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Historia 192013 — capítulo 22

La luna llena brillaba en los más alto del cielo aquella noche iluminando las figuras de un gran grupo de personas en un campo abierto, todos cubiertos por pesadas túnicas negras que cubrían sus cabezas. Los presentes se miraban los unos a los otros con cierta incomodidad esperando que todo diera inicio mientras que el aire nocturno les llegaba de lleno a sus desnudos rostros, aquello era nuevo para algunos que ya habían pertenecido a un grupo similar, siempre habían tenido la opción de ocultar su identidad bajo el manto protector de una máscara, ahora, eso era imposible de hacer. Morgana le Fay había sido clara con respecto al tema *Si quieres servirme, hazlo con orgullo y mostrando tu rostro,*eso había dicho y matado a quien hubiera descubierto que ocultaba su identidad al llevar a cabo sus actividades.

—Es aquí — Informo un hombre de pálido rostro y largo cabello castaño oscuro que se encontraba al frente del grupo de personas vestidas de negro.

Morgana observo al hombre brindándole una sonrisa que produjo un escalofrío en todos los presentes. Aquella bruja exudaba poder, era una magia que a todos les producía miedo, la habían visto torturando a compañeros, la habían visto incluso realizar hechizos y maleficios totalmente desconocidos para ellos en una lengua que no entendían, les había dicho entonces que se trataba de magia antigua que no había sido utilizada hacía ya mucho tiempo.

—Bien. Retrocedan — Ordeno la bruja y todos los presentes dieron algunos pasos hacia atrás para darle su espacio. El césped bajo los pies de Morgana se tornó de un vibrante verde en un intenso color amarillo brillante. La bruja abrió sus brazos y echo su cabeza hacia atrás comenzando un cantito desconocido para todos. El color amarillo del césped paso a ser un naranja oscuro y todos miraban aquello estupefactos, era la primera vez que presenciaban algo como eso. La tierra comenzó a moverse bajo los pies de todos y retrocedieron aún más dejando más espacio entre donde se encontraba Morgana y ellos. — Mordred — Dijo con voz distorsionada Morgana. En aquel momento volvió con su cantito en aquel idioma que nadie podía entender. En aquel instante Morgana dirigió su varita hacia el hombre de cabello castaño oscuro que le había indicado el punto exacto — ¡Bás Dríaochta! ¡Íobairt Fola! — De la varita de la bruja salió un rayo de luz verde olivo que golpeo de lleno en el pecho a Acker, el seguidor de Morgana al que había dirigido el hechizo.

El hombre cayó de espaldas con los ojos abiertos de par en par, en aquel momento un fuerte viento se sintió y la tierra que antes se movía dio un fuerte y brusco movimiento abriéndose a la mitad el suelo del cual a través de aquella hendidura salió una figura fantasmagórica que se enterró en el cuerpo del fallecido Acker. Ante los ojos impresionados de los hombres y mujeres presentes, el rostro de Acker comenzó a moverse como si hubiera ingerido una poción multijugos, poco a poco, los rasgos físicos del hombre cambiaron por completo y su pálida piel se oscureció un tono, su cabello se volvió tan negro como aquella noche, su cuerpo se estiro y fue evidente aun al verlo tendido en el suelo, dando una fuerte exhalación los ojos de Acker se abrieron y ahora no eran el mismo color negro que todos habían visto en el hombre, ahora eran de un vibrante color azul cielo. Aquel hombre era sumamente guapo, pero al ponerse lentamente de pie y lanzar una mirada hacia los presentes todos lo supieron, aquel mago era igual o más poderoso que Morgana lo que lo hacía sumamente peligroso.

Mordred miro a todos a su alrededor con detenimiento y confusión mientras se ponía en pie ¿Dónde estaba? Era la pregunta que se hacía mentalmente. Hasta aquel instante se había visto en un lugar sumamente oscuro, donde no era capaz de ver ni sus propias manos así lo intentase. Ahora podía ver la luna llena en el cielo acompañada de pesadas y oscuras nubes que amenazaban con cubrirla y deshacerse de la única luz que alumbraba aquel campo abierto. Los azules ojos de Mordred buscaron a su alrededor hasta toparse con una hermosa figura conocida para él. Una sonrisa comenzó a formarse en sus labios y camino con elegancia hasta la mujer frente a él.

—Madre — Dijo con aquella voz profunda y decadente que no solo había escuchado en su cabeza los últimos… ¿Siglos? Realmente él no estaba seguro cuanto tiempo había pasado en la suprema oscuridad, lo último que podía recordar era haber intentado matar a Arthuro y ser atravesado de lado a lado por la espada Excalibur dándole muerte, o eso había creído, ahora se miraba frente a su madre, Morgana, quien estaba tan joven y hermosa como la recordaba.

—Estas aquí — Susurro Morgana acercándose a él y rodeándolo con sus brazos. El hombre respondió al gesto de inmediato sin importarle los presentes.

—¿Dónde estamos? — Pregunto con suavidad pronunciando lentamente palabra por palabra.

