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Historia 192013 — capítulo 26
La mañana llego más pronto de lo que hubiera querido un cierto pelinegro que se removió entre las cálidas mantas de aquella inmensa cama. Con suma lentitud abrió los ojos adaptándose a la luz que entraba a través del ventanal de una habitación que no era la suya. Recordó entonces de golpe lo sucedido la noche anterior; el dolor de cabeza por una lectura tan larga y que no les llevo a nada, y sobre todo, recordó el descubrimiento de algo que creyó un imposible: Era aquel elegido para Lynna. No solo era quien tenía junto con su hermano la tarea de traer de vuelta a Merlín, sino que también era el elegido para la primera chica en aquella misteriosa familia de magos.
Soltó un pesado suspiro y se sentó mirando a su alrededor el sobrio decorado de su habitación mientras se tallaba los ojos. Su negro cabello estaba desordenado y se le notaba ojeroso, eso debido a la pobre noche de sueño que había tenido. Giro su cabeza hacía una pequeña mesa de luz a su izquierda donde se topó con un reloj de mesa que marcaba las 9 de la mañana. Desperezándose por completo se puso en pie y entro en el cuarto de baño de la habitación, el lugar era amplio con pisos de mármol blanco que se sentía frío bajo sus pies descalzos, se miró al espejo y se sintió extraño. Tenía solo unos escasos dieciséis años y sentía que su reflejo le devolvía la mirada de un adulto, sus ojos antes verdes brillantes ahora sentía que se habían vuelto opacos.
No se detuvo a pensar mucho en eso y descarto de su mente los pensamientos típicos de "¿Se sentiría mi padre así a mi edad?" Se dio una rápida ducha y se envolvió una toalla a la cadera, camino hacia la habitación y en el sillón junto a la chimenea se encontró con una túnica azul cobalto, no lo pensó mucho y se vistió con aquellas prendas simplemente pasando una mano por su cabello húmedo sin tomarse la molestia de peinarlo.
Salió de su habitación y entro en la puerta contigua donde debía estar durmiendo aun su rubio amigo, pero al entrar solo se encontró con una estancia vacía, lo mismo sucedió con la habitación de Rose, se dio por vencido y comenzó a caminar a través del largo y frío pasillo hasta llegar a las escaleras principales, no buscaría a Lynna, simplemente no quería verla aún no estaba preparado para estar a solas con ella y hablar sobre el tema de su descubierto "vinculo". Por desgracia, al llegar a la escalera se dio cuenta que no tenía idea a donde debía ir, dónde podrían estar el resto de los chicos.
—Seren — Llamo suavemente algo incomodo de tener que llamar a la elfina que la noche anterior le había servido llevando a su habitación un pijama y algunas cosas para su aseo.
La elfina apareció con un plop frente a él. Sonrió a la pequeña criatura que contraria a Serk, había dejado de lado su molestia con respecto a ellos. En realidad, parecía que solo Serk estuviera enojado con ellos.
—Señor Albus Potter ¿Qué necesita? — La aguda voz de Seren se hizo escuchar, sus saltones ojos fijos en él y sus orejas alzadas orgullosamente.
—¿Dónde están los demás? Fui a la habitación de Scorpius y de Rose, no estaban allí — Frunció el ceño pensando que no era tan tarde. Solo eran las nueve de la mañana, y conociendo a su amigo, Scorpius aun debería estar durmiendo, pero no lo estaba.
—Los señores Malfoy y James Potter se encuentran en el comedor junto a la señorita Weasley — Anuncio haciendo una pequeña reverencia — Siga a Seren, Seren lo llevará.
Asintiendo con la cabeza Albus siguió a la elfina escaleras abajo ante la atenta mirada de las personas en los retratos, había ancianos y también algunos tantos que se notaban jóvenes. Pasaron a través de una puerta de madera que daba a una amplia sala de estar con sofás, una gran chimenea y un gran estante de libros. Sinceramente no entendía porque en esa casa había tantos, ahora cobraba sentido el cómo es que una pila tan grande de libros había terminado en la biblioteca, tenían tantos que probablemente más de cien tomos hablasen sobre el mismo tema.
Atravesaron otra puerta y está daba a un comedor de un tamaño considerable, le recordaba bastante al de la Mansión Malfoy. Un candelabro negro colgaba del techo con cristales en forma de gota y múltiples velas encendidas iluminando la gran mesa de madera oscura. James, Rose y Scorpius tomaban comida de diversos platos repartidos en ella. Sin dudarlo, Albus se acercó a ellos, no sin antes agradecer por lo bajo a Seren quien de inmediato desapareció dejándolos solos.
—¡Ya era hora! — Exclamo Scorpius mirándolo sonriente. El rubio se notaba radiante, llevaba una túnica negra y el cabello, a diferencia del suyo, estaba pulcramente peinado, pero con unos cuantos mechones rebeldes que caía sobre su rostro haciéndole un marco a sus ojos grises que aquel día parecían echar chispas por alguna razón desconocida para el pelinegro. Albus alzo una ceja ante aquello.
