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Amores Cruzados — capítulo 30
Hola gente! ¿Cómo están? jeje, creo que ya los había acostumbrado a las actualizaciones rápidas, verdad? disculpen la tardanza, es que ingrese de nuevo a la Universidad y bueno, como siempre, el tiempo se acorta cada vez más y...uds me entienden....
Espero que les guste el capitulo, es un poco extenso y el final pueda que los confunda un poco (bueno esa es la idea mujajaj xD) pero ps espero que al final les guste, k es mi deseo :D
No tengo mucho que decir, sólo que muchísimas gracias por los comentarios recibidos en el anterior chap, como siempre ustedes son los mejores seguidores!!
*Disfruten el viaje y espero actualizar la próxima vez más rápido...*PD: Esta historia, por fin, ya esta llegando a su climax, ya era hora, verdad?....si pueden decirlo jeje! entons mmm ando trabajando en el epilogo que a sufrido ciertos cambios desde que comence la historia :D....
PD2: ¿Vieron el nuevo look de Emma? Sólo diere una cosa: I miss your hair!
PD3: De nuevo sorry por lo extenso y es que el formato de la página tampoco ayuda...
SaludOs
XOXO
30****Desconocida…conocida
La vida es corta y superflua…Todos pendemos de un hiloQue tarde o temprano se cortará
Parqueó el auto frente a su apartamento y se miraron a los ojos.
-
La pase muy bien hoy - le dijo la rubia con una pequeña sonrisa. El pelirrojo asintió.
-
Yo también…fue…bueno…la primera cita que he tenido en años…
-
Espero que se vuelva a repetir…- le comentó la ex Ravenclaw con un deje de vergüenza. Ronald abrió los ojos como platos y la observo sorprendido.
-
¿Hablas en serio? ¿Te gustaría volver a salir conmigo? - Luna asintió.
-
¿Por qué no? ¡Si eres muy divertido! - sus mejillas se tornaron rojas y desvió su mirada al suelo.
-
Bueno…tú también lo eres…- y ambos volvieron a sentir ese mismo cosquilleó en la nuca y esos deseos incontrolables de besar los labios del otro.
*"Por favor, hazlo"*deseaba el subconsciente de Luna, mientras que en el fuero interno de Ron se formaba una lucha campal: *"¡Como la vas a besar, si es sólo tú amiga!"*le decía una de las miles de voces que volaban por su cabeza *"A las amigas también se les besa…anda"lo animaba una, que curiosamente, tenía el mismo tono de Luna..."¡Por favor, no haz besado a una mujer en años, ¿crees que aun sepas hacerlo?"*y fue este último comentario que aflojo los deseos incontrolables de tomarla entre sus manos y besarla con pasión.
- Eh… ¡Que descanses! - le grito enseguida, provocándole a su compañera un pequeño sobresalto.
Luna suspiro y le brindo una cálida sonrisa - Ah…igual…que sueñes con angelitos - y tras volearle la mano, tomó el segurode la puerta y la abrió - Nos vemos - y sin agregar nada más salió del auto y caminó hacia la portería pensando en lo estúpida que había sido al desear que algo pasara entre ellos, pues sólo eran amigos ¿no? Y él jamás la vería como algo más; es más, ella tampoco debería hacerlo.
- ¡Eres una tonta, Lovegood! - se reprendía a lo bajo mientras pasaba al lado del portero y le ratificaba a este-una vez más-que la salud mental de la inquilina del 403 estaba cada vez más grave.
Ron la vio entrar al edificio y golpeó con fuerza el timón de su auto.
- ¿Así o mas tonto? - se reprendió a lo bajo bufando con exasperación. Sabiendo que jamás volvería a tener una oportunidad, giró las lleves y arrancó resignado.
Ginny no podía creer lo que sus ojos veían: eran dos tiquetes aéreos con destino a Londres; uno era de ida y vuelta con vigencia de dos meses y el otro era sólo de ida con vigencia por dos semanas.
-
Te voy a matar - dijo a lo bajo mirando la firma de su querida jefa. ¿Cómo era posible que se hubiese tomado el atrevimiento de escribir una carta a su nombre pidiendo una licencia y no contenta con eso le compraba dos tiquetes de avión con destino a la única ciudad que no regresaría en su vida?
-
Tendría que estar loca como para aceptar este tipo de cosas - dijo muy ofendida, y tomando el móvil marcó el número de Jessica.
El móvil replico 4 veces y al quinto repique la doctora contestó.
-
¿Ya estas en el aeropuerto? - le preguntó su jefa con un deje de malicia y felicidad.
-
Lo estaría si sufriera un desorden mental, pero como mi psiquis esta en perfecto estado no voy a ir a ningún lado - al otro lado del móvil su jefa suspiro.
