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Historia 22081 — capítulo 15

Capítulo 13: De vuelta a casa

“Tiempo presente y tiempo pasado

se hallan, tal vez,

presentes en el tiempo futuro,

y el futuro, incluido en el tiempo pasado.”

“Burnt Natan”

T. S. Eliot

Hermione volvió a su casa algo mareada. Quizá se debía a la Aparición que había efectuado, o a sus conclusiones.

A veces, cuando uno amaba, en las diversas maneras en las que se presenta el amor, hace cosas desesperadas, sin pensar que podrían causar en los demás. Uno protege, e intenta que esa persona sea feliz, en la medida que pueda, y hasta puede llegar a ser entrometido en la vida de ese ser amado. Hermione en parte sentía un sentimiento de culpa, en su mente. Sabía que no lo tendría que haber hecho, que era la vida de Harry y Ginny, aunque ellos no supiesen de ese aspecto en particular. Se sentía una intrusa, y lo sería más cuando les revelara a Harry y Ginny la verdad. Pero su mente no podía soportar esos cabos sueltos dando vuelta por su cabeza, buscando unirse, y necesitaba buscarles un fundamento, aunque no quisiera darle cabida a esa fantasía. Otra parte de su mente le decía que debía averiguarlo, porque era su deber como amiga. ¿Quién más se los diría sino? Nadie más lo sabía.

No podía ser verdad, no. No podía ser verdad por el hecho de que era... ¡imposible! Dumbledore no podía haber cometido semejante equivocación. Si, había tenido errores, pero ninguno tan grave como aquel. Ni siquiera esconderle la profecía a Harry podía ser tan grave comparado con aquello. Bueno, quizá si, pero... Si lo que suponía era verdad, aquella niña que pensaba ser hermana de Harry estaría, en algún lugar, preparándose para conocerlo. Esa niña habría crecido pensando en que sus padres era Lily y James Potter, y que su hermano era el héroe del mundo mágico. Pero entonces tendría que haber habido otro parto de magos en ese mismo hospital, el mismo día, año, mes y hora. ¿Quién podría ser?¿Y esa familia de magos quienes eran?

Su cabeza daba vueltas. Era mucha información de golpe, y no lograba acomodar sus ideas. Ese día, el 11 de agosto de 1981, tendrían que haber habido cuatro partos. Uno de los Weasley, otro de los Potter, y dos desconocidos. El hijo de los Weasley y de una de las parejas desconocidas nacieron muertos. La hija de los Potter tenía que ser llevada con la pareja que había tenido a su niño muerto, pero fue llevada con los Weasley. Y la niña de la otra pareja desconocida, que tendría que haber quedado, por lógica, con los Weasley, fue a parar con los que Dumbledore creyó los padres adoptivos de la hermana de Harry. Una equivocación y dos cambios. Una equivocación que podía terminar en incesto. De todos modos, ya no podía volver al hospital a seguir averiguando: seguramente su farsa ya había sido descubierta. Y por más que quisiera averiguar sobre las dos parejas desconocidas, ya tenía lo que sospechaba: Ginny era hermana de Harry. La muchacha que se pensaba hermana de Harry, cuando se apareciera ante este, se llevaría una desilusión. No quería seguir averiguando más, dejaría las cosas como estaban, y cuando estuviera preparada, le diría a Harry y Ginny que eran hermanos. Asi de simple, aunque seguramente, las consecuencias no serían tan simples.

Hermione volvió al día siguiente a Grimmauld Place. Ron estaba tan contento cuando Harry y Ginny le llamaron avisándole, que cayó rodando los últimos escalones, mientras bajaba corriendo. Pero Hermione no estaba tan alegre como debería, habiendo llegado de una visita a casa de sus padres. Luego de saludar a Ron y los demás, se acostó a dormir. Y estuvo asi de rara los tres días que faltaban para el primero de septiembre. Eso ya había alarmado Harry y Ron, y este último, se había peleado con su novia porque no le quería decir lo que la mantenía preocupada. Desde entonces, no se hablan y se ignoran olímpicamente.

El primero de septiembre llegó, y con él, la histeria al número doce de Grimmauld Place.

—¡Mamá!¡No encuentro mis túnicas!—se oyó el grito de Ginny, desde algún lugar de la casa, seguramente, su cuarto.

—¡Encima de tu cama, Ginevra!—gritó la señora Weasley, desde el pie de las escaleras. Su humor se estaba contaminado del nerviosismo del día.

—¡No encuentro mi insignia de prefecto!—gritó Ron, y otra vez la señora Weasley levantó la voz.

—¡Encima de tu ropa interior, Ronald!¡Será de Dios que sólo Hermione haya hecho su equipaje con tiempo!

Con el griterío, y sumado al hecho de que Fred y George habían ido al cuartel sólo a molestar, la señora Black, la madre de Sirius, se había despertado.

—¡SANGRE SUCIAS, MESTIZOS!¡ESTA CASA ESTÁ LLENA DE ESCORIA!¡CERDOS, INMUNDOS!

—¡QUE ALGUIEN CALLE A ESA MUJER!—chilló la señora Weasley, intentando hacerse oír sobre los gritos de la madre de Sirius.

