← Harry Potter y la Heredera del Destino · de
Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 14
Libro de visitas: http://www.melodysoft.com/cgi-bin/gbook.cgi?ID=FictsHA.Camila
Capítulo XIV / El secreto de Remus y un pacto Eterno
Ya principiaba a quedarse dormida, cuando a sus espaldas oyó un ruido de
pasos disimulados. Pasos que claramente no querían ser oídos. Era pasada la
medianoche y la luna llena estaba en ese momento cubierta de nubes.
Cuidadosa y silenciosamente, Isis miró hacia atrás, torciendo el cuello
desde el sillón en el que se encontraba arrellanada.
Una figura se desplazaba en puntas de pie hacia el agujero del retrato.
Parecía muy nerviosa. De pronto, el agujero del retrato del retrato se
abrió, y un brazo regordete le hizo señas de que se apresurara.
-Apresúrate, Lupin, querido, ya es hora.- La voz era de Madam Pomfrey. La
quinceañera se congeló en el sillón. ¿Porque tenía Remus que visitar a su
madre a medianoche? ¿Realmente nesecitaba que Madam Pomfrey le enseñara el
camino de salida cuando se lo sabía de memoria? Espero a que le agujero del
retrato se cerrara por completo nuevamente antes de pararse del sillón.
Respirando ahogadamente murmuró la contraseña a una muy dormida señora
gorda y se internó en el pasillo oscuro.
Las pisadas de Remus y Madam Pomfrey se oían lejanas ahora.Se aventuró algo
más en las sombras, solo para escuchar un aullido espantoso, salvaje. Cuando
estás en la oscuridad, a solas, ese tipo de ruidos se escuchan diez veces
más atroces que de día. Se pegó a la pared, a punto de llorar de miedo,
preguntándose si Madam Pomfrey y Remus estaban bien. Miró casualmente por
un ventanal y vio que la mujer y Remus se alejaban corriendo por los
terrenos del castigo. Remus debía estar herido, si no, ¿Porque se retorcía
de esa forma?
Pero le parecía extraño que Madam Pomfrey, teniendo sentido común,
prefiriera llevar a un niño herido a los lindes del bosque prohibido que a
la enfermería. Quizás nesecitaban ayuda. Sin embargo, la bestia... Un
momento...¿Por que se comportaba como una cobardica? Enojada con sigo misma
y temblando incontrolablemente se aventuró por escaleras y pasadizos hasta
encontarse frente a frente con la puerta principal.
Estaba a punto de dar un paso fuera del castillo, respirando profundamente,
cuando vio que una figura corría hacia el castillo. Por un momento pensó que
era la bestia, y se paralizó. Luego, sorprendida, se dio cuenta que no era
otra que Madam Pomfrey.
Se encogio en las sombras, cerca del recodo de la puerta y Madam Pomfrey
pasó a su lado, respirando agitadamente y sin verla. ¿Como era posible que
dejara a un niño indefenso y herido a merced de quizás que monstruo
desanaturalizado? O...aún peor. Quizás Remus estaba muerto y ella corría a
buscar ayuda! Esa posibilidad era tan horrible, que Isis la desechó
enseguida. De todas manera, no parecía muy realista. Si Madam Pomfrey
estuviera enfrentada a un peligro mortal, no hubiera estado tan calmada.
Pero la oscuridad, la luna llena y los gritos provenientes de los terrenos
cercanos al sauce boxeador cambiaban mucho la perspectiva de las cosas.
Al fin se decidió por hacer algo. De todos modos, pensó, era mejor que
estarse allí sentada , escuchando e imaginando los peligros en que se
encontraba uno de sus mejores amigos.
No se sentía muy valiente a medida que los gritos aumentaban. Mas bien todo
lo contrario, sentía náuseas y estaba a punto de vomitar.El sauce boxeador
agitaba sus ramas furiosamente, tan fuerte que la muchacha sintió verdadero
pavor. Ahora era seguro que los gritos provenían de allí. De pronto, se
escuchó un sollozo. El sollozo más humano que hubiera escuchado nunca.
Esto la decidió. Era evidente que Remus se encontraba allí abajo, atrapado
con el monstruo. Debía entrar. Debía hacerlo, o Remus seguramente moriría.
