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Historia 22081 — capítulo 19

A Raúl Arostegui, que aunque no fue ni buen marido, ni buen padre, intento ser buen abuelo. Q.e.p.d.

Capitulo 17: Muérdago

“Nada es para siempre.

Nada es para siempre.

No me digas mi amor

que te falta valor,

porque nada es para siempre.”

“Nada es para siempre”

Fabiana Cantilo

La siguiente semana, los cuatro Gryffindor la pasaron intentando interpretar la profecía. Miles posibilidades le pasaban por la cabeza, una más improbable que la otra. Harry se estaba poniendo nervioso, puesto que cada vez se tardaban más en encontrar un Horcrux: hacía ya casi cuatro meses que habían comenzado la investigación por cuenta propia, y no habían avanzado nada. Bueno, como decía Ginny a veces, si habían avanzado. Habían descubierto al misterioso R. A. B., que resulto ser ni más ni menos que Regulus Arcturus Black, el hermano de Sirius. Y luego, habían encontrado en un cuarto, que había pertenecido a este, una especie de diario donde relataba, en muy pocas páginas, ya que había muerto antes, su secreta empresa contra Lord Voldemort, su descubrimiento sobre los Horcruxes, como había conseguido el medallón de Slytherin y que sabía que uno de los Horcruxes le había pertenecido a Ravenclaw. También contaba que cuando había bebido la poción que protegía el medallón de Slytherin, le había mostrado el lugar donde se encontraba la taza de Helga Hufflepuff: un lugar oscuro, abandonado, al parecer, como en una casa antigua, en algo parecido a un sótano. No sabían si Regulus había logrado destruir el Horcrux del medallón antes de que Voldemort lo matara, o si el medallón lo tenía el mismo Voldemort, o alguien más.

Hermione seguía rara, pero ahora se le había sumado Ron. Este pasaba la mayor parte del tiempo junto a Harry, impidiéndole intimidad a este y Ginny. Y cuando lograban quedarse solos, Ron se iba con Hermione a la biblioteca. Y allí pasaban horas, tras multitudes de libros. A Harry y Ginny, esto les producía curiosidad, pero no hacían muchas preguntas, porque eran en los pocos momentos que podían estar solos.

Diciembre había comenzado. El colegio seguía su rutina normal, y los mundos mágico y muggle estaban en relativa calma. Y aunque esa calma intranquilizaba a Harry, no podía hacer otra cosa que seguir investigando.

En noviembre, Gryffindor había jugado el primer partido de Quidditch, contra Hufflepuff. Y habían ganado. Harry pensaba que su nueva cazadora, Sarah, era una de las mejores que había tenido el equipo, incluyendo a Katie Bell, Angelina Jonshony y Alicia Spinet. Katie y Angelina se habían quedado a ver el partido, y estaban de acuerdo con que Sarah era muy buena.

Una tarde, cerca de Navidad, Harry y Ginny estaban en la biblioteca, buscando libros de pociones embellecedoras para Slughorn, cuando Emma entró en la biblioteca, llevando una pila de libros. Tropezó en la entrada, y todos sus libros cayeron al suelo estrepitosamente.

Madame Pince frunció el entrecejo, pero Harry se apresuró en recogerlos con la varita, mientras que con la otra mano ayudaba a Emma a levantarse.

—¿Te lastimaste?—preguntó, dejando los libros de la chica en una mesa cercana.

—No, estoy bien. Gracias, Harry.—lo miró directamente a los ojos.—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Dime.—dijo él.

—¿De verdad Voldemort mató a ese chico, Cedric Diggory, en un cementerio?—preguntó de golpe. Harry sintió una pequeña punzada en el pecho. Desvió la mirada, y se dio vuelta.

—Creo que no tenemos tanta confianza para que me preguntes algo asi.—dijo, dándole la espalda.

—Lo siento.—oyó la decir a la voz de Emma.—No sabía que eso te traía tan malos recuerdos.

—Claro que me trae malos recuerdos.—se dio vuelta y la encaró.—No es lindo ver morir frente a tus ojos a alguien que no lo merecía.

—Lo siento.—dijo nuevamente. Tomó sus libros y se marchó inmediatamente. Harry se recargó en una mesa, y cerró los ojos.

