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Amores Cruzados — capítulo 31
Hola chicos... una vez más mis disculpas por la tardanza...creo q las explicaciones a éstas alturas sobran, no??
Muchisimas grcias por los comentarios en el anterior chap, me alegra que les este gustando el fic...y bueno, espero que les guste este nuevo capitulo (para serles sincera, a mi no me gusto, pero lo subí antes de arrepentirme :S...) ójala con ustedes sea distinto...
Los quiero....
XOXO
Emma P.
31****La caída del ángel
Mis ojos todos llenos de sepulcros de astro,
y mi pasión, tendida, agotada, dispersan Mis dedos como niños, viendo perder la nube y mi razón poblada de sábanas inmensas. **BY:**Julia Burgos
Habían llegado justo cuando estaban ellas dos solas.
-
¿Estás seguro que es ella? - le preguntó su compañero, el más joven, a sus espaldas. El hombre asintió.
-
Sí, es rubia, ¿no?
-
Pues sí pero la otra también lo era - el hombre bufó con exasperación y exclamó:
-
¡Mira, tiene que ser ella, yo nunca me equivoco!
Aun así no estaba muy convencido, pero el era el jefe y pues…
-
¿Cuándo actuamos?
-
Cuando sea el momento…
Después de unos minutos en que observaron cómo las dos jóvenes conversaban de trivialidades, encendieron la moto y se colocaron los pasamontañas, pero el más joven trago saliva y volvió a preguntarle a su jefe:
-
¿Segura que es ella? Porque si nos equivocamos…
-
¿Y cuando nos hemos equivocado? ¿Crees que soy imbécil o qué? - le espetó su jefe, mirándolo con rabia. El joven se encogió de hombros.
-
No, es sólo que…
-
¡Es ella y punto!…ahora ponte bien el pasamontañas si no quieres que nos descubran…- el hombre asintió y cohibido se oculto el rostro tras aquella mascara. ¡Cuánto odiaba su trabajo! Pero era lo que lo mantenía a el y a su familia…
-
¿Listo? - él no dijo nada, solo volvió asentir y la moto rugió al emprender la marcha…
Agarrando con fuerza el revólver, apuntó a su objetivo y sin pensarlo dos veces apretó el gatillo…
Dos cartuchos de 9mm salieron disparados hacia una joven de voluptuosas caderas. Los delincuentes no tuvieron reparo alguno y en cuanto perpetuaron el crimen, se perdieron de vista girando por la esquina más cercana de la concurrida avenida…
Para la castaña todo pasó en cámara lenta: primero, estaba escuchando con suma atención las sabias palabras de esa mujer que nunca imaginó verla en esa posición y después, el ruido de aquella moto sólo la escuchó cuando se había mezclado en el aire con el disparo de los dos cartuchos de 9mm. Cuando éstos impactaron en el torso y el abdomen de la rubia, la cinta se rebobino y fue sólo hasta ese momento en que Hermione reacciono.
-
¡Helen! - gritó la castaña, sintiendo como al hacerlo se rasgaba la garganta. Se levantó de la silla casi que a trompicones y se arrodillo al lado del frágil cuerpo que resultaba Helen Thomas en aquellos momentos.
-
Helen - musitó angustiada, al tiempo que por un auto reflejo tomaba el pulso carotideo de la rubia para examinar sus pulsaciones.
*"Los PPM normales de un adulto están en un rango entre los 70 y 90 pulsaciones por minuto"*recordó al instante, remontándose a sus clases de primeros auxilios básicos. Al contar las pulsaciones de la joven su angustia paso del 5 al 9 (donde el 10 era la cúpula de la histeria) -¡Que alguien me ayude…llamen a una ambulancia! - pidió a gritos de desesperación mirando al corro que se formaba alrededor de ella y el cuerpo ensangrentado de Helen.
