Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Amores Cruzados · de

Amores Cruzados — capítulo 27

Hola gente! ¿como estan? ps espero que muy bien. Muchisimas gracias por los rews en el anterior capitulo...espero que les guste este....esta algo...suave, pero ps....jejeje, ójala sea de su agrado.....nos estamos leyendo :P cuidense!!! Besos Emma.

27

Adiós, Hermione

II parte

This time, this place, misused, mistakes**Too long, too late, who was I to make you wait Just one chance, just one breath Just in case there's just one left 'Cause you know, you know, you know …

I love you, I've loved you all along**I miss you, been far away for far too long

*I keep dreaming you'll be with me and you'll never goStop breathing if I don't see you anymore-*Far Away-Nickelback

¡Gracias a dios llegaste! - Exclamó el pelirrojo al ver a la rubia frente a la puerta - Harry me esta volviendo loco, sólo grita el nombre de Hermione como si así la fuese a convocar - Luna susurró algo entre dientes pero el pelirrojo la ignoro, pues se comenzaba a preocupar por la salud mental de su amigo.

  • ¿Crees que tanto alcohol le están afectando el cerebro o algo?

  • No soy neuróloga, pero sé que un nivel alto de alcohol debilita las neuronas, pero no es para que se vuelva loco - y entrando en la sala junto con Ron, suspiró. Odiaba lidiar con borrachos, ya había tenido suficiente en una época en que su padre se había convertido en un borracho empedernido porque su amadanovia lo había abandonado meses antes de casarse, como para repetir con Harry.

  • ¿No has intentado tirarle un balde de agua bien fría?

  • ¿Y eso no es para los calenturientos? - preguntó Ron un poco confundido. Luna se rió a lo bajo y volvió a suspirar.

  • Traje un remedio que le servía a…me han dicho que es muy bueno - se corrigió al instante, al darse cuenta que iba a revelar el oscuro pasado de su padre - Tráeme un vaso con agua de limón y un balde.

  • ¿Para que el balde?

  • ¿Quieres acaso ser tu el que reciba el vomito de Harry? - Ron arqueó las cejas y recordó aquella vez en que Hermione había salvadoen una ocasión al moreno de su favoritismo por el whisky y negó con la cabeza. No quería volver a repetir la experiencia.

Cuando Ron se fue a la cocina, Luna se arrodilló al lado de Harry y lo miro con ternura.

  • Harry, Harry, Harry, sabes muy bien que este no es el camino correcto para escaparte de la realidad, tienes que enfrentarla.

  • Her…Hermione…

*-*Sí, se que la extrañas pero…tienes que seguir adelante…

  • Yo…te amo…

  • Lo sé, pero con esta actitud nada ganas, sólo te estas comportando como un adicto al alcohol. Si…Hermione te viera te daría una buena reprimenda.

  • Her…mione…- Luna suspiró. Se mordió la lengua para no hablar de más y se incorporo del suelo cuando Ron hubo llegado con el vaso y el balde.

  • Tu eres el encargado del balde, si no tienes buenos reflejos la preciosa alfombra se manchara de los desperdicios de Harry - le comentó su rubia amiga con una picara sonrisa. Ron rodeó los ojos y Luna tuvo que esconder una escueta sonrisa que se dibujaba en la comisura de sus labios.

Sacó del bolso un pequeño frasco blanco y tomando el vaso con agua de limón le vertió tres pequeñas gotas del fresco, lo agito cinco veces y como pudo se lo dio de beber a Harry. En esos momentos Ron sintió que estaba teniendo un pequeño dejà vù.

Una hora después de darle el brebaje a Harry, entre los dos se lo llevaron a la cama para que descansara.

  • Gracias, Luna, te juro que estaba desesperado con él así - le confesó Ron. La rubia sonrió.

  • No te preocupes, Harry es mi amigo y se que la partida de…Hermionepues…fue algo fuerte- y desvió la mirada al suelo.

Ron asintió.

  • Sí. ¿Tú sabes a donde se fue? - Luna se mojo los labios y carraspeo la garganta.

  • Eh…no, no…ella no me dijo nada - el pecoso volvió asentir.

  • Ojala esto se le pase pronto - y miro de soslayo a su amigo, el cual se estaba diciendo incoherencias entre dormido.

  • Bueno Ron, yo me voy. Estoy muy cansada y mañana tengo una entrevista de trabajo, a si que…

  • ¿Te vas? ¿Tan pronto? Yo pensé que podríamos…no sé, ir a cenar o algo - la rubia negó.