—¿Por qué tan eufórico, Malfoy? — Pregunto algo divertido el ojiverde tomando asiento junto a su hermano antes de echar un vistazo a los platillos que iban desde cereales, hasta comida mucho más pesada. Decidió entonces tomar unos waffles con un poco de jarabe y un zumo de naranja.
—Solo cosas ¿No puedo simplemente amanecer de buen ánimo? — Scorpius alzo una ceja y Albus imito su gesto, pero no se tragó ni un poco eso de que simplemente había amanecido de buen humor. Su mirada viajo hacia su prima y allí, reflejado en su rostro tuvo la respuesta.
Rose estaba hermosa aquella mañana, su rojo cabello rizado estaba atado en una trenza descuidada y llevaba una túnica gris claro. Tenía también un permanente tono rojizo en sus mejillas que hacía juego con su cabello. Una pequeña sonrisa asomaba en la comisura de sus labios mientras jugueteaba con la comida en su plato. Entrecerrando los ojos en ella, Albus sonrió divertido.
—Como digas… Ya luego me enterare — Encogiéndose de hombros miro hacia su hermano quien comía tranquilamente un gran plato de cereales. Al igual que como lo estaba él mismo, vio a James ojeroso y poco descansado, se veía ligeramente pálido y sus gafas estaban un poco desencajadas en el puente de su nariz, pero el chico prefirió no hacer referencia a ello, no era momento. Comenzó a comer sus waffles cuando cayó en cuenta de la ausencia de dos personas a la mesa. — ¿Dónde están Halia y Lynna?
—Se despertaron muy temprano y ambas fueron a el salón de duelos — Contesto James sin prestarle mucha atención, parecía totalmente sumido en sus pensamientos.
—¿Salón de duelos? — Albus pareció sorprendido. ¿Había allí un salón especial para duelos? Vaya que esa familia pensaba en todo…
—Lia pensó que lo mejor sería entrenarlos…Ustedes están pensando en luchar en esta batalla y solo son unos chiquillos de 16 años, no tienen la capacidad de enfrentarse a lo que les espera. Emrys y Lia pudieron averiguar que aquí no sirve el detector debido a los poderosos hechizos de protección y ocultamiento que posee la residencia por lo que tanto tú, como Rose y Malfoy podrán también entrenar. — Informo mirándolo por fin. En los ojos de su hermano, Albus pudo ver una cruda emoción: Miedo. James Sirius Potter tenía miedo de lo que pudiese pasar. A su familia, a sus amigos e incluso a él mismo.
—¡Sí! Shafiq dijo que nos esperaría allí luego del desayuno — Anuncio un aun sonriente Scorpius totalmente ajeno a todo lo demás.
—Bien, démonos prisa y comamos para poder ir con ellas — Albus sonrió forzadamente y se dispuso a continuar su comida.
El silencio se apodero del comedor mientras todos terminaban de comer cada uno de ellos metido en sus propios pensamientos. Una vez finalizado el desayuno los platos desaparecieron de la mesa y como si hubiera sido llamado Serk apareció ante ellos con el mismo rostro molesto con el que los recibiera y mirase la noche anterior.
—Sigan a Serk, los llevara con el ama Lynna — Su voz fue como un gruñido y Albus no pudo evitar mirar divertido en dirección a James que también sonreía en aquel instante. Serk les recordaba muchísimo a Kreacher que hasta antes de la milagrosa "resurrección" de Sirius había pertenecido a su padre, habían tenido que aguantar tanto las malas formas del elfo que Serk era algo sumamente normal para ambos.
Todos se pusieron de pie y siguieron al elfo curioseando alrededor, la residencia era enorme y con decorados de lo que parecían ser distintas épocas, perdurando más un decorado más medieval. Llegaron finalmente a una puerta doble. Serk abrió y se hizo a un lado para darles espacio para entrar.
El salón de duelos era gigantesco a comparación con el resto de las salas que habían visto anteriormente. Iluminada con un techo encantado similar al que había en el Gran Comedor en Hogwarts este mostraba un despejado cielo soleado. Una enorme alfombra verde oscuro se encontraba extendida en el suelo de aquella sala y en el centro de la misma el emblema de Merlín, en las paredes de piedra se encontraban colgadas toda clase de armas medievales como espadas y garrotes, así como también escudos y varitas que en lo alto de cada una había un nombre, el nombre de los antiguos dueños de las varitas.
