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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 15

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Diox! -- Creo que este capitulo me quedará larguirucho, y aunke no lo crean es el penúltimo que incluira directamente a los merodeadroes. ;; Los extrañaré. En fin, creo que aún queda harta historia, de modo que no os procupéis^^ Y... aquí va!

Ah, antes de que me olvide, no puedo recordar si ya conté como agregaron el nombre ?gLos merodeadores?h al grupo. Si no lo hice, hagamos cuenta de que ya tinen nombre, ¿si?^^

Capítulo XV / Mentira, Padre, Mentira!

-SPLASH!- El rostro de Isis enrojeció vivamente por la furia, y le temblaba la mano cuando dejó el jarro de leche nuevamente en su lugar. Por sobre el mantel corría un río blanco de leche derramada.

-Juro que si algo más pasa yo...- No terminó la frase por que tenía la garganta tan hinchada que las palabras no le salían, pero el gesto que hizo con los puños fue lo bastante evidente.

-Calma, mujer!- la aplacó Arabella secando la mesa percariamente con unas servilletas de papael.- Si no es tan malo. Lo que sucede es que tus nervios están alterados.

-NO!- E Isis levantó tanto la voz que los de otras casas se levantaron a mirar.- LO QUE PASA ES QUE ESTE DÍA ES UN MI...!- Nuevamente no terminó la frase.

Los demás suspiraron, ya estaban acostumbrados al mal humor imperante de Isis , pero ese día estaba especialmente alterada. Y cuando el pobre Peter había sugerido que quizá se encontraba ?gen esos días del mes?h Isis le había soltado tal coscorrón que Peter aún se frotaba la cabeza.

La verdad es que si había que ser ser justos, la pobre chica sí había tenido un mal día. Para empezar, había una inexplicable gotera sobre su cama, y se había despertado a las 5.30 de la madrugada con una gota golpeándole incansablemente la nariz.

Más tarde, no había podido volverse a dormir, por lo que se había levantado muerta de frío a ducharse. Ya estaba desnuda y metida en la regadera cuando un chorro de agua helada saltó de los agujeros de la ducha. Desesperada había habietto a tope el agua caliente, pero las cosas no mejoraron mucho, pues el agua hirviendo le quemó toda la espalada y parte de la cara. Dando un grito de rabia y dolor que despertó a medio castillo, había salido de la ducha enfundada en su toalla celeste, con tan mala suerte que pisó una extraña cosa resbalosa y cayó de espaldas al frío suelo de linóleo.

Ya eran las 6.15 y Arabella y Lily habían decidido levantarse. Enfuruñada, Isis se había vestido gruñendo todo el tiempo, y las chicas habían tenido que soportar sus quejas al no encrontar su cepillo de dientes.

Luego, al bajar a la sala común para encontrarse con los demás, había caído rodando de las escaleras, y furibunda con todo el mundo , no dejó que nisiquiera ese tímido chcio menor llamado Harold Kenit que todo el mundo sabía, estaba perdidamente enamorado de ella, la ayudara.

Salió pisando muy fuerte por el agujero del retrato y no le contestó a la dama gorda cuando ésta la saludó. Seguida por los merodeadores, ingresó al gran comedor, y se dejó caer pesadamente en la silla. Lamentablemente, está no aguantó la rudeza y para cuando la pobre Iiss se levantó del suelo completamente humillada, sólo quedaban astillas en el suelo.

También esta vez fulminó con la mirada al desgraciado Harold, que había extendido su fantasmal mano para ayudarla a levantarse.

Tragó su desayuno maldiciendo a cada bocado como un ogro, y sin levantar la mirada para hablar con nadie, ni siquiera cuando Lily le pidió la mantequilla. Y ahora había derramado todo el jarro de leche.

Bramando como un toro enfurecido Isis se levantó de la mesa y salió a paso rápido del comedor. Sin embargo, su lista de desgracias aún no terminada, ya que nada más cerrar la puerta se tropezó con una cáscara de banna tirada en el suelo, y quedó de espaldas mirando al techo.

Demasiado enrabiada ya, no se levantó enseguida, en parte para mitigar un poco su ira antes de agredir a alguien.

-Nesecitas ayuda?- dijo una voz desgagradable que venía saliendo del comedor. Supo en seguida a quien pertenecía, pero no sse alegró ni pizca. No se levantó del suelo, ni hizo tampoco ningún otro movimiento.-Debes tener sangre irlandesa- prosiguió la voz en tono arrogante- Sólo una irlandesa puede tener tan mal genio.