-
Ginny, por si no ves la gravedad del asunto, te la voy a explicar: si te quedas aquí no podrás entrar al hospital y a ninguno con los que tenemos convenido, por ende tendrías que buscar trabajo en otra parte y sabes lo abrumador que son las entrevistas y todo ese protocolo médico londinense; haciendo cuentas te demorarías mas de la licencia acordada que si aceptas mi regalo. Además se que tu odias hacer nada y sufres de claustrofobia, por lo cual estar encerrada en tu apartamento te asfixia y créeme que por cualquier lado que veas, la decisión de quedarse no es una buena opción.
Pero en cambio si te vas a Londres matas dos pájaros de un solo tiro: te reconcilias con tu vida pasada y trabajas en un nuevo ambiente como siempre lo haz querido. Así que tú decides: Pasas un año, dos o tres buscando trabajo y pasando día con día esos protocolos tan agotadores que exige el ministerio de salud o te aventuras en un viaje que sé que cambiara tú vida. ¡Tú eliges!
Hubo un minuto de silencio y la pelirroja empuñando el puño, espeto:
- ¡Te O.D.I.O! - y sin agregar nada más, colgó.
Él la había regresado a casa a eso de la medianoche. Ella no había replicado porque sabía el motivo de su llega y el porqué de la hora. Supuso que la conversación había salido viento en popa pero sabía, por su mirada, que la cruda realidad se había cernido ante ella llenándola de culpa.
- ¿Quieres que te lleve algo de tomar? - le preguntó su abuela cuando ésta había atravesado el umbral de la puerta y caminaba lentamente hacia las escaleras.
La niña negó y se perdió camino arriba.
La mujer de cabellos rubios y ojos claros (una idéntica imagen de su hija) miro a su ex yerno y le preguntó: - ¿Cómo lo tomó? - el ojiverde agacho la mirada y suspiró.
-
Mejor de lo que creí, pero creo que se siente culpable.
-
¿Le contaste todo?
-
Hasta el último detalle…
-
¿Sabe que…?
-
Sí, lo sabe - Martina agacho la mirada y negó con la cabeza. ¡Pobre de su nieta, debía sentirse destrozada!
-
Gracias por traerla. ¿Quieres algo de tomar? - Harry negó.
-
Gracias pero no tengo apetito. Cualquier cosa no dude en llamarme - y despidiéndose con un beso en la mejilla salió por el umbral de la puerta y se subió de nuevo a su auto. Martina lo vio partir y unos segundos después cerró la puerta al invierno que amenazaba con acercarse…
Luna abrió los ojos a las seis de la mañana, no por la luz del sol que se colaba por el alfeizar de la ventana, si no por el ruido que había en la habitación de al lado. Refunfuño a lo abajo y a sabiendas de que no podría volver a conciliar el sueño, se incorporó en la cama y se calzó las pantuflas. ¡Odiaba levantarse temprano y más cuando el día anterior había trasnochado! ¡Por eso no le gustaba salir de noche!
Al recordar que salió a cenar, revivió los momentos tensos que se habían presentado antes, durante y después de la cena.
Volvió a replicarse internamente y juró que jamás volvería a pensar cosas de ese tipo en su presencia. Mejor dicho, jamás volveríaa verlo con otros ojos.
Al escuchar pasos cruzar con lentitud por el pasillo, volvió a la cruda realidad de haber madrugado un domingo y maldijo a lo bajo.
Lanzando el último bostezo que daría en todo el día, se levantó por completo y salió de la habitación.
En la cocina se escuchaba el típico sonido que hacia el cuchillo cuando alguien estaba cortando unas rebanadas de tomate y los típicos pasos de un completo desconocido usurpando los mesones en busca de algo en concreto.
-
¿Quieres que te ayude en algo? - le preguntó la rubia mientras cruzaba el pasillo Desde la cocina sonó un corto No, graciasy la rubia suspiro. Ya debería acostumbrarse, pues nunca necesitaba ayuda.
-
¿Vas a preparar el desayuno?
- *Sí -*le contestaron.
-
Entonces dame unos huevos estrellados con un café bien cargado por favor - escuchó con un dejecito de venganza como bufaban en el interior de la cocina para después asentir sin chistar. ¡Eso era lo bueno de tener invitados en casa!
-
¡Gracias! - y tomando el periódico que habían lanzado bajo la puerta, se sentó en una de las sillas de la sala.
-
¿Y cómo te fue? - le pregunto una voz femenina desde la cocina. Luna suspiró y negó con la cabeza.
-
Bien, pero…bueno…casi que no pude controlar mis impulsos.
-
¿Se besaron? - supuso la mujer asomando su cabeza por la puerta de madera. La rubia negó.
-
No, pero casi.
-¿Qué quieres decir con casi? - la rubia agacho la mirada y volvió a suspirar.
-
Quiere decir que estuvimos a esta… - y acerco su dedo índice y pulgar unos milímetros para expresar la acción - De hacerlo, pero…curiosamente fue él quien domino sus impulsos y no lo hizo. La chica levantó el entrecejo y volvió a esconder su cabeza.
-
Me extraña, él no es de *esos -*Luna asintió.
-
Sí, a mí también, por eso me siento tan mal.
