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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 3
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III / Amare Eternitas, Tom Ryddle
Pasaron tres años desde el incidente en la sala común e Iras jamás volvió a hablar con Tom en todo su tiempo en el colegio. De alguna manera habia esperado esa respuesta.
No hubo mas incidentes de parte del heredero de Slytherin y la historia de la cámara de los secretos quedó casi olvidada para la mayoría. Los tiempos tranquilos habían regresado y ya no había nada de lo cual preocuparse.
Nadie sospechaba el peligro que se avecinaba, excepto Iras.
Ella sabía que Tom se hacía más poderoso, que sus mortífagos no eran ya chiquillos de escuela, si no un ejército de hombres hechos y derechos.
Fue el año en que Iras se graduó en el que empezaron los ataques contra los muggles. La marca tenebrosa apareció en miles de casas ese año. Los muggles estaban aterrorizados y el ministerio de la magia comenzó a desesperarse. Los asesinos aún estaban impunes y ya habían empezado a caer los nacidos muggle.. La comunidad mágica reclamaba que los criminales fueran llevados a Azkabán de inmediato. Poco sospechaban cuan dificil les iba a ser.
Iras consiguió trabajo en el ministerio como auror. y por consiguiente se le encomendó el trabajo de atrapar a los autores de los ataques.
Mundungus Fletcher, un antiguo compañero de Hogwarts, le fue asignado como compañero de trabajo. Este era un joven apuesto y aún más despistado que Iras, con lo que no hacían muy buena pareja.
Tenían una oficina en el centro del ministerio. En realidad, aunque estaban muy agradecidos de tener una oficina privada, ambos coincidían en que el ministro no había sido exactamente magnánimo en ese sentido.
Sospechaban que había sido la antigua bodega de trastos inservibles. La pintura de las paredes estaba descascarada y enmohecida. Las ventanas no tenian postigos, pues cuando Iras intento abrir una, se quedó con el marco en la mano. No había ventilación, y los días calurosos se rostizaban adentro. Y para colmo de males, no habia muebles, por lo que estaban obligados a trabajar en el suelo.
-Iras, cinco ataques más contra nacidos muggle. Han sido los Keller. La familia entera. Archiva esto en el portafolios por favor.-Dijo Mundungus entrando a la habitación y alargándole a Iras , la cual estaba sentada sobre un cojín raído en el suelo, un pergamino arrugado. Esta lo tiró despreocupadamente a un montón de pergaminos desordenados cerca de la ventana.
-Me refería a archivarlo, en una carpeta o algo así- Dijo mundungus frunciendo el entrecejo.
-Ese es el archivo- Dijo Iras distraída. Mundungus se encogió de hombros y se sentó a su lado.
-Debemos empezar a hacer algo más directo, iras, ¿No crees?- Dijo Mundungus paseando la mirada por la oficina con desagrado.- Encerrados en esta mazmorra, archivando papelitos, no conseguiremos mucho.
-Te lo vengo diciendo desde hace meses, Gus- Iras se puso de pie frotándose el trasero adolorido por tantas horas de sentarse en el suelo- Y también deberíamos pedirle al ministro algunos muebles.
-En realidad, creo que lo primero es más realizable-rió Gus.-¿Por dónde empezamos?
-Primero , debemos ir a dónde este la acción-
-¿Quieres decir...?-
-Exacto. Andando- Iras lo tiró de la manga, sacándolo de la oficina.
-En cuanto llege la próxima emergencia iremos al lugar.- Mundungus asintió.
Bajaron las escaleras relajados, convencidos de que faltarían muchas horas para que una verdadera emergencia se presentara . Sin embargo, no tuvieron que esperar mucho.
Mientras bajaban lentamente la escalera principal, un mago del ministerio, pálido y sudoroso llego corriendo a tropezones hasta ellos.
-Gracias a Di...dios que los en...en...encuentro,-jadeó, sin aire- El...el cementerio prin...principal de la calle Guildestein- Respiró profundamente- lle...leno de mortífagos. Celebran re... re ... reunión. Ra...rápido.
Iras y Mundungus se miraron.
-Esto, -dijo Iras sonriendo nerviosamente mientras bajaban a toda prisa los escalones de madera- podría ser llamado irónicamente “suerte”
-Si, irónicamente, supongo. Ahora apresúrate.-
Sacaron la varita al mismo tiempo.
- Allá voy, Tom- Murmulló Iras en un susurro inaudible y desapareció.
Era de noche cuando Iras arrivó al oscuro cementerio principal al lado de Mundungus. Álamos enormes le daban al recinto un aspecto aún más sombrio. La reja negra y herrumbrosa estaba cerrada. Mundungus la abrió rapidamente con un simple alohomora.
Dudaron antes de entrar. Una ráfaga de viento helado les alborotó el cabello, como advirtiéndoles los peligros que encontrarían adentro.
