Un heroe en slytherin — capítulo 7
Harry quedó observando el lago, que desde las ventanas de su sala común tenpia el mismo aspecto de siempre. Al salir, sin embargo, el ambiente cambiaba totalmente: el castill estaba rodeado de una espesa capa de nieve, y la superficie de lago negro se había congelado. La navidad se acercaba, y la mayoría de los alumnos iban a sus casas para pasar las fiestas con sus familias.
Draco lo había invitado a pasar esas navidades en su casa, pero Harry prefirió quedarse. Con el tiempo libre que tendría esas semanas, podría investigar más a Quirrell. La mayoría de los chicos de su cuarto dejaron en castillo para pasar las fiestas en casa, en el dormitorio de primer año sólo quedaban Theo Nott y Harry.
Incluso si no tenía mucha compañia, era la mejor navidad que Harry había tenido en su vida. En la mañana, para su sorpresa, incluso encontró unos cuantos regalos a los pies de su cama. Harry no se lo podía creer: Hermione le había regalado un libro llamad Quiditch a Través de los tiempos, y Draco unos guantes antideslizantes. Harry también recibió un tercer regalo anónimo, y cuando lo abrió, encontró una capa de color gris plateada, ligera y suave; cuando se la probó, Harry contuvo un grito de asombro, ya que todo su cuerpo que quedó bajo la capa se volvió invisible.
Volvió a buscar en el paquete del regalo, y encontró una nota sin firmar, en la que ponía que la capa había sido del padre de Harry antes. Sin duda, el mejor regalo que se podría recibir nunca.
El resto de las fiestas se la pasó jugando partidas de ajedrés mágico con Nott y volando con su escoba. También tomó por costumbre pasear por el castillo bajo la protección de la capa de invisibilidad, y fue en una de esas ocasiones cuando descubrió a Quirrell dirigiéndose al pasillo del Tercer Piso, y un minuto después apareció el Profesor Snape, siguiéndole.
¿Qué se guardaba bajo la protección del enorme perro de tres cabezas? Sin duda, algo lo suficientemente valioso como para que su profesor se preocupara de resguardarlo. Snape vigilaba muy de cerca a Quirrell, y debía ser por una razón. ¿Pero por qué Quirrell le habría intentado tirar de su escoba? Eso ya no tenía sentido.
Por fortuna, las semanas pasaron rápidamente y sus compañeros volvieron al colegio. Cuando vio a Draco, le comentó en la primera oportunidad del regalo que había recibido y de cómo había visto a Quirrell dirigirse hacia el tercer piso.
-
Tenemos que descubrir que hay alli.
-
¿Y qué planteas? Que entremos a saludar al perro, o qué?
-
Ya se me ocurrirá algo.
-
Empiezo a creer que eres un suicida, Potter. Pero esa capa tuya, eso sí que es interesante.
-
Te la mostraré cuando regresemos a la sala común.
Draco estuvo impaciente durante toda la clase de Historia de la Magia luego en Herbología. Incluso cuando por fin había regresando a la sala común, tuvo que esperar a que los demás se durmieran para poder ver la capa.
- Hay que probarla.- dijo, y los ojos le brillaban, anticipando las cosas que se podrían hacer con ese preciado objeto.
Harry estuvo de acuerdo, y salieron a vagar por el pasillo, sin darse cuenta sus pasos se dirigían de vuelta al tercer piso. Pero mucho antes de que pudieran llegar, se detuvieron al toparse con la Señora Norris.
Era cierto que la maldita gata no podía verlos, pero sí podía oler. Sin duda, al menos ella notó su presencia, y maulló, disparándose en la dirección en la que seguramente se encontraba Filch. Draco maldijo en voz baja, y ambos se alejaron lo más rápido posible sin hacer ruido. Pero como Filch se acercaba, entraron a un aula vacia en la mitad del pasillo.
La sala estaba completamente vacía, no se trataba de un aula. Dentro sólo había un gran espejo de marco dorado, imponente en medio de la habitación. Harry tiró de Draco bajo la capa, haciendo que ambos se acercaran al espejo.
Para su sorpresa, incluso aunque parecían completamente invisibles, su reflejo era claro en el espejo. Y Draco no estaba a su lado. En su lugar, una bella mujer, de ojos verdes parecidos a los de Harry, y un hombre con gafas y pelo desordenado - exactamente igual a Harry - le saludaron. Se trataba de sus padres, que estaban saludándole.
Harry nunca se había visto junto a su familia antes, y fuera cual fuese aquella magia tan extraña, se sentía feliz.
-
Vamonos, Harry. Ya no oigo nada.
-
Draco, espera. ¿Qué ves en el espejo?
-
¿De qué hablas?
Draco se giró hacia el espejo. Extrañamente, no se vio sólo con Harry allí. Él mismo iba vestido con el uniforme del equipo de Quidditch y sostenía la Copa de las Casas en su mano. A su lado, Harry y Hermione Granger y extrañamente otra chica que? Por merlín sonreían, y su padre le daba una mirada aprovadora, haciéndole saber que estaba haciendo las cosas bien.