Intentó acercarse por el lado que creía menos peligroso, pero una gruesa
rama le dio de lleno en la cara.Con la mejilla sangrando y casi ciega por el
liquido rojo que fluia por sobre su ojo izquierdo, cayó de espaldas sobre un
nudo del tronco del sauce.
Mialgrosa e inexplicablemenmte, el movimiento se detuvo. El árbol quedó
inmóvil, como cualquier otro. Isis se puso de pie, intentando sostener el
cauce de la sangre con la mano derecha puesta sobre su rostro. Pronto toda
su ropa estuvo llena de sangre.
Descubrió una entrada a ras del suelo y se internó en ella, tambaleándose
como una mujer ebria. Era un largo pasadizo con paredes de tierra. Sintió
que se asfixiaba por lo cerrado del lugar, pero ya no tenía fuerzas para
volver atrás. Alguien lloraba al fondo del túnel. Remus lloraba al fondo del
túnel...Tenía que llegar. Su visión estaba tan nublada que numerosas veces
tropezó con las raíces protuberantes en el suelo.
Demoro en llegar. Una puerta comunicaba el fondo del túnel con otra
habitación. Allí estaba su mejor amigo, con una bestia. Buscó en el bolsillo
de su camisa de dormir su varita(No habia podido dormir, de modo que había
bajado a la sala común para relajarse) pero no la encontró. Estúpida, pensó,
enfada con sigo misma. ¿A quien se le olvida traer su varita para enfrentar
a una bestia? Demonios...¿Debía seguir? Otro grito se lo confirmó. Abrió la
puerta de golpe, y se encontró con una habitación polvorienta.
Las sillas en la habitación estaban rotas, al igual que la cama, cuya colcha
estaba muy ajada. Las ventas estaban fuera de sus goznes y el aire helado se
filtraba por los numerosos vidrios rotos. En el fondo de la habitación, una
figura ensangrentada se encogía en un rincón. Parecía presa de horribles
dolores, por la forma en que retorcía.
- ¿Remus?- La voz simplemente no salía. Se negaba a salir de su garganta
reseca por el dolor y la oscuridad.
La figura se sobresaltó en un modo que a Isis le recordó mucho a un animal
salvaje asustado.
La miró con los ojos pardos inyectados de sangre. Habia algo en su rostro.
Algo que la chica no pudo definir.
-¿Isis?- La voz no parecía de Remus. Era más como un gruñido apagado.
-Q...que te sucede? Tu...-
-Pero se vio interrupida por el grito más desgarrador que había escuchado
jamás.
-VETE!!! FUERA!! NO QUIERO QUE ME VEAS!!!- Remus parecía fuera de si.
Isis sintió la quemazón de las lágrimas en sus mejillas. Remus jamás le
había gritado. Jamás. Y el que lo hiciera, cuando ella sólo trataba de
ayudar le pareció más doloroso de lo que podía imaginar.
-Solo quiero ayudarte, Remus...Estás sangran...-
-FUERA!!!! FALTA MUY POCO!! - remus se encogió más sobre si mismo.- Tu no
entiendes...- agregó, meciendose como un niño pequeño. Por favor, vete...
Isis se retiró tambaleándose hacia la misma puerta por la que había entrado
minutos atrás. Había olvidado la sangre cubriendo su rostro moreno, olvidado
el largo camino que le esparab en medio de la claustrofobia del túnel. Sólo
podía pensar en Remus.
No podía dejarlo allí. De pronto algo sucedió. Algo que sus ojos oscuros
jamás consiguieron olvidar. La cabeza de Remus pareció alargarse, y se
cubrió de pelo castaño. Sus extremidades también parecieron largarse y sus
uñas blancas fueron reemplazadas por garras. Se retorció de modo que un rayo
de luna llena le dio de lleno en el rostro velludo. Un aullido llenó la
habitación.
Isis salió trastabillando de la habitació. Tropezó con una pata de silla
rota y cayó de espaldas. La cosa esa no era ya Remus. Nunca había parecido
ser Remus. Era más bien un animal salvaje. De pronto, el monstruo fijó sus
ojos amarillos en la muchacha. Era una mirada voraz, hambrienta.
Isis corrió, tropezando cada cinco pasos, sollozando. Sintió como el
recuerdo del rostro de Remus transformándose se desvanecía al escuchar el
golpeteo de sus pies desnudos sobre el húmedo suelo del túnel. Como
olvidaba rápidamente los aullidos que habían quedado atrás, al comenzar a
faltarle el aliento.