—Mira, Harry, he encontrado esto, ¿crees que...?—Ginny apareció de detrás de una estantería, con un libro en la mano.—¿Qué te sucede?—se acercó a Harry, y le acarició la espalada.—¿Estas bien?

Harry negó con la cabeza.

—¿Quieres contarme?—le preguntó Ginny. El asintió, y condujo a Ginny fuera de la biblioteca, hasta un pasillo vació. Se pararon cerca de la ventana, donde se veía un hermosos paisaje blanco, y un retazo del lago congelado. El pasillo, al igual que el resto del colegio, estaba adornado con motivos navideños.

—Emma entró en la biblioteca, y me pregunto si era verdad que... que Cedric había muerto en un cementerio.

Ginny se mostró indignada.

—¿Quién es para preguntarte algo asi? Nadie tiene derecho a preguntarte nada sobre eso. ¿Qué le contestaste?

—Que no le había dado tanta confianza para que me preguntara algo asi.

—Te trajo malos recuerdos, ¿verdad?—él asintió.—Intenta olvidarlo, ¿si? Pasó hace mucho tiempo, y ya no se puede hacer nada para remediarlo.

—Es que no puedo.—dijo él con la voz quebrada.—Casi desde antes que volviéramos a Hogwarts he estado pensando nuevamente en ese año, en el cementerio. En un sueño, o una visión, que tuve de Voldemort, antes del Mundial de Quidditch, donde Voldemort hablaba de su regreso, y de me necesitaba. Y estaban en una casa, en la mansión Riddle.—Ginny tembló ligeramente ante la mención del apellido.—Creo que allí se encuentra la taza de Helga Hufflepuff.

—¿Estas seguro?

—¿Recuerdas que el diario de Regulus Black decía que la taza estaba en un lugar parecido a una gran casa antigua, en un sótano? Bueno, estoy casi seguro que es esa casa. No se me ocurre ningún otro lugar donde Voldemort pueda haber escondido su Horcrux. Si allí no esta la taza, quizá haya otro Horcrux.

—¿Excalibur?

—Si, Excalibur, si es que en realidad, Voldemort uso ese objeto. Es el único que tenemos de Ravenclaw.

—¿Entonces que haremos?¿Iremos a la mansión... eh... Riddle?

—Iremos me suena a manada.—dijo Harry.—Tú te quedas.

Ginny enrojeció al instante.

—¡Ah, no, Harry James Potter!¡No vas a empezar nuevamente con eso de que me quieres proteger y no se que otra idiotez más!

—¡Ginny, por favor!¡Es peligroso!—insistió.

—¡Para algo me entreno casi todas las noches!

—¡Pero no es lo mismo!

—¡Tú nos entrenas para el peligro!¡Y eso es lo que vamos a enfrentar! Yo voy a ir. Y escúchame bien, Harry Potter, escúchame: voy a luchar a tu lado hasta el final, pase lo que pase, y no te voy a dejar sólo, ¿entiendes, o quieres que te lo grafique?

Harry iba a hablar, pero se desinfló.

—Es inútil discutir contigo.

Se dio media vuelta y comenzó a caminar.

—Lo siento, Harry.—le dijo Ginny, aún altiva, corriendo tras él.—Pero no voy a hacerlo. No voy a quedarme como niña buena aquí, sentada y esperando que regreses con vida. ¿Sabes que te esperé por años?¿Qué sufrí cada vez que supe que estabas en peligro?¿Qué casi me muero cuando en la tercera prueba oí que alguien había muerto, pensando que eras tú? ¡Mírame, Harry, por amor de Dios!—le tomó del brazo, y lo volteo con todas sus fuerzas.—¡Mírame cuando te hablo!

Harry estaba llorando. La lágrimas caían amargamente sobre su rostro.

—Yo no quiero que te pase nada. ¿Y si tú te mueres, que hago yo?¿Si a ti te pasa algo, que hago con este amor?¡Dime, Ginevra!¡Dímelo si tienes la respuesta!

—No tengo la respuesta. ¿Pero te has puesto a pensar que hago yo si a ti te pasa algo? No, el señor Potter sólo piensa en él, y en lo que le pasaría a él. Yo prefiero que si te mueres, yo me muera contigo.

—¡Pero yo no!¡Yo prefiero que si me pasa algo, tú continúes con tú vida e intentes ser feliz!¡Porque si tú eres feliz, yo también lo seré, donde quiera que este!

