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Historia 22081 — capítulo 8
Capítulo7: El Valle de Godric (Parte uno)
La niebla invadía cada rincón del tranquilo pueblo del Valle de Godric. Un pueblo muggle, pero donde ocurrieron dos sucesos que modificaron importantes aspectos del mundo Mágico. El primero, muchísimos años antes, en el siglo XIV, efectuado por el mago Bowman Wright, un habilidoso encantador de metales, que creó la famosa Snitch Dorada, que revolucionaría el juego más popular entre magos y brujas: el Quidditch. La creación salvaría a los pobrecillos de los snidget, que sufrían el asedió de los buscadores del famoso juego, antes de este maravilloso invento ocupara su lugar. Y otro hecho mucho más importante, que ocurrió a finales de Octubre de 1981: la derrota de Lord Voldemort, el mago más malvado del siglo XX. Los protagonistas habían sido una joven pareja recién casada, con un niño de un año. Todo su futuro se había truncado esa noche de Hallowen de 1981; la pareja murió, y el pequeño sobrevivió a la tragedia, pero con la consecuencia de cargar sobre sus hombros la salvación del Mundo Mágico y muggle.
Pero nada de eso sabían los alegre pobladores del Valle de Godric. Correteaban por las callecitas algunos gatos, que pretendían esconderse de la tenue luz del amanecer. Los pájaros comenzaban a cantar, y algunos pequeños negocios abrían sus puertas. Nada perturbaba al apacible pueblo. Pero a unos kilómetro del lugar, en una zona boscosa, cerca del camino, tres pequeñas explosiones resonaron, y cuatro personas, cargando unas aparentemente pesadas mochilas cada una, aparecieron de la nada.
—¿Es aquí?—preguntó uno de los dos jóvenes, de llamativo cabello rojo.
—Claro, Ron. Si Hermione Apareció con nosotros, quiere decir que Aparecimos bien.—dijo una muchacha pelirroja, colgada del brazo del segundo joven, que la había Aparecido con él.
—Gracias Ginny.—respondió quien era Hermione, y se colgó del brazo de Ron.—¿A cuanto queda el pueblo, Harry?
—Unos tres kilómetro. Llegaremos en una hora, más o menos. Recuerden no hacer nada de magia, y de no quedarse viendo las cosas muggles como si no las conocieran; es un pueblo muggle, y debemos actuar como tales, ¿entendido?
Los demás asintieron, y se dispusieron a caminar. Habían madrugado esa mañana para llegar bien temprano a las afueras del Valle de Godric. Lupin le había dado las coordenadas de Aparición de un bosque cercano, donde podrían Aparecerse sin peligro alguno. Esa mañana fueron a despedirlos Lupin, Tonks y Ojoloco, que junto con los señores Weasley, se deshicieron en recomendaciones y consejos. Harry les hizo prometer que no le pondrían vigilancia, y a pesar de que le llevó un buen rato hacerlo, lo logró argumentado que ya era mayor de edad como para cuidarse solo, y que no correrían peligro.
Pensaban quedarse dos noches en una posada que Lupin les dijo que había en el pueblo, aunque no sabía si aún estaba; de cualquier manera, ellos llevaban dos carpas mágicas, y podrían acampar en algún lugar. En sus mochilas, modificadas mágicamente para que cupieran más cosas y pesaran menos, llevaban unas viandas que le había preparado la señora Weasley, mapas de la zona, y sus ropas. Harry llevaba su capa de invisibilidad y su Saeta de Fuego reducida, aparte de una bolsita con dinero mágico y otra con dinero muggle, lo suficiente como para sobrevivir una semana. Hermione, Ron y Ginny quisieron llevar su propio dinero, pero Harry se los negó, diciendo que él sería quien cubriría los gastos que tuvieran.
Luego de una hora y media de caminata en ascenso, llegaron a la cima de una pequeña colina, desde donde se observaba todo el valle. Bajaron la ladera con cuidado, hasta llegar al pie de la colina. Caminaron hasta la calle principal, y luego Harry siguió las instrucciones de Lupin para llegar hasta el albergue.
—¿Cinco casas, un bar y la posada, comenzando después del colegio primario?—preguntó Ron.
—Eso dijo. ¿Será este?—Harry señaló la taberna que tenía enfrente. Sobre una destartalada puerta de madera colgaba un cartel que rezaba: “La buena cerveza”, con el dibujo de un hombre pequeño y barbudo con un gran vaso de cerveza en la mano. El aspecto exterior de la taberna no era muy acogedor, más bien terrorífico. Tenía una ventana mediana, por la que casi no se veía nada de lo mugrienta que estaba, y la pintura de las paredes se descascaraba.