Cerró los ojos, su voz le traspasaba el cerebro y le traía malos recuerdos.- No tengo mal genio.- No sentía deseos de hablar, y su respuesta fue cortante.

-¿Ah no? Apuesto a que me abofeterias si pudieras...-

Se incorporó un poco para mirarlo a la cara. Si, era el mismo Luicius Malfoy, solo que más alto y más desagradablemente guapo.- ¿Y quien dice que no puedo?- Se incorporó trabajosamente y cuando estuvo de pie se encontró cara a cara con él. Pero esta vez era mayor y si intentaba hacer algo, llevaría las de perder.

-No puedes...o ¿Quizás no quieres?-

-¿Que te sucede? ¿Porqué me molestas? No te he hecho nada, jamás!

-Me has hecho más de lo que crees, Pollens.-

De pronto, Malfoy dejó de mirarla con fijeza. Su mirada se perdía asustada en un punto tras ella. Se dio vuelta para ver que Remus se acercaba a ellos con las manos en los bolsillos, intentando parecer casual, pero el brillo furioso en su mirada lo delataba.

-¿Que diablos haces tu aquí?- Le espetó a Malfoy.

-Nada de tu incumbencia.- Dijo con una sonrisa digna de un tiburón blanco.- ¿Que? ¿Miedo de que te robe a la noviecita? Claro que yo soy mucho más guapo que tu...¿O te olvidaste que casi te la quito por siempre en terce...- Pero no terminó la frase. Fue derribado de un puñetazo proveniente de Remus, cuyo rostro, otrora pálido y desvahído, estaba rojo de furia.

Lucius Malfoy golpeó la pared, y su columna sonó como un jarrón de procelana. De su nariz emanaba una abundnate cantidad de sangre. Isis corrió hacia a él para ayudarlo. No podía explicar porqué lo hacía, pero sentía que era su deber ayudarlo. Antes de que Remus pudiera detenerla, se acercó a él, y con los brazos intentó levantarlo.

-Plaf!- Isis se tambaleó, y cayó nuevamente al suelo, tomandose la mejilla con la mano. La apartó lentamente al sentir algo pegajoso y caliente correr por su rostro. Miró incrédula el líquido rojo que chorreaba por sus nudillos. La había golpeado! Un hombre la había golpeado!

Se le nubló la vista, un poco por el dolor, y otro tanto por la sangre que escurría. Lucius la había golpeado. Un puñetazo tan fuerte que estaba a punto de desmayarse de dolor.No alcanzaba a comprenderlo.

Vio vagamente como Remus se lanzaba encima del otro y ambos luchaban torpemente. Un corro de personas se había formado a su alrededor y sintió que alguien la sostenía por detrás. Se apoyó en la persona y sintió sutilmente el aroma a menta de James.

Con el ojo bueno vio como Lily e limpiaba la sangre de la cara. Era mucha. Pudo ver claramente la escena. El director se abrió paso con calma y firmeza hasta alcanzar a los dos contrincantes. Murmuró un hehcizo, sacando la varita, y Remus fue propulsado lejos de Malfoy.

No miró a Remus, ni a Malfoy, sólo fijó sus ojos azules tristemente en Isis.- Venga , señorita Pollens, a mi oficina. Creo que ha hecho ya bastante por hoy.-

No estaba enojado, sin embargo, la reprendía. ¿Por que? Creeria que había comenzado la pelea a propósito? Ni siquiera le había dicho que fuera a la enfermería, aún cuando su rostro era un desastre.

Obedeció con la cabeza gacha y se desprendió de Lily. Podía sentir al menos veinte pares de ojos observándola.

Casi ni se dio cuanta cuando se encontró nuevamente sentada en el sillón al frnete del escritorio de Dumbledore. Principió a mirarla fijamente, a acusarla sin palabras. Y aunque no concebía la razón, sabía que era su culpa. Que había hecho algo mal.

-Muéstreme el relicario de su madre- dijo Dumbledore con voz fría. Temblorosa, sin saber porqué, Se desató el relicario del cuello, donde lo llevaba por costumbre y se lo tendió al director. Este lo miró tan de cerca, que ña punta de su ganchuda nariz casi lo tocaba.

-No lo ha utilizado mucho, por lo que veo- dijo, dejándolo encima de la mesa.