Cuando se acercó a la boca del túnel, escuchó voces conocidas. Por lo que
escuchaba, James, Sirius y Peter se encontraban afuera. El alivio que sintió
era indescriptible. De pronto se paró en seco. Había algo que no le gusto de
sus voces.
-Shhh, ahí abajo hay alguien!- La voz perteneciente a james habló.
Luego se hizo un silencio, e Isis supuso que los muchachos intentaban
atisbar en la oscuridad del túnel. Se dio cuenta de pronto de que las ramas
del sauce boxeador seguían quietas.
-Imposible- había hablado Sirius- Nadie más sabe.
-Nunca se puede estar seguro- vaciló James.- ¡Quien quiera que esté oculto
allí, salga de inmediato!
Isis no soprtó más la presión. Tenía frío, y tenía la mente nublada por el
terror y la sangre. Quería simplemente salir a la claridad de la luna.
Caminó temblando y con dificultad hacia fuera y se dejó caer pesadamente en
la hierba.
Los muchachos corrieron hacía ella. Ninguno dijo nada.
Al ver el rostro normal y agradable de James inclinarse hacia ella, todo se
agolpó en su cuerpo. La imagen de Remus transformándose la golpeó en la
nuca. Sollozando ahogadamente, se abrazó al muchacho con fuerza, hipando.
-James...- No podía decir nada más. James comprendió y la abrazó con más
fuerza, mientras la ayudaba delicadamente a ponerse de pie.
-Shhh...no llores...tranquila.- La voz de James era como un sedante.
-T..tu...no sabes! E...es...ho...horrible.- La lágrimas la ahogaron y
nuevamente no pudo continuar.
-Yo lo se. Lo sabesmos, Isis. Pero no debes decirlo a nadie. ¿Me oyes? A
nadie.- Parecía que la luna llena había eclipsado también los susurros de
James
-Pero...no...e...el es un...- Se apretó aún más contra su pecho, como si no
pudiera decirlo.
-Sabemos qué es Remus, cariño. Ahora respira profundo y si prometes no decir
nada a nadie te contaremos todo.- Pero...-miró persistentement el rosro de
Iiss y pasó un dedo por la herida en su mejilla.-¿El te hizo ésto?
-No, fueron las ramas...- Nadie preguntó nada más.
Isis se separó un poco de James y miró a los muchachos con los ojos
enrojecidos y cristalinos. Parecían mayores en las sombras de medianoche, y
todos tenían la misma expresión sería y madura.
-Lo prometo- Sintió que esa voz no era la de ella. Se preguntó si ella
también se vería tan madura a esas horas de la noche.
James y Sirius se miraron y ambos asintieron con la cabeza.
-Vamos a otro lugar, aquí pueden oírnos- Isis los siguió, oyendo el crujido
de hojas secas a su paso. Su cabeza era un torbellino. Habían pasado cinco
años ya desde que conocía a Remus. Recordó el día en que se encontraon todos
en aquel vagón del expreso de Hogwarts. Jamás podría olvidar ese día. Remus
parecía encantador.Con su palidez enfermiza, y sus ojos castaños brillantes
y ansisosos de vivir. A los quince años Remus se había convertido en uno de
los muchachos más apuestos del colegio. Había sido integrado definitivamente
al grupo más popular de Gryffindor, y cualquiea hubera dicho que era feliz.
Cualquiera...¿Sería sólo ella la que había notado esa sombra en sus ojos?
Esa sombra que delataba una mancha oscura en su felicidad? ¿Se habría ido
Remus para siempre en esas noches interminables de luna llena? Y ella no se
había dado cuenta. No se había percatado de que la enfermedad no era de la
madre de Remus, sino que de él mismo. Una enfermedad incurable.
Muchas cosas le revovieron el espíritu esa noche inolvidable. El repiqueteo
de los pies de los muchachos que iban más adelante, le pareció muy
agradable.
Llegaron a los lindes del bosque prohibido. Isis se detuvo, al ver que los
demás caminaban para adentrarse en la espesura.
-¿Están locos? Está prohibido entrar allí.- Se plantó en el suelo, como si
hubiera echado raíces y cruzó los brazos con determinación.
James la tomó de la mano y tiró de ella.- Ven. No hay peligro.- Nunca se le
hubiera ocurrido a Isis no creerle a James en ese momento. No habría podido
explicar porqué.