—¡BASURAS!¡MALDITA ESCORIA QUE CONTAMINA MI CASA!¡DESPERDICIOS DE LA HUMANIDAD!

Al parecer, alguien la hizo callar, porque a los minutos, dejaron de oír los insultos de la mujer.

A la diez y media, los cuatro adolescentes, más los gemelos y los señores Weasley, estaban reunidos en el vestíbulo de la lúgubre casa, esperando la guardia que los acompañaría a la estación King’s Cross. Ojoloco Moody, Kingsley y un mago que no conocían se les unieron, y los diez, en una extraña comitiva, partieron a la estación, tomando el metro.

Llegaron a una King’s Cross abarrotada de muggles a las once menos cinco, casi con el tiempo justo. Atravesaron la aparentemente sólida pared que se encontraba entre los andenes 9 y 10, y entraron a la plataforma 9 3/4. La locomotora escarlata se alzaba, lanzando humo, entre decenas de alumnos, que saludaban a sus padres y comentaban algo animados. El contraste con la parte de la estación no mágica era grande, porque ese año, la plataforma mágica 9 3/4 estaba mucho más vacía que de costumbre. No había tantos alumnos y los padres no estaban tan felices por dejar ir a sus niños al colegio.

—Es para deprimirse.—comentó Ginny, mientras colocaban los baúles dentro del tren, junto a la jaula del Pigmy Puff de Ginny y la canasta de Crookshanks, y bajaban de él para despedirse de los señores Weasley.—La plataforma está casi desierta.

—Era de esperarse.—alegó Hermione.—Con lo que ocurrió el curso anterior, muchos padres no habrán querido mandar a sus hijos a Hogwarts, ¿verdad? Honestamente, están más seguros en el castillo que en sus casas.

—Yo pensé que nadie querría enviarlos.—comentó Harry.

—Pero parece haber gente sensata en algún lado.—dijo Hermione.—Eso es bueno.

Se despidieron de los gemelos, los señores Weasley y de Ojoloco y Kingsley, llevándose de estos últimos cuatro miles de recomendaciones, en especial “no se metan en líos”, “dejen las cosas peligrosas a los profesores” y “no se escapen del colegio al Ministerio volando en Thestals por nada del mundo”.

Los cuatro adolescentes subieron al tren cuando este comenzó a hacer sonar el silbato. Se asomaron por la ventana, saludando con la mano.

—¡Por favor, cuídense!—dijo la señora Weasley, cuando el tren comenzaba a moverse.

—¡Ya están grandes los niños!—exclamaron al unísono los gemelos, quitándose ambos una lagrima imaginaria.—¡Manden un inodoro de Hogwarts!—agregó Fred.

—¡Fred!—amonestó la señora Weasley.

—¡Adiós!—gritaron los cuatro.

El tren comenzó a tomar velocidad, pero los gemelos lo siguieron, corriendo, y saludando.

—¡Hagan que no se olviden de nosotros en el castillo!—gritó George.

—¡Les mandaremos surtidos Weasley!—agregó Fred, y no los vieron más, pues el tren dobló en una curva.

—Bien, creo que debemos buscar compartimiento.—dijo Harry, dirigiéndose a los demás.

—Nosotros...—comenzó Ron, y Harry recordó. Siempre olvidaba que Hermione y Ron eran prefectos y debían patrullar el tren.

—Si, lo sé.—dijo Harry. Por lo menos, este año, no estaría solo. Miró a su costado, y vio a Ginny mirándolo con su sonrisa traviesa.

—Volveremos pronto.—dijo Hermione.—El tren está vacío, y sin Malfoy, no hay mucho que vigilar.

Ron y Hermione se fueron, gruñéndose mutuamente. Esta última les lanzó a Harry y Ginny una mirada aprehensiva, antes de seguir junto a Ron a regañadientes. Ambos seguían sin hablarse, y Harry se preguntó como soportarían ambos estar separados cuando se querían tanto. Harry y Ginny encontraron un compartimiento muy rápido. Dejaron sus baúles en la rejilla portaequipaje, y se sentaron un junto al otro, abrazados, mirando el paisaje exterior, que en esos momentos era una extensa llanura verde, con leves ondulaciones, bajo un cielo claro y con pocas nubes.

Ginny suspiró.

—¿Qué sucede?—preguntó tiernamente él.

—Este será tu último año en Hogwarts.—dijo ella, con un dejo de tristeza en la voz.—Y a mi me queda un año más luego de este.

—Lo sé.—dijo él, rascándose la cabeza levemente.—Pero estaba pensando en que quizá puedas adelantar el año. Podríamos hablar con la profesora McGonagall y pedirle que arregle tu horario.

—Podría ser.—aceptó ella, jugando con los dedos de él.—Primero tendría que ver cuantas MHB obtengo, y compaginarlas con las clases de EXTASIS de séptimo.

Se pasaron diez minutos hablando de cómo podrían convencer a McGonagall de que dejara a Ginny adelantar un año, y de cómo le iría a esta en sus MHB, cuando se abrió el compartimiento, y entraron Luna Lovegood y Neville Longbottom.

—¡Harry, Ginny!—exclamó Neville, formando una sonrisa en su cara redonda.—¿Cómo están?—preguntó.—¿Podemos pasar?