Isis no podía mirarlo.- No, señor-

-De modo que sigue tan ignorante de cualquier punto como cuando llegó a este colegio.- Dumbledore no la miró más. Durante cinco tortuosos minutos, permaneció junto a a la ventana mirando hacia fuera. Luego, sin voleverse, dijo:

-No sabes como cambia esto las cosas, querida. No estaba al tanto de que estabas tan atrasada de noticias. No quiero presionarte, pequeña, pero los tiempos cambian, y es imperante que sepas quien es tu padre, y lo que sucedió con tu madre. Supongo que te preguntaras porqué jamás te dije nada yo. Hubiera sido más fácil? Bien, por dos razones. La primera, es que no comprenderías. La segunda, es que no me creerías. O no me querrías creer. La situación es difcil, ya verás porqué.

Pero, prométeme algo antes de que vayas. Usarás el relicario de tu madre, antes de fin de mes, y entonces hablaremos. Se que es duro, pero debe ser así.- Se dio vuelta y fijó su mirada de agua clara en Isis.- Vaya a la enfermería , señorita Pollens, yo hablaré con el señor Malfoy. Adiós.

Isis se levantó del sillón y caminó hacia fuera, cuando la voz del anciano director la detuvo en seco.- No es cómo lo piensas. Se que lo que sucede con el señor Malfoy no es en ningún caso culpa tuya. Pero, si no quieres que el señor Lupin quede involucrado, debrías intentar alejarte de Malfoy.-

Ella sólo asintió. Se sentía algo desinflada. Cogió el relicario de la mesa, y sin siquiera intentar guardarlo dentro de su túnica salió de la oficina de Dumbledore. Este si que era un día asqueroso, pensó mientras pasaba junto a la gárgola, y tropezaba con una piedra en desnivel.


Cuando salió de la enfermería más tarde, con los merodeadores, su humor había mejorado un poco ya. La señora Pomfrey la había consolado con una gran barra de chocolate y le había contado divetidas historias de su juventud. Claro que Isis no creyó ninguna de ellas, pero eran graciosas de cualquier manera.

-¿Y , que sucedio?- James le habló con preocupación.- No...no te habrá hecho nada..más¿verdad?- cuestionó ansioso, al ver que Isis no respondía.

-Claro que no.- Isis se sonrojó.

Caminaron en silencio, el cual Sirius rompió al preguntar traando de romper el ambiente incómodo.-¿Que nos toca ahora?-

-Pociones con los de Slytherin.

Un líquido frío le recorrió la espina dorsal, pero siguió caminando como si nada. Tener que verle la cara a ese imbécil otra vez. Pero lo tenía decidido, dijera lo que dijera, ni lo miraría. Bastantes problemas tenía ya con el rpoblema del estúpido relicario. ¿Porqué no podía tener una familia normal? Eso no era mucho pedir...

Iba distraída pensando en todas las tonteras que le sucedían precisamente a ella, cuando chocó con un pilar salido de quién sabe dónde. Los pergaminos y el frasco de tinta corrieron por el suelo.

Se mordió la lengua para no gritar. Maldito día. Maldito Lucius, madlito relicario, maldita mejilla lastimada, maldito Dumbledore, maldito James que no la miraba y no tenía ojos más que para Lily.

Se agachó y comenzó a recoger sus cosas bruscamente con ayuda de los demás.- Vayan a clases, kettleburn los matará si no llegan a tiempo. Yo diré que estaba en la enfermería.-

Los chicos no se lo pensaron dos veces y entraron en tropel al salón. No les hacía gracia encontrarse con un Kettleburn malhumorado.

Segundos después de que el timbre sonara, Isis se encontró sola, en cuclillas en el corredor. Hacía mucho frío.

  • Isis Genevieve Riddle Pollens.- Esa voz. Una voz que helaba la sangre, congelaba los sentidos. Esa voz...que no venía de ninguna parte, y estaba en todos los lugares al mismo tiempo. Isis levantó la cabeza temblorosa. ¿Como la había llamado?

-Levántate, hija mía. No temas.- Pero ella temía, y mucho. Esa voz capaz de helar hasta la médula...

Cogió sus pergaminos a toda prisa y arió la puerta de la clase de sopetón. La puerta se cerró de golpe, y se encontró con el sorprendido y enfadado profesor Kettleburn. Toda la clase la miraba.

-¿Son éstas horas de llegar, señorita Pollens?- A Isis se le hiso un nudo en el estómago.- Estaba en la enfermería, señor- Tartamudeó.

Kettlburn la miró impasible, con una expresión imposible de definir.- Acabo de cruzarme con la señora Pomfrey, hace unos diez minutos- Dijo al fin, para horror de la chica.- Me dijo que usted había salido hace media hora de la enfermería.

