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Historia 192013 — capítulo 15
Las vacaciones de navidad transcurrieron. Albus, Scorpius y Lynna no fueron capaces de escabullirse de la estricta vigilancia del Profesor Nott quien parecía tener siempre un ojo sobre ellos. No tuvieron oportunidad de avanzar en su investigación sobre el velo de la muerta o lograr hacerse una idea de que debían hacer con respecto a Sirius Black.
Las clases se habían reanudado y con ellas la vigilancia de los alumnos disminuyo un poco ya que en todo aquel tiempo no se habían registrado ataques. Aquellos pertenecientes a Beauxbatons y Durmstrang había regresado a sus respectivos colegios. Los aurores se habían retirado y solo había algunos pocos custodiando las entradas. Los prefectos y premio anuales volvieron a realizar sus tareas, los profesores comenzaron a relajarse y poco a poco todo volvía a ser normal. Lo único que se mantenía en pie era la prohibición de visitas a Hogsmeade y el toque de queda que debían cumplir.
Lynna frunció el ceño mientras seguía de cerca los pasos de Albus y Scorpius que se dirigían a su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Ya habían pasado dos semanas desde fueron capaces de ingresar en la biblioteca y comenzar su búsqueda sobre el velo de la muerte, pero aún no tenían nada que pudiera ayudarles.
Lo peor de todo para la chica era el hecho de que se sentía que las cosas estaban empeorando a pesar de que Morgana no había hecho ningún movimiento, ella lo sentía, la bruja planeaba algo grande.
—Lynna ¿Te sientes bien? Estás muy pálida desde esta mañana — La voz de Albus llamo la atención de la castaña que dirigió su mirada hacía él.
Su mirada recorrió el rostro del chico mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Para Lynna, los rasgos de Albus eran absolutamente perfectos, era completamente adorable y lo que más llamaba su atención eran sus ojos, ella sentía ser hipnotizada cada vez que su mirada se encontraba con la suya. Pero lo sabía bien, Albus solo podía ser su amigo. Definitivamente ella jamás lo arriesgaría a vivir como parte de su familia, era algo demasiado peligroso y jamás se perdonaría si algo le pasase.
—¿Lynna? — Esta vez fue la voz de Scorpius quien la llamo. Parpadeando varias veces la castaña soltó una suave risa negando con la cabeza.
—No me pasa nada, solo estoy pensando…Ya saben, en eso.
Albus y Scorpius se miraron entre ellos y no pudo evitar sonreír divertida, era algo que ambos hacían seguido, como si buscasen una explicación el uno del otro.
—Chicos… Llegaremos tarde a clases — Lynna se acercó poniéndose en medio de los chicos y enlazo cada uno de sus brazos con uno de los de ellos.
Juntos caminaron hacía el aula de Defensa contra las artes oscuras la cual ya se encontraba repleta de alumnos de Gryffindor y compañeros de Slytherin. Buscaron rápidamente algunos lugares consiguiendo unos hasta el final, sin tener otra opción los tres se ubicaron en aquel lugar.
—Oigan, no es por presionar, pero… ¿No deberíamos comenzar a estudiar para los T.I.M.O.S? — Scorpius saco su libro de texto — Hemos estado todo este tiempo ocupándonos de ya saben que, y no hemos siquiera hecho un horario de estudio ¿Tienen idea de lo que pasaría si no obtengo una adecuada calificación en mis T.I.M.O.S? Mi padre me mataría, o peor, me desheredaría.
Lynna soltó una sonora carcajada que llamo la atención de varios alumnos, pero eso no le importaba. Disfrutaba momentos como esos. Scorpius era un chico raro, en realidad, si se ponía a pensar en ello la personalidad de Albus, Scorpius y la suya propia eran sumamente diferentes y aun así se llevaban muy bien.
—Debes ordenar tus prioridades un poco, Malfoy. ¿Crees realmente que es peor que te desherede a que te mate? — Albus alzo una ceja observando a su amigo.
—Oye, soy un Malfoy. Cualquier cosa sería mejor a ser desheredado — Scorpius sonrió ligeramente y Lynna vio en sus ojos que solo bromeaba con aquello. Podía leerlo a la perfección, aquellos orbes grises eran un libro abierto para ella y eso era lo que le gustaba de su amigo, lo sentía cercano, como si de un hermano se tratase.