-
¿Por qué?
-
Pues porque debería ser yo quien hubiese tomado las riendas de la situación pero…wow, no sabes las cosquillas que sentía cuando veía sus ojos…es que Ron es tan…
-
¡Sí, ya, comprendo! - La interrumpió su amiga con tono de aburrimiento - ¿Y a qué hora llegaron? Porque no sentí la puerta.
-
Como a eso de la medianoche. Yo entre a tu habitación y te habías quedado dormida leyendo Cumbres Borrascosas.
-
A sí, es que me venció el cansancio.
Luna suspiró y miro de soslayo hacia la cocina.
-
Oye - la llamó con precaución.
-
¿Dime?
-
No crees que deberías…- e hizo una pausa para medir las palabras - ¿Salir a respirar aire fresco y conseguir un nuevo trabajo? - la chica volvió asomar su cabeza por la puerta y levantó el entrecejo.
-
Bromeas, ¿verdad? - la rubia negó.
-
No, lo necesitas y lo sabes - la chica negó con terquedad.
-
¡Jamás!
-
Pues tú dinero no te va alcanzar para sobrevivir toda la vida y créeme que a mi edad no quiero mantener a nadie - la chica bufó con exasperación y negó.
-
No es eso, sólo que…no quiero hacerlo por ahora. No es…adecuado.
-
¿Y cuando, según tú, es adecuado? - la mujer guardo silencio y contestó:
-
Cuando las cosas estén más calmadas. ¿Qué haz sabido? - la rubia alzó una ceja y sonrió.
-
¿No que ya no te importaba? - ella se encogió de hombros y sus mejillas se tornaron rosas.
-
Bueno, yo…
-
No he sabido nada, la verdad últimamente no se habla mucho del tema - la chica volvió a suspirar y metiendo de nuevo su cabeza en la cocina, termino de freír los huevos de su amiga.
Al cabo de unos diez minutos salió de ella con una bandeja en las manos. Olía muy bien y Luna agradeció que sus dotes para la cocina se los hubiese heredado de su madre.
-
¡Gracias!
-
De nada - desayunaron sin palabra alguna y solo unas cuantas miradillas de reojo. Ella no quería insistir en el tema, pues conocía la terquedad de la chica.
Después de desayunar dejaron los platos reposar sobre la mesa y ambas comenzaron a leer unas cuantas hojas del diario matutino.
De cuanto en cuanto Luna alzaba la mirada para verla y negaba tras recordar el daño que ella misma se estaba profiriendo. Por su parte, su amiga hacia lo mismo mientras pensaba si lo que hacía era lo correcto o no.
Cuando terminó de leer la sección de farándula-que la verdad sólo lo hacía para hacer algo-suspiró y carraspeó con fuerza para llamar la atención de Luna. La rubia alzo la mirada y esta le dijo:
-
Bien, tú ganas. Salgamos al centro comercial para comprar algunas cosas y ver las ofertas de empleo - Luna esbozo una amplia sonrisa e incorporándose de su silla tomó los platos y se dirigió hacia la mesa.
-
¿Los vas a lavar? - la rubia asintió.
-
Claro, tú ve y ponte linda.
La mujer negó con la cabeza y suspirando una vez más hizo lo que su amiga le aconsejaba, porque de todas formas, ella, a pesar de todo, siempre solía tener la razón.
Sarita se levantó como una autómata de la cama y bajó las escaleras. A esa hora su abuela seguramente se encontraba en el séptimo sueño y no se había equivocado: la casa se encontraba desiertay sólo unos cuantos ruidos provenientes de la calle entraban a ella.
Llegó a la cocina y sólo se sirvió un vaso con leche, pues no se encontraba con apetito para desayunar formalmente.
Se sentó en uno de los mullidos sofás de la sala y suspiró. Cualquiera que la viera en ese estado pensaría que era una mujer adulta atrapada en el cuerpo de una niña de diez años, aunque para ser sinceros así era como se comportaba. Sarah Thomas era mucho más madura para su edad y entendía temas que las niñas de su escuela no lo harían tan fácilmente.
Aun el recuerdo de aquella charla retumbaba en su cabeza y la noche-la cual no había aprovechado para dormir como debía ser-había sido culpable de que reviviera unas cuantas conversaciones que había tenido con la castaña antes de que supiera que era su madre:
…Flash Back…
"- ¿Así qué quieres estudiar medicina cuando salgas de la preparatoria? - le preguntó Hermione ya en el restaurante tras terminar su ración de arroz chino, la niña asintió.
- Sí, me parece una carrera muy bella y…a mi me fascina estar bajo presión y dirás que no sé nada de eso porque sólo tengo nueve años, pero…
- Yo se que tu eres diferente a las niñas de tu edad, Sarah - le dijo Hermione cortándola en plena frase - Eres madura y entiendes temas que se supone sólo son de gente grande. Eres una niña con una mente que desborda inteligencia y mucha sensatez - la niña se sintió aludida tras sus palabras y mordiéndose el labio, le sonrió.