—Estamos en un tiempo más allá de los reinos. Donde la magia aun no domina a aquellos que no pueden practicarla. Seguimos siendo una paria para los humanos sin dones, nos escondemos, pero ahora ya no por miedo a ser asesinados en la hoguera, sino por culpa de un sistema que los protege a ellos, y no a los de nuestra especie. — Explico la bruja con calma mirando luego alrededor — Nos hemos reunido para acabar con eso, para que los no magos, ahora conocidos como muggles, se inclinen ante nosotros, nos muestren el respeto que merecemos al ser más poderosos que ellos — Extendió sus brazos con una amplia sonrisa — Estamos en el inicio de la era de los magos.

Mordred la observo con detenimiento captando en su madre sus palabras. En aquel momento, volvió a sentir la magia circular por su sangre y la sed de poder que había sentido en antaño. Respiro profundo y cerró los ojos. Estaba de vuelta y ahora no había un Arthuro que lo matase.

—Mi señora, ahora que su hijo ha vuelto… ¿Cuál es el siguiente paso a seguir? — Pregunto la nerviosa voz de una mujer. Los ojos tanto de Mordred como de Morgana se fijaron en ella. Morgana esbozo entonces una sonrisilla.

—Ahora, Señorita Abney. Comenzamos a jugar — Dijo con simpleza — Recluten a los niños, jóvenes y adultos, todo aquel que quiera pertenecer a mis filas será bien recibido siempre que en su sangre circule sangre mágica — Los ojos de Morgana chispearon a un color rojo sangre — Los infiltrados en los diversos ministerios, que actúen. Necesito el dominio total. Una semana — Saco de su túnica una varita que entrego a Mordred con tranquilidad mientras continuaba dando sus indicaciones — Tienen una semana antes de que me presente personalmente en el ministerio de magia británico — Miro por última vez a su gente antes de tomar el antebrazo de su hijo y desaparecer a su guarida.

˜

Lynna observaba todo a su alrededor con aprensión. Sabía que estaba soñando, recordaba haber recostado su cabeza en la cama junto a Rose en la Mansión Black donde le habían indicado que se quedaría a partir de aquel día. Aquel era un antiguo castillo que le recordaba mucho al interior de Hogwarts, pero sabía bien que no se trataba de su querido colegio, aquel lugar era lúgubre y frío a diferencia de Hogwarts el cual a su parecer era cálido y le daba una grata sensación de protección.

Tomando valor comenzó a caminar a través de un largo y oscuro pasillo que solo era alumbrado por las luces de algunas antorchas muy separadas las unas de las otras. La castaña se abrazó a si misma para reconfortarse, odiaba los lugares oscuros, y más que nada odiaba estar sola.

—¿Quién eres tú? — Escucho una profunda y decadente voz que le erizo cada vello de su nuca. Su corazón se paralizo al igual que su cuerpo quedando plantada en el sitio — ¿Quién eres? — Volvió a preguntar aquella voz.

Lynna que se encontraba aterrada en aquel instante giro sobre sus talones para enfrentarse al dueño de aquella voz. Un hombre que no parecía tener más de veinte años la miraba con curiosidad en sus azules ojos. El rostro del hombre era afilado y de rasgos elegantes, parecía un rostro esculpido en su totalidad pues era sumamente guapo.

—¿Quién eres? — Dijo la castaña de vuelta evitando responder a la pregunta que él formulaba, que era aquella misma. Las oscuras cejas del hombre se elevaron sin apartar su mirada de la suya.

—Lo he preguntado primero, me parece — Su acento era pesado, como si le costase hablar el idioma, pero algo le decía a Lynna que no era extranjero, aquel mismo acento pesado era el que escucho a Merlín hablan en el momento en el que había entrado al libro cuando salvo a Sirius. Aquello solo le produjo una fea sensación en la boca del estómago.

—Mi nombre es Lynna — Dijo con simpleza mientras daba un paso atrás ya que aquel hombre había avanzado dispuesto a acercarse a ella.

—Lynna — Murmuro su nombre entrecerrando sus ojos en ella — Mi nombre es Mordred.

Aquella declaración cayó como un fuerte golpe en el estómago de la castaña. No podía ser…Tenía que ser solo una pesadilla.

—Mordred — Repitió la castaña negando con la cabeza — El hijo de Morgana… Tú…Tú estás muerto — Una sonrisa se posó en los finos labios del hombre.

—Al parecer, me conoces. Y no, ya no estoy muerto. — En un parpadear ya no se encontraba a una considerable distancia, sino que estaba justo frente a su rostro mostrándole su aterrorizante altura a la chica. Lynna trago con fuerza, aquel hombre debía medir unos buenos dos metros, su cabeza tuvo que inclinarse hacia atrás para poder observarlo a la cara — Emrys… — Murmuro abriendo sus ojos como platos — Tú magia…Es la esencia de Emrys. — El corazón de Lynna latía desbocado, quería salir corriendo, pero sus piernas no reaccionaban. Las manos de Mordred se posicionaron en los brazos de la castaña y se inclinó ligeramente hasta que su rostro estuvo a solo unos centímetros del de la chica. — Eres…Hermosa — Dijo en un susurro que la asusto a niveles alarmantes. Sí las historias que habían pasado por su familia eran reales, tenía frente a ella a uno de los magos más poderosos y sanguinarios de la época de Camelot.