Se desprendió de Ginny, y siguió caminando. No quería hablar con nadie, no quería pensar. No quería entender, ni sufrir, ni sentir. Quería estar vacío, estático. Una idea fugaz se le cruzó por la cabeza, pero la desechó al instante. No le daría el gusto a ese maldito. Viviría lo suficiente para verlo morir, y gozar su muerte. Porque sería la única muerte por la que estaba seguro que no sería un pecado disfrutarla. Sería una muerte que le abriría la puerta a la felicidad, para siempre.



—¿Has encontrado algo?—preguntó Ron, asomándose por sobre unos libros de Runas.

—Aún no, Ronald. Agh, ya no sé que hacer.—Hermione cerró los ojos, y recostó su cabeza en el libro que tenía abierto frente a ella.

—¿Y si les decimos?

—¡¿Tú estas loco, Ronald Weasley?! ¿Y si al final no fuera verdad?¿Vamos a hacerlos sufrir en vano?

—¿Y si fuera verdad?¿Qué hacemos si es asi?¿Vas a dejar que se... que se reproduzcan, como dices tú?

 Hermione suspiró.

—Ya no se, Ron, ya no se. Esto me supera. Tenemos que encontrar una solución urgente.

 El agujero del retrato se abrió, y entró Harry.

—¿A ti que te sucede?—preguntó Ron, viendo la cara de Harry, con rastros de llanto.

—Nada, Ron. ¿Han enviado la hora para la practica del ED? Es la última antes de las vacaciones.

—Ya lo he hecho.—dijo Hermione, mostrando su anillo.—Hoy a las ocho.

—Bien, nos vemos a esa hora.—dijo, y comenzó a subir las escaleras.

—¿No irás a cenar?

—No.—dijo, antes de perderse escaleras arriba.

 Ron observó las escaleras unos segundo, como pensando.

—Debe de haberse peleado con Ginny.—concluyó.

—Seguramente.—confirmó Hermione. Miró a su alrededor, como buscando algún tipo de inspiración, o que la solución que buscaba apareciese frente a sus ojos. Y al parecer, apareció. Se levantó de un salto, y de dos zancadas, llegó hasta Sarah, que estaba leyendo junto a Elizabeth Cale-Heart, su amiga.

—Oye, Sarah, ¿me prestas tú libro?

 Sarah levantó sus ojos claros, y sonrió.

—Claro.—dijo. Hermione miró unos segundos a Sarah, con una expresión inescrutable.—¿Te sucede algo?—preguntó extrañada la chica.

—Nada.—dijo finalmente Hermione. E hizo un esfuerzo por sonreír.—Gracias.

 Llegó hasta Ron, y le mostró el libro.

—*“Genética en mundo mágico”*—leyó Ron.—¿Esto servirá?

—Espero que si.—abrió el libro sobre la mesa donde ambos estaban, paseo un dedo por el índice. Luego comenzó a pasar las páginas, hasta llegar a la doscientos veintidós. 

—¿Qué encontraste?

 Hermione levantó una mano, en señal de que aún estaba leyendo. Dos minutos después, cerró el libro, mordiéndose el labio.

—Tendremos que contarles.—anunció.


Ginny vio a Harry alejarse. Bufó enojada, y tomó el camino contrario. ¿A dónde iría ahora? Faltaban dos horas para la sesión del ED, la última antes de las vacaciones. Y los jardines del castillo parecían haber retrocedido a la era de hielo. Y no quería cruzarse con Harry. Odiaba pelear con él, pero no tenía otra. Sabía que él sufriría si a ella le pasaba algo. Pero, ¿y ella?¿Ella no sufriría si a él le pasaba algo? Ginny sabía de memoria la profecía. Desde la vez que Harry se la había contado, cada noche la repetía, y el fantasma de la muerte se cernía cada vez más sobre ella. Pero algo dentro suyo le decía que aunque el final estaba cerca, no era tanto como pensaba. Aún faltaban cosas por suceder, Horcruxes que encontrar, secreto que revelar. Lo sentía. Y eso la inquietaba. Y por eso se enojaba con facilidad con Harry. Porque sabía que su destino se decidiría en la batalla final con Voldemort, y no antes. Tal cual lo decía la profecía: Uno de los dos deberá morir a manos del otro. Y aunque el destino de ella no estaba escrito como el de Harry, sentía que su futuro estaba ligado a aquella batalla que se lidiaría entre Harry y Voldemort. Y que tampoco le pasaría nada hasta ese momento, que tardaría en llegar. Y eso era lo que Harry aún no comprendía, pero no se lo haría saber. Él tenía que comprenderlo solo, es su destino el que esta en juego.

