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Historia 192918 — capítulo 20
−Aparte del estudio que le preparare, le quiero regalar un caballo, me gusta mucho pasear, hacer picnics, es uno de los mejores recuerdos que tengo de mi infancia, salir al campo y pasar el día jugando a la cometa con mi padre.
−A mi hija también le gusta el campo.
−Entonces buscare un hermoso caballo.
−Que sea tranquilo, ella no es muy buena amazona.
−Sera tranquilo.
−Nosotros ya nos tenemos que ir. −Le dijo George. −Me he tomado la mañana para hablar con Draco pero ya tengo que volver, tengo mucho trabajo en la herrería.
−¿Eres herrero? −Le pregunto Sirius.
−Lo soy.
−Mi hermano está preparando las joyas de la boda de sus hijos, mi sobrino Mark el hermano mayor de Hermione también se va a casar. −Le dijo Eric.
−¿Entonces te puedo pedir las joyas?
−Sí que me las puedes pedir, ¿pero no prefieres otro herrero?
−No, quiero que lo hagas tu, tú conoces bien a tu sobrina.
−Entonces las hare. −Y miro a su hermano. −Y no me mandes más trabajo que ya tengo suficiente.
−No te pediré nada más. −Y miro a Sirius. −Creí que eras un sinvergüenza que solo quería aprovecharse de mi hija, pero veo que me he equivocado discúlpame.
−No te preocupes, es normal que protejas a tu hija es lo que los padres tienen que hacer.
−Nos vemos pronto. −Le dijo Eric y despidiéndose los dos hombres se fueron.
Mientras volvían al centro de la ciudad, Eric le dijo su hermano que estaba contento de que Sara se fuera a casar con un hombre que la aceptaba como era.
Por la noche, Sara saltaba de alegría, no solo se iba a casar con un hombre bien situado sino que aceptaba que siguiera trabajando.
−Nos ha enseñado la habitación que será tu estudio. −Le dijo su padre. −Es grande y entra mucho sol.
−Así podrás seguir con tu sueño. −Le dijo su madre.
−Si mami. −Y miro a su padre. −¿Cuándo será mi boda?
−El séptimo mes después de la de Hermione.
−Entonces me dará tiempo a preparar mi vestido.
−De él me ocupare yo. −Le dijo su madre. −No está bien que hagas tu propio vestido, yo te lo hare.
−Gracias mami. −Y la abrazo.
−De nada guapa. −Y miro a su hijo. −Alex solo falta que te cases tú.
−Creo que con tres bodas en un año hay más que suficiente, además aun no he conocido a nadie con la que quiera casarme.
−No hay ninguna prisa. −Le dijo su padre. −Mejor tarde que mal casado.
−Por eso.
Al día siguiente Sara salía de su trabajo cuando se encontró con Sirius.
−Sirius. −Acercándose le sonrió. −Estoy muy feliz de casarme contigo y que me aceptes tal como soy.
−Yo quiero casarme por cómo eres, no te quiero cambiar, se que apenas nos prometimos ayer, ¿pero ya tienes modista para tu vestido?
−Lo vamos a hacer en mi casa, cuando Draco y Hermione se prometieron él le regalo muchas telas así que las usaremos.
−Iremos a un amigo mío que vende muchas telas, muchas de las traigo yo mismo de mis viajes.
−¿No echaras de menos viajar?
−Para nada. −Le dijo Sirius mientras la llevaba a la tienda. −En parte viajaba porque me deprimía estar aquí solo, viendo como las familias disfrutaban de pasar tiempo juntos, pero ahora que tendré una familia propia quiero quedarme aquí, y trabajare haciendo cajas de madera talladas y ya veremos que mas hago, no me gusta estar sin hacer nada.
Sara al escucharlo le sonrió, estaba feliz de no estropear su sueño de ser marinero.
Al llegar a la tienda, Sirius presento al vendedor y le dijo:
−Sara es mi prometida, me casare en el séptimo mes y hemos venido a mirar telas, harán su vestido de novia en su casa.
−Felicidades Sirius. −Le dijo el vendedor. −Sara debe de ser muy especial si te casas con ella.
−Es la única que no se rindió a mis encantos la primera vez que nos vimos.
−Eso sí que es ser especial. −Y miro a Sara. −¿Qué tela quieres?
−Me gusta el terciopelo, es suave y fácil trabajar en el.
−¿No prefieres seda? −Le pregunto Sirius.
−No, a mi me gusta el terciopelo.
−Pues terciopelo. −Le dijo el vendedor y la llevo al lado de la tienda donde tenía cientos de rollos de tela de terciopelo.
−Quiero blanco para mí vestido de novia. −Le dijo Sara.
El vendedor llamo a su ayudante y le pidió que apartara un rollo de terciopelo blanco.
Cuando Sara termino de mirar todas las telas, se quedo con diez, también compraba hilo de seda e hilo plateado.
−Oliver envíalo a casa de mi prometida. −Le dijo Sirius y le dio la dirección. −Por favor que lleguen bien.
−Llegaran bien. −Le dijo el vendedor. −Tu prometida tiene muy bien ojo para las telas.
−Es que quiere ser modista. −Le dijo Sirius orgulloso y miro a Sara. −¿Vamos?
−Sí. −Y dándole las gracias al vendedor se fueron.
Al día siguiente, el pedido de Sara llegaba y le enseñaba las telas a su familia.
−Sirius me las ha regalado para que pueda hacer mas vestidos, me dijo que no estaba bien que Draco pusiera todas las telas.
−El tiene razón. −Le dijo su padre mirando las telas. −Son hermosas.