No caminaron mucho dentro del bosque. Aún se veían las luces del castillo
silencioso cuando se sentaron por fin formando un círculo en el pasto
húmedo. Isis estaba muy tensa. Entonces James comenzó a hablar, con
ocasionales interrupciones de Sirius. Peter estuvo silencioso toda la noche.
-Todo comenzó cuando entramos al colegio en primer año. Al igual que tu y
las chicas nos comenzó a parecer extraño que Remus inventara siempre excusas
incoherentes para desaparecer una vez al mes. Se que tu también sospechaste.
Una noche, al igual que tu, supongo, vimos como Remus salía de sala común y
se adentraba en los terrenos del bosque con Madam Pomfrey. Esto nos pareció
muy extraño y decidimos investigar. Cómo tú, lo vimos en el momento de su
transformación.
-¡Lo saben desde el primer curso y no nos dijeron nada!- Isis se sentía algo
herida por la falta de confianza.
-Nena, comprende- respondió Sirius, con una seriedad inusitada en él.- Remus
no quería que le dijésemos a nadie. Pensó que ustedes las chicas lo
encontrarían repugnante. No sirvió de nada que lo convenciésemos de lo
contrario.
Isis reflexionó por un rato. El primer pensamiento que pasó por su cabeza
después de que Sirius dijera estas palabras fue que era una tontería. Pero,
aun así...ella había visto a Remus. Una vez más, ¿Sería capaz de mirar a su
amigo como antes? James prosiguió.
-como Sirius dijo, no podíamos decirlo a nadie. Remus no quería, y
respetamos su deso. Pero deseabamos ayudarlo con algo. Entonces...se nos
ocurrió.- La muchacha podía, aún en la oscuridad, distinguir el brillo
excitado en los ojos de James- Ser animagos era lo más simple que podíamos
hacer.
-¡Que?- Pretendía que su voz sonara acusadora, pero más bien le salió un
carraspeo tristísimo.
-Lo que dije, Isis, no te enfades , por favor.
Pero ella se enfadó.- Pero...¡Podrían haber muerto! ¿Que tenían en la
cabeza? ¿Que hubiera hecho si hubieran muerto? ¿Que hubieramos hecho todas
si ustedes hubieran muerto?- Las lágrimas comenzaban a volver al borde de
sus ojos, y se acercaban peligrosamente al acantilado.
-Pero no morimos...- susurró Sirius.
La chica simplemente lo miró con la mirada oscura apagada.
-Tomó un tiempo hacerlo- Esta vez era la voz del mismo Sirius que hablaba.-
Nos costó encontrar el hechizo. Como sabrás,está terminantemente prohibido
que menores de edad, se transformen en animagos. - Isis gruñó por toda
respuesta- Al final, cuando estábamos en tercero, encontramos por fin el
libro deseado en la sección prohibido. Era fácil saber porque nos había
pasado desapercibido. No tenía tapa y era muy pequeño y ajado. Creemos que
es un truco de los profesores para alejar a los alumnos. No funcionó con
nosotros sin embargo- Su voz adquirió cierto tono de orgullo bastante
perdonable.- El hechizo, que incluía una poción y unos cuantos
encantamientos simples no fue tan difícil como pensamos en un principio. De
modo que antes de que comenzara el año, lo hicimos. Remus no supo nada, por
supuesto. Le dimos la sorpresa.
Isis no pudo decir nada. Su mente había quedado en un curioso estado de
letargo intelectual.- ¿De modo que lo consiguieron?- preguntó al fin,
estúpidamente.
-Muestrale, Sirius.- dijo James.
Sirius se pueso de pie y cerró los ojos. Segundos después ya no estaba.
Isis abrió los ojos, aterrorizada.- Dónde fue? Pero antes que cualquiera de
los dos chicos pudiera responderle, algo frio y mojado le pasó por la cara y
oyó un jadeo canino muy cerca suyo. Se apartó sobresaltada, sólo para
encontrase mirando fijamente un par de redpondos ojos claros que le
resultaron muy conocidos.
-Sirius!- jadeó. En la oscuridad pudo disinguir los contornos de un enorme
perro negro que meneaba la cola. De pronto, y tan rápido como se había
transformado, el perro negro dejó su forma y volvió a ser Sirius.