—Claro, adelante.—invitó Ginny.

—¿Cómo han estado?—preguntó Harry.

—Yo bien.—contestó Luna Lovegood, sentándose frente a ellos, con su característica voz soñadora. Sacó un ejemplar de la revista “El Quisquilloso”, de la cual su padre era el editor, y escondió su rubia cabeza detrás de esta.

—Yo también... Bueno, exceptuando que los periodistas me persiguieron desde que me vieron en el Ministerio el día del examen de Aparición.

Estuvieron alrededor de una hora charlando, mientras Luna no había dejado su revista. A las doce y media, aparecieron Hermione y Ron. La primera entró en el compartimiento, dando un portazo. Saludó levemente a Luna y Neville, y se sentó contra la ventana, muy seria. Ron entró tras ella, sin saludar, y se sentó en el otro extremo, bufando, y se cruzó de brazos.

—¿Qué sucedió?—preguntó Ginny, mirando a Ron y a Hermione.

—Pregúntale a la señorita “yo sé algo que tú no” Granger.—contestó su hermano, de mala gana.

—Hermione...

—Dile a “soy un metiche y me gusta serlo” Weasley, que me deje en paz.—dijo Hermione, sin volverse, aún contemplando el paisaje exterior.

—¿No pueden dejar de pelear?—preguntó Harry, rodando los ojos.

—¡NO!—contestaron a la vez.

El viaje hasta Hogwarts siguió su curso. Hermione y Ron casi ni se dirigieron la palabra en todo el trayecto, pero ninguno se molestó por ellos. Harry pensaba que las semanas que habían pasado en paz desde que se habían hecho novios habían sido muy buenas como para durar. El tren estaba muy vacío, y nadie había pasado por su compartimiento, ni miradas indiscretas los habían molestado. Luego de cambiarse a las túnicas del colegio, el tren disminuyó la marcha, hasta detenerse completamente. Bajaron de la locomotora, y descubrieron que había mucha menos gente que la que habían supuesto. Vieron a Hagrid acercarse a ellos, balanceando un farol frente a él, bajó un estrellado cielo azul oscuro.

—¡Hola!—saludó alegremente.—Me alegro de verlos nuevamente.

—¡Hagrid!—saludó Harry.—¿Cómo has estado?

—Más o menos, pero hablaremos después. Adiós.—les guiñó un ojo, se irguió, y llamó con voz potente.—¡Los de primero!¡Los de primero por aquí!

Harry, junto a Ginny, Ron y Hermione, subieron a un carruaje, tirado por los Thestals, mientras que Luna y Neville subieron en otro más adelante.

Ginny se sentó, con las manos en su falda, mientras que Harry se sentaba a su lado, frente a Ron y Hermione. El carruaje comenzó a andar, hasta atravesar las rejas que flanqueaban la entrada a los terrenos del castillo, coronadas por sendos cerdos alados.

Harry contempló acercarse el castillo ante sus ojos, con sus torres y ventanas iluminadas. Sería su último año allí, sabía que tenía que disfrutarlo. Y también sabía que le costaría dejarlo al finalizar el curso, en el verano próximo. Habían sido muchas aventuras entre sus paredes, escondrijos y pasadizos, como para abandonarlo tan fácilmente.

—¿Qué vamos a hacer?—preguntó Hermione, desviando su mirada del castillo, que contemplaba desde su ventana.

—¿Qué vamos a hacer con que?—preguntó confundido Harry, dejando de mirar el castillo también.

—Con los Horcruxes.—dijo en tono obvio.—¿Los habías olvidado?

No los había olvidado, pero la emoción de estar nuevamente en Hogwarts, a pesar de todo lo ocurrido, le había desplazado de la mente, por unos instantes, a Voldemort y sus Horcruxes.

—Aún no lo he pensado.—respondió, rascándose la cabeza.—Debemos organizarnos pronto.

—Podríamos pedirle permiso a McGonagall para salir.—propuso Ron.

—O podríamos escaparnos.—apuntó Ginny.—No es que no lo hayamos hecho antes, ¿verdad?

—¿En Thestals?—preguntó horrorizada Hermione, y se asomó por la ventana, para luego volverse a sus amigos.—Yo no pienso viajar en esas cosas invisibles nunca más.

—Agradece que para ti sean invisibles.—replicó Harry. Los hermanos Weasley dieron un respingo, y se asomaron rápidamente a la ventana.—¿Qué sucede?

—¿Esas cosas negras que parecen caballos son Thestals?—preguntó Ron quedamente, con los ojos muy abierto.—Por que si lo son, yo los veo.

—Igual yo.—dijo Ginny, aferrándose al brazo de Harry.

—¿A quien han visto morir?—preguntó este, sorprendido.

Ninguno de los dos hermanos contestó, pero Hermione lo hizo por ellos:

—Fue en el ataque a Hogwarts de los mortífagos. Murió un mortífago, ¿recuerdan? Yo no lo vi morir...

—Pero yo si...—dijo Ginny.

—Y yo. Bueno, supongo que si nos vamos a escapar, ya tenemos transporte, aunque siempre podemos usar nuestras escobas.