Albus fijo entonces la mirada en las chicas que en el centro de la habitación se batían en un duelo que no parecía para nada de práctica. Lynna tenía el cabello suelto y caía sobre su rostro sudoroso, un hilillo de sangre resbalaba por su labio, pero se mantenía con una pequeña sonrisa ladeada con varita en mano apuntando a Halia, su túnica color vinotinto estaba ligeramente desgarrada en algunas partes. La ex—Ravenclaw por su parte sangraba de su costado derecho, aunque no parecía nada grave pues, aunque marchaba su túnica azul celeste no parecía estar muy afectada por ello, su cabello que se encontraba sujeto en una apretada coleta alta estaba totalmente lleno de polvo que no tenían idea de donde había salido ya que el salón parecía estar pulcro, al igual que Lynna, la castaña de ojos zafiro mantenía su varita en alto con mirada desafiante.
Los recién llegados se quedaron de piedra ante el estado de ambas chicas, y ellas no parecían haberse dado cuenta de su llegada pues luego de un momento de estudiarse la una a la otra los hechizos volvieron a volar de un lado a otro obligándolos a pegarse a la pared.
—Protego — Conjuro tranquilamente James para proteger tanto a los chicos como a él mismo sin dejar de observar la lucha en silencio.
Tanto Halia como Lynna no pronunciaban palabra alguna, pero sus varitas expulsaban los hechizos y maleficios sin piedad que eran repelidos por la otra. Destellos azules, violetas y amarillos iban de un lado a otro.
—¡Pelea en serio! — Grito con tono molesto Lynna lanzando de su varita un rayo de color turquesa que golpeo con fuerza a Halia en la mitad del pecho haciendo que esta saliera expulsada hacía atrás, rápidamente la chica se compuso.
—¡Aresto Momentum! — Exclamo Halia antes de golpear con violencia la pared. Cayo de pie al suelo y miro con ojos salvajes a su oponente. — ¿Quieres luchar rudo? — Una sonrisa de lado se posó en sus labios y Albus dio un paso atrás, estaban fuera de sí ¿Habían luchado así hasta el momento?
Una ráfaga de hechizos salió de la varita de Halia. Lynna pudo evitar algunos, pero uno la toco sin poder evitarlo haciendo que está cayese al suelo con un grito ahogado.
—¡Lynna! — El grito de Rose se hizo escuchar a través de la sala y de inmediato la castaña mayor giro sus ojos zafiro hacia la esquina del salón donde ellos se encontraban. La pelirroja corrió a toda velocidad hacía su amiga arrodillándose a su lado y colocando su cabeza en sus rodillas — Lynna ¿Estás bien? — La voz de la chica era entrecortada y asustada mientras con el puño de su túnica limpiaba la sangre que brotaba del labio de su amiga.
—Estoy bien — Soltó la chica con los ojos cerrados y una mueca de dolor en el rostro — No te preocupes — Finalmente abrió uno de sus ojos y sonrió a su amiga.
—¿¡Están acaso dementes!? ¡Parecía que lucharan a muerte! — Rose se había puesto tan roja como su cabello luego de notar que, aunque estuviera lastimada, su amiga estaba bien. Miro entonces de Halia a Lynna con enojo llameando en sus ojos. — ¡Pudieron lastimarse gravemente!
—Los mortifagos no pelean dulcemente, Rose — Dijo con voz de ultratumba Halia observando a la chica mientras sostenía su costado. Había recibido por parte de la menor un hechizo desconocido y había producido aquel corte que, aunque no sangrase profusamente ardía como el demonio. — Este entrenamiento no es como los que le pueden brindar en Hogwarts, no es un tonto y sencillo club de duelos. Tienen que aprender que en una batalla es matar o morir, así de simple — Enderezándose a pesar de que el ardor le molestase Halia la miro desde su altura. — Sí quieres luchar, primero grábate eso en la cabeza. Lynna lo sabe y por eso luchamos como lo hicimos — Soltando un suspiro apunto su varita hacía la castaña de ojos ámbar y con un silencioso hechizo curo las heridas que sabía producían los hechizos que había arrojado sobre ella, solo quedaría un poco confusa y débil debido a la pelea.
Lynna soltó un suspiro de alivio y pudo abrir por completo sus ojos fijándolos en los de Rose que seguía mirándola afectada.
—¿Te encuentras bien? — James llego junto a Halia sosteniéndola con delicadeza de la cintura y llevando su mano al costado sangrante llenándose de inmediato la mano con la sangre de su amiga lo que le produjo fruncir el ceño con molestia.
—Estoy bien, ella es mejor de lo que pensé para tener dieciséis — Burlo Halia mirando a Lynna que ahora se sentaba en el suelo siendo rodeada de Albus, Scorpius y Rose.
—Permíteme — Pronuncio la chica de ojos ámbar apuntando su varita hacía Halia. La mayor contuvo un grito de dolor cuando sintió como su herida escocía, pero segundos después el dolor ceso y solo quedo una ligera molestia. Afortunadamente James la sujetaba pues si no hubiera caído de rodillas al suelo.
—¿Qué fue ese maleficio que usaste? — James clavo su mirada en la chica Emrys que en aquel instante se ponía de pie con la ayuda de Scorpius y Rose.