Peter habló por primera vez. - James se transforma en ciervo y yo en rata.-
Lo dijo como apresurándose a contar un secreto guardado durante mucho tiempo
ya.
-Ya veo...- musitó ella. No se le ocurría nada más.
Hubo un silencio, roto sólo por el aullido del viento, el cual azotaba las
ramas de los árboles del bosque prohibido. James se pusó de pie,
sacudiéndose las hojas secas que habían quedado pegadas a su túnica.
-Es hora de que volvamos ya. Creo que esta noche Moony la pasará solo.-
Isis lo detuvo atrapando un pellizco de su capa. Fruncio el entrecejo, aun
sabiendo que no podía verla.- ¿Moony?- Su voz tenía un tono excéptico,
difícil de ignorar. Y James optó por no hacerlo.
- ¿Se lo decimos?- agregó tristemente a los demás, mientras el murmullo de
su respiración decía "los siento" sin palabras.
-Te arevrías a no hacerlo, James, ahora que lo sabe todo?¿Podrías?- La tono
de Sirius sonó tan amenazante que Isis se preguntó si por un momento no se
habría transformado otra vez en el perro negro.
-Lo sé, Padfoot, pero, ¿No sería mejor que se lo dijéramos todo a todas?
Sirius enarcó las cejas, e incluso en la oscuridad la muchacha morena pudo
notarlo.-¿Quieres decir...?
-Creo que ya es hora, amigo,- respondió James.- Ya es hora...
Isis no preguntó nada más. Parecía que ya no quedaba nada por decir, ni nada
por hacer, excepto esperar. Salieron del bosque, acompañados por el susurro
de sus capas y los aullidos lejanos.
Se internaron en el castillo muy callados, y se dirigieron a la torre de
Gryffindor. Pasaron el agujero del retrato (Peter tropezó y tiró una
armadura. Afortunadamente, nadie despertó).
-Ve al dormitorio de las chicas y despierta sin hacer ruido a Lily y
Arabella. -
Sin hacer preguntas, isis subió la escalera en punta de pie, y se dirigió a
su dormitorio. Las ventanas estaban abiertas de par en par y el aire frio
nocturno entraba a raudales desde fuera. Pero nadie parecía notarlo, pues
todo lo que se oía en la habitación eran las respiraciones pausadas de las
dos chicas que dormían. Se dirigió primero a la cama de Lily.
Corrió un poquito las cortinas,y en un resquicio de tela, susurró:
-Lily!Lily! Despierta!- Lily simplemente gruñó y se dio vuelta para seguir
durmiendo. Pero Isis comenzó a impacientarse, lo que no es muy recomndable.
De cualquier maner, ante la negativa de Lily, el mal humor comenzó a bullir
en su cabeza. Tenía los pies helados, hambre, le dolía un poco el estómago
y su herida sangraba aún, dándole una desagradable sencación pegajosa en el
rostro.. De modo que le quitó la manta a Lily muy bruscamente de encima.
-Levántate! Ahora! Es IM-POR-TAN-TE!-
Lily se levantó con el cabello revuelto. -Uh?- Isis la sacudió sin compasión
alguna.- Levántate y ayúdame a despertar a Arabella.
A regañadientes, Lily se levantó caminó pesadamente hacia la cama de
Arabella. Una vez allí, no fue de mucha ayuda, ya que se quedó domitando
apoyada en la pared.
De modo que Isis emprendio la delicada tarea de privar a Arabella de su
sueño embellecedor a las dos de la mañana.
-Arabella!- Isis, muy a pesar suyo, temblaba un poco. Quien sabe lo que
Arabella Figg le haría a alguien que la interrumpiera en su sueños a esa
hora de la madrugada. Arabella, gruñendo, la apartó de un manotón y siguió
durmiendo. Isis tomó una desición algo suicida, pero su última esperanza,
al fin y al cabo. Sacó la varita y apretando los dientes murmuró un hechizo.
-¡Aqua!- Al instante un chorro de agua helada golpeó a Arabella. Esta abrió
la boca y los ojos sobresaltada, pero Isis le puso la mano en la boca para
apagar su chillido. Arabella la miró con furia.
-Porfavor, no grites- susurró apresuradamente Isis. - Se buena, y levántate.
Es importante. Lo juro.