—Bueno, entremos.—propuso Hermione.—Cualquier lugar es bueno a pasar la noche en una carpa.
Los cuatro empujaron la puerta, que se abrió con un chirrido triste. La taberna era mucho mejor por dentro que por fuera. Había muchas mesas redondas de madera, con varias sillas del mismo material, y sólo había tres personas tomando café. El lugar era amplio y limpio; se acercaron a la barra, donde una jovencita de vaporoso cabello rubio, que no debía pasar los veinte años, con un delantal rojo, limpiaba la mesada con un trapo blanco y húmedo.
—¡Buenos días!—saludó alegremente.—Son nuevos, ¿verdad?
—Buenos días.—saludo Hermione.—Si, somos nuevos, y necesitamos alojamiento por dos noches. ¿Hay cuatro habitaciones disponibles?
La mujer se giró e inspeccionó el panel que tenía detrás, que contaba con veinte agujeros rectangulares, todos numerados, con un pequeño gancho en la parte inferior cada uno. Dos de los ganchos tenían colgados una llave.
—Sólo hay dos. Cada una con baño y camas matrimoniales.
Los cuatro se miraron entre si.
—Este...¿podría servirnos cuatro cafés?—preguntó Hermione. La joven sonrió, y entró por una puerta al lado del panel. Harry caminó hasta la mesa cercana y se sentó en una silla, cansado por la caminata, mientras Ginny se sentaba a su lado. Ron y Hermione ocuparon dos asientos frente a ellos.
—¿Qué hacemos?—preguntó Ron.—Yo no pienso dormir con Harry, pero...—miró de soslayo a Hermione y luego a Ginny, para dirigirse a esta última.—...tú no dormirás con Harry.
—¿¡Por que no!?—saltó ella.—¡Apuesto a que tu te mueres por dormir con Hermione!
Hermione se sonrojó violentamente, al igual que Ron, mientras la joven dependiente les traía los cafés.
—Aquí tienen.
—Mu-muchas gracias.—balbució Hermione. La joven sonrió a los cuatro adolescentes, y se marchó a la barra.
—¡Enana entrometida!—masculló Ron, cuando la dependiente estuvo bien alejada de ellos.—¡Deja de decir tonterías!
—¡Hey!¡Un momento!—cortó Harry, antes de que Ginny contestara; las peleas entre los dos hermanos competían olímpicamente con las que Ron tenía con Hermione.—Ron duerme en la cama, y yo en un saco de dormir. Las chicas no tiene problemas en dormir juntas, ¿verdad?
La cara de Hermione se trasformó por completo.
—¿Qué...que sucede, Hermione?—le preguntó Harry.—¿Tienes problemas para dormir con Ginny?
—No...no es eso.—contestó ella.—No...no traje los sacos de dormir.—dijo en un hilo de voz, tapándose la cara con una mano.
—¿Cómo que no has traído los sacos de dormir?—dijo Harry, alarmado.
—¡Lo siento!—chilló, aún con la cara tapada, horrorizada con el hecho de que algo tan importante como los sacos de dormir se le olvidaran.—¡Lo olvidé completamente!
Harry suspiró largamente.
—¿Y ahora?—preguntó, con la esperanza de que la dependiente les dijera que se había desocupado por lo menos un cuarto.
—Fácil.—dijo Ginny, con aire práctico y decidido.—Ron y tú—dirigiéndose a Hermione.—duermen juntos. Harry y yo también. No hace falta que hagan nada.—agregó al ver la cara horrorizada de Ron.—Y tampoco hace falta que mamá se entere.
—¡Te has vuelto loca, Ginevra!—le espetó Ron.—¡Tú no vas a dormir con Harry!
—¡Entonces duerme con él, o con migo mientras Harry duerme con Hermione!¿Quieres eso, o prefieres dormir con Hermione?¡Y no me llames Ginevra!
Ron abrió la boca, pero la volvió a cerrar, derrotado.
—Está bien.—cedió.—Tú no has dicho nada, Harry. ¿Qué opinas?
Harry no sabía que decir. No le molestaba en lo más mínimo dormir con Ginny. Pero no quería que Ron pensara que él se aprovechaba de su hermana. No quería pasar por un pervertido. Miró a Ginny, que le suplicaba con la mirada. Ginny era tremendamente osada, pero estaba seguro de que sólo hacia aquello para llevarle la contra a su hermano. La volvió a mirar, y no pudo soportar su mirada de inocente ángel con sonrisa diabólica. ¿Cómo lograba descomponerlo completamente sólo con una mirada suya?
—Que está bien.—cedió.—No le haré nada a tu hermana, si eso es lo que piensas.—Ron se sonrojó nuevamente. Ginny sonrió triunfante, y bebió un largo sorbo de café.
