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Historia 22081 — capítulo 6
Capítulo 6: ¿Hermana? (Parte Uno)
Un rayo de sol penetró por entre las cortinas de la habitación de Ron, y dio de lleno en la cara de Harry. Este, molesto, abrió los ojos, para luego volver a cerrarlos, molesto. La cabeza se le partía en dos. ¿Por que había tomado la noche anterior? Pero otra pregunta le urgía, ¿qué había pasado la noche anterior?
Imágenes fugaces llegaron a su cabeza, al igual que sonidos, risas y palabras susurradas. Y un nombre. Ginny. ¡Había vuelto con Ginny! Había superado su temor, y ahora los dos eran uno, para siempre. ¿Cómo pudo olvidar eso?
—¿Qué hora es?—Ron había despertado, y miró a Harry, que aún no se levantaba.
—¡Shh!¡No grites!—Harry tomó su cabeza entre las manos.—Me duele la cabeza.
—No grites tú también, yo tampoco me siento bien.
—Creo que bebimos demasiado.
—Si, ¿no? Apropósito, ¿me puedes decir que hora es?
Harry miró el reloj que estaba sobre la mesa de luz.
—La una y media.—dijo, bostezando.
—¡Es tardísimo!¿No tenías que encontrarte con Lupin en la tarde?
—¡Es verdad! Me había olvidado completamente. ¿Dónde tendré que verlo? Tonks no me ha dicho, y ayer no tuve tiempo de hablar con Lupin.—dijo Harry, mientras comenzaba a vestirse lentamente.
—Claro que no, si estuviste besándote con mi hermanita casi toda la noche...—Ron ya estaba parado, vistiéndose, cuando el almohadón que le lanzó Harry le alcanzó en la cara.
—Tu hermana me gusta, Ron.—dijo, serio de repente.—No es para pasar el rato por lo que estoy con ella. La quiero de verdad.
—Lo sé.—Ron se acercó a su amigo.—Eres la mejor persona que puedo imaginar para Ginny. Me alegra que seas mi cuñado.
—Gracias. Y tú me cuidas a Hermione, que es como una hermana para mi.
—La quiero de verdad, no haría nada que pueda lastimarla.
—Más te vale.
—¡Ha! Harry, ¿cuándo iremos al Valle de Godric?
—Mañana. Dile a Hermione luego. Pensaba...pensaba en llevar a Ginny, ¿qué dices?—dijo Harry, guardando su pijama en el baúl.
—¿Le has contado todo? Lo harás,¿no?
—Aún no lo he hecho, pero si, lo haré. Acuérdate de contarle a Hermione.
Bajaron a la cocina, y sólo se encontraron con la señora Weasley, cocinado.
—Buenos días.—dijeron a la vez.
—Buenas tardes, querrán decir. ¡Que tarde que es! Fleur y Bill se van en una hora, asi que les dejaré preparada la comida. Irán como muggles, en uno de esos autobuses que vuelan, que se llaman avomes.
—Aviones.—corrigió Harry, sentándose a la mesa, y colocando la cabeza entre las manos, mientras la señora Weasley seguía cocinando.
—Eso, eso. Y los voy a despedir al Aroperto de Londres.
—Aeropuerto.—volvió a corregir Harry; el dolor de cabeza iba disminuyendo paulatinamente.
—Si, gracias, Harry. No sé por que no viajan por medios mágicos, arriesgarse asi...Aunque quizá sean más seguros...No sé, no me gustan esas cosas.
—¿Y papá irá a despedirlos?—preguntó Ron.
—¡Claro! Tu padre no se iba a perder un lugar de esos muggles por nada del mundo.—la señora Weasley hizo una mueca demostrando que estaba en desacuerdo con los fanatismos y gustos de su esposo.—Niños, les dejo la comida aquí, sólo caliéntenla con un toque de la varita y está. Ron, tía Muriel se irá en una hora, recuerda darle el recuerdo de la boda.—señaló en un aparador, donde dos añillos dorados, entrelazados entre si, flotaban sobre una base ovalada de madera blanca, y emitían destellos rojos. Dentro de uno de estos se podía leer ”Gracias por asistir a nuestra boda. Bill y Fleur”.—Fred y George se han ido temprano, al igual que unas primas de Fleur que se quedaron en el cuarto de Percy. Bueno, muchachos, me voy.
