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Amores Cruzados — capítulo 32

Hola mis queridos lectores....

Gracias por los comments del anterior chap...esta historia comienza ya a llegar a la parte 1 del climax xD...no tengo mucho time para escribir...la U me agobia...pero trate de actualizar lo más pronto posible....disculpas de antemano si hay un dedazo x ahí...es que no me a quedado tiempo de darle una 2 review....

Los quiero y espeor actualizar again rapido...

XOXO

Emma.

32****Sin segundas oportunidades

Y ahora está en el sepulcro… No recemos por su alma Si no por las nuestras que siguen Aun en este mundo… **BY:**DBG

POV (Hermione)

Los gritos de Martina golpearon en mis tímpanos como fuertes  campanas de una iglesia. Las palabras del doctor entraron lentamente a mi cerebro y con parsimonia las comencé a procesar.

¿Muerta? ¿Helen, muerta? ¿Está seguro doctor?, quería preguntarle, pero antes de que pudiese hacerlo, éste se alejó y nos dejo solos.

Sentí como se me oprimía lentamente el corazón al ver a la señora Thomas desfallecer poco a poco y en cierta forma la comprendí, pues yo también había perdido una hija -*o eso me habían hecho creer -*por ende entendía un poco el dolor que debía estar sintiendo.

Quise acercarme, pero me contuve, pues Harry la abrazó y después lo siguió Sarita, mi hija. Luna y yo nos miramos y ambas agachamos la cabeza. Escuche un pequeño gimoteo proveniente de mi amiga rubia y suspire.

¿Por qué ella? ¿Qué le había hecho Helen al destino para que le cobrara factura tan pronto? Ella era una buena mujer y a pesar de que por un tiempo sentí celos por ella no se merecía la muerte.

Empuñe las manos con odio y desee haber visto el rostro del maldito asesino, pero el muy cobarde se  había ocultado tras un pasamontañas… ¿Cómo podía seguir viviendo esa gente al saber que con sus acciones mataban a alguien y a su vez a una familia entera?

  • ¿Estás bien? - me preguntó Luna, al ver mi semblante rojo y mis puños apretados. Yo negué con la cabeza.

  • La verdad es que no lo estoy - le dije - Tengo…impotencia - y apreté mis labios para evitar que salieran las lagrimas - ¿Por qué, Luna? ¿Por qué pagan justos por pecadores? Helen…ella no tenía porque haber muerto…yo…seguro ese atentado iba a ser para mí, estoy segura…- Luna negó y al instante paso su brazo sobre mi hombro.

  • Hermione, no siempre puedes tener las cosas bajo control…

  • Pero ese atentado…

  • Y no creo que hubiese sido para ti - musitó mi amiga con su peculiar voz soñadora pero con un tono de seriedad - Escuchaste al doctor, las balas impactaron en zonas muy puntuales y si hubiese sido una equivocación quizás ahora Helen estuviera…viva - levante el ceño y la mire intrigada.

  • ¿A qué te refieres?

  • Piénsalo, si ese atentado hubiese sido para ti y por cosas del destino el francotirador se hubiese equivocado, Helen sólo hubiese recibido una herida superficial o por lo menos en el hombro, pero las zonas de impacto fueron muy precisas - iba abrir mi boca para contestarle, pero en esos momentos Harry se separaba de Martina y le decía algo al oído a*nuestra hija.*Sarita asintió y se llevó a su abuela fuera del hospital. Harry giró y desee que su mirada se cruzara con la mía, pero este se acerco a Luna ignorándome olímpicamente.

  • Le dije a Sarita que subiera a Martina al carro. Las voy a llevar a la casa y después regreso por…bueno…Helen - le dijo a Luna. Yo sólo lo observe fijamente esperando alguna mirada, pero al parecer sólo existía Luna.

  • Sí, no hay problema, Hermione y yo nos vamos en un taxi - le dijo mi amiga. Harry asintió.

  • Bien…sí…

  • ¡Oye! - exclame, como para llamar su atención. Él sólo giro unos milímetros y levantó el ceño.