—¡Lynna! — Escucho un fuerte grito y reconoció de inmediato aquella voz.

—Albus… — Dijo para si misma e intento alejarse del cuerpo de Mordred, pero la sujetaba con más fuerza de la que creía por los hombros. Los ojos del hombre brillaron con maldad cuando alzo su cabeza hacia el pasillo desde el cual se había escuchado el grito. — No… — Murmuro Lynna pensando en lo peor, si ese mago veía a su amigo lo lastimaría, cada uno de sus sentidos se lo gritaba.

—Tenemos invitados… — Una sonrisa torcida se formó en los labios del ojiazul.

—¡No! — Exclamo la castaña llamando por completo la atención de Mordred que la miro sorprendido mientras que el cabello de la chica se tornaba blanco y sus ojos llameaban en un color gris casi blanco — No tocaras a Albus — Su voz era siseante y una oleada de magia expulsada de su cuerpo logro alejar el cuerpo del mago del suyo. La respiración de Lynna se agito y sus ojos no se despegaban de él quien sonrió y sus ojos brillaron con emoción.

—Es la magia de Merlín, definitivamente — Parpadeo con emoción antes de intentar volver a acercarse, pero la magia que rodeaba al cuerpo de Lynna se lo impidió haciendo que retrocediera. — Fascinante… No creí ver este tipo de magia en nadie más aparte de Merlín.

—¡Lynna! — Aquel grito ahora a sus espaldas hizo que la chica girase su cabeza encontrándose con el rostro preocupado de su amigo. Albus la miraba entre asustado y preocupado al verla de aquella forma.

—Estoy bien, vete de aquí — Insto la chica colocándose frente a él para protegerlo con su cuerpo si era necesario. Sentía un terror abrumador de que Mordred lo lastimase.

—Así que…Tal y como Merlín, tu debilidad es un insecto. — Los ojos azules de Mordred se posaron en Albus. — El estúpido de Merlín su vida entera protegio a Arthuro y finalmente, por seguir a su estúpido corazón termino sellado para toda la eternidad ¿No es gracioso? ¿Qué alguien como él este en un encierro eterno mientras que mi madre y yo estamos aquí? Hemos vuelto, y si sabes lo que te conviene, Emrys, vendrás al lado correcto antes de que la guerra te consuma — Lynna contuvo la respiración, pero se negó a demostrar el terror que sentía.

—Estoy del lado correcto, muchas gracias — Gruño ella antes de tomar la mano de Albus y concentrarse en un lugar lejos de allí. Pronto vio como todo a su alrededor se atenuaba y como giraba sobre si misma antes de que todo se detuviera. Miro alrededor comprobando que se encontraba en las afueras de Colchester, el único lugar en el que pudo pensar.

Albus soltó su mano y la miro con una intensidad que no había visto antes en aquellas orbes esmeralda. Su rostro era sumamente serio y su cuerpo parecía estar en tensión. La chica dio un paso al frente y alzo su mano para colocarla en la mejilla del chico, Albus inclino ligeramente su cabeza cerrando sus ojos para dejarse llevar por aquella suave caricia.

—Eres una terrible amiga — Susurro el pelinegro aun con sus ojos cerrados y dejando que la fría palma de la mano de la chica le acariciase — Pretendiste jugar con nuestras mentes ¿Creías que un obliviate solucionaría todo? — Los ojos de Lynna se abrieron con sorpresa y retiro de inmediato su mano haciendo que los parpados de Albus se abrieran dejando libre su sería mirada — No fue nada divertido, Lynna. Y no es justo que quieras dejarnos fuera de algo tan serio…

—No podemos hacer nada ¿Está bien? Solo quería evitarles el dolor de pensar en que momento pasado un año moriré — La garganta de la chica estaba completamente seca. — No quiero que se involucren, la razón de ser de mi familia siempre ha sido el de proteger, nuestro deber es acabar con Morgana. Mi deber y el de Calen, de nadie más. Odio que ustedes estén involucrados en esto, tú, Scorpius, Rose… Son demasiado valiosos para mí. — Los ojos ámbar de la chica se mezclaban con la mirada de Albus que no parecía inmutarse ante sus palabras, estaba furioso. Se sentía traicionado al saberse hechizado por la chica para olvidar algo tan importante.

Albus abrió la boca con la intensión de discutir, pero la escena alrededor de ellos giro y se sintieron siendo separados el uno del otro por una fuerte succión.

Lynna respiro con brusquedad cuando sus pies tocaron suelo nuevamente, se encontraba sola de nuevo, pero no solo eso, su ropa había sido modificada y llevaba puesto el conocido uniforme de Hogwarts con el escudo de Slytherin en su pecho. Totalmente confundida miro alrededor y se encontró en mitad de uno de los pasillos que llevaban hacia la enfermería ¿Qué demonios sucedía? Era lo que se preguntaba mientras comenzaba a avanzar a través del pasillo hacia la enfermería donde sus pies la guiaban. Abrió la puerta con cautela y asomo su cabeza encontrando a un pequeño grupo de personas reunidas en torno a una camilla. Su corazón latió velozmente, no conocía a ninguna de las personas en aquel grupo, pero al verlos allí reunidos tuvo la necesidad de acercarse.