La señora Weasley se marchó por la puerta del patio, rumbo al pueblo.
Ron y Harry comenzaron a servir la mesa para ellos y Ginny y Hermione, que bajaron quince minutos más tarde.
—¡Buenos días!—saludo alegremente Hermione, y le dio un pequeño beso a Ron.
—¡No grites, Hermione!¡Habla más bajo!—fue el saludo matutino de Ginny, mientras se masajeaba la sien. Se acercó a Harry, y lo besó largamente.
—Buenos días, linda.—respondió Harry al beso.
—¡Hey!—saltó Ron.—¡No me gusta que hagan eso delante de mi!
—Oh, ya cállate, Ronald.—le espetó ella, mientras se sentaba a la mesa, junto al puesto de Harry.—Me duele la cabeza.
—A mi también, pero no ando de mal humor.
—¿No tendrá tu madre por ahí poción para la resaca, Ron? Nos vendría bien. No es que hayamos tomado mucho, pero en verdad, no estamos acostumbrados a tomar tanto, eso debe habernos afectado.—opinó Hermione, mientras Ron registraba las alacenas. Harry sirvió la comida que había calentado, y Ron regreso con una botellita con una poción azulada.
—Aquí dice que sirve para la resaca, ¿qué opinas, Hermione?—le pasó la botellita a su novia, que la destapó y la olió.
—Si, creo que es esta.—cada uno bebió un sorbo. Casi al instante, Harry sintió que el leve dolor que aún tenía, se esfumaba.
—Ya me siento mejor.—afirmó Ron, y se sirvió una gran cantidad de carne asada y pastel de papas.
—Ya veo.—dijo Ginny, mientras su hermano engullía a velocidad extrema.
—Aquí está el periódico.—dijo Hermione, tomando El Profeta que estaba sobre el aparador, junto al recuerdo de la boda.—Hay que estar al tanto de lo que sucede.—argumentó. Lo hojeó mientras comía y bebía.—Mira, Harry, aquí estás tú y Ron y...—leyó la nota a toda velocidad.—¡Valla! Dicen que piensas que el Ministerio esta haciendo lo correcto en esta guerra. ¿Tú has dicho eso ayer?
—Claro que no.—dijo Harry, sintiéndose ofendido.—Yo no estoy de acuerdo con Scrimgeour, se parece al señor Crouch...Encarcela a la gente sin un juicio, sólo para demostrar que hacen algo...
—Pues, entonces han escrito este artículo con la pluma a vuelapluma de Skeeter, porque han modificado todo lo que dijiste.
—¡Es que no dije nada!¡Ron estaba de testigo!¿Verdad, Ron, que no dije nada?
—No hemos dicho nada, más que intentar maldecirlos.
—Seguramente eso no les gustó a ellos. Escuchen lo que han escrito:
HARRY POTTER APRUEBA SU EXAMEN DE APARICIÓN
Ayer, el niño que vivió, el Elegido, de diecisiete años, aprobó su examen de Aparición en el Centro Examinador de Aparición, del Departamento de Transportes Mágicos, del Ministerio de la Magia.
Su presencia en el Ministerio se debió, además de su examen, a una visita de cortesía al Ministro Rufus Scrimgeour, con el que, según sus palabras, comparten la misma opinión sobre esta guerra.
“Estoy muy de acuerdo con la política del Ministerio, y como está saliendo el ministro adelante en esta guerra.”, declaró el joven mago al salir de su examen.
El joven no a querido dar más declaraciones que esta, y se marchó rápidamente del Ministerio al terminar su examen.
La vida amorosa de Potter, Página 6. Los extraños sucesos en la vida de Potter, Página 7.
Hermione pasó la página y leyó la nota.