- Gracias, eso me lo dice todo el mundo
- Oye Hermione, ¿te puedo hacer una pregunta? - la voz de sarita había cambiado, ahora era algo enigmática y tímida.
- Claro, dime.
- Tú… ¿Cuántos años tienes? -
- 26, ¿Por qué? - la niña agacho su mirada y miro sus palitos chinos-que aun sostenían un pedazo de pescado en medio-y suspiro.
- Sé que tú tienes o tuviste algo con Harry porque mi mamá me lo conto, pero quisiera saber si algún día aspiraras a casarte o si tienes hijos -
- Eh…bueno, la verdad es que…yo…iba a ser madre - le comentó la castaña con la garganta seca. Sarita abrió los ojos como platos y acercando más la silla a su mesa la observo expectante.
- ¿Cómo que ibas a ser madre?
- Bueno…es que…cuando salí del colegio yo…quede embarazada y…bueno…la verdad, en ese momento no fue lo mejor que me podía pasar y no lo digo por mi hija si no…por la pareja que me había tocado.
- ¿Por qué? ¿Harry es tan malo?
- No, no, el…no fue. Yo…había salido con Harry hasta quinto año pero luego en sexto conocí a otra persona y…
- ¿Qué paso con tu hija? -
- Ella…ella…falleció -
Sarita la miro con pena y tomando su mano derecha entre las suyas, le sonrió.
- Cuanto lo siento, Hermione. Yo…puedo ser muy chica, pero entiendo que el dolor a la pérdida de un hijo debe ser muy duro, pero no te preocupes, mi mamá siempre me ha dicho que las personas se van al cielo y muy seguramente tu hija está en el cielo cuidándote como un ángel.
- Sí, seguramente mi ángel guardián, ¿no? - la niña asintió.
- Seguramente."
…Fin del Flash Back…
Tras aquel recuerdo se sintió fatal-si se podía aun más- pues ¿cómo no había recordado esa conversación cuando supo la verdad? Hermione siempre le habló con sinceridad y ella lo único que hizo fue tirarle todo su rencor en la cara sin darle una mísera oportunidad de explicarle. Y como si aquel recuerdo no fuese suficiente, unos segundos después otro saltó a su mente -un recuerdo que desde ese momento cambiaría quizássu vida para siempre…-
…Flash Back…
- ¡wow El Código Da Vinci! - exclamó Sarah frente a un estantería llena de libros. Sus ojos reflejaban un brillo muy particular cuando veía los más preciados tesoros de la literatura.
- Es mi libro favorito, pero mi mamá no me lo quiere comprar porque dice que soy muy pequeña para entender la trama y no sé cuantas cosas más -
- Y dime, Sarita, ¿qué era lo que me querías preguntar sobre mi mágico secreto? - Sarah aparto los ojos por unos instantes de sus hermanos gemelos de tinta y papel y miro a su interlocutora con interés.
- Quisiera saber cómo funciona eso de la magia, es decir, la genética. Cómo se hereda de un familiar a otro y si sólo los magos que existen son porque fueron fecundados de un mago y una bruja, puros por decirlo de alguna forma -
- Pues bien, en el mundo mágico existen infinidades de "linajes mágicos" y muchos de ellos aún siguen siendo una incógnita hasta para los más experimentados magos - comenzó la castaña mientras se iban a sentar a una mesa alejada de oídos curiosos - El primer linaje mágico es el de los "Sangre Limpia" que es cuando una bruja que ha sido descendiente de otro sangre limpia se casa con un mago de la misma sangre, naciendo su hijo con su misma sangre, "puro" ¿me hago entender? - Sarah asintió y al ver que no tenía preguntas, continuo - El siguiente linaje es el "Sangre Mestiza" que ocurre cuando uno de los padres no es de sangre limpia si no que es nacido bajo una cuna donde la magia es nula… - Sarah levantó el entrecejo y se mordió el labio inferior…
- ¿Quieres decir que también existen gente con poderes mágicos que nació de unos padres muggles? - preguntó Sarita sorprendida tras dar con su péquela revelación. Hermione asintió.
- ¿Pero cómo es eso posible? ¿No se supone que es un linaje mágico, que debe seguir una secuencia o algo por el estilo?
- Sí, exacto. Los expertos afirman que es muy probable que si se busca a fondo en los arboles familiares se encuentre algún miembro con poderes mágicos y que éste sea el responsable de que la persona haya nacido como un mago - Sarah asintió, pero aún seguía estupefacta.
- Es que me parece increíble, ¿y tú conoces a alguien así? - la castaña asintió y sonrío con picardía. Sarah abrió los ojos como platos y se llevo las manos a su boca.
- No me digas que tú eres…
- Sí, yo soy una hija de muggles o como hace unos años me llamaban "una sangre sucia"
- ¡Pero qué nombre más anarquista! - Exclamó Sarah con exasperación llamando la atención de algunos lectores curiosos - ¿Sangre sucia? ¿Pero quién invento tal nombre?