Entro por completo y con paso nervioso se acercó a aquel grupo que consistía en un anciano de larga barba blanca, la enfermera del colegio Madame Pomfrey, un joven que le recordó mucho a Albus, pero sus rasgos eran ligeramente más fuertes y llevaba unas gafas cuadradas enmarcando unos preocupados ojos color avellana, al lado del chico similar a Albus había un hombre que sin duda parecía ser Orión, su enorme atractivo era indudable llevaba su uniforme descolocado, al igual que el chico que se parecía a Albus su cabello era negro al igual que el anterior, pero no se encontraba tan desordenado y sus ojos grises denotaban una impotencia abrumadora. Junto a ellos un chico alto de cabello color castaño, ojos ambarinos que le recordaban a los suyos propios y un rostro pálido y ligeramente demacrado también observaba a la persona en la camilla, el grupo era completado por una pelirroja que no podía detallar del todo ya que le daba la espalda y solo era capaz de ver su larga cabellera roja.

—Señorita Hitchens, acérquese — Pidió la voz del anciano clavando sus azules ojos en ella a través de los anteojos de media luna que llevaba. Lynna no entendía porque la llamaba de esa forma, pero su cuerpo parecía reaccionar a ello pues se acercó con cautela hacia el grupo. Todos la miraron y de un momento a otro se vio rodeada por los brazos del chico de ojos grises en un fuerte abrazo.

—¿Cómo está? — Pregunto ella escuchando su voz diferente, no era su tono de voz y lo sabía. Parpadeo ligeramente sorprendida.

—Mal, pero mejorara — Respondió el chico de cabello castaño mirándola con una forzada sonrisa — No pensamos que vendrías, Isla — Nuevamente, a pesar de escuchar un nombre extraño se sintió aludida y formo una sonrisa.

—Lo siento, Remus… Hice lo que pude — El abrazo del ojigris se suavizo y se alejó un poco de ella sonriéndole amablemente. Se sentía tan extraña al sentirse ajena a la situación, pero al mismo tiempo parecía conocerla por completo.

—Lo sabemos, Isla — Dijo con suavidad aquel chico de ojos grises. — Al menos has venido a verlo, contrario a lo que puedan pensar tus compañeros de casa.

—Sabes que realmente no me importa lo que ellos puedan pensar de mi — Camino hacia la camilla viendo allí a un chico regordete, con los ojos cerrados y rostro violáceo debido a posibles golpes — ¿Cómo sigue Peter? — Pregunto sin poder contener su boca. El anciano la miro por lo que solo fueron segundos, pero le pareció una eternidad. Finalmente, fue Madame Pomfrey quien contesto a su pregunta y no aquel anciano.

—Mejor, pronto esos moretones desaparecerán y podrá seguir con su vida normal. Los dejare solo un rato más, no pueden quedarse aquí por tanto tiempo. — La mujer los miro y luego se retiró.

—Bien, también los dejare solos — Informo aquel anciano. — Señorita Hitchens, luego me gustaría tener unas palabras con usted — Los ojos azules de aquel hombre brillaron ligeramente.

—Claro, Profesor Dumbledore — Dijo con suavidad haciendo una inclinación de cabeza. El hombre sonrió y salió de allí ondeando su excéntrica túnica color violeta.

—Isla ¿Te encuentras bien? Te ves un poco…Preocupada — La pelirroja se posiciono frente a ella. Su rostro era pálido y hermoso, sus facciones eran delicadas, pero lo que más llamo su atención fueron los vibrantes y conocidos ojos esmeralda, eran los ojos de su Albus. Entonces recordó algo importante ¡Albus Dumbledore! Giro sin poder contenerse hacía la salida de la enfermería por donde se había retirado el anciano… Imposible, no podía ser él.

—Sirius ¿Sabes que sucede con ella? Tú la conoces mejor — La pelirroja se dirigió directamente hacia el chico de ojos grises y al escuchar ese nombre sintió un fuerte mareo. No…No podía ser Sirius Black.

—No lo sé. ¿Isla? — Lynna miro por unos segundos al ojigris antes de soltar una suave risa y girar nuevamente a la pelirroja.

—Lily, estoy bien. Solo preocupada por lo que se avecina — La chica soltó un fuerte suspiro y la pelirroja de nombre Lily la miro con entendimiento.

—Isla…Sabes que puedes confiar en nosotros ¿Verdad? — Pregunto la pelirroja colocando las manos en sus hombros y mirándola fijamente a los ojos. De aquella forma Lynna no podía desconfiar de ella, le recordaba tanto a Albus que era perturbador.

—Lo sé. No se preocupen por mí, estaré bien. — Se libero de la chica y luego miro a Peter, el chico en la camilla — Mis compañeros de casa no volverán a tocarlos, a ninguno de ustedes — Clamo totalmente confiada en sus palabras y con voz gélida.