EL ELEGIDO TAMBIÉN SE ENAMORA
Fuentes anónimas nos han confirmado que Harry Potter tiene tiempo para enamorarse y luchar contra Quien No Debe Ser Nombrado.
Según nuestras fuentes, Potter mantuvo una muy corta relación con la señorita Cho Chang, un año mayor que él y de Ravenclaw, hace un año y medio, aunque no llegó a más, y terminaron el poco tiempo después.
Al siguiente año, se le atribuyó un furtivo y fugas romance con Romilda Vane, dos años menor que él, también de Gryffindor. Según su declaración “lloré toda la noche” por su separación de Potter.
Según la señorita Vane, Potter, al poco tiempo de terminar su relación con ella, comenzó un apasionado y escandalosos idilio con la más pequeña de la familia Weasley, y hermana menor de su mejor amigo, Ginevra Weasley. Al terminar el anterior curso escolar, aún Weasley y Potter no habían terminado su relación. Desde la redacción del Profeta, esperamos que la señorita Weasley no sufra cuando Potter decida terminar su romance, para empezar, quizá, uno con la señorita Hermione Granger, a la cual se le atribuyó un triángulo amoroso entre el famoso jugador de Quidditch Victor Krum y Potter.
—¡Si yo no salí con Romilda!—saltó Harry en cuanto Hermione terminó de leer.—¡Y ni dije nada de eso en el Ministerio!
—Ya lo sabemos Harry.—le tranquilizó Hermione.
Ginny largo una carcajada.
—¿De que te ríes?—le espetó Harry.—¡No es gracioso!
—¡Claro que lo es!—exclamó Ginny.—¿No le viste la cara a Romilda el día que me besaste en la sala común de Gryffindor? ¡Se quería morir! Eso lo hace por envidia, por que esta que se muere de los celos, y no le gustó que no la llevaras al baile de Navidad de Slughorn.¡No tienes que preocuparte por ella!
—¿Y si tus padres leen esto?¿Qué pensarán de mi?—preguntó Harry, asustado.
—No lo creyeron la primera vez, no lo creerán ahora.—dijo Ron.—¿Recuerdas? Cuando Corazón de Bruja dijo que tú salías con Hermione.
—Como no recordarlo.—gruño Harry.
—No te preocupes, Harry. Mis padres no creerán nada de esto. Ni creerán que tú y yo salimos, ni que apoyas al ministro.
—¿Por qué no creerán que tú y yo salimos?
—Porque si no se lo decimos nosotros, significa que es mentira. Ellos piensan que si sucede algo asi, lo sabrían porque se lo diríamos.—explicó tranquilamente Ginny.
—Pero no se lo diremos.
—¡Ah, no, claro que no! No quiero que me pase lo mismo que a Ronnie...—miró de soslayo a su hermano, que se puso colorado y soltó una risita.—Pobre de ti, Hermione. Mi madre comenzará a preparar su boda para dentro de un año.
Hermione no dijo nada, pero se sonrojó levemente.
—En fin, ya debes estar acostumbrado a este tipo de cosas, ¿verdad, Harry? Pero no se puede hacer nada. Por lo menos no estamos en el colegio, donde los murmullos de las personas son insoportables.—sentenció Ginny. Se sirvió pastel, y no dijo nada más. Parecía que todo el mundo había dado por terminada la discusión, porque seguían comiendo como si nada. Harry decidió que era mejor no seguir con eso, y comenzó a comer él también.
Media hora más tarde, la tía Muriel bajo de su cuarto, se despidió de todos con un sonoro beso, y entró en la chimenea, para luego desaparecer en una llamarada de fuego verde esmeralda. Después de eso, todos subieron a la habitación de Ron y Harry, y ayudaron a este a pasar sus cosas de la habitación de estos a la de Fred y George, que tía Muriel acababa de desocupar.
Estaba Harry acomodando su baúl a un costado de su cama. Ron y Hermione, aprovechando que estaban sólo, se habían escabullido al patio, de donde al parecer no pensaban regresar en algunas horas.
—¿Puedo?
Ginny estaba asomada en la puerta del cuarto de Harry. Harry se sentó en la cama y le hizo señas para que ella entrara. Ginny se sentó a su lado y le sonrió.