—Que tú tengas escoba, no significa que también la usaré. Si es necesario, salgo de los terrenos del castillo y me desaparezco.—respondió Hermione secamente.

—Si tú no vas a viajar en Thestals ni es escobas, entonces quédate a ser la obediente prefecta perfecta premio anual, y a sacar tus perfectas notas en los EXTASIS.—dijo agriamente Ron.

—Oye, Ron...—comenzó Harry, pero Hermione ya estaba contestándole a Ron, con lágrimas en los ojos.

—¡Déjame en paz, Ronald!¡No entiendo que te hecho para que me hables asi!—dijo, secándose las lágrimas.—¡Yo te quiero!

—¡Yo también te quiero!—dijo Ron, rojo de la vergüenza y de la ira.—¡Pero me exaspera que no me digas que te sucede!

—¡Oigan los dos!—pidió Harry, antes de que se dijeran cosas más hirientes.—Dejen esto ya. ¿Son novios o enemigos a muerte? Tenemos que estar unidos. Ron, Hermione ya te va a contar lo que le suceda cuando este preparada, ¿verdad?—agregó, mirando a Hermione.

—Se lo contaré a los tres.—dijo.—Pero deja de insistirme Ron, no me gusta estar peleada contigo.

—Como quieras.—dijo indiferente. A Hermione se le cristalizaron los ojos.

—Ron, eres insensible.—le recriminó su hermana. Hermione se cruzó de brazos, y sólo miró por la ventana.

—Bien...—comenzó Harry, para retomar el tema.—No nos vamos a escapar. Vamos a hablar con McGonagall, después de todo, somos mayores de edad.

—Pero yo no. No me van a dejar ir.—dijo Ginny.

—Ya arreglaremos eso.—dijo Harry. Su prioridad ahora era la de disfrutar de su último banquete de bienvenida, y si tenía suerte, de la selección de casas, junto a sus amigos y novia y, aunque sin Dumbledore todo sería diferente, pretendía pasar lo mejor posible su primera noche de su último año en el castillo.

Cuando el carro se aparcó cerca de la entrada al castillo, todos bajaron de este, y junto a los demás alumnos, que eran menos de la mitad de los habituales, se dirigieron a las puertas de roble del castillo. Atravesaron el iluminado y cálido vestíbulo, y entraron al Gran Salón. Este estaba iluminado por las habituales velas flotantes, pero los estandartes de las casas habían sido reemplazados por otros de color negro, con el escudo de Hogwarts en ellos, en evidente señal de duelo por la muerte de Dumbledore.

Los cuatro adolescentes se sentaron a la mesa de Gryffindor. Las copas y los platos vacíos relucían frente a ellos, bajo la luz titilante de las velas. El Gran Salón estaba consumido en un inusitado silencio, que no era común en los banquetes de bienvenida; en gran parte se debía al hecho de que muchos estaban algo tristes por Dumbledore, pero también se notaba de que el Gran Salón estaba insólitamente vacío. La mesa de Slytherin era la que más resaltaba por la ausencia de estudiantes, y las demás mesas tenían una igualada cantidad de alumnos, aunque muchos menos de los habituales. Harry vio que en la mesa de Gryffindor faltaban varios. Lavender Brown se veía extrañamente decaída sin su amiga Parvati Patil. Para sorpresa de Harry, quien no estaba era Seamus Finnigan, que al ser hijo de muggles, era más probable que asistiera al colegio; en cambio, si estaba Dean Thomas, hijo de magos, sentado junto a Neville, mirando de reojo y disimuladamente a Ginny. Los hermanos Creevey estaban sentados juntos, en un extremo. Para mala suerte de Harry, Romilda Vane estaba hablando en susurros con una amiga, y mirándolo descaradamente. Había unos cuantos alumnos de los demás cursos, pero no más.

La mesa de profesores también estaba algo callada. Habían tres puestos vacíos: Tonks, que estaría esperando, como subdirectora que era ahora, a los nuevos alumnos; Hagrid, que los estaría trasladando por el lago, y el profesor Flitwick, de Encantamientos, que tenía que traer el taburete con el Sombrero Seleccionador. En la silla de alto respaldar, estaba la profesora McGonagall, ocupando su puesto de directora, y hablando con una bruja regordeta, de rostro amigable, y de cabellos corto, por los hombros, de color blanco como la nieve, pero no entrecano. Tendría alrededor de cincuenta años, y Harry supuso que sería Martha Kirke, la nueva profesora de Transformaciones. A su lado estaba el profesor Slughorn, mirando con sus ojos por sobre su barriga el salón.

Las puertas del Gran Salón se abrieron, y el poco ruido que había cesó. El diminuto profesor Flitwick entró, llevando consigo el taburete y el Sombrero Seleccionador, para dejarlo frente a todo el comedor y la mesa de los profesores. En cuanto se sentó en su lugar, entró Hagrid, ocupando el suyo. Al guardabosques, le siguió una bruja joven, con una túnica celeste, seguida de la fila de los nuevos alumnos. Tonks había dejado su cabello rosa chicle, quizá porque no era adecuado para ser una “responsable y seria” profesora de Defensa, cualidades por las que la joven Auror tenía que esforzarse para conseguir. Traía su pelo corto, rubio y rizado. Caminaba con decisión, y en esos momentos, inspiraba respeto. Pero tropezó ligeramente al llegar frente al taburete, y algunos se rieron.