—No hables así, es espeluznante — Comento el chico de gafas cuadradas mirándola con el ceño ligeramente fruncida. Lynna rio divertida.

—James, tranquilo. Todo estará bien — Sin decir más giro sobre sus talones y salió de la enfermería. No podía dominar su cuerpo y era realmente una molestia.

Sus pasos la dirigieron hacia la oficina que debía ocupar McGonagall como directora, pero al saber a Albus Dumbledore vivo, sabía a quién se conseguiría tras aquella estatua. No tuvo que pronunciar la contraseña pues la entrada se mostró ante ella ni bien se posiciono enfrente de la misma. Respirando profundo subió las escaleras y al llegar a la gran puerta de madera toco suavemente escuchando un suave "Adelante" desde adentro, tomo la perilla y abrió la puerta encontrándose al anciano detrás de su escritorio escribiendo algo con tranquilidad.

—Ah, Señorita Hitchens. Pase y tome asiento, por favor. — Lynna camino y giro su cabeza encontrándose con un espejo, se paralizo al ver su reflejo, frente a ella ya no estaba la misma chica, su cabello ya no era caoba ni caía largo con ligeros rizos en las puntas, ahora era negro y totalmente liso, sus ojos ya no eran ámbar sino de un gris intenso, y su rostro en general era el de una persona completamente extraña a ella misma. — Señorita Hitchens ¿Se encuentra bien? — Pregunto con suavidad Dumbledore.

—Sí, esto bien — Contesto ligeramente conmocionada, pero finalmente se acercó al escritorio tomando asiento frente al anciano.

—Bien…Ambos sabemos porque está aquí — Lynna observo al director y en aquel momento sintió como nuevamente podía controlarse, como podía manejar sus gestos, palabras y movimientos.

—No, realmente no tengo ni idea — Su voz seguía siendo ajena, pero al menos podía decir lo que estaba pensando.

—El hecho de que usted está usando magia legendaria en el colegio, Señorita Hitchens. He notado que usted tiene algo…Interesante, a pesar de pertenecer a Slytherin, maneja muy bien sus relaciones con miembros de otras casas, en especial con Gryffindor… — Lynna alzo una ceja y sonrió de lado, no tenía la menor idea de lo que ese hombre hablaba.

—Bueno, imagino que no debe haber ninguna diferencia entre las casas — Contesto como simple respuesta, algo que realmente así pensaba, Rose era una Gryffindor y se llevaba de maravilla con la chica.

—Así es, pero es algo peculiar. — Dumbledore pareció atravesarla con su mirada — Su magia es…Diferente, percibo en usted un tipo de magia muy poderosa.

—Es de parte de los Black, supongo — Aquello salió de alguna parte de su cerebro y tuvo que comentarlo. — Todo está bien, Profesor. No he hecho ni hare nada malo. — Dumbledore la miro como si no confiara en sus palabras, pero finalmente suspiro.

—Espero, Señorita Hitchens que tome en esta guerra el bando correcto… Y que los hechizos que ha realizado en este colegio no sean para mal…

—Siempre tomare el bando correcto — Su voz sonó altanera sin que lo quisiera, pero no le importo — Con permiso — Dijo bruscamente antes de ponerse de pie y salir de aquella oficina que comenzaba a asfixiarla. Ni bien puso un pie fuera de allí choco de frente con un chico de ojos negros, fue lo único que le importo en aquel momento, pues en ellos encontró un brillo familiar.

—Isla ¿Todo está bien? Escuche como el egocéntrico de Black le preguntaba a Potter que querría hablar Dumbledore contigo y yo… — Lynna lo detallo mucho mejor, el chico era alto, de ojos negros y piel blanca, pero ligeramente más oscura que la suya propia, su cabello era castaño oscuro casi negro y caía en ligeros rizos sobre su rostro hasta un poco por debajo de sus orejas, enmarcando su rostro aristocrático, pudo ver entonces que llevaba su uniforme y el emblema de su casa, Slytherin.

—Estoy bien, solo tonterías — Dijo con suavidad. El chico entorno su mirada en ella como si pensase si debía o no creerle — Vamos, Thomas ¿Te comportaras de esa forma? Y, por cierto, no les digas de esa forma a Sirius, es mi familia — Los ojos de Lynna se entrecerraron como si buscase con ello reprender a aquel chico. — No busques que mi cariño por ti cambie al insultar a mi familia, Barnett — El castaño sonrió ladeadamente y paso entonces un brazo sobre los hombros de la chica. Se sentía realmente a gusto con él, como si fueran muy cercanos.

—Vamos a la sala común, nos están esperando — Comenzaron a caminar rumbo a las mazmorras.

—Me siento cansada — Comento tranquilamente mientras se apoyaba más en el chico.

—¿Estuviste practicando la magia con la que soñaste? — Su voz era tranquila.

—Sí…— Contesto con simpleza. Nuevamente perdía el control de si misma. — Thomas…Está guerra…Siento que no me queda mucho y que no podré luchar como es debido — Una punzada de dolor choco en el pecho de la chica y los pasos de ambos se detuvieron de golpe.