—Uno antiguo, tengo habilidades con encantamientos, hechizos y maleficios antiguos por mi familia. Puedo enseñarles — Sonrió ampliamente al mayor de los Potter el cual soltó un profundo suspiro girando nuevamente sus ojos a Halia y revisando que se encontrase bien.
—Bien ¿Por qué no iniciamos entonces? Luego de este despliegue de magia creo que lo mejor será iniciar en los demás con algo sencillo… Ya saben conjurar un patronus ¿No? — Los menores asintieron a las palabras de James que luego de comprobar el estado de la castaña y que esta pudiera sostenerse de pie por si misma miro a los jóvenes frente a él — Bien, les enseñaremos el hechizo que al combinarlo con el patronus podrán usarlo para comunicarse. Lo pueden necesitar.
Con la seriedad de un profesor James se posiciono delante de los menores con Halia flanqueándolo. Inicio entonces dando la instrucción de la convocación de su patronus haciendo él mismo la demostración. De la varita de James un león fue expulsado y el mismo dio una vuelta alrededor de los presentes antes de ponerse junto a James y con un movimiento de la varita del mayor desapareció. Halia sonriendo hizo la misma demostración y esta vez un delfín fue expulsado de la varita, está a diferencia del león que recorrió a todos los presentes se mantuvo fijo junto a la castaña de ojos zafiro antes de desaparecer.
—Su turno — Indico Halia con voz suave.
—¡Expecto Patronum! — Convoco Albus pensando con fuerza en su recuerdo más feliz. De su varita salió un hermoso fénix que voló por lo alto del Salón de duelos.
—¡Es un fénix! — Exclamo Lynna sorprendida. No había visto anteriormente el patronus de sus amigos.
Rose y Scorpius imitaron a su amigo convocando sus propios patronus. Estos era una gacela y una pantera respectivamente. Lynna no se quedó atrás y pronto convoco su propio patronus, no se sorprendió de ver la conocida forma de Julius, por lo que sí, su patronus era un dragón blanco islandés.
—¡Es un dragón! — Exclamaron al unisonó Scorpius, Rose y Albus mirando sorprendidos a la criatura que parecía reducida, a diferencia del verdadero Julius, apenas una cría de dragón pues no alcanzaba los dos metros.
—Esa cosa se me acerca y huiría antes de que me deje el mensaje — Bromeo el rubio echándose a reír. Rose y Lynna acompañaron su risa.
—Bien, suficiente. Aprenderán ahora la manera de usarlos como mensajeros — James suspiro y tras convocar nuevamente a su león susurro unas palabras al animal que se alzó un poco en el aire y abrió sus fauces dejando salir el mensaje:
"Simple hechizo nuntius patronum, lo dicen justo al invocar su patronus y posteriormente dicen su mensaje y a quien o quienes irá dirigido"
—¿Nuntius Patronum? — Rose frunció el ceño apretando ligeramente su varita en su mano.
—¿Qué? ¿No lo habías escuchado antes? — Jugo Scorpius mirándola — ¡Te lo he dicho! No todo está en los libros, pelirroja. — El rubio que de alguna forma había terminado junto a Rose paso su brazo alrededor de los hombros de la chica.
—¡Oh, cállate Scorpius! — La chica lo miro con falsa molestia quitándose de encima el brazo del chico antes de comenzar a practicar el hechizo. Albus, Scorpius y Lynna siguieron su ejemplo.
Dos horas más tardes Rose había logrado dominar el hechizo y posteriormente, casi al mismo tiempo, Lynna y Albus, dejando a un rezagado Scorpius que luego de unos cuantos minutos más finalmente había logrado que su pantera pudiera transmitir un mensaje.
Posterior a eso entrenaron con hechizos de desarme básicos y de protección. James y Halia eran increíblemente buenos para ello, Lynna no se quedaba atrás y Albus había logrado ponerse a la altura. Rose era algo lenta en sus reacciones en un inicio, pero iba poco a poco tomando mayor confianza en si misma y mejorando. Scorpius por su parte sentía que, aunque no era tan bueno como Albus y Lynna, sus habilidades no estaban nada mal.
Tiempo después todos se encontraban tendidos en el suelo del salón de duelos. Sus frentes perladas con sudor y sus pechos subiendo y bajando debido al cansancio del arduo entrenamiento. Tomaron un pequeño descanso allí antes de dirigirse nuevamente a sus habitaciones, siendo claro guiados por Lynna, se dieron una merecida ducha antes de reunirse en el comedor nuevamente para el almuerzo.
—Tenemos que continuar este entrenamiento… — James hablo luego de tragar un trozo de filete — Deben estar preparados.
—Estoy de acuerdo, es necesario que tengamos habilidades en duelo — Rose soltó un profundo suspiro. — Matar o morir… — Murmuro con pesar. No le agradaba la idea del asesinato, pero estaba segura que si alguno de los seguidores de Morgana intentase lastimar a sus seres querido no lo dudaría, los mataría.