  • No, Ron, enserio, gracias pero…estoy muy cansada. Lo dejamos para después ¿te parece? - y dándole un beso en la mejilla, bajo por las escaleras y se perdió de vista.


Colocándose su gabardina para soportar los gélidos vientos que comenzaban a soplar alrededor de las montañas de Escocia, bajó por las escaleras y salió del castillo porque ya se le estaba haciendo tarde para ir a cenar.

Unos ojos inquisidores observaron con desdén a aquel individuó hasta que desapareció por el camino que conducía al pueblo…

¿Entonces Hermione se fue a Francia? - le preguntaba Kimberley al castaño una vez terminaron de cenar. Shaoran asintió.

  • Y… ¿no la piensas buscar después de que…bueno…perpetúes lo que sea que tengas en mente?

  • ¿Y abandonar a una mujer como tú? ¡Kim, no soy tonto, en serio!- la mujer se encogió de hombros y sus mejillas se tornaron rojas. Shaoran rió a lo bajo.

  • Mañana necesito que me hagas un favor - le pidió el castaño como quien no quiere la cosa. La chica asintió.

  • Claro, ¿de que se trata?

  • Quiero que vayas a la pensión North Soul en las afueras de Londres, preguntes por John Stevens y le entregues esto - dijo, extendiéndole un sobre color mate.Kimberley lo miro con intriga, pero antes de que pudiera abrir la boca el castaño la interrumpió.

  • No preguntes, sólo le dices que es importante y que se lo envió yo. Ah…y procura no hacerle preguntas estúpidas, ¿entendido? - la mujer asintió como una autómata y aun con intriga por el sobre, se lo guardo en el bolsillo de su gabardina.

Li Shaoran sonrió para sus adentros. Lo que más odiaba, aparte de no conseguir lo que se proponía, era que otros se entrometieran en sus asuntos, eso era algo que lo sacaba de quicio….


A la mañana siguiente Kimberley salió a eso de las siete de la mañana hacia una pensión ubicada en la ciudad de Ashford, en el condado de Kent, a 50 km de Londres. Tenía mucha curiosidad por saber qué contenía el sobre, pero le había prometido a Shaoran que no lo abriría, además sabía que de una u otra forma él se enteraría si lo hiciese, así que prefirió resguardar su pellejo.

Llegó a Ashford a las 8:30, después de preguntar por la pensión North Soul, tomó un taxi y se dirigió a ésta.

Una vez le indico al taxista donde la tenía que llevar, el hombre de 50 años la miro el retrovisor y arrugo el ceño.

  • Perdone mi intromisión, señorita, pero… ¿usted no está demasiado joven como para ir a ese lugar? - Kimberley levanto el entrecejo y negó con la cabeza.

  • No entiendo a qué se refiere, señor - le dijo. El taxista suspiro.

  • Bueno, es que…no he escuchado muy buenas referencias de ese lugar, la mayoría de los habitantes en Ashford creen que en esa pensión residen delincuentes y…bueno, gente del bajo mundo, ¿comprende?

  • Ahora entiendo porque esas señoras me miraron tan mal cuando le pregunte a un transeúnte sobre la pensión - comentó la joven a lo bajo. El taxista asintió.

  • Yo no la juzgo a usted ni nada por el estilo, pero…si va hacer algo ahí es mejor que lo haga rápido o que mejor mande a otra persona porque…también se dice que viven violadores ahí y pues…ya se imaginara lo que una mujer tan bonita como usted le hace a la progesterona de esos vándalos.

Kimberley se abrocho hasta el último botón de su blusa y amarrándose mejor la gabardina, le sonrió con timidez.

  • Gracias por advertirme, señor, es usted muy amable - giraron a la izquierda y se adentraron en un barrio no muy agradable. La ojiclara suspiro y se preguntó una vez más si había sido buena idea dejar a su prometido y haber regresado con Shaoran.

  • Creo que ya no hay tiempo para arrepentimientos, Baxter.

  • Mucha suerte, señorita - le deseo el viejo taxista con una vaga sonrisa. Kim se la devolvió, pero antes de que se marchara el taxista le entrego algo envuelto en un pañuelo rojo.

  • Úsela sólo si es necesario - Kimberley supuso que era un arma, pero al recibirla no la sintió como tal.

  • ¿Esto es una…?

  • Navaja, perteneció a mi padre. Igual consérvela para cualquier cosa - y sonriéndole por última vez, acelero y desapareció al virar a la derecha.

