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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 17

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Chistine, Iris...¿Quien demonios soy?

*Dedicado a Pili, porque si no es por ella, no tienen otro capítulo -__-

Fuego

Gritos

Miedo

La llamas envolvían la casa , y parecían poder llegar a quemar las estrellas resplandecientes en el cielo nocturno.Christine se llevó una mano a la boca y con la bufanda se tapó los ojos llorosos por el humo.¿Porqué no había nadie en la calle? ¿Su casa ardía, sus padres estaban atrapados, ella gritaba, y nadie acudía? El humo la había dejado afónica, y su garganta incapaz de sacar algún sonido le daba una sensación de pesadilla.

Risas

Alguien reía dentro de la casa, en medio del fuego. En medio de los maderos que caian incendiados al césped, arrasando con los arriates de flores de su madre. Cada vez que intentaba entrar a la casa, el calor la hacía alejarse cada vez más. Ansiaba pedir ayuda, pero era inútil. Nada más que un gemido ahogado escapaba de sus labios.

-¡MORSMODRE!- Una voz grave y fría gritó estas palabras al aire nocturno. Christine observó aterrorizada como, desde la chimenea que aún se mantenía en pie surgía una luz verde que se onduló por sobre el cielo negro formando una calavera.

Es una pesadilla. No es real. Papá y mamá están vivos. Pesadilla.

Pero no era una pesadilla, y no servía de nada pensar que lo era. Quiso llamar a su madre, y el no poder hacerlo hizo por fin salir las lágrimas que no habían bañado su rostro antes. Una figura desconocida salió por lo que quedaba de la puerta principal y las llamas no parecieron afectarlo. Llevaba una túnica negra hasta los tobillos, capucha, y una horrible máscara blanca le cubría el rostro. No se fijó en Christine, que yacía recostada sobre el césped, con los vaqueros chamuscados y la cara devastada por gruesos lagrimones. Pasó de largo por el antejardín y al llegar a la verja miró a ambos lados antes de desaprecer sin dejar rastro.

Pasó un minuto antes de que la chica comprendiera lo que sucedía. El extraño había desaprecido dejando tras de sí un desolador paisaje de devastación. Se puso de pie, echando el cabello castaño desordenado hacia atrás.

Una mujer gritó adentro.

-Mamá...- se mordió el labio con tanta fuerza que brotó sangre. El soporte principal de la casa se desplomó. Otro grito.

Christine corrió por entre las llamas, olvidándo el ardor que causaban al deslizarse por su cuerpo. Tropezó con una tabla carbonizada y su cabeza golpeó el suelo ardiente. En ese momento sintió de lleno la quemazón del fuego en todo su cuerpo y el gusto de la sangre en su boca. Desorientada intentó buscar el lugar de donde había provenido el grito.

Una voz diferente a la interior gritó una palabras extraños y al instante la atmósfera se lleno de gritos desgarradores. Gritos capces de helar hasta la médula. Gritos de mamá, pensó Christine con la mirada en un punto fijo, inconmovible. No era capaz de moverse. Tenía los sentidos bloqueados por el ruido, que seguía a ritmo constante, sin detenerse.

Silencio. Un golpe contra el suelo. Pudo entir el viento de estío correr a través de la ventana.

-Tenemos visita, al parecer...- Alguien habló en alguna parte, en medio del humo. Más risas.

La cortina de humo se despejó de improviso. Estaba en la sala de estar, y el fino tapizado de seda de los sillones había desaparecido. Estaba remplazado por una gruesa capa de ceniza. La puerta de el final, que daba a la oficina de su padre estaba entreabierta. La voz provenía de allí.

-Acércate, pequeña- dijo otra voz.- Mamá está aquí.-

Christine corrió y abrió la puerta de un empujón. Lo que vio ahí hizo que tuviera que afirmarse del marco de la puerta para no caer. Su madre yacía en el suelo, inconsciente. Sus manos y piernas se encontraban en una posición extraña. Tenía los ojos en blanco, mirando algo atrás de todos ellos.

A su alrededor se arremolinaban cinco personas vestidas exactamnte igual al extraño qeu cruzó el jardín junto ella. Sus mascaras brillaban sobrenaturalmente, y la atmósfera de pesadilla vovlió a envolverla.

Uno de ellos se adelantó al grupo. La capucha se le escurrió, y Christine pudo ver quedamente los mechones albinos que le caían sobre la espalda. A través de los orificios de la máscara pudo ver sus ojos grises brillando con maldad.. Le tomó la barbilla con firmeza, y Christine no hizo nada por evitarlo, sin retirar sus ojos de los suyos.

-¿Es ella, Lucius?- preguntó uno de los hombres atrás.

Lucius le echó el cabello castaño hacia atrás y le limpió la sangre de la comisura de la boca.- Es ella.- confirmó, sin dejar de mirarla. La tomó sorpresivamente de su magullado antebrazo y la arrastró donde estaban los demás.