  • ¿Si? - su tono me descoloco por completo, ¿desde cuando había cambiado tanto? *¡Desde que  te marchaste!*Me espetó una vocecilla en mi interior, yo trate de ignorarla.

  • Si quieres puedo encargarme de lo de Helen para que…bueno, creo que es necesario que estés con la señora Thomas y con Sarita en estos momentos, ¿no crees? - él se mordió el labio y después de meditarlo, asintió.

  • Bien…eh…estamos hablando - y despidiéndose de Luna, se acerco y me miro por unos segundos.

  • Gracias…- y sin decir nada más, se marchó.

Sentí como me iba desmoronando lentamente… ¿acaso estaba pagando por todo el sufrimiento que le cause en tiempos de antaño? Sí, seguro eso era.

  • ¿Vas hacer eso sola o…? - yo le sonreí.

  • No te preocupes, Luna, puedo hacerlo, no hay problema. Tu mejor te encargas de ayudar a Harry con el sepelio y todo eso. Yo creo que entregan a…Helen mañana, así que es propicio que sea en las horas de la tarde, ¿no? - mi amiga asintió.

  • Bien, pero no me gustaría dejarte sola…- me reí a lo bajo, me encantaba cuando tenía esa sobreprotección para conmigo.

  • Estaré bien, Luna, no te preocupes - ella me sonrió y dándome un beso en la mejilla me abrazo.

  • Cuídate - y dándome un último beso, se fue.

Al ver a Luna partir, ciertos escalofríos recorrieron mi columna vertebral y me sentí *sola.*Quería salir de esas vueltas rápido, así que comencé a buscar al doctor que había asistido a Helen y no fue difícil hallarlo, pues era un poco alto.

  • ¡Doctor! - le grite. Este pegó un respingo y presencie un toque de incomodidad en su mirada, seguramente pensaba que le iba a reprochar por no haberla salvado…aunque en mi interior…

  • Usted es la amiga de…

  • Sí, de…Helen. Soy Hermione Granger - le dije, con pesadumbre - Vengo a preguntarle cómo hago para llevarme su cuerpo, qué tengo que hacer.

  • Bueno, ahora estoy haciendo todos los trámites para que la trasladen a medicina legal y como fue un atentado con arma de fuego pues es necesario que usted rinda declaratoria frente a la policía - me dijo. Yo trague saliva.

  • ¿Declaratoria? - repetí, sin dar crédito a sus palabras - ¿Por qué?

  • Bueno, usted fue testigo de los hechos, ¿no? Además creo que varias personas fueron a denunciar el caso en unas estaciones. Pero no se preocupe que sólo es rutina - yo asentí no muy convencida, pues conocía muy bien las declaratorias y en estos casos no eran sólo rutina.

  • ¿Cree que puedo hacerlo hoy mismo? - le pregunte, tratando de no sonar nerviosa. El doctor asintió.

  • Claro, si  gusta llamo a un agente para que la interrogue aquí mismo y no tenga que trasladarse.

  • ¡Sí, sí, me encantaría! - exclame gozosa, pues la verdad las estaciones de policías no eran mis sitos predilectos.

  • Ok, entonces termino lo de medicina legal y llamo, ¿le parece, señorita Granger? Mientras tanto espere en la sala - suspire… ¿más esperas?

  • De acuerdo, doctor, ¡gracias! - y brindándole una cálida sonrisa, me retire.

Nunca creí verme en esta situación ni mucho menos con alguien que en pocos días se había convertido en una persona importante en mi vida.

  • Como cambia la vida - me dije a lo bajo y suspire.

El tiempo pasaba lentamente y los recuerdos inundaban mi mente. Me odie a mi misma, porque en cada uno estaba presente Harry: desde el momento en que ingrese a ese vagón ahí estaba él; cuando me acorralaba ese Troll ahí estaba él; cuando el semihermano de Hagrid me iba aplastar, ahí estaba él… ¿En que recuerdo no se encontraba Harry? Debería preguntarme de ahora en adelante.

  • ¿Señorita Granger? - me llamó una ruda voz, sacándome de mis cavilaciones. Pegue un respingo y vi a un hombre junto a una mujer de cabello negro y ojos grises. Ambos estaban muy bien vestidos y llevaban un carné colgado del cuello.