- Bueno…una persona con ideas retorcidas en su cabeza sobre el linaje mágico y cosas por el estilo - Sarah negó con la cabeza y se cruzo de brazos.
- Pero si nadie es sangre sucia, todos somos iguales y merecemos el mismo respeto -
- Sí, pero gracias a dios eso ya paso y es parte de la historia - la niña asintió y luego le surgió otro interrogante.
- Entonces si existen magos que nacieron de padres muggles, ¿cómo se dan cuenta? ¿Alguno de sus poderes se le desarrollan o qué?
- Pues en la mayoría de los niños magos sus poderes entran en una etapa de "demostración" a los 10 años, que según la historia, es la edad donde el cuerpo no soporta más la magia y la libera de distintas formas.
- ¿Cómo cuales?
- Pues…no sé, puede ser en algún momento de euforia o de rabia - Sarah se quedo callada y miró al vacio mientras recordaba una escena de hacia unos meses.
- ¿Qué piensas, Sarita? - la voz de Hermione la sacó de su ensimismación y suspiro.
- Eh…no es nada, es sólo que…hace unos meses cuando me enoje mucho con mi mamá yo…sentí como uno de los cuadros se movía y luego cayó al suelo inexplicablemente, ¿tú crees que…? - Hermione iba abrir la boca para contestar pero sarita se adelanto y negó con la cabeza.
- No, que bobada, ¿verdad? Yo…soy solo una simple muggle nacida de una muggle y soy común y corriente, como todas las chicas de mi edad, ¿verdad? -
- Ya te dije que tú no eres igual a las niñas de tu edad…
…Fin del Flash Back...
Tras remembrar aquella conversación sus ojos se abrieron como platos:
- Si Hermione es hija de padres muggles…- comenzó a decir en voz baja - Y Harry es hijo de padres mágicos cuya madre era nacida bajo una cuna muggle, quiere decir que ambos son magos…y si ellos son mis padres biológicos yo vendría siendo una…- y se tapo la boca con ambas manos, pues la simple palabra le parecía una tontería - Unabruja- y se quedo ensimismada en sus propios pensamientos…
El celular de Martina repicó a eso de las 7:30am y ésta lo contestó de mala gana: pues odiaba levantarse temprano los domingos.
-
¿Bueno?
-
¿Mamá? - al escuchar la voz de su hija su semblante cambio.
-
¡Helen, que milagro! ¿Cómo estás?
-
Muy bien mamá, ¿y ustedes? - Martina se incorporó de la cama y sonrió.
-
Pues bien o bueno en lo que cabe…
-
¿Le ocurrió algo a Sarita? - Martina asintió.
-
Sí, bueno es que ayer hablo con Harry y éste le contó toda la verdad - Helen no se sorprendió, pues lo veía venir.
-
¿Y cómo lo tomó?
-
Pues bien para ser ella. Aunque está reprimida y creo que no a salido de su habitación - Helen suspiró.
-
Voy a ir al medio día, ¿te parece? Me gustaría hablar con ella y que me contara cómo se siente.
-
Claro, muñeca, sería bueno para ella.
-
Y dime, ¿ya sabe que Hermione se fue?
-
Sí, creo que también está así por eso. Al parecer quiere hablar con ella pero pues no puede.
-
Voy al centro comercial a comprar unas cosas para preparar una lasaña y llevarla, llego a las 12.30, ¿te parece?
-
De acuerdo, hija, aquí te espero - y sin más, colgó el móvil.
La mañana del domingo en Westfield London siempre era placentera, pues habían muy pocos compradores y no era incomodo caminar por sus largos y elegantes pasillos.
- Te dije que esto te iba a reconfortar - le decía Luna a su amiga con una sonrisa de oreja a oreja - Aunque aun no entiendo porque te colocaste esa bobina y esas gafas ¡Te miran como bicho raro!
- Precaución - le contestó la mujer que en las últimas semanas se había vuelto de muy pocas palabras.
- ¿A dónde quieres ir? - le preguntó la rubia mientras veía embelesada la nueva colección de Timberland expuesta en los maniquíes.
- Me gustaría comprar algunas cosas en House of Fraser - comentó la joven mientras cruzaban un café gourmet. Luna abrió los ojos como platos y la miro sorprendida:
- ¿House of Fraser? - repitió sin dar crédito a sus palabras - ¿Estás segura?
- Sí, ¿algún problema? - la rubia se encogió de hombros y desvió su mirada al suelo.
- Bueno, es que… House of Fraser es para…lo que quiero decir es que no te veo con los estilos de ropa que hay en ese lugar - su amiga bufó con exasperación y se cruzo de brazos.
- Bueno, tú siempre dices que hay que innovar, ¿no? - y sonriente siguió caminando por las pasillos del Shopping Centre
Westfield London era la mejor opción cuando de ropa, zapatos, restaurante y cafés se trataba, además tenía el mejor supermercado de la ciudad y era perfecto para lo que ella necesitaba.
