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Historia 192918 — capítulo 16

−También le podrías regalar un colgante. −Le dijo su madre.

−Si mama. −Le dijo Hermione y le sonrió. −Gracias.

−De nada.

−Se lo hare también. −Le dijo su padre.

−Me gustaría que le pusieras un diamante arco iris de luna.

−Se lo pondré, pero me tienes que decir como lo quieres.

−Un dragón. −Le dijo Alex. −El animal protector de Draco es el dragón, así que seguro que el colgante que Hermione le está haciendo con todo su amor, le protegerá más.

−Mi hermano tiene razón. −Le dijo Sara y miro a su prima. −Un hermoso dragón.

−Si me gusta. −Y miro a su padre. −Papa quiero un dragón con un diamante arco iris, ¿ha sobrado alguno?

−Han sobrado muchos, llenamos una gran carreta, tenemos más de 50 piezas aun.

−Papa quiero un diamante pequeñito para el ojo del dragón.

−Lo tendrás, ahora termina de desayunar que tienes que ir a trabajar.

−Sip. −Y terminando de desayunar, miro a su abuelo. −Abuelito hoy para comer quiero estofado.

−Lo tendrás, ahora ves.

−Sí. −Y dándoles un beso se puso su capa y se fue a su trabajo.

Un rato después George antes de irse a su trabajo, pasaba por la tienda de magia más poderosa que había en la ciudad, ese sitio era caro pero por lo que buscaba no importaba.

Entrando vio a una mujer detrás del mostrador.

−Buenos días.

−Buenos días, ¿Qué busca?

−Quiero oro, plata e hierro bendecidos por los sacerdotes y cristales mágicos.

−5000 monedas. −Le dijo la dependienta tras prepararlo.

George contando el dinero se lo dio. −Aquí tiene.

La mujer contándolo le dio el paquete. −Espero que le vaya bien.

−Gracias. −Y cogiendo el paquete se fue a la herrería donde vio a su jefe y amigo.

−Buenos días George. −Le saludo el hombre y vio que llevaba un paquete. −Veo que vienes cargado.

−Sí. −Y se lo mostro. −Oro, plata e hierro bendecidos por los sacerdotes. −Y abriendo una pequeña bolsa saco unos pequeños cristales.

−¿Para qué es todo esto?

−Para el regalo de bodas de Herms para el rey, me ha pedido una espada y la hare con hierro bendecido.

−El hierro bendecido es un buen material no hay nada más poderoso que el.

Por eso, y el oro y la plata para dos colgantes gemelos y los cristales son mágicos los pondré con los diamantes arco iris.

−Te debe de haber costado una gran cantidad.

−5000 monedas, pero no me importa, Hermione pronto será la reina de esta ciudad y no dejare que nadie la lastime, se de los cuchicheos de los nobles, muchos no están contentos de que Draco haya escogido a mi hija como su mujer y reina.

−Eso será una buena protección, ¿quieres que le haga una daga a tu hija?

−Si gracias, he traído mucho hierro.

−Cuando las terminemos les pediremos a los sacerdotes que las bendigan, con su bendición y con las cosas que les pondremos estarán seguros. −Y acercándose a una estantería cogió un pote de madera y otro de cristal. −Aceite e hierbas mágicas si las ponemos mientras las hacemos su magia dura para siempre.

−Te pagare. −Le dijo George. −Sé que eso cuesta dinero.

−No digas tonterías, es un regalo mío, ahora vamos a ponernos.

−Sí. −Y quitándose la camisa se acerco al fuego y empezó a trabajar, aunque fuera hacia frio allí dentro era como estar en el interior de un horno y no se necesitaba ropa al contrario cuanta más ropa vestías más molesto se volvía.

Unos días más tarde, George se acercaba de nuevo a la tienda y compro madera también bendecida por los sacerdotes.

Esa gente vivía a las afueras de la ciudad y no se juntaban con nadie, el único que tenía permiso para entrar a verlos era el rey, vivían en aislamiento total y la muerte era el castigo por la osadía de intentar verlos, su trabajo era el de proteger mágicamente la ciudad y nadie sabía cuántos eran o qué edad tenían.

Mientras los días pasaban y cada vez nevaba más y hacia mas frio, Sara seguía preparando los vestidos de Hermione.

Una tarde, Mark entraba feliz y los abrazo a todos.

−¿Mark y esa alegría? −Le pregunto George.

−Papa, Alana ha aceptado casarse conmigo, nos casaremos en el cuarto mes.