—No digas eso… No puedo perderte… — El castaño se colocó frente a ella mirándola con una mezcla de sentimientos. — No quiero perderte porque intentas proteger a tu tonto primo Sirius y sus amigos…. — El ceño de la chica se frunció ligeramente. — Ellos no te ven como tú a ellos, Isla… ¡Black ni siquiera es tu primo cercano! Son familiares muy, muy lejanos.

—Son mis amigos, sea como sea — Dijo con firmeza — Tengo que protegerlos — Desvió la mirada del chico — No me tientes Barnett…

—¿Dónde quedamos entonces los que intentamos protegerte? ¿Cassandra y Steph? ¿Dónde quedo yo si tú mueres por ellos? — La voz de Thomas se volvió acida a sus palabras. — Mírame cuando te hablo, Hitchens — Dijo con molestia tomando la barbilla de la chica y obligándola a verle a los ojos. Lynna entonces vio en la profundidad de aquellos ojos algo conocido, algo muy familiar, tanto que sintió un enorme cariño por ese chico.

—Thomas… — Comenzó a decir, pero el chico selló sus labios en un fiero y posesivo beso. Uno que transmitía una gran desesperación, la chica contesto el beso de la misma forma por mero instinto. Finalmente, y luego de que sus pulmones exigieran aire ambos se separaron y se observaron el uno al otro, y en aquel momento sintió como algo frío envolvía todo su cuerpo.

—Thomas… ¿No te sientes extraño? — Pregunto apenas en un murmullo. El chico la miro frunciendo el ceño.

—No, no me siento extraño.

Entonces la imagen del chico de rizos desapareció y fue sustituida por una imagen de si misma, de la verdadera Lynna. Se veía a si misma confundida, la expresión que debía tener en aquel momento.

—Isla — Dijo con suavidad la voz de la Lynna frente a ella.

—Lynna — Contesto sorprendida ya que se sabía ser ella misma ¡Estaba tan confundida!

—Esta fue tu vida antes de renacer como Lynna Emrys — Dijo con soltura la yo frente a ella dedicándole una mirada que llego a sus ojos ámbar — Tú conexión con Albus no es una casualidad, tampoco lo es que te lleves bien con Scorpius, y Rose, es algo que estaba destinado. Todas las personas vuelven a tu vida, si alguien fue importante para ti en tu vida pasada volverá a serlo en tu vida presente, es una ley mágica que pocos entienden. — Hablaba con tanta sabiduría que no podía creer que fuera ella quien hablara…O por lo menos, su cuerpo. — Has tenido muchas vidas, al igual que todos a tu alrededor, y siempre has tenido a tu alrededor a las mismas personas. Por algo, al nacer como Lynna Emrys has tenido que salir de tu lugar seguro, de la Residencia Emrys, era vital que encontraras a quienes forman parte de tu vida ahora… — Siguiendo el hilo de aquellas palabras, Lynna vio como todo a su alrededor cambiaba y esta vez se encontraba en el Callejo Diagon, junto a ella un chico bajo de contextura atlética y cabello corto y rojizo parecía entusiasmado hablando sobre algo, al girar a verla pudo ver sus ojos de un azul casi turquesa, entonces la imagen se perdió dando paso a una chica rubia de cabello liso que reía divertida frente a ella mientras bebía una taza de té, dio un rápido vistazo a su vestimenta captando una túnica bastante antigua, rápidamente aquella visión cambio a un chico alto de cabello negro y largo hasta los hombros. Y así seguían y seguían apareciendo en su mente imágenes que no lograba captar del todo, eran épocas diferentes, escenarios tan diferentes y personas que, aunque parecían desconocidas las sentía familiares. Todo se detuvo de golpe y se vio nuevamente en el pasillo de Hogwarts que daba a la enfermería. Estaba tan confundida y su cabeza dolía tanto que quería soltarse a llorar, pero no lo haría, tenía que entender toda esa situación.

—¿Por qué…? ¿Por qué tengo que saber todo esto? — Dijo con tono dolorido Lynna mirando a su yo reflejo que mantenía sus ojos sin expresión sobre ella. De un momento a otro, uno de los ojos ámbar de la Lynna frente a ella se tornó en verde agua viéndose sus ojos entonces tal y como se veían los de su padre. La chica parpadeo confundida.

—Mucho gusto, Lynna — La apariencia de la chica frente a ella se transformó en un mago de aproximadamente 35 años a lo mucho, alto, le sacaba una buena cantidad de centímetros pues tuvo que hacer su cabeza hacia atrás para poder verlo, sus ojos brillaban intensamente con aquel bicolor tan especial en los Emrys, su cabello era negro y su sonrisa le recordaba tanto a la de su padre que dolía — Mi nombre es Myrddin Emrys — Las oscuras cejas del hombre se alzaron en espera de la reacción de ella.

—¿No deberías ser un viejo de barba blanca? — Pregunto sin poder contenerse observando a aquel hombre frente a ella. La risa del mago no se hizo esperar. Lynna parpadeo confundida.