—Eres un idiota — Burlo Albus riendo y negando con la cabeza.
En aquel momento, la puerta del despacho de su profesora se abrió dejando ver a una mujer alta cubierta por completo con una estridente túnica de color naranja, su cabello negro con algunos rastros que denotaban su edad se encontraba recogido en una apretada coleta alta. El rostro de la mujer fino y serio imponía respeto a todos sus alumnos. Anne Brown ocupaba esa plaza desde hacía tres años, era un record, según Albus.
Lynna enderezo su espalda y presto atención el resto de la clase que consistió en estudiar sobre hechizos de defensa simples que luego implementaron de manera practica en parejas elegidas por la profesora por lo que a Lynna le había tocado un chico de Gryffindor al que no parecía agradarle mucho ya que fue insistente en atacar a la chica incluso llegando a utilizar hechizos que no habían sido propuestos en aquella clase a utilizar. Afortunadamente, la castaña fue capaz de superar aquello y cansada de la actitud del chico utilizo un Desmaius logrando dejarlo fuera de combate.
—¡Quiero que hagan un ensayo sobre que hechizos serían los apropiados a utilizar si se enfrentan a personas peligrosas! — Exclamo con una pequeña sonrisa la Profesora Brown. — Bien hecho todos, pueden retirarse.
Limpiando la ligera capa de sudor de su frente Lynna se dirigió a su lugar juntando sus cosas, estaba concentrada en ello hasta que escucho como alguien discutía a sus espaldas.
Lynna giro su cabeza topándose con que quienes gritaban eran Bastian Weber, el chico de Gryffindor contra el que había tenido su duelo, era mucho más alto que ella, de la estatura de Scorpius aproximadamente, moreno y de profundos ojos marrones, la disputa la tenía en aquel momento con Albus. Ambos se encontraban uno frente, varita en mano y dispuestos a hechizar al otro. Scorpius por su parte se mantenía junto a Albus sujetando su varita con fuerza, pero no apuntaba a Bastian como lo había Albus.
—Albus ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Deja a Weber en paz! Te meterás en problemas.
Él le gruño molesto y retrocedió un paso haciendo que Bastian sonriese divertido.
—Así que ella es quien les controla ¿No? — Bastian clavo sus ojos en la castaña haciendo una mueca de asco — Claro, debí imaginarlo. No puedo creer que tu estés con este par, Potter. Tú padre lucho contra las artes oscuras y tu jugueteas con Emrys y Malfoy, sus familias coquetearon con las artes oscuras. Pero claro… ¿Qué se puede esperar? Siempre hay una oveja negra en la familia, seguro el Señor Malfoy debe estar reclutándote para los mortifagos que ya se están reuniendo ¿No? — La burla en la voz del chico erizo los vellos de Lynna sintiendo como su sangre comenzaba a hervir.
—¡Cierra tu sucia boca! — Exclamo Albus, su mano temblaba y la castaña sabía que estaba dispuesto a pronunciar cualquier malefició en aquel momento.
—Albus, no prestes atención — Intento la chica colocando su mano sobre la de él para que bajase la varita, pero su brazo se mantuvo firme.
—Tú no sabes nada de mi familia, tampoco de la familia de Lynna. Eres solo un idiota — Scorpius dijo aquello entre dientes, esta vez apuntando a Bastian.
— Será mejor que te vayas y no vuelvas a hablar mal de Lynna o Scorpius, de lo contrario, no saldrían bien librado de eso — Albus hizo una mueca de molestia y comenzó a bajar finalmente su varita. Scorpius lo imito y Bastian soltó una carcajada.
—Idiotas… ¡Desmaius!
—¡Protego!
Lynna se había puesto frente a Albus, para quien iba dirigido el hechizo. Los ojos de la castaña titilaron en su sobrenatural color gris claro.
Los ojos de Bastian se abrieron desorbitadamente al notar como el ámbar cambiaba por segundos a gris.
Justo cuando la chica se disponía a atacar al Gryffindor alguien tosió haciendo que sus cabezas giraran en dirección al sonido. Frente a ellos, la profesora Brown los observaba con el ceño fruncido.