Caminando sin darse cuenta, llegó a la lechucería. Entró, y una ráfaga de viento la azotó, helándola. El frío era casi insoportable allí, pero por lo menos no había nadie más que las lechuzas, que por el frío, estaban apretujadas en las vigas que cruzaban la sala circular. Se acercó a una de las ventanas, y miró el blanco paisaje de montañas, con el lago congelado, y algunos que otros patinando sobre él. Ya sólo quedaban dos días antes de que comenzaran las vacaciones. Y su primera Navidad como novia de Harry. Serían unas Navidades estupendas si se reconciliaban antes del veinticinco. Y una sonrisa apareció en su cara, al imaginar su reconciliación.

—Quien solo se ríe...

Ginny se giró rápidamente, y contempló a Emma en el umbral de la lechucería.

—Ah, eres tú.—dijo, antes de volverse al paisaje fuera de la ventana.

—¿A quien esperabas?—preguntó, mientras se acercaba a una lechuza del colegio, e intentaba hacer que bajara.

—A nadie, sólo me asustaste.

—¿Y se puede saber de que te reías?—preguntó. Una lechuza negra bajó, hasta posarse en su brazo, y se dejó atar un pergamino enrollado. Emma guió al ave hasta la ventana donde estaba Ginny, y la soltó. Ginny la miró, y sonrió nuevamente.

—De algo que se me había ocurrido, no tiene importancia. ¿Para quién es la carta, si se puede saber?

—Para mi madre. Esta preocupada, teme... perderme.

Ginny arqueó las cejas, pero no dijo nada.

—¿Por qué le preguntaste hoy a Harry por Cedric Digory?

Emma bajó la cabeza.

—Siento haberlo hecho; no sabía que se pondría tan mal. Escuché historias por allí. Historias de sus hazañas. Lavender me ha contado algunas, y también los hermanos Creeve, aunque no coinciden mucho entre ellos.

—Claro que no. Han circulado miles de versiones del rescate de la piedra filosofal, de la cámara secreta, de los dementores, del Torneo de los Tres Magos. Pero ninguna es la verdadera. Claro, tienen puntos en común: que un perro gigante de tres cabezas custodiaba la entrada a la piedra, que el basilisco era el que había atacado a los alumnos...

—Tú sabes cuales son las verdaderas versiones, ¿no?

—No se muy bien todas. Ron me ha contado algunos detalles, otras situaciones las he vivido en carne propia... No es algo que hable siempre.

—Lo siento, hoy no hago preguntas inteligentes.

Las dos pelirrojas rieron.

—Debo irme.—dijo Ginny.—Voy a la sala común, ¿vienes?

Las jóvenes salieron de la fría lechucería. El humor de Ginny había mejorado, y ahora esperaba encontrar a Harry y hacer las paces con él.



 A las siete y media, Harry ya estaba en la sala Multipropósito que, como el resto del castillo, estaba adornada con muerdagos. Había pensado y repensado su pelea con Ginny, y tenía que admitir que ella era los suficientemente grande y poderosa como para valerse por si misma. Y aunque su corazón sufriera al verla en semejante exposición al peligro, iba a dejarla ir. Después de todo, sabía que no la detendría ni el colegio, ni McGonagall ni nadie.

 Media hora después, comenzaron a llegar los miembros del ED. Los primeros en legar fueron Ron y Hermione.

—Con que aquí estabas, amigo.—fue el saludo de Ron.—¿Peleaste con Ginny?

—¡Ron!—Hermione le pegó un codazo.—¡Ten más tacto!

—Si, pelee con Ginny. Luego de la clase, tengo que contarles algo.—dijo Harry, justo cuando entraba Ginny. Esta los miró, pero se sentó en un cojín, sin hablarles.—Tú también, Ginevra, quédate después de la clase, tenemos que hablar los cuatro.