El rostro de la muchacha permaneció tenso, rojo a más no poder. No sabía que decir, y se le dificultaba el respirar.

-¿Y bien?- El profesor no se movió. Quería seguir torturándola, humillándola frente a todos los Slytherins. – Parece que la señorita Pollens se ha quedado muda...-murmuró fuerte, fríamente.- 20 puntos menos para Gryffindor por mentir, y otros veinte por llegar tarde. Detención hoy en la noche, a las ocho. Vaya a sentarse.

Manteniendo la cabeza alta y luchando con las lágrimas, Isis se sentó al lado de Lily, y miró siempre hacia adelante, para que pareciera que ponía atención. Le pafreció demasiado castigo por haber llegado tarde y por una mentirilla inocente, pero no discutió. La clase pasó tortuosamente lenta y para cuando al fin sonó el timbre para receso, Isis tenía una terrible migraña.

No le dijo nada a nadie sobre la voz. Intentó convencerse a si misma , sin grandes resultados, de que era su imaginación. Ya tenía bastantes problemas por el momento, plus la detención de Kettleburn, para preocuprse de voces sicóticas provenientes de su imaginación.

Salieron en estampida del salón, y cuando Lucius Malfoy pasó a su lado, le susurró al oído.- ¿A si que en problemas, no? Bueno, supongo que nos la pasaremos bien mañana, en detención...Ah, ¿No te lo dije?- agregó malevolamente, al ver que la boca de la chica boqueaba en busca de oxígeno para sus impactados pulmones.- Dumbledore me ha dado tambien detención mañana en las mazmorras.- Le guiñó un ojo.- Bueno, auf wiedersehen, mein liebes schönes Mädchen!*

-Schweines Hund!!!- Fue lo único que se le ocurrió. Realmente, era el único insulto que había prendido en alemán en el instituto La Salle, y sintió que si no lo decía, lo mataba ahí mismo. Lucius le siguió el jueguito.- Aber du kannst auch auf Deutsch sprechen! Prima! Ich glaube dass du auch...

Pero Isis no lo dejó seguir.- Vete a la mismísima mierda, Malfoy!-

Recordó las palabras que Dumbledore le había dicho, pero era más fácil decirlo que hacerlo. Malfoy era un imbécil, de eso no cabía duda. Pero ella no era una Slytherin! No sabía controlarse! Si le daba rabia, le daba, y eso. Sin embargo, se alejó dignamente, todo lo que pudo de Malfoy.

-¡Pollens!- Isis se dio vuelta, harta. Había olvidado hablar con Kettleburn por lo de la detención. Se volvió con cara de cordero degollado. Kettlebur, se apoyaba las manos en las rodillas y jadeaba. Al parecer había corrido UN METRO para alcanzarla...¬¬ (A/N: Por poco y se nos va para el patio de los callados el vejete éste, no?)

-Mañana, a las ocho PM!- Chilló, como si isis tuviera la culpa de su mal estado físico. Se dio vuelta dificultosamente y se encerró en su salón. Isis suspiró, pensando si no debía irse a la cama antes de que las cosas se pusieran peor. Afortunadamente, con una clase de Aritmancia más, ya vendría la comida. ¡Con el hambre que tenía! Los merodeadores habían desaparecido. Si llegaba tarde a aritmancia no lo soportaría. La profesora Kipplin la reprendería. Apuró el paso un poco y alcanzó la puerta del aula un segundo antes de que la profesora llegara. Se dejó caer en un asiento junto a Remus. Él era el único Gryffindor de quinto grado que tomaba aritmancia con ella. Todos los demás eran Ravenclaws.

A veces...a veces Isis se preguntaba si no pertenecería a Ravenclaw. Con su manía por los libros, y siendo consideada la bruja más inteligente de Gryffindor. Además, ella no era valiente, ni noble, ni honesta, ni nigún adjetivo que valiera la pena. Y no era tan buena amiga. Muy a pesar suyo, a veces deseaba que a Lily se la tragara el calamar gigante del lago, cuando James la miraba de esa forma.

-¿Te sientes bien?- La voz de Remus se escuchaba lejana al lado del murmullo de la clase.

Isis lo miró. Era muy guapo, ahora que se daba cuenta. Los ojos miel, y el cabello albortado del mismo color La nariz perfectamente recta, y la piel blanca. Y luego acudió a su mehte la imagen de James. El cabello azabache alorotado. Los ojos chocolate, brillantes, inteligentes, nobles. Alto, bien formado, con la piel tostada por el sol. Un sueño. Un sueño que cada vez se alejaba más de ella y se acercaba a su mejor amiga. Esa pelirroja que se iterponía en su camino. El pelo rojo de Lily cubrió por completo el rosro de James, dejando sólo el agradable pero...¿Pero que Que le faltaba a Remus que tenía James? Era un todo?