—¿Cómo estas?—le preguntó; Harry enseguida supo a que se refería ella.
—Creo que bien. Aún no sé que voy a hacer sin él, pero estoy intentando salir adelante.
—Y saldrás, lo verás.—ella le acarició el brazo, y sonrió. Harry sintió que había llegado el momento de que Ginny se enterara de su terrible misión.
—Ginny...¿recuerdas que anoche te dije que tenía que decirte algo que no era muy bueno?—ella asintió.—Bien, quiero que lo escuches, que sepas a que te arriesgas estando conmigo.
“Poco tiempo antes de mi nacimiento, alguien hizo una profecía, sobre mi y Voldemort. Ese alguien fue la profesora Trelawney. La profecía dice que el único que podrá vencerlo nacería ese mismo años, a fines del séptimo mes, de quien lo habían desafiado tres veces. Es decir, yo. Bueno, también podría haber sido Neville, que cumple las mismas condiciones, pero Voldemort optó por mi. Cuando Trelawney pronunció la profecía, aparte de Dumbledore, hubo alguien mas que la oyó. Snape. Él sólo escucho esa parte, pero fue detectado antes, y no escucho lo siguiente, que decía que El Señor de las Tinieblas me marcaría como su igual,—señaló su cicatriz.—pero que tendría un poder que él no conoce.
“Yo me enteré de la profecía en quinto año. ¿Recuerdas nuestra incursión en el ministerio?¿Recuerdas que los mortífagos querían una profecía? Era esa. Esa era el arma que Voldemort buscaba desde que había vuelto: como destruirme.
“Y el curso pasado, Dumbledore me enseñó el pasado de Voldemort. Al principio no supe para que me iba a servir, pero todo estaba íntimamente ligado con la profecía. Voldemort sobrepasó los límites de la muerte.
—¿Es inmortal, quieres decir?—preguntó Ginny, que al parecer recibía aquella información lo mejor que podía. Quizá no quería demostrar que estaba asustada para no preocupar a Harry.
—No del todo. Hay una forma de destruirlo. Él hizo algo terrible para sobrevivir a la muerte. Existe algo que se llama Horcrux. Un Horcrux es un objeto donde se coloca una parte del alma de uno y asi, si a uno lo matan, no muere del todo, sino que una parte de su alma permanece viva y sin daño alguno.
—¿Y porque eso es tan terrible? Quiero decir, si eso se puede hacer, podríamos ser todos inmortales.
—No, Ginny. Partir el alma de uno es antinatural. Debe permanecer intacta, dentro del cuerpo. Además, dividir el alma se hace con el acto más espantoso que existe: un asesinato. Cuando un mago asesina a alguien, puede usar esa muerte para dividir su alma, y encerrarla en algún objeto.
“El siete es el número mágico más poderoso. Voldemort dividió su alma en siete partes, o eso creemos. Pero estamos seguros de es más de una. Y esa es mi misión. Destruir los Horcruxes de Voldemort, para poder terminar con él.
—¡Pero podrían ser cualquier objeto, Harry!
—No, cualquiera no. Voldemort tiene cierta afinidad a los magos famosos, o mejor dicho, cierta afinidad a los fundadores de Hogwarts. Él siente que ese fue su hogar, por que él era huérfano, y había vivido en un orfanato muggle, hasta que se enteró de que era mago. Ha hecho Horcruxes con objetos de los fundadores, y reservaba las muertes más especiales para realizarlos.
“Ya han sido destruidos dos. Un anillo, perteneciente a Marvolo Gaunt, su abuelo, descendiente de Slytherin, y que también había pertenecido a este. Y un Diario.
—¿Un Diario?—dijo Ginny, tapándose la boca con una mano.—¿El Diario de Tom Riddle?—preguntó, con un ligero estremecimiento.
—El mismo. Se que no te gusta hablar de eso, pero quiero que sepas todo esto. El Diario contenía una parte del alma de Voldemort, que fue la que te poseyó y te obligó a atacar a los estudiantes. Gracias a ello, Dumbledore comenzó a sospechar que Voldemort podría tener Horcruxes.
