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Dime que me quieres [Scorose] — capítulo 3

*Hay una chica que me gusta desde que la vi,**jamás pensé que ahora mismo estaría así,*me siento bien,con ganas de saber de ella otra vez.˜Cuatro meses atrás˜ Lo único reconfortante de todo es que Angie está con él. Scorpius se siente muy agradecido, cualquier otra chica no dejaría Beauxbatons para ir a Hogwarts y se quedaría a su lado cuando él está en estado de depresión por el estado de su madre. Scorpius entonces la besa, porque la ama y sabe que es la mejor novia que puede existir. Los dos se encuentran en el Gran Comedor, el lugar donde se está desarrollando la Ceremonia de Selección. El último niño de once años es elegido y la directora de Hogwarts, Minerva McGonagall, se pone de pie y carraspea gravemente para llamar la atención, algo que se le dificulta porque la mayoría de las miraras están centradas en él y en Angie. —Como ya se habrán dado cuenta, este año tendremos dos estudiantes nuevos que vienen de otro colegio mágico, más específicamente la Academia Mágica Beauxbatons —La directora guarda silencio, permitiendo que sus alumnos dejen escapar jadeos y murmullos. Scorpius mira a un grupito de chicas de Hufflepuff y éstas ríen tontamente. Scorpius ni siquiera sonríe, sino que abraza por la cintura a Angie; ella sonríe—. Espero que sean buenos con ellos y los integren a sus grupos. Y, chicos, deseo que disfruten de su estancia aquí —agrega la directora, mirándolos. Ambos le dan una sonrisa amable. Scorpius es entonces llamado por el subdirector, el profesor Longbottom, y suelta a Angie, no sin que antes ella le da un beso en la mejilla, para ir a sentarse en el taburete y colocarse el Sombrero Seleccionador. Pero lo único que llega es a dar unos tres pasos cuando algo lo golpea en la espalda y termina en el suelo, sin saber exactamente cómo acabó ahí. Lo primero que piensa Scorpius al abrir los ojos es que Hogwarts se está incendiando. Teme por un momento y está a punto de gritar cuando las llamas se mueven y él se da cuenta que no son más que cabellos rojos, pertenecientes a la joven que está sobre él, con una sonrisa avergonzada y divertida en el rostro. —¡Albus Potter! ¡Rose Weasley! —grita la directora. La chica lo mira con sus ojos azules y se levantan rápidamente, siendo ayudada por un chico de cabello negro y ojos verdes, quien también lo ayuda a él, Scorpius, a levantarse—. ¡No ha empezado el curso escolar totalmente y ya están retrasados! —¡No fue nuestra culpa! —protesta la joven de cabello como el fuego. Los alumnos están riéndose y Scorpius siente sus mejillas calentarse, ya sea de vergüenza o molestia. Angie lo toma del brazo, echando una mirara de enojo a la chica—. El thestral que llevaba nuestro carruaje se torció el tobillo y tuvimos que ayudarlo a llegar hasta la cabaña de Hagrid... ¿Y quienes son ellos? —pregunta, mirando expectante a Scorpius y Angie. McGonagall suspira profundamente y manda a los dos a sentarse, diciéndoles que si hacen otra travesura más, los castigará por todo el mes. Los alumnos ríen más fuerte y ambos chicos sonríen divertidos, caminando hacia la mesa de Slytherin. McGonagall se disculpa entonces con Scorpius y Angie y le pide al primero que se acerque al taburete. Él asiente, con las mejillas todavía encendidas como el cabello de la chica, y camina hacia los profesores. Rose, recuerda que así la llamó la directora, y se toma un tiempo para pensar que sus padres tuvieron razón en ponerle aquel nombre. Gira su cabeza y la centra en ella, la chica está sentada y riendo al lado de otra chica tan parecida a ella, que debe de ser su familiar. Entonces la chica con el nombre de flor levanta la cabeza y lo ve, ladeando su cabeza como si se encontrará frente a un dilema que no supiera resolver. Scorpius también la mira, intentado descifrar qué es lo que le llama la atención en ella, qué tiene para que se le quede mirando. Ella sonríe, mostrando sus dientes, y dos hoyuelos se le forman en el rostro. Scorpius aparta la mirara y observa a su alrededor. Siente que se han estado contemplando por varios minutos, pero en realidad no han pasado más de dos segundos y nadie parece darse cuenta de lo que hicieron, que a pesar de ser un simple intercambio de miraras, Scorpius sabe que ha sido algo más, algo que todavía no tiene nombre. Cuando se sienta en el taburete, dirige su mirara a Angie, quien le da ánimos al sonreírle. Y Scorpius le sonríe, olvidando lo que sintió al ver a la chica de cabello rojo, y se pone el Sombrero Seleccionador, esperando que éste le diga dónde debe ir. —¡SLYTHERIN!