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Historia 19232 — capítulo 2
Kuchizuke
...and you're burning with desire, give in to me.
Kiss two
Cuando se cansó de buscar al desgraciado que le había besado sin ningún resultado, subió las escaleras de su habitación completamente fastidiado y con una única cosa en mente: asesinar al que había sido lo suficientemente idiota para pensar que no podría encontrarlo.
Porque claro que lo encontraría. Y cuando lo hiciese, desearía no haberse acercado a James Potter.
Cerró la puerta de un portazo y se tiró sobre su cama sin desvestirse o quitarse los lentes, completamente dispuesto a olvidarse de todo y dormir, pero el maldito beso no desaparecía de su mente. ¿Quién había sido? ¿Y por qué? Mil preguntas rondaban por su mente y no tenía la respuesta a ninguna.
Su dolor de cabeza estaba aumentando considerablemente y esta vez no era culpa suya.
Gimió, tomando su cabeza entre las manos y tratando de remitir la jackeca dando suaves masajes a las sienes. Ni que decir que no funcionó; por el contrario el dolor aumentó y con el su desesperación. Aumentó tanto que llegó a escuchar zumbidos y entonces decidió ir por una poción a la enfermería antes de volverse loco.
Suspiró resignado cuando se dio cuenta de que tendría que pasar por la sala común forzosamente y siguió suspirando cuando la idea de que el bastardo estaría a menos de cincuenta pasos de él y no podría verlo. Lo imaginó burlándose de su confusión y contando su hazaña a cualquiera que quisiera escucharlo, con una sonrisa malvada en su rostro (aún cuando desconociera su aspecto) y rodeado de un corro de curiosos que reían también.
Negó con la cabeza.
“Necesito esa poción urgentemente” Dijo y sonrió dolorosamente al pensar que diría Sirius si lo escuchara hablando solo no lo dejaría en paz jamás.
Por cierto, no he visto desde la mañana, pensó poniéndose la capa sobre los hombros, la bufanda en el cuello y sacando el mapa del Merodeador. No que se preocupara, porque hacerlo no tendría sentido. Seguramente estaba con alguna Hufflepuff pasando la noche encerrados en una habitación donde no habría nada más que una enorme cama.
Arrugando la nariz, pensó que Sirius jamás cambiaría e inconscientemente le reprochó no pasar navidad con él. Eran amigos, ¿No? Era injusto prefiriera a una chica de una sola noche a él, que lo conocía desde hacía siete años.
En fin, pensó, bajando las escaleras cuidadosamente, con la cabeza dándole vueltas. Si eso quiere, que lo haga. Es lo bastante grande como para cuidarse solo.
La fiesta de Gryffindor no podría estar más animada. La improvisada pista de baile estaba a reventar y el ponche y la cerveza de mantequilla se terminaba a una velocidad sorprendente junto con el pavo y otros platillos clásicos navideños.
La sala era alegría pura.
James bufó, encontrando todo el escándalo sumamente molesto por su reciente dolor de cabeza. Se sentía mareado y el mundo daba vueltas, haciéndole difícil caminar y pareciendo que estaba ebrio también. Con dificultad llegó al retrato, apartando a quienes se cruzaban en su camino a base de codazos y pisotones y recibiendo en respuesta quejidos y reclamos de los que no hizo ningún caso.
Cuando por fin logró salir y el retrato se cerró ahogando todo el alboroto dentro, sonrió aliviado (o al menos lo intentó) y empezó a caminar hacia la enfermería sosteniendo el mapa con la mano derecha y la zurda sosteniendo el borde de la capa.
Hacía bastante frío, como era lógico por los copos de nieve que caían armoniosamente en los jardines y cambiaban de color según pasaban por los vitrales de las ventanas. Las antorchas estaban encendidas, pero aún así había partes del pasillo que estaban completamente oscuras debido a la hora. James calculó que para entonces eran alrededor de las tres y media.
A veces resultaba tétrico caminar por los pasillos de noche. Cuando estaba solo, temía a los oscuros corredores en secreto y aceleraba el paso cuidando de que nadie le viera. Era escalofriante pensar que los cuadros y armaduras seguían tus pasos a donde quiera que fueras, sin despegar la vista de ti en ningún momento.
Entonces, una motita en el Gran Comedor llamó su atención mientras observaba el mapa tratando de encontrar posibles amenazas. Esta estaba –al parecer- sobre la mesa del profesorado y tenía en nombre “Sirius Black” flotando sobre ella.
“No encontró a ninguna Hufflepuff” dijo y empezó a reír estúpidamente, sin dejar de caminar.