Ver pasar a la gente y chismosear las vitrinas de las poderosas marcas que en el Shopping Centre se presentaba era como una especie de yoga que la relajaba de sobremanera. A pesar de que no comprara nada el olor a las prendas nuevas y el café express que emanaba las sofisticadas cafeterías del lugar era el remedio suficiente para aliviarla de sus problemas.
Después de comprar lo necesario para cocinar la lasaña decidió hacer lo que mejor sabía: ir a todas las tiendas de marca existentes en Westfield y agradecer de haber nacido en Londres…
Luna no estaba muy convencida del nuevo guardarropa que su amiga se había comprado pero, ¿quién podía con su terquedad?
- Vamos a dar un paseo por The Village , ¿te parece? - le sugirió Luna con entusiasmo - Como para hacer algo.
- Sí, genial. Luego me acompañas aBookmarks que me gustaría renovar también mi círculo de lectura.
Aunque no lo aceptara ir de compras con Luna había sido una buena opción, pues la despejaba un poco de la realidad en la que vivía y volvía de cierta forma a encontrarse con si misma.
Después de caminar por el The Village arease dirigieron hacia Bookmarks para luego ir luego al centro de comidas del shopping centre.
-
Ahora esto sí se comenzó a llenar - comentó la rubia mientras subían por las escaleras.
-
Sí, es que ya son como las diez.
Ya la había visto mientras caminaba por The Village al tiempo que admiraba las marcas internacionales como *Louis Vuitton, Dior, Gucci,*entre otros. No le parecía extraño verla por esos lares, pero lo que sí le había resultado extraño era su acompañante: pues no sufría de la vista y por un momento-cuando se encontraban mirando hacia el lado opuesto de Tiffany & Co donde ella estaba-creyó ver por un segundo-cuando aquella misteriosa joven se había quitado las gafas a petición de su amiga-el cálido semblante de la castaña. Pero luego lo descarto enseguida pues se suponía que ella estaba en el exterior y era absurdo que se encontrara en Londres sin que nadie notara su presencia. Pero aún así algo le decía que las siguiera y por lo general siempre confiaba en sus corazonadas.
- Ve tú, yo te espero aquí afuera - le dijo su rubia amiga al tiempo que se sentaba en una mullida silla fuera del local. La joven asintió y entro a la librería.
La revista de chismes que había en el anaquel no estaba muy interesante, pues era del mes pasado y cada día las estrellas del espectáculo les ocurrían algo extraordinario.
-
Hola, Luna - al escuchar su voz su corazón dio un vuelco y alzó la vista tratando de ocultar su sorpresa.
-
¡Helen! - Exclamó, incorporándose de un salto en el sillón - ¿Qué haces aquí? - Helen le pareció extraño la actitud adoptada por rubia y sospecho que algo estaba pasando.
-
Pues esto es un centro comercial, ¿no? Y viene a comprar unas cosas. ¿Tú no estabas acompañada? - le preguntó la joven mirando por encima de sus hombros.Luna desvió la mirada hacia la librería y tragó saliva.
-
Ah….sí pero, eh…me dijo que iba a ir a un lugar y yo la estoy esperando.
-
¿La? ¿Es chica? - Luna no tuvo más remedio que asentir.
-
Sí, es…una amiga del trabajo.
-
Hmmm - Helen miró instintivamente hacia la librería y arrugo el ceño cuando la vio tomando unos libros de ciencia.
-
Bueno Luna yo solo pasaba a verte, me a Ron, ¿va? Y a Harry si hablas con él - la ex Ravenclaw asintió aliviada.
-
¡Claro, les diré con gusto! - Helen le sonrió y retomó el camino por el que había llegado. Ella no era tonta y sabía que algo le ocultaba esa pequeña mocosa, así que entrando a la primera tienda que se encontró, espero en la entrada, al tiempo que rogaba que no tomaran el camino opuesto.
-
¡Por Merlín, casi que no sales! - exclamó la rubia un poco alterada.
-
¿Qué ocurre?
-
Helen está aquí, tenemos que salir antes de que te descubra - la mujer rodó los ojos y negó con la cabeza. Caminaron en el mismo sentido que hace unos minutos se había ido Thomas.
-
Te dije que no era buena idea salir de casa - le espetaba la castaña con rabia mientras pasaban al frente de HMV. Luna bufó.
-
Pues yo no soy adivina para saber que ella iba a estar aquí también…
-
¡Debí suponerlo! ¡Odio cuando no tengo las cosas bajo control!
-
¡Y yo odio que le mientan a las personas que quiero! - le espetó Helen, interfiriéndoles en el camino. La Ravenclaw abrió los ojos como platos y miro de soslayo a su compañera.
La chica se encogió de hombros y se quito las gafas y la bobina.
Helen negó con la cabeza y empuño las manos.
- ¿Por qué eres tan cobarde, Hermione Granger?
-
¡Sarita, me asustaste! - Sarah se encogió de hombros.
-
Lo siento, no era mi intención.