Remus agitó su blanca mano frente a su rostro.- Estas bien?- preguntó preocupado.

-¿Que? Oh...si. ¿Por que?-

Remus levantó las cejas.- Me miras hace cinco minutos de un modo muy raro. Y estoy casi seguro de que murmuraste ?gJames?h.

Isis se sonrojó como una amapola.-¿Yo? ¿James? – Rió con una risa más falsa que billete de siete pesos (N/A: Expresión válida solo para territorio chileno ;)- Por que habría yo de decir una cosa así? Ja. Ja...jaja.- Remus seguía mirandola excéptico- ¿James? Que graciosa imaginación tienes! Yo?decir?hJames?h? ¡Que...!

-Ya entendí el punto, gracias...- dijo el muchacho ligeramente disgustado. ¿Que queria decirte Kettleburn?

-Sobre mi detención.- Y recordó de prnto lo que la tenía acongojada. Apoyó la cabeza en el hombro de Remus, en un gesto de confianza. Lo sintió temblar debajo suyo.- Oh, Remus! Tengo que hacer mi detencion con Lucius Malfoy!.- Cerró los ojos, esperando una sabia respuesta de su mejor amigo...que no llegó.

Sin variar su posición, lo miró hacia arriba, y vio que su mirada se fijaba nerviosa en la pizarra, mientras sus mejillas se teñian de un intenso rubor.

Se alejó de él, bruscamente. -¿Que te pasa a ti ahora? Estas temblando!- Le tomó la mano, con lo que tembló más aún.- Y estás más rojo que un rábano! ¿Fue algo que dije? Remus la miró con los ojos brillantes, traspasandola.

-No, Isis, no fue nada que hayas dicho.-

-¿Me cargué demasiado sobre tu hombro?- se preocupó Isis.

-Remus volvía a mirar a la pizarra.- Te gusta James, ¿no?

Isis se quedó tan sorprendida que no supo que decir. Y cuando por fin consiguió balbucear una negativa, la profesora Kipplin entró en el salón y el desorden se apagó. Se escuchó el ruido de sillas deslizandose ruidosamente por el suelo y pergaminos sobre las mesas.

La profesora pasó la lista y Isis aprovechó el momento para susurrarle apresuradamente a su trigueño compañero de banco:- ¡No me gusta James, tonto!

--Claro que no.- remus tenía un tono raro. Generalmente, cuando te molestaban con un chico, debía supuestamente ser una broma, algo chistoso. Pero Remus parecía sino enfadado, basante herido. Que raro.

-¿Por qué no me crees?-

-Te creo.-

-No lo pareces.-

Isis se dio vuelta enfadada por las reacciones de Remus. La clase transcurrió monótona y triste. Con Remus le encantaba bromear y criticar a la profesora. Pero no tenía gracia hacerlo sola. Además, Remus nunca se enojaba con ella y ansiaba que las cosas se arreglaran pronto. Decidió que si él le pedía perdón, aceptaría sus disculpas.

Pero las disculpas no llegaron, y Remus siguió taciturno todo el día. Se le habían acumulado tantas cosas que la voz de ninugna parte había quedado olvidada.

Se reunieron en el comedor horas más tarde, y Isis estaba tan molesta copn la actitud de Remus que gritó que tenía algo que buscar en el dormitorio, y aprovechó de bajar sola a comer.

Cuando pasaba al frente del despacho de McGonnagal, oyó unas voces enzarzadas en una acalorada discución Reconoció la de la profesora McGonnagal y la de un hombre desconocido. Sabía que estaba mal escuchar a escondidas, pero era tan raro escuchar discutir a la profsora más estricta del colegio que la curiosidad la venció y tuvo que pegar el oído, después de cersiorarse que no la veía nadie, a la puerta.

-¡Le dije a Dumbledore que no debíamos tenerla! ¡Habrá líos con los últimos atentados!

Era McGonnagal quien hablaba , y con mucha pasión, a decir verdad. Isis se preguntó a quién no quería en el colegio, y a que atentado se referiría. Entonces se oyó contestar al hombre.

-A mi no me gusta la medida más que a ti, pero Dumbledore tendrá sus razones.-

De pronto, Isis cayó en la cuenta de que el hombre que hablaba era su odiado profesor Kettleburn. Su curiosidad aumentó.¿De quién hablaban?

