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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 5

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Capítulo V / El relicario de las memorias

?g...El ruido de los cascos retumbaba entre los árboles podridos y huecos del bosque prohibido. La piel plateada de la criatura reflejaba la luz refulgente de la luna llena. El unicornio echó atras la cabeza y se deshizo de la melena nívea que le cubría la vista.

Una mujer cubierta con una capa negra se aferraba al lomo suave del animal. Tenía el rostro cubierto por una capa mas negra que la muerte.

. La mujer se inclinó sobre la cabeza del unicornio y le susurró un mensaje decidido en el oído.

La bestia entendió , pues pasó del trote pausado y cauteloso, a un ritmo vertiginoso.

Las ramas bajas de los árboles sombrios azotaban el rostro de la mujer, pero ella no pareció percatarse de la abundante sangre que fluía de los cortes en sus mejillas, la que se mezclaba con las lágrimas tibias que bañaban sus ojos tristes.

Rebuscó algo en su túnica y cogió triunfante un relicario con cadena de oro. Colgando de esta se veía un objeto bellísimo. Parecía estar hecho de luz sólida, etérea, que iluminaba el rostro cubierto de la mujer.

Aferrándose al lomo de su transporte, la mujer se bajó la capucha, para observar mejor el relicario, y cuidando al mismo tiempo de que las gruesas ramas no la hicieran caer.

La capa oscura cayó para descubrir el rostro de una joven que aún era casi una niña. Una mirada de intenso temor y preocupación se mezclaba con su llanto silencioso en sus ojos verde oliva. Su boca estaba tensada en una mueca de dolor, mordiéndose el labio inferior.

Su tez morena brillaba pálida a la luz de la luna.

Levantó el relicario, y luego lo apretó contra su pecho en un ademán desesperado, cerrando los ojos.

-Harry..., es todo mi culpa....- Estuvo murmurando de esta manera por un rato, haciendo caso omiso de los ruidos misteriosos que llegaban de entre los árboles.

Se oyó una risa horrible entre la espesura y la penumbra del bosque. El eco rebotó en los troncos podridos.

La chica detuvo al unicornio, con un susurro en el oído. Este paró de golpe y la muchacha se vió lanzada contra su melena blanca como la nieve..

Se bajo tambaleandose y cojeando. Una vez en el suelo, podía verse que su pierna estaba completamente rasgada. Se quitó la capa trabajosamente, y quedó al descubierto una túnica de gala , cubierta de sangre y rasgaduras. Tenía el cabello oscuro alborotado . Intentó alisarlo, mientras trataba de acostumbrar sus ojos a la penumbra y averiguar de donde venía la risa.

Decidiéndose de pronto dió una palmada al unicornio y este se perdió entre los oscuros abetos del bosque prohibido. Suspirando, la chica rebuscó nuevamente en la capa, la cual había quedado tirada cerca de una haya milenaria.

Sacó la varita y murmuró:

-LUMOS!-

Una débil luz plateada ilumino apenas los terrenos del bosque, y la muchacha consiguio un pequeño campo de visión.

Entonces escuchó una voz fría y aguda que conocía demasiado bien.

-¿Viniste aqui para sacar a Potter? Que ?gconmovedor?h.-


Iras gritó y abrió los ojos.

No podía seguir así. Las pesadillas habían seguido dos años ya, y cada vez eran más extrañas y hablaban de personas desconociadas. ¿Quien diablos era ese Harry Potter? Y esa voz... Era tan conocida, pero al mismo tiempo no habría podido deducir a quien pertenecía.

Se irguió jadeando, con el cabello alborotado y encendió una lamparilla de velador que se encontraba a su lado. Paseó la mirada por la habitación en busca de algo inusual. Nada estaba cambiado desde hacía dos años atrás, salvo una cuna, que se erguía imponente cerca de la ventana. Iras sonrió dulcemente al reparar en este mueble y se deshizo de las sábanas al salir de la cama en silencio.

Se acercó en punta de pie a la cuna y miró dentro. Una bebé dormía placidamente, ajena al peligro impensable que se avecinabacon el aire de la noche.

Un peligro del que ni siquiera su madre sospechaba en aquel momento.

-Mi pequeña Isis...-murmuró Iras, desviando la mirada de la pequeña y mirando por la ventana del cuarto.

Decidiéndose de pronto, se diriguió a la cómoda y rebuscó febrilmente en los cajones.

Sacó un pequeño relicario de oro, tal como el que había visto en su sueño. Esa era su única posesión valiosa. Había pertenecido a todas las Pollens, desde la primera generación, hacía unos mil años atrás. Era un pensadero.

Cada vez que un problema aquejaba a Iras, sacaba su varita y sacaba el asunto de su cabeza. Y había utilizado mucho el relicario desde que lo recibio, mas que cualquiera de sus antepasados. Aunque, como se decía Iras continuamente, ninguna de ellas había estado enamorada del mago tenebroso mas grande del mundo ni tenia una hija con él.

Isis tenía un año, y había vivido con su madre desde su nacimiento, del cual su padre no sabía(o al menos Iras esperaba que fuera así) nada.

Iras sabía perfectamente lo que podia pasar si Tom descubría que su hija había nacido.

Estaba a punto de poner un dedo en el relicario, cuando se detuvo abrutamente. No era momento de recordar. Era tarde y debía levantarse temprano a la mañana siguiente, para el trabajo.

Entonces comenzó. Era esa punzada en el estomago que tan bien conocía. Un aviso. El aviso de un destino que debía cumplirso.

Llevada mas por instinto que por el sentido común Iras cogió una capa negra se la echó sobre los hombros, echando la capucha sobre su cabello enmarañado. Vacilando un momento cogió el relicario que había dejado sobre la cómoda y se lo colgó al cuello, escóndiendolo dentro de la camisa blanca de dormir.

Se inclinó decidida sobre la cuna y tomó en brazos a la bebé, la cual no despertó. La estrechó fuertemente contra su pecho y abrió la puerta sumida en la oscuridad.

Bajo los escalones de dos en dos, hasta llegar al descansillo, en el cual se detuvo de golpe, jadeando, atenta a los ruidos que llegaban desde la calle.

Podía escuchar gritos, golpes y llantos. Carcajadas de sempiterna alegría golpeaban el aire frío de aquella noche de halloween. El reloj de la catedral dió las doce, y los ruidos cersaron un momento, para volver luego con mas fuerza.

