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La caída de los Merodeadores. — capítulo 8
Na na na na na na na na**'Til I find someone I loveNa na na na na na na naKissing strangers**
Con un suspiro agotado, Holly se dejó caer al lado de Sirius en la mesa de Gryffindor. Apenas era la hora del desayuno, pero James los había hecho levantarse de madrugada para poder entrenar antes de comenzar las clases.
Como todos las mañanas, el Gran Comedor se encontraba prácticamente en silencio. No se oía el usual barullo, las charlas, las risas, las bromas típicas de las otras comidas. Como todas las mañanas, los pequeños están demasiado dormidos y los mayores demasiado preocupados.
— Hubo un nuevo ataque en el callejón Diagon, — comentó Lily, levantando la mirada de su periódico para ofrecerle una sonrisa a Holly como saludo. — ¿Y Marlene?
— Se olvidó unos libros, así que subió. ¿Qué tan malo fue?
— No quieren decir nada, — respondió Remus, apoyando su té sobre la mesa. — El anuncio oficial es que "están investigando".
— Básicamente, no saben una mierda, — interfirió Sirius, dejando el periódico de lado. Habían sido suficientes malas noticias por un día. — Y mientras tanto, Crouch padre encierra gente a diestra y siniestra.
— Y lo único que se le ocurre hacer a Minchum es poner más dementores en Azkaban, — asintió Remus. — ¿Acaso no se da cuenta que Crouch quiere cargarse su puesto?
— ¿No deberían poner más aurores en lugar de dementores? — inquirió Lily, con el ceño fruncido. — La gente es la que necesita más protección, no la prisión.
— Si, eso deberían hacer… si hubiera alguien dispuesto a entrar a la Academia, — razonó Sirius. — Entrar es aceptar ir a la guerra e, incluso si hubiera aplicantes, el Ministerio está quebrado. No tienen un knut partido al medio.
Holly respiró hondo e intentó ignorar toda la charla sobre política, guerra, y economía. Por una vez, le hubiera gustado tener un desayuno en paz, sin que nadie leyera el periódico o discutiera los últimos sucesos, pero eso parecía imposible con sus amigos. Todos estaban tan metidos en el tema, tan interesados, tan… ansiosos por salir de Hogwarts y luchar. A ella, por su parte, la mera idea de levantar su varita para herir a otra persona, le resultaba repulsiva.
No entendía la guerra. No entendía a las personas que la promovían, que participaban en ella voluntariamente. La violencia jamás era una solución, no para ella. Y sin embargo, todos parecían pensar que terminarían esa guerra teniendo más aurores en el ministerio o más dementores en Azkaban.
James y Peter llegaron justo para beber una taza de té apresuradamente y tomar un muffin para el camino. Mientras se paraban para salir del Gran Comedor, Remus se despidió de ellos y se acercó a donde Sierra Fahey desayunaba junto a Mary Macdonald.
— Mary, hoy nos toca pociones. Ve, — indicó, recibiendo una sonrisa somnolienta como respuesta; ni siquiera estaba seguro de que ella estuviera plenamente consciente, pero la rubia no era su preocupación en ese momento. — Fahey, tú tienes Encantamientos en quince minutos. Levántate, te acompañaré.
Sierra respiró profundamente, intentando serenarse. Esa semana, las puntas de su cabello estaban verdes, lo cual resaltaba aún más sus ojos.
— ¿Sabes qué? Me siento algo mal, creo que me saltaré Encantamientos, — respondió finalmente, dedicándole una sonrisa llena de falsedad.
— ¿Te sientes mal? De acuerdo, te acompañaré a la Enfermería.
— ¿No tienes tú también Pociones, Lupin? ¿O algo mejor que hacer que no sea fastidiarme todas las mañanas?
— De hecho, no. McGonagall me autorizó a llegar tarde e incluso a faltar todas las veces que sean necesarias si con eso logro que vayas a clases. Ahora, levántate y vámonos, no llegarás tarde.
Remus tomó los libros de ella y esperó hasta que la chica se puso de pie, con clara expresión malhumorada.