Iras suspiró y se adelantó, abriendo el enrejado. Ya era hora de enfrentar a su destino. Y a Tom.
Entraron temblorosos. Cada vez que exhalaban ,una nube abundante de vapor emanaba de sus bocas congeladas.
Buscaron entre las tumbas con la mirada, tratando de encontrar algún indicio de Tom. Solo la clara luz de la luna brillaba entre las lápidas marmóreas.
De pronto, Mundungus se llevó un dedo a la boca.
-¡Shhh! Escucho algo.- dijo Mundungus. En efecto, se escuchaban voces, provenientes del centro del cementerio.- ¿Estás bien?- le preguntó preocupado. Iras estaba mortalmente pálida.
Ella asintió, sin fuerzas para nada más y se abrió camino entre las tumbas con una resolución que no sentía ni remotamente. Mundungus la siguió de cerca, con la varita en alto.
Y entonces los vieron, en su posición habitual. Un circulo, y Tom al centro. Solo que ahora eran muchos más. Unos treinta mortífagos rodeaban a su maestro, todos enmascarados y encpuchados. Una fogata alumbraba la reunión.
Antes de que Mundungus pudiera detenerla, Iras se adelantó hasta quedar a la vista de todos. Los Mortífagos dejaron de hablar a un tiempo y se volvieron hacia ella.
Tom la miró con malicia y sorpresa.
-Iras Pollens- dijo con ironía palpable.-¡ Que grata sorpresa me has dado! ¡No sabes cuanto tiempo he esperado este agradable momento!
-Lamento no poder decir lo mismo Tom- Mundungus la miró desconcertado.- Agentes del ministerio. Están todos arrestados por allanamiento de establecimiento muggle y sospechas de Genocidio.
Los Mortífagos rieron con crueldad.
-Veo que no has cambiado nada, Iras- susurró Tom avanzando hacia ella.- Sigues siendo mandona y desubicada. ¿Aún crees que eres la reina del universo verdad?.
-Creí que ya habíamos aclarado ese punto Tom.- dijo Iras sonriendo con sarcasmo.
-¿Conoces a este tipo?- Le susurró Mundungus a Iras en un tono más alto del que pretendía, por lo que Tom escuchó.
-Ciertamente que lo conoce. Y tu también.- Tom rió con la risa fría y aguda que tanto odiaba Iras.- Es que , querido Mundungus, ¿no recuerdas a tu compañero del alma: Tom Ryddle?
-¿Tom Ryddle?- Rugió Mundungus asqueado- ¿Eres tú, maldito hijo de...?
-Si, soy yo- interrumpió Tom con tranquilidad.-Ahora, volviéndo el asunto, ¿ Dónde estabamos? Ah, si, ya recuerdo. La Princesita quería arrestarnos.
Lo mortífagos volvieron a reírse estruendosamente.
-Bien,- prosiguió, cada vez más cerca de Iras.- ¿Prefieres que vayamos en fila hasta azkabán, o quisieras atarnos primero? Preguntémosle a tú amiguito que piensa él. Tal vez pueda aconsejarnos, ¿verdad?
-Atados esta bien, gracias- Dijo Iras tratando de contener la furia.
Tom estaba a milimetrosde ella, pero Iras no se movió. Tenía muchísimo miedo pero el orgullo le impidió demostrarlo. Iras le miró a los ojos desafiante y lo que vió le partió el corazón.
Aquél no podía ser Tom.
Sus ojos negros ya no eran los de aquel niño abandonado, con el corazón en mil pedazos. Su expresión inteligente y aguda se habia transformado en puro odio.
Iras apartó la mirada, sosteniendo las lágrimas de rabia que pugnaban por salir.
Tom le acarició el cabello torpemente y luego susurró.
-Acabas de entrar a un viaje sin retorno-
-Lo sé- susurró Iras a su vez, con los ojos cerrados.
Se separó de el con brusquedad, tal como lo habia hecho cuatro años atrás.
-Debes irte, Mundungus-
-¿Que dices?- Dijo este sorprendido- ¡No voy a dejarte aqui!
-Debes irte , Gus- Repitió Iras sin mirarlo- No te quiere a tí. Soy yo la del problema.
-¿La...la del problema?- Tartamudeó Mundungus cada vez más confundido.
Iras se volvió hacia él y lo tomó por la túnica, mirándolo a los ojos.
-Déjame aquí, tiene que ser así.-
-Ni pensarlo. ¿Estas loca?-
-Estamos todos locos. Ahora vete o te lanzo una maldición.-
-No...- Mundungus la tomó por la manga dispuesto a llevarsela.-
-¡Vete o te lanzo una maldición!- gritó Iras de pronto- ¡Demonios Mundungus!- Luego agregó en un tono más calmado.- No tenemos posibilidad contra todos ellos. Vete.