—¿A mi nadie me pregunta lo que pienso?—Hermione miraba a los otros tres.
—¿Y que piensas? En realidad, no hay muchas opciones, Hermione. O duermes con Ron, o duermes con Ron.—dijo Ginny, que seguí bebiendo su café. Hermione suspiró resignada, y se levantó de la mesa.
—Iré a reservar las habitaciones. Tendré que pagar por adelantado.—agregó, mirando a Harry. Este sacó dinero muggle y se lo pasó. Ron se levantó rápidamente, y la acompañó hasta la barra, tarareando alegremente, lo que le sorprendió a Harry, puesto que minutos antes protestaba ante la idea de dormir con Hermione.
—Te dije que él quería dormir con Hermione.—le dijo Ginny a Harry.
—Tú eres una pequeña traposa.—Harry le dio un pequeño beso en la nariz.
—¿Por qué?—preguntó inocentemente.
—Porque sabes perfectamente que podría dormir sobre unas mantas en el suelo.
—¡Ho!¡Me descubriste!—dijo ella, fingiendo sorpresa.—Quiero tenerte a mi lado, sólo serán unas noches.—le susurró al oído.—Prometo no hacer nada.—agregó.
Harry simplemente sonrió. Le esperaban largas noches.
Luego de terminar sus cafés, y de dejar la mayor parte de sus pertenencias en los cuartos, se dirigieron a la calle principal del pueblo. Tendrían que buscar la casa, puesto que nadie supo decirles la ubicación exacta a causa del encantamiento Fidelius. Él único que sabía su sitió exacto era Colagusano, pero no contaban con él para saber donde se encontraba la casa.
—No debe ser difícil ubicarla. El pueblo no debe ser muy grande, podemos recorrerlo y encontrar la casa. Debe ser una bastante destrozada.—dijo Hermione, mientras avanzaban por la calle. La mayoría de las personas comenzaban a salir de sus casas, rumbo a sus trabajos; los niños comenzaban a corretear por los jardines, y el aire se llenó de diferentes aromas: huevos fritos, café, leche, flores silvestres y pan recién horneado.
—¿Y si han vendido la casa, y la han remodelado?—preguntó Ron, mientras iba de la mano de Hermione.
—Lupin ha dicho que la casa esta protegida con magia antigua, y que sólo alguien con la sangre de mis padres puede romper el hechizo.—contó Harry a sus amigos.—Es decir, que mientras entren con migo, no sucederá nada.
Pasaron medio día recorriendo el pueblo. Era más grande de lo que pensaban, y no habían avanzado casi nada desde que habían salido de la taberna. Pararon en un bar a almorzar, cerca de la plaza central del pueblo, alrededor de la una de la tarde.
—No sabía que este pueblo era tan grande.—comentó Harry.—Nos tomará más de lo que suponía encontrar la casa.
Los cuatro estaban sentados en las mesas exteriores del bar, frente a la plaza del pueblo, donde los niños corrían bajo las atentas miradas de sus madres, abuelas o nanas. El día era cálido y despejado, e invitaba a disfrutar del sol y el aire libre.
—¿Qué quieres decir?—preguntó Ron.
—Creo que tendremos que quedarnos una noche más aquí.
—¡Genial!—dijo Ginny, mientras cortaba un trozo de carne asada. Ron le lanzó una mirada reprobatoria a su hermana, pero no dijo más nada.
—Entonces hay que avisarle a los señores Weasley.—dijo Hermione.—¿Irás tú, Ron?
—Claro. En la noche me Aparezco en casa.—dijo este.
Los cuatro se quedaron callados, mientras terminaban de almorzar. Harry contemplaba los alrededores, preguntándose como hubiese sido vivir allí, junto a sus padres. ¿Habría jugado en la plaza, custodiado por James y Lily?¿Habrían almorzado alguna vez en ese mismo bar? La incertidumbre de lo que pudiera haber sido si viviera allí, lo carcomía. ¿Hubiese sido feliz?
—¿Qué haremos luego de encontrar la casa, Harry?—Hermione lo sacó de sus pensamientos. Harry levanto la vista, y descubrió a sus amigos observándolo.
—Creo que...Bueno, quería ir al cementerio. Supongo que podremos preguntar donde queda.—dijo Harry.—Y podemos seguir mañana. Me gustaría recorrer el pueblo, pero para conocerlo. ¿Les parece?
—Claro, Harry, como tú quieras.—contestó Ron.—¿Te molesta si vamos por ahí? Nos encontramos en la posada.
—Para nada. Disfruten.—dijo Harry, sonriendo. Ron y Hermione se levantaron de la mesa, y se alejaron caminado por la plaza, tomados de la mano.