La pensión North Soul en su interior tampoco dejaba mucho que desear en comparación con su fachada, pues esta era el reflejo de lo que les esperaba a las persona dentro: una pequeña sala abastecida por una sola fuente de luz pegada en el techo,se encontraba rodeada por unas cuantas butacas y un sofá raído a causa de la mugre. El brillo de la madera de suelo estaba ausente al igual que la pulcritud en el ventanal que se encontraba atrás del raido sofá.

Las paredes, que en tiempos de antaño eran de color blanco hueso, ahora presentaban una tonalidad entre verdosa y grisosa, y los grafitis que algunos inquilinos habían escrito con espray negro, le daban un toque un tanto vandalestico al lugar, que de por si era lúgubre debido a la poca luz que entraba por el sucio ventanal.

Cuando se entraba, a unos palmos de la casi caídapuerta, se encontraba la *recepción,*que comprendía de una mesa mediana cuya madera se había quemado en tiempos de antaño y su propietario en un vano intento de arreglarla le había aplicado un barniz chocolate sobre las quemaduras para disimularlas. Detrás de la mesa quemada se encontraba un anaquel desgastado con pequeñas divisiones que contenían cada una varias llaves viejasy uno que otro insecto.

Para Kimberley Baxter aquel escenario no era nada alentador, pues se había criado en una familia donde la pulcritud era mucho más importante que la decencia (pues de ella se generaba lo otro) y un solo objeto mugriento en la casa era sinónimo de desaseo y, según su madre, aquel dueño de ese objeto no merecía apellidarse Baxter.

Cuando pequeña aquellos pensamientos le parecían algo…exagerados, pues no pensaba que alguien pudiera ser tan…desaseado, pero ahora lo estaba viviendo en carne propia.

Se acerco con temor y un poco de asco a la recepción y carraspeó suavemente para que el hombre-de unos cuarenta y tantos, aproximadamente-le prestara atención. El hombre, de cabellera azabache (apunto de caerse debido al poco cuidado que le daba) ojos grises y una boca torcida, la miro, no a los ojos (como era costumbre) si no primero a sus piernas y luego fue ascendiendo hasta detenerse en sus senos (los cuales se encontraban cubiertos gracias a la advertencia del taxista) y se mojó los labios con avidez.

  • ¿Puedo servirle en algo…señorita?- Kimberley se intimido un poco por su expresión, pero carraspeando fuertemente tomó aire y dijo:

  • Busco a un hombre. Se llama John Stevens - el hombre de aspecto gordo y mirada lasciva negó. Y diciendo una cosa algo así como *ese perro sí que es afortunado,*se retiro de la recepción y abriendo una puerta que había al lado del viejo anaquel, se perdió de vista.

Kimberley miro a ambos lados y mordiéndose el labio, espero…


Harry se levantó con una resaca de los mil demonios. Odiaba eso, pero aún así seguía tomando.

Incorporándose como pudo de la cama, se metió al baño y con ropa y todo abrió la ducha y se mojó. El agua fría le recordó el porque estaba así y la imagen de su querida castaña se dibujo de nuevo en su mente.

  • Cuanto te extraño - dijo a lo bajo y se sentó sobre el piso mojado a pensar.

  • Stevens dice que te espera en su habitación. Es la número 13 - le dijo aquel hombre con avidez. Kimberley asintió y se acerco a la puerta donde hace unos minutos había desaparecido el dueño de la pensión y antes de abrirla sintió, una vez más, la lasciva mirada del propietario.

Subió por unas estrechas escaleras hasta el segundo piso (el cual era igual o peor que la recepción) y comenzó a caminar a paso veloz por el pasillo, pues lo último que deseaba era toparse con un hombre de malas intenciones.

  • Espero que Stevens no sea uno de esos - se dijo para si misma buscando la puerta número 13.

Al llegar, toco en ella, y para su sorpresa la recibió un hombre muy bien parecido: vestido con un traje de sastre color gris, una camisa blanca y zapatos negros, John Stevens le sonrió, al tiempo que sus ojos azules daban un brillo especial.

  • Te equivocaste de habitación, ¿verdad? - le preguntó el hombre con una voz muy sensual. Baxter dedujo que tenía más o menostreinta años.

  • ¿John Stevens?

  • Sí.

  • Eh…vengo hablar con usted - el hombre alzo las cejas y soltó una pequeña carcajada.

  • Creo que sí te equivocaste de habitación - volvió a repetir el hombre con gracia.

  • ¿Por qué lo dice?

Bueno…pues…la verdad es que no conozco a la primera dama de compañíaque primero quiera hablar conmigo antes de…- Kimberley abrió los ojos como platos y tapándose la boca con ambas manos, negó con la cabeza.