La cabeza no le dolía tanto ya, pero de pronto hizo más frío del que debería. Cubrió más el cuello con su bufanda –con la bufanda de Sirius- y pensó que Madame Pomfrey se pondría histérica cuando le viera ‘Al menos me quitará este horrible dolor de cabeza’
Cuando quedaba un pasillo para llegar a la tan ansiada enfermería, comenzó a correr. Sus pasos resonaron, haciendo eco en las duras paredes de piedra y provocando el enfado de los personajes dentro de las pinturas. Entonces las puertas de la dependencia se irguieron frente a él y se dio cuenta de dos hechos muy importantes:
La enfermería estaba cerrada y seguiría sintiéndose enfermo por toda la bendita noche.
Despotricando contra Dumbledore y la Navidad (el primero por hacer fiestas en el profesorado y la segunda por ser la causante de las fiestas) pensó en ir con Sirius. Seguro el enojo se le había pasado ya y podrían estarse los dos lejos, muy lejos de el ruido de la Sala. Si lograba convencerlo de ir, claro. Revisó el mapa otra vez, no vaya a ser que a Sirius se le hubiera ocurrido ir a un lugar más lejos y cuando lo encontró en el mismo lugar, empezó a caminar tabaleándose.
Para su desgracia, el Gran Comedor estaba a la larguísima distancia de tres corredores y tendría que recorrerlos a pie. Jadeó débilmente cuando pasó por la puerta principal del castillo y para cuando llegó a los portones de roble del Comedor, estaba a punto de caer desmayado por el cansancio.
‘Al menos llegué’ Se dijo y utilizó sus últimas fuerzas para empujar las pesadas puertas. Dentro estaba más oscuro que en el pasillo, porque la única luz residía en las velas sobre la mesa larga de los profesores. Justo en el centro se hallaba Sirius, con una pierna sobre la mesa y la otra balanceándose en el borde rítmicamente mirando al cielo artificial.
“Hola” Dijo James y Sirius, sobresaltado, clavó sus ojos plateados en él, con el rostro inexpresivo.
“Hola” Contestó y volvió a mirar al cielo nocturno sobre ellos, del que caían copos que nunca tocaban el suelo haciendo que la habitación pareciera salida de un sueño. Un invierno eterno, pensó Sirius con vaguedad.
“Estaba preguntándome donde estabas” Comentó James, caminando errantemente hacia el “Entonces miré en el mapa y estabas aquí”
“Oh”
“¿Llevas sentado allí toda la tarde?” Preguntó Potter y avanzó más, sosteniéndose a su paso de las sillas de la mesa de Ravenclaw.
“Podría decirse” Dijo Sirius cortantemente y volvió a mirarlo. Entonces se dio cuenta de lo pálido que lucía James y la manera tan extraña en la que estaba avanzando “Prongs, ¿Te pasa algo?”
Él sonrió.
“Ya no estás enfadado, ¿Verdad? Me haz llamado ‘Prongs’. Me alegra que estemos bien otra vez… No sería bueno pasar Navidad molestos. De hecho, confieso que estaba resentido contigo por no estar en la Torre. Moony ha estado flirteando con una chica de sexto y Peter es fastidioso cuando está borracho” Dijo, llegando casi hasta el. Sirius se había puesto de pie y lo miraba entre extrañado y preocupado.
Al tratar de subir los tres escalones que les separaban, James tropezó y cayó con un sonido sordo a los pies de Sirius. Los anteojos volaron unos pasos para la derecha y el mapa quedó abandonado otros más a la izquierda, pero de repente no tenían importancia.
“¡James! ¿Qué tienes? ¿Estás herido?” Preguntó Sirius escandalizado, arrodillándose junto a su amigo y tomándolo por los hombros.
“Creo que tengo fiebre” Dijo, con los ojos cerrados. “Padfoot, hay que decirle a Dumbledore que la enfermería queda muy lejos” Comentó, sonriendo.
Sirius no le hizo caso, sino que puso su mano precipitadamente en la frente de James, por debajo del flequillo que llegaba hasta la mitad de la nariz. Palideció.
“Ardes en fiebre, Prongs…”
Éste rió tontamente.
“Me lo suponía” Dijo, y todavía sonriendo se desvaneció cayendo en el pecho de Sirius y casi tumbándolo en el acto.
Este lo separó de si, murmurando un “James, eres un idiota” y cargándolo sin mucho esfuerzo después de guardarse los lentes y el mapa en uno de los bolsillos del pantalón.
Las velas del comedor se apagaron cuando ellos pasaron por el umbral, dejando todo a oscuras y Sirius caminó lentamente, cargando a James en sus brazos como si no pesara nada.
Así llegaron a la Sala Común, en el que ya todos estaban tan borrachos que ninguno les prestó atención. Subieron al dormitorio y Sirius metió a James en su cama con toda la delicadeza que le fue posible, arropándolo lo mejor que pudo y colocándole una compresa fría en la frente.
Le esperaba una larga noche.
Notes: Aunque la enfermería y el Gran Comedor no están en la misma planta, los pongo en el primer piso por varios motivos. El primero, por conveniencia. El segundo (y más importante), porque no tengo idea de donde queda la enfermería giggles