Iras , apesar del terror que sentía, aún encontró fuerzas para decir:

-Feliz cumpleaños a nosotras, Isis-

Esperó un momento para disipar la niebla que le inundaba los sentidos, impidiéndole pensar con claridad.

Si de verdad estaban buscándola, (de lo que no le cabía la menor duda)irían a buscarla a la casa. debía salir de allí.

Se apresuró a bajar los escalones restantes, cuidando de no hacer ruido. Una vez en el comedor, entrevió con horror, como numerosas sombras oscuras se movía por entre las persianas.

Buscó su varita desesperada en el bolsillo de su túnica , y de los nervios, ésta cayó al suelo tres veces antes de establecerse finalmente en su mano temblorosa. Se apuntó cuidadosamente el pecho y murmuró un par de palabras. Sin embargo, nada sucedio. Demonios, habían puesto hechizos anti-magia alrededor de la casa.

Sin saber que hacer, se encogio junto al umbral de la puerta, en actitud desconsolada. Ya no había remedio.

Escuchó una voz conocida desde afuera, una voz fría y aguda, pero que aún conservaba un dejo de la profundidad que antaño había poseído su propietario. Una voz que alguna vez había sido humana, tal como ella. Pero que ahora tenía un eco sobrenatural.

Sin embargo, Iras recordó perfectamente aquella voz, y hacerlo le valió un horrible temblor en el corazón, como si se estuviera preparando para dejar de latir.

Esto la decidió. No iba a quedarse allí, esperando que Tom y sus repugnantes mortífagos la asesinaran a ella y a su hija. Tenía que ser fuerte y tomar control de la situación, algo que jamás había querido hacer.

Iba a dejar el miedo de lado e iba a enfrentar a su destino, sea cual fuere. Se levantó con brusquedad, recordando justo a tiempo que aún tenía a Isis en brazos.

Corrió hacia la puerta trasera, la cual daba a un jardín lleno de maleza y árboles viejos. Vadeando entre aquella vegetación salvaje consiguió salir a la calle sin ser vista.

Un crujido y un ruido sordo de madera resquebrajada le indicaron que los mortífagos acababan de irrumpir en su casa.

Sin tiempo de lamentarse continuó corriendo calle abajo, olvidando la oscuridad que parecía enceguecerla mientra jadeaba exhausta, sin saber donde iría.

Se internó en un calejón aún más oscuro que la calle empedrada. Comprendió que los mortífagos, al ver que había escapado, buscarían inmediatamente en aquel callejon, y comenzó a buscar una salida trasera, pero todo lo que encontró fueron unos botes de basura malolientes y un par cajas mugrientas y vacías.

Mirando con más atención pdía ver un espacio vacío entre dos cubos de basura repletos hasta el borde.

Se adentró en el mar de cachureo inservible, vadeando entre los pedazos de cartón y sonrió al constatar que no era un callejón sin salida como había creído en un primer momento, sino que una larga calle principal se extendía frente a ella, como una llamado de salvación.

Corrió atodo lo que le daban las piernas, lastimandose los pies desnudos con los guijarros. Jadeando, se internó en otro callejón segura que no la encontrarían allí. No sabía cuan equivocada estaba.

Miró nerviosa por encima de su hombro, constatando que estaba sola por décima vez.

De pronto, se paró en seco, al ver una sombra oscura asomarse por una esquina del callejón. Sintió que el corazón se le paralizaba de miedo.

Retrocedió torpemente, apretando a Isis contra si.

-Iras- dijo una voz que a Iras le costó reconocer- Hace tiempo que no te veía.

El mortífago avanzó hacia ella, e Iras pudo entrever una somrisa pomposa por entre los pliegues de la capucha. Entonces, una chispa de comprensión se encendió en la mente de Iras.

-Brutus- susurró, escupiéndo el nombre como veneno.- Brutus Malfoy-

-El mismo- sonrió con hipocresía Se acercó a ella, pero esta vez Iras no retrocedió.

-Así tu eras uno de sus malditos empleados, ¿no?- dijo Iras con asco.-Tom siempre supo com manejarlos. Especialmente a tí.

Del rostro de Brutus se desdibujó sutilmente la sonrisa.

No creo que este sea el mejor momento para insultarme. Punto uno: Jamás has sido muy buena en eso, pues te hieres muy fácilmente. Punto dos: Con un movimiento de mi varita puedo traerlos a todos.

-¿Y que te lo impide?- preguntó Iras con desprecio.

Brutus se acercó tanto a ella que sus narices casi chocaban.

-Tú sabes por que- dijo acariciando suavemente su mejilla.

-Suéltame- replicó, apartandolo con brusquedad.- Y no tengo idea de lo que hablas.

-Siempre has sido ingenua, Iras. Demasiado, me atrevería a decir. Pero nunca fuiste tonta. Lo sé muy bien.

-Eres su esclavo, Brutus. Siempre lo fuiste, y lo serás por siempre. Tienes alma de sirviente.-

Brutus se irguió amenazadoramente.

-¿Así que quieres empezar? Entonces yo también juego, y te aseguró que te romperé el corazón.

Siempre has sido débil, aunque no quieras demostrarlo. Eres demasiado tímida, retraída, insegura. Y aunque no quieras decirlo, ahora mismo te preocupa estar haciendo el ridículo. Toda tu vida has estado pendiente de eso. No puede salir una sola palabra de tu boca sin que tu respiración se acelere y se te paralicen los músculos de miedo.

Sé muy bien como se te retorcían las tripas en las multitudes. En los bailes intentabas pensar en otra cosa y olvidarte de todas las torpezas que podías hacer en frente de todo el colegio.

Torpe , la gente siempre pensó que eras algo tonta. Recuerdo que todas las chicas de Slytherin solían burlarse de ti cuando pasabas, y tu pasabas con la cabeza alta, mirada altiva, pose arrogante. Mientras morías por dentro, se te desgarraba el corazón lentamente. Pero nadie lo hubiera adivinado de no haberte observado atentamente. Nadie hubiera sabido como te afectaban las burlas, los insultos, por pequeños que fueran. Nadie lo hubiera hecho de no haber adveritdo como tus ojos de oliva se ensombrecían. Como tus mejillas sonrosadas empalidecían.

No eras buena con las palabras en público, se te trababa la lengua, se te borraba el extenso vocabulario que tienes grabado en la memoria, y solías terminar las discusiones golpeando a mis compañeras con pesados libros de encantamientos. Pasando las noches castigada en las mazmorras, pensando en los insultos que te habían dirigido. El mas pequeño de ellos afectababa tu mundo.