  • ¿Usted cree que yo…? ¿Cree que yo soy una…cualquiera?- le preguntó la joven con indignación. Stevens abrió los ojos y negando con la cabeza, dijo:

No…bueno…es que Topo me dijo que una londinense me necesitaba y…pues creía que…

  • ¿Era una puta?

  • No me malinterprete, señorita…

  • Baxter, Kimberley Baxter - Stevens asintió.

  • Señorita Baxter…es solo que, bueno…cuando jóvenes de Londres me visitan pues por lo general son…

  • Sí, sí, lo comprendo, no se preocupe - y carraspeó con molestia. ¿Es que acaso tenía cara de zorra o algo parecido? ¿Cómo ese rufián se atrevía a pensar que era una…?

  • Vengo por parte de Li Shaoran, no se si lo conoce.

  • ¿Shaoran? - repitió el hombre sin dar crédito a sus palabras.

  • ¿Li Shaoran? ¿El mismo Shaoran que ha sido manager de famosas modelos?

  • Sí, ese…

  • WOW, hace tiempo no sabía nada de el desde que…- y prefirió omitir detalles.

  • Ven, pasa, que aquí hay muchos…curiososque les gusta escuchar conversaciones ajenas - Kimberley dudo si hacerlo o no, pues se imaginaba su habitación peor que toda la pensión junta. Stevens pareció leerle la mente.

  • No te preocupes, es mucho más limpia que esta pocilga.

Y era verdad, la habitación de John Stevens era mucho mejor que la pensión donde vivía y se preguntó que diablos hacía un hombre como ese en North Soul.

  • Larga historia - le dijo, leyéndole de nuevo el pensamiento.

  • ¿Eres vidente o algo por estilo? - John negó.

  • No, sólo sé leer las miradas de las personas - y le guiño un ojo. La invito a que tomara asiento y luego de ofrecerle un vaso de whisky, le preguntó sobre la vida de Shaoran.

  • El esta bien…pero…podemos llegar rápido al tema del sobre, ¿por favor?

  • Veo que te quieres ir de aquí lo antes posible - Baxter asintió.

  • De acuerdo, aunque me encantaría que te quedaras más tiempo pero se que North Soul no es un lugar apropiado para tener una conversación amena - y le volvió a guiñar el ojo. La joven se ruborizo por su actitud y sacando de su bolsillo el sobre color mate, se lo entregó.

John lo miró con recelo, pero luego lo abrió y sacó de él lo que parecía una carta muy corta escrita por Shaoran y un pedazo que al parecer habían rasgado de un periódico.

Stevens sólo se limito a dar un leve Hmmm, luego se incorporó de la mesa y tomando un pedazo de papel con un lápiz, escribió unas cuantas palabras y lo metió en el mismo sobre.

  • Dile que en un mes tendrá noticias y que confié en mi trabajo, como siempre - le volvió a entregar el sobre y la miro con codicia.

  • Espero verte pronto…- Kimberley le sonrió. En su interior ella también deseaba lo mismo.


  • Y… ¿cómo te fue? - le preguntó Shaoran cuando hubo llegado a la casa. Kimberley agachó la mirada para ocultar que en todo el camino de regreso había estado pensando en John Stevens. Pero la risita de Li le hizo pensar que sabía lo que ocurría.

  • ¿Te entrego algo? - fue lo único que le pregunto para su suerte.

  • Sí - le confirmó extendiéndole el sobre. Shaoran lo tomó y sacando el papel que Stevens había escrito, asintió.

  • Y ¿te gusto el lugar? - Kimberley abrió los ojos como platos y negó con la cabeza.

  • ¿Quién en su sano juicio le gustaría North Soul? ¡Es una pensión para locos!

  • Pero no creo que pienses eso de John Stevens, ¿o si?

  • la pregunta la descoloco un poco, quería ser sincera pero conociendo a Shaoran era mejor mentirle.

  • ¡El es igual o más demente que los demás inquilinos! Porque mira que vivir ahí…- y guardó silencio al recordar su perfecta indumentaria y su endemoniada sonrisa.

Shaoran la observo con desdén y riendo a lo bajo se acercó su cuerpo y rodeo su cintura con sus manos.

  • Sólo espero, por tu bien, que no te haya gustado - y mordiéndole el lóbulo de su oreja, tocó sus pezones por encima de la gabardina que aún no se había quitado. Kimberley se mordió el labio y echando su cabeza hacía atrás la apoyó en el hombre de su novio.

  • Cuanto necesitaba esto - le dijo en un susurró, comenzando a perder el aliento.