Para su sorpresa ,la muchacha rubia no hizo más preguntas. El cobertor
escarlata se deslizó al suelo frío y los pies desnudos de Arabella pisaron
suelo firme. Lily estaba de pie, temblando tras ellas.
-Nos vas a decir que pasa ahora? - estaba visiblemente irritada.
- Remus es un hombre lobo.-
¿Porque de pronto era tan latente el silencio en la habitación?- Podía
sentir el asombro de las chicas. Lo leía en su mutismo temporal.Lily jadeó.
-Lo vi.- Isis necesitaba reafirmar su secreto., Dar evidencias, aunque nadie
la había acusado de mentir. El silencio seguía allí, inconmovible.- Y
también hay algo más, acerca de James , Peter y Sirius. Algo grave. Están
abajo, esperándonos.
Salió de la habitación cuidando de no hacer ruido, y sintió como las
muchachas la seguían. Bajó las escaleras hacia la sala común y se encontró
con James, Sirius y Peter, los cuales se calentaban las manos en la lumbre.
Se dieron vuelta cuando las muchachas llegaron. Se veían algo extrañas, en
aquel encuentro nocturno, con las camisas de dormir, y descalzas.
-¿Será seguro hablar aquí?- preguntó Isis acercándose al fuego, congelada.
Sirius lo consideró un momento y las llamas dibujaron formas sobre su rostro
preocupado.- No.- respondió al fin.- Vamos a la torre de astronomía.
Era ya muy tarde cuando al fin alcanzaron el último escalón de la torre. El
frío calaba hasta los huesos y ninguna de las chicas llevaba más abrigo que
sus camisas de dormir.
Tal como Isis lo había hecho con ellos en el bosque, se pararon en un
círculo, y Lily tuvo la brillante idea de encender un fuego verde en el
centro. (Lily siempre había tenido problemas con el color de sus fuegos) El
calor de la fogata los reanimó a todos.
-Empezaré por el principio.- dijo James, y todos escucharon su voz,
acompañada sólo por el chisporroteo de las llamas.
-Como Isis ya sabe, descubrimos en primero lo que Remus era. Un hombre lobo.
Pidió que no se lo dijésemos a nadie, Y , entiendanlo, cumplimos nuestra
promesa. Pero decidimos ayudarlo. Hacerle compañía en sus dolorosas
transformaciones en luna llena. Pero la bestia que llevaba adentro no
hubiera matado sin contemplaciones. Pero un hombre lobo no le hace daño a
otro animales... Así surgió la idea. La idea de hacernos animagos.- Lily y
Arabella se levantaron de golpe y empezaron a reprenderlos a un tiempo. Isis
se había quedado con la vista fija en el fuego, y las aplacó con un gesto
desganado.
-Chicas, dejen que James termine.- Sprpresivamente, le hicieron caso. Se
sentaron con los labios apretados en el círculo y escucharon.
-No nos costó mucho encontrar el hechizo. En tercer año lo conseguimos. Y
hemos estado acompañando a Remus todos los meses durante estos dos años.
-No nos dijeron nada...¡Dos años!- Arabella estaba consternada.
Sirius principió a impacientarse.- ¿Podrías al menos tratar de comprender?
No ha sido sólo un juego para nosotros. ¿Crees que no temíamos morir
también? ¿Crees que nosufrimos ocultándoles todo a ustedes? ¿Viendo a Remus
transformarse en un monstruo cada mes? ¿Crees que es justo que nos juzges
ahora por haber cumplido una promesa?
Una brasa de fuego rodó por el suelo,e iluminó el rostro arrepentido de
Arabella.
-Calma, Padfoot!- murmuró james. Lily levantó la vista sorprendida, e Isis
hizo lo mismo, otra vez aquel extraño sobrenombre.
-Ah, ¡lo otro! James, cuenta lo otro!- lo apuró Peter, ansioso.
-Ya va, Peter...Hemos formado, una especie...-se sonrojó al decir esto- (no
se rían) un club... Y los sobrenombres los hemos hecho en relacion a nuestra
forma de animagos, por supuesto.
Esta vez fue Isis la que se enfadó.-¡Claro! ¡No tienen excusa esta vez!
Hacen un club, con sobrenombres y todo, y no nos invitan!
Tdods la miraron asombrados, con las cejas levantadas.
-Bueno...- balbuceó, como disculpándose -yo siempre he querido estar en un
club...