—Señor Weber, castigo. ¡Y no quiero oír una palabra! — Exclamo al ver como el chico se disponía a reclamar — Vi todo lo que sucedió. Potter, Malfoy y Emrys, retírense. — Los ojos de la bruja se clavaron en los Slytherin quienes guardaron sus varitas respirando lentamente para aun contener su rabia.
Sin pronunciar palabra los tres giraron sobre sus talones, tomaron sus cosas y salieron del aula, tenían hora libre así que irían a ocupar su lugar junto al lago negro, bajo la sombra de un gran árbol. Casi al llegar a la puerta de salida Rose los alcanzo y se sentó con ellos junto al lago mientras que ambas, tanto la pelirroja como la castaña hacían los horarios de estudio para los T.I.M.O.S.
—¿Saben cuándo harán la orientación profesional? — Rose finalizaba en aquel momento su horario con una amplia sonrisa — Aun tengo dudas de que materias debo tomar, quizás tome todas las que pueda, así cuando salga tendré todos los E.X.T.A.S.I.S. necesarios para entrar en cualquier carrera…
—¿Aun no sabes que estudiaras? — pregunto Scorpius, que se encontraba tumbado en el césped cubriendo sus ojos con uno de sus brazos — Yo dirigiré el negocio familiar, así que no estoy realmente tan preocupado. Pero sé que debo obtener buenas calificaciones o mi padre me matara.
—No estoy muy segura de que quiero estudiar aun — Lynna sonrió divertida al ver como Rose fruncía el ceño mientras organizaba el horario de Scorpius. — Creo que quizás estudie para ser medimaga…
—¿Es en serio? — Albus miro incrédulo a su prima — Pensé que harías algo similar a la tía Hermione, no lo sé… Algo que te atara al ministerio. — Rose alzo una ceja y entrecerró sus ojos en su primo.
—No lo sé, Albus. Siento que el ministerio no es un buen lugar para mí. Mamá es la Ministra de Magia y…Quizás digan que ocupare mi puesto gracias a ella, pero si estudio medimagia entrare en San Mungo por mis propios medios, por mis logros. — Rose sonrió ampliamente.
—Pareces decidida a estudiar eso, Rose. ¿Por qué intentas confundirte al pensar en otras cosas? — Lynna dejo de lado su horario y el de Albus que acababa de finalizarlo, no había sido fácil hacerlo, había tenido que establecer bien las horas para que el chico pudiese entrenar para el Quidditch, los partidos y el tiempo para explicarle todo lo que no entendiese.
—Quizás es porque sé que mamá espera que entre en el Ministerio — Rose soltó un largo suspiro.
—Solo haz lo que quieras, preciosa. Igualmente, cuando te cases conmigo no tendrás que trabajar, si quieres.
Lynna y Albus no pudieron contener una sonora carcajada ante las palabras de Scorpius. El rubio no fue capaz de verlo, pero Rose se había sonrojado a tal punto que incluso tenía sus orejas del color de su cabello y había arrojado al chico una mirada fulminante.
—Muy gracioso, Malfoy. — Gruño la pelirroja.
Scorpius negó con la cabeza quitando el brazo que cubría su rostro para luego mirar divertido a Rose.
—Estoy hablando en serio, ya lo veras. Terminaras siendo la Señora Malfoy.
Scorpius arqueo una de sus rubias cejas mientras sonreía de lado con suficiencia. Lynna rio por lo bajo negando con la cabeza, no tenía remedio, pero esperaba que tuviera razón. Ambos eran sus amigos y le encantaría y sabía bien que a la pelirroja también le gustaba el rubio, pero aún no se daba cuenta de ello.
—¿Y tú, Lynna?
Meneando ligeramente la cabeza para despejar sus pensamientos miro hacía Rose quien había formulado la pregunta.
—Yo no voy a casarme con Scorpius, ya eso es contigo — Dijo a modo de broma haciendo que los chicos riesen divertidos en respuesta. La pelirroja rondo los ojos cruzando sus brazos sobre su pecho.
—Me refería a que piensas estudiar. ¡Y no me casare con Malfoy! — Exclamo soltando un bufido.
