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Harry Potter y la Heredera del Destino — capítulo 8

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Capitulo 8

I'll be there for you...

When the rain starts to pour

I'll be there for you...

Like I've been there before

I'll be there for you...

'Cause you're there for me too.

2 de Agosto de 1970

Dormitorio de las chicas

1ºer año

Querido....¿Pedazo de pergamino viejo?:

Se que esto es una niñería. Lily me dijo en broma que sólo las bebés mantienen un diario de vida. Bueno, quizás soy una bebé después de todo. Además esto no es un diario de vida. Como lo demuestra el encabezado, esto es solo un trozo de pergamino arrugado que encontré por ahí. Y que será quemado en cuanto acabe. Debe ser muy fácil para ella. Lily, quiero decir. Siempre estuvo acostumbrada a sonreír. Pero esto es algo nuevo para mi, así que es mi obligación comenzar este diario si no quiero que mi alma explote de acontecimientos.

Porque tengo que contarle lo que siento a alguien, yo soy así. Pero me cuesta mucho confiarme a mis nuevos amigos. Sé que ni Arabella ni Lily me traicionarían jamás, pero soy reservada por naturaleza. Y también extremadamente insegura. Supongo que inconscientemente pienso en ellas como seres algo superiores por el momento, y me sería imposible molestarlas con mis tonterías.

Con mis tonterías de chavala de once años.

Y quiero comenzar por el principio. Lo necesito así.

Todo comenzó con aquella carta misteriosa escrita con tinta verde esmeralda que llegó con la lechuza parda a mi salón de la escuela Muggle.( aquí les llaman Muggles a la personas no mágicas). Me quedé mucho rato con la vista fija en la carta, si siquiera poder leer las letras. Me atraía la vista magnéticamente. Era algo que emanaba del pergamino.

Cuando terminé de leer, todos habían salido ya corriendo. No podía pensar, tenía la mente en blanco. Estaba sola, parada como una boba en el salón, leyendo una y otra vez la carta.

Lo siguiente que recuerdo es estar parada a la mitad de una estación de trenes, tratando de arrastrar un baúl gigantesco. Acto seguido tengo el recuerdo de rostros, que jamás olvidaré aunque viva mil años. Dos chicos se me acercaron y me preguntaron entre sonrisas risueñas si necesitaba ayuda. Uno de ellos tenia el cabello negro azabache y llevaba anteojos. Se me hizo un nudo en el estómago cuando lo miré a los ojos. Aún recuerdo esa sensación de no poder hacer nada mas que mirarlo. El otro chico siempre reía sin motivo, y tenia los ojos asombrosamente claros. Se presentaron como James Potter y Sirius Black respectivamente. James Potter...

?g ¿Necesitas ayuda con eso guapa?, el muchacho de los ojos claros sonrió con calidez. Isis los miró insegura. Era la primero vez que unos chicos le hablaban de esa manera. Y además no podía quitar la vista del chico moreno, con gafas. Asintió con la cabeza, y un ligero rubor coloreó sus mejillas.

Permíteme, dijo, soy James Potter.-Tomó el baúl del asa que aún sostenía Isis, rozándole ligeramente su mano. Un escalofrío muy agradable le recorrió la espina dorsal.

El otro muchacho se adelantó con presteza y esbozó una sonrisa seductora.

-Y yo soy Sirius Black Primero-

Juntos llevaron el baúl hasta uno de los vagones.

El chico con gafas le preguntó si conocía a alguien. Isis respondió que no.

-Entonces ven a sentarte con nosotros.

Isis balbuceó algo, pero con tanto nerviosismo que ellos no escucharon.

-Que?

Entonces algo se abrió dentro de Isis. No fue algo premeditado. Quizás solo fueron todos esos años de miedo a ser ella misma en la institución que de pronto renacieron dentro de un nuevo espíritu. Quiso decir lo que pensaba, dejar de ser una niña tímida y balbuceante.

-Si- dijo sonriendo ampliamente-Por supuesto que voy con vosotros. Soy Isis.

Pero no quiero hablar de James, prefiero no hacerlo. No decir ni siquiera aquí lo que siento por el. Por que... se que no tengo ni la más mínima oportunidad. No quiero hablar mas de eso.

Me invitaron a su compartimiento. No recuerdo lo que pensé en ese momento. Solo se que estaba inundada por un neblina de felicidad. Sin embargo, aún conservo en la memoria cada detalle del vagón. No estaba vacío.

Esa fue la primera vez que vi a Lily. Sentada en uno de los asientos mirando por la ventanilla. El cabello rojo brillaba furiosamente los reflejos del sol. Le sonrió.

-Esta es Lily- dijo Sirius sonriente.- La acabamos de conocer-.