Durante las últimas semanas, Lupin la había estado esperando luego de cada desayuno, de cada almuerzo, a la salida de cada lección y la había acompañado a todas sus clases, asegurándose de que entrara, como si fuera su maldito niñero. Si la situación en un principio le había parecido irritante, para ese momento ya era insostenible. La sonrisita burlona de Otto desde la mesa de Ravenclaw, tampoco ayudaba demasiado.
— ¿Hasta cuándo seguirá esto? — preguntó en la puerta del salón, girándose para encararlo de brazos cruzados.
— Hasta que vayas a las clases por motus propio, — respondió, devolviéndole los libros. — Nos vemos antes de Transformaciones, Fahey. Y recuerda, por más de que salgas antes e intentes esconderte, siempre te encontraré.
Remus ignoró el gesto obsceno que le dedicó Sierra antes de entrar al salón y se apresuró para no llegar excesivamente tarde a la clase del profesor Slughorn. La verdad era que, con o sin permiso, le iba fatal en pociones y perderse la mitad de la lección no lo ayudaría.
Al llegar, dejó su último informe en la mesa del profesor, quien lo saludó con un asentimiento, y se sentó junto a Sirius.
— Pociones curativas. Debemos elegir la que queramos utilizando esencia de díctamo y luego escribir un ensayo de sus propiedades.
— Genial, — gimoteó, poniéndose él también a buscar entre la lista de posibilidades.
De su grupo de amigos, en Pociones siempre se sentaba con Sirius o con Lily ya que ambos eran excelentes en la materia y compensaban el desastre que era él. Sin embargo, si tenía que elegir, siempre se quedaba con Sirius; la pelirroja era demasiado metódica y, la mayoría de las veces, no admitía que las cosas se hicieran de otra manera que no fuese la suya. Canuto, por otra parte, tan solo se dejaba llevar por sus instintos y extrañamente eso le daba más libertad, lo ayudaba a entender mejor.
— Oye, ¿qué sabes sobre Sierra Fahey?
La pregunta lo tomó desprevenido, así que dejó el libro que estaba consultando para centrarse en el pelinegro, quien se había girado en su asiento para poder mirarlo también.
— Gryffindor, un año más chica que nosotros, insolente, caprichosa, tiene un pequeñísimo-gran problema con la autoridad… ¿quieres que siga?
— ¿Problemas con la autoridad? ¿O contigo? — preguntó, burlón.
— Yo SOY la autoridad. ¡Soy su prefecto!
Sirius se tiró el cabello para atrás, sonriendo mientras negaba con la cabeza, como si creyera que su amigo no tenía remedio.
— De acuerdo, igual no me refería a eso. Hablaba de qué sabes sobre… su familia, su pasado. ¿Sabes si tiene una buena relación con sus padres? ¿Tiene novio?
— ¿Qué, quieres tirársela? — preguntó, sintiendo una pequeña molestia en las tripas.
— ¡No! — negó efusivamente, frunciendo el ceño. — Es solo… algo que dijo Regulus la última vez que hablamos.
— ¿Qué dijo?
— Que alguien en casa abusaba de ella, físicamente, — admitió finalmente, encogiéndose de hombros. — Pensé que tal vez tú… no lo sé, sabrías algo al respecto.
Remus negó con la cabeza y Sirius volvió su atención a la poción, dejando a su amigo con muchas preguntas y una sensación de culpa recorriéndolo al pensar que tal vez, había juzgado a esa chica erróneamente.
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Lily salió del salón de Defensa contra las Artes Oscuras y tuvo que tomarse unos momentos para recuperarse y no lanzarse al suelo a llorar. Se obligaba a sí misma a creer que los castigos de la profesora Nott no la afectaban, pero la realidad era otra.
Holly había querido empezar una revolución y, por supuesto, Black y Potter habían sido los primeros en fila para seguirla. Los tres habían querido que les prestara un par de sus lapiceras, desafiar a Nott, demostrarle que ella no podría contra ellos y que la unión hacía a la fuerza. Marlene también había querido participar, asegurándole que de ninguna manera podía tener a toda una clase castigada, pero Lily creía que esa era una batalla que debía luchar sola. Y, después de su primer castigo, había sabido que de ninguna manera haría que sus amigas pasaran por eso. Ellas y los chicos tendrían que conformarse con las bromas y travesuras que, de alguna manera, nadie lograba rastrear de regreso a ellos.