Jamás conocí a alguien tan sensible como tú. Sufrías cuando herían a alguien. Cualquier broma amigable te dejaba pensando.

Eres orgullosa, arrogante, incomprensible, orginal. Eres diferente Iras Pollens.-

Iras sintió que ya no podía detener las lágrimas ardientes que pugnaban por salir. Y lo que mas le dolia era que todo era verdad. Cada palabra. Quiso golpearlo sin saber por que pero se contuvo.

Se volvió, de forma que encaró la pared.

-Duele ,¿verdad?- susurro Brutus acercándose aella por detrás- Duele...

-Déjame en paz. Llámalos. Llámalos. No quiero estar sola contigo.

-Te amo...- estas palabras desgarraron el mundo de Iras como un papel viejo. Debía haber escuchado mal. O se burlaba de ella. Odiaba cuando la gente hacía eso. Cuando se burlaban...

-Deja de burlarte.- Estas palabras escaparon de sus labios en contra de su voluntad. Había pretendido ignorar a Brutus, hasta que la dejara en paz.

-No me burlo- se sorprendió Brutus.-Es muy en serio.

-Déjame entenderlo- Iras lo encaró- me acabas de describir como la persona mas insoportable del universo, ¿y ahora sales con esa tontería de que me amas?

-Creo que olvidé mencionar la persona más insensible a los sentimientos de los demás, por lo que veo.-

-¡Yo no soy insensible!- se indignó Iras.

Brutus pareció arrepentirse de sus palabras pues intentó cambiar de tema.

-Ya no hay tiempo. Aún puedes echarte atrás.- Brutus la miró con fijeza.- Mi señor estrá por llegar. Muéstrate sumisa, humilde. Ponte de rodillas y ruégale.

Te perdonará. Siempre ha tenido afición por tí.

Iras lo miró como si no pudiera creer lo que oía.

-Pensé que me conocías bien, Brutus, pero , en realidad sólo ves lo mismo que mucha gente ha visto. Lo que quiere ver. Jamás me arrodillaría ante nadie, y menos ?gTom?h-siseó con énfasis, soltando una risita sarcástica.

Brutus se quedó perplejo. No había pensado que Iras se resistiría. No era el tipo de chica que replica a la gente. O al menos eso creía. Quizás Iras tenía razón. Solo conocía lo que el quería ver.

-Dame a la niña- rugió de pronto.

Los ojos verdes de Iras llamearon con una furia desconocida para el. Brutus había visto a la niña tímida, dulce, amable, que perdía el control cuando se enojaba de pronto.

Pero esta mujer decidida que se le ponía en frente era algo nuevo.

La voz de Brutus se suavizó.

-Te matará si no lohaces, Iras-

-No me importa. No voy a hacerlo solo por darle el gusto.-

-Esto no es un juego. No estamos en Hogwarts y no es una discusión. No tienes derecho de jugar con tu vida así.-

-No estoy jugando, Brutus. ¿Que demonios sucede contigo?

Con un movimiento repentino, Iras cogió la varita de Brutus, la cual descansaba inactiva en el bolsillo de su túnica. Antes de que Brutus pudiera comentar algo, Iras se la puso en la mano.

-Toma. úsala.

Brutus abrió la boca para decir algo pero Iras se vovió nuevamente a encarar la pared de piedra, y Brutus comprendió que no iba a poder sacarle una palabra más.

Casi con tristeza masculló algo entre dientes y chispas verdes salieron de su varita e iluminaron el mórbido callejón.

Casi de inmediato la multitud de mortífagos irrumpietron por las esquinas. Muy pronto Iras estuvo completamente rodeada.

Tom apareció momentos después, caminando relajadamente, con las manos en los bolsillos.

Iras no pudo menos que sonreir, ante la imagen de Lord Voldemort actuando como un chiquillo de quince años.

-¿Que te sucede?- dijo Tom, notando la sonrisa abierta y sincera de Iras.

-Te ves divertido- respondió Iras con sencillez.- A propósito, jamás escuché de un señor tenebroso que anduviera con las manos en los bolsillos, como un adolescente desgarbado.

-¡Yo no soy un adolescente desgarbado!- Se indignó Tom ante lo que provocó la hilaridad reprimida de sus seguidores, muchos de los cuales recordaban cierta noche absurda en la cámara de los secretos.

Tom también pareció recordarlo, pues recobró la compostura inusitadamente rápido.

-Supongo que sabes que me trae por aquí.-

-Supones bien- respondió Iras con frialdad.

Tom se acercó a Iras, de espalda a los mortífagos, de modo que estos no oyeran.

-¿Por que no me lo dijiste?- susurró mirando a la niña en brazos de Iras.

-¿Para que? Se perfectamente lo que hubiera ocurrido.-

-Lo que ocurrirá, querrás decir.-

Iras soltó una risita despectiva que molestó a Tom.

-¿Quien eres tú, Tom Marvolo Riddle para controlar el futuro?

-Te das cuenta que no hay escapatoria esta vez, ¿verdad?

-¿Cuantas veces te he escuchado decir eso?

Tom gruño algo ininteligible y jugueteó con su capa negra. Luego se volvió nerviosamentem hacia los mortífagos, como constatando que no se burlaran. Al mirar nuevamente a Iras, esta sonreía ampliamente. Tom decidió ignorala.

-Por favor- dijo cambiando de tono.- No hagas esto aún mas dificil.

-No creo que sea difícil para tí, idiota- dijo Iras con rabia, en un tono mas alto del que pretendía.

Tom gesticuló desesperado para que bajara la voz. Por culpa de Iras estaba perdiendo bastante respeto por parte de sus subalternos en las ocasiones importantes.

Hubo un silencio en el cual Iras miró irónicamente a Tom y las carcajadas contenidas de los mortífagos se calmaron. El ambiente volvió a sentir la pesadez de una realidad que los incluía a todos, como se había predicho hacía mucho tiempo.

Con un movimiento repentino, Tom hizo un ademán brusco al mortífago más cercano, señalando a Isis. Este se adelantó como un títere e intentó arrebatar a la niña de los brazos de Iras.

Ésta la estrechó contra sí lanzándole una mirada de amenaza al mortífago, el cual se apartó trastabillando hacia atrás, asustado.

A continuación surgió una ?g pequeña lucha?h entre Iras y tres mortífagos, quienes resultaron con golpes y mordeduras. Al fin , la niña terminó el los torpes brazos de un hombre enmascarado, que parecía temerle. Este le paso el bebé a Tom con los brazos temblorosos.