—Se ven tan lindos.—suspiró Ginny, mientras los veía esquivar niños pequeños. Harry la tomó por la barbilla, y le dio un pequeño beso.
—No tanto como tú y yo.—le susurró.
—Asi que el señor Potter es creído...—dijo Ginny, con malicia.—Y si le digo que besa bien, ¿se lo cree?
—Pues nadie más lo ha dicho antes, asi que si lo dices, tiene que ser verdad.—sonrió Harry, en un susurró, junto al oído de Ginny.
—Y eres bien creído. Pero si, dije la verdad, besas muy bien.
Los dos sonrieron, contentos de poder estar juntos, y casi sin preocupaciones. Después de pagar lo que habían consumido, se alejaron caminando de la mano.
El pueblo era realmente bonito. Sus pintorescas casitas le daban el aspecto de haberse quedado atascado en plena Edad Media, pero si uno prestaba atención, podía encontrar indicios de que se encontraba a fines del siglo XX: algunos automóviles (Bastantes antiguos, pero de este siglo, por lo menos.), muy pocos en realidad, recorrían las calles pobremente asfaltadas; los cables de luz eléctrica desfiguraban el bello paisaje, atravesando las casa de postes en postes. De ves en cuando, se oía el timbre de un teléfono, y el sonido de música moderna saliendo por las ventanas. En algunos almacenes había teléfonos públicos, a monedas, y en varias casa, las más bonitas, se oía el sonido de un televiso encendido.
El lugar tenía también sus lugares de diversión. Algunos bares tenían espectáculos de música en vivo, y aunque los cantantes fueran amateurs era bastante divertido. Esos mismos bares tenían también karaokes y juegos de billar, donde los habitantes del pueblo se divertían en las noches de ocio. El pueblo tenía también un pequeño cine donde daban películas con al menos tres años de antigüedad, pero que los que vivían allí no habían visto. Y como Harry jamás en su vida había ido al cine (Y Ginny menos), se decidió a llevarla.
Ese día daban una película nueva, recién estrenada, algo que hacían cada tanto. La película resultó ser de amor, y se llamaba “Titanic”. Ginny quedó maravillada con las imágenes y la historia. Lloró hasta el cansancio, y se sonrojó violentamente en la escena en que el protagonista pinta desnuda a la mujer, y en la que hacen el amor en un auto antiguo.
Al salir del cine ya se había hecho de noche, ya que la película había durado demasiado, y los dos se dirigieron a la posada. Se encontraron con Hermione sentada en una silla, hojeando un libro. La taberna estaba bastante concurrida. Tomaron unas sillas y se sentaron junto a Hermione.
—¿Qué lees?—preguntó Ginny, al ver que su amiga no levantó la vista cuando ellos se sentaron. Por toda respuesta, Hermione levanto el libro de la mesa, dejando ver el título: “Lugares muggles y su relación con el Mundo Mágico”.
—¡Hermione! No puedes leer algo asi en este lugar.—le regañó Harry.
—Lo siento.—se disculpó ella, cerrando el libro y guardándolo en un bolso que traía.—Pero tenía curiosidad respecto a este pueblo. El libro lo compre el año pasado, es una edición nueva. Pero sólo menciona que aquí se creó la Snitch Dorada y lo que ocurrió la noche que Voldemort intentó matarte.
—¿No...no dice nada sobre la casa?
—¿Cómo podría decir algo? ¡La casa esta protegida! Sólo hay una persona que puede deciros donde esta, pero no creo que quiera colaborar con nosotros.
—Ni la menciones.—gruñó Harry. Ginny notó que su novio no empezaba a tener mal humor, asi que cambió de tema.
—¿Y Ronnie, Hermione?¿Dónde ha ido? No debes alejarte mucho de él, le huye al compromiso.—le aconsejó. Hermione la miró atravesada, y Harry le advirtió con los ojos que no siguiera metiendo cizaña.
—Sólo intentaba cambiar de tema.—masculló a modo de disculpas.—¿Y bien?¿Me vas a decir donde esta mi hermano?
—Fue a la Madriguera.—dijo Hermione, bajando la voz.—Ya sabes, se Apareció, no tardará en llegar. Por cualquier cosa, se esta bañando, ¿entendido?
Harry y Ginny asintieron, y esperaron a Ron, mientras Hermione se entretenía con otro libro, esta vez muggle: “Las matemáticas son maravillosas”
Ron llegó a la media hora, trayendo consigo más viandas (Las anteriores las había acabado Ron en el camino hasta el pueblo desde el bosque) y un sobre.
—Mamá ha enviado esto; piensa que estamos muriendo de hambre.—dejó unos paquetes envueltos en papel madera sobre la mesa, y le entregó el sobre a Harry.—Y esto lo envía de parte de Lupin.