—Ya era hora.—comentó Ron por lo bajo.—Pensé que la habían cambiado.

Tonks se sonrojó, pero se irguió, con la fila de alumnos detrás de ella. Eran pocos los alumnos que entrarían a primero, observó Harry, puesto que había varios que no parecían ser de primer año, y si de cursos mayores.

Todos miraron al raído sombrero, que abrió su larga rasgadura, situada cerca de la base, y comenzó a cantar (N/A: Ni piensen que voy a inventar una canción para el sombrero. Me volvería vieja intentándolo, jeje!). Fue lo mismo de siempre: que la unidad era lo más importante en los tiempos que corrían, y la habitual descripción de las características de las casas y sus fundadores. Cuando la canción terminó, y luego del apagado aplauso, Tonks se aclaró la garganta, y desenrolló un pergamino frente a sus ojos.

—Cuando los llame por sus nombres, se sentaran en el taburete, y se colocaran el sombrero.

Su voz cantarina y alegre hizo reír a varios.

—Antini, Caroline.

Una niña pecosa se adelantó trastabillando, y se colocó el sombrero.

—¡Hufflepuf!—gritó el sombrero, y la niña corrió a sentarse en su mesa, seguida de un aplauso. Fueron pasando algunos más. Crockerel, Nick fue a Slytherin; Grydon, Jonh, a Ravenclaw, y Hope, Nair, a Gryffindor, seguidos de varios niños más.

—Ahora, llamaré a los alumnos que no comienzan primer año.—Tonks se aclaró la garganta.—Para quinto año, Adert, Jazmín.

Una joven rubia se sentó en el taburete, colocándose el sombrero.

—¡Ravenclaw!

—Archer, Emma, séptimo año.

La joven, con su rojo cabello, caminó hasta el Sombrero Seleccionador. No parecía estar muy nerviosa, pero tenía una aparente ansiedad en los ojos. Parecía simpática.

—¡Gryffindor!

Luego de Emma Archer, pasaron dos adolescentes más: el primero, Marcus Backer, para Ravenclaw, y la segunda, Brick Anna, a Hufflepuf.

—Brook, Simon, séptimo año.

—¡Gryffindor!

—Busain, Alder, cuarto año.

Un muchacho alto y morocho se colocó el sombrero.

—¡Hufflepuf!

—Cale-Heart, Elizabeth, sexto año.

La joven se adelantó, y colocó el sombrero sobre su negro cabello.

—¡Gryffindor!

Elizabeth Cale-Heart caminó hasta situarse frente a Ron, donde se sentó, algo cohibida. Detrás de ella, pasaron Capwer Ryan, a Gryffindor, y Dupayne Natalie, a Ravenclaw.

—Heard, Daniel, séptimo año.

Daniel Heard, alto y morocho, se puso el sombrero.

—¡Hufflepuf!

Heard se encaminó hasta su mesa.

—Shapley, Sarah, sexto año.

Una muchacha que estaba detrás de Cale-Heart caminó hasta el taburete. Parecía muy nerviosa, y apartó su cabello, de un intenso color rojizo, de su frente instintivamente. Era alta, y tenía un andar familiar, que la hacía muy simpática.

—¡Gryffindor!—gritó el sombrero, y la joven, con aparente alivió, se dirigió a su mesa, sentándose junto a Cale-Heart. Pasaron otros adolescentes más, y luego, Tonks enrolló el pergamino, y se marchó del Gran Salón, llevando el taburete y el Sombrero Seleccionador.

La profesora McGonagall se puso de pie.

—Bienvenidos a un nuevo año.—dijo secamente. No tenía el carisma ni la simpatía de Dumbledore, pero era su forma de recibir a todos.—No estamos pasando un buen momento en el mundo Mágico, y hemos perdido una persona que era imagen de esperanza, uno de los más grandes magos de este siglo, y el pasado, por no decir el mejor.—su voz se suavizo un poco.—A pesar de esta dolorosa pérdida, el colegio sigue abierto, porque ese sería el deseo de Albus Dumbledore. El querría que todos llenáramos nuestras cabezas con algo nuevo, y que sigamos adelante, afrontando nuestros miedos. Y nosotros no podemos hacer menos que cumplir con lo que él hubiese querido. Porque aunque algunos hayan dicho que era un loco, cosa que él admitía muchas veces, fue muy querido por todos. Sigamos su ejemplo, luchemos, y nunca perdamos las esperanzas. El lo querría. Ahora, ¡a comer!

La comida apareció frente a ello, y todos comenzaron a servirse. Ron miró ligeramente a Hermione, temiendo que empezara a hablar sobre los derechos de los elfos, pero la chica sólo se sirvió pastel de Yorkshire. Harry oyó a las jóvenes nuevas lanzar una exclamación de asombro. Hermione y Ginny no tardaron en entablar conversación con ellas.

—Soy Hermione Granger, y ella es Ginny Weasley.—presentó Hermione.

—Un gusto.—contestó Elizabeth.

—Igual.—dijo Sarah, que barría con los ojos la mesa de Gryffindor.

