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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 7
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Capitulo 7
** En el Orfanato **
'Cause there's no one left to finger
there's no one here to blame
there's no one left to talk to honey
and there ain't no one to buy our innocence
'Cause we are born innocent
believe me Adia, we are still innocent
it's easy, we all falter
does it matter?
Minerva Mcgonagall parpadeó con fuerza y se acomodó las gafas de montura cuadrada. Algo definitivamente andaba mal. Pues...¿podría ser que el director hubiera considerado tal cosa? Algo tan imprudente. Como si no pudiera creerlo, las mujer miró nuevamente el pergamino. El nombre brillaba en el registro, claramente, no daba lugar a dudas de quien se trataba.
Hesitó un momento antes de coger una vasija de porcelana cerca de la ventana. Sacó un puñado de polvillos brillantes como la plata y los arrojó al fuego que ardía lentamente en la chimenea. Casi de inmediato el bondadoso rostro de Albus Dumbledore apareció entre las llamas.
-¿Deseas algo Minerva?- Preguntó sonriendo bajo su espesa barba plateada.
-Ciertamente, Albus- Replicó la profesora Mcgonnagal con los labios apretados.- Me parece que hay un error en el libro de registros.
El director frunció el entrecejo extrañado.-¿Un error? Sabes que eso no es posible, minerva, el libro jamás se equivoca, lo sabes bien.
-Lee el nombre que aparece aquí, Albus...-
Hubo un momento de polvareda roja en la habitación, y el tenso moño de la profesora se cubrió de cenizas en cuanto el director salió girando del fuego y aterrizó en el suelo del despacho. Leyó la parte que el dedo de la mujer indicaba con seriedad.
-¿Lo ve?- El tono de la profesora expresaba satisfacción.
-Veo perfectamente Minerva, aun no he tenido la desgracia de quedar completamente ciego. –
-Entonces comprenderá que es completamente imprudente que esta niña sea aceptada en Hogwarts.-
-Minerva, me avergüenzo sinceramente de tu comportamiento, espero que no habrás realmente pretendido que esa muchacha quedara sin educación por culpa de el ?
-Sólo me preocupo por la seguridad de los alumnos.- La profesora se había arrepentido de inmediato de sus intenciones, y se sonrojó furiosamente, sin que esto cambiara la severa expresión de su rostro.
-Te aseguro, Minerva, que los alumnos no corren peligro alguno. Y estoy seguro de que tendrás especial cuidado en que esta carta llegue a su dueña.
El Profesor desapareció tan repentinamente dejando a la profesora Mcgonagall aún con el entrecejo fruncido y un trozo de pergamino en la mano.
-Dios- murmuró sentándose desesperanzado en su lúgubre sillón con orejas.-Este será un año muy movido.
No sabía cuanta razón tenía...
***
Isis caminó lentamente por el patio de cemento, cuidando no pisar las ranuras, contando los cuadraditos, las hojas, la gente. Era su juego secreto. Le agradaba contar las cosas, lo que fuera. Y matemáticas era su peor clase. Apenas una B -. Y Isis era una de las primeras de la clase. Una sabelotodo arrogante. Si, eso era. Y ero solo culpa suya, tenía que serlo. Pero, ¿Y ellos? Tan estúpidos. Tan...ridículos, no los soportaba. Ellos la habían rechazado a ella, ¿por que debía compadecerlos por ser inferiores?
Miró a un grupo que jugaba alegremente un partido de Voleibol. Que estupidez, el gusto de pegarle a una pelotita. A ella no la habían aceptado en el equipo, por tener reflejos atroces, pero a ella le había importado un comino.¿verdad?
Sintió un dolor quemante en la cara. La pelota la había golpeado. Escuchó risas y unas pocas voces provenientes de las chicas, susurrando a los chicos para que no se rieran. Como si no las escuchara. Que fueran a otra parte a hacer sus estúpidas obras de caridad. La pelota rebotó y fue a dar al otro lado de la cerca. Las risas se convirtieron en bufidos de indignación. Jason Grand, el líder del grupo de idiotas se acercó a ella con su paso desgarbado.
-¿Eh Pollens, te ha dolido?-
Se rió como idiota, y los demás le hicieron coro. Isis sintió que el peso del dolor de toda una vida se le agolpaba en los ojos, y que esa tontería dolorosa tendría el poder de hacerla llorar.
-Vete a la mierda, Grand- Los demás rieron aún mas fuerte.
Cegada por la ira, Isis lo golpeó en el estómago tan fuerte, que el grandulón cayó el piso gimiendo de dolor. Las risas se detuvieron, y el grupo se acercó preocupado a ver como estaba Jason.
Algunas de las chicas lloraban.
-Eres una bestia Pollens-
-Podrías haberlo matado-
-El empezó...- Intentó decir Isis, pero las palabras no le salían.-
Grand estaba dando el espectáculo de su vida, y alentado por la atención que atraía comenzó a llorar mas fuerte. Isis solo pudo mirarlo con desprecio. Detestaba ver llorar a la gente.
Un profesor se acercó a ver que había causado el alboroto y al ver a el chico tirado en el césped se puso muy pálido.
-¿Que sucedió?- Preguntó preocupado.
-Pollens lo golpeó de adrede, señor- dijo melosa una chica rubia muy bonita.
-Gracias señorita Spencer.- Sin preguntarle nada a Isis la agarró bruscamente de un brazo y tironeó de ella hasta llegar a su despacho.