— ¿Lily?
Se giró al sentir a alguien tocándole el brazo, encontrándose cara a cara con Severus Snape. Siendo un castillo tan grande, con tantos pasadizos, pasillos y lugares por donde andar, ellos dos tenían que decidir estar en el mismo lugar, al mismo tiempo. Claramente, el karma le estaba cobrando algo que no recordaba haber hecho.
— Severus, — asintió, a modo de saludo, intentando pasar por su lado y seguir, pero él la frenó, sujetándola suavemente del brazo.
— Lily, por favor, espera, — pronunció su nombre con una desesperación que le puso la piel de gallina. Desde esa vez en la puerta de su sala común, luego de la fiesta de Slughorn, cuando él había amenazado con quedarse toda la noche afuera si no salía, no había vuelto a hablar con él o tenerlo tan cerca. — Por favor. Nos debemos una charla, ¿no crees?
— Creo que ya todo está dicho, — replicó fríamente, soltándose del agarre con un tirón, repentinamente recordando, recordando cuánto él la había herido el curso pasado. Ella no podía evitar sentirse desolada, no podía evitar extrañarlo, pero eso no significaba que dejaría que él supiera esto. — Yo soy una sangre sucia y tú un mortífago. Y los mortífagos no pueden ser amigos de las sangres sucias.
— Lily, por favor, vamos, sabes que no es así, — rogó, angustiado, esta vez tomándola de los hombros. — Eres mi mejor amiga.
— ¿Tu mejor amiga? ¿Tu mejor amiga? — preguntó, la indignación recorriendo cada fibra de su cuerpo mientras volvía a separarse del muchacho. La lastimaba y la enervaba de igual manera. — ¡No humillas a tu mejor amiga! ¡No vas y la tratas de escoria humana delante de todo el colegio!
— ¡Todo esto es culpa de Potter! ¿Acaso no lo ves? ¡Por su culpa, tú y yo nos peleamos! — acusó, comenzando a enojarse también.
— ¿Potter? ¿Qué diablos tiene que ver Potter en todo esto?
— ¡Si él no se hubiera metido! ¡Si él no…! — pareció notar que no conseguiría mucho de esa manera, así que se frenó y respiró hondo, tratando de calmarse. — ¿Es que no lo ves, Lily? Te quiere sola y disponible, para poder acercarse a tí y…
Pero la pelirroja lo detuvo, sintiendo la misma furia, la misma impotencia que la invadía cada vez que discutía con Petunia. Y que Holly la perdonase, pero en ese momento lo único que quería era golpear a esa serpiente en el rostro hasta desfigurarlo.
— ¿Sola y disponible? ¡¿Sola y disponible?! — repitió, levantando la voz, tomando un paso más de distancia. — A diferencia de tí, Severus, yo si tengo otros amigos. A diferencia de tí, Potter no necesita manipularme y aislarme de los demás. A diferencia de tí-
— ¿Lo estás defendiendo? ¡¿A Potter?! — aulló, negando con la cabeza.
— ¡Potter no tiene nada que ver con esto!
— ¿Cómo es que no te das cuenta que tiene todo que ver? ¡Es todo su culpa! ¡Si él no hubiera…! ¡Si él…!
— Potter no te obligó a llamarme sangre sucia, — le recordó amargamente, cruzándose de brazos y dirigiéndole una mirada letal. — Él no te obligó a ignorarme por los pasillos cuando tus amiguitos mortífagos estaban cerca. Potter no te obligó a correr la mirada y pretender que nada sucedía cuando Dolohov intentó maldecirme en tercero, — su voz cada vez más baja, cada vez más mortífera, y con cada palabra, Severus parecía volverse más pequeño
— Lily, — intentó intervenir, con voz dolida y temblorosa, pero ella negó lentamente, dando un par de pasos más hacia atrás.
— Ya está, Severus. No hay nada que puedas decir. No me hables, no me escribas, no me busques. Esto, nuestra amistad, se terminó.