-
Resiste, Helen, todo va a salir bien - le susurró la castaña, tocándole el rostro. La rubia la observo con zozobra y abrió los labios para articular palabra, pero Hermione no lo permitió.
-
No hables, necesitas de todas tus fuerzas para mantenerte con vida - y de nuevo, por un auto reflejo, tomó su abrigo que aun colgaba de la silla y trató como pudo de apaciguar la hemorragia que se estaba formando a nivel de tórax. Ella no era una experta y las clases de primeros auxilios que había tomado en aquellos momentos eran sólo un leverecuerdo, pero sabía que como pudiera tenía que evitar que se desangrara aun más.
Los gritos de Luna, extrañamente, la aliviaron cuando entraron por sus oídos, pues por lo menos ya no se sentía tan sola (a pesar del corro de curiosos que sólo estorbaban y no hacían nada por ayudar)
-
¡Hermione! ¿Qué paso? Escuche los disparos desde el baño… ¡Helen! - Grito la rubia como si apenas se percatara de su estado - ¿cómo se encuentra? ¿Ya llamaron a una ambulancia?
-
Sí, yo lo hice hace un minuto - exclamó la voz de un hombre en la lejanía. Luna asintió pero aún así tomó su celular y marcó el número de emergencias.
Sin dejar si quiera hablar a la operadora, grito:
-
Hay una mujer herida por arma de fuego aquí en el *Coffe Town.*Está muy grave, ¡Necesitamos una ambulancia urgente!
-
Dirección exacta, por favor - le pidió la operadora con irritación.
-
No sé, por dios…en el Coffe Town, ¿cree que me sé la dirección?
-
Park avenue con 32 - le susurró la castaña sin despegar la vista de la débil Helen. Como una autómata, la rubia repitió sus palabras y colgó.
-
Va a estar bien, ¿verdad? - le preguntó a su amiga castaña. La intelectual trago saliva.
-
Claro que lo estará - y apretó inconscientemente la mano derecha de la que se había convertido-paradójicamente-en una muy buena amiga…
Después de que hicieran control de hemorragias, los paramédicos la subieron a la ambulancia para trasladarla al hospital de inmediato.
-
¿Puedo ir con ustedes? - les preguntó una preocupada castaña. Uno de ellos asintió.
-
¡Yo te seguiré en un taxi! - le gritó una llorosa Luna. Hermione asintió y se perdió de vista cuando cerraron la puerta del vehículo blanco, el cual emprendió su marcha con el sonido peculiar que siempre lo caracterizaba…
La sala de urgencias del hospital Westminster no podía estar más atiborrada que aquel día y cuando los paramédicos entraron, Hermione creyó que no había la más mínima posibilidad para su amiga, pero un hombre de avanzada edad vestido con una túnica larga de color blanca, la recibió enseguida y llamo a varias enfermeras para que lo asistieran.
-
Joven de aproximadamente 26 años de edad, con heridas a nivel de abdomen y tórax, muy posiblemente puede estar involucrado un pulmón - le comentó uno de los paramédicos.
-
¡Preparen el quirófano! - Gritó el veterano a las enfermeras que se encontraban al lado - ¡Tenemos que intervenirla enseguida! - Hermione corrió detrás del doctor antes de que se le perdiera de vista.
-
¿Va a estar bien? - fue lo único que le preguntó, mientras veía con preocupación como la rubia desaparecía al atravesar una puerta blanca. El doctor levanto el ceño.
-
¿Usted es familiar o..?
-
No, soy una amiga. ¡Doctor, dígame que la va a salvar, por favor!
-
Haremos todo lo que este a nuestro alcance - y sin agregar más palabras se marchó.
-
Acompáñeme, por favor - le pidió una de las enfermeras tomándola del brazo. Hermione la siguió hasta donde parecía la sala de espera y tomó asiento.
-
¿Quiere un té de tila para calmar los nervios o…? - la castaña negó.
-
No, nada. Gracias - la enfermera le sonrió y acto seguido se marchó.
