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Historia 192671 — capítulo 4
Hola a todos aquí un nuevo capítulo después de mucho tiempo jejeje Espero no se olviden de comentar. —Puedo ver tu dolor muchacho. —Draco volteó y miro al fantasma de reojo para luego seguir con la mirada fija al horizonte. — Los que son como nosotros suelen ser obsesionados, violentos, frenéticos. — hizo una pequeña pausa y al igual que Malfoy fijo su mirada a tan hermoso anochecer. — Pero nuestra peor maldición es que los slytherin solemos enamorarnos de un modo enfermizo y una vez nos ocurre nunca dejamos de amarla, ni las guerras, ni los años, nada puede hacer que se vayan de nuestra mente o corazón.
Al escuchar eso último Draco comenzó a escuchar con más atención y volvió su engreída mirada al fantasma de su casa, en señal de que estaba interesado en lo que decía.
—No eres ni el primero ni el ultimo que vive esta misma tragedia, la he visto venir una y otra vez durante siglos y si algo he aprendido en todas estas años es que los slytherin solemos creer que no merecemos la felicidad y mucho menos podríamos dárselas a aquellas que amamos, pues cómo dar algo que no tenemos. Al final ellas se cansan y se van con aquellos más valientes para arriesgarse e intentar dársela y nosotros quedamos solos.
El Barón comenzó a recordar las más recientes personas que habían pasado por la misma situación que aquel chico. Por supuesto estaba su compañero, el joven Nott y claro también estaba el fallecido Severus Snape e incluso el Barón había sido testigo del dolor e ira de Tom Riddle al no conseguir el amor de Dorea Black quien había terminado casada con Charlus Potter. Todos ellos y muchos más quienes por orgullo y cobardía habían dejado ir a las que amaban, dándose por vencidos al primer obstáculo y pensando que era una batalla pérdida y que no tenía sentido el volver a intentarlo. Incluso él mismo había sido uno, pues después del rechazo de Helena la primera vez que le declaro su amor a los 16 años, jamás volvió a intentarlo, e incluso cuando 20 años más adelante enviado por Rowena fue a buscarla y al encontrarla ella se negó a ir junto a él de vuelta a Hogwarts, ese dolor de rechazo fue detonante para que actuara de manera impulsiva y lleno de ira y terminara asesinándola.
— ¿Y entonces, cuál es tu consejo? — pregunto medio altanero.
— Inténtalo, no seas el cobarde que seguramente crees que eres y si fallas a la primera inténtalo una vez más, demuéstrale que eres merecedor de ella pero sobretodo contrólate y a tu ira deja de ser un descorazonado y violento, eso es lo que yo haría si tuviese otra oportunidad. Y sobre todo olvida el qué dirán porque al final de tus días el único que sentirá arrepentimiento serás tú.— Acto seguido el barón atravesó una pared y desapareció.
Camino a su sala común, Draco fue pensando en las palabras de ese fantasma, si bien no quería cambiar quien era intentaría darse una oportunidad y no dejarse vencer por lo que había visto esa tarde en Hogsmeade, en parte porque ya no tenía nada que perder en esta vida y si tenía mucho que ganar si lo lograba. Una vez en su cama una idea brillante le vino a la mente algo que seguramente Granger no tomaría para nada inadvertido, con esa idea dando vueltas en su cabeza término quedándose dormido y que bueno pues al día siguiente tendría mucho por hacer.
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La mañana del domingo Draco tenía muy buen humor, una vez aseado y listo se dispuso a ir a desayunar al gran comedor pero antes de eso se animó a pasar al despacho de la directora McGonagall. Como obviamente no sabía la palabra clave el águila de piedra que custodiaba la entrada se apresuró a hablar.
— ¿Qué es lo que quieres?
—Hablar con ella, no es obvio.
Pasado un minuto la estatua comenzó a girar dando lugar a una escalera en forma de caracol. Draco toco y tras un "adelante" se dispuso a pasar.
—Buenos días joven Malfoy, a que debo tan inesperada visita.