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Sentado en la Sala Común de Slytherin, Regulus intentaba disfrutar la tranquilidad que las salidas a Hogsmeade le brindaban leyendo un libro de historia de la magia. Sin embargo, por mucho que lo intentaba, llevaba quince minutos estancado en la misma oración mientras su mente se encontraba a kilómetros de ahí.
Su última conversación con Vera seguía dándole vueltas por la cabeza. Mirara la situación desde dónde la mirara, no entendía cómo habían llegado a ese punto ni tampoco cómo lo resolverían.
Él jamás había sido un chico impulsivo. Si algo lo caracterizaba, era analizar cada paso antes de tomarlo y pensar cada palabra antes de decirla. ¿Entonces por qué cuando de Vera se trataba, hacía esas estupideces?
— Ey, — levantó la cabeza, justo a tiempo para ver a Victoria Rosier sentarse a su lado y colocarse un mechón rubio detrás de la oreja; le sonrió en respuesta. — ¿No irás a Hogsmeade hoy?
— Realmente no estoy de humor.
— ¿Por qué no? — Regulus la miró y ella no necesitó más para entender qué pasaba. — Ah, claro. Vera.
— Si, Vera, — exhaló, dejando el libro de lado.
— ¿Quieres hablar de lo que pasó entre ustedes? — consultó, cruzándose de piernas y mirándolo atentamente.
— No particularmente, — respondió. La chica soltó un suspiro y Regulus notó que estaba siendo bastante rudo con alguien que solo quería saber qué le pasaba. — Perdóname, últimamente no soy la mejor compañía.
— No te preocupes, entiendo. Debe ser difícil, con Alecto presionándote y Vee que no sabe nada y todo lo que pasó con tu hermano, es decir, seguro tus padres quieren que ocupes su lugar como heredero y… — se frenó, ruborizándose repentinamente. — Lo lamento, estoy siendo una metida. Perdóname.
Regulus sonrió; de todas las chicas de su casa, ella era la que mejor le caía. Victoria jamás trataba al resto de sus amigos como si fueran inferiores o se consideraba a ella misma mejor por ser una Rosier. A diferencia de su hermano, no creía estar un escalón encima del resto de los sangre puras. Era tranquila y amable, se preocupaba por el resto, algo no muy común en su grupo de allegados.
— No estás siendo una metida, estás siendo una buena amiga, — le aseguró, fijándose en lo bonita y arreglada que estaba la rubia. — ¿Tienes una cita, Vic? A Evan no le gustará eso.
Victoria sonrió, bajando la vista avergonzada, mientras volvía a acomodarse el cabello.
— No, no, para nada. Ni siquiera sé si iré a Hogsmeade.
— ¿Por qué no?
— Evan saldrá con Emma y mis compañeras… bueno, ellas…
— Sí, te entiendo, — le aseguró, soltando una corta risa antes de ponerse de pie y extenderle la mano. — Vamos, yo te acompañaré al pueblo.
— ¿Que? Oh, no, no, no, en serio no es necesario, Reg, yo no-
— No seas niña y ponte de pie. Esto es más por mi que por tí: necesito despejarme un rato.
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Sirius miró el trofeo que estaba puliendo y maldijo a la mancha que llevaba veinte minutos intentando quitar, sin resultado alguno. Era sábado de Hogsmeade y él estaba encerrado dentro del castillo, cumpliendo un castigo para Slughorn.
Tampoco era como si hubiera podido ir al pueblo de no estar castigado, sus padres se habían asegurado de eso. Hasta el 3 de noviembre, ellos eran sus tutores legales y si ellos decían que su hijo no podía salir del castillo, no había nada que nadie pudiera hacer. No importaba cuánto tiempo James hubiera pasado hablando con McGonagall, intentando convencerla de que los señores Potter eran más padres de él que los suyos propios y ellos firmarían encantados el permiso o cuánto McGonagall quería dejarlo ir, porque sabía que lo que el capitán de Quidditch decía era verdad. Al final del día, la palabra que realmente pesaba era la de los señores Black y él había preferido estar castigado por una broma a los Slytherin, que solo en la sala común porque Remus se había adueñado del cuarto por el día.