A los pocos minutos Luna ingreso a la sala, su rostro denotaba preocupación y sus angustiosos ojos buscaban entre la multitud una cabellera alborotada. No fue difícil de hallar, pues ésta se encontraba más alborotada que de costumbre y su expresión de desasosiego brillaba entre la multitud.
-
¿Cómo se encuentra? - fue lo primero que le pregunto. Hermione se encogió de hombros.
-
Hace pocos minutos la ingresaron al quirófano, pero por la cara del doctor no… ¡tengo mucho miedo, Luna! - la rubia abrazó a su amiga y le dio unas palmaditas en la espalda.
-
Confiemos en que todo saldrá bien, Hermione. Confiemos - la intelectual se limpió con el dorso de su blusa varias lagrimas que resbalaron por sus mejillas y suspiro.
-
Tendremos que…llamar a Harry - le dijo en un murmullo casi ininteligible, al tiempo que bajaba la mirada.
-
¿Estás segura? Mira que si lo hacemos el…
-
Sí, lo sé, pero es lo correcto, ¿no? El aprecia mucho a Helen y sería muy cruel de nuestra parte que no le avisáramos.
-
De acuerdo, yo lo llamo - y tomando su móvil, oprimió una teclay busco las últimas llamadas realizadas. El nombre de su moreno amigo era la última de la lista y enseguida marcó call.
El repique de su celular ese día y a esas horas le pareció extraño, pues muy pocas veces lo llamaban un domingo, pero ver el nombre de Luna Lovegood llamando, le resultó aún más extraño, ¿le habría pasado algo a Ron o…?
-
¿Luna? ¿Está todo bien?
-
No, Harry - al escuchar esas palabras se imagino que tenía que ver algo con Ron, pues desde hacia unos meses ella y su mejor amigo se habían vuelto muy unidos.
-
¿Le paso algo a Ron?
-
No Harry, es Helen - tras escuchar aquel nombre su expresión cambió: pues se había imaginado cualquier cosa menos que Luna lo llamara para hablarle de Helen.
-
¿Qué…ocurre con ella?
-
Le acabaron de disparar Harry, ahora esta siendo intervenida en el quirófano del hospital Westminster - y sólo esa oración le basto para que colgara el móvil, tomara su abrigo y saliera como un bólido de su casa.
Supuso que era por los nervios, pues tardó más de 5 minutos en introducir las llaves del carro para encenderlo.
*"Cálmate"*se reprendió en su fuero interno respirando profundamente "*Helen está bien, tiene que estarlo"*y tomando una profunda bocanada de aire, logró encender por fin su auto; al hacerlo dio con el acelerador a todo lo que pudo y viro hacia la derecha.
Hermione se estrujaba las manos debido a los nervios, ¿Por qué no salían a darles noticias? ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Acaso las heridas provocadas eran graves?
-
Ya cálmate - le aconsejó su amiga, sentándose a su lado - Helen es fuerte y va a salir de esta. Además esta en las mejores manos - la castaña asintió, pero aún así no dejaba de sentirse impaciente.
-
¿Sabes en qué he estado pensando? Que quizás esos disparos iban para mí y Helen se interpuso…- Luna agachó la mirada y suspiro. Quería preguntarle todos los detalles, pero al ver su semblante de angustia, se contuvo.
-
Ella va a estar bien, Hermione, ten fe
-
Hermione agachó la mirada
-
¿Lo llamaste? - Luna asintió. La castaña asintió de nuevo y trato de controlar el llanto.
-
Que irónica es la vida…yo que creí que jamás lo volvería a ver y mira…
-
Se asustó mucho - le comentó su amiga con desazón - Cuando le dije lo que había pasado colgó de inmediato el teléfono y no me dijo nada más.
-
Es obvio, él estima mucho a Helen porque fue una persona muy importante en su vida…y creo que lo sigue siendo…- la rubia no comentó nada y prefirió guardar silencio.