Su madre se movió en el suelo, dejando escapar un gemido. Intentó dehacirse y llegar hasta ella, pero el hombre llamado Lucius no la soltó y apretó mas fuerte su brazo. Para su horror, introdujo la mano por el cuello de su blusa, buscando algo. No lo encontró, y con un bufido la zamarreó cruelmente.

-No está...- murmuró con rabia, diriiendose a los demás. Luego clavó e lla su mirada impaciente, zamarreándola cruelmente.- ¿Donde está? ¿Lo has escondido? ¿Dónde está, estúpida?

Chrsitine no sabía de que hablaba, pero el terror la invadió de súbito. La atmósfera de pesadilla había desaparecido, dejando algo aún peor: La Realidad. Su madre yacía en el piso, semiinconciente, la casa ardía, nadie acudía, y su padre no estaba en ningún lugar. Y esos hombres... querían algo que ella no tenía.

Al ver que la muchacha no contestaba, el hombre esbozó una mueca vengativa.- Ya veremos si no quieres hablar.- Sacó lo que parecía una delgada vara de madera del bolsillo de su capa y apuntó con ella a su madre.

Como si pensara que es una varita mágica, pensó Christine. Es un loco, entonces...

-¡Crucio!- gritó el loco. Sólo que...quizás no estaba tan loco después de todo.

El cuerpo de su madre comenzó a sacudirse como si fuera presa de una volentísima epilepsia. Los gritos de agonía volvieron a llenar la habitación. Tenía la mente en blanco, cubierta por una bruma. Las convulsiones y los gritos se detuvieron de pronto, y el hombre bajó la varilla de madera. El hombo le dijo algo, pero ella no lo esuchó, pues de pronto todo se hizo tan negro que no podía ver sus propias manos, y se sentía rodeada de una cacofonía confusa.

Christine se desmayó.

Harry Potter se volvió en la cama, encarando la alhomada. Miró su reloj de pulsera sobre el velador, y vio que eran las tres de la madrugada. No podía dormir. Hogwarts estaba silencioso. Demasiado silencioso.

El quinto curso había comenzado hacía apenas una semana y el verano con los Dursley había quedado olvidado. Contrario a las dulces predicciones de la señora Weasley, Dumbledore no había autorizado que Harry pasara el verano con los Weasley, de modo que su paraíso estival había transcurrido entre una familia Dursley especielmente tensa, y una dieta poco adecuada para un adolescente en pleno crecimiento.

Se dio otra vuelta, hastiado, y se dio cuenta que le sería imposible dormir esa noche. El viento y la lluvia arreciaban fuera, azotando las ventanas.Tan silenciosamente como pudo, para no despertar a sus compañeros de cuarto, se incorporó y quitó las mantas de su cama con dosel. Daría una vuelta por el castillo a ver si le daba sueño.

Olvidando ponerse los zapatos, se puso la capa invisible, y asegurándose en la luna del espejo que estaba cubierto por completo, salió de la habitación. Era noche de luna llena en Inglaterra, y Harry recordó a Remus, preguntándose donde estaría ahora, y si estaría en plena transformación.

Quizás ua caminata junto al lago bajo la lluvia era justo lo que nesecitaba, pensó Harry, dirigiendose a la puerta principal. Pero no alcanzó a llegar, cuando tres golpes en la puerta lo sobresaltaron. No había pasado ni un segundo cuando los golpes se repitieron. Alguien muy impaciente intentaba entrar a Hogwarts.

-Dumbledore! ¡Dumbledore!- la voz de un hombre bramó a fuera.- ¡Nesecito hablar con Dumbledore!- Más golpes en la puerta. Harry se quedó muy quieto en un rincón esperando que algo sucediera. Minutos despues, entre incansables gritos y golpes en la puerta, el director apareció doblando una esquina, seguido fielmente por la profesora McGonnagal en camisón.

Sin que Dumbledore las tocara, las puertas se abrieron de golpe, ejando ver al causante del escándalo. Harry se quedó con la boca, no tanto por el hombre que se enontraba fuera, sino por lo que cargaba.

Un chica colgaba desmayada en los brazos del hombre.Estaba empapada y cubierta de barro y sangre. Incluso los cabellos oscuros estaban cubiertos de sangre coagulada. Harry pudo determinar que era mas o menos de su edad, y vestía ropa muggle. Una blusa, y vaqueros rotos. Mirando con atención se podía ver que abia estado llorando, y sus facciones estaban contraídas en una mueca de insondable horror.

El hombre que la caragab llevaba insignia del ministerios de la magia, pero Harry jamás lo había visto.Al ver a Dumbledore, su cara nerviosa se relajó rápidamente.

-Dumbledore! ¡la he encontrado!- dijo desmayadamente, mirando a la chica.

Dumbledore no comentó nada al respecto, y su rostro mostraba esa energía furiosa que Harry había visto antes.