Lily se levantó y me dio la mano. Yo apenas podía hablar. Ahora que lo pienso los magos me parecieron dioses en ese momento. Era algo, que salía de ellos, como una luz. Algo que yo también tenía. Y en ese momento me sentía como ellos. Insuflada de algo más que carne y hueso. No podría explicarlo aquí, lo siento. Bastará con decir que me sentí dentro del grupo.

Me saludó con calidez, y me dijo que me sentara. Hablamos de muchísimas cosas, las que no recuerdo. Sólo recuerdo su rostro, como iluminado.

Los chicos salieron un momento del vagón y quedé sola con Lily. La felicidad que me embargaba era demasiado abrumadora para soportarla. Murmuré una disculpa y salí del vagón.

Isis cerró la puerta del vagón con cuidado. La sonrisa no dejaba su rostro. Estaba allí, como sujetada. Caminó paseando por los vagones repletos, con gente riendo. Matizaba su humor perfectamente. Se detuvo frente a un vagón con la puerta entreabierta. No había ruidos allí. Respiró hondo y abrió.

Dentro se encontraba sentado un chico de su edad, el cual, abstraído como estaba mirando por la ventana, no había advertido su presencia. Su sentido común le indicó que lo mejor sería cerrar la puerta en silencio y dejar a aquel solitario. Pero no pudo. Cuando Isis lo pensó luego en años venideros nunca supo por que, pero creyó que si hubiera intentado dar media vuelta y marcharse, una fuerza desconocida la hubiera impulsado hacia dentro.

Se acerco hacia el. Su cabello castaño claro, era lo único que podía distinguir con claridad. Su rostro se hallaba vuelto hacia otro lado.

-Hola- dijo Isis tímidamente. No se le ocurría nada más. Estaba hablando prácticamente con un perfecto extraño. Pero, sin embargo, ella sentía como si lo conociera toda la vida.

El muchacho se volvió y la miró con una mirada apagada. Isis no pudo dejar de notar que era guapo, a pesar del color ceniciento de su piel y sus oscuras ojeras. Muy pronto sus pálidas mejillas se tiñeron de un suave rubor al observar a Isis.

Ella avanzó lentamente hacía el asiento, y se sentó junto a él.

-Hola- su voz era un susurro apagado. Isis no sabía que demonios hacía allí, que le sucedía. No tenía nada que decirle, sin embargo, ambos sentían que no había nada que decir.

-Soy Isis.- Le tendió una mano seriamente .El chico la tomó.

-Remus Lupin-

No le soltaba la mano. Ella lo miró, y este deslizó su mano fuera del enlace, aún mas sonrojado que antes.

Recorrí los vagones con interés, Lily me agobiaba. Había una puerta entreabierta y entré. Sería extraño intentar explicar por que entré. No tenía nada que hacer allí. Dentro había un chico, mirando por la ventana. No advirtió mi presencia hasta que me senté a su lado. Una vez mas, no recuerdo de que hablamos. Sólo recuerdo que yo le di la mano y que tardó muchísimo en soltármela. Me dijo que se llamaba Remus. Dicen que la gente sólo recuerda lo que es importante. Bueno, supongo que la conversación con Lily y Remus no fue importante para mi. Me preocupaba mas de esa sensación de luz que salía de ellos. Como...como si yo tuviera el poder de sentir su alma.

Le propuse a Remus acompañarme a mi vagón. Dentro estaban Sirius, Lily y James y dos chicos que yo no conocía.

-Arabella- Una chica rubia y menuda se me acercó como flotando y me tendió una mano regordeta que estreché. El otro muchacho era pequeño , bajo, y pálido. Algo de aquel chico no me agradó. Era Peter. Hay algo extraño acerca de Peter. Algo...culpable. Pero no voy a hablar de eso. Probablemente sólo esté siendo injusta por que...por que no es tan guapo como los demás. Debe ser eso. Me siento horrible.

Arabella es la alegría en persona. Y diez veces más. Tiene el cabello maravillosamente rubio y los ojos brillantes.

Bueno, que más puedo decir, se hace tarde. Llegamos a Hogwarts. No quiero siquiera intentar describir lo que sentía cuando vi que mis mas fantásticos e igualmente imposibles sueños se hacían realidad cuando vi el castillo iluminado por miles de pequeñas lucecitas. Aunque pasó sólo hace unas semanas, repito que todos esos recuerdos están envueltos en niebla. El gran salón...tampoco eso lo olvidaré jamás. Miles de velas flotando, por los aires, bajo una cielo estrellado encantado. Creo que jamás sentí la magia con tanta intensidad.

-Que te sucede? Estás palidísima.

James la tomó por el antebrazo, lo que hizo que temblara violentamente. El hecho de que la tocara le producía una sensación quemante.

Quizás se había emocionado demasiado a la vista del gran salón. Era tan...tan mágico. Pero no había manera de explicárselo a James.