-
Voy a tomar más agua… ¿quieres un poco? - la intelectual negó.
Parqueó bruscamente en el único lugar libre que quedaba y se bajo del auto como un bólido; pero antes de entrar miro su celular y dudo si hacerlo o no.
*"¡Hazlo!"*le espetó una voz en su interior "Es mejor ahora que estás calmado…"y haciendo caso a aquella vocecilla, que en ocasiones resultaba incomoda, llamó a su ex suegra…
Desde la mañana se sentía intranquila, quiso acompañarla cuando le dijo que iba al centro comercial a comprar unas cosas, pero ella, tan testaruda como siempre, se había negado diciéndole que dejara de ser tan melodramática y que mejor se preocupara por cuidar a Sarita.
Muy bien decían por ahí que el sexto sentido de madre nunca se equivocaba, pero aquella congoja que sentía en el pecho no le agradaba y deseaba que fuese sólo un estado de momento.
- ¡Ya deja de ser una madre preocupada!
- se espetó a si misma mientras cortaba unos rábanos en la cocina - Helen es grande y sabe cuidarse, además todos los ángeles la protegen… - pero justo cuando terminó la frase, el teléfono de la casa sonó y esta dio un respingo.
Dudo en contestarlo, pero prefirió hacerlo porque quizás era su hija para decirle que ya iba en camino.
Salió de la cocina y cruzó la sala para tomar el teléfono que se encontraba en la mesa de centro.
-
¿Bueno? - a primera instancia no le hablaron, pero unos segundos después una voz varonil, muy familiar, resonó al otro lado del auricular.
-
¿Harry? - al pronunciar el nombre, su corazón dio un vuelco, pues el muy pocas veces, por no decir nunca, la llamaba y aquello no le auguro nada bueno.
-
Señora Thomas tengo que decirle algo…- trago saliva y suspiró lentamente, su tono de voz la alarmó aún más.
-
¿Estás bien, Harry? Te oyes preocupado…
-
Cuanto me gustaría decirle que estoy bien, Martina, pero…la verdad es que…acabo de recibir una llamada de Luna, ella me dijo que Helen había…sufrido un atentado y ahora esta siendo intervenida en el hospital Westminster - al escuchar esas palabras sintió como su corazón se desplomaba en un segundo. ¡Pero cuanta razón tenía su intuición!
-
¿Martina? ¿Señora Thomas? - escuchó a lo lejos como su ex yerno la llamaba por el teléfono, pero esta no reacciono enseguida.
-
¿Cómo…cómo que mi niña sufrió un atentado? ¡Explícate, Harry!
-
No sé explicarle muy bien, pero…estoy apunto de entrar al hospital, cuando tenga noticias si quiere la llamo…
-
No será necesario... ¡iré para allá! - y colgó el teléfono.
Pero al colgar el teléfono ya no sabía qué hacer, ¿Era apropiado decirle a Sarita ó mejor se iba y no le decía nada hasta que estuviese mejor? *"Mejor dile"*le aconsejó una vocecilla en su cabeza *"Tiene derecho"*sí, sabía que tenía derecho pero…no quería provocarle más dolor del que ya tenía; pero antes de que su cabeza procesara algún plan para comentarle, escuchó sus pasos bajar por las escaleras y observarla expectante.
-
Acabo de escuchar lo que Harry te dijo… ¿cómo está? - Martina la miró sorprendida y abrió la boca para protestar…
-
Cuando sonó el teléfono conteste desde tu habitación e iba a colgar pero al escuchar la voz de Harry pues… ¡Dime que se encuentra bien! - le espetó con lagrimas en los ojos. Martina se mordió los labios y abrazó con fuerza a su nieta.
-
No lo sé muñeca, pero roguemos que así sea.
-
Vamos a verla, ¿si? - le suplicó la niña con impaciencia. Martina asintió.
