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Princesa pelirroja — capítulo 3
Scorpius sonríe, es como si el anillo hubiese sido diseñado para el dedo de Rose. Ella está al borde de las lágrimas por la emoción que siente y se lanza a él para abrazarlo, muy conmovida por el detalle. Scorpius aspira el aroma de flores del cabello de su novia y la rodea con sus brazos, contento de que el regalo le haya gustado. —¿Vamos a dentro? —pregunta él sonriente. Rose acepta, limpiándose las lágrimas de los ojos, sin perder la sonrisa de felicidad. Algo le dice a Scorpius que está impaciente por contárselo a Lily. Teniendo en cuenta que se ha avisado una tormenta, incluso hay nubes negras en el cielo, los Weasley deciden comer dentro de la Madriguera, aunque a algunos no les queda más remedio que sentarse sobre la encimera para comer o traer los sillones de la sala para estar en la cocina con todos. Scorpius es uno de los pocos que consigue asiento, está al lado de Rose y Albus. Él no puede evitar sonrojarse cuando su novia empieza a contar emocionada el significado del anillo que él le regaló, ya sea por los suspiros tiernos de las mujeres o las miraras molestas de los hombres. Agradece infinitamente cuando el señor Bill alaga a su hija mayor por graduarme del Colegio de Medimagos con las notas más altas. —Si —suspira Victoire—, por fin. Mañana tengo una entrevista en San Mungo, si todo sale bien empezaré a trabajar a mediados de agosto. —Es una suerte que tengamos una medimaga en la familia —señala Louis—. Nosotros tenemos un don para lastimarnos con lo que sea. —A mí todavía me sigue doliendo el trasero por la caída del años pasado —se queja Albus. Dominique, Roxanne y Lily asienten miserablemente. —Lucy, querida, ¿ya te anotaste en el Colegio de Medimagos? —le pregunta Angelina—. Vicky por poco no consigue una plaza. Scorpius escucha atentamente la conversaciones sobre las profesiones que Lucy y Dominique piensan seguir, cuando Rose le toma de la mano bajo la mesa para entrelazar sus dedos. Ella mueve los labios y le dice algo sin hablar: "Medianoche. Ático". Scorpius asiente y le acaricia los nudillos. Al finalizar la cena, los adultos se quedan en la cocina charlando mientras beben té, los jóvenes, por otro lado, se van a la sala con sus copas de helado. Scorpius se lleva una cucharada de granizado a la boca, viendo como su novia mira por la ventana, con expresión distraída. —¿Pasa algo? —No, nada —dice, volviendo a sonreír—. Solo estaba pensando en ti y en mí. —¿Qué estábamos haciendo? —pregunta, sentándose a su lado en el sofá. —Estábamos siendo felices con el otro —contesta. Scorpius sonríe aún más y se inclina para besarla con rapidez, no vaya a ser que alguno de los primos de Rose lo vean el intenten matarlo. Ella ríe e indiferente de los pensamientos de su novio, lo atrae de nuevo para besarlo más profundamente. No importan si lo matan, Scorpius sabe que morirá feliz por sentir los labios de su princesa pelirroja.