Mundungus la soltó lentamente y bajó la varita.
-Volveré a buscarte, Iras. Espérame.
Desapareció con un movimiento tembloroso de su varita y Tom se volvió hacia Iras con una sonrisa maligna en el rostro.
-Que...conmovedor- Hizo una mueca de asco.
Tomó por lamuñeca a Iras, quien se dejó guiar como un titere maltrecho y la guió entre las lápidas, alejados de los Mortífagos.
-Creí que jamás volvería a verte- Le dijo, y por un momento Iras reconoció a aquel quinceañero triste que hablaba con ella en los pasillos oscuros de Hogwarts.
-“Esperé” jamás volver a verte, Tom- Iras se soltó la muñeca.
-Se lo que pensaste aquella noche en la sala común. Me odiaste-
-¿Que se suponía que debería haber hecho?-
-Me malinterpretaste.-
-Me dijiste muy claramente lo que pensabas-
-No entendiste. Daría mi vida por tí. El poder es otra cosa.-
-Lo cual sólo prueba que el poder es más importante que la vida para tí-
-Exacto-
-Y cuál es el punto?-
-Que si me hubieras preguntado: ¿ Darías la vida por mi? Las cosas hubieran sido muy diferentes.
-No lo creo-Iras se apoyó desesperanzada en una lápida mohosa.-Hubiera sido exactamente lo mismo, solo que estaría completamente arruinada.
Se produjo un silencio incómodo en el que ambos miraron al suelo. Luego Tom la tomó de la mano. Iras no se soltó.
-¿Que me va a suceder?-Iras ya estaba impaciente por saber que iba a ser de ella.
-Quiero que te quedes conmigo esta noche.-
Iras lo miró asombrada. Había esperado el relato de horribles torturas o ritos de muerte de las artes oscuras, todo menos eso.
-¿Quedarme a qué?-Preguntó con inocencia. En realidad no tenía la menor idea de para que podía quererla Tom toda la noche y después dejarla libre.
-A esto- Tom la tomó con suavidad de la barbilla y la acercó lentamente hacia él. Tal como había hecho la última vez que estuvieron juntos. Pero esta vez fue diferente.
Comenzó como un beso suave, pero se fue intensificando. Iras le echó los brazos al cuello y el la tomó firmemnete de la cintura. Ninguno de los dos supo cuanto tiempo estuvieron así, pero a ambos les parecieron dos segundos. Y al mismo tiempo, una eternidad.
Se separaron jadeantes y con el cabello desordenado.
-Por favor- Le rogó Tom suplicante.
-Tom...- Iras no supo que decir.
-Iras. Yo... Yo...- Tom parecía incapaz de soltar lo que tenía en la punta de la lengua.
-¿Tú que?- dijo Iras con altivez.
-Solo hazlo ¿quieres?- Tom parecía desconsolado e Iras sintió que se derretía. Maldiciendo su corazón blando y su debilidad, Iras evitó el contacto visual.
-¿Me lo estás ordenando?- dijo Iras , aún mirando hacia otro lado.
Tom no contestó.
-Me lo estas ordenando- Se contestó Iras furiosa.- Toma- se sacó la varita del bolsillo y se la entregó con rabia- Ya te dije que no soy tu sirvienta. Ahora mátame si te da la gana. No me interesa.
Pateó el suelo y se volvió de forma que encaró la lápida.
-No te lo estoy ordenando, Iras- dijo Tom con suavidad, poniéndole la varita en la mano.
-Pídemelo- Iras se volvió.
-Por favor, Iras-
-Ruégamelo-
-Te lo ruego Iras, quedate conmigo hoy.-
-Suplícamelo-
Tom se puso de rodillas sobre la hierba húmeda , mirandola fijamente, con una mirada de sumisión que ella no había visto jamás en sus ojos.
Iras se echó al suelo, de rodillas, junto a él.
-Te odio Tom- murmuró Iras con rabia.
-Lo sé, y me importa un comino. Ven.– La tomó de la manó y la llevó a tropezones hasta el circulo de Mortífagos, los cuales esperaban impacientes a su amo.
-Vayan a la calle Kreuzer número tres. Ustedes saben lo que hay que hacer- Tom ignoró la mirada de Iras, la cual otra vez comenzaba a querer asesinar a Tom.
-¿Que hay de la chica Pollens maestro?- Preguntó un Mortífago, al tiempo que hacía una pequeña reverencia al dirigirse a Tom.- ¿La matamos?
Iras tembló involuntariamente, pero Tom la tomó disimuladamente de la mano, de modo que los Mortífagos no vieran.
-No. Yo me encargo de ella.-
Los mortífagos sealejaron por entre las tumbas y fueron desapareciendo de uno en uno, hasta que sólo quedaron Tom e Iras. Nubes negras pasaron por encima de la luna llena, cubriéndola. El cementerio quedó a oscuras.