Harry abrió el sobre, y se encontró con una foto de una casa mediana, de colores agradables, y con un jardín florido y bien cuidado. Junto a la foto había una carta:
Harry:
Encontré esta foto poco tiempo después de que te marcharas. Esta es la casa de tus padres en el Valle de Godric. Sé que no te puedo decir su dirección, pero espero que esta imagen te sirva de algo.
La foto esta sacada con una cámara
muggle, que había sido un regalo de los padres de Lily, tus abuelos, entre otras cosas, para su boda. La foto es de cuando recién se habían mudado, y tú todavía no habías nacido.
La casa no tiene muchas cosas, puestos que tus padres se mudaron hay mientras Lily estaba embarazada, y ellos ya sabían que Voldemort los buscaba. Se llevaron lo suficiente para estar cómodos.
Ojalá tengas éxito en tú búsqueda. No recuerdo donde queda el cementerio, pero no tendrás problemas para localizarlo, cualquier persona te puede decir donde queda.
R. J. Lupin
—Era la casa de mis padres.—dijo Harry, mostrándoles la foto.
—Era muy bonita.—dijo Ginny, contemplando la casa.—Me gustaría vivir en un lugar asi, debe ser fantástico.
—Algún día...—murmuró Harry, más para si que para los demás.—¿De que puede servir la foto? Aunque se la mostremos a medio pueblo, nadie nos va a decir donde esta.
—Tienes razón.—le apoyó Hermione.—Mañana veremos.
Luego de charlar un rato acerca de los que harían al día siguiente, pidieron la cena, bastante liviana, y subieron a sus cuartos. Costó alrededor de media hora sacar a Ron del cuarto de Harry y Ginny.
—Ron, por enésima vez, ¡tu hermana y Harry no harán más que dormir!—insistió Hermione, tirando del brazo de Ron. Harry y Ginny estaban sentados en la cama, cruzados de brazos, contemplando los berrinches de Ron.
—¡Si!¡Dormir, pero juntos!—exclamó Ron, fulminando con la mirada a la pareja.
—Ron, si no te vas ya mismo de este cuarto, te echare un maleficio mocomurcielago, y tú serás el responsable de que me expulsen del colegio.—dijo Ginny, poniéndose de pie frente a Ron.
—No me amenaces, enana.
—¡No me llames enana!
—¡Te llamo como se me da la regalada gana!
—¡Vete!¡Déjame en paz!
—¡No te dejaré en paz!¿Recuerdas que una ves te encontré besándote con Thomas?¡No quiero ver lo mismo ahora!
—¡Deja a Thomas fuera!¡Gracias a Merlín que terminé con él!¡Y si no quieres ver nada que te desagrade, vete del cuarto!—los dos hermanos estaban rojos de furia. Harry recordó como ellos dos se habían peleado una vez en un pasillo de Hogwarts, y no había sido nada agradable. Harry se levantó y se interpuso entre Ginny y Ron, antes de que alguno de los dos sacara la varita.
—¡Ya basta!—exclamó Harry.—Son hermanos, no pueden discutir todo el tiempo.—Harry recordó la carta de Dumbledore, y pensó si él haría lo mismo con su hermana.—Ron, ¿confías en mi? Soy tu amigo, y amo a tu hermana de verdad, no le haré nada impropio.
Ron contempló a Harry y a Ginny unos segundos.
—Esta bien.—cedió por fin. Ginny sonrió satisfecha y se sentó en la cama.—Vamos, Hermione, tengo sueño.
Ron salió del cuarto arrastrado por Hermione, con actitud recelosa. Cuando la puerta se cerró tras él, un incómodo silencio recayó sobre Harry y Ginny. Los dos se miraron un rato, sentados sobre la cama.
—Yo...iré a cambiarme.—dijo Ginny, sonrojándose levemente. Sacó de su mochila su pijama y entró al cuarto de baño. Harry suspiró y se cambió a su pijama, para luego meterse en la cama. Ginny salió al rato, con su pijama rosa de camisa y pantalón, algo infantil, y se recostó a su lado, cubriéndose con las sábanas.
Harry no podía creer que estuviera acostado junto a Ginny en la misma cama. Y con permiso de Ron. Se sentía extraño, pero era lindo sentir el pequeño cuerpo de la chica pegado al de él. Ella se acurrucó contra él, que la abrazo. La noche era algo fresca, pero los dos se tramitaban el calor de sus cuerpos. Harry estiró un brazo por sobre Ginny y apagó la luz eléctrica del velador de la mesa de noche. Los dos, inconscientemente, sonrieron en la oscuridad, mientras el sueño les vencía lentamente.
Hermione entró al cuarto enfadada, arrastrando a Ron.