De esa manera, al menos había podido obligar a James y a Peter a irse a Hogsmeade sin remordimientos. No soportaría si encima sus padres le jodían la cita a Pete y la primera salida oficial a James; con algo de suerte y hasta podía invitarle una cerveza a Lily.
— ¡Maldito…!
Arrojó el trofeo de Servicios brindados al colegio, enojado con la marca que no salía y lo estaba volviendo loco. ¿Acaso Slughorn no tenía algún trabajo más humillante que ese para darle de castigo? Llevaba como una hora dentro de esa habitación y lo único que había logrado era pescar unas cuantas alergias gracias al polvo que había.
— ¿Black? — una cabeza castaña se asomó y luego Dorcas Meadowes en todo su esplendor entró, alzando una ceja al verlo. — ¿Qué haces aquí un sábado de Hogsmeade?
— Castigado, — bufó, dejando el trapo de lado. — ¿Qué haces tú aquí un sábado de Hogsmeade?
— Algo parecido,— comentó, cruzándose de brazos. — Dearborn opina que tengo que "mejorar mi método de enseñanza". Imbécil.
— ¿Torturarnos y humillarnos no es un buen método? — preguntó sardónico, ganándose una sonrisa torcida de la chica.
— Aparentemente, no lo es, así que me mandaron a revisar mi mala actitud. — Sirius soltó una risa seca. Que alguien le dijera a Meadowes que tenía que revisar su actitud era un eufemismo; la chica era 100% mala actitud y tal vez por eso nunca se había fijado realmente en ella, por muy buena que estuviera. Esa mirada despectiva que le estaba dirigiendo en ese momento era la prueba viviente. En cierto modo, le recordaba a la peor versión de sí mismo.— ¿Por qué no usas tu varita para limpiar todo esto y ya?
— Nunca estuviste castigada, ¿verdad?
— Nunca tuve el placer, no, — admitió, apoyándose contra el marco de la puerta aún de brazos cruzados. — ¿Qué, hay un sistema?
— De hecho, si. Para empezar, mi varita la tiene Slughorn, — señaló, tomando el trofeo que había arrojado momentos antes y volviendo a colocarlo en la vitrina.
Imitando la pose de la chica, se recostó contra la pared con una sonrisa torcida y la observó sacar su propia varita de su túnica.
— Problema resuelto, — volvió a guardar la varita y cruzarse de brazos.
— Segundo, hay un hechizo en la habitación: si salgo, alerto a Slughorn. Así que ahora estoy encerrado, sin nada que hacer, por dos horas más, — continuó, viéndola morderse el labio inferior.
— Y dime, ¿Slughorn sabrá si alguien más entra?
— No, no lo creo, — respondió tranquilamente, descruzando los brazos.
Dorcas dió un paso dentro de la habitación y luego otro. Sirius acentuó su sonrisa de costado mientras se incorporaba sobre sus pies y avanzaba. Para cuando Meadowes había cerrado la puerta, él ya estaba frente suyo.
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James estaba bebiendo tranquilamente de su cerveza de mantequilla cuando pasó; en un instante estaba pensando en el local que vendía libros en Hogsmeade, totalmente destruído en un ataque que ninguno de los principales diarios se había molestado en cubrir y al siguiente, un par de labios lo estaban besando como si no hubiera mañana, generando algo de revuelo entre los demás alumnos.
Antes de que pudiera reaccionar y hacer algo, la chica se había separado y sentado enfrente suyo, con una sonrisa demasiado forzada y una mirada de súplica.
James miró a su alrededor, intentando entender qué acababa de pasar. Lily y Marlene, sentadas en una esquina con unos chicos de otras casas, habían levantado la mirada, sorprendidas con la escena; Holly, desde la barra charlando con Caleb Wood, también se había girado con el ceño fruncido. Sin embargo, su atención se enfocó en un par de ojos azules-grisáceos que lo miraban con odio y eso le alcanzó para entender qué sucedía: Regulus siempre lo miraba mal, principalmente por ser tan cercano a su hermano y, muy posiblemente, por considerarlo el culpable de todo lo que había ocurrido en su casa ese verano, pero esta vez lo fulminaba como si realmente desearía poder sacar su varita y maldecirlo.