-
Baja una chaqueta, un tarro con agua y tu celular - Sarita asintió y subió rápidamente por las escaleras…
Subió al segundo piso y comenzó a buscar esa peculiar cabellera rubia que siempre la caracterizaba, y no tardo en encontrarla, pues relucía como siempre.
-
¡Luna! - exclamó con alarma al verla junto al dispensador de agua. La ex Ravenclaw pegó un respingo y agarró el vaso con fuerza.
-
¡Harry, por Merlín! Casi me haces caer el vaso - el moreno se encogió de hombros y lanzó una medio sonrisa.
-
¿A habido noticias? - Luna negó.
-
No, hace casi una hora la entraron a cirugía y la única vez que hablamos con el doctor fue antes de la intervención.
-
¿Hablamos?
-
la rubia desvió su mirada al suelo y carraspeó con molestia.
Ah…si…digo…la enfermera y yo…ya sabes - Harry levantó el entrecejo y la miró ceñudo.
-
¿La enfermera y tú? - repitió incrédulo. Luna asintió.
-
Sí, es que tú vieras, el personal de aquí es tan sociable…- Potter no comentó nada al respecto, pero sabía que su rubia amiga le ocultaba algo.
-
En fin…Luna y ¿tú que hacías con Helen? ¿Qué sucedió? Cuando me llamaste no me contaste los detalles ni nada… ¿Por qué la atacaron?
-
Ah…
-
Luna estaba conmigo en el centro comercial y por casualidad nos encontramos con Helen - dijo una voz a sus espaldas, una voz que le provocó un vuelco en el corazón y que los pelos de los brazos y la nuca se le erizaran.
¿Era ella, aquella que juro en su carta jamás regresaría? ¿Era esa su voz? No volteó enseguida para comprobar aquel juego del destino, pues no quería hacerse más daño con una falsa ilusión.
Miro a Luna y esta sólo se limito a encogerse de hombros.
*"Afróntalo"*le grito una voz en su interior.
Así que lanzando un profundo suspiro, giro sobre sus talones.
Sus profundos ojos chocolate se cruzaron con los suyos y todo a su alrededor desapareció (como en tiempos de antaño ocurría cuando cruzaban las miradas) se hablaron sin decir nada y ella puedo ver en sus ojos ese sentimiento de dolor que sólo su partida había causado. Él, por su parte, presenció un deje de esperanza, aunque muy seguramente era su imaginación.
Su rostro seguía siendo el mismo que recordaba antes de su partida: esos ojos color chocolate lo seguían embriagando con sólo una mirada; los bucles de color castaño caían plácidamente sobre sus hombros y en aquellos momentos hacia juego con la blusa que llevaba puesta.
No pudo articular palabra, pues se le había olvidado cómo hacerlo, pero ella por su parte sí lo hizo.
-
A si que nos fuimos a una cafetería hablar - continuó la castaña, tratando de ignorar la conexión mística que siempre tenían con sólo unas miradas - Pedimos algo y luego Luna se marchó y nos quedamos Helen y yo y…todo pasó muy rápido…estaba conversando con ella cuando a lo lejos escuche una motocicleta encendiéndose y luego vi a dos hombres posarse frente a nosotras y uno de ellos llevaba un arma y…- inhalo profundo para no ahogarse con el llanto que estaba apunto de arribar. Harry quiso abrazarla, pero se contuvo.
-
El hombre alzó el arma y apretó el gatillo…cuando lo hizo las balas impactaron en el cuerpo de Helen…cuando su cuerpo calló al suelo los hombres se marcharon sin más y…yo sólo grite pidiendo ayuda…- sus lagrimas resbalaron por sus mejillas como si sus ojos fuesen una llave descompuesta y enseguida oculto su rostro con las manos.
*"Abrázala"*le espetó la voz de, lo que parecía, su corazón…pero de nuevo se contuvo.