Este la observó maravillado, pasando sus largos dedos por el rostro de la pequeña, investigándola como a un juguete nuevo.

Iras rompió a llorar desconsolada, de pronto. Sentía que repentinamente el mundo se le venía abajo, que toda esperanza estaba muerta y que ya nada valía la pena. Sus sollozos convulsivos tenían tanta fuerza que los mortífagos se movieron nerviosos e incómodos dentro de sus pesadas capas.

Tom volvió su atención del bebé a Iras, observando con dolor a que punto había llegado esa chiquilla orgullosa, dejando que la vieran llorar. Fijo la mirada oscura en sus ojos verdes enrojecidos por las lágrimas tibias que bañaban sus mejillas.

Podría haber sido tan diferente. Si tan sólo ella hubiera sido menos testaruda, si no lo hubiera tomado todo como una broma. Si algo le molestaba de Iras era su inmadurez para hablar de cosas serias.

-¿Por qué, Iras?- siseó suavemente, con la voz fría llena de odio- ahora es demasiado tarde. He de cumplir la promesa que alguna vez hice...

-¡Es tu hija!- Gritó Iras furiosa, y su voz rompió el silencio abrumador que reinaba aquella noche.- ¡Mátame a mi si se te da la gana! Ya se que no tienes un maldito corazón.

-¡También te mataré a ti estúpida!- gritó Tom perdiendo la compostura.-¡Tu lo quisiste así Iras!-Prosiguió en un murmullo mas calmado.-Recuerdo perfectamente que te di la oportunidad de salvar tu vida tres veces. Y cada una de ella me despreciaste. Ahora ya es demasiado tarde. Para ambas.- Señalo, dejando a la bebé en brazos de un mortífago y remangándose.

Sacó la varita y se dirigió hacia Iras, la cual permaneció impasible, con los brazos cruzados y apoyada en la sucia pared. Un brillo en el pecho de Iras lo detuvo, movido por la curiosidad se acercó aún mas. Una cadena de oro terminaba escondiéndose en el cuello de la túnica de la chica. Sin miramientos, introdujo la mano hasta encontrar el objeto que pendía al final. Miro maravillado la luz que parecía emanar del relicario, el cual iluminaba la oscura calleja.

-¿Que es?- susurró, sin despegar la mirada de la luz mágica que se arremolinaba dentro.

-Un relicario de las memorias.- dijo Iras con voz inexpresiva- ¿Nunca oíste hablar de ellos?

Tom negó con la cabeza, con el objeto aun entre las manos.

-Es una especie de pensadero, pero mucho mas poderoso. Es reliquia familiar, y ciertamente no será tuyo.-

Tom finalmente apartó los ojos del fascinante objeto y los fijo en los de Iras con interés, olvidando que cinco segundos atrás iba a matarla.

-¿Un pensadero? ¿tienes algo dentro?

-¿Que si tengo algo?- Iras sonrió soñadoramente- Todos y cada uno de mis mas preciados recuerdos estan aquí.

Tom no dijo nada. Solo se quedo pensando en lo que Iras había dicho. Si los tenía todos, significaba que el también estaba allí. Todo.

-Que sucede?- La voz semi preocupada de Iras interrumpió sus pensamientos.- Ibas a matarme, ¿recuerdas?

Tom no contestó y entonces Iras creyó adivinar lo que le pasaba. Sonrió un momento y lo cogió suavemente por la muñeca.

-Qui...quisieras ver algo? – dijo con la voz temblorosa.

-Puedo?-preguntó Tom maravillado.

-Sólo pon un dedo en él.- Iras se concentróen uno de sus recuerdos mas queridos, mientras Tom obedecía, posando un dedo sobre el relicario.

Su primer baile.


?g Alumnos! Alumnos! Atención porfavor!

Dippet había terminado desayunar y se aprestaba a hacer un anuncio. Con distintos grados de desanimo, los alumnos dejaron sus platos y miraron desgana al director.

-Así esta mejor!- dijo alegremente el profesor Dippet, al ver que toda la atención se centraba en el.- Hay un importante anuncio por hacer, y se que muchos de ustedes lo disfrutaran.

Ante esto, muchas miradas se iluminaron.

-Debido a la gran cantidad de alumnos que han firmado para quedarse en Hogwarts, he recibido sugerencias de que lo justo es que les demos una retribución.-

Al decir esto, sonrió misteriosamente, lo que avivó aún mas la curiosidad del gran salón.

-¡Navidad!- anuncio con voz soñadora- Época de felicidad, alegria , diversión. Yo, junto a la mayoría de los profesores hemos hecho que estas palabras cobren sentido: ¡Un baile de Navidad!

El gran salón tembló con los aplausos entusiastas que llegaban de cada una de las casas.

Iras, en cambio, hundio la cabeza entre los brazos.

odiaba los bailes. Nunca había ido a uno en Hogwarts pero le daba la impresión que no serían muy diferentes de los de su anterior escuela muggle.

-Iras? que sucede?- La voz de minerva sacó a Iras de sus pensamientos.

-Odio los bailes- respondió Iras desanimada, tomando su tenedor y jugueteando con el desayuno.

-Aún no hemos tenido ninguno- apuntó Minerva.

-Los he tenido en mi antigua escuela. Son una pesadilla- La mirada de Iras se ensombreció aún mas al recordar los bailes en los que nadie la invitaba , pues la tildaban de ?grara?h.

-Pues, una prima va tres grados arriba que yo, y me contó que los bailes en Hogwarts son divertídisimos.-

-Ya oíste a Dippet- El director, luego de dar indicaciones generales había vuelto su atención al desayuno, con una sonrisa satisfecha en su rostro.-Dijo que los chicos invitan.

-¿Y que?-dijo Minerva, mientras posaba la mirada distraída en el buscador de Ravenclaw, Marcus Keller, uno de los chicos mas apuestos de Hogwarts.

-¿Y que?- repitió Iras estupefacta.- Nadie me invitará, por supuesto.

Minerva se volvió hacia ella.

-No seas tonta. ¿Por que no habrían de invitarte?- se sorprendió, mirándola con extrañeza.

-Hay chicas mil veces mas lindas que yo en Hogwarts que yo. Ningún chico querrá invitar a un espantapájaros como yo.-

Betsy O?f connel, una chica robusta de cuarto año que se hallaba sentada en el asiento del frente escuchó a Iras.