-¿Razones? Respeto mucho al director, no lo dudes , pero de que algunas deciciones me ponen bastante verviosa, no lo niego. ¡Es su hija! ¿Y si viene a buscarla?-

-No vendrá!- la voz del profesor sonaba segura- El colegio está protegido con demasiada magia blanca. Sus poderes no tienen cabida aquí.

La voz de la profesora pareció flaquear.

-Lo se...Pero aveces...Yo lo conocí.- En el silencio que se produjo, Isis podía leer la expresión de sorpresaa del profesor Kettleburn.- Vi como creció. Había algo malo con él. Y ahora que tiene es...ese grupo. Tengo un mal presentimiento.

-Es sólo un grupo de asesinos locos y aficionados, Minerva, nada más.-

Isis decidió que era hora de retirarse. Su estómago tenia hambre y el sonido de sus tripas podía alertar a los profesores.

Caminó rápidamente hacia el gran comedor, pesando más en lo que habría de comer que en el misterio, a decir verdad. Pero cuando entro, supo de inmediato que algo andaba mal. El ruido de la conversación había alcanzado niveles inusualmente altos, y las personas parecían muy excitadas. Muchos estaban de pie, y ojeaban ejemplares de ?gEl Profeta Diario?h. Se acercó a los merodeadores. James estaba palidísimo y Lily le daba palmadas en la espalda.

-¿Que pasa? ¿De que habla todo el mundo?

Sirius volvió hacia ella sus ojos claros, llenos de preocupación.

-Un grupo de muggles ha sido atacado por segunda vez esta semana.-

-¿Que? ¿Como? ¿Quien los atacó?

Se dejó caer en una silla cercana a la de Sirius, esperando una explicación.

-Fue hoy en la madrugada, un grupo de locos, practicantes de la magia oscura, inrurmpió en una casa vecina a la de James y a la mía. Mataron a toda la familia. Hasta al perro. Nosotros...- La mirada de Sirius se puso vidriosa.- Nosotros conocíamos a los chicos muggles que vivían allí. Solíamos jugar con ellos en el verano. Y...- Pero no pudo seguir, la voz se le quebró, e Isis entendió. El apetito se le había escapado. Se sentía incómoda entre toda esa gente triste. Ella lo sentía muchisimo por Sirius y James, pero no era buena para consolar a la gente.

De pronto, algo se prendió en su cerebro. ¡De eso hablaba la profesora, entonces! Pero...¿Entonces la hija del líder del grupo estaba en el colegio? Vaya...Se preguntó quién sería.

Se tomó de un trago el vaso de jugo de frambuesa. Pero hasta el zumo parecía no pasarle por la garganta. ¿porqué tenía todo que ser complicado? ¿Era normal tener tener tantos problemas? Era raro que sus amigos estuvieran tan silenciosos. En general eran ellos los que hacían a Gryffindor una mesa tan ruidosa.

Se puso de pie, harta.

-Me voy, chicos. Tengo tarea.- Ni la miraron. Solo Arabella le dedicó una semisonrisa triste de despedida. Le disgustaba que no le pretaran atención ese día.Dios, estaba terriblemente egoísta hoy. Debía ser la presión.

Salió lo más rápido que pudo del comedor, escapando del dolor. Más que dolor, podía sentir que había miedo esta vez. Era extraño, pues este tipo de cosas habían sucedido antes. Sólo porque se haya repetido dos veces...No quería decir nada. O al menos eso esperaba.

Ahora caminaba por un corredor completamente desierto. Todo el mundo estaba almorzando en este minuto. De pronto, una ráfaga de aire helado pasó a lo largo del corredor. Isis miró a su alrededor, buscando una ventana abierta , para cerrarla. No había ninguna.

Hacía mucho frío, de pronto. Se arropo más con la capa y decidió seguir caminando, con un mal presentimiento en el corazón.

-Ouch!- sintió un dolor punzante en la cabeza. Parecía que se había golpeado con algo. Pero no había nada delante. Alargó una mano, hatsa que esta se topó con aldo duro. Probablemente un muro invisible. Pero, ¿quien lo había puesto allí?

Asustada, se dio vuelta para desandar el camino, pero pronto se tiopó con una muralla similar. Sacó la varita, mirando a todos lados, recelosa. Estaba encerrda, al parecer. Su única salida era una puerta lateral que daba, según creía a un salón abandonado. Nunca había entrado allí.