—Vamos a tener clases intensivas, pero tenemos que distribuir bien nuestro tiempo — Halia sonrió a los menores. — No podemos olvidarnos del porqué vinimos aquí en primer lugar.
En lo que quedaba de la comida solo se escuchaban el tintinear de los cubiertos en los platos hasta que aquel silencio fue interrumpido por la llegada de un furibundo Serk que miraba con molestia a todos los presentes.
—Ama Lynna — Gruño haciendo una inclinación a la castaña que lo miro extrañada por la repentina interrupción.
—¿Qué sucede? — La chica de ojos ámbar lo observaba curiosa. El resto de los chicos también habían dejado de lado sus platos para prestar atención a la conversación.
—Hay un grupo de jóvenes fuera de las barreras — En las manos del elfo apareció un espejo que alzo sobre su cabeza para que su ama pudiera visualizar en el a los "intrusos". Lynna miro con detenimiento el espejo, por un instante solo se vio un humo negro dando vueltas, pero luego de un segundo ese humo fue tomando forma hasta que se pudieron visualizar las figuras de tres jóvenes fuera de la barrera, parecían estar hablando, pero por ese medio era imposible poder escucharlos.
—¡Son Fred II, Lorcan y Orión! — Exclamo James sorprendido — ¿Cómo demonios supieron que estábamos aquí? — La mirada del pelinegro fue a dar a Halia quien se encogió de hombros, ella no había informado sobre su paradero.
—Ve por ellos Serk, comprueba que no estén bajo ningún hechizo o sean personas utilizando poción multijugos o algún hechizo de transfiguración. Sí compruebas que realmente son ellos déjalos entrar y tráelos hasta aquí. — La castaña lo miro con seriedad. El elfo abrió los ojos cuán grandes eran antes de comenzar a murmurar acerca de gente extraña en la ancestral casa Emrys, lo molesto que estarían sus antiguos amos y cosas de esa índole. Lynna prefirió ignorarlo y continuar con su comida.
Las voces de Halia y James se escuchaban entre murmullos, estaban sorprendidos de ver allí a sus amigos; Fred y Lorcan, se preguntaban el por qué Frank y Lyssander no los acompañaban, pero ya luego se enterarían.
Solo unos minutos después a través de las grandes puertas del comedor entraron los tres jóvenes siendo liderados por el elegante andar de Orión Black.
—¡James, Halia! — Fred grito emocionado una vez haberlos visualizado desde atrás de Orión, corrió entonces hacia sus amigos y abrazo a James que al verlos se había puesto de pie. Halia sonriendo ampliamente se acercó a Lorcan rodeando con sus brazos el cuerpo del chico en un abrazo.
—¿¡Qué hacen aquí!? — Pregunto el mayor de los Potter intentando deshacerse del asfixiante abrazo de su primo y mejor amigo Fred.
—¿¡Acaso no te alegras de verme!? ¡Eres un insensible! — Fred se alejó mirándolo con una falsa expresión de molestia. — ¡Te fuiste! Te fuiste sin decirnos donde demonios estarías. ¡Te buscamos como locos luego de que te fuiste! — James alzo una ceja cruzándose de brazos y sonriendo burlonamente.
—Soló ha sido un día, no exageres — Comento antes de soltar un bufido. Halia rio divertida aun junto a Lorcan. — ¿Cómo supieron que estábamos aquí?
—¡Ah! Fue idea de Lorcan — Fred sonrió a su amigo el cual luego de ser nombrado paso una mano despreocupadamente por su cabello castaño claro.
—No fue difícil, sabía que lo más probable es que cuando se perdieron Emrys y Rose fuera al venir aquí ya que era imposible rastrearlas. Solo tuvimos que venir a probar suerte. — Lorcan se encogió de hombros pasando un brazo por los hombros de Halia y acercándola a su cuerpo. Lorcan no lo diría, pero había estado preocupado tanto por James como por Halia.
—¿Y Orión? ¿También nos estaba buscando? — James miro al mayor con curiosidad. Orión tenía una expresión sería, sus grises ojos clavados en ellos.
Orión era una persona agradable a la cual habían aprendido a apreciar en el tiempo que habían compartido juntos en Grimmauld Place, aun así, era muy extraño verlo allí junto a sus amigos.
—Harry dispuso una búsqueda hasta que ustedes fueran encontrados, dividieron a algunos miembros de la Orden con el fin de dar con su paradero — Contesto encogiéndose de hombros — Pero es bueno que los hayamos encontrado, podemos ponerlos al día de lo que ha pasado.
El chico de cabello negro y ojos plata se acercó a una parte de la mesa que no estaba ocupada por platos de comida. De su túnica extrajo un pergamino que extendió.
—¿Ponernos al día? ¡Pero si solo ha sido un día! — Exclamo James abriendo los ojos desmesuradamente y acercándose al mayor — Albus, Rose, Malfoy, Emrys. Salgan — Indico mirando a los nombrados con seriedad, ellos no pertenecían a la Orden y no deberían escuchar lo que se hablase con respecto a ello.