-¿Tu?- dijo incrédula- ¿un espantapájaros? ¡ Eres una de las chicas mas bonitas del colegio!

Iras miró fijamente su plato.-Por supuesto que no...- murmuró.

-Es lo que estado tratando de decirle todos estos años, pero nada le entra en esa roca dura que tiene por cabeza.- Minerva dio su opinión, mientras que dos chicas mas integraban la conversación.

Carla Holler era una bajita estudiante de tercer año, como Minerva e Iras. Génévieve Bouroi cursaba el cuarto año. Había sido transferida de Beauxbatons luego de que su padre consiguiera trabajo en el ministerio como Auror.

-Iras, deberías dejar de menospreciarte así- opinó Carla, mientras Betsy movía la cabeza con brío de arriba abajo.

-Ajá.-confirmó Génévieve, con un notable acento francés. - Sin ig mas lejos, mi hegmano Jean-Pierre esta loco pog ti.-

-¿Jean-pierre?- preguntó Iras sorprendida, sonrojándose como una amapola.

-Oui- confirmó ella.

-¿Lo ves?- dijo Minerva alegremente, dándole golpecitos de apoyo moral en el brazo.- Te dije que eras linda.

Iras se paró torpemente de la mesa. –Muchas gracias chicas, pero creo que iré a hacer los deberes.- Sin decir mas, se alejó por la puerta del gran comedor a paso rápido, dejándo a las muchachas, quienes estaban habituadas a el extraño comportamiento de iras cuando se tocaba el tema de los chicos. Generalmente salía de la habitación o ponía una mueca de desprecio ante un tema tan ?gridículo?h.

Iras salió de la habitación, entre interesada y aterrorizada de que un chico se interesara por ella. Pero no era ni remotamente el chico que a ella le interesaba. Resolvió mentalmente olvidarse del baile, ya que estaba segura de que no iba a recibir demasiadas propuestas.

Sin embargo, no pudo estar mas equivocada. Todos el santo dia se encontró con chicos con intenciones de invitarla. Chicos tartamudos, que se miraban los pies y no conseguían hablar en su presencia. Chicos con los que no había hablado en su vida se le acercaban con andares de amistad antigua. Chicos populares, que se comportaban como fanfarrones. Incluso Lucius Malfoy laarrinconó cuando entraba a Transformaciones para pedirle que fuera su pareja de baile.

A todas y cada una de las invitaciones, Iras declinó sonrojada y con aabilidad desusada.

Hasta que llegó la inesperada propuesta que ella realmente deseaba.

Tom Ryddle salió taciturno de la sala de Encantamientos, con una idea fija en la cabeza. No era amigo de los bailes. En su primer año había habido uno, y un mar de chicas insoportables de Slytherin lo habcian querido como pareja. Como todos sus amigos iban, decidió escoger a la mas tonta y la mas linda de todas. Reese Malfoy , la hermana de Brutus, era perfecta en todo sentido, exceptuando el hecho de que no tenía una neurona en la cabeza. Parecía que la frondosa cabellera rubia como el sol, las había absorbido todas.

Era hija del hombre mas rico de gran Bretaña y sus hermosos ojos azules eran expertos en detectar fallas en la ropa de las chicas con menos ingresos económicos. Como Iras vivía en un orfanato, y este no era precisamente el palacio de la moda, ella se había convertido en uno de los blancos del snobismo de la señorita Malfoy.

Pero en este baile, Tom no oensaba ni remotamente en invitar a aquella descerebrada. No, tenia la mira en un punto mucho mas alto: Iras Pollens.

Tom e Iras habían sido amigos durante tres años, lo que acarriaba mirada malintencionadas. A ninguno de llos dos les importaba mucho en realidad.

Iras impactó bruscamente con alguien delante suyo. Gruñó una disculpa y levantó la mirada para ver quien era.

-Tom- murmuró sonriendo- lo siento, no miraba por donde iba.

Tom también sonrió.

-Te estaba buscando Decidió que era el mejor momento para decirle, ya que nadie transitaba por el corredor.

Iras levantó una ceja, escéptica.

-¿A mí? ¿Para que?-

-¿Irás al baile?- Esta tergiversación de su nombre que Tom sin querer transformó en un juego de palabras, hizo reir a Iras.

-No, no lo creo- Respondió encogéndose de hombros. -¿Y tú? ¿Con quien vas? Ah, déjame adivinar: Reese Malfoy- Lo dijo como sin darle importancia, pero en realidad le dolía que Tom fuera con esa tonta.

-¿Yo?- se escandalizó Tom- ¿Ir con esa...- A continuación, califico a la distinguida señorita Reese Malfoy I como algo que hubiera hecho que la reina de Inglaterra cayera estrepitósamente de su trono real.

-¡Tom!- lo censuró Iras, contenta en el fondo de que Tom pensara eso de la chica más cruel de la escuela.

-¿Por que no vas?- dijo Tom volviéndo al punto.

Iras no respondió.

-Tienes que ir- insistió Tom.-Serías tonta si te lopierdes. Estará genial.

-No me has dicho con quien vas...- Iras estaba impaciente pr saber quien le ganaría la partida.

-Esperaba que contigo- dijo Tom casualmente, con seriedad.

A iras se le fue el corazón a la boca y por un momento pensó que las palabras no saldrían de sus labios. Tenía deseos de saltar y gritar una y mil veces: Tom quiere ir con migo!¡Tom quiere ir con migo!! Pero se contuvo, afortunadamente y en vez de eso tartamudeó.

-¿Con...con migo?-

-Si, pero si no quieres esta bien, no importa.-

-No, si...eh...-Iras luchó por no mostrar su entusiasmo.-si, da igual. Supongo que no tendré nada mejor que hacer esa noche.

Tom sonrió.

-Genial. Nos juntamos en la puertas del gran salón a las ocho!-

Diciendo así, se alejó entusiasta por una esquina, al tiempo que Iras se apoyaba suspirando en una pared cercana. Este sería seguramente el mejor baile de su vida.

La semana anterior al baile transcurrió en un clima de gran exitación. La gran noche fue el tema mas recurrente de conversación en Hogwarts, especialmente por parte de la chicas.

Minerva cumplió su sueño dorado de asistir a l baile con el guapo capitán de Ravenclaw.

El día 24 de diciembre el dormitorio de las chicas de tercer año se encontraba atestado de muchachas nerviosas que daban los últimos toques a los primorosos atuendos que habrían de lucir la noche del baile.