—Scorpius, Rose. Debes llamarme Scorpius, no Malfoy.
—¡Ya basta, Scorpius! Eres desesperante — Rose tomo un trozo de pergamino, lo hizo una bola en su mano y lo arrojo al rubio que solo rio divertido por la reacción de la chica.
—No sé que hare, se suponía que jamás saliera de casa…Pero he leído los folletos que ha dejado el profesor Nott, me parece interesante ser un rompedor de maldiciones, es decir trabajar para Gringotts— Lynna se lo pensó por un momento — Sí, eso sería divertido. — La castaña sonrió mirando hacia sus amigos que la miraban curiosos.
—Pensamos que estudiarías algo referente a las criaturas mágicas, es decir, las entiendes… — Comenzó diciendo Scorpius con cautela.
—¡Mi tío trabaja para Gringotts! Dice que es genial — Intervino Rose sonriendo ampliamente. — Es una buena opción.
—Tienes muchos tíos ¿No? — Tanto Albus como Rose asintieron con sus cabezas a la pregunta.
—En vacaciones visitaremos a mi tío Charlie, ¡Te amaría! Se encarga del cuidado de dragones ¿Puedes hablar con dragones? — Rose parpadeo emocionada observando a su amiga.
—Bueno…Sí — Contesto algo incomoda la chica. Había aprendido a que su don con las criaturas no era algo común y prefería solo hablar de ello con Hagrid cuando era necesario hacer algo especial por los animales que llevaba a clases.
—¡Eso es genial! — Volvió a exclamar la pelirroja.
—Ya, bueno. Yo quiero estudiar para trabajar en el departamento de misterios, ser un Inefable. Siempre me ha dado curiosidad su trabajo — Albus intervino de inmediato al notar como Lynna comenzaba a incomodarse, aquello hizo que la chica dirigiera a él una pequeña sonrisa agradecida.
—Eso es interesante, tendrías que estudiar bastante — Rose sonrió divertida a su primo.
—Yo le ayudare, sin duda entrara en el área que él desee. — Lynna sonrió ampliamente mirando al chico.
—Gracias… — Murmuro Albus desviando la mirada para que nadie notase su leve sonrojo.
Un silencio se hizo presente cuando escucharon como si algo estuviese vibrando.
—¿Qué es eso? — Rose miraba hacía los bolsos de los cuatro que se encontraban junto al árbol. — Algo suena…
—No lo sé — Albus se acercó a los bolsos y toco cada uno de ellos hasta dar con aquel en el cual se sentía un leve movimiento. Provenía del bolso de Scorpius, lo abrió y de él extrajo el libro azul cielo que había estado dándole tantos dolores de cabeza.
Lynna clavo sus ojos en el libro que incluso en la mano de Albus vibraba ligeramente.
—¿Ese es el libro…?
Las palabras de Rose fueron interrumpidas en el momento en el cual Albus abrió el libro y de él salió un destello tan brillante que los cegó por completo.
Lynna cubrió sus ojos con una de sus manos y busco a tientas a sus amigos, sintió una mano y la sujeto con fuerza, no podía abrir los ojos, todo estaba totalmente blanco a su alrededor.
—¿¡Qué está pasando!? — Escucho a Scorpius gritar.
Lynna no pudo contestar, se aferró con más fuerza a la mano que sujetaba cuando algo pareció absorberla. Con el estómago anudado por el temor, Lynna quito la mano de sus ojos, la luz comenzaba a disiparse y al echar un vistazo se vio en un lugar parecido al… ¿Cielo? Era como si estuviese volando sobre las nubes, pero…. Sentía que pisaba tierra firme, era una sensación muy extraña.
Lentamente y con gran temor la castaña miro a su lado sintiendo un gran alivio al ver que la mano que había estado sujetando era la de Albus. El chico parecía tan confundido como ella y miraba a su alrededor con sorpresa.
—¿Dónde estamos? ¡Scorpius, Rose! — Grito el chico al no ver a los otros.
Lynna se sentía mareada y perdida. El chico soltó su mano y momentos después se percato de que el brazo de Albus rodeo sus hombros acercándola a su cuerpo de forma protectora. El sonido de un fuerte pitido hacía que su cabeza doliese y tuviese la necesidad de entrecerrar los ojos
*¿Qué sucedió? ¿Dónde estamos?*Se pregunto mentalmente la castaña mirando alrededor con desesperación.