— Por favor, por favor, por favor, tienes que seguirme la corriente, — le rogó Vera en un susurro, manteniendo la falsa sonrisa en el proceso.
James camufló su sorpresa por ver a la chica en esa posición con una amena sonrisa, tratando de evitar la mirada del menor de los Black.
— ¿Que tú y él no estaban comprometidos? — preguntó, intentando verse de lo más casual.
— Supuestamente, si. Pero al parecer, lo asfixio, — admitió en tono enojado y James le hizo una seña, recordándole mantener la sonrisa en el rostro. — Me dijo que pasábamos demasiado tiempo juntos, que deberíamos ver otras personas, ¡Y míralo no más! Yo aquí siendo miserable y él paseándose con esa zorra.
James soltó un chasquido, bastante parecido a una risita, analizando la situación. Remus y Sirius, aunque por razones muy diferentes, se habían quedado en el castillo y Peter debía estar en el picnic que había organizado para su cita. Su salida a Hogsmeade se había presentado bastante aburrida, pero parecía estar mejorando.
— Pon tu mano sobre la mesa.
— ¿Qué?
— ¿Quieres mi ayuda o no? El pequeño Black está mirando hacía aquí así que sigue sonriendo y pon tu mano sobre la mesa, — indicó, también manteniendo una sonrisa, aunque la suya no pareciera para nada forzada. Vera le hizo caso y, al momento siguiente, James había enredado su mano con la suya con total naturalidad, intentando contener la carcajada por lo bizarro de la situación. — Merlín, me iré al infierno por esto. Y te aseguro que será Black el que me arrastre hasta ahí.
— ¿Está mirando? ¿Está mirando ahora? — preguntó inquieta, a punto de girarse para verlo.
— Ya cálmate, sí, él está… — James no pudo terminar la oración, porque el sonido de un vaso reventándose lo detuvo. Esta vez, Vera no pudo evitarlo y se giró, justo a tiempo para ver a Regulus ponerse de pie furibundo y salir de ahí tomado del brazo de Victoria, quien parecía ser la responsable de sacarlo antes de que causara una escena. — Parece que tu puesta en escena sirvió, el pequeño Black lucía bastante celoso.
— ¿Por qué le dices pequeño? No es pequeño, — cuestionó, intentando centrarse en los detalles y no en todo lo demás.
— Sirius es el Black mayor, aunque le pese, y Regulus es el pequeño Black. No le busques un doble sentido que no tiene, Greengrass, — llamó a Rosmerta y le hizo una seña, para que le trajera la cuenta. La voluptuosa mujer asintió y con un movimiento de varita le mandó un pergamino con el monto que debía pagar. — Un placer haber hecho a rabiar al pequeño Black contigo, nos vemos luego.
— ¡Espera! ¿A dónde crees que vas? — exclamó, esforzándose por mantener la voz baja para que el resto no la escuchara, también poniéndose de pie.
— A disfrutar de mi sábado, Greengrass.
— ¡Pues no puedes hacerlo!
— Por si no lo notaste, lo de recién fue puro acto, nosotros no somos realmente una pareja, — apuntó, con una sonrisa burlona ante la expresión hastiada de la rubia. — Merlín, ahora entiendo a qué se refería-
— Cuidado con lo que dices, Potter, — lo interrumpió, furiosa. — Puede que en el campo seas mi capitán y no pueda hacer nada, pero aquí-
— Tranquila, princesa, no tengo interés en los dramas que ser una Greengrass implica, — dejó un par de sickles en la mesa. — Nos vemos en los entrenamientos.
— ¡No puedes irte, tienes que ayudarme! — chilló en un susurro, siguiéndolo afuera del local. — Si no sigo con esto, Regulus sabrá que fue todo fingido y te habré besado para nada.
— No para nada, hay quienes dicen que besarme a mí es bastante impresionante, — le comentó burlón. Toda esa situación le parecía ridícula pero en extremo entretenida, por eso mismo no había mandado a la chica al demonio aún; visitaría a sus padres al día siguiente, para ver cómo progresaba su enfermedad, y necesitaba de toda la diversión que pudiera obtener hasta entonces. Al ver la expresión molesta de ella, agregó: — Vamos, ¿qué esperabas? Que fuéramos qué, ¿novios de mentira?