Iras se había encerrado en el baño para vestirse. La ponían nerviosa tanta gente preocupada del maquillaje y otras cosas inservibles.

Sin embargo, ese día Iras había tenido que tragarse todos los reparos en cuanto a maquillaje, ropa, etc...

Cuando terminó cuidadosamente de unir al peinado el último rizo rebelde que se empeñaba en escapar abrió la puerta del baño.

Todas las chicas dejaron lo que estaban haciendo y la miraron con la boca abierta.

-¿I...iras?- consiguió tartamudear Minerva, con los ojos desorbitados.

La verdad era que no se podía culparlas, Iras estaba realmente preciosa.

La túnica azul marino caia suavemente hasta sus pies, dejando al descubierto sus hombros oscuros. Había juntado cada mechón de su cabello tostado y los había atado en la coronilla, rizándolos y dejandolos caer luego hacía atrás. Ha embadurnado cada centímetro de piel descubierta , de modo que lanzara pequeños destellos con la luz. Había completado el efecto con guantes hasta los codos, y pendientes de plata pura tintineaban en sus orejas.

Las miró nerviosa.

-¿Y bien?- preguntó mirándolas con temor.

Entonces todas comenzaron a hablar a un tiempo.

-Te ves MA-RA-VI-LLO-SA-

-¡Es absolutamente perfecto!

-El color de la túnica te queda perfecto-

-¿Con quien vas?

-Si, Iras, quien es el afortunado-

-Tom, Tom Ryddle, de Slytherin.-

Las chicas la miraron extrañadas, pero enseguida, todas excepto Minerva prorrumpieron en exclamaciones de gozo.

-¡Que suerte!-

-Sí, es tan lindo-

Iras sonrió con nerviosismo y luego se dirigió a Minerva, con una mirada muy significativa.

-Creo que ya es la hora, ¿verdad, Minerva? Deberíamos bajar ya.

Minerva, quien ya estaba lista, le contestó con una mirada sombría y asintió.

Salieron en silencio de la habitación, y no se dirigeron palabra hasta salir por el agujero del retrato.

-¿Tom Ryddle, Iras?- dijo Minerva de pronto con furia reprimida- ¿Por que no me lo dijiste?

-No se- Iras se encogió de hombros mientras caminaban hasta el gran salón.- No me lo preguntaste.

Minerva chasqueó la lengua con desaprobación.

-¡Somos amigas!-

-Lo sé, Minerva-

-Prométeme que la próxima vez me lo dirás- Minerva parecía muy herida.- Nos contamos todo.

Iras se sintió culpable. En realidad no le gustaba contar sus secretos ni hacer confidencias, pero quería mucho a Minerva, a pesar que a veces fuera algo mandona.

-Lo hacemos. – confirmó Iras-¿A que hora te vas a juntar con Marcus?

Minerva miró con preocupación su reloj.

-Ahora- dijo agitada- Nos vemos adentro.

Mientras Minerva se alejabá a paso rápido, temerosa de dejar esperando al chico mas guapo de Hogwarts, Iras se dio a la tarea de buscar a Tom entre la multitud.

Lo localizó con un grupo de Slytherin, y la timidez la inundó. Simplemente no podía ir allá, con todos esos horrendos Slytherins, entre ellos, los hermanos Malfoy.

Lo temores infundados e irracionales que la golpeaban cuando era víctima de la inseguridad le dieron de lleno en el corazón.

De pronto tomo una desición. Debía de darle vergüenza. Por algo era una Gryffindor.

Se dirigió con paso rápido al grupo. Cuando la vieron acercarse la mayoría le envió miradas poco amigables. A Tom se le iluminó la cara al verla llegar.

-Linda túnica, Pollens- dijo la voz melindrosa de Reese en cuanto la vió, con el sarcasmo palpable.

Los ojos de Iras se humedecieron al ver las miradas que reese intercambiaba con una chica gorda de Slytherin, a quien la túnica de gala sentaba como a un gorila le queda un tutu rosa.

-Gracias- consiguió decir, animada por este pensamiento, y dispuesta a conservar su dignidad intacta.

Reese la miró con desprecio.

-Creo que la vi en la tienda de ropa usada en Hogsmeade, ¿verdad? Debe haber ido una ganga- Los Slytherins estallaron en crueles carcajadas e Iras pensó que el corazón se le iba a partir de la verguenza.- Pero, no te culpo, querida, quiero decir , viviendo en ese horrible orfanato.

Tom se adelantó.

-Escucha, idiota, no porque te haya rechazado, eso te da derecho a insultar a mi pareja de baile, ¿me oyes? No es su culpa que seas una miserable patética que tiene que comprar una pareja.

Se hiso el silencio y todos miraron a Reese inquisidoramente.

-¡Y no lo compré!- Se había puesto roja, por lo que no combinaba nada bien con su túnica verde sapo, y agitaba los brazos como si le estuviera dando un ataque- Darcy fue conmigo por mis atributos personales.

Muy a pesar suyo, a Iras se le escapó una carcajada ante lo ridículo del espectáculo.

-Y esos atributos personales incluían los seiscientos galeones, ¿verdad?- replicó Tom sin perder la calma.-Vamos Iras.

Tom la tomó del brazo y tiró de ella para alejarse de la discusión, pero ella lo detuvo, y volivendose hacia Reese, la cual aún estaba muy roja, gritó:

-Ah, si se me olvidaba, Reese. Hablando de orfanatos, no podía recordar donde había visto tu costosa y elegante trúnica antes, enconces me dí cuenta.

Es exactamente igual al trapo viejo que utilizabamos para refregar los retretes. ¡Adiós!

Diciendo esto caminó junto a Tom hasta que perdieron al grupo de vista.

-¿Y que fue eso?- dijo Tom, aludiendo al último comentario dirigido a Reese.

Iras se encogió de hombros.

-Me estaba comenzando a enfadar-

Antes de que Tom pudiera responder las puertas del gran comedor se abrieron de par en par, dejando a la vista una hermosa decoración navideña. Los estudiantes entraron en masa y muy entusiasmados a la sala. Pequeñas measas redodas para dos y cuatro personas se esparcían por todo el comedor, dando el aspecto de un restaurant.

-¿Que te parece si tomamos una de estas?- dijo Tom señalando una mesa doble.

-Genial- dijo Iras, luego agregó tristemente, recordando el incidente- No tengo ganas de sentarme con tus amiguitos de Slytherin.

-No les hagas caso, son unos idiotas.- la animó Tom, pero Iras seguía sonrojada por el comentario de Reese.