Luna se mordió los labios y fue enseguida a consolar a su amiga.
-
Ya, ya, calma…todo va a salir bien, te lo prometo - y miro de soslayó al moreno. Potter desvió la mirada al suelo y asintió.
-
Sí, no…no te preocupes, Helen es una mujer muy fuerte y va a estar bien - Luna negó con la cabeza y dijo algo entre dientes que Harry no logró descifrar.
-
¡Harry! - el grito de Martina llegó a sus oídos como campanas de gloria y sin pensarlo dos veces se retiro de Hermione y fue a su encuentro.
-
¡Señora Thomas! ¡Sarita!
-
¡Harry! - exclamó su hija, al tiempo que le daba un improvisto abrazo. El moreno sonrió y le devolvió el gesto.
-
¿Cómo se encuentra? - le preguntó la niña con el rostro surcado en lagrimas. Harry negó.
-
No lo sé, aún no han dado noticias - la señora Thomas se echó a llorar y Harry trató de consolarla.
-
Usted sabe cómo es su hija…además recuerde el accidente que tuvo hace unos años y resulto ilesa, ¿no? - Martina asintió.
-
Sí, pero…es que lo que me contaste es tan horrible… ¿cómo que un atentado? ¿Por qué? Si mi pequeña no tiene enemigos…
-
La verdad yo tampoco lo entiendo, Her…- y se quedo callado al percatarse de que iba a pronunciar su nombre.
La mujer arrugó el ceño y miro por encima del hombro del ojiverde.
-
La chica con la que esta Luna es… ¿Hermione? - Sarita se separó de su padre para rectificar lo que su abuela decía y abrió los ojos como platos al reconocerla.
-
Sí, es ella…pero…- y miro extrañada a su abuela y después al moreno - ¿No habían dicho que estaba fuera de la ciudad? - Harry se encogió de hombros y asintió.
-
Sí, eso parece, pero Hermione tiene la habilidad de lastimar a los que más quiere y luego regresar como si nada - espetó el ojiverde con un deje de rencor que fue muy fácil de percibir. Las presentes no comentaron nada.
-
¿Qué dijo ella? - le preguntó la anciana para cambiar un poco de tema.
-
Pues la verdad nada lógico…- y comenzó a relatarles la historia que su castaña le había comentado hacia unos minutos.
Luna observaba la escena desde los hombros de Hermione y suspiro.
La castaña no quería voltear, pues ver la mirada de reproche en los ojos de Harry era más que suficiente como para sumarse también la de su hija.
-
¿Cómo esta? - fue lo único que le preguntó a su rubia amiga. La ojiazul suspiro.
-
Grande y hermosa como siempre… ¿Por qué no la saludas? - Hermione negó.
-
No…si Harry me esta odiando en estos momentos, Sarita…bueno… - y suspiró - Ella es una persona que no perdona con facilidad.
-
A quien se parecerá, ¿eh? - la ex gryffindor negó con la cabeza y prefirió irse a sentar en las últimas bancas de la sala de espera.
Parecía como fuesen dos desconocidos: Mientras ella estaba al otro lado de la sala sentada junto a Luna, él se encontraba consolando a una impaciente y nerviosa madre junto a su pequeña hija, que trataba de ser fuerte por el bien de ambos.
De vez en cuando sus miradas se cruzaban, pero la conexión la rompía Harry al desviar la vista al suelo.
-
Fue un error haberme ido, ¿verdad? - le preguntó Hermione a la joven rubia. Luna se mordió el labio.
-
Pues me gustaría decirte que no, pero sí… ¿recuerdas que yo te lo advertí? ¡Pero claro, nadie le hace caso a lunática Lovegood!
-
¡Luna, por favor! Suficiente tengo con el hecho de que Harry me odie y mi hija no quiere ni verme, como para que tu me eches en cara tus sermones.