  • Mucho gusto, señorita Granger, soy Matheo Firtmen - se presentó el hombre de mediaba edad, unas cuantas canas en su cabello y ojos…verdes - Soy delegado de la fiscalía. Mi compañera, Martha Firtmen, es subsecretaria, sabe porqué estamos aquí, ¿verdad?

  • ¿Por qué presencie un atentado? - él asintió.

  • Exacto. Eh…si no le importa nos gustaría hablar en un lugar mas *privado.*El doctor Richard muy amablemente se ofreció a darnos su oficina, así que si gusta…

  • Claro, no hay problema - y me incorpore de la silla con parsimonia. Martha Firtmen me siguió lentamente, sus zapatos de tacón comenzaban a irritarme… ¿acaso a su esposo no le irritaba?

Entramos al ascensor y nos detuvimos en el 4 rellano. Ese piso era completamente distinto a las salas de urgencias: pues parecía más una multinacional que un hospital.

Giramos a la derecha, pasamos por un largo pasillo que me recordó al Ministerio de Magia y después entramos por una puerta grande de madera que se encontraba marcada con el nombre del Dr. Hebert Richard.

El señor Firtmen me pidió que ocupara el asiento del doctor Richard y ellos se sentaron al frente. Martha sacó una pequeña palm y una grabadora, yo levante el ceño.

  • ¿Eso es necesario? - les pregunte con recelo. Ambos asintieron.

  • Sí, pero es simple rutina, no se preocupe - yo volví asentir y tome aire.

  • Bien, ¿qué quieren saber? - Firtmen chasqueó los dientes y miro unos papeles que había sacado de su maletín.

  • Bueno, primero unas cuantas preguntas de rutina. Sólo responda Sí ó No, por favor - yo asentí - ¿Su nombre completo es Hermione Jane Granger?   

  • Sí.

  • ¿Tiene usted actualmente 26 años?

  • Sí.

  • ¿Estudio en el Colegio Hogwarts de magia y hechicería? - abrí los ojos como platos y abrí por completo mi boca…

  • ¿Cómo diablos…?

  • Limítese a contestar sí ó no, señorita - me repitió el delegado, pero yo negué con la cabeza.

  • No, ¿cómo es posible que usted…? ¿Quién es usted?

  • El primer ministro tiene conocimiento sobre su mundo porque el primer ministro de su mundoha hablado con él - me comentó la señora con firmeza - Sólo a los delegados más importantes y de suma confianza, el mandatario les brinda esa información. Nosotros somos delegados de categoría 5 por parte de la fiscalía, hemos estado en el servicio secreto del primer ministro y somos casi que su mano derecha, por ende sabemos todo sobre el *mundo mágico.*Sabemos el nombre completo de sus ciudadanos, los que están apunto de nacer y los que ya fallecieron. Sabemos dónde estudiaron y en que año ingresaron. Sabemos casitodos sus movimientos - sus palabras me dejaron perpleja. Una vez había escuchado aquello, pero nunca creí que fuese cierto. ¿Los muggles con información sobre nuestro mundo? ¿Cómo era posible?

  • Ustedes saben que yo…

  • ¿Nos dejara continuar con el interrogatorio, señorita Granger? - me pidió el delegado. Agache la cabeza y asentí.

  • Estudió usted en el Colegio Hogwarts de magia y hechicería? - me volvió a preguntar.

  • Sí - dije.

  • ¿Usted fue estudiante modelo y se gano el premio de honor en séptimo grado?

  • Sí.

  • ¿Hace unos meses usted vivía en Canadá?

  • Sí.

  • ¿Usted tiene una hija? - dude en contestar esa pregunta, pero…sabían todo de mi, ¿no? Una cosa más no hacía la diferencia.

  • Sí.

  • ¿Se llama Sarah Thomas?

  • Sí.

  • ¿Sarah Thomas  fue hija adoptiva de Helen Thomas desde hace 10 años? - suspire.

  • Sí.

  • ¿Usted tenía una mala empatía o relaciones chocantescon la fallecida Helen Thomas? - abrí los ojos como platos y lo mire indignada.

