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Dime que me quieres [Scorose] — capítulo 9

Es su mirada la que me habla****y su niñez;necesito verlaaunque sea por última vez.

Scorpius entra en la habitación, intentando equilibrar la bandeja que lleva en sus manos. Su madre desde la cama le da una agradecida sonrisa, mientras se acomoda para hacerle lugar a su hijo. Scorpius deja cuidadosamente la bandeja sobre el regazo se ella y se sienta a su lado. —Papá dijo que debes tomar tu medicamento —le informa, señalando las tres pastillas rojas que se encuentran al lado de un vasito de agua. La señora Malfoy asiente y tomas las pastillas. Después de tomarlas, se apresura a comer las galletas de chocolate que su hijo hizo especialmente para ella. Murmurando lo exquisitas que están, le acaricia con suavidad la mejilla. —Está noche es Navidad, mamá —le recuerda Scorpius—. Papá dijo que sólo celebraremos nosotros acá, y los abuelos. —Me parece bien —dice simplemente—. ¿Tal vez pueda ayudar a Narcissa a cocinar? —Papá dijo que debes quedarte en la cama. Astoria Malfoy hace una mueca de decepción y continúa comiendo. Scorpius la observa atentamente, la piel de su madre ha pasado a ser de un rosa claro a una pálido enfermizo, bajo sus ojos verdes hay grandes ojeras y su cabello está completamente despeinado. Incluso su sonrisa se ve rota. Scorpius no quiere aceptarlo, pero sabe que ella no llegará a fin de año. —No hablemos sobre esto —suplica su madre, entendiendo por donde van los pensamientos de su hijo. Scorpius baja la cabeza y murmura un lo siento—. Háblame de ésta chica. ¿Quién es? Scorpius no le dijo que la chica por la cual está sintiendo algo es Rose Weasley. Cree que ya es suficiente con saber que está interesado en alguien más cuando tiene novia. Scorpius toma una galleta y se la lleva a la boca, en una excusa para no hablar. —Bien, no me dirás quién es —dice su madre, sin molestarse—. Al menos dime algo sobre ella. —Es... linda. No tanto como Angie, pero lo es —Una sensación horrible se apodera de Scorpius, detesta compararlas—. También es inteligente, tiene uno de los mejores promedios de Hogwarts. Pero es muy problemática. Se mete  en problemas a cada rato. Literalmente. La última semana de clases la pasó castigada por poner Veritaserum en los almuerzos de los alumnos. Su madre ríe un poco y lo anima a continuar. Scorpius sonríe de medio lado, recordando el cabello rojo de Rose y sus lindos ojos azules. —No hablamos mucho. En general, no hablamos nada. Creo que únicamente conversamos porque ambos somos mejores amigos de Albus. Pero ella... no sé por qué la quiero, si creo que somos diferentes. —Esa es la mejor manera de querer a alguien, cariño —dice su madre sabiamente—. Cuando quieres a alguien y no sabes por qué, entonces debes aceptar que no simplemente la quieres, sino que la amas. —Amo a Angie —murmura. —Si la amarás, no estarías pensando en otra —dice su madre, sin mala intención. Aunque sabe que no quiere hacerlo sentir mal, es lo que sucede. Scorpius baja la cabeza y juega con sus manos, tan decepcionado consigo mismo como enojado. No vuelven a tocar el tema y para cuando su madre termina con su desayuno, Scorpius se retira a su habitación para pensar. Pasan horas hasta que una decisión parece ser la correcta para su mente; su corazón por otro lado está en desacuerdo. Únicamente ha ido a Hogwarts para estar lo más cerca posible de su madre, pero cuando ésta ya no esté -¡cuándo duele pensarlo!-, puede pedirle a su padre que transfiera nuevamente a Beauxbatons, donde de seguro Angie lo seguirá y donde no habrá ninguna chica que dificulte su decisión. Eso es lo que hará. Sabe que actúa como un cobarde, pero ya no puede seguir con esto. Ama a Angie, pero se está enamorando de Rose. Tiene que marcharse de Hogwarts. Pero antes, siente que debe decirle a Rose lo que le sucede, incluso cuando cree que ella no siente lo mismo por él Scorpius asiente frente al espejo, tratando de verse convencido, cuando escucha a su padre gritar para que alguien llame a los medimagos.