-Por que son así con migo?- preguntó, repentinamente entristecida, mientras se sentaban.

-Reese te tiene envidia- aseguró Tom, mientras examinaba asustado los diez cubiertos que había para cada uno sobre la mesa.

-¿Envidia?- Se asombró Iras, mirándolo con los ojos muy abiertos.- ¿De mí? ¿Por que?

Tom sonrió picarescamente.

-Porque le dije que eramos novios-

Iras se escandalizó.

-¿Que tu que?- se horrizó- Pero....¡pero eso no es verdad!

-Vamos, no es para tanto- dijo Tom despreocupadamente- ¿Y para que son tantos cubiertos?

Iras rió disimuladamente para no herir los sentimientos de Tom.

-Solo comienza de afuera hacia dentro.-

La mesa de profesores se hallaba encabezada por Dippet, que llevaba una sobria túnica de terciopelo negro. Cuando todo el mundo se hubo sentado, el se puso de pie ceremoniosamente.

-Alumnos y profesores- anunció Dippet sonriendo.- Les doy la bienvenida a esta noche maravillosa.

Como se que todos han asistido deseando tener una buena velada, yo en conjunto con los profesores hemos preparado varias sorpresas para después de la sana, que puedo asegurar serán de su agrado.

-¿Te imaginas que viniera Ella Fitzgerald?- Le dijo Tom con voz extasiada.

-Es imposible. Además, ella es muggle- Iras susiró con pesimismo

Tom pareció horrorizarse.

-¡¿Ella Fitzgerald una...una muggle?! ¡Estas loca! Ella es sangre pura. Lo que sucede es que es famosa en ambos mundos.

-Ya veo.- dijo Iras desinteresada por el asunto- Aún así, ¿crees que una cantante como ella vendría ?gaquí?h?

-Es Hogwarts Iras- replicó Tom en el tono que se emplea para explicar algo evidente.- Cualquier cantante muere por venir aquí. Incluso Ella.

-Pongan atención, ahora- Prosiguió Dippet etusiasmado – Como habrán notado, cada mesa cuenta con dos menús. Lo único que deben hacer es poner el dedo sobre lo que quieran comer, y la comida aprecerá en su plato.

Diciendo esto, se sentó comfortablemente en su silla aterciopelada y apuntó en su menú lo que deseaba para cenar.

Iras observó su minuta con interés, buscando algo que fuera de su agrado. Al fin murmuró el nombre de un pavo asado y espió disimuladamente a Tom, el cual había pedido chuletas de carnero y parcía tener problemas en decidir cual cubierto era el mas adecuado.

Al ver la expresión de vergonzosa confusión de su acompañante, Iras le alcanzó un tenedor grande y se lu puso amablemente en la mano. Tom se sonrojó furiosamente y murmuró ?ggracias?h mientras comenzaba sus chuletas.

-De nada- dijo Iras con una sonrisa de comprensión.- Y recuerda, de fuera hacia dentro-

-¿Y desde cuando sabes tantas cosas?- Preguntó Tom algo fastidiado.

-Que el orfanato no sea una escuela de señoritas, no significa que no tenga modales, Tom- explicó Iras con una sonrisa misteriosa.

Terminaron la cena en silencio, con Iras alargándole a Tom los cubiertos correctos. Cuando todos estuvieron satisfechos, la elegante platería quedó tan reluciente como antes, y Dippet se puso nuevamente de pie.

-Ahora estudiantes- dijo simplemente- ¡La sorpresa!

La velas bajaron la intensidad y el gran salón quedó en la penumbra. Todo el mundo compartió murmullos emocionados mientras las mesas y sillas desparcían y se desplazaban a los costados del gran salón, dejando a los estudiantes de pie.

Luces se encendieron en el frente de la sala, dejando a la vista un escenario impresionante, puesto allí por arte de magia. La pesadas cortinas púrpura se abrieron lentamente, para crear un ambiente de suspenso(y lo consiguieron).

Entonces, todos los esppectadores contuvieron el aliento. ¡Ella Fitzgerald se encontraba sobre el escenario! Iras por poco se cae de la impresión de ver a su ídola tan cerca.

-No puedo creerlo. Es ella!-jadeó emocionada.

-Te lo dije- contestó Tom, muy satisfecho de sí mismo.

En ese momento la mujer sobre el escenario, comenzó a cantar una canción lenta, que Iras siguió acompasando el ritmo con el pie.

Isn't it romantic?

Music in the night, a dream that can be heard.

Isn't it romantic?

-Vamos- dijo Tom de pronto tomándola de un brazo.

-¿A donde?- Preguntó Iras confundida.

Tom puso los ojos en blanco.

-Iras, es un baile. Adivina que hacemos aquí...-

Iras se horrorizó.

-Pe...pero, yo no puedo, yo-

-¿Por que no?-

-Yo...yo no se...-Las palabras no le salían, simplemente no podía.

Tom sonrió indulgente.

-Oh, vamos, yo tampoco. Además está oscuro y prometo no gritar si me pisas. –

Iras, ante esto, no pudo menos que sonreír.

-Si lo prometes, esta bien-

Con al corazón latiéndole a ritmo desusado, Iras avanzó a la pista de baile del brazo de Tom, mientras recibían miradas asesinas de parte de Reese Malfoy, lo que alegró profundamente a Iras.

Podía no ser pretenciosa, pero Iras era humana, de modo que para lograr un mayor efecto en los nervios de la señorita Reese Malfoy, se apegó aún mas al brazo de Tom.

Moving shadows write the oldest magic word.

I hear the breezes playing in the trees above

While all the world is saying you were meant for love.

Isn't it romantic

Cuando Tom le pasó el brazo por la cintura, Iras pensó que el corazón se le iba a salir por la boca. Viendo que Iras no reaccionaba, le tomó los brazos los puso alrededor de su cuello.

Comenzaron a moverse lentamente al ritmo de la música, olvidándose de todo lo que existía su alrededor, incluso Reese.

Merely to be young on such a night as this?

Isn't it romantic?

Every note that's sung is like a lover's kiss.

Afortunadamente, Iras no pisó a Tom ni una vez, y este la corregía con paciencia cada vez que daba la vuelta para el otro lado. Minutos después cada uno se acostumbró al ritmo del otro, y se bailaron como uno solo.

Sweet symbols in the moonlight,

Do you mean that I will fall in love perchance?

Isn't it romance?

-No bailas nada mal- susurró Tom en su oído.