—No, la apariencia es fácil de manejar para alguien experto, esta es mi apariencia real, pero puedo tomar aquella que desee. La de un mago anciano era necesaria en la época en que viví ¿Quién tomaría en serio a un anciano decrepito incluso aunque tuviera magia? Era fácil hacer que me subestimaran — Explico tranquilamente luego de calmar su risa. Sus ojos brillaron hacia la chica — Eres, sinceramente, la viva imagen de Viviana… Pero…

—Tengo los ojos ámbar, es un rasgo Emrys, según papá yo tome una parte, y Calen otra, por eso cada uno tiene el color de uno de los ojos Emrys — Señalo a los ojos de Merlín que inmediatamente puso ambos ojos color ámbar.

—En realidad, mis ojos son bicolor, pero siempre me gustó más el ámbar y era el que usualmente llevaba — El poderoso mago se acercó a la chica con aire solemne — Estoy muy feliz, de que finalmente el momento en que alguien de mi descendencia no me odie, ya era tiempo para que el conjuro que realice antes de ser sellado surtiera efecto, pero este es el momento correcto. — Lynna respiro profundo sintiéndose incomoda con todo aquello. — Tú, y Albus son piezas fundamentales en la guerra que se avecina, incluso luego de mi liberación ustedes son armas importantes para que Morgana sea derrotada — Merlín sonrío. — Debes ver todo esto porque quiero que entiendas el poder que tienes, la extensión de lo que realmente eres, al igual que tus amigos… Sus poderes combinados y la conexión tan poderosa que poseen es esencial para que todo termine…

—Yo no tengo mucho tiempo, solo un año me resta… — Comenzó a decir a lo que Merlín soltó un cansado suspiro.

—Por desgracia, la magia que se utiliza para traer a alguien de vuelta de entre los muertos amerita un sacrificio. El hecho de que Albus regresara del otro lado con un alma fue algo que los guardianes no podían dejar impunes, pero hay alguien que entregara una vida por la tuya… — Los ojos de Lynna se encendieron y sintió un fuego crecer dentro de ella.

—No permitiré que ninguno de mis amigos mate por mi causa… — Negó con la cabeza, no lo permitiría.

—No puedes controlar todo lo que sucede, Lynna. La guerra será cruel y muchas cosas pasaran en el transcurso. Dense prisa, la tercera pieza es, para efecto de que la encuentre con mayor prisa, un familiar muggle del joven Potter. La pista es, que de corazón puro debe ser, en la magia debe creer y en sus ojos encontraran a aquel que desea el bien.

Concluidas aquellas palabras una pesada neblina comenzó a invadir la visión de la chica. Sintió un fuerte tirón desde el centro de su cuerpo y abrió los ojos.

—¿¡Qué pasa!? — Exclamo una voz asustada a su lado. Lynna enfoco su mirada sintiendo su respiración agitada. Rose la observaba notablemente asustada.

—Yo…Tuve un sueño extraño, solo eso… — Contesto con sus ojos totalmente abiertos al encontrar a su amiga junto a ella. Luego del susto, los ojos de Rose reflejaron una furia tan cruda que minimizaron a la castaña que intento retroceder dejando un prudente espacio entre ella y su amiga.

—¡Lynna Emrys! ¡Hurgaste en mi cabeza y modificaste mi memoria! ¿¡Quién demonios te dio permiso de hacer eso!? — Grito totalmente furiosa. Casi como una invocación, la puerta se abrió dejando entrar a un furibundo Scorpius que llevaba un pijama de seda negra.

—¡Lynna! — Grito también enojado.

La castaña estaba totalmente sorprendida ¿Cómo era posible que su hechizo desmemorizante fuera tan poco efectivo? Ella no era experta en esa clase de hechizos, pero no creyó ser tan mala.

—¿Cómo…? — Pregunto intentando encontrar una respuesta. Rose mantenía sobre ella su mirada furiosa.

—¡Lo vi! Te vi en mi sueño borrando mi memoria y que fue exactamente lo que borraste ¡No puedo creerlo! Lynna ¡Somos amigas! No puedes, en definitiva, ir por allí borrando mi memoria cada vez que yo me entere de algo en lo que no quieres que interfiera ¡No tienes derecho! — Siguió vociferando, su mirada entonces se suavizo mientras negaba con la cabeza — No puedes negarnos el derecho de saber que sucederá contigo, eres nuestra amiga… Te queremos demasiado como para dejar que tu vida se extinga por un error cometido por Albus y por mi…

—No quiero que se sientan culpables, no es su culpa — La detuvo la castaña tomando valor y sujetando las manos de su pelirroja amiga — Esta bien… Discúlpenme… Ambos — Dijo pasando sus ojos a su rubio amigo que se mantenía en la puerta con sus brazos cruzados sobre su pecho y mirándola con enojo.

—¿Conmigo no piensas disculparte? — Bufo una voz detrás del rubio, este se movió entonces para darle paso a Albus que la miraba con su ceño fruncido.

—Chicos… — Comenzó diciendo Lynna, pero su voz se quebró cuando Rose la envolvió en sus brazos.