  • Mire, si usted insinúa que por algún motivo fui yo quien atento contra ella…

  • Por favor sólo limítese a contestar las preguntas, señorita. Y yo en ningún momento lo he insinuado, a sido usted que lo a hecho, ¿por algún motivo?

  • ¡No! Y ¡No! - Espete - Mire, a mi me robaron a mi hija cuando nació, hace unos meses me entere que la culpable había sido la hermana de Helen…admito que hubo cierta mezcla de celos porque ella tenía a las dos personas que más me importan en esta vida, pero jamásle haría daño, ¿sabe porque? Porque quizás si no fuese por ella no estaría aquí.

  • ¿Acaso iba a huir de la ciudad?

  • ¡Por supuesto que no! - exclame exasperada - Iba a visitar a mis padres en Francia porque estaba cansa de todo esto…

  • ¿De qué? - abrí de nuevo la boca y me que sorprendida, ¿por ser entrometido le pagaban?

  • ¿A usted que le importa?

  • Señorita Granger, por favor colabore - me pidió la mujer con recelo - Conteste las preguntas de mi compañero, es necesario - guarde silencio por unos minutos y trate de serenarme. Tenía que estar calmada, porque si no después me culpaban que yo había sido la mente maestra detrás del crimen.

Respire profundo y continúe.

  • En el pasado tuve problemas con el padre de mi hija…yo sólo quería alejarme un poco de todo eso, era todo. Pero…ellos son muy importantes para mí y por ende me quede.

  • Tengo entendido que usted aquí no tenía una residencia propia - asentí.

  • Sí, cuando regrese de Canadá vivía en hoteles…pero cuando desistí de irme me fui a vivir con mi amiga Luna.

  • ¿Luna Lovegood?

  • Sí.

  • Muy bien - vi como Martha anotaba algo en su palm.

  • Señorita Granger y díganos, ¿qué estaba haciendo usted y la señorita Lovegood en el centro comercial el día de hoy? - inhale profundo y comencé a relatarles todo lo acontecido, desde que me había levantado hasta el encuentro inesperado con Helen.

Cada palabra que decía Martha la anotaba con rapidez en su palm, aquello me recordó a Rita y empuñe las manos…esa arpía…

Cuando había llegado al momento más escabroso de la historia, trague saliva, pues contarlo era como revivirlo de nuevo en carne propia. El delegado me entrego un vaso con agua y un pañuelo, le agradecí y continúe…pero cuando les comente el momento que escuche la motocicleta las lagrimas resbalaron por mi mejilla…

  • Respire - me aconsejó el hombre…yo proseguí.

  • Cuando la vi tirada en el suelo trate de auxiliarla como pude pero…al parecer mis esfuerzos parecieron inútiles - las lágrimas resbalaban por mis mejillas y se perdían en mi escote…

  • ¿Después llegó la ambulancia y la trasladaron aquí?  

  • Sí - los delegados se miraron y anotaron una última cosa.

  • Bueno, creo que eso es todo, señorita Granger, disculpe por haberla molestado pero ya sabes es…

  • Rutina - le complete, con una media sonrisa. El delegado asintió.

  • Sí. Vamos a examinar su declaración y la mantendremos informada, pero mientras tanto tengo que decirle que usted es la principal sospechosa del atentado - yo levanté el ceño e iba a protestar, pero el hombre me interrumpió - Debido a los vínculos que usted tenía con la difunta, me explicó: ella fue novia de su ex novio, el cual es el padre de su hija, ella a su vez fue hija de la difunta, por lo cual a primera instancia se podría intuir que usted planeó todo esto para que en el lugar y el momento preciso le dispararan para que así no tuviera más obstáculos que vencer frente a su ex novio y su hija - yo negué con la cabeza y resople con fastidio.

  • Ella ya sabe que es mi hija y yo puedo ser terca y lo que usted quiera, pero jamás me atrevería a…- y contuve las lagrimas que estaban a punto de salir de nuevo.

  • Yo sólo estoy advirtiéndole, para que luego no se sorprenda por si le llega a su casa una citatoria contra el juzgado. Estos tipos de atentados no son muy comunes y por lo general siempre hay un perpetuado maestro tras ellos.