—Tenemos que buscar a Scorpius y Rose — Lynna miró atrás, era la misma vista que tenía hacía el frente. Un espacio amplio y sin fin azul con una espesa bruma blanca que la hacía pensar que flotaban en el cielo.
—Intentemos encontrarlos — Propuso el chico.
Ambos dieron el primer paso conteniendo sus reparaciones. No sabían si caerían al moverse o que sucedería, pero para su gran alivio seguían sintiendo un suelo firme, aunque inexistente, bajo sus pies.
Lynna sentía un frío abrazador, le temblaban ligeramente las manos y a pesar de la cercanía de Albus la calidez de su cuerpo no era capaz de apaciguar aquello. Escuchaba el tiritar de los dientes del chico seguramente sintiendo tanto frío como ella. Se preguntaba una y otra vez por ese lugar, cómo habían llegado allí.
A medida que pasaban más y más tiempo caminando sentían que era inútil, no había nadie y el espacio seguía siendo el mismo a pesar de que caminasen en una perfecta línea recta. Llamaban a gritos a sus amigos, pero estos no respondían. Del mismo modo tanto Lynna como Albus comenzaban a sentirse extraños, una inmensa serenidad los invadía a cada segundo y se comenzaban a sentir completamente insensibles a lo que era su pasado, presente y lo que podría llegar a ser su futuro.
—Lynna, tenemos que salir de aquí — Albus se tensó junto a Lynna cuando comenzó a sentir que solo quería sentarse, en medio de aquella paz y solo cerrar los ojos.
—Sí, y debemos darnos prisa — La castaña trago grueso y dedico una mirada preocupada al chico. Asintiendo con la cabeza apretaron su andar casi corriendo.
—¡Scorpius! ¡Rose! — Gritaba Albus, pero en su voz ya no se escuchaba la desesperación inicial, eran simples gritos llamando por sus amigos.
Finalmente, se detuvieron de golpe cuando la bruma blanca ante ellos comenzó a alzarse en espirales, formaban remolinos que cambiaron a un tono grisáceo.
—¿Qué es? — Murmuro Lynna pegándose al cuerpo de Albus. Ambos mantenían fijos sus ojos en aquellos suaves remolinos.
—No lo sé… Pero deberíamos investigar, no hemos encontrado nada más en todo lo que hemos recorrido, quizás si entramos en medio de ellos logremos algo. — Las palabras del chico fueron suaves y calmas. Aunque Lynna sentía que aquella situación era para estar completamente espantado no era capaz de sentirse de esa forma. Conteniendo la respiración asintió y juntos se acercaron a los remolinos que los envolvieron rápidamente. El suelo bajo sus pies se movía y se sostuvieron con fuerza uno al otro sin ánimos de separarse ellos también, se sintieron caer y luego como sus pies suavemente tocaban el suelo.
Lynna cerro con fuerza sus ojos esperando a lo siguiente que sucedería, no quería abrirlos, pero la fuerte exhalación de Albus hizo que los abriese y su garganta se cerrase ante la terrible imagen ante ella.
Hogwarts se encontraba en ruinas, grandes columnas de humo salían de varios lugares. Todo estaba completamente destruido. Todo sentimiento anterior desapareció dando paso a una creciente tristeza al ver el estado del lugar.
Caminaron hasta adentrarse en el castillo y sus pasos fueron a dar hasta el Gran Comedor, pero se detuvieron en el umbral conteniendo la respiración. Las mesas de las cuatro casas ya no se encontraban allí, había ahora un gran grupo de personas heridas siendo atendidas por Madame Pomfrey y algunas otras personas desconocidas para ellos; pero lo que más los impacto y logro hacer que su sangre se helase fue el encontrar una larga fila en medio del lugar.
Los fallecidos, Lynna trago con fuerza conteniendo sus lágrimas al ver a tantos muertos.
—¡Es mi familia! — Exclamo Albus y emprendió la carrera hasta un grupo de pelirrojos que se encontraban reunidos dejando atrás a la castaña.