-
¿Hace cuanto estás despierta?
-
Desde las seis, creo…
-
¿Tienes hambre?
-
No - Martina se encogió de hombros y la miro solemne.
-
Muñeca tienes que comer algo, porque la única perjudicada eres tú - Sarah asintió.
-
Lo sé, solo que… ¿podríamos llamar a Harry para que venga a cenar? Es que necesito preguntarle algo - Martina asintió.
-
Claro, pero Helen también va a venir, dijo que quería prepararte una lasaña - la niña asintió.
-
Sí, no importa, pues hablar con Harry a solas en algún momento.
-
Ok, más tarde lo llamo, ¿te parece?
-
Ajá - y regresó a su habitación.
-
¿Podríamos discutir esto en otro lugar? - le pidió la intelectual al notar que su tono comenzaba a subir. Helen negó.
-
¡No, quiero discutirlo aquí y a hora!
-
¡Pero este no es el sitio! - le espetó la castaña, mirando incomoda a las personas que pasaban por ahí y las miraban como bicho raro.
-
¡Pues me importa un pepino! Necesito que me expliques qué diablos haces aquí, ¿no se supone que te había largado a no se dónde?
-
Puedo contarte todo pero si salimos de aquí.
-
¿Te da vergüenza que los demás se enteren la persona tan cobarde que eres? O ¿temes que en cualquier momento pase Harry y te vea? Porque de él y de todos te estabas escondiendo, ¿no?
-
Mira, puedo explicarte todo pero por favor vayamos a otro sitio - Helen miró a Luna y ésta le pidió que le hiciera caso. Bufando con exasperación, acepto.
-
Conozco un café a dos cuadras de aquí, es pequeño pero tranquilo, podemos sentarnos en las mesas que dan a la calle y así nadie nos interrumpirá - Hermione asintió.
-
Gracias…
- Ahí vienen - dijo una voz, al tiempo que sacaba un móvil de color negro y escribía rápidamente un SMS.
- ¿Ya le dijiste? - le preguntó su compañero sin quitarles la mirada de encima.
- Sí, ¿actuamos ya? - el otro negó.
- No, aún no…sigámoslas cuando estemos fuera de su periferia visual, mientras tanto no - el joven asintió, pues al fin y al cabo él era el jefe…
El camino hacia Coffe Town fue un poco incomodo, pues ninguna decía nada y Hermione quería que el suelo se abriera y que la tragara sin chistar. Luna por su parte se sentía culpable, pues si no fuese por su insistencia ahora estarían en casa viendo la TV y pidiendo pizza a domicilio como se había vuelto costumbre desde hacía 3 domingos.
- *Lo siento -*se disculpo a lo bajo agachando la mirada. Hermione negó.
- No es tu culpa, igual tarde o temprano tenía que pasar.
Entraron al café y se sentaron en las mesas que daba la vista hacia la calle principal. Helen le dio la espalda a la calle mientras que Hermione y Luna tomaban asiento frente a ella. Después de unos segundos una mesera las atendió.
-
Dame un Macacino bien cargado y unas galletas de jengibre - pidió Helen - ¿Ustedes qué quieren?
-
A mi sólo me das un café en leche - pidió Luna.
-
Yo no quiero nada, gracias - dijo Hermione, pero Helen insistió.
-
Pide algo, que esta conversación será extensa - la castaña desvió su mirada al suelo y pidió un café con cacao - la mesera se marcho con el pedido y un tempano de silencio cayo sobre las tres jóvenes, pero fue Helen quien rompió el hielo.
-
¿Y bien? ¿Te hago preguntas o tú me cuentas todo? - Hermione se encogió de hombros y la rubia opto por la primera opción.
-
¿Hace cuanto estás aquí?
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La verdad es que nunca me fui. Cuando estaba apunto de entrar a la bahía algo me hizo reaccionar y regrese enseguida - Helen arrugó el entrecejo y suspiró.
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¿Alguien más lo sabe? - las chicas negaron.
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No, pues cuando salí del aeropuerto tomé un taxi hacia el apartamento de Luna y le hice prometer que no se lo dijera a nadie - un segundo suspiro.
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¿Eso quiere decir que ni Ron lo sabe? - la rubia asintió.
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Sí, ha sido un poco difícil ocultárselo pero no ha sospechado nada - Helen negó con la cabeza.
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¿Por qué lo hiciste? - le preguntó con intriga. Hermione levantó el ceño.
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No te entiendo.
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¿Por qué tomaste la decisión primero de irte y luego te arrepentiste? - Hermione medió sonrió.
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No lo sé, quizás porque lo que me une a Sarita es mucho más fuerte que mis acciones.
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Y también lo que te une a Harry, ¿no? - la castaña no dijo nada. El pedido llegó y como para hacer algo tomó su café con cacao y tomó un pequeño sorbo.
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Hace unos días hable con él - le comentó la joven después de morder una galleta de jengibre. Hermione la miro expectante.