−Las he escogido yo.
−Es que tienes buen gusto. −Le dijo Elisa y miro a los hombres. −Todos menos Mark llevarlas al estudio de Sara.
−Sí. −Y cogiéndolas se las llevaron al estudio donde habían puesto una estantería para que guardara todas las telas que tenia.
Para la boda de Hermione, Draco le dio 20 rollos de tela de colores y de diferentes materiales, para la boda de Mark y Alana les dio otras 10 y ahora con los que Sirius le había dado, ya tenía para hacer muchos vestidos diferentes.
Su padre le había hecho una cajonera donde estaban guardado bien todos los hilos de colores de seda y algodón.
Unas semanas más tarde, las casas estaban incomunicadas llevaba llenando cinco días seguidos y no parecía que fuera a parar.
Hermione aprovechaba las horas haciendo sus cajas de madera y le había pedido a su padre otra para regalársela a Sara y Sirius.
Sara seguía cosiendo los vestidos ya había terminado el de Alana y ahora estaba terminando el de Hermione, aunque al principio había ido un poco despacio pues solo cosía cuando terminaba de trabajar ahora había avanzado mucho sin contar que su madre, su tía y su abuela la estaban ayudando.
Mientras las casas estaban incomunicadas, el castillo no se quedaba atrás, Draco se había quedado solo con los soldados y los sirvientes, Remus había vuelto con su familia así que se pasaba todo el día trabajando o leyendo, ya tenía ganas de casarse sabia que en momentos de aislamiento estaría con Hermione.
Cinco días más tarde, tras diez días sin dejar de nevar, por suerte el sol salía aunque hacia muchísimo frio.
Nada mas dejo de nevar, Draco reunió a sus soldados.
−Soldados. −Draco los miro. −Tras diez días de intensa nieve la ciudad se ha quedado sepultada bajo un manto blanco, cuando el sol salga muchos irán a trabajar así que espero que puedan ir sin problemas.
Cuando el sol salga mientras unos siguen sacando la nieve, otros irán puerta por puerta para preguntar si les falta comida y repartiréis las cajas que estamos preparando, leche, harina, queso, carne y otras cosas, son para todos pero sobre todos para los que tienen niños pequeños, Remus os dará una lista de la gente que no pudieron pagar sus impuestos.
−Lo haremos así mi lord. −Le dijo el capitán.
−Eso espero y gracias.
−Ya habéis escuchado a nuestro rey. −Les dijo el capitán a sus soldados. −Tras diez días de intensas nevadas mucha gente necesita nuestra ayuda, así que vamos.
−Si capitán. −Le dijeron los soldados y se fueron a la ciudad.
En su casa Hermione vio como su padre y su tío limpiaban toda la nieve que había, tras tantos días nevando se había endurecido y costaba sacarla, por suerte ellos estaban acostumbrado a los trabajos pesados y la podían quitar sin problemas.
−¿Hija iras a trabajar? −Le pregunto su madre.
−Me pasare haber si han abierto.
−Si no trabajaras, ven a ayudarnos a la posada. −Le dijo su abuelo. −Hoy prepararemos comida para los que no pudieron comprar tanta comida como nosotros.
−Sí que me pasare, ya me voy. −Y terminándose su te caliente se abrigo bien y dándoles un beso a su padre y otro a su tío se fue a su trabajo.
Mientras caminaba por las calles vio que estaban limpias de nieve, seguro que los soldados se habían puesto a trabajar nada mas dejo de nevar para que ellos pudieran moverse sin problemas.
Por suerte no nevó durante cuatro días más, así que los soldados pudieron ocuparse bien de arreglar las casas que lo necesitaban y de entregar las cajas de suministros a los necesitados.
Eric aprovecho esos días de sol, para mirar bien la alacena de su casa y tras apuntar lo que necesitaría se fue a las tiendas a comprarlas.
Durante los meses de frio, el mercado estaba cerrado, no le gustaba nada esa temporada, no solo las cosas estaban más caras sino que apenas podían hacer nada, resignándose se olvido del mal tiempo y se ocupo de comprar.
Unos meses más tarde, tras un invierno muy duro, volvía el buen tiempo, en el tercer mes las temperaturas volvieron a subir y la ciudad volvió a tener vida, las puertas de la muralla se abrían y tras una inspección de los soldados para comprobar que no hubieran peligros en el bosque, ya les daban permiso a los habitantes.
Ese día mientras desayunaban, George miraba a su hijo. −Mark ya quedan tres semanas para tu boda, tienes que comprar la casa y decidir donde la quieres poner.
−Después de trabajar iré a ver a John y Alana para hablar con ellos.
−¿Mark cuanto presupuesto tienes? −Le pregunto su primo.
−John nos ha dado 1000 monedas para la dote de Alana, no nos puede dar más porque tiene tres hijas más a las que casar, Alana y yo tenemos 500 ahorradas y papa me dio 5000, así que creo que compraremos una casa de 1000 monedas.
−Una casa de ese precio está muy bien. −Le dijo George. −Puedes ponerle un piso con dos habitaciones, un cuarto de baño decente, una cocina comedor, un salón y un pequeño jardín.
−Es lo que haremos de momento no pondremos un segundo piso.
−Sois muy jóvenes. −Le dijo su abuelo. −Tenéis toda la vida por delante para hacerla mas grande.
−Por eso abuelo. −Y miro a su padre. −¿Papa nos acompañaras?
−Lo hare. −Y miro a los demás. −Y ahora terminar de desayunar que tenemos cosas que hacer.
Los demás haciéndole caso terminaron de desayunar y se fueron a sus trabajos.