—¡A veces eres tan cabeza dura!—le reprochó, mientras buscaba su pijama.
—No quiero que mi hermanita duerma con cualquiera.—dijo él. Tomó su pijama y se sentó en la cama.
—Harry no es cualquiera. Es tu mejor amigo, lo conoces de hace años, sabes que no sería capaz de tocarle un pelo a Ginny.—dijo ella, quitándose los zapatos.
—Bien que andan besándose por ahí.—masculló.
—Como tú y yo.—dijo.—Y ni a Ginny ni a Harry les molesta que lo hagamos, ¿verdad? Pues entonces no te metas con tu hermana, sabes que ella se saldrá con la suya siempre.
—Pero...pero...¡Harry le lleva un año!¡Es muy grande para ella!—insistió Ron.
—¡Y yo te llevo seis meses, Ronald!¿Qué hay en eso? Para el amor no hay edad.
—Pero Harry le lleva un año completo. Es mucho.
—Inmaduro.—resopló ella antes de entrar al baño.
Cuando Hermione salió del baño, Ron ya estaba cambiado, revisando una radio *muggle* que estaba sobre un modular.
—¿Qué haces? Eso es una radio, Ron.
—Lo sé. ¿Para que sirve esto?—señaló el cable negro y el enchufe.
—Para enchufarlo al tomacorriente y que la radio funcione.—respondió casi automáticamente.
—¿Enchufarlo donde?
—¡Oh, Ronald! Esto es un tomacorriente,—señaló uno que estaba en la pared.—la electricidad viene por aquí, pasa por el cable y asi la radio funciona. Es como si fuera la varita por donde pasa la magia que hace funcionar una radio mágica , ¿entiendes ahora?
—¡Oh!—murmuró. Hermione puso los ojos en blanco, fastidiada y se acostó en la cama. Ron se echó junto a ella, y se cubrió con las sábanas.
—Lo siento.—murmuró cuando Hermione apagó la luz.
—¿Sientes que?—preguntó bruscamente.
—Siento haberme sacado de esa manera. Sé que Harry no le hará nada a Ginny.—dijo Ron en la oscuridad.
—No me tienes que pedir disculpas a mi.—le respondió, suavizando el tono de voz.
—Mañana hablaré con mi hermana y Harry.
—Asi me gusta.—Hermione le dio un beso, que Ron correspondió.—Te quiero.
—Yo también te quiero.
Se abrazaron, sintiendo como sus cuerpos se adaptaban al del otro, en una perfecta armonía, y se quedaron dormidos.
Cuando Ginny despertó al día siguiente, no sintió el cuerpo de Harry junto a ella. Se levanto asustada, pero lo vio ya vestido, sentado sobre una silla, mirando la foto de la casa de sus padres. Él levantó la cabeza y le sonrió.
—Buenos días, ¿cómo dormiste?—le preguntó, acercándose y dándole un pequeño beso.
—Mejo que nunca, ¿hace mucho que estas levantado?
—Alrededor de una hora.—Ginny levantó una ceja.
—¿Tanto tiempo? Me hubieses despertado y te hacia compañía.—dijo Ginny acariciándole una mano.
—No te ofendas, pero quería estar un rato solo, pensando. Además, te veías tan linda e inocente durmiendo que no quise molestarte.
—¿Qué dices, que no soy ni linda e inocente cuando despierta?—cuestionó.
—Eres linda cuando esta despierta también, pero inocente sólo cuando duermes.—dijo él, y ella le pegó un débil puñetazo en el hombro.—Yo también te quiero.—dijo riendo.
Harry salió del cuarto, mientras Ginny se vestía. Encontró a Ron fuera, que también esperaba a su chica.
—Buenos días.—saludó él sonriente.
—Buenos días, Harry. Quería pedirte disculpas por lo de anoche; sé que no le harás nada a mi hermana.—Ron estiró su brazo, y Harry lo estrechó.
—Disculpas aceptadas.—dijo él, sonriendo.—Deberías pedírselas a Ginny también.
—¿Qué deberían pedirme a mi?—preguntó Ginny, saliendo del cuarto. Tenía puesto unos jeans negros y una blusa azul algo ajustada, que resaltaba el curvilíneo cuerpo de la joven, y zapatillas negras.
—Que te quites esa blusa; es muy ajustada.—gruñó Harry. Ron asintió con la cabeza.
—Harry tiene razón, hermana: esa blusa es demasiado ajustada. Quítatela.
—Machistas.—mascullo.—No voy a sacármela.
—¡Ginevra Molly Weasley que te quites esa blusa!—dijo entre dientes Ron.
—Vamos, Ginny, quítatela.—pidió Harry.