  • Y yo…- y sus manos, desesperadas, arrancaron la gabardina de su dueña seguida de su blusa, que no había corrido con mayor suerte…


  • ¿Y Hermione se encuentra bien? - le preguntaba Helen a su madre cuando ésta había ido el Lunes a informarla de los últimos sucesos.

  • Sí, afortunadamente.

  • Y… ¿Harry cómo esta? - Martina sonrió. No había dudas de que su hija seguía amando a Harry.

  • Sí, amor, el se encuentra bien. Sabes que es un hombre fuerte y supera las crisis.

  • Pero no cuando se trata de Hermione - y miro instintivamente el retrato que reposaba sobre la mesita de centro. Su madre siguió su mirada y suspiró: la foto que contenía el retrato era de un viaje a Italia que habían hecho juntos mucho antes de entablar una relación formal. No sabía porque amaba esa foto, pero comprendía el gran amor que Helen sentía por Harry.

  • Mamá, ¿Y sarita cómo lo tomó? - Martina desvió su mirada al suelo y mordiéndose el labio, suspiró.

  • Cuando fui al hospital le dije que me acompañara, pero se negó rotundamente. Ya sabes como es de testaruda - Helen negó con la cabeza y sólo pensó en Harry.

  • Me imagino que Harry debió sentirse muy mal.

  • Sí, pero él sabe que ella es así y no quiere presionarla. Además se siente culpable porque, según él, fue quien provoco el casisuicidio de Hermione - Helen enarco una ceja.

  • ¿Por qué lo dices? ¿El te lo dijo? - Martina se encogió de hombros.

  • Sí, después de que me contó todo por lo que él y Hermione han pasado. ¡Helen, no sabes el sufrimiento tan grande que han tenido! ¡Nunca han podido ser felices y el destino siempre se empeña con ellos! - su hija rodó los ojos con exasperación y levantándose del sofá como un resorte, entró a la cocina. Su madre la siguió preocupada por su reacción.

  • Hija, ¿qué ocurre? ¿Pasa algo? ¿Por qué ese cambio tan brusco? - Helen no contestó, pero Martina pudo notar como su hija apretada fuertemente las manos contra el borde del lavaplatos y se mordía el labio inferior con intensidad.

  • ¡Helen, por dios! ¿Qué te ocurre? ¡Pensaría que estas apunto de tener un ataque de cólera! - y tras decir aquello, su hija exploto como nunca antes la había visto.

  • ¡Lo que pasa mamá es que estoy cansada, cansadade tener que ver Harry sufrir por una estúpida que no se lo merece, que lo único que a hecho es hacerse la mártir para hacerlo sentir mal! ¡Estoy cansada que todos digan pobrecita Hermione, ella a sufrido mucho, pobrecito los dos…no pueden ser felices!¡Estoy harta, mamá, harta! - y sin poderlo soportar un minuto más sus lagrimas hicieron acto de presencia. Al igual que la vez en que desnudo sus sentimientos frente a Harry, las lagrimas fueron cayendo con fuerza de sus ojos, resbalando lentamente por sus mejillas y terminando en su sostén.

  • ¡Estoy cansada mamá, cansada! Cuando conocí a Harry lo único que deseaba era ser la mujer idónea para el, la mujer que pudiese hacer olvidarla…que sólo de esa castaña de ojos chocolates quedara el recuerdo, pero…ella siempre estuvo en la mente de Harry, ni cuando estábamos juntos la podía sacar de la cabeza, era como una invasora entre nosotros, esa tercera persona que impedía un avance en nuestra relación…te juro que yo no quiero odiarla…la verdad es que no la odio, como se lo dije una vez a Harry, pero…me da rabia como el se comporta cuando esta con ella; pierde todo su fuerza y se deja dominar por…lo que sea que ejerza Hermione Granger sobre él…- y se echó a llorar a lagrima viva sobre el mesón, agarrando con fuerza su borde para no perder la poca cordura que aún tenía y caer por completo en el cólera.

Su madre nunca la había visto en ese estado, es más, desde la separación jamás habían abordado el tema, pues su hija era siempre tan reservada.

  • Hija, yo…no sabía que te sentías así, perdóname.

  • No tengo nada que perdonarte, mamá…sólo es que me da rabia por todo lo que a hecho Hermione con Harry y…con él mismo, él no es quien para echarse la culpa del casisuicidio de ella, si ella quiso atentar contra su vida él no tiene que ver en eso.

  • Pero entiende que Harry la ama y todo lo que le pase pues…el primer culpable que encuentra es él y no puedes juzgarlo por eso - Helen seguía apretando un fuerza el borde del mesón. No lo soportaba, estaba literalmente cansadade todo eso. Ella amaba a Harry y no aguantaba verlo sufrir, ni mucho menos por una mujer que no valía pena.

