a la vivienda el panorama no era muy diferente, la pintura también estaba un poco gastada, la estancia solo tenía un par de sillones negros y con el tapis viejo, una chimenea, una pequeña meses de centro y unos grandes libreros llenos de libros tanto mágicos como muggles.
Se podía ver una pequeña cocina con aditamentos muggles desde donde Jean estaba parada, las angostas escaleras que dirigían a la segunda planta y una puerta también negra, que Jean supuso sería el laboratorio de Snap, de donde salía una voz de mujer que solicitaba la identidad de los visitantes.
-
Quien está allá afuera, eres tú Severus, vaya hasta que te dignas en venir, donde habías estado-, exclamaba la voz de mujer en un tono que iba de la angustia al regaño.
-
Ahora no por favor- dijo Snape.
-
Como te atreves, después de todo este tiempo...- insistía la mujer
-
Que ahora no, grito el hombre molesto y usted- dijo señalando a Hermione, - no se mueva de aquí.
Al desaparecer el hombre por las escaleras y a raíz de la curiosidad que despertó la voz femenina en la joven bruja, está hizo exactamente lo contrario que había dicho su ex maestro y entro a la habitación, de donde salía la voz, para ver que era una especie de estudio cuyas paredes estaban llenas de libros.
En el fondo de lado izquierdo había una barra de madera que parecía ser un pequeño laboratorio de pociones, en el centro de la habitación se encontraba un escritorio y una silla negros, que pese a lo antiguo que eran, estaban realmente hermosos con todos esos detalles finamente tallados, a las espaldas de este se encontraban dos cuadras de aproximadamente un metro de alto, cubiertos por cortinas una de color verde esmeralda de donde provenía la voz de mujer y el otro de color rojo.
Espero unos minutos, mientras calculaba la cantidad de problemas que le traiga destapar los cuadros, pero la curiosidad de la chica puedo más y armándose de valor jalo la cortina verde para descubrir el retrato de una mujer, que portaba un vestido negro con tonos en verde y que tenía una piel muy pálida parecida a la de su maestro; un largo, lacio y negro cabello, al igual que sus grandes y profundos ojos los cuales también reflejaban una gran tristeza, como los de Severus, sin duda se trataba de Eleen Prince la madre de Severus.
-
Tu quien eres, que haces aquí y por qué no viene ese malcriado a saludarme- dijo la mujer del cuadro.
-
Usted es Eleen Prince verdad-, respondió Hermione, -la madre de... - y antes de terminar fue interrumpida por el posionista.
-
Bueno cuando será el maldito día en que usted escuche lo que digo.
-
Yo solo..
-
Quería saciar su insufrible curiosidad, si ella es mi madre contenta ahora largo.
-
Hijo no tiene por qué tratarla así- interrumpió la mujer del cuadro centrando su atención en el hombre que entraba a la habitación, - pero mírate qué demonios te ha pasado, y esas fachas que significan, primero no sé nada de ti en meses y después apareces así como si fueras un delincuente, que buenos que ya estoy muerta porque si no tu y este loco de alado me matarían con tantos planes suicidas.
-
Madre ahorita no, solo vine por unos documentos y me voy, así que por favor, podrías moverte, los documentos que busco están dentro de la caja.
-
No sé qué hiciste ahora Severus Snape, pero de seguro no es nada bueno pues tú nunca usas esos documentos muggles- exclamó la mujer en un tono similar al de Molly Weasley cuando regañaba a los gemelos.
-
Eleen me pareció escuchar la voz de Severus y la Señorita Granger-, dijo la voz de Albus Dumbledore tras la cortina de color rojo.
-
Genial lo que me faltaba, ni se le ocurra destapar...- todavía Severus no terminaba la frase cuando Hermione ya había descubierto el cuadro del difunto director de Hogwarts.
-
Hay muchacho ya me tenías preocupado, donde se habían metido, pero mírate tiene razón tu madre, que pintas son esas, tienes a todo el ministerio buscándolos, además escuche que los mortifago te andan buscando para saldar cuentas por lo de ya sabes quién, no pueden andar por ahí sin las debidas precauciones.
Al escuchar estas palabras las dos mujeres, la del cuadro y la que estaba al lado de Severus pusieran la misma cara de angustia.
- Para que te lo explico, si tú Albus siempre te enteres de todo primero, y mi madre no hace nada más que reclamarme por mis decisiones, ahora solo vengo por unos papeles y nos vamos, me permites madre.
Y mientras el cuadro de la mujer se movía para dejar ver una pequeña caja fuerte, está vociferaba reclamos a su hijo, por su ausencia y por seguir poniéndose en peligro por esa tonta, claro está haciendo alusión a la promesa que hiciera Severus a su vieja amiga Lily Potter.