Abrió la puerta con cautela. Dentro estaba mucho más limpio de lo que se puede esperar de un salón de clases abandonado. No había pupitres, pearecía más una sala de espera. Al centro , había una mesita de madera oscura, con un apetitoso banquete encima, un areglo floral de buen gusto en el medio y dos sillas en los extremos.

Un fuego alegre chisporroteaba en la chimenea, al fondo del salón, y un sillón antiguo con orejas grandes estaba vuelto hacia la lumbre. No parecía haber nadie, pero esto la preocupó aún más.

Al ver toda la comida sobre la mesa, su apetito volvió. Había exquisitas viandas, frutas exóticas de alegres colores, canes asadas y diversas salsas. Alargó la mano para coger una manzana roja, brillante, hipnotizante. Abrió la boca para darle un gran mordisco.

-Yo que tu no tocaría esa manzana.- A Isis se le cortó la respiración. La manzana rodó por el suelo, hasta el sillón.- De hecho, no tocaría nada de esa comida sobre la mesa. Está envenenada.

La voz provenía del sillón. Y le resultaba escalofriantemente conocida. Ea la misma voz que había oído antes. La voz que no venía de ninguna parte.

-Tu...¿tu la envenenaste?- preguntó, con la voz temblorosa.

-No.- La voz rió fuerte, Con una risa fría, cruel.- Yo no. Esta comida fue preparada en esta habitación hace mucho tiempo, para alguien que no viene al caso recordar ahora.-

-Para quién?- insistió Isis.

-Veo que eres curiosa...- dijo la voz, divertida.- Si...justo cómo tu madre. Ya que te empeñas en saberlo, en esta habitación, mi milenario tatarabuelo, Salazar Slytherin intentó envenenar a Godric Gryffindor.

-¿Conociste a mi madre?- cuestionó ellla, particularmente interesada en este punto.

La voz pareció encontrar esto divertidísimo.- ¿Que si la conocí?- Rió más fuerte que nunca.- Si, la conocí, y muy bien.

Le dio miedo pregunar a que se refería con eo, a pesar de que quedó muy intrigada. En vez de eso, hizo otra pregunta:

-¿Quién eres?-

Esta vez, la voz no se rió, pero Isis pudo sentir la gracia que le hacía esa pregunta.

-¿Yo?- comenzó- Yo soy la voz que susurra palabras horrendas en el oído de los débilas, soy la sombra de pesadilla que se pasea por los sueños, soy la sangre que mana de las heridas, el dolor de los moribundos. Yo soy la muerte. Soy un Dios.

Isis caminó hacia atrás lentamente, sin hacer ruido, con el plan de salir de allí lo más rápido posible. Estaba cerrada con llave. Forecejeó para abrirla, olvidando todo disimulo.

-¿Tienes miedo querida? ¿Me temes? Haces bien, pero no te haré daño.¿Como hacerle daño a mi propia sangre?

Isis soltó el picaporte. Se sintió desfallecer.

-¿Q...que quieres decir?

A mi sangre...a mi sangre...- Si, la conocí, y muy bien...- había dicho la voz.- Su madre, su sangre, su padre.

-¿No has adivinado porqué te traje aquí?¿ No sospechas quien soy?- soltó una caracajada seca, y luego prosiguió en un murmullo de triunfo.- Y Dumbledore no ha podido hacer nada...

-Supongo que sabes lo del ataque , ¿no? EL Ataque a los muggles. Y lo pusieron en el profeta, como si fuera tan importante...No, importa.- La voz parecía hablar ahora con sigo misma.- Eso hace las cosas más fáciles...Una advertencia. Para que vean de lo que soy capaz. De lo que es capazel gran Lord Voldemort!

-Tu eres el líder del grupo...- musitó Isis. No era una pregunta. Ya lo sabía.Sabía atar cabos, y estavez había muchos cabos que atar.

-Leiste los diarios no? Fue un golpe perfecto. Los muggles apenas se dieron cuenta de nada, cuando ya era demasiado tarde para hacer algo.?L- Un líquido frió le recorrió la espalda, impactada con la frialdad con la que relataba su ?gproeza?h. Recordó la cara de James y le dio un poco de rabia.- Malditos y asuqerosos muggles...- masculló la voz entre dientes.

-Yo tambiérn soy de sangre muggle.- dijo Isis, incapaz de sangre muggle.

-¡Sangre muggle! ¡tú!- la voz parecía furiosa de pronto.- Tu madre era tan sanre limpia como el que más...Y yo...yo soy desecndiente del mismo Salazar Slytherin!

E Isis comprendió. Lo comprendió todo sin hacer más preguntas. Sin conversaciones embarazosas, ni lágrimas de lástima por si misma.