*"Tengo que hablar con él"*se dijo en su fuero interno, limpiándose con presteza las lagrimas de su rostro.

Su madre la vio acicalarse un poco para después servirse un vaso con agua y beberlo de un solo sorbo.

  • ¿Estás bien?

  • Voy a estar mejor cuando hable con el - le dijo la rubia con determinación, saliendo de la cocina y tomando la gabardina que había dejado sobre el sofá.

  • ¿Hablar con Harry? No creo que eso sea buena idea, ni mucho menos en el estado en que estás - Helen le hizo caso omiso a su madre y acomodándose la gabardina tomó el bolso del perchero.

  • Cierra la puerta cuando salgas, mamá - y sin decir nada más tomó un taxi para que la llevara a las empresas Ownes.


Había pasado dos días desde la huida-porque así lo consideraba-de Hermione y no había probado de nuevo un solo trago, bueno…tan literal no era, pero por lo menos no había sido necesario molestar a Luna en la madrugada para que lo sacara de la laguna de las otras veces. No podía negar que la extrañaba-*y horrores-*pero tenía que vivir con la realidad: el no había nacido para ser feliz-y aunque sonara muy depresivo-era la verdad, si Hermione huyo de su lado fue por algo y se había prometido a si mismo no buscarla, pues la ultima vez que lo hizo había terminado como estaba ahorita.

  • ¡*Señorita, no puede entrar sin una cita previa! -*le escuchó gritar a su secretaria desde el pasillo. Harry se preguntó a quién le estaría gritando, pero no tuvo que esperar más, pues cuando Helen apareció en su oficina alegando con su secretaria todo quedo explicado.

  • ¿Helen?

  • ¡Señor Potter, que pena con usted, pero es que esta señorita insistió en entrar y cuando iba a llamar a seguridad ya había escapado! ¡Es una escurridiza!

  • ¡Escurridiza tu madre! - le grito la rubia con ímpetu. Cuando el moreno se percato que Rosie-la secretaria-iba a contestar, la detuvo.

  • Está bien, Rosie, no hay problema, ella es una gran amiga y puede verme sin una cita previa - Rosie observó atónica a su jefe y después miro con desaire a la rubia. Helen le esbozo una sonrisa triunfal y Rosie no tuvo más remedio que ofrecer disculpas y salir de la oficina.

  • La próxima vez tienes que fijarte bien a quien contratas - le sugirió la joven - ¿Y qué paso con esta niña Alice? ¡Me caía tan bien!

  • Bueno ella se fue a vivir México, sus padres son nativos de ahí y pues…

  • Entiendo - Harry le sonrió y se cruzo de brazo.

  • ¡Genial! Pero yo no entiendo qué haces aquí ¿me podrías explicar? - Helen se encogió de hombros y se mordió el labio.

  • Bueno pues…- no sabía cómo empezar - Quise venir a verte, saber cómo estás, cómo andan las cosas por Ownes y todo eso - Harry le sonrió y Helen hizo acopió de todo su autocontrol para no tirarse en plancha a zamparle un beso.

  • Bueno, creo que llegaste a buena hora, son las doce y estaba apunto de ir a almorzar, ¿me acompañas? - la rubia esbozo una amplia sonrisa.

  • ¿Cómo en los viejos tiempos? - comentó, sin poder contenerse. Harry guardo silencio pero después asintió.

  • Como en los viejos tiempos…

El pelirrojo no comentó nada al verlo salir con su antigua novia, pues sabía la crisispor la que estaba pasando gracias a Hermione y deseo por un momento que fuese Helen que lo sacase de ese abismo en el que había caído…

  • Gracias, Harry, esto esta delicioso - le decía la rubia mientras comía sus raviolis en salsa. Harry sonrió de medio lado, no podía negar que su visita inesperada le estaba sentando bien, pero aún así no podía olvidar a su pequeña castaña.

*¿Dónde estarás?*Se preguntó en su fuero interno mientras terminaba su porción de espárragos con pollo.

  • Y ¿cómo va todo? - le preguntó la joven cuando hubieron terminado el almuerzo. Harry tomó su último sorbo de coca-cola y limpiándose la boca con una servilleta, desvió la mirada al suelo.

  • Tu madre te contó, ¿verdad? - Helen quería negarlo, pues lo había visto tan tranquilo durante el almuerzo que no quería dañarle el día, pero supuestamente había ido a verlo para jalarle las orejas y decirle de una vez por todas que se olvidara de una mujer que lo único que ha hecho es hacerlo sufrir. Pero al cruzar su mirada con aquel verde esmeralda supo de inmediato que no le podría mentir, pues él lo sabría.