Lynna se quedó simplemente allí de pie impresionada por la escena, era capaz de oler la sangre, podía percibir el dolor de aquellas personas, todo era demasiado fuerte para ella. Se dijo entonces que no podían permitir una masacre similar, no quería ver a personas caer a su alrededor y tener que reunirlas y ver a familias llorando como sucedía en ese instante. Simplemente, no lo soportaría.
—¡No!
El grito de Albus logro hacer que la castaña reaccionase y al verle tan lejos contuvo la respiración y corrió hacía el acercándose a los pelirrojos. Eran los Weasley y se encontraban congregados frente al cuerpo sin vida de otro pelirrojo. Una mujer mayor estaba tendida sobre el pecho de aquel chico pelirrojo, temblaba y lloraba desconsoladamente rompiéndole el corazón; un chico, exactamente igual al fallecido estaba de rodillas junto a la cabeza del chico. Más personas se acercaron y Lynna tuvo que retroceder viendo como Albus lloraba junto a la mujer mayor.
—Es mi tío Fred… — Dijo entre suaves y bajo sollozos. Lynna llevo una mano a su pecho y respiro hondo. Entonces miro alrededor. Un chico casi idéntico a Albus con la excepción de que este llevaba lentes circulares, su rostro estaba demacrado y tenía las facciones un poco más fuertes que las de Albus observaba todo ensimismado, parecía totalmente ido.
Señor Potter, se dijo internamente la chica observándole. Parecía que todo el salón se hubiese quedado en silencio repentinamente, los llantos, los murmullos, los alaridos de dolor, todo desapareció. Vio como Harry se alejaba corriendo y tuvo el impulso de ir tras él, pero giro en dirección a Albus que seguía reunido con los pelirrojos.
—¡Albus, tú padre! — Aquel grito fue suficiente para que el pelinegro se pusiera de pie de un salto. Lynna señalo el rumbo del chico de gafas y juntos corrieron en aquella dirección, pero no fueron capaces de alcanzarle.
Los remolinos grisáceos aparecieron nuevamente frente a ellos. Lynna afectada por lo que había visto tomo con fuerza la mano de Albus que se encontraba en un peor estado que ella y lo dirigió hacía donde se encontraban estos, la misma sensación de que el piso se movía, la misma sensación posterior de caer a un vació. Al sentir que sus pies tocaban tierra nuevamente la castaña juntando fuerzas y asustada con los siguiente que vería abrió los ojos que había cerrado en el momento de entrar en los remolinos. Frente a ellos se desarrollaba otra batalla, el lugar era oscuro y amplio, en el centro del mismo había una tarima de piedra, sobre ella había un arco de piedra que se veía muy antiguó, este le recordó a Lynna a como lucía el lugar donde estaba encerrada Morgana en Avalon, era igual a las ilustraciones que había visto en el libro de texto. De aquel arco, se desprendía una cortina y entonces la castaña lo comprendió, supo dónde estaban.
—Albus…Es… — Comenzó diciéndole al chico, pero los ojos de su amigo estaban fijos en un lugar. Lynna clavo sus ojos ámbar en el sitio que miraba con tanta insistencia su amigo y allí lo vio.
Un muy joven Harry Potter se encontraba junto con el que reconoció de inmediato como su profesor Longbottom, eran en aquel momento apuntados por un hombre rubio desconocido para Lynna, pero que escalofriantemente tenía un cierto parecido con Scorpius y el padre del chico. Un hombre castaño desconocido con semblante cansado pero decidido intervino colocándose entre el rubio y los chicos.
—Él…Es Remus Lupin, quien protege a mi padre — Susurro Albus mientras sus pies lo guiaban más cerca de la escena.
La castaña se apresuró en seguirlo y colocarse a su derecha aun observando todo lo que sucedía, pasaban las cosas tan rápidamente que ella se sentía mareada. Los ojos de la chica pasaban por todas las personas del lugar, no entendía porque estaban viendo aquellas escenas hasta que Albus exhalo nuevamente con fuerza, era una acción que a Lynna comenzaba a darle terror.