—No, que escuchen — Lo detuvo Orión haciendo una seña con su mano para que no se fueran. De cualquier manera, ninguno de ellos se había movido de sus asientos, querían saber lo que estaba sucediendo. — Les daré un pequeño resumen chicos — El joven Black guiño un ojo a los menores antes de iniciar — Morgana ha irrumpido en cárceles en todas partes del mundo dejando libres a asesinos de cuidado, su ejército cada vez crece más y estamos seguros de que los está entrenando en sus artes oscuras antiguas. Las muertes siguen ocurriendo, tanto de muggles como de hijos de muggles, mestizos e incluso de sangre puras que se opongan a su nuevo "régimen". — El chico soltó un suspiro — Lo que ha pasado de ayer a hoy, James… Es que el ministerio Frances ha caído, está siendo dirigido por Monsieur Dashiell Feraud quien esta misma mañana anuncio que a partir de hoy se implementarán una serie de normas con respecto a los magos y brujas franceses, serán llamados a presentarse en el ministerio Frances todos aquellos magos hijos de muggles, aún no hemos podido saber para que los están llamando a presentarse, pero suponemos que no es para algo agradable. También anunciaron el cese de las relaciones entre el ministerio de magia Frances y el gobierno muggle, es lo más preocupante. Por medio de fuentes confiables se ha podido saber que los ministerios Búlgaro, Ruso, Italiano e Irlandés anunciaran entre el día de hoy y mañana nuevos ministros — Los ojos de todos los presentes estaban completamente abiertos debido a la sorpresa, solo Lorcan se mantenía con una expresión seria ya que tenía conocimiento sobre todo eso. — En américa latina las cosas tampoco se ven muy bien…
—Su avance es demasiado veloz… — Murmuro Halia negando con la cabeza — ¿Qué con el ministerio británico?
—Hermione ha tenido muchos problemas, están pidiendo su dimisión — Lorcan negó con la cabeza — Morgana ya tiene hombres dentro del ministerio, algunos bajo la maldición Imperius y otros por seguir sus ideales. No es todo… — Continuo Lorcan, su mirada pareció oscurecerse — Papá ha estado investigando y…Mordred, el hijo de Morgana que de alguna forma ha traído desde el infierno ha estado reuniendo a los hombres lobos, vampiros y… — Su voz se cortó y cerró los ojos por un momento.
—¿Y? — Pregunto algo inquieta Rose. Olvidada había quedado la deliciosa comida que pronto desapareció de la mesa.
—Y ha estado haciendo inferis con los magos que mata — Soltó Orión con una mueca de molestia — También Banshees y Dementores también están de su lado, suponemos que pronto intentara reclutar a los gigantes ¡Esa bruja se está volviendo un peligro cada vez más mortal!
—Debemos detenerla ¡Debemos hacerlo! — James dio un fuerte golpe en la mesa haciendo que todos dieran un brinco.
—Se han estado poniendo en contacto con Harry personas de todas partes del mundo, en especial los jefes de aurores, hay brigadas de búsqueda entrando y saliendo de Inglaterra, quieren encontrar la guarida de esa bruja y suponen que se encuentra aquí en el país. — Orión miro a los menores en ese momento, esa ya era información que sabían James y Halia.
—Pero… Esto va más allá de cualquier cosa que podamos controlar… — Rose se había tenido que sujetar de la mesa para no caer, se sentía mareada y enferma.
—No, aun podemos hacer algo — Lorcan sonrió ampliamente — Solo hay que mantenerse firme, si cortas la cabeza el cuerpo no sabrá que hacer. Tenemos que deshacernos de Morgana y sus seguidores estarán perdidos.
—En casa se ha decidido que se entrenara a todos, incluso a Hugo y Lily, costo un poco convencerlos, pero finalmente aceptaron — Fred II hablo por primera vez luego de un rato — Tomen esto, estaremos en contacto por este medio — Tendió a cada uno de los presentes lo que parecía ser un galeón. James, Albus, Rose y Halia no se extrañaron ante ello ya que tenían conocimiento del cómo se habían comunicado en antaño los miembros del denominado ED por medio de galeones falsos. Pero Lynna y Scorpius habían hecho muecas de confusión mirando a Fred esperando una explicación. — Papá me lo dio, dijo que en la segunda guerra fue utilizado para mantenerse en contacto, les daremos por allí mensajes cortos, si necesitamos darles mayor información volveremos, pero ahora debemos irnos — Los ojos del chico se posaron en su mejor amigo — ¿Alguna vez creíste que vivirías para participar en una guerra? — Una pequeña sonrisa divertida se asomó en la comisura de sus labios.
—Jamás lo creí posible, pero ahora…Solo nos queda luchar — Anuncio James solemne.