  • Sí - admitió, encogiéndose de hombros. El moreno suspiró y miro por el vidrio del ventanal que estaba a su lado: el invierno se acercaba cada vez más.

  • Hermione se fue - le dijo como quien no quiere la cosa, tragando saliva al instante. Helen abrió los ojos como platos y lo miro atónica.

Entonces no era lo que creíapensó la rubia un poco avergonzada.

  • ¿Para siempre? - Harry asintió. Aquel enfrentamiento con la verdad le dolió de sobremanera, pues desde hacía dos días había tratado de ignorarla y decirse a sí mismo-en una parte muy recóndita de su pecho-que ella volvería, que esa separación no sería para siempre…pero él sabía que era definitiva y que ella no iba hacer nada al respecto para recuperarlo o por lo menos recuperar a su hija.

  • ¿Cuándo se fue? - le pregunto la rubia algo preocupada, no por ella, claro, si no por él.

  • Hace dos días. Cuando la fui a visitar al hospital sólo…encontré una carta - y se toco instintivamente el bolsillo de su gabardina.

  • ¿La conservas todavía? - inquirió la joven Thomas mirando con recelo el bolsillo. El ojiverde asintió.

  • Sí, conservar una cosa que sólo te produce daño es muy tonto, ¿verdad? - Helen quería darle la razón, pero supuso que estaba demasiado afligido como para soportar regaños, así que sólo opto por asentir.

  • Quieres… ¿leerla? - No sabía porque le había propuesto aquello-ni tampoco la rubia, pues la había tomado por sorpresa-

  • Pues si quieres - sin decir nada más sacó la arrugada carta del bolsillo y se la entrego. Por su estado Helen supuso que la había leído más de 10 veces y que aquellas arrugas era causa de la impotencia y que los manchones en algunos párrafos fueron causados seguramente por algunas cuantas lágrimas.

  • No son mías - le aclaro el moreno al ver la expresión interesada en su rostro por la caligrafía. Aquello a Helen le dio un sopor de desazón, pues esperaba que aquello hubiese sido producido por las lagrimas de él y no de ella, pues así tendría un motivo para odiarla, pero cada vez se convencía-para su pesar-de que la castaña era buena y que realmente amaba a Harry…sólo que…no sabía cómo manejarlo.

*"¿acaso la estas justificando?"*le espetó una vocecilla en su interior llena de reproche. "No olvides que fue ella quien se robo a tu hombre. Harry es tuyo por derecho, porque ella hace años lo perdió"

  • ¿No vas a leerla? - le preguntó el moreno al ver que se había quedado ensimismada mirando al vació. Helen pegó un respingo y asintió.

  • Ajá, claro. La carta comenzaba con un Querido Harry…

Querido Harry:

Te escribo esto porque lo último que deseo es que pienses que te volví hacer lo mismo que la otra vez, que te deje sin nada y sin saber si estaba bien o no. También lo hago por mí, porque sé que no estaría tranquila al saber que me estarías buscando por mar y tierra preocupado por mi bienestar.

Como debes suponer, me voy, me voy de Londres, lejos de ti y lejos de todo lo que tenga que ver contigo. Como te dije en nuestra conversación hace unas semanas, no puedo estar cerca de ti porque me haces daño. Porque nos hacemos daño.

Tú siempre te has preocupado por otras personas-aunque tu digas lo contrario-siempre me has dejado a un lado y has preferido pelear solo para no tenerme contigo, y la verdad es que ya no lo soporto.

No puedo seguir a tu lado después de todo lo que ha pasado, no puedo seguir al lado de alguien que en lo único que piensa es en él y no en los demás, no en mi bienestar.

Estar junto a ti me hace daño y a ti también, lo sabes. Nosotros nunca vamos a ponernos de acuerdo en nada, porque cada uno tiene diversos intereses y en cierta forma ambos pensamos individualmente, no en el felicidad del otro; todo esto lo comprobamos con nuestra hija, cuando tu no respetaste mi decisión de esperar a que llegara el momento y decirle toda la verdad.

Créeme que me duele mucho alejarme de ti, pero es lo más sensato para ambos. Ya me canse de pelear por algo que ya no vale la pena, Sarah ya tomó su decisión y voy a respetarla aunque me duela; yo la amo mucho como para hacerla sufrir y por ende me voy. Pero no te digo lo mismo a ti, pues ya sin mí en el camino supongo que te aceptara, porque a ti si te quiere, en cambio a mi me aborrece.