—¿A que colegios iban?—preguntó Ginny.

—Yo iba a una Academia en Oxford, pero mis padres pensaron que era más seguro Hogwarts. Ellos habían ido a esa Academia, por eso me mandaron allí.—comentó Elizabeth.

—Y yo a un colegio de Gales. Pero no se compara a este. Es... ¡inmenso!—dijo Sarah, admirada, con un dejo de ansiedad en la voz.—Y el techo... es fantástico...

—Es un hechizo antiguo, que hace que el cielo raso imite al cielo de afuera.—dijo Hermione en su tono de sabelotodo. Ginny rodó los ojos, y se dirigió a sus nuevas compañeras.

—¿Les gusta el Quidditch?

—A mi me gusta verlo, pero no jugarlo.—dijo Elizabeth.

—Me fascina.—dijo animadamente Sarah.—En mi colegio era cazadora, y capitana del equipo. ¿Quién es el capitán del equipo de Gryffindor?

—Harry.—respondió Hermione.—Quizá puedas entrar. Falta una cazadora. Katie Bell se fue el año pasado.

—Entonces me presentaré a las pruebas.—dijo Sarah.—¿Quién es Harry?

—Mi novio.—respondió orgullosamente Ginny.—Yo soy cazadora en el equipo, y él es buscador.—se giró y llamó a Harry, que estaba a su lado, ajeno a la conversación de las muchachas.—Oye, Harry... ¿harás pruebas este año, verdad?

Harry se giró, y contempló más de cerca de Elizabeth y Sarah. La primera tenía ojos negros, y su cabello negro enmarcaba su cara pálida, de sonrisa agradable. Sarah era pequeña, de cabello casi rojo, con ojos muy claros, de un color que no podía precisar. Su cabello corto, por los hombros, era ondulado, y le daba un aspecto inocente.

—Supongo que si. Tengo que hablar con la profesora McGonagall.

Ginny comprendió. Harry quizá abandonara el equipo, porque la búsqueda de los Horcruxes podía llevarle tiempo y energías, y por lo tanto, no tendría tiempo de llevar adelante el equipo. Pero también sabía que ese era el último año de Harry en Hogwarts, y que querría ganar la copa por última vez, liderando el equipo.

Un pequeño grito la hizo girar. Sarah había volcado su copa.

—¡Lo siento!—dijo, levantando la copa. Movió su varita, pronunciando un hechizo de secado, y la mancha que se estaba expandiendo por el mantel, desapareció.—Lo siento.—repitió. Levantó su vista, y sus ojos y los de Harry se encontraron. Se sonrojó ligeramente.—Lo siento.—susurró nuevamente, abochornada. De repente, parecía nerviosa.

—¿Estás bien?—le preguntó Hermione.

—Si, lo siento.—dijo Sarah.

—Ya, no te disculpes. No eres la única que tira cosas, ¿verdad?—dijo Ginny riendo.

—Es verdad.—aprobó Neville, uniéndose a los otros.—Yo en general, tiro y rompo todo lo que toco.

Todos rieron.

—¿Eres Harry Potter, verdad?—preguntó Elizabeth.—Soy Elizabeth Cale-Heart, pero pueden llamarme Beth.

—Un gusto, Beth.—dijo Harry. Para su sorpresa, la chica no observó su cicatriz, sólo le sonrió amablemente.

Terminaron de comer, y los restos de comida se esfumaron, y aparecieron los postres. Todos comieron los dulces, las tartas, los bombones, hasta quedar satisfechos. Cuando las últimas tortas desaparecieron, la profesora McGonagall se puso de pie.

—Alumnos, alumnas, como es normal, daré los anuncios de principio de año.

“Tenemos varios cambios este año en el platel docente. Primero, como subdirectora, profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras y jefa de la casa Gryffindor, la señorita Tonks.—Tonks se levantó, y dio una ligera reverencia.—Como profesora de Transformaciones, la señora Kirke.—la mujer regordeta y de cabello blanco, se levantó, e hizo una pequeña inclinación de cabeza.—En el puesto de Pociones, ha permanecido el profesor Slughorn, quien también se encargará de la casa Slytherin.—el hombre saludó alegremente con la mano, pero sin levantarse.

“Como verán, este año han entrado alumnos nuevos de cursos mayores. Quisiera darles la bienvenida, y pedirle a los antiguos alumnos que sepan acogerlos. Estamos seguros que lo harán, y que podrán formar buenas amistades.

“Respecto a la cantidad de alumnos por año, hemos hecho algunas modificaciones para la normal realización de las clases diarias: primer año dará clases normalmente; segundo y tercero, compartirán la totalidad de sus clases, asi como cuarto y quinto, y sexto y séptimo. En el caso último, obtuvimos un permiso expreso del ministro de Magia Rufus Scrimgeour, para que los de sexto año adelanten un curso, y terminen el colegio este mismo año.—murmullos se expandieron por todo el Salón.—Darán sus exámenes de EXTASIS junto con los de séptimo año.

“Debido a los tiempos que corren, las salidas a Hogsmeade se han reducido a tres salidas. La primera antes de Navidad; la segunda, el día de San Valentín, y la última, la segunda semana de Junio, luego de los exámenes.