—Buen día profesora McGonagall, hay algo que necesito, no sé si este enterada sobre el proyecto que se llevará a cabo en pociones, criaturas mágicas y herbolaría de séptimo año.
—Sí, desde luego que estoy enterada.
—Mi compañera de proyecto y yo requerimos algunas herramientas nuevas, un mejor caldero de los que se tienen disponibles aquí y otras cosas, desde luego estamos conscientes que los ingredientes deberemos conseguirlos de la forma antigua pero las reglas no decían nada sobre las herramientas, así que me preguntaba si al ser mayores de edad y dadas las circunstancias se nos podría otorgar un permiso especial para ir hoy al callejón Diagon.
—Bueno siempre y cuando no lleguen a una hora inapropiada no veo porque negarme, la reja principal del castillo que da a Hogsmeade se abrirá y cerrara solo por hoy con la palabra "patentibus" además de eso le dio un pergamino firmado y sellado con la autorización.
Draco sonrió de lado en gesto de agradecimiento. — Descuide no demoraremos tanto.
—Bien si eso es todo, creo que puede retirarse.
—Hasta luego.
Al término del desayuno pero aun sentado en su mesa, Draco fijo su mirada en Hermione quien no tardo tanto en devolverle la mirada, el chico levanto las cejas y con la cabeza señalo la puerta del gran comedor, seguido se puso de pie y espero a la gryffindor en el vestíbulo de entrada.
— ¿Ese era Malfoy pidiéndote ir fuera?
—Ya vuelvo Ginny.—La castaña hizo oídos sordos a su amiga y fue a ver que quería el hurón. Una vez fuera lo encontró recargado junto a una de las lámparas de piedra.
— ¿Terminaste de desayunar?
—Sí.—respondió dudosa tratando de adivinar cuál era su punto.
—Bien, entonces vamos a hablar con Slughorn antes de que los demás lo hagan y nos dejen el peor lugar.
—Oh tienes razón, vamos.—respondió como si de repente todo tuviese sentido.
Ya en el despacho del líder de slytherin ambos se sentaron en la salita del profesor, donde al parecer él estaba tomando el desayuno, pues la charola en la mesita de centro con un juego de té, panecillos, fruta y el diario el Profeta lo delataba.
—Adelante, vamos muchachos díganme ¿que se les ofrece?
—Espero que no seamos muy inoportunos señor.
—Para nada señorita Granger, me agrada la compañía para el desayuno, pero a veces prefiero tomarlo aquí por ser más cómodo y poder estar en bata, pero bueno no se puede tener todo en la vida.—Hermione sonrió por el comentario del profesor.
—Bueno estamos aquí porque queríamos ver la posibilidad de que nos autorice a usar alguna de las aulas vacías del cuarto piso.—hablo de nuevo la chica.
—Desde luego pueden usar la que crean más conveniente, hechicen la puerta de forma que otros no se metan con su poción o sus materiales y cualquier inconveniente háganmelo saber, estaré contento de ayudarlos.
Cuando se retiraron del aula de Slughorn, no demoraron en ir al cuarto piso y escoger una de las aulas, al final se decidieron por una bastante amplia con un gran ventanal que daba al bosque y lago y además tenía un pequeño despacho con baño propio. Hechizaron la puerta con una llave de tal forma que solo ellos dos podrían tener acceso.
—Granger como sabes una buena poción multijugos debe hacerse en un caldero de oro y la poción visionis necesita en dado momento que se le esté dando vueltas por 72 horas consecutivas y no se tu pero yo no pienso hacerlo, así que necesitamos un caldero automatico.
—Es cierto pero no pienso gastar 200 galeones en un caldero de oro.
—Granger, olvídate del dinero, mejor piensa, que otra cosa necesitaremos porque iremos al callejón Diagon.— mientras habló le dio el pergamino con el permiso de McGonagall.
Se que el capítulo no esta muy bueno, pero tenía gas de escribir algo. En fin dejen sus comentarios por favor. Abrazos.