Sólo espero que seas feliz Harry, que yo tratare de serlo.

Un abrazo,

Hermione.

Helen termino de leer la carta y pensó por un momento que estaba en un mal sueño, que se encontraba en una pesadilla. Hermione no era santa de su devoción y tampoco la conocía muy bien como para alzar falsos testimonios en su contra, pero…lo poco que pudo apreciar de ella cuando iba a la casa era la de una mujer fuerte, luchadora, que no se dejaba amedrentar por nada, pero las palabras escritas en aquella escueta carta decía todo lo contrario.

"Ya se me canse de pelear por algo que ya no vale la pena" volvió a leer… ¿por algo que ya no valía la pena? Se pregunto en su interior…¿es que sarita es tan poca cosa para ella?

  • No entiendo - dijo la rubia indignada, entregándole la carta al moreno - ¿No entiendo porqué lo hizo…porque tomó esa decisión? Yo…cuando tú me contaste sentí celos porque percibí a Hermione como una mujer luchadora y que haría lo incansable para recuperar a su hija, pero ahora con todo esto…no sé qué pensar.

El moreno volvió a guardar la carta en el bolsillo y suspiró.

  • A mí no me sorprendió tanto…bueno, su partida sí pero no su actitud. Ella desde que me conoció dejo de ser una mujer fuerte para convertirse en alguien débil y…dependiente - había repetido las mismas palabras que le había dicho a Ron, y a pesar de que este trato de decirle lo contrario, la verdad era que fue por culpa de él que Hermione había tomado esa decisión y nadie iba hacerle cambiar de parecer.

Helen bufó con exasperación al oír las disculpas tan absurdas por parte del ojiverde para justificarla, es que no había derecho.

  • No tienes porque justificarla, Harry, sabes que si se marchó fue por su gusto, porque quiso y ni tu ni nadiela obligo hacerlo - sus palabras fueron firmes y contundentes, Harry jamás la había visto en esa posición.

  • Pero yo…

  • ¡Pero nada, Harry! ¡Por primera vez en tu vida deja de pensar en ella y comienza a pensar ti, en tu felicidad!

  • Mi felicidad está al lado de Hermione…- Helen negó.

  • ¡No, Hermione no es la única mujer que existe! - le espetó - Tu felicidad está con cualquier mujer que sólo desee tu bienestar, tu prosperidad, que piense tanto en ti como tú en ella - y lo miro fijamente a los ojos - Entiende que tu felicidad, si te dieras una oportunidad, podría esta con…- pero el móvil del moreno la interrumpió a media frase y todas las fuerzas que había tomado se desvanecieron en el acto.

Harry la miro incomodo y tomando el móvil, contesto.

  • Ok, Ron, sí no te preocupes ya voy para allá, déjame termino un asunto y…hablamos - guardando de nuevo el móvil, miro a Helen.

  • ¿Decías? - la rubia se mordió el labio y suspiro.

  • Te decía que sí hay vida después de Hermione…sólo…tienes que mirar más allá de tu nariz…- y se encogió de hombros.

Harry le sonrió y tomó una de sus manos, mientras que con la otra le acarició el rostro.

  • Gracias, Helen - le dijo, con una sonrisa.

  • ¿porqué?

  • Por tus palabras, por tu apoyo, por…tu amistad. Yo…deberías aborrecerme por todo lo que te hice y en cambio estás aquí conmigo diciéndome que puedo ser feliz así no sea con Hermione… ¡Eres increíble, Helen! ¡Cuánto daría por enamorarme de ti! Pero…

  • Tu corazón le pertenece a otra, lo sé - y se mordió los labios para evitar el llanto. Harry quería decirle algo, pero ésta lo interrumpió.

  • Creo que Ron te debe necesitar con urgencia, es mejor que no lo hagas esperar - le sugirió la rubia con una media sonrisa.

  • Cierto…eh… ¿quieres que te lleve o…? - Thomas negó.

  • No te molestes, yo tomó un taxi aquí al frente.

  • ¿Segura?

  • Sí - Potter asintió y llamó al mesero para cancelar la cuenta.

  • Gracias por todo, Harry.

  • No, gracias a ti, créeme que me sirvió mucho hablar contigo - y le dio un beso en la mejilla. La rubia anhelo que hubiese sido en sus labios, pero sabía que jamás los volvería a probar.

  • Adiós, Harry - y se montó en el primer taxi que paró a su llamado…

El taxi se alejó y Harry se sintió de cierta forma renovado, como si hubiese nacido por segunda vez…

[To be continued]