-
No son sermones, Hermione, sólo digo la verdad. Mira, yo te quiero mucho, eres mi mejor amiga, por no decir la única, pero la verdad es que de todos los errores que haz cometido, irte fue el peor de todos. ¡Escapaste de tus obligaciones como madre y como…amigade Harry! No debiste dejarlo solo…
-
¡Lo sé, por eso regrese! - Luna la miro de reojo y negó.
-
Claro, regresaste pero sólo para mi, ¿verdad?
-
Yo quería hacer esto con más calma…yo quería ir a la casa de Harry para hablar con el y explicarle mejor mis razones y el porque había regresado, ¡pero siempre algo se interpone en mis planes! - espetó frustrada. Luna no comentó nada.
La razón por la cual Hebert Richard había estudiado medicina, era por esa adrenalina que los médicos sentían al salvar una vida y la sensación gratificante que el trabajo dejaba cuando todo salía bien.
Él amaba su profesión y era una eminencia en el hospital, todo el personal lo quería asistir cuando iba a intervenir en el quirófano y la mayoría de las veces todos salían con una sonrisa en los labios al rescatar un alma más de las manos de la muerte.
Esa tarde acababa de recibir el turno de su colega Fenrich. El día parecía ser tranquilo y sin complicaciones (como solían decir ellos) pues sólo tenía a su cargo a una mujer de avanzada edad que se recuperaba de una intervención ortopédica en su pie izquierdo y unas cuantas rondas matutinas por las salas del UCI, pero de resto todo indicaba que ese domingo iba a ser un día muy aburrido.
Pero cuando había escuchado a lo lejos la ambulancia acercándose, supo que su domingo mejoraría y que tendría la oportunidad de salvar otra alma más.
- Joven de aproximadamente 26 años de edad, con heridas a nivel de abdomen y tórax, muy posiblemente puede estar involucrado un pulmón - le había dicho el joven paramédico cuando había ingresado a la sala de urgencias. Richard ya estaba acostumbrado aquellas situaciones, pues las veía todos los días: mujeres jóvenes que eran atacadas por unos vándalos por robarles unas cuantas libras y sus costosos celulares.
- ¡Preparen el quirófano! - había gritado a las enfermeras, como era su costumbre. ¡Tenemos que intervenirla enseguida! - Era la frase que más lo caracterizaba: intervenir…lo que siempre hacía con todos sus pacientes.
- ¡Doctor, dígame que la va a salvar, por favor! - le había suplicado aquella hermosa joven de bucles castaños. Se veía preocupada (como todos los parientes con alguien así) y lo único que había dicho en aquellos momentos era:
- Haremos todo lo que este a nuestro alcance - y así era siempre.
Había entrado con aquella joven envuelta en sangre al quirófano, las Instrumentadoras habían acordonado la sala muy rápidamente, lo que le permitió que el proceso fuese más sencillo.
- Gracias - dijo, cuando una de ellas le había entregado un instrumento quirúrgico para extraer una de las balas - Bien, un bola se encuentra alojada en la parte del abdomen…pero al parecer esta muy profunda y va a tomar tiempo. Necesito que controlen la otra parte de la herida para evitar una hemorragia más grande - había ordenado a su excelente equipo quirúrgico. Todos asintieron y la adrenalina volvió a subir a su pecho…
Él le había prometido a aquella muchacha de bucles castaños que iba hacer todo lo que estuviera a su alcance para salvar a su amiga, pero cuando el monitor anuncio que sus signos vitales comenzaban a descender, negó con la cabeza.
-
¡No la podemos perder! - Exclamó - ¡Suban adrenalina a 6mg!
-
¡Niveles de oxigeno descendiendo, doctor! - le espetó un enfermero mientras observaba el monitor.
-
¡Desfibrilador! - exclamó en mandato - Carguen a 100 Jules… ¡Despejen! - al recibir la descarga, el cuerpo de Helen brinco unos milímetros.
-
Nada, doctor, siguen en descenso.