-Estoy bien, gracias.

Estaban en la fila de nerviosos alumnos de primero. Una profesora de rostro severo había abierto las puertas del Gran comedor y ante sus ojos se posó la visión mas hermosa de su vida. Cientos de velas blancas flotando en el aire bajo el cielo estrellado.

-Los alumnos de primero por aquí, por favor!-

Se llamaba profesora Mcgonnagal y llevaba bastante en el colegio. Llevaba el cabello atado en un apretado rodete , y gafas de montura cuadrada. Isis pudo ver como desaparecía en una de las esquinas del salón y aparecía segundos después, cargando con un banquillo pequeño y un sombrero. Isis jamás supo si fue solo una ilusión a la tenue luz de las velas, o si la Profesora realmente la miró de manera extraña, por debajo del ala de su sombrero puntiagudo.

El sombrero que la profesora había traído era realmente extraño. Extremadamente viejo y raído. Isis Se estaba preguntando para que diablos querrían en ese hermoso lugar un sombrero mugriento, cuando una ranura se abrió a un lado del sombrero y comenzó a cantar. Jamás pudo recordar ni una palabra de la canción del sombrero. Sólo recodaba que había bebido cada letra embelesada.

La profesora Mcgonnagal desenrolló el pergamino y comenzó a leer los nombres, uno por uno lo alumnos mencionados fueron pasando al estrado, pálidos y verdosos.

A medida que la gente pasaba, el nudo en el estómago de Isis se apretaba más y mas.

-Pollens, Isis!-

Se sentó en la banquilla y se encasquetó el sombrero, el cual le tapó la vista.

-Otra Pollens, eh?

Esa voz...sonaba dentro de su cabeza.

No contestó nada.

-Eres muda mental o que?

El sombrero se rió de su propio chiste.

-Lo siento...-se disculpó Isis- jamás había hablado antes con un sombrero.

-Eso suele suceder.-razonó el sombrero.- Ahora...sabes por que estas aquí?

-La profesora Mcgonnagal dijo algo de unas casas y la selección.

-Bien, en resumen, tengo que mandarte a la casa que mejor marque tu personalidad y aptitudes.

-...-

-Es muy interesante. Vosotras las Pollens siempre han sido una problema para la selección.

-Inteligencia no falta, pero...presiento que necesitas algo mas que Ravenclaw. Con ese orgullo y arrogancia debería mandarte derechito a Slytherin. Sin embargo, hay algo...algo que te haría inmensamente infeliz en Slytherin. Eres muy honesta, pero los Hufflepuffs te aburrirían. Y veamos esa valentía...Tienes bravía en el corazón. Lo se... Entonces serás:

-GRYFFINDOR!!!

El sombrero nos colocó en Gryffindor. La mejor casa...

A veces...a veces siento mucho miedo. Miedo de que todo esto sea un maravilloso sueño, y que de un momento a otro despierte para encontrarme durmiendo en mi camastro del orfanato. Cuando pienso en ello...lo siento tan lejano, como una vida pasada. Como si ya no fuera parte de mi pasado. Y sólo existiera este presente. Mi realidad.

Y pienso en ellos. En Lily, en Remus, en Arabella, en Sirius, incluso en Peter, y en James...Y se que ellos piensan en mi. Son verdaderos amigos. Para siempre. Y aunque sólo tenga once años, sé que los amigos de Hogwarts son para siempre. Esa es la verdadera magia de este lugar. Que tus amigos son tus verdaderos amigos. Y...daría mi vida por ellos...


-¿Que haces Isis? ¡Es tardísimo!.

Lily bajó las escaleras del dormitorio de las chicas ciñéndose la bata mas al cuerpo.

-Sólo terminaba unos deberes de transformaciones atrasados.-

Isis le sonrió al tiempo que arrugaba el pergamino en que había estado escribiendo y lo echaba al fuego que crepitaba alegremente en la chimenea.

-Oh, si...no los he hecho aún. Supongo que los haré mañana. Ah! Se me olvidaba. ¿Recuerdas ese chiquillo molesto que se llamaba Snape. El que me puso una araña en el jugo de calabaza ayer? James y Sirius quieren vengarse. Mañana nos explicarán el plan. Quieren que nosotras los ayudaremos.

-Oh, si por supuesto.

Juntas subieron los escalones, caminando lentamente en la penumbra.

De pronto, Lily se volvió hacia ella.

  • ¿No te parece increíble que ya llevemos un mes en el colegio? Me pasa algo tan extraño, no puedo dejar de sonreír, es como si algo se inflara en mi interior. Supongo que es sólo mi cambio de vida, tan brusco. Pero no me hagas caso, son sólo tonterías.

-Se exactamente lo que quieres decir- contestó Isis, internándose en la oscuridad del dormitorio de las chicas de primer año.