“Cambiando de tema, las pruebas de Quidditch comenzaran la semana próxima, y quien quiera anotarse en el equipo, deberán acercarse al jefe de sus casa, y luego la lista con los candidatos será entregada a los capitanes correspondientes.

“El bosque Prohibido, tanto para los nuevos alumnos como para los antiguos, esta terminantemente prohibido, y quienes entren en él, serán severamente castigados.

“Los alumnos de sexto año, debido a los tristes hechos de Junio pasado, comenzaran con sus exámenes de MHB mañana mismo, y transcurrirán a lo largo de esta semana. Los resultados y las materias que puedan cursar según sus notas estarán el domingo, en la cartelera de anuncios de cada casa, donde también encontraran, esta misma noche, las fechas de los exámenes.

“Ahora, espero que este año escolar de sus frutos. Hora de ir a la cama, buenas noches.

El ruido de bancos corriéndose inundó el Gran Salón, y todos comenzaron a marchar hacia sus salas comunes. Ron y Hermione le dieron la contraseña a Ginny y Harry, antes de marcharse guiando a los nuevos alumnos hacia la torre Gryffindor. Harry y Ginny caminaron en contra de la corriente de alumnos, bajo indiscretas miradas de envidia y curiosidad, hacia la mesa de profesores, donde estos comenzaban a irse.

—Sabía que vendrían.—dijo Tonks en cuanto los vio.—Pero no deberían, se supone que tenemos una relación de profesora-alumnos.

—Por favor Tonks. Bueno, mientras no salgas xon tu cabello rosa, no te reconocerán, pero varios saben que ere nuestra amiga, te han visto en King’s Cross, ¿recuerdas?

—Esta bien, esta bien.—miró a todos lados, y bajó la voz.—¿Qué tal estuve? Sé que ese tropezón me quita puntos, y que algunos se rieron de mi, pero creo que lo hice bien, ¿verdad?

—Estuviste muy bien, Tonks.—dijo Harry.—¿Quién ha propuesto la distribución de los cursos?

—¿Quieren la versión oficial, o la extraoficial?

—Las dos.

—La oficial ya la escucharon: debido a la cantidad de alumnos (porque por clase serían muy pocos), juntamos cursos para hacer más dinámicas las lecciones. Y la extraoficial, tiene que ver con ese grupo que armaste en tu quinto año.

—¿El Ejercito de Dumbledore?—preguntó extrañado Harry.

—Si, pero de eso les hablará la profesora McGonagall más tarde. Ahora vallan a descansar, que tienen la primera clase conmigo. Por lo menos Harry, porque tú, Ginny, tienes examen de Transformación.—Tonks los despidió, y se marchó; ellos hicieron lo mismo, y caminaron de la mano hasta la sala común.



 Ron y Hermione iban guiando a los nuevos alumnos. Luego de dejarlos pasar, y de indicar donde estaban las habitaciones, todos se dispersaron, y la sala quedó vacía por completo. Ron se sentó frente a la chimenea, en la que ardía un alegre fuego. La sala estaba casi en penumbras, iluminada sólo por el fuego de la chimenea y algunas velas. Las estrellas brillaban intensamente, y la luz de la Luna, aunque tenue, se colaba por la ventana. Hermione fue tras él, y se arrodillo a su lado.

—¿Me perdonas?—preguntó tímidamente.—¿Me perdonas que no te cuente que me sucede?

 Ron la miró con una mirada extraña. Por un momento, Hermione temió que dijese algo hiriente, y la rechazara. Pero él sonrió

—¿Me perdonas tú a mi?—preguntó.—No tendría que obligarte a que me cuentes nada.

—Te prometo que te lo contaré pronto. No sé si pueda seguir con esto. Pero necesito saber que me entiendes.

—Te entiendo. Pero yo necesito saber que lo contarás cuando estés preparada, que no seguirás mortificándote con aquello que te preocupa. No me gusta verte agobiada.

 Hermione sonrió alegre.

—Lo haré. Te quiero, ¿sabes? Detesto estar peleada contigo, pero a veces es tan difícil...

—Lo sé. Esta en nuestra naturaleza. Desde que nos conocemos, peleamos muchas veces, pero nuestra amistad nunca se terminó. Tampoco nuestro amor lo hará. Yo también te quiero, es difícil no hacerlo.

 Ella rió, y le dio un pequeño beso. Apoyó su frente en la de él, sus narices se rozaban, y les producían tiernas cosquillas.

—Te amo, Ronald Weasley.

—Igual, Hermione Granger.


—¿La contraseña?

—Rosas rojas.

La dama gorda les hizo una reverencia, y se hizo a un lado, para dejarlos pasar. En la chimenea había un alegre fuego, y junto a esta estaban Ron y Hermione, abrazados.

—¿Se han reconciliado?—preguntó Ginny alegremente. Ellos asintieron.—¡Fantástico!—Harry y Ginny se sentaron junto a ellos.

—Tonks nos ha dicho que lo de juntar cursos tiene que ver con el ED.—comentó Harry, animado. Cuando sus amigos no peleaban, todos estaban de buen humor.

—¿Con el ED?