Orión, Fred II y Lorcan se retiraron en compañía de Kiron minutos después luego de despedirse y dar una serie de indicaciones a James y Halia. Habían dejado tras ellos un ambiente tenso y seis cabezas trabajando a todo lo que daban.
Caminaron juntos en silencio hacía el jardín trasero, no tuvieron que pronunciar palabras, sabían lo que tenían que hacer y tenían que hacerlo de prisa. No había tiempo pues cada hora que transcurría Morgana y los Dark Knight tomaban mayor fuerza en el mundo mágico y era algo que no permitirían.
La majestuosidad del jardín no les impresiono debido de la cantidad de preocupaciones que rondaban por sus mentes. Lynna los guío hasta la orilla del lago y miro a la lejanía.
—Albus, quiero ir sola… — La castaña comenzó a deshacerse de sus zapatos y miro al chico de cabello negro que se había posiciono a su lado.
—Ni lo sueñes, no te dejare ir sola — El ceño de Albus se frunció al tiempo que se quitaba la capa que llevaba. — Puedo acompañarte y lo haré.
—No quiero — Gruño Lynna quitándose su propia capa y enfrentando al chico. Albus la miro desde su altura con una chispa de molestia en sus ojos.
La noche anterior se había enterado de algo que no creyó posible, él Albus Severus Potter, era nada más y nada menos que el elegido de Lynna Emrys, la chica que se había colado en su corazón en tanto su amistad había iniciado. Pero ahora se sentía enojado, no tenía ni la menor idea el porqué realmente, solo quería olvidar aquel detalle, además, no era momento de pensar en el amor, debían ocuparse en primero poner de su parte para no ser sometidos bajo el yugo de una bruja psicótica que quería asesinar y dominar a todo aquel que no la quisiera como su reina.
—Me importa muy poco lo que quieras. — Contesto con brusquedad logrando que los ojos ámbar de su amiga se abrieran sorprendida. Albus jamás le había hablado de esa forma y le dolió, Lynna sentía que desde la noche anterior algo había cambiado entre ellos. Ahora, cuando se encontraban cerca el uno del otro podía sentir la magia de Albus, la sentía fundirse con la suya propia y la hacía más fuerte, le daba miedo pensar que su amigo se hubiera sentido presionado o molesto ya que no solo a Merlín se le había ocurrido ponerlo a la brutal tarea de liberarlo, ahora su estúpido linaje lo había asignado como su vínculo, sin duda…Albus llegaría a odiarla si las cosas no salían bien, eso, si es que salían vivos.
—Eres un idiota — Murmuro dándole la espalda. Lynna se acercó a su capa que estaba ya tendida en el suelo y de ella extrajo una pequeña daga de plata que en su empuñadura tenía la forma de una flor de lis. Sin pestañear siquiera paso el filo de aquella daga por la palma de su mano. De inmediato se escuchó el grito ahogado de Rose y la exclamación de sorpresa de Scorpius.
—¿¡Qué haces!? — Pregunto preocupado el rubio acercándose a prisa a su amiga y tomando su mano de la cual brotaba sangre profusamente. — ¡Estás loca Lynna!
—¿No escucharon lo que dijo Valerius? Tiene un hechizo protector con magia de sangre, se lo que hago. Deja — La castaña retiro su mano del agarre de su amigo dedicándole una sonrisa. Guardando la daga en su pantalón, se acercó a la orilla del lago y toco el agua con su mano sangrante. Lynna sintió un fuerte ardor, pero rápidamente empezó a murmurar unas palabras en un idioma que los otros no comprendieron, parecía un cantito hipnotizante y todos se limitaron a solo observarla. En un instante el lago se ilumino por entero en un color azul traslucido. — Albus, has un hechizo de casco burbuja no tengo idea que tan profundo o lejos este la espada — No se molestó en girar a ver a su amigo, tomo su varita y realizo el hechizo antes de arrojarse a las frías aguas, sentía miedo, pero sabía que no había otra opción, tenían que avanzar, no había tiempo.
Bajo el agua, Lynna conjuro un Lumos, agradecía haber aprendido aquel año a realizar hechizos no verbales y haber aprendido a dominarlos. Se mantuvo en una misma posición hasta que vio la figura de Albus nadando a su lado, la varita del chico estaba ya iluminada y asintiendo con la cabeza ambos se hundieron en las profundidades de aquel oscuro y desolado lago. Mirasen por donde mirasen no veían nada más que algas marinas.
Continuaron en un recorrido dividiéndose para cubrir un área amplia, pero no lo suficiente como para perderse de vista. Pasados unos minutos ambos se encontraron con distintas criaturas acuáticas que, afortunadamente, no parecían muy interesadas en molestarlos. Lynna seguía sintiendo que su mano ardía y su sangre dejaba una pequeña estela roja.
Los minutos pasaban y no encontraban nada, el agua estaba sumamente fría y tanto Albus como Lynna sentían sus músculos agarrotados.