-Mentiroso- rió Iras- Lo haces sólo para que me sienta mejor.

-Bueno, en realidad sí- reconoció Tom, ayudándola en un paso especialmente difícil- Pero casi me crees, ¿no?

Sweet symbols in the moonlight,

Do you mean that I will fall in love perchance?

Isn't it romantic?

Isn't it romance?

Repentinamente, Iras casi sin pensarlo , apoyó la cabeza en hombro de Tom. Este se sorprendió de sobremanera, pero no comentó nada. La canción finalizó y Iras levantó la cabeza sobresaltada. Murmuró un ?hlo siento?h mirando el suelo.

-No te preocupes. Si prometes hacerlo en la próxima canción , te perdono.

-Tom!- Lo reprendió la chica, fingiendo estar enojada y dándole un golpe juguetón en el brazo.

-Hey, cuidado nena- replicó Tom siguiéndole el juego- Si me rompes el brazo, no podremos bailar la próxima pieza. Mira ya comienza.

Literalmente la arrastró a la pista mientras la famosa cantante comenzaba otra canción, igualmente lenta que la anterior.

Everytime we say goodbye, I die a little,

Everytime we say goodbye, I wonder why a little,

Why the Gods above me, who must be in the know.

Iras, al igual que la última vez, apoyó tímidamente la cabeza en el hombro de Tom. De pronto, guiada por un sexto sentido algo le dijo que Tom la miraba con fijeza y levanto la cabeza.

Think so little of me, they allow you to go.

When you're near, there's such an air of spring about it,

I can hear a lark somewhere, begin to sing about it,

Estaba en lo correcto. Él la miraba fijamente.

-¿Que sucede?- Preguntó Iras algo somnolienta.

Tom no contestó. La miraba tan de cerca que podía sentir su respiración descompasada.

There's no love song finer, but how strange the change from major to

minor,

Everytime we say goodbye

Iras no repitió la pregunta. De alguna manera intuía que no debía romper ese silencio sagrado.

De modo que siguieron bailando, sin romper el contacto visual. Apenas escuchando la música.

Entonces Tom comenzó a acercar su rostro al de ella lentamente.

When you're near, there's such an air of spring about it,

I can hear a lark somewhere, begin to sing about it,

Iras se sorprendió pero no movió la cara, la cual se hallaba en ese entonces a escasos milímetros.

Un giro inesperado del paso de baile los separó momentáneamente, pero eso no impidió que Tom los devolviera hábilmente a su posición precedente.

Sus narices chocaban y sus labios estaban a punto de tocarse.

There's no love song finer, but how strange the change from major to

minor,

Everytime we say goodbye.

La música terminó abruptamente con un acorde agudo y se separaron avergonzados y sobresaltados.

-Deberíamos volver a la mesa, ¿no?- sugirió Iras sin mirar a Tom a los ojos.

-Si- susurró este dirigiéndose a paso rápido a la mesa.

-Maldita canción- masculló entre dientes antes de sentarse pesadamente.


La imagen se disolvió borrosamente y el callejón lleno de Mortífagos volvió a materializarse.

Tom aún sostenía el relicario, mirando al vacío, y una mirada aguda habría podido descubrir la sospechosa humedad de sus ojos.

Con un hábil movimiento de muñeca, Iras se lo arrebató bruscamente, pero Tom no se inmutó.

De pronto la miró a los ojos :

-No sabía que era tan importante para ti- Dijo con la voz entrecortada.

-Pues ahora sabes que lo fue- respondió ella con frialdad.

-Te veías realmente hermosa aquella noche- susurró, ante las miradas atónitas de los Mortífagos.

-¿Es eso relevante en este momento?- Preguntó Iras con voz glacial.

Tom pareció volver a pisar la realidad que lo rodeaba, horrible y sórdidamente oscura por lo demás.

-No, no realmente- Y por un momento iras volvió a notar el alma de Lord Voldemort detrás de esa mirada.- Al asunto entonces.

Isis lloraba en brazos de un Mortífago, y Tom se remangó con energía, sacando la varita.

-Ya ves que Lord Voldemort es capaz de controlar su destino- dijo con una horrible mueca en los labios.

Iras perdió el control.

-¡Me das asco!- sollozó con rabia. Tom no perdió la calma. Se acercó a ella esbozando una horrible sonrisa.

-Yo también te amo, cariño- Dijo con ironía, y la sumió en un largo beso forzado. Iras pudo ver, entre la multitud de capas negras, que Brutus se estremecía imperceptiblemente. La gracia arrancó las carcajadas alegres de los Mortífagos, quienes rieron como hienas.

-La profecía se cumplirá de todas maneras, Tom-dijo desdeñosamente, limpiandose la boca con desprecio- Yo soy dueña de mi destino, pero tu no puedes cambiar el tuyo.

-eso ya lo veremos,- dijo con una horrible sonrisa- Adiós.

¡Avada Kedabra! -Las horribles palabras resonaron en el aire de la noche en la calleja de Londres e Iras cayó sin proferir un grito. El relicario colgó de su cuello inerte, a la vista de todos.

En un movimiento inesperado, Tom se inclinó sobre el cuerpo inerte de Iras y susurró en su oído:

-Te amaba, pero debes comprender, debes comprender que debía ser así. Es el destino, Iras. Lo sabes. Tú lo quisiste.- Posó su mano sobre el rostro sin vida y le cerró la mirada verde por siempre.

Luego se puso de pie y le pidió en silencio la niña al Mortífago. La examinó con una sonrisa triste en los labios.

-Tom!-Se escuchó una voz detrás de el.-¡Dame a la niña!

Este se incorporó con tranquilidad y vió a Albus Dumbledore parado tras él.

-Dumbledore-dijo con desprecio.-Que agradable sorpresa.

-Tom, tus hombres huyeron-dijo Dumbledore con calma.-estas solo ahora,¿ quieres darme a la niña?-

Tom se volvió para ver que lo que Dumbledore habia dicho era verdad y que no tenia la mas minima posibilidad.

-Ganaste esta vez Dumbledore, pero aún falta mucho camino por recorrer-y dirigiendo una última mirada a Iras, desapareció.

Dumbledore se quedo parado a la mitad delcallejon con la niña en brazos unos segundos y luego se acercó al cuerpo sin vida de Iras.

-Adiós, Iras. Tu parte del camino ha terminado- Cogió el relicario con delicadeza ,lo colgó en el cuello de Isis y con un raudo movimiento de su capa, desapareció.