-Jason la empezó, señor Griffin-
-Eso no importa, señorita Pollens quien lo haya empezado, el caso es que usted lo golpeó.¿Sabe que usted pudo haberlo matado?-
Isis lo miró con las cejas levantadas.¿No estaba exagerando el patético tipejo ese? ¿Matarlo? Pero, vamos...
-Y si da igual quien lo empezó, por que no lo castiga a él también?.
El señor Griffin obviamente no supo que contestar, por lo que se calló y cambió de tema.
-El punto, Pollens, es que en este internado(si, claro, infierno estaría mejor...) educamos se-ño-ri-tas.
-Me lo imagino.-Isis hablaba con toda la seriedad que era posible tener a los once años. El profesor no notó el sarcasmo.
-Y usted no se ha portado como una...-finalizó el profesor.
-Señor Griffin- replicó Isis- si a usted le llegará de pronto una pesada pelota de voleibol en la cara, y el culpable, en vez de disculparse se riera de usted en su cara, ¿Qué haría?
El señor Griffin se revolvió incómodo en el asiento y se pasó un dedo húmedo por el estrecho cuello de la camisa.
-Bueno, primero que nada iría a buscar a un profesor a contarle de lo sucedido.
-Entonces- Contestó Isis tranquilamente, mirándolo a los ojos- Usted, además de marica, sería un soplón.
El rumor certero de que Isis Pollens había llamado marica al profesor Griffin dio la vuelta al orfanato y le valió a Isis una semana de fama, además de otra de castigos y diez varillazos dados en la palma de su mano por el propio profesor.
Sin embargo, su vida no mejoró en lo absoluto. Ciertamente tenía amigas. Bastantes. Pero las sentía vacías lejanas, se había alejado de ellas. No las soportaba. No soportaba sus conversaciones vulgares ni sus risitas tontas. Se sentía hundida en un mundo tan incorregiblemente aburrido que bordeaba lo grosero.
Y entonces se sentaba a mirar pasar la gente. Y a soñar. Soñar con que algún día, en algún momento, alguien , cualquiera le diría que no era sólo una niñita lista fundida en un lugar al cual no pertenecía ni remotamente. Y el pensar que eso no era verdad, hacía que los ojos se le humedecieran. Pero no lloraba. Ella no lloraba, jamás.
¿Entonces, donde estaba ese maldito alguien? ¿Porque no llegaba? Había tomado una hacía bastante tiempo ya. Si ese alguien no aparecía para sacarla de allí en un año más, se iría ella misma. Y no solo de la institución...
Fue un día cualquiera. Nada presagiaba que iba a perder la paciencia de un momento a otro. Nadie parecía darse cuenta de que nadie podía aguantar tanto tiempo. Que explotaría de un momento a otro. Pero a pesar de ser tan inesperado , ocurrió.
Había sido fácil provocarlo. Sólo unos once años acumulando dolor en el corazón, y una gota que rebalsara el vaso habían bastado.
Y esa gota fue Jason Grand.
El día amaneció soleado y caluroso cuando Isis Pollens se rindió al fin. Todos esperaban que la campana sonara al fin. Una monja arrugada se paseaba de un lado a otro del salón, parloteando sobre la revolución industrial. Nadie podía realmente poner atención. Isis observó distraída el vuelo de una mosca, que terminó posándose en la ventana.
Sintió que algo la golpeaba en la parte trasera de la cabeza. Se volvió enojada y vio como Jason Grand intentaba disimular(muy mal ^^) el hecho de que había sido el. Murmuró un : déjame en paz imbécil y se volvió a observar a Sor Irene(esta va para ti ire ^^)- Nuevamente un papelito, esta vez de mayor tamaño, la golpeó.
¡DÉJAME. EN. PAZ!
La clase se quedó silenciosa y poco a poco fue estallando en risitas estúpidas.
El apuntador de Sor Irene restalló como un látigo sobre el pupitre de Isis. Sus ojos como leche acuosa la miraron severamente.
-¿Le importaría explicarme por que demonios grita usted?
-Jason me está molestando.
-¿Es eso verdad?- preguntó, dirigiéndose a Jason.
Jason puso su mejor cara de angelito seductor, y sor Irene cayó como mosca.
-¿Yo? ¿Pero, Isis, amiga, por que dices algo así?
Isis enrojeció de rabia, y se atragantó con todas las palabras que pugnaban por escapar.
Sor Irene ni siquiera se molestó en comprobar la versión de Jason. Le creía a ciegas.
-Dos paginas de tarea extra por mentir, Srta. Pollens.
Esto era tan injusto que Isis sin darse cuenta, se levantó del pupitre, aún incapaz de decir palabra.
-Siéntese!- chilló la mujer enfurecida
-He dicho la verdad.
-Me parece haberle dicho que se siente.
La clase quedó súbitamente silenciosa, todos los ojos estaban fijos en Isis.
-Dije la verdad.-Repitió ella con calma.
-Vaya a la oficina del directo, señorita Pollens, está en un serio problema.
De pronto pareció que la furia que estaba dentro de Isis llegaba a sus ojos. Todo su ser irradiaba puro fuego.
El salón comenzó a temblar.
La clase ahogó un grito. Todo se detuvo, Isis había desviado la vista hacia la ventana, donde un golpeteo la distrajo.
Afuera había una lechuza parda, con una carta de pergamino atada a la pata.