 Ginny asintió con la cabeza sin mucha emoción. Minutos después, entraron los gemelos y Lee Jordan, Cho Chang, Dean Tohams, Luna y Neville.

—¡Hola!—saludó Cho, y le dio un beso en la mejilla a Harry. Ginny se levantó de un salto de su cojín, y se encamino hacia Harry y Cho, que habían comenzado a hablar. Pero Fred la tomó de un brazo.

—Hey, hermanita. Tienes un cartel luminoso en la frente que dice *“Estoy celosa”*.—canturreó.

—¿Enserio?—se detuvo Ginny tocándose la frente. Luego miró a sus hermanos reírse.—¡Aggh! ¡Los odio!

—Vamos, hermana, deja al chico hacer amistades.—dijo George.

—¿¡Amistades!?—chilló Ginny.—¿Sabias que la idiota aquella es su ex novia?

—Si, yo lo sabía.—dijo Fred.

—Yo también.—coincidió George.—Los vimos una vez en el salón de té de Madame Pudipie, en San Valentín.

—Muy acaramelados...—agregó Fred.

—...y a los besitos.—terminó George.

—¡Mentira!—chilló Ginny.—¡Es mentira! Porque Harry me contó de esa salida, ¡y estuvo lejos de ser agradable!

 Los gemelos rieron con ganas.

—Esta bien, Ginny. No tienes que ponerte asi.—dijo Fred.—Ve, y hazle una escenita de celos de esas como sólo tú sabes hacer.

—¡Los odio!¡Los odio!

 Se alejo furibunda a un rincón de la habitación. Los últimos miembros terminaron de entrar, y Harry se ubico frente al grupo.

—Bien, hoy es la última clase antes de las vacaciones, asi que repasaremos lo que dimos hasta ahora. Pueden ponerse en parejas, y comenzar con cualquier hechizo.

 Todos se pusieron en parejas, pero Ginny quedó sola. Harry comenzó a pasearse supervisando a los alumnos. Observó de reojo a Ginny. Quería decirle algo, pero tenía miedo de ser rechazado. Caminó unos minutos más, hasta que una idea llegó a su cabeza. Pensó en lo que quería decirle, apuntó con su varita en su anillo, y espero que Ginny recibiera el mensaje.

—*¿Por qué no trabajas?*

 Siguió paseando. Corrigió unos movimientos de varita a Neville, y sintió que su anillo quemaba.
—Porque no hay nadie disponible

—Mentira. Cho esta trabajando con Angelina y Katie. Puedes ponerte con cualquiera de las tres.

—No voy a separar a Angelina y Katie. Y no trabajaré con Cho.

—¿Qué tiene de malo Cho?

—¿Y encima me lo preguntas?

—No te entiendo, Ginny.

—No te hagas el tonto.

—No me hago el tonto, simplemente no te entiendo.

—¡Cho es tu ex novia!

—¿Y para que me lo recuerdas?

—¿Quién la invitó al ED?

—Teníamos orden de McGonagall de invitar a todos lo antiguos miembros.

—¿Y porque aceptó?

—¿Estas celosa?


 Pero Ginny ya no contestó. Harry la observó disimuladamente, y la vio enfurruñada en un rincón. Sonrió para sus adentros. Estaba celosa.


A las diez, la reunión había acabado. Todos se despidieron, algunos deseando feliz Navidad. Los gemelos les avisaron que los esperaban en la Madriguera para pasar las fiestas, y se fueron riéndose de Ginny. Los cuatro se habían quedado solo. Harry reunió cuatro cojines en el centro de la sala, e invitó a los demás a sentarse.

—¿Qué querías contarnos?—preguntó Hermione.

—Creo que sé donde está la taza de Hufflepuff. Yo les dije que tenía una ligera idea, bueno, es la más fuerte que tengo.

—¿Dónde dices que esta?

—En la mansión Riddle.

—¿La mansión Riddle?¿Quieres decir donde vivieron los abuelos paternos de Voldemort?

—La misma. Puede que este en el sótano. ¿Recuerdan la descripción del lugar que dio Regulus Black?—asintieron.—Concuerda bastante con la mansión.

—Entonces...—comenzó Ron, titubeante.—¿Comenzaremos con las salidas del colegio?