−Felicidades Mark. −Le dijeron las chicas.

−¿Papa me dejaras que me case con ella? −Le pregunto Mark, las leyes en su ciudad eran muy claras, el matrimonio entre dos personas tenía que ser aceptado por los padres, si no lo era no podían casarse.

−¿La quieres?

−Más que a mi vida.

−¿Ella te quiere?

−Mucho.

−Entonces te doy permiso, mañana iré a hablar con John.

−Gracias papa. −Y lo abrazo.

−De nada hijo, solo quiero que seas feliz.

−Y ella me hace inmensamente feliz. −Y los volvió a abrazar a todos.

George al ver lo feliz que era su hijo sonrió.

−Mark, yo os regalare las telas para vuestros vestidos. −Le dijo Hermione. −Mañana iré a ver a Draco y seguro que aceptara las telas.

Ante eso el chico la miro. −Herms no quiero que piensen que nos queremos aprovechar de ellos, las telas son tuyas.

−Y yo las quiero compartir contigo que eres mi hermano y con Alana que es mi cuñada.

−Está bien, gracias.

−De nada guapo. −Y le sonrió.

Al día siguiente, Hermione tras salir del trabajo se iba al castillo y cuando le dejaron entrar se fue al despacho de Draco, aunque estaba siempre muy ocupado se intentaban ver aunque fueran dos días a la semana.

−Hola Hermione. −Le saludo Draco.

−Hola, he recibido una gran noticia.

−Ven y me la cuentas. −Y miro a la sirvienta. −Te y pastelitos.

−Si mi señor. −Y haciendo una reverencia se fue a buscar las cosas.

−Cuéntame. −Le dijo Draco cuando estuvieron sentados.

−Mark se va a casar con su novia de toda la vida en el cuarto mes.

−Eso es estupendo, ¿y ya tienes su regalo?

−Es porque eso que he venido a verte, me gustaría regalarle telas para sus vestidos, como tú me dijiste que cogiera todas las que quisiera lo he pensado, ¿Qué dices?

−Me parece muy bien. −Le dijo Draco sonriéndole y le cogió de la mano. −Como dije en su momento puedes coger todas las que quieras.

−Gracias, Mark no estaba muy convencido no quiere que pienses nos estamos aprovechando de ti.

−Para nada. −Le dijo el rey. −Esas telas se mueren de asco sin ser usadas y Mark es mi cuñado así que estoy feliz de que las coja.

−¿Vendrás a la boda?

−Claro que iré, al fin y al cabo ahora somos familia.

Hermione al escuchar que iría le sonrió feliz. −Gracias.

−De nada.

La sirvienta no tardo mucho más en llegar con el té y los pastelitos.

Cuando terminaron de merendar se fueron a la sala de las telas y escogieron unas cuantas que los soldados colocaron en una carreta.

−Herms vete ya a casa. −Dijo poco después de que anocheciera. −No quiero que se preocupen por ti, nos veremos pronto.

−Si gracias. −Y despidiéndose se subió en la carreta y diciéndole adiós con la mano, salieron del patio.

Al llegar a su casa, Hermione les enseño a su familia las telas que el rey les había dado.

−Me ha dicho que no me tengo que preocupar de nada. −Les dijo. −Nos la da con gusto.

−Gracias Hermione. −Le dijo Mark realmente agradecido. −Papa ya ha hablado con John y los dos han decidido la dote y todo eso.

−Me alegro un montón de que os hayan dado permiso para casaros.

−Yo también.

−¿Y donde viviréis?

−Hemos decidido vivir en una casa los dos solos.

−Ohh que bonito. −Les dijo Sara que estaba mirando las telas que su prima le había llevado, Alana ya le había dicho que quería que fuera su modista.

−¿Qué es bonito? −Le pregunto Mark. −La tela o que vivamos solos.

−Las dos cosas. −Le dijo Sara.

−Creo que ni sabía de lo que estábamos hablando. −Le susurro Hermione.

−Seguramente. −Y miro a su prima. −Sara mañana vendrá Alana a mirar la tela que más le guste.

−Las guardare bien para que no se estropeen y mañana lo decidiremos entre las dos.

−También vendrá su madre.

−Entonces entre las tres.

Mark miro a su padre. −Papa quiero tu nos hagas los anillos.

−Los hare, y os pondré un hermoso diamante arco iris.

−Papa gracias. −Le dijo.

−De nada hijo, ¿oro o plata?

−Eso te lo diremos mañana.

−Mientras seguiré con los regalos de tu hermana.