  • ¡Pero no soy yo! - le espete. Este asintió.

  • Puede que lo sea como puede que no, frente a los ojos de la justicia todos son culpables - luego le dijo algo a su compañera y esta guardo la palm y otras cosas más en su maletín.

  • Gracias de nuevo por atendernos, señorita - yo resople con fastidio.

  • Sólo espero que capturen al verdadero criminal - y con lágrimas en los ojos y una necesidad urgente de tener a Harry al lado, salí del consultorio y camine como una autómata por el largo pasillo…

Fin POV (Hermione)


Muchos dedos apuntaban en su contra, al tiempo que ella se iba hundiendo lentamente en una silla que la tragaba poco a poco.

- ¿Cómo pudiste hacer eso, Hermione? - Le gritaba Harry con lágrimas en los ojos - ¡No te creí capaz de llegar tan lejos…!

- ¡Yo no fui, Harry, te lo juro! - Le gritaba la castaña desesperadamente - Yo no fui…en serio…todo a sido un engaño…yo no fui…

- ¡Mientes! - Le gritaba su ex novio - Yo la amaba y tu la mataste… ¡eres una asesina, Hermione Granger!

- ¡No, Harry…no digas eso…soy inocente…soy inocente! - gritaba violentamente, al tiempo que se hundía cada vez más.

Con cada palabra, gesto y gritos de los presentes, sentía como su vientre era rasgado con fiereza, como si unas garras se enterraran en el con la menor delicadeza.

Poco a poco iba perdiendo el conocimiento y al último que veía (como una silueta borrosa) era a…

El despertador sonó y los primeros rayos del sol entraron por las rendijas de la ventana impactando sin decoro en su rostro. Se levantó asustada. Se tocó el rostro y estaba surcado en sudor, respiró profundamente y miro por la ventana: ya había amanecido y tenía que ir a medicina legal para diligenciar todos los papeles para el sepelio.  

Al parecer Luna ya se encontraba despierta, pues los escandalosos ruidos en la cocina la delataban, volvió a suspirar y calzándose las pantuflas, entró en el baño.

Quizás una buena ducha con agua bien fría le podría sacar esos absurdos pensamientos que había tenido desde que rindió declaratoria… ¡Por eso odiaba a los delegados y sus preguntas capciosas! Ya que después de una declaratoria siempre su mente iba más allá de los hechos, volviéndola loca.

El chorro de agua fría le despejo un poco la cabeza y se rió a lo bajo por lo estúpida que podía ser a veces.

  • ¡Harry jamás pensaría eso de ti, tonta!- se reprendió a lo bajo, mientras salía del baño envuelta en una toalla y los bucles castaños escurriendo agua por sus hombros.

Se miró al espejo y rió: - ¡Pero que fea estás! Como haz olvidado las clases de madame amore sobre los tips de belleza - y negando con la cabeza, abrió el armario y sacó una blusa blanca de manga larga con un corto escote, un pantalón de mezclilla color negro y unas botas blancas.

Cuando salió un desayuno preparado por Luna, ya se encontraba servido sobre la mesa.

  • ¿Huevos con tocino para variar? - preguntó su amiga con tono cómico, la rubia levantó la ceja y la miro ceñuda.

  • ¡Pues si no quieres no comas! - le espetó la ex Ravenclaw, Hermione abrió los ojos como platos y negó.

  • ¿Te levantaste con el pie izquierdo? - la rubia agachó la cabeza y suspiró.

  • Discúlpame, Hermione, es que ayer cuando salí del hospital fui a la casa de Ron para contarle lo de Helen pero no estaba y lo llame como seis veces al celular y no me contesto… ¡Lo estuve llamando hasta las dos de la madrugada! - la castaña levantó el entrecejo y la miro expectante.

  • ¿Hasta las dos de la madrugada? - Repitió, incrédula - Pero mira como cambian los tiempos, yo no sabía que uno tenía derecho de enojarse con los amigos sólo porque no le contestan el celular - las mejillas de la rubia se tornaron rojas como un tomate y carraspeó con molestia.

