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JONATHAN — capítulo 2

Andrés y yo salimos del avión y fuimos a recoger nuestras pertenencias a la fila 4 justo después de pasar por migración, me hizo prometerle que nos volviéramos a ver justo después de haberle rechazado el aventón que me había ofrecido, accedí a quedar con él en un día futuro, le di mi número celular y me llamó para comprobar que no era falso, me dio risa. Me quedé sentada un rato mientras tenía una conversación con mi madre sobre quien pasaría por mí, me dijo que el hijo mayor de la familia llegaba hoy de Arizona y  que tenía que esperarlo para que nos fuéramos juntos, lo malo era que él llegaría a las 4 y era la 1 de la tarde, solo quedaba esperar, el tiempo se me hacía eterno, pero me gustaba ser espectador en un aeropuerto nunca sabes con quien te encontrarás, había personas con trajes muy entallados, personas con poca ropa y  personas como yo que debían esperar algo de tiempo, además me tocó ver a un trío de chicos bailar un poco de jazz en lo que esperaban su próximo vuelo y a un chico que se había quedado dormido junto a su ukulele, supongo que estas cosas son normales aquí, ¿no?. Pasó el tiempo y pude observar que de tanto usar mi celular para evitar el aburrimiento solo me quedaba 7% de batería así que opte por apagar el móvil para guardar todo lo que se pudiera la batería, rebusqué en mi bolsa algunas monedas para mejor llamar por teléfono publicó, el mismo que se comió todo mi cambio y no pude realizar tal llamada, así que me dirigí a la máquina expendedora para ver si podía obtener algo y al mismo tiempo tener algo de cambio para llamarle a mi madre y decirle que mi compañero de viaje no llegaría, cuando entre todo el tumulto de gente vi a un chico con paso firme pero a la vez ligero y con una maleta de mano enorme, no sabría que pesaba más si él o su maleta, era guapo y de una tez morena exquisita, lo pude notar mejor cuando vi que se me acercó y me llamó por mi nombre.

-Karen.- No sabía que decir.

-Hola.-se rio y me vio de pies a cabeza, dejo su maleta en el suelo y me abrazó, olía a Dios.

-Mi nombre es Jonathan Contreras, no te asustes, he visto tu foto en el formulario, eres la chica que pasará con nosotros estos dos meses, ¿no?

-Sí.-A las palabras les costaba salir, era malísima para todo esto.

-Bonitos zapatos.-Le parecían bonitos mis típicos converse blancos.

-Gracias, bonita maleta.-Torpe.

-Bueno, supongo que ya no hay que perder más tiempo, vamos a tomar el autobús.

-Pensé que pasarían por nosotros o algo así.

-Sí, pero en la estación de autobuses, todavía falta una hora por tierra para llegar.-Está bien, no hay porque enojarse.

-Muy bien, te sigo.

Salimos del aeropuerto y cruzamos la calle, que es donde pasaría el autobús y nos llevaría a Van Nuys, subimos el equipaje y entramos al autobús, lugares 15 y 16, me quedé en ventana y él en pasillo. El trayecto fue lento para mí por el tráfico pero agradable por la conversación, descubrí que tiene 20, cuatro perros y uno de ellos recién acababa de llegar, que estudiaba en Santa Mónica y que estudiaba Química y que su género musical predilecto era rock y metal, aunque también le gustaba el Trap y la electrónica. Y le conteste que yo tenía 18, un perro, seguía en Preparatoria y que me gustaba todo tipo de género, de todo podría bailar y  cantar. Le enseñé mi credencial de estudiante a lo que él se rio ya que yo salía toda despeina en la foto y él me enseñó su licencia de manejo y yo me reí de su firma, que era únicamente "Jonathan" con su puño y letra, aunque en la foto salía bastante bien.

Cuando al fin llegamos yo ya me moría de hambre pero no quería verme como una niña exigente, para mi buena fortuna él tenía galletas de niñas exploradoras, las cuales desaparecieron en un par de minutos en lo que su padre pasaba por nosotros, otros veinte minutos de espera.

-¿No tienes hambre? - Gracias a Dios que lo preguntó, sí, me moría de hambre, y ahora que recuerdo no comí nada en el aeropuerto porque cuando me dirigía a la máquina expendedora fue cuando el apareció.

-La verdad es que sí.

-Perfecto, podremos parar en in-n-out.

No hice más comentarios cuando su padre apareció por la puerta, lo salude y le agradecí por toda esta oportunidad, era una gran persona, se llamaba Miguel. Paramos en in-n-out por unas hamburguesas y limonada, comimos en silencio y después de un rato logramos llegar a la casa, muy espaciosa y hermosa. Conocí a Michelle, la hermana de Jonathan la cual también tenía 18, desde que la vi puedo decir que ya era como mi hermana y a Verónica, su mamá, una gran mujer, amable y hospitalaria, los cuatro perros me recibieron con gusto,Charlie, Golden retriever; Kimba, rottweiler; Pulgas, Pomeranio y Lobo, Husky. Supongo que después de todo fue un excelente Día.