—¡DUMBLEDORE! — Aquel grito sobresalto a Lynna que dio un fuerte respingo abriendo los ojos y mirando a Harry que miraba a un anciano, Albus Dumbledore, le conocía por las historias de su madre, decía que era un viejo chiflado, aun así, uno de los mejores directores de Hogwarts, aunque recordaba que aquello lo decía con cierto deje de recelo.
—¡Allí esta Sirius! — Exclamo Albus señalando con uno de sus dedos a un hombre que en aquel momento se batía en duelo con una mujer de cabello negro y mirada totalmente llena de locura. El hombre de aproximadamente 36 años, Sirius Black, apenas esquivo un hechizo lanzado por la bruja. — Ella es Bellatrix Lestrange — Lynna reconoció aquel nombre, Albus la había nombrado como quien había empujado a Sirius hacía el velo. Y fueron capaces de ser testigos visuales de aquel momento.
Un haz de luz roja le dio de lleno en el pecho al hombre que reía burlonamente hacía la bruja en el mismo instante en que sus ojos se abrían completamente sorprendido. Un segundo más tarde su cuerpo se curvo y cayo atravesando el raído velo que pendía sobre el antiguo arco. Todo se detuvo una vez el cuerpo del hombre traspaso el velo, tanto Albus como ella sentían que los habían clavado al piso, sus respiraciones eran lentas y sus corazones latían dolorosamente en su pecho, querían haber podido evitarlo.
—¡SIRIUS! — El grito de Harry hizo que unas lágrimas escapasen de los ojos de Lynna al sentir en la voz del hombre el profundo dolor de la perdida. Los gritos del chico que decían una y otra vez que el hombre no estaba muerto solo intensificaban el fuerte nudo que tenía la castaña en su garganta. Por instinto, busco la mano de Albus apretándola con fuerza, el chico lloraba en silencio al ver el estado en el que se encontraba su padre.
—Al velo.
Aquellas palabras fueron dichas en un murmullo que erizaron los vellos de la nuca de Lynna, se giró en busca de la voz, pero no había nadie.
—Deben ir al velo.
La misma voz. Era suave y ligera, apenas audible. Un escalofrío recorrió por completo a la chica.
—La pieza, deben encontrar la pieza.
Era como el siseo de una serpiente. Sabía, aunque no la conociera, de quien era esa voz.
Merlín.
Cerrando los ojos con fuerza por un momento trago grueso deshaciéndose un poco del nudo en su garganta, tenía miedo, mucho miedo.
—Albus… — Susurro la castaña clavando sus ojos en el chico. Él giro a verla y una sonrisa triste se formó en sus labios.
—Quizás el libro está intentando darnos nuestra respuesta — Albus alzo su mano y con suavidad retiro los rastros de lágrimas que tenía la chica en sus mejillas para luego limpiar las suyas propias con el dorso de su mano — Vamos allá — Su tono era firme y sin dudarlo comenzó a caminar hacía el velo de la muerte. Aquel que habían leído en diversos libros solo una cosa: Al cruzar, no había forma de volver.
Llegaron frente a la fina y raída tela y Albus no se detuvo, con una valentía que envidiaría cualquier Gryffindor atravesó el velo al mismo tiempo que Lynna, pero ella al contrario sentía la opresión del miedo en su pecho.
Una ráfaga de frio viento choco contra sus rostros agitando sus cabellos y sus túnicas.
Lynna miro hacía el frente y pudo ver un amplio lugar como en el cual toda aquella locura había iniciado, un espacio amplio con espesa bruma blanca, pero a diferencia del espacio anterior, este estaba repleto de personas, personas no corpóreas, brillaban ligeramente con la luz y se podía ver a través de ellos sin mucha dificultad a pesar de poder ver completamente los rostros y cuerpo de todos. Parecían tranquilos y felices, en paz, eso era lo que podía percibir la chica de aquel lugar.
—¿Harry?
Los ojos de Lynna se dirigieron de inmediato a la voz masculina que había murmurado aquel nombre. Apretó con fuerza la mano de Albus cuando vio frente a ellos a Sirius Black, completamente diferente al resto ya que su cuerpo parecía totalmente sólido, aun así, en su rostro se veía paz.
—¿Sirius? — Pregunto de vuelta el pelinegro parpadeando varias veces.
