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Princesa pelirroja — capítulo 4
Scorpius sale con cuidado de la habitación que comparte con Albus en la Madriguera. Agradece sinceramente que la mayoría de la familia Weasley se haya marchado o duda que duerma cómodo, o que pueda escabullirse en la madrugada sin ser delatado. Camina con sigilo por el pasillo y sube las escaleras, haciendo una mueca cada vez que la madera cruje, no todos los Weasley tienen el sueño pesado y no encuentra una escusa perfecta si tiene que usar para explicar por qué está yendo al ático. Cuenta con que ninguna de las primas de Rose lo acusarán de que va a verla a mitad de noche, solo le darán una sonrisa pícara y le dirán algo con doble sentido. Pero si alguno de los chicos lo sabe..... Scorpius sufre un escalofrío, el recuerdo del granero sigue vivo en su memoria. Maldice en voz baja cuando al bajar las escaleras del ático, éstas hacen un ruido ensordecedor. Scorpius guarda la respiración por segundos, o quizá minutos, pero el único ruido que se escuchaba el de los grillos en el jardín y los ronquidos de Arthur Weasley (¿cómo la señora Molly puede dormir a su lado sin quejarse? Lo que hace el amor...), él vuelve a respirar. Con cautela, comienza a subir y a la mitad del camino, distingue la cabellera roja de Rose. Ella parece divertida cuando al cerrar la puerta del ático, de hace ruido y Scorpius se tensa. Por supuesto, ella no será la que sufrá la ira de los Weasley. Por el solo hecho de estar en la noche en una habitación a solas con Rose, ya es suficiente para firmar su sentencia de muerte. —Si alguien nos descubren, me asesinan —dice, no sin temor, Scorpius, acercándose a su novia, quien suelta una risita burlona por ver el estado de nerviosismo de su novio. Scorpius la mira con fingido enojo, pero después no puede evitar sonreír, serán tan solo dos meses de no verla, pero para él ya es demasiado. Nunca ha estado tan alejado de ella por tanto tiempo desde que la conoció. Preso del impulso y de la tristeza, la abraza por la cintura para atraerla hacia él y la besa profundamente. Rose le corresponde y lleva sus manos a los hombros de él. Dos meses sin los besos de Roses... Scorpius ya se está arrepintiendo se aceptar ir a Francia. —Ven —le dice Rose al separarse. Lo toma de la mano y la jala hacia la derecha—. El ático tiene una ventana, el paisaje es hermoso. —No más que tú —dice él al instante. Las mejillas de Rose se tiñen del mismo color de su cabello y Scorpius sonríe satisfecho. Él suspira embelesado. ¿Cómo pueden esperar sus padres que pase dos meses sin su princesa pelirroja?