-Bien...- James aún seguía algo ecéptico.-Creo que ya saben todo, pueden
unirse. ¿que dicen? Las chicas asintieron en la oscuridad, con los ojos
brillantes. Todo parecía mil veces más mágico al calor de una fogata de
medianoche.
-Bien.- repitió el muchacho, ajustándose la montura de los lentes. Pero
antes debemos hacer un pacto.
-¿Un pacto?- La voz de Arabella sonó extraña.
-Un juramento.- explico Sirius.- Jurar que jamás contaran los secretos que
aquí se hablen. Que siempre nos ayudaremos, que siempre seremos amigos. Que
nunca existirá la traición entre nosotros.
-Está bien. Empecemos.- James cruzó las piernas al estilo indio,
solemnemente.
-Espera!- Isis lo interrumpió.- ¿No nos convertiremos nosotras también en
animagas?
-Claro que no!- replicó Sirius escandalizado.- Es muy peligroso!
-Pero para ustedes no fue tan peligroso, ¿no?- se picó Lily.
-No me parece bien comenzar una disputa en este momento, chicas. Se los pido
como un favor. No lo hagan.- La voz de James era tan suave como el algodón.
Algo se agitó en el interior de Isis. Un fuego nervioso que había aprendido
a relacionar con la aparición de James en escena. Podía sentir su piel arder
al mirar dentro de sus ojos castaños y bondadosos. Podía...
Nuevamente se llegó a un acuerdo. Todas ellas prometieron que no lo
intentarían. Jamás.
Pasaron una media hora prometiendo, recordando, riendo. Entonces Sirius,
de pronto miró a James ansioso.- ¿Lo haremos con ellas también?-
Este reflexionó un momeno, algo pálido.- La última vez lo hicimos. Y si no,
no vale...
-¿Se refieren a...?- Peter captó también y su rostro se volvió blanco como
la tiza.- No...- suplicó- no otra vez.
Lily los miró extrañada.- ¿De que hablan?-
-La primera vez que lo hicimos, hicimos un pacto de sangre.- Miró los
rostros de los demás, esperando una respuesta.
Ella sabía lo que era. Lo había visto una vez en una película del orfanato
la Salle. Y en los libros siempre salía a relucir el famoso asunto del pacto
de sangre. A ella jamás le había dado miedo la idea. La sangre le gustaba.
Tan roja, espesa y mágica. Llena de vida. Pero la cara de Lily parecía
estar cubierta de harina, y sus labios estaban apretados en una fina línea
de disgusto. Arabella, en cambio, parecía entusiasmada.
-¿Y?- Sirius preguntó tentativamente, intentando aliviar la tensión
reinante.
-Por mi está bien- Isis no sabía bien por que susurraba. Nadie podía oírlos
allí. Seguramente es ese sentimiento parecido al cuando entras a una
iglesia. Arabella dijo lo mismo, y al cabo de un momento Lily aceptó
también.
James sacó una navaja preciosa del bolsillo de la capa. Era de plata con
incrustaciones de pequeños rubíes que lanzaban destellos fugaces a la luz de
la fogata. La sostuvo un rato en el aire, para que todos pudieran
observarla, y luego cortó una larga franja de carne de la palma de su mano.
No hizo ningún gesto de dolor cuando la sangre comenzó a fluir como un río
rojo de su piel. Luego pasó la navaja a Sirus y éste hizo lo mismo .Isis
estuvo segura de entrever una lágrima de disgusto en los pequeños y oscuros
ojos de Peter cuando le toco a él. En seguida fue el turno de Isis.
Tomo el objeto cortante con la mano derecha, como todos, y temblorosa,
apretó los dientes con fuerza y hundió la navaja en su pama. La herida
cubría todo el largo de la suya.
A Lily fue a la que más le costó, pero no lloró, ni se desmayó , ni hizo
ninguna otra tontería. Soportó el horror valientemente, al igual que
Arabella.
La ceremonia termino cuando todos juntaron las palmas en silencio, y las
dejaron así hasta que la fogata comenzó a decaer.- Ahora somos todos
hermanos...- musitó James.
Isis pensó estas palabras mientras se ponía de pie juntó a los demásy Sirius
desaparecía las brasas con un hechizo simple. Todos hermanos...por siempre
jamás. Jamás traicionaría a ninguno. No, ella no lo haría. ¿O si...?