El pelinegro abrió los ojos como platos cuando en la lejanía vio un destello. Moviendo su varita llamo la atención de la castaña señalando hacia aquel punto brillante. Ambos nadaron hacía allí lo más aprisa posible ya que no estaban muy seguros cuando tiempo les restaba antes de que su hechizo de casco burbuja dejara de surtir efecto. El alivio recorrió el cuerpo de ambos cuando la espada se presentó frente a ellos, era simplemente magnifica, la magia que despedía la misma podían sentirla sin lugar a dudas, era un arma capaz de matar a toda clase de criatura, capaz de atravesar con su filo incluso la piel de un poderoso dragón, la espada más poderosa de la historia y por eso desaparecida y tomada solo como una leyenda para que nadie la buscase.
Lynna se acercó y tomo con la palma de su mano la empuñadura revestida en rubís, la herida de su mano hizo contacto con la espada y la castaña sintió como un ardor indescriptible subía por todo su brazo. Aguantando un grito de dolor la chica soltó la espalda llevando su mano hacia su pecho buscando así el alivio de su dolor. Albus observo todo aquello confundido y miro entonces la espada, se acercó y la sujeto con su mano, al igual que Lynna, el pelinegro sintió como si su brazo fuera cubierto por fuego y tuvo que rápidamente soltarla.
La castaña nadaba aun frente a aquella arma pensando en el porqué no podía tomarla hasta que noto que había unas runas en todo el entorno de la misma. Las observo detenidamente hasta poder leerlas en la penumbra del lago "Solo será capaz de tomarla aquel que de Merlín tenga el favor. Su sangre deberá brotar para su lealtad otorgar"
"A Valerius se le olvido este pequeño detalle" Gruño mentalmente Lynna, ella no podía tomarla, su sangre era la misma que la de Merlín y gracias a Viviana era imposible que su sangre se considerase leal al mago cuando ella lo había encerrado.
La castaña busco rápidamente su daga y la tendió hacia Albus. Los ojos esmeraldas del chico se toparon con los ámbar de ella mientras sujetaba en su mano aquella arma.
"Albus, tienes que tomarla tú. Pero tú mano… Debes dar una ofrenda de sangre" Lynna transmitió sus pensamientos al chico con dificultad. El pelinegro no lo dudo y sabiendo que no les quedaba mucho tiempo corto su mano y la posiciono en la espada. Esta vez a diferencia de la anterior no sintió el fuego recorrer su mano sino por el contrario, un ligero cosquilleo que subió a través de su brazo y con una facilidad increíble pudo tomar la espalda en el momento justo en que el hechizo casco burbuja dejaba de hacer efecto.
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—James, no salen — Decía con preocupación una y otra vez la pelirroja caminando de un lado a otro como león enjaulado.
Scorpius escucho a la chica sintiendo un nudo en su garganta y la impotencia de no haber podido acompañar a sus amigos. Estaba sentado a orillas del lago, había intentado entrar, pero había sido inútil, como si una especie de campo estuviera recubriendo todo el lugar. Había pasado una hora, estaba completamente seguro de ello y lo asustaba. Necesitaba verlos, necesitaba ver a Albus y a Lynna salir sanos y salvos de aquellas aguas.
—Ya saldrán. — Dijo con falsa tranquilidad el mayor de los Potter que observaba con brazos cruzados a la lejanía.
Rose seguía murmurando cosas y en un momento de desesperación había intentado entrar al lago siendo expulsada hacía atrás con fuerza. Scorpius había corrido hacía ella mirándola con enojo.
—¡Quédate tranquila! Ellos van a volver, un estúpido lago no los va a matar ¿Bien? ¡Solo respira! — Los ojos del rubio estaban fijos en los de la pelirroja que se humedecieron sin remedio antes de asentir con la cabeza y abrazarlo con fuerza. Scorpius la sujeto contra su cuerpo intentando convencerse a él mismo de lo que había dicho.
Seguía pasando el tiempo y no había señal alguna de los chicos. Aunque lo quisieran ya no podían quedarse tranquilos. James había comenzado a murmurar hechizos apuntando hacia el lago e incluso había cortado su propia mano imitando el gesto de Lynna al colocarla en el agua, pero aun así no había podido entrar. De repente, un fuerte sonido hizo que el corazón de todos se acelerase. Había sido un rugido poderoso y ensordecedor y como si fuera un sueño un enorme dragón blanco paso por sobre sus cabezas y luego de volar sobre el lago se fue de cabeza dentro del mismo.
Todos observaban hacia donde aquella criatura había desaparecido con sus corazones martillando violentamente en su pecho. Solo unos segundos después el dragón salió y pareció dirigirse directamente a ellos por lo que todos sacaron sus varitas apuntando a la criatura dispuestos a atacar y sin remedio retrocediendo para alejarse de su alcance.
Sorpresivamente el dragón aterrizo frente a ellos plegando sus alas y bajando su cabeza en lo que parecía ser una reverencia y del lomo del mismo cayeron dos figuras inconscientes y una espada.