Tuvo vergüenza de decirlo en voz alta, pero le contó a Harry lo que veía.
-
¿Hermione? Y otra chica? - preguntó él extrañado y río.
-
Granger... bueno, ella envió un regalo a mi casa estas Navidades. No puedo creer que se haya atrevido. Tuve que mentirle a mi madre cuando me preguntó quién lo había enviado, y tuve que decirle que fue Pansy, porque a mis padres les hubiera dado un ataque si supieran que una hija de muggles me envió un regalo a nuestra casa.
-
Pero lo aceptaste. - señaló Harry.
-
Si.
-
...
-
Está bien, lo admito. Granger no es lo que pensaba, aún siendo hija de muggles.
Tal vez eso no sea tan importante. -frunce el ceño.
- El espejo me muestra a mi familia, como si mis padres esuvieran vivos. A ti te muestra algo distinto, ¿qué piensas que significa?
Para Draco fue fácil adivinarlo.
- Nos está mostrando lo que deseamos o algo en el futuro que vaya a suceder. - djio - A ti te muestra a tu familia viva, a mi me muestra a mi padre aprovando que sea amigo de Granger y de ti aunque me pregunto quien es la chica?
Harry siguió embelesado con el espejo. Tal vez la extraña chica sea en el futuro algo mas para ti yo que se.
- Ya vámonos, Harry no digas tonterías esa chica y yo algo mas por favor y si es una hija de padres muggles como granger. Ay por merlin eso solo es una estupidez.
-Solo es una ilusión no nos sirve para nada.
Con eso tiró de él, y ambos salieron del aula. Lo único que Draco quería era volver a las mazmorras. Salir esa noche había sido una mala idea. Y se volvió aun peor, cuando oyeron la voz del Profesor Snape en otro pasillo.
-
¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid? - preguntó Snape.
-
P-pero Severus, n-no es...
-
No quieres que yo sea tu enemigo, Quirrell. Sabes muy bien de qué estoy hablando... la Piedra Filosofal.
-
Y-yo no s-sé...
-
Tendremos otra charla muy pronto, cuando hayas decidido dónde están tus lealtades.
Snape soltó el cuello de la túnica de Quirrell, y ése fue el aviso para Harry y Draco de volver a su sala común.
La piedra Filosofal. Eso es lo que custodiaba la bestia esa. Lo primero que hicieron al día siguiente, en cuanto se libraron de las clases, fue ir a la biblioteca. ¿Que se suponía que era una Piedra Filosofal? No se lo podían preguntar a un profesor, probablemente no estarian contentos de saber cómo habían tenido curiosidad por el tema.
No encontraron nada y debieron regresar al día siguiente, pero eran demasiados libros, era como buscar una aguja entre otro montón de agujas.
La tercera tarde, fueron abordados por Hermione Granger, a quien le pareció sospechoso verlos de repente visitar la biblioteca tan seguido.
-
¿Qué están tramando? - preguntó, frunciendo el ceño.
-
Nada que sea de tu incumbencia, Granger.
-
No voy a delatarlos. - aseguró Hermione - parece que están teniendo probelmas, tal vez pueda ayudar.
Era cierto que desde lo del Trol, Hermione dejó de obsesionarse con las reglas y con los prejuicios que había acarreado gracias a sus libros. Despues de todo, fue por dos chicos de Slytherin - la casa de los "crueles" - desobedecieron las reglas, que ella seguía viva. Después del incidente, también comenzó a ignorar friamente a Ron Weasley.
Harry intercambió miradas con Draco, Hermione era casi una biblioteca viviente, después de todo.
- ¿Sabes qué es la piedra filosofal? - preguntó Harry.
Los ojos de Hermione centellearon de alegría, como siempre que conocá la respuesta.
-
¿Sólo eso? He estado leyendo sobre el tema en las semanas libres que hemos tenido. La piedra Filosofal es una sustancia que se utiliza para preparar el Elixir de la Vida eterna, pero sólo existe una en todo el mundo: la del alquimista Nicolas Flamel.
-
Entonces Quirrell quiere la piedra, para obtener vida eterna. Una aspiración muy alta para un inútil como él - observó Draco.
-
¿Qué dicen?
-
La piedra esta en el castillo. La resguarda un perro gigante en el tercer piso, por eso está prohibido que vayamos allí.
Hermione ahogó un grito en su garganta.
-
No puede ser.
-
Si, claro que puede ser. Lo hemos visto con nuestros propios ojos - dijo Draco fastidiado - y Quirrell intenta robar la piedra. Pero el profesor Snape lo está vigilando, así que no tenemos por qué meternos en ello. Con esto ya hemos descubierto la verdad, punto final; no es nuestro problema, Harry.
Harry tuvo que darle la razón, a pesar de que seguía sintiéndose intranquilo. Pero el Profesor Snape probablemente podía frenar mucho mejor a Quirrell de lo que dos chicos de primer año siquiera podrían intentar.