—Correcto. Y nuestro primer destino, es la mansión en la colina del pueblo de Pequeño Hanggleton.

—¿Cuándo salimos?—preguntó Hermione. Ginny se mantenía a un costado, cruzada de brazos.

—Pensé en hacerlo en las vacaciones, para que nadie se entere. Pero para eso, tendríamos que quedarnos aquí en Hogwarts.

—Y declinar la invitación de los señores Weasley.

—No creo que mis padres se enojen porque queremos pasar las Navidades aquí.

—¿Estas seguro, Ron?—preguntó Harry.

—Seguro. Ya lo verás, no se molestara. Bueno, no se ustedes, pero yo estoy cansado. Nos vemos mañana.

Se levantó, y Hermione lo siguió.

—Yo también estoy cansada. Buenas noches.

Harry y Ginny quedaron solos en el cuarto. Harry se paró, y comenzó a acomodar los cojines en un costado de la sala. Notó que Ginny hacia lo mismo.

—Ginny, yo... lo siento.—dijo, de espaldas a ella.

Ella lo miró.

—Yo también lo siento. Siento haberte gritado, pero quiero que me entiendas.

—Te entiendo.—ambos se acercaron, hasta abrazarse.—Perdóname. Siempre es lo mismo. Soy un tonto, y sigo confundiendo heroísmo con estupidez.

—Ya lo creo.—dijo ella riendo.—Te amo.

—Yo también te amo, pequeña. ¿Cómo no amarte? Tú eres la que me hace ver las cosas de otra manera.

Siguieron abrazados, hasta que Ginny habló.

—Mira, muérdago.—señaló justo encima de ellos. Harry levantó la cabeza.

—Una vez Luna me dijo que están llenos de nargles.—dijo, volviendo a ver a Ginny.

—¿Qué son esos?

—No tengo la menor idea.—dijo, mientras se acercaba a la cara de ella.—Pero por lo menos, no estas llorando.—dijo en un susurro enigmático, antes de besarla tiernamente.

Holita.. Ejem.. Aprecio mi vida, y apreciaria que antes de matarme lean las excusas de mi tardanza.. Aja, las de siempre.. ¡Estudio! Pero espero que se alegren al saber que ayer termine las clases, y hasta marzo no vuelvo.. solo me queda por sacar Contabilidad y ¡soy libre! No estaba enferma.. o si.. enferma de nervios! Pero bueno, ahora se están reconstruyendo solitos..

Jeje.. a que les suena esta última escena? Jajaja! Siempre me pregunté como hubiese sido si Harry se hubiese besado bajo un muérdago en la sala Multipropósito pero con Ginny.. ¡Abajo Cho!¡Abajo Cho! Y hablando de eso... ¿vieron el trailer? Mejor dicho... ¿vieron el beso? ¡Gracias a Dios no se ve muy bien! Jeje.. bueno, debo admitir que quería ver esa escena porque, bueno, después de todo, es el primer beso de Harry, ¿no?

Bueno.. les gusto el capi? A mi, en lo personal, me gustó un poco.. estaba algo inspirada, y creo que me salió bien, y algo cómico.. No es el mejor que hice, pero creo que está bien.. Estaba pensando que cuando la historia termine (No se asusten... todavía hay para rato!) puedo poner un behind the story.. para los que no saben inglés (Yo tampoco se mucho, pero me las arregló!), un “detrás de la historia”, contando todo el proceso de esta historia, como se creo, y quizá, un capitulo inédito, de la historia original, y que cambié... porque esta historia esta muy distinta de cómo la pensé originalmente.. lo digo para que me digan si quieren algo asi o no.. para no poner nada en vano, jeje.. yo creo que sería interesante, tengo muuuucho para contar..

Bueno.. le digo que puse un One – Short nuevo.. se llama “Venganza de un alma olvidada” es una especie de reto.. tiene que leerlo.. Y si les gustó, y me dejan un review, hago una precuela..

Mail: [email protected] Fotolog personal: http://fotolog.terra.com.ar/ailen_83 (si alguien quiere ver bien la escena del beso, esta en mi flog personal.. pero dejen comentario!!) Fotolog de HP: http://fotolog.com/magia_hpotter

Les agradezco infinitamente los reviews!!!

Sorry por la tardanza..!

Muchos reviews, plis!!!

Lali Black