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Lo hice porque desde tu partida no a estado muy bien que digamos - la castaña se mordió el labio inferior y dio otro pequeño sorbo.
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¿No?
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No y me atrevo a decir que conozco a Harry muy bien y no a sido el mismo desde que te marchaste…esa chispa vivaz que reflejaba sus ojos en tiempos de antaño a desaparecido y la sonrisa que surca sus labios no es la misma de antes - tomando otra galleta, continuó - Tu debes saber que sigo amando a Harry, no sólo porque compartimos muchas cosas juntos si no porque él fue tan especial conmigo que, bueno…personas así no se sacan tan fácilmente del corazón, ¿verdad? - Hermione asintió, pues sabía a qué se refería.
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Cuando me entere de tu partida o huida como me gusta llamarla, me dio mucho coraje, porque yo estando en tu lugar no hubiese hecho lo mismo, ¿sabes lo que yo hubiese hecho? - se formó un pequeño silencio el cual aprovecho Luna para ir al baño, pues sentía que esa conversación no era para ella.
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Ya regreso - Hermione la miro de mala gana, pues no quería quedarse sola con Helen, pero igual la entendía.
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No te demores - le pidió su amiga. La rubia le dio una última sonrisa y se marchó.
Helen carraspeó y continuó - Yo me hubiese quedado por dos sencillas razones: La primera, aquí está el hombre que amo y la segunda, es que mi hija ya sabe la verdad a pesar de que no se entero de la forma como yo hubiese querido, pero el caso es que la sabe, ¿no? Y sólo me resta esperar a que le pase el berrinche y hablar con ella formalmente.
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Yo quería hacer eso pero…
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¿Pero qué? No tuviste el valor suficiente, ¿verdad?- Hermione suspiró.
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Tú no entiendes.
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¡Entonces explícame! - dejando la taza a un lado, hizo acopió de la poca valentía que aun tenía y dijo:
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Quizás tengas razón al decir que una cobarde, pero…para mi fue muy difícil quedar en cinta siendo tan joven, teniendo un futuro por delante…por dios, apenas estaba en el colegio y tenía diecisiete años…yo…sentía mucho miedo, no sabes cuánto - Helen guardó silencio y la intelectual continuó.
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No recibí el apoyo que debía haber tenido por parte de Harry y verlo con su ex novia fue un golpe muy bajo, me sentí destrozada, sentí que las cosas se me iban de control. La decisión de irme a Canadá no fue espontanea, lo hice porque quería volver a ser yo, a retomar a la Hermione que era en tiempos de antaño, quería volver a ser independiente y olvidarme del hombre que tanto daño me había causado, pero…cuando me arrebataron a la única persona que tenía en la vida me volví más vulnerable de lo que era y… ¡Y no soportaba un dolor más! Pero después mi camino se cruzó de nuevo con el de Harry y juntos descubrimos que nuestra hija seguía viva y más cerca de lo pensábamos. En ese momento me jure tomar las riendas de la situación y no permitir que terceros decidieran en mi vida, pero una vez más el destino me jugo una mala pasada y fue por medio de Harry que sarita se enteró de la verdad aun después del esfuerzo que hice para caerle bien. Así que cuando me enfrente una vez más a rechazo de la persona que más amaba no resistí y decidí escapar, decidí marcharme para volver a encontrarme y a rehacer mi vida así fuese lejos de ella y…de *él.*Yo…yo sigo amándolo, pero…cuando estoy con Harry dejo de ser yo, dejo de ser Hermione Granger para convertirme en la que depende de Harry Potter…muchos creerán que es al contrario-y pueda que sea así-pero es así como me siento y en el cuando estaba en el hospital fue que decidí no soportar más decepciones y marcharme de una vez por todas, sin mirar atrás…- guardó silencio y Helen la miro solemne, pues era la primera vez que conocía esa parte humanade su pequeña enemiga.
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Peroa pesar de todo no te fuiste - Hermione asintió.
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Sí, por lo mismo que te dije: Sarah y Harry han formado un vínculo conmigo muy difícil de romper - Helen terminó la última galleta y bebió el último sorbo de su macacino y suspiró.
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Hermione tu no eres santa de mi devoción y lo sabes, pero… ¿puedo decirte dos cosas? Tómalas como un consejo de una vieja amiga…- la castaña levantó el entrecejo y asintió.
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¿Dime?
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El primer consejo es que no pierdas lo que es tuyo, Sarita es tu hija y tarde o temprano tiene que aceptarlo, te lo aseguro - y le guiño un ojo - Y el segundo es que el amor verdadero sólo se encuentra una vez en la vida y se debe ser muy tonto para dejarlo ir…- Hermione le sonrió solemne.
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Gracias - le dijo, y enseguida, como si se tratase de una cinta vieja muggle o una absurda magia extraña, retumbo en el aire el igualable motor que sólo una BMW S1000RR hace al arrancar mezclándose a su vez con el escalofriante eco que sólo puede crear el fuerte impacto de dos balas.
Y después todo fue sólo silencio…
[To be continued…]