—No voy a quitármela y punto. Hola, Hermione.
Hermione salió del cuarto, con una falda hasta los tobillos, sandalias de verano y una blusa más recatada que la de Ginny.
—Sigue el ejemplo de Hermione, Ginny.—dijo Ron, mientras su novia saludaba a sus amigos.
—¿No crees que esa blusa en muy ajustada, Ginny?—preguntó Hermione mientras la saludaba.
Ginny bufó enojada, y entró al cuarto dando un leve portazo.
Una hora más tarde, los cuatro se encontraban recorriendo el Valle de Godric. Ginny se había cambiado de blusa a una más holgada, para alivio de Harry y Ron y conformidad de Hermione. Habían desayunado en la taberna, y le habían preguntado a Marie, la mesera rubia, donde quedaba el cementerio. Ella les dijo que quedaba cruzando el pueblo, después de unas colinas. Allí se dirigían en esos momentos, caminando en un nublado pero caluroso día.
Estaban casi al salir del pueblo, cuando Hermione se frenó de repente.
—¿Qué pasa, cariño?—preguntó Ron, tirando de su brazo.
—¿Traes la foto de la casa de tus padres, Harry?—preguntó ella. Harry la buscó en un bolsillo y se la paso. Ella la extendió frente a sus ojos.
—¡Eureka!—exclamó triunfante.
—¿Qué sucede, Hermione?¿Que has encontrado?—preguntó ansioso Harry.
—Creo saber que es.—dijo Ginny, mirando sobre el hombro de su amiga, y alternativamente para adelante. Hermione estaba como abstraída del mundo, contemplando la foto.—¡Esa es la casa de tus padres, Harry!
Ginny señaló hacía delante, a un arruinado jardín, con una mata compacta de árboles altos, que cubrían a la casa en ruinas que estaba detrás.
—¡Increíble!—susurró Hermione.—¡Pensé que tardaríamos un montón en encontrarla!
—Vamos, entremos.—apremió Harry. Sin importarle que lo vieran, sacó su varita, y tomó a Ginny de la mano.—Síganme, o no podrán entrar.
Los demás siguieron a Harry, que abrió la puerta de la cerca. Las bisagras chillaron amenazantes. El jardín estaba cubierto de matorrales y altos arbustos. No era el hermoso parque de la foto, lleno de flores. Más bien parecía el jardín de una casa embrujada. Que ironía, eso no estaba tan lejos de la realidad. Caminaron por el camino de piedra, llenas de malezas, hasta llegar a la puerta de la casa. Harry pudo apreciar que no quedaba nada de su antigua belleza. La pintura casi ni existía de tan descascaradas que estaban; las ventanas, segadas con tablones, ofrecían un aspecto lamentable; enredaderas trepaban por las paredes, cubriéndolas por completo.
Harry pasó una mano por la puerta de madera, con una aldaba de bronce en forma de león. La madera estaba resquebrajada, despintada, y le faltaba muy poco para salirse de sus goznes. Puso una mano en el picaporte, y asombrosamente, la puerta se abrió limpiamente al primer contacto, revelando un amplio hall.
—Entren.—susurró, como si temiera despertar algo dentro de la casa.
Sus pisadas no se oían a causa de la espesa capa de polvo que cubría el piso, acumulada durante dieciséis años. En el hall había un paragüero de cuero, desgastado, junto a un perchero y un espejo rajado y ennegrecido por el paso del tiempo. La mitad del suelo estaba cubierto por una mugrienta alfombra raída, con dibujos de leones, y a pesar de los años, se podía distinguir tonos rojos y dorados.
Del hall pasaron la sala. Harry iba delante, alumbrando todo con su varita; detrás de él iban Ginny y Hermione, con Ron cerrando la procesión. La sala tenía sillones arruinados, y había restos de porcelana rota en el suelo, asi como cuadros y paredes destrozadas. Harry supuso que eso serían los efectos de la batalla que podría haber tenido su padre con Voldemort, quizá, en esa misma sala. Guió a sus amigos por las escaleras hasta la plata superior. Sentía que conocía la casa como si hubiese vivido toda la vida allí. Comenzó a caminar por el ancho pasillo, espiando detrás de cada puerta. En la primera encontró un estudio, con una biblioteca, la única habitación que hasta ahora parecía estar intacta salvo por el polvo. Había muchos libros, prolijamente ordenados, un gran escritorio de roble en buen estado, con una cómoda silla. Cerró la puerta con cuidado, prometiéndose a si mismo que volvería a revisar las cosas que había allí, aunque sabía que no encontraría nada que le pudiera servir; seguramente, Dumbledore se había encargado de ello.