-
¡Carguen a 150 Jules! ¡Despejen!...
-
Menor a 80 ppm…
-
¡Carguen a 200 Jules!... ¡Despejen! … ¡vamos, vamos! ¡Tú puedes! ¡Vamos!- exclamaba el veterano observado con impaciencia el monitor…
Hubo un silencio donde la línea siguió de largo…
-
Ausencia de ondas P, doctor - le anunció uno de sus enfermeros.
-
¡No, no! - grito el hombre y al borde de la desesperación comenzó a realizar reanimación manual.
-
Ya es muy tarde, doctor…la perdimos…- Hebert Richard dejo de insistir y apretó el puño con impotencia.
-
Hora del deceso.
-
A las 16:30 horas - Hebert asintió y mientras se quitaba los guantes escuchó como la muerte se burlaba socarronamente de él, al tiempo que le decía: ¡No todas las tienes que ganar, doctor!
Salió del quirófano y suspiró. El amaba su carrera, le gustaba sentir esa adrenalina cada vez que atendía a un paciente en estado critico, pero la única parte que odiaba de ser médico era ese momento, ese preciso instante que le gustaría delegar a otro para no ser él quien diera la noticia. Esa era la parte que masodiaba de su carrera (por no decir la única)
Entró a la sala de espera y comenzó a buscar aquella cabellera castaña de la linda y preocupada joven, pero fue ella quien lo encontró y maldijo a lo bajo por ser tan alto.
- ¡Doctor! - le gritó la castaña corriendo hacia él. Trato de sonreírle, pero su gesto se perdió al ver que otras cuadro personas corrían tras ella para su encuentro.
Diablosmaldijo a lo bajo.
-
Doctor, ¿cómo se encuentra Helen? - Hebert tragó saliva y se humedeció los labios.
-
Bueno, señorita, ella…
-
¡Doctor, dígame que la salvo! Porque lo hizo, ¿verdad? - le preguntó una mujer de aproximadamente 50 años, supuso que debía de ser la madre. Hebert desvió la mirada de aquel rostro angustioso pero con un deje de esperanza y carraspeó su garganta para aclararla.
-
Señora…
-
Thomas…Martina Thomas.
-
Bien, señora Thomas, debo decirle que su hija entro con dos heridas por arma de fuego. Una bala se instaló en su tórax y otro en su abdomen, comprometiendo así varios órganos y tejidos importantes…- le explicó. Martina sólo pudo contener las lágrimas. Hebert tragó saliva y continuó…
-
Logramos extraerle la bala que se había alojado en el abdomen, pero…- al decir la palabra, notó como los ojos de los presentes se abrían como si fuesen pelotas de pin-pon - …Cuando estábamos extrayendo la segunda bala…ella tenía una hemorragia interna de la cual no nos habíamos percatado antes porque tratamos de controlar la hemorragia externa…el hecho fue que se nos salió de control y como el segundo impacto había comprometido a un pulmón, pues…tratamos de estabilizarla pero se nos fue de las manos…- Martina abrió más los ojos y negó con la cabeza.
-
No doctor, dígame que no quiere decir lo que estoy pensando…- espetó Martina desesperada. Hebert suspiró.
-
Lo siento mucho, señora Thomas, pero la hemorragia fue muy grave y sumado a la dificultad que tenía para respirar pues…No logramos salvarla, lo lamento.
Martina negó desesperada.
-
No, no….mi pequeña no… ¡Usted está equivocado…mi pequeña tiene que estar viva…!
-
Lo lamento mucho, en serio - y se alejó de la mujer, para volver a respirar (pues siempre le costaba trabajo cuando era portador de malas noticas…)
Escuchó a lo lejos el grito de una madre desconsolada y el llanto de varias personas-seguramente el de la castaña estaba incluido-
Y una vez más la muerte le susurró al oído:
¡No todas las tienes que ganar, doctor!
[To be Continued…]