“Los Horcruxes de Riddle son, además del anillo y el Diario, una taza perteneciente a Helga Hufflepuf, un camafeo de Slytherin, algún objeto perteneciente a Gryffindor o Ravenclaw, y Nagini, que es la serpiente de Voldemort, la que atacó a tú padre. De esa última no estábamos muy seguro, pero lo sospechábamos.
“El día que...que Dumbledore...que él murió, nosotros habíamos ido a buscar el medallón de Slytherin, que Dumbledore sospechaba estaba en una gruta que Riddle había visitado de niño. El Horcrux resultó ser falso, y Dumbledore se debilitó en vano, y luego...sucedió lo que ya sabes.—Harry rebuscó en su bolsillo, y sacó el falso Horcrux, del que nunca se despegaba, para tener siempre presente la misión que tenía asignada desde antes de nacer.—Es este.—Ginny lo tomó y lo abrió. Sacó el pergamino que estaba dentro y lo leyó.
—¿R.A.B?¿Quien es?
—No lo sé. Sólo confió en que en verdad lo haya destruido.
Harry volvió a guardar el medallón en su bolsillo, y miró a Ginny.
—¿Entiendes ahora porque intenté separarme de ti? Temo que Voldemort intente deshacerse de mi nuevamente, y que alguien muera por mi otra vez. Y no quiero que seas tú.
—No lo seré, Harry. Te lo prometo.—y se abrazaron. Harry agradeció el apoyo que ella le ofrecía, incondicional.
—Quería que supieras esto. Quería que supieras como es mi vida.
—Gracias por confiar en mi.—le sonrió, y le acarició una mejilla.—¿Y ahora como harás para destruir los Horcruxes? Quizá encontremos una manera para que desde Hogwarts puedas hacerlo...
—¿Hogwarts? No, Ginny, no volveré a Hogwarts.—dijo él, dando por hecho que ella lo entendería.
—¿¡Como que no volverás a Hogwarts!?¡Tienes que volver, Harry!¡No puedes abandonar tus estudios!—gritó. Ginny se había parado de la cama, con las manos en las caderas, resaltando su parecido con su madre.
—¿Cómo quieres que destruya los Horcruxes estando encerrado en el castillo?—dijo Harry, poniéndose de pie también, y elevando la voz.—¡Pensé que lo entenderías! Además, pienso ir al Valle de Godric, quiero visitar la casa de mis padres, y sus tumbas. ¿Entiendes?
—¡Claro que lo entiendo!¡Entendí todo lo que me contaste!—gritó ella.—¡No voy a oponerme a que corras ese riesgo por que sé que es tu destino!¡Y hasta te voy a ayudar en lo que pueda!¡Pero no puedes dejar el colegio!¡Eso si que no te lo voy a aceptar, Harry!
—¡Pero tengo que hacerlo!—Harry se sentó nuevamente, y se tapó la cara con las manos. Era inútil discutir con ella.
—Harry, por favor, sé razonable. ¿No entiendes que si dejas el colegio tendrás menos posibilidades de terminar con Voldemort? Debes instruirte. Estoy segura de que podremos pedirle permiso a la profesora McGonagall de que te deje salir del colegio.
—¿Cómo estás tan segura de que McGonagall será la directora, y que Hogwarts reabrirá?
—¡Vamos, Harry!¿Crees que dejaran a todos los niños desamparados? Hogwarts sigue siendo un lugar muy seguro, a pesar de que Dumbledore ya no esté. Y si, puede que muchos no vallan, pero los que irán estarán más que protegidos.
—Puede ser.—cedió.—Pero no puedo volver. Esto tengo que hacerlo solo, ni siquiera tendrían que acompañarme Ron y Hermione.
—¡Ahgg!—gritó Ginny fastidiada.—¡Si que eres cabeza dura!
—¡Eso ya me lo dijiste anoche!—le recordó Harry.—¡Y tú también lo eres!