-La llevaremos a la enfermerá primero. Luego me dirás que pasó, Kenneth.- Kenet asintió con seriedad y siguió a Dumbledore escaleras arriba, hacia la enfermería. Harry se fijo en que iba dejando un rastro de sangre en el piso. Decidió seguir a la extraña comitiva, para averiguar que sucedía con aquella extraña chica muggle.

La enfermería tenía las luces apagadas, y afortunadamente no había ningún estudiante allí. Costó un pcoo desprtar a la señora Pomfrey, pero cuando al fin se levantó de la cama, parecía tan eficiente como siempre.

No hizo ninguna pregunta cuando vio a la magullada muggle tendida en la cama de la enfermería.

-No quise aplicarle el enervate hasta saber exactamente que debía decirle. No quise que sintiera miedo. Supongo que no entenderá...-

-Hiciste bien, Kenneth. ¿Que sucedió? ¿Que les dijiste a los padres?-

Kenneth bajó la vista, e hizo una mueca de lástima antes de contestar.

-Los padres están muertos, Dumbledore.Los mortífagos llegaron allí antes que nosotros. Sometieron a su madre muggle al cruciatus delante de ella, al parecer, y se desmayó.- La voz le tembló un poco, pero prosiguió.- Encontramos al padre en el jardín trasero. El Avada Kedavra. No queda nada de la casa. Los malditos la quemaron.

La profesora McGonnagal no había hablado aún, y parecía muy afectada por lo que el mago del ministerios relataba, pues parpadeaba inusualmente rápido.

-¿Que le diremos, Dumbledore?- preguntó la mujer, secándose los ojos con un pañuelo de seda.

-La verdad Minerva. Si recibe todos los golpes de una vez, le será más fácil levantarse luego.

Hubo un silencio tranquilo mientras la señora Pomfrey desaparecía tras una cortina y salía luego con una copa de plata llena de un líquido rojo y humeante.- Le dará un despertar más agradable que el Enervate.- explico a los presentes, antes de dársela a beber a la muchacha.

Ella lo tragó con dificultad, y su respiración se hizo más pausada.Abrió los ojos, pestañeando varias veces, hasta que los abrió por completo. Los tenía verdes, eran ojos realmente bonitos, pensó Harry. Ua mueca de horro desfiguro su rostor ensangrentado y dejó escapar un grito.

-Por fin en casa, Iris Pollens.- dijo Dumbledore.

*~*~~

Dolor. Le dolía cada centímetro del cuerpo, desde las raíces del cabello , hasta las uñas de los pies. Podía sentir un gusto a sangre en la boca. ¿Donde estaba? Voces desconocidas hablaban a su alrededor.Sintió un gusto dulce y caliente en la boca, e insitivamente escupió un poco. Alguien intentaba darle algo a beber. Sabía bien, y tragó con cautela. De inmediato sintió cierto alivio en sus adoloridos miembros.

Analizo a situación.Se encontraba en una cama muy cómoda y blanada, pero no era la suya. Las voces hablaban con un acento raro. Ingleses, probablemente. No recordaba nada de lo que había pasado.

Abrió los ojos lentamente, pesatñeando, molesta por la luz. Entonces todo la golpeo de pronto. Mamá, Papá, los hombes con capas negras. Lucius gritándole, pidiéndole, torturando a su madre. Miró a su alrededor. Gente con capas, igual que los asesinos. Gritó.

Uno de los criminales, con una barba blanca que le llegaba a la cintura y cabello dle mismo color, la llamó con un nombre que no era suyo. Y con acento inglés, para colmo.

Había más personas a su alredor, y todos la miraban con lástima.Sin saber exactamente por qué, los odio a todos.

-Ese no es mi nombre.- declaró con fiereza. Ya no podía sentir tristeza por sus padres, sólo la consumia el doio hacia sus asesinos.- Me llamo Christine, ¿donde están mis padres?

*~*~~

La chica tenía un acento irlandés muy marcado. Y ahora que la veía, tenía un rostor típico irlandés. Cara redonda, ojos claros y tez morena. Aunque bien el color podía deberse al barro. Pudo ver ira en sus ojos, un fuego que parecía querer estallar en cualquier momento. Estaba tan concentrado en observar a la chica, que no esuchó que le respondió Dumbledore justo antes que su rostro morendo se pusiera lívido, y sus ojos se abrieran desmesuradamente, repitiendo sin cesar: No, no, no.

A/N: Si, si, ya lo se u.ú. Se que dije que no lo continuaria, pero la inspiracion me volvio, y asi nacio este capítulo, de una noche de sobredosis de cafeína -__-. A si que...bueno, a mi me gusta el estilo, no se que opinan. Creo que esta algo confuso, no? Bueno, las cosas se aclararan un poco. Aver quien adivina que paso exactamente ^^U

Besos

Os quiero a todos!!

Iris Pollens