- Madre, ya por favor-, grito Snape molesto ante los lloriqueos y quejas de su madre.
Mientras seguí discutiendo con ambos cuadros, por según Snape meterse demasiado en su vida, el ruido de varias apariciones sonó afuera.
-
Son los aurores- dijo Hermione.
-
No el ministerio no tiene forma de encontrar la casa, no son tan hábiles en artes obscuras, creo que son, deme su varita y espere aquí, - arrebatándole la varita a la castaña, Snape salió de la habitación con pasos silenciosos, demostrando que era el mejor espía de todo el mundo mágico.
-
Mortífagos, de seguro son esos dementes, dime Albus cuando dejaras de poner en riesgo la vida de mi niño con tus tontos planes- dijo la pelinegra dirigiéndose al cuadro vecino.
-
Lo lamento Ely, pero creo que está ves no tuve nada que ver-, verdad señorita Granger.
Las mejillas de Hermione se tornaron rojas y un extraño calor junto a una presión le invadió el pecho, ante las palabras del fallecido Director.
-
No te preocupes, yo te entiendo, bien dice Severus que siempre me entero de todo antes, y espero no haberme equivocado esta vez. Hizo bien en darle la poción al terco muchacho este, aunque la verdad esperaba verlo en otras condiciones, pero bueno una poción experimental siempre tiene sus efectos secundarios- decía Dumbledor la castaña mujer frente a él.
-
Ahora también es tu conejillo de indias Albus, y tú jovencita acércate quiero que me digas que pretendes obtener de mi niño, porque siempre que viene una mujer a esta casa es para condenarlo a la muerte, primero esa tonta de Lily y después las Black.
-
O no señora- dijo Hermione aún sonrojada, - entiendo por qué su desconfianza pero yo solo quiero ayudarlo, se lo juro nunca haría nada que lastimada a Tobías.
-
Nunca nadie lo ha llamado así, claro él siempre omite su primer nombre, por el rencor que tiene hacia su padre, así que no dudo que desconozcan que se llama de esa forma,- indicó la mujer dibujando por primera vez en muchos años una sonrisa en su cara, - bueno si es verdad lo que dices jovencita cuídalo mucho, confío en ti y espero que esté viejo loco, no se equivoqué en lo que dice de ustedes.
Hermione apenas iba a cuestionar a los cuadros sobre, lo que según ellos pasaba entre su maestro y ella, cuando el hombre de cabello y barba negra irrumpió la habitación,- mortífagos tenemos que irnos- fue lo que dijo mientras guardaba los papeles en el bolso de su levita y abrazaba a la muchacha para salir los dos en forma de humo negro por la ventana del despacho.
Después de unos minutos aterrizaron en el patio trasero de la casa de los Grengars, y sin dejar que la chica se repusiera del vértigo por el vuelo, la jalo al interior de la casa.
Aún temblando por el susto Hermione solo alcanzo a liberar unas palabras que pretendían cuestionar al mago sobre la presencia de los magos tenebrosos en su casa y si también tenían que preocuparse por ellos.
- Ya escucho a Albus, quieren vengar la muerte del señor Tenebroso, bienvenida a mi vida- fue lo único que dijo Snape tras darle un vaso con agua a la joven y desaparecer de la cocina.
No volvió a ver al hombre por el resto del día, este no bajo a comer y tampoco a cenar, así que Jean le dejo el plato con la cena en la mesa de la sala, de forma que la pudiera ver desde la escalera con una pequeña nota y se fue a dormir.
Entrada la noche Tobías bajo y vio el plato y la nota, al leerla una pequeña sonrisa iluminó su cara.
Espero que haya descansado, aunque hoy no me tocaba cocinar después de lo de esta tarde decidí hacerlo, espero que le guste, y debe comérselo todo apenas y salió del hospital para que no se esté cuidando, GRACIAS por salvarme hoy..
Le advierto no son muy buena cocinando, hice lo que pude, besos y que tenga dulces sueños.
Durante la siguientes dos semanas solo dejaron la casa para ir al supermercado por más víveres y casi no hablaron entre ellos.
-
Crees que ya es conveniente salir, cuestión la castaña durante la cena del domingo, es que ya llevamos dos semanas encerrado y aún no empezamos a buscar a mis padres.
-
Aún tiene precio nuestras cabezas- respondió el mago, - tanto por parte del ministerio con por los mortífagos, pero creo que mañana ya podremos salir, si continuamos viviendo como muggles, dudo que puedan localizarnos con rapidez, pero antes de que salga como chiva loca a buscar a sus padres tengo que contarle el porqué se que ellos no están en Australia y que no la olvidaron y espero que entienda que hicimos lo que pudimos.