— ¿Entonces lo harás, me ayudarás?
— ¿Acaso estás loca?
Vera se cruzó de brazos. No quería llegar a ese punto, se sentía como una de esas adolescentes tontas que hacían cualquier cosa con tal de quedarse con el chico; el problema era que, en ese momento, ella era una de esas adolescentes tontas. Tonta y desesperada, la clase de chica de la cual solía burlarse. Todo iba perfecto con Regulus, estaban en el mejor momento de su relación y, de buenas a primeras, él quería alejarse.
Al igual que Mary, todos parecían abandonarla. Y realmente, podría tolerarlo de tratarse de cualquier otra persona. Había sobrevivido toda su infancia sabiendo que para sus papás su trabajo como aurores estaba antes que ella; había sobrevivido su primer año de Hogwarts aislada y sin amigos; había sobrevivido a su mejor amiga dejándole de hablar y alejándose de ella, pero no podría sobrevivir a Regulus haciéndola a un lado.
Lo que estaba haciendo era tonto y desesperado, cierto, pero ella estaba tonta y desesperada. Por eso mismo, con una sonrisa altanera y rogando internamente que funcionara, advirtió:
— Si no me ayudas, abandonaré el equipo.
La expresión de James se desfiguró por una milésima de segundo, pero se apresuró en controlar su rostro.
— Todo el mundo es reemplazable.
— Tal vez el mundo sí, pero no yo, — replicó, con la barbilla en alto y el orgullo Greengrass a flor de piel. — Con el patético equipo que formaste este año, ni siquiera te puedes permitir perder a Grint, que prácticamente se cae de la escoba cada veinte metros.
James maldijo internamente. Quizás las palabras de la chica le golpeaban el ego, pero ni siquiera él podía refutar eso porque la verdad era que, ese año, el equipo de Gryffindor dejaba muchísimo que desear. Y, tal y como la rubia había señalado, de ninguna manera podía permitirse perderla.
— Jamás harías eso. No puedes hacerlo.
— Sí, puedo, y lo haré si tú no me ayudas.
— De acuerdo, — aceptó luego de unos momentos de debate interno, sintiéndose derrotado, — pero con una condición.
— No me acostaré contigo, — se atajó inmediatamente.
— ¿Por qué asumes que quiero acostarme contigo?
— Porque tú eres un chico y yo luzco de esta manera, — respondió, señalando su figura, obteniendo una risa por parte de James.
— Créeme, Greengrass, acostarme contigo ni siquiera figura en mi lista de intereses, — comentó, bajándole los humos rápidamente. Antes de que ella pudiera replicar algo, continuó: — Te ayudaré y fingiré ser tu noviecito para que logres lo que sea que quieras lograr con el pequeño Black, siempre y cuando tú dejes de maltratar a mis amigas.
— Las trato como las de su clase se merecen, — apuntó, con rencor.
— No, las tratas como tú mereces que el resto te trate a tí, — dijo James, teniendo que inhalar para no golpearla en ese mismo momento. — Y sin embargo, todos somos civiles y te tratamos con respeto.
— No lo haré, — se cruzó de brazos, inflexible.
— Entonces te deseo suerte encontrando a otro novio falso.
James se giró y a los pocos pasos, Vera lo frenó. Podía encontrar a otro chico que la ayudara en la farsa, sí, pero Potter era la única persona en el castillo que podía levantar sentimientos tan fuertes como el odio en Regulus. Por eso mismo, no podía ser otro, tenía que ser él.
Tragándose el orgullo, sabiendo que sería una pesadilla, asintió:
— De acuerdo, lo haré.
Open heart, open mindNever know who you'll findOpen heart, close your eyes****Kissing strangers
Y con este capítulo, me despido.
No sé cuándo podré publicar el próximo, pero si les puedo adelantar que Halloween será una 💣💣
Espero les haya agradado el capítulo (mucho más drama y adolescentes de lo que las tengo acostumbradas, lo sé, perdón)
Besos.