—No nos ha dicho que es exactamente; dijo que la profesora McGonagall iba a hablar con nosotros más tarde, pero sospecho que es para volver a reunir al Ejercito de Dumbledore.

—¿Y eso... esta bien para ti o no?—preguntó tentativamente Hermione.

—No lo sé.—dijo, rascándose la cabeza.—Tendré que lidiar con las tareas, la búsqueda de los Horcruxes, investigaciones, el Quidditch y el ED. Bueno, eso si McGonagall quiere que yo dé clases en el ED.

—Eso es seguro.—dijo Ginny.—Eres el mejor en esa materia.

—Gracias.—dijo Harry.—Pero no creo que pueda con todo.

—¿Tú te olvidas que estamos aquí?—preguntó Ron.—Nosotros te ayudaremos.—puso una mano en el hombro de su amigo.—Siempre vamos a estar aquí contigo, y te ayudaremos en todo.

—Muchas gracias.—sonrió Harry.—No sé que hubiera sido de mi sin ustedes.

—Lo mejor va a ser que nos graduaremos los cuatro este año.—dijo Hermione.—Tendrás que estudiar mucho, Ginny, para no quedarte atrás.

—Si, no tendré que estar un año sin ver a Harry. Bueeeeeenoooo.—Ginny no pudo reprimir un bostezo.—Creo que me iré a dormir. Tonks dijo que el primer examen de mañana es el de Transformación, y me gustaría levantarme temprano para repasar. Buenas noches.—saludó con un beso a Harry, y con la manos a Hermione y Ron, y subió tambaleándose hacía las habitaciones de las chicas.

—Yo también iré a dormir.—dijo Harry.—La primera clase de mañana es con Tonks. ¿Vienes, Ron?

—Si. Buenas noche, Hermione.

Se despidieron y subieron pesadamente hacia el cuarto, que rezaba “Séptimo año”, en la puerta. El cuarto estaba oscuro, y se oían las respiraciones acompasadas de sus compañeros. En la cama que había ocupado por seis años Seamus Finnigan estaba el chico nuevo, Simon Brook, en un enredo de sábanas. Sus baúles ya estaban allí, y los muchachos se pusieron sus pijamas, para meterse en las camas. Luego de desearle buenas noches a Ron, Harry se arropó, y se preparó para sumergirse en el mundo de los sueños. Reparó en que esa noche iba a ser la primera que pasaba en Hogwarts sin Dumbledore como director, y que era la primera de su último año. La luna se colaba por la ventana, revistiendo en tonos plateados los objetos del cuarto en los que se posaba. Con la idea de que en ese momento era feliz, porque tenía a sus amigos, a una novia a la que amaba con toda su alma, y estaba nuevamente en el colegio que era su hogar, y que lo había sido por seis años, se quedó profundamente dormido.

Holas! Bueno, espero que este capi les haya gustado... El anterior, sé que fue un poco soso (Tienes razón, AAMC WEASLEY, para ser un capi revelador, no fue bueno) , por decirlo asi, pero me costó mucho hacerlo, y ese fue el resultado. Estuve trabada un montón, y en este también, asi que no creo que sean los mejores capítulos que haya hecho. Se me hace muy difícil cuando llegan a Hogwarts. Este es el primer fic largo que escribo, y todos los que hice antes (que no publiqué) siempre llegaba hasta la estación King’s Cross y los abandonaba porque no sabía como seguirlos. No sé porque, pero escribir con los personajes en el castillo se me hace difícil. Pero espero que tengan en cuenta este esfuerzo que estoy haciendo...Este capi lo rescribí varias veces para que quedara mejor, y ojalá que asi sea. Me hice un enredo con los pensamientos de Hermione y los personajes nuevos. Casi todos los que aparecieron son importantes...

Tengan en cuenta las frases o fragmentos de canciones que pongo a principio de los capi... tienen mucho que ver con el capítulo que acompañan y luego con la historia... quizá en alguno no los ponga, pero es porque no encuentro nada que valla con el capi... Si se fijan con el de este capitulo, tiene que ver con la hermana de Harry, no digo más, jeje!

El capi siguiente es “El ED vuelve a la carga”, y bueno, el título lo dice todo, aunque se van a ir dando pistas de cómo se perfilarán en la historia los personajes nuevos. Espero que alguien pueda reconocer las pistas... Es probable que tarde un poco con el capi 14, tengo varias cosas que hacer: el cap lo tengo a la mitad, y va a ser largo, seguro, pero me estoy complicando un poco... en fin...

Bueno, me voy yendo. Pasen por mi flog, http://fotolog.terra.com.ar/ailen_83 y mi mail es [email protected] y pronto abriré un flog de Harry Potter, ya les daré la dirección...

Feliz cumple a nuestra querida Hermione, espero que la pase bien, jeje! Espero que el pequeño Ron/Hermy les haya gustado... algunos lo pidieron.. No son mi especialidad, pero me gusta la pareja...

Bien...

DEJEN REVIEW!! (Vieron, actualicé antes de lo que tenía previsto, pero es porque pasamos los 100 REVIEWS!!! (114!!) Gracias por hacerme tan feliz!!! XD XD XD XD)

Y no se preocupen tanto por el capi 12, que nada es lo que parece ;)

Besos miles!

Lali Black