—Hemos estado contigo, siempre. — Susurro Rose sabedora de la misma información que la castaña había descubierto en su retorcido sueño — Tantas vidas hemos compartido, esta es solo una más, y no te desharás de nosotros así de fácil…

—¿Lo saben? — Lynna se sorprendió ante las palabras de la chica mirándola con sus ojos totalmente abiertos.

—Es raro, pero sí — Contesto Scorpius sonriendo ampliamente — Fue como un recorrido totalmente extraño y doloroso, desperté con un punzante dolor de cabeza… — Negó con la cabeza antes de soltar un suspiro. — Recuerdo cada uno de los nombres que porté, donde viví… Y…La magia que podía dominar, hay hechizos en mi cabeza en lenguas que realmente no conozco, pero que ahora puedo comprender — Intento explicar, pero parecía que ni él mismo se entendía.

—Me pasa igual — Intervino Rose sonriendo — Me vi en tantos lugares y con tantos nombres… Y en cada una de las escenas, y aunque tuvieran apariencias tan diferentes podía reconocerlos…A todos. — Dijo con suavidad mirando de Scorpius a Albus y de allí a Lynna — Como bien dijo Merlín… Estamos destinados a estar juntos — Rose tomo la mano de su castaña amiga con firmeza — Eso quiere decir, que, aunque quieran, no pueden dejarme de lado en su lucha ¿Si lo entienden? — Pregunto más que nada mirando hacia el rubio que ya no parecía renuente a dejarla participar más activamente en lo que tenían pensado.

—¿Cómo es que podían reconocer a alguno? Yo no… — Lynna negó con la cabeza — No era capaz de reconocer nada…

—¿Quién sabe? — Se encogió de hombros Albus acercándose a la cama y sentándose a los pies de su prima. — Lo que sé, es que tenemos que formular un plan…

—Mordred ha resucitado — Informo Lynna con voz lúgubre — No tenemos mucho tiempo antes de que Morgana se haga de todo el poder y comience a cazar a todo aquel que no esté de acuerdo con ella.

—Bien ¿Alguna idea de donde podemos comenzar? — Pregunto Scorpius sentándose a los pies de la castaña. — Escuchemos ideas…

—La tercera pieza es un muggle, familiar de Albus… — Dijo con simpleza Lynna mirando hacia el pelinegro que de inmediato frunció el ceño.

—¿Un muggle que es de mi familia? — El chico de ojos esmeralda se quedó momentáneamente en silencio, sopesando aquella información.

—Albus…La familia del tío Harry… — Pensó rápidamente Rose mirándolo con insistencia.

—¿Los Dursley? — Pregunto sorprendido — Bueno…Solo están el primo de mi padre Dudley y sus hijos…Christopher y Devon Dursley, no los conozco en persona, pero mi padre una vez al año recibe una carta de su primo en navidad para desearle felices fiestas, solo recibió en dos ocasiones dos cartas, el día que nació Christopher y cuando nació Devon — Informo el joven Potter analizando todo. — Christopher si mis cálculos no me fallan debe tener unos 20 años… Devon aproximadamente 17 años…. Pero ahora, se nos presentan dos grandes problemas — Dijo soltando un suspiro.

—Saber cuál de los dos es la pieza, y más importante. Lograr hacer que cooperen — Continuo Rose entendiendo el inconveniente.

—Sí no cooperan, siempre podemos utilizar un Imperius — Dijo con soltura Scorpius encogiéndose de hombros incluso al recibir la mirada amenazante de Rose — ¿Qué? No me mires así, pelirroja, si necesitamos hacerlo, lo haremos…Sí la situación lo amerita no podemos echarnos hacia atrás. — El rubio sonrió de lado cuando vio a la chica soltar un suspiro.

—Bien…Mañana, Albus. Visitaremos a tu familia — Concluyo sonriente Lynna.

—No pienses ni por un momento que ya no estamos enojados contigo — Dijo Albus mirando a la chica que borro de inmediato su sonrisa al notar como él estaba totalmente serio.

—Albus… — Comenzó a decir, pero fue cortada por el chico.

—No, no tienes que decir nada. También pensaremos luego en algo para salvarte… — El pelinegro se puso de pie y soltó un largo suspiro. — Sera mejor que regresemos a la cama, no queremos levantar sospechas.

—¿Sospechas sobre qué exactamente? — Todos giraron hasta toparse con un sonriente James que los miraba como si los hubiera atrapado a punto de hacer una travesura — Si quieren jugar… Tendrán que invitarme.

Los cuatro menores se miraron entre ellos y soltaron largos suspiros. Tarde o temprano, tendrían que contarle a James lo que sucedía, al final de cuentas, él era también un elegido y su presencia al momento de la liberación de Merlín sería necesaria, o eso creían.

—James… — Comenzó diciendo su hermano menor mirándole con aprensión.

—Comiencen por explicarme, porque nadie me dijo nada de ser un elegido de Merlín, y que Albus es el otro. Es un buen punto de partida — El mayor entro en la habitación y cerró la puerta sacando su varita y pronunciando hechizos para que nada se escuchara fuera de las paredes de aquella habitación. Necesitaba respuestas, y las obtendría en ese mismo momento.