-Eres mi padre...-

Un leño del fuego reventó por el calor, y con una pequeña explosión, lleno de ceniza el lugar. La voz en el sillón no se inmutó, Pareció meditar la pregunta.

-Eres inteligente.- respondió simplemente.

-¿Puedo verte la cara?-

la voz soltó una risita cortante y fugaz.- No quieres hacerlo. Yo...he tenido algunos accidentes...-

-Quiero verte.- se empeñó Isis. Se sentía algo enferma, y le parecíaque una enorme nube se le había colado en los sentidos.

El sillón se dio vuelta lentamente, enviando sobras de fuego a todos los lados de la habitación. La persona sentada en él era alta y delgada, y llevaba una capa negra con capucha, la cual le ocultaba el rostro. Unas manos huesudas y blancas como la tiza, con largos dedos como arañas emergireron delos pliegues de la capa. Se posaron en la capucha y la tiraron hacia atrás.

Un rostro monstruosos apareció ante sus ojos. Los ojos rojos y alrgados, la piel blanca como la cal, la nariz de serpiente, calvo. Sintió como sus piernas dejaban de soportar su peso y las fuerzas la abandonaban. Tuvo que apoyarse en la pared. El monstruo no dijo nada,¡, sólo volvió a cubrirse con la capa.

-Sabía que te sentaría mal verme.- dijo con un dejo de tristeza, mirando el suelo.

Con el estómago revuelto, Iiss pensó en comop se habrían sentido esas pobres personas antes de morir. En los rostros de sus mejores amigos, inundados de tristeza. En la maldad que se escondía tras aquel rostro deformado por la magia oscura. Es tu padre...Tu padre...tu sangre...

-Eres mi padre.- No podía llorar, la hubiera aliviado bastante.

-No entiendes...- La capucha se volvió hacia ella, y por un momento pudo vislumbrar el brillo en sus ojos rojos sangre.- Crees que te abandoné. Pero no fue así. Fue Dumbledore quién te apartó de mi lado. El fue quién mató a tu madre. El fue quien me empujó a ser lo que soy. Y no sabes las cosas que entiendo ahora. Ebtiendo que lo único importante es la sngre. Que el bien y el mal no existen, sólo existe el poder, y aquellos demasiado débiles para buscarlo. ¿Quieres ser demasiado ?Ldebil, hija mía?

  • ¿Que quieres?- preguntó con la boca seca.

-Creo que sabes lo que quiero. Tienes una mente buena. Lástima que quedaras en Gryffindor. Pero, Isis, tu no eres como ellos. Eres diferente. Mejor que cualquiera. Y ellos te odiarán por eso, saldrás herida. Puedo verlo.

-Eres un asesino...- No se le ocurría que más decir. Sabía lo que quería. Quería que se fuera con él. Su padre. Dumbledore había matado a su madre. Mentira, mentira, mentira

-¡Mentira!- gritó de pronto.- Fuiste tu quien se fue. Fuiste tu quien me dejó tirada en ese horrible orfanato, y no te importó nada que me pudriera allí!

La puerta se abrió de golpe y ella, sorprendida, no salió enseguida. Miró a la extraña figura en el sillón, y sus náuseas retornaron de golpe. Con los ojos ardiendo salió de la habitación. La muralla invisible había desaparecido, pero no se dio cuenta. Corrió, mientras las paredes se movían ante su mirada. Llegando a un estrecho corredor por el cual no transitaba nadie, las rodillas no aguantaron más y se desplomó en el suelo, vomitando.

N/A: Vaya!! Si q me quedó asqeroso ese final >.< ¿Les gustó? Pues...¿saben? me estaré poniendo vanidosa, pero este capitulo me ha gustado ^^U Lo del vómito...pues supongo que quedé traumada, pues anoche viaje 12 horas en un bus de santiago a valdivia y termine vomitando ;__; pero bueno.

Realmente mi intención era hacer que este fuera el ultimo capi con los merodeadores, pero....eran demasiadas cosas para un solo capítulo, a siq decidi partirla en dos.

Ah, y se que muchos se van a indignar con ésta medida, y me siento mal de hacerlo, pero sinceramente estoy sintiendo que mi fic ya no esta teniendo mucha acogida, no tanto como antes, al menos, de modo que si no recibo mas de diez reviews, me demoraré m mucho en postear el proximo capitulo. De postearlo, lo posteare, pues adoro escribir, y lo hago por mi, pero los reviews me dan animo^^

Byes...