En la segunda puerta, salida de sus goznes, encontraron un baño, demacrado por el tiempo. La siguiente puerta, también salida, era la habitación de sus padres. Lo supo al instante, puesto que había una gran cama matrimonial, aún con las sábanas revueltas, como si sus ocupantes se hubiese levantado a toda velocidad. Parecía increíble como la casa se mantenía como la habían dejado sus padres antes de morir, y que nadie hubiese movido u ordenado nada. Se adelanto, mientras sus amigos se quedaban en la puerta, observando. Se acercó a la cama, y rozo con una mano las sucias sábanas. Imaginó como hubiese sido esa habitación en sus mejores tiempos, y se encontró sonriendo, pensando que quizá algún día pudiera vivir allí con Ginny. Paseo por el cuarto, revisando los cajones. No encontró muchas cosas, sólo un cepillo para el pelo y un pequeño joyero que tenía una hermosa pulsera de oro, muy simple, con una corta frase grabada: Te amo, James.. Sonrió y tomó la pulsera y el joyero, que era muy bonito y tenía arabescos en plata, y los guardó en su bolso. Abrió los armarios, y encontró unas cuantas túnicas de mujer y de hombre. Tomó una túnica rosa y muy ancha, que estaba en un sorprendente buen estado, y que parecía de embarazada. Si no hubiese sabido que tenía una hermana, se hubiese preguntado porque su mamá guardaba aún una túnica de embarazo cuando sabía que pronto podían morir. Pero volvió a sonreír, no podía hacer menos.
—Se nota que tu madre tenía buen gusto.—dijo una vocecita a su oído. Ginny se había acercado por detrás suyo, y contemplaba la túnica.—Es bonita.
Harry le sonrió, y se llevó la túnica a la cara. Increíblemente, aún después de dieciséis años, tenía un muy leve olor a flores, idéntico al de Ginny.
—Huele tan bien como tú.—le dijo en un susurro, mientras la guardaba en su bolso. Hermione y Ron también habían entrado, pero contemplaban el jardín por las rendijas de la ventana segada.
—Gracias.—le respondió con una sonrisa.
Salieron del cuarto y recorrieron los corto pasos hasta la siguiente habitación. Se pararon frente a la puerta totalmente destrozada. Harry sabía muy bien que aquella era su habitación. Donde su madre había muerto para salvarlo. Donde Voldemort había aparecido, y le había hecho aquella cicatriz que era maldición y bendición a la vez. Ginny le puso una de sus pequeñas manos sobre el hombro en señal de apoyo. Miró a un costado, y Ron y Hermione le sonrieron. Juntando todas sus fuerzas, apartó los pedazos de lo que alguna vez había sido la puerta de su cuarto y entró.
Lo del inventor de la Snitch Dorada se puede encontrar en “Quidditch a través de los tiempos”, de editorial Salamandra. Me llamó la atención que dijera que Bowman Wright fuera de Godric Hollow’s (Asi decía el libro, es la traducción en inglés de el “Valle de Godric”), y lo puse como una curiosidad. Les recomiendo el libro, y también “Animales fantásticos y donde encontrarlos”, son muy divertidos y les aclara algunas cosas sobre el Quidditch y los animales de los libros. También hay animales que no se han mencionados en los libros. Pueden encontrar esta información también en http://www.eldiccionario.org, pero si compras los libros estarás ayudando a una asociación de niños carenciados en el mundo entero.
Y después de esta aclaración...
¡CHAN!
¿Les gustó el capi? Lo hice largo, para aquellos que lo querían...Creo que fue el capi más largo que hice hasta ahora...¡Por eso lo dividí en dos! Jeje!! Esta parte es larga, pero no sé si la segunda lo va a ser tanto...¡Prometo que lo intentaré!
Sorry, pero me confundi al subir el otro capi, bueno...un error lo comete cualquiera, subi la segunda parte antes de la primera...sorry
Intenté hacerlo entre emotivo, misterioso, cómico y con algo de ambas parejas. Espero que me haya salido asi, yo quede bastante conforme, pero los jueces son ustedes XD!
Tardé un poquito porque me agarró la depre futbolera... ¡Argentina perdió! Nos tuvimos que volver a nuestro país...T.T ...Pero, we, estoy contenta por una parte porque sé que jugamos bien y la peleamos...ahora a ver quien gana el Mundial...
Quiero agradecerles a todos aquellos que me dejaron críticas...no voy a decir los nombres porque puede que me olvide de alguno...Pero a todos ellos (Lo digo MUY enserio) va dedicado este capi!! Gracias por las cosas tan lindas que me dicen, me levantan el ánimo, y me animan a continuar este fic....¡¡Los quiero!!
Bueno, me voy yendo...como siempre, ¡dejen críticas!
Besos a todos...
¡Críticas!
Lali Black