—¡Es imposible hacerte razonar!¡Búscame cuando tu cabeza se haya ordenado, por que por lo visto estas confundiendo heroísmo con estupidez otra vez!—y salió del cuarto dando un portazo que resonó en la vacía casa.
Harry se quedó sentado en la cama, sin poder creerlo. Hacía menos de veinticuatro horas que habían vuelto, y ya estaban peleando. ¿Heroísmo por estupidez?¿Otra vez? Sabía que había cometido ese error otras veces. Como cuando insistió en ir a salvar a Sirius de Voldemort, cuando Sirius estaba en Grimmauld Place. O como cuando se separó de Ginny para protegerla. Si, esas veces había confundido heroísmo por estupidez, pero ahora no. No era una estupidez dejar el colegio para destruir a Voldemort. ¿O lo era? No, claro que no.
—¿Cómo harás para encontrar los siguientes Horcruxes?—dijo una voz dentro suyo, esa que a menudo se parecía a la de Hermione.
—Aún no lo sé.—se respondió.
—Entonces, ¿por qué no vuelves al colegio? Tendrás tiempo para pensar, y de paso no dejas de lado tu sueño de ser Auror, y puedes compartir más tiempo con Ginny.
—Supongo que tendrás razón.
Si, confundía heroísmo con estupidez. Tenía que regresar al colegio, quizá y hasta encontraba alguna pista en Hogwarts.
Salió del cuarto a toda velocidad, buscando a Ginny. No le gustaba estar distanciado de ella, aunque hicieran menos de veinticuatro horas que salían juntos. Sentía que cualquier cosa que los separara podía ser para siempre. Tenía miedo miedo de alejarse de ella, y no poder volver.
Cuando entró en la sala, la encontró vacía. Salió al patio, y rodeo la casa. Ginny se encontraba sentada en el suelo de tierra, con la espalda apoyada en la pared, las rodillas recogidas, mirando hacia delante. Se acercó despacio, y se sentó a su lado.
—¿Ya te has decidido?—preguntó fríamente, sin mirarlo.—¿O tengo que lanzarte un Imperius y obligarte?
—Si, ya me he decidido. Volveré a Hogwarts. Siento haberte gritado haya arriba. He recapacitado, y creo que en Hogwarts tendré más oportunidades para prepararme, y podré pasar más tiempo conmigo.
Ginny lo miró, y una sonrisa se formó en su rostro.
—Me alegro.—respondió, y lo abrazó.—Siento haberte dicho esas cosas, eres cabeza dura, pero debo admitir que yo también.
—No te preocupes, bonita. Te quiero igual.
—Una cosa, Harry...¿no tenías que ir donde Lupin?—preguntó Ginny, rompiendo el abrazo.
—Si, pero no sé donde, aunque supongo que será en Grimmauld Place.—dijo Harry, y una sombra de tristeza cruzó su cara.
—No te gustaría volver allí, ¿verdad?—ella le acarició una mejilla.
—No, pero supongo que...
—¡Harry!¿Estas ahí?
Una voz proveniente de la sala los sobresaltó.
—¿Y eso?—preguntó Ginny.
—Ven, vamos a ver.
Harry sacó su varita, y caminó delante de Ginny, hasta la puerta de la casa. Entraron, y vieron la cabeza de Remus Lupin flotando en la chimenea, rodeada de fuego verde.
—¡Remus!¡Nos ha asustado!
—Harry, Ginny.—saludó Lupin, con una sonrisa cansada.—No se si te ha dicho Tonks, Harry, pero necesito hablar con tigo.
—Si me lo ha dicho.
—¿Puedes venir a Grimmauld Place ahora? Será sólo media hora.
—Claro, enseguida voy.
Lupin se despidió de ellos con un gestó de la cabeza y desapareció.
—Bien, tengo que irme. Volveré enseguida. Avísale a tu madre donde estoy, ¿si?—Harry le dio un beso a Ginny, que ella respondió con ímpetu.
—Te voy a extrañar.—le susurró al oído. Harry le sonrió, tomó un puñado de polvos Flú, y desapareció en una llamarada verde, al grito de ¡Número doce de Grimmauld Place!