Tan impresionado como lo estaba Albus se encontraba ella, no creía posible que Sirius sería capaz de verlo cuando se suponía se encontraban en un recuerdo.
¿O no estamos en un recuerdo? Se pregunto horrorizada Lynna girando en busca del velo, pero no había nada a su espalda, solo el mismo amplio espacio con personas transitando. Oh…Por Merlín, estamos perdidos.
—Albus… Creo que estamos metidos en un lío — Lynna lo miro con los ojos completamente abiertos. — Sirius puede vernos…
—¿Quién eres tú? — La voz del hombre ahora se dirigió a ella. — ¿Albus? ¿Por qué le llamas a Harry…? — Pero las palabras del hombre se detuvieron — Tú no eres Harry… — Los ojos del hombre se entrecerraron observando al chico. Lynna pudo detallarlo ahora que estaba más cerca. Era un hombre bastante guapo, de oscuro cabello castaño, casi negro. Sus ojos eran de un intenso color gris que le produjeron una punzada de dolor al recordar que aún no habían encontrado a Scorpius.
—No, no soy Harry — Contesto el pelinegro sin prestar atención a las palabras de Lynna — Mi nombre es Albus y yo…Soy el hijo de Harry Potter. — Aquello lo había dicho tranquilamente. Su rostro denotaba que esperaba una reacción fuerte de parte del mayor, pero al contrario de lo esperado, el hombre soltó una sonora risotada.
—Ya. Hijo de Harry… — Sirius simulo limpiarse lágrimas de sus ojos mientras continuaba riendo. Albus alzo una ceja, Lynna le vio entonces girar a verla con rostro confundido.
No te cree, Albus, acaba de pasar el velo.
Los ojos verdes ojos de Albus se abrieron de par en par al darse cuenta que los labios de Lynna no se habían movido, pero había escuchado claramente las palabras de la chica resonando en su cabeza. Lynna rio suavemente y miro hacía el frente donde Sirius les observaba con curiosidad.
Pero la sensación de que el piso se movía bajo sus pies llego pronto. Abriendo los ojos como platos tomo la mano de Albus que también se había puesto alerta al notar aquel movimiento.
—¡Sirius! — Exclamo Albus y estiro su mano hasta sostener el brazo del mayor.
Lynna vio como el hombre se sobresaltaba, pero antes de que pudiera discutir sobre el por qué Albus lo sujetaba el suelo cedió bajo ellos y se sintieron caer en lo que parecía ser un profundo pozo. El aire golpeaba con fuerza el rostro de Lynna y su cabello volaba hacia arriba en medio de la caída, escuchaba como Sirius gritaba algo, pero no le entendía, un fuerte pitido no dejaba que lo escuchase. Se sentía haber perdido la visión pues todo frente a ella ahora era negro.
Con miedo latente apretó con más fuerza la mano de Albus hasta que finalmente choco, esta vez, con fuerza contra el suelo cayendo de espaldas.
Los alaridos de dolor de Albus y Sirius no se hicieron escuchar mezclándose con los suyos propios. Le costaba abrir los ojos ya que el fuerte dolor en su espalda no le permitía siquiera moverse un poco.
—¡Albus! ¡Lynna!
El corazón de la castaña se aceleró al escuchar las voces que los llamaban. Abrió los ojos rápidamente y se topó con una espesa cabellera roja que enmarcaba el rostro de una chica totalmente espantada.
—¡Oh, Merlín! ¡Son ustedes! — Rose se arrojó sobre Lynna llorando aliviada. La castaña se quejó al sentir nuevamente la punzada de dolor en su espalda. Finalmente, soltó la mano de Albus y devolvió el abrazo a su amiga la cual la ayudo a sentarse sobre el pasto.
Miro a su alrededor y sintió como si su cuerpo fuera cubierto de un bálsamo. Todo su cuerpo se relajó y una pequeña sonrisa se formó en su rostro. Estaban de nuevo en casa.
—¿Quién es este señor? — La pregunta de Scorpius hizo que los ojos de Lynna se abriesen y al girar su cabeza en dirección a donde estaba Albus vio como que chico se encontraba junto al cuerpo de…
—Es Sirius Black… — Su susurro fue apenas audible.
Tenían la primera pieza.