Girando sobre si mismo, llego a la oscura cocina del sótano de la noble y antigua Mansión Black y cuartel general de la Orden del Fénix, que ahora le pertenecía, legada por Sirius Black, su padrino. Estaba como la recordaba, de la última vez que la había visto, que había sido en su desesperado intento en comprobar que su padrino estaba en la casa, y no en el Departamento de Misterios. Oscura. Vacía.
Lupin estaba sentado en una de las sillas de madera, con dos botellas de cerveza de manteca sobre la mesa. Se paró en cuanto Harry apareció en la chimenea, y lo ayudó a sacudirse el hollín.
—Hola.—dijo, con una voz algo cansada. Harry le respondió el saludo, preguntándose si el cansancio, que era más notable que otras veces, pues el pelo estaba muy canoso y tenía grandes ojeras, se debía a el arduo trabajo de la Orden (De la cual, por cierto, aun no sabía quien era el nuevo jefe), que se aproximaba la luna llena, o que hacía poco que había pasado. Supuso que sería la segunda opción, puesto que la noche anterior parecía más repuesto, del brazo de una alegre Tonks.
—¿Qué necesitaba decirme?—preguntó Harry, aún de pie.
—Ya verás. Por favor, siéntate, estas en tu casa.—dijo el hombre, corriendo una silla.
—No me lo recuerde.—gruñó Harry.
—Bueno, no te discutiré nada, no es eso lo que tengo que decirte. Mira, hace una semana, estábamos teniendo una reunión en esta misma sala, cuando, con un fogonazo, una pluma de Fawkes apareció en medio de la mesa, junto a dos cartas.
Harry lo miró desconcertado. ¿Una pluma de Fawkes? Desde la muerte de Dumbledore, no sabía nada de su legendaria ave, el fénix. Sólo la había oído lamentarse la muerte de su amo en los terrenos de Hogwarts, y luego no supo más nada. ¿Cómo aparecía ahora una pluma de Fawkes?
—¿Eso es...posible? Dumbledore esta...bueno, muerto, y el fénix desapareció.
—Pero sospechamos que Dumbledore planeó que esas cartas llegara en algún momento, luego de su muerte. Una de las cartas es para ti. La otra era para la Orden, con instrucciones de lo que debemos hacer, y quien sería el próximo jefe.
—¿Y quien es?
—Yo.—dijo, con una media sonrisa.—Pero ese no es el punto. El punto es Harry, que esta carta—Lupin sacudió la carta delante de Harry.—puede cambiar tu vida. Eso es lo que dice Dumbledore en la carta de la Orden.
—¿Por qué no me la dio cuando me fue a buscar a Privet Drive?
—Porque la carta de la Orden decía que debía entregártela dos días después de tu cumpleaños, donde pudieras leerla solo. Toma, yo iré a arriba, volveré en un rato.
El hombre le entregó el sobre de pergamino, y se levantó, abandonando la cocina. Harry miró el sobre unos minutos. ¿Qué podría ser aquello que le cambiaría la vida?
Abrió el sobre, con la sensación que estaba por crear un antes y un después en su vida, y sacó el pergamino.
¡CHAN! ¿Y ahora? Van a tener que esperar para la segunda parte...supongo que ya imaginaran lo que dice la carta...Es que el capítulo me salió largo...no tanto, pero...
Espero que les haya gustado...creo que no cree tanto suspenso, pero lo intenté...Es que como a mi no me gusta el suspenso, inconscientemente tampoco lo hago yo...Jeje! Soy muy ansiosa...siempre leo la última página de todos los libros...Me propuse que con él único que no haré eso será con el séptimo HP...sino asi pierde la gracia...¿no?
Espero críticas...
¡Vamos ARGENTINA!
6 a 0 contra Serbia y Montenegro...WoW!!!!!! Ojalá ganemos el campeonato mundial de Fútbol... Felicidades a todos los argentinos, y también a todas las selecciones que están en Alemania compitiendo.
En fin, me voy...
¡Críticas!
Lali Black