  • Eh…bueno, es que… ¿quieres jugo de naranja? - la intelectual rió y asintió, pues no quería avergonzarla más, pues ya habría tiempo para sonsacarle la verdad…


"- Mamá - la llamó su hija entrando en la habitación. Martina dejo de cocer y la miro.

- ¿Dime?

- ¿Te acuerdas de Harry, el gerente de la empresa Ownes? - le preguntó su hija, sentándose a su lado. Martina asintió.

- Claro, cómo olvidarlo, si es un chico maravilloso - Helen agachó la mirada y sus mejillas se ruborizaron.

- Pues…me propuso que fuéramos novios - la mujer abrió los ojos como platos y se tapo la boca con ambas manos para no gritar y despertar a la niña.

- ¿Enserio? ¡Oh, pequeña…cuando me alegro!- exclamó, dándole un fuerte abrazo - ¡Tú eres una mujer maravillosa y yo sé que él te hará muy feliz!

- ¡Gracias, mamá…te amo!"

Aquel recuerdo se sumaba a la montaña que comenzó a formar desde el día anterior. No sabía cuánto iba a resistir su cerebro, pero le era casi que inevitable no hacerlo. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas y cayeron sobre el porta retrato de su hija.

Una vez más se preguntó ¿qué había hecho ella para merecer eso? Helen había sido una buena hija, una buena madrey una buena novia…era la mujer casi perfecta, la chica que cualquier persona estaría orgullosa de tener… ¿Por qué el destino se la había rebatado de una manera tan cruel? Más y más lágrimas resbalaban por sus mejillas, parecía no tener fin.

Escuchó que alguien entraba a la habitación pero no se molestó en voltear, pues suponía quien era.

Sarita se sentó a su lado y la miro solemne.

  • Abuela…Harry dice que en dos horas nos recoge…Hermione está pendiente de lo de medicina legal y todo eso…- Martina asintió y observó a su nieta con aspaviento.

  • No sabes cuanto te admiro pequeña…estás siendo muy fuerte - sarita agachó la cabeza y suspiró.

  • Tengo que serlo, por ti…por ambas - y dándole un beso en la mejilla se incorporó de la cama y salió del dormitorio.


El pelirrojo aún no salía de su asombro. Ayer Harry había ido a su casa como a eso de las ocho y lo invitó a que se tomaran unos tragos. En el bar le había contado sobre la llamada de Luna, el atentado contra Helen y la sorpresiva re-aparición de Hermione.

Se había quedado a dormir en su casa por miedo a que cometiera una locura (pues el Harry depresivo se había vuelto muy común) y mientras se arreglaba no podía creer aún que iba al entierro de Helen Thomas, la misma mujer que lo había regañado aquella vez que Harry se fue a Canadá en busca de Hermione; la misma mujer que a veces odiaba pero en ocasiones admiraba; la misma que un día le confeso entre copas amar a su mejor amigo con todo su alma y que deseaba algún día casarse con él.

Harry entró al dormitorio y Ron lo miro por el espejo.

  • ¿Cómo estás? - le preguntó. Harry bufó y se fue a sentar en un sillón.

  • Extraño - Ron arqueó las cejas y lo miro expectante.

  • No entiendo - Harry suspiró y despelucándose su cabellera, dijo:

  • Por una parte siento una opresión horrible en el pecho por haberla perdido, pero por otra…cuando vi a Hermione en el hospital sólo quería balancearme a ella y besarla como nunca antes lo había hecho, pero después recordaba todo lo que en tiempos de antaño me hizo y las palabras de Helen y…¡Estoy muy confundido! - Ron terminó de anudar su corbata y se sentó frente a su amigo.

  • Debió ser difícil tenerla al frente sin poder hacer nada - el moreno asintió.

  • Sí…pero no por el hecho de no poder hacer nada, pues yo sé que si le doy la oportunidad a Hermione de que conversemos ella lo va a aceptar, porque por algo regreso, pero el caso era que yo no quería.

  • ¿No querías?

  • Sí, cuando la vi quería besarla, pero ese sentimiento de amorse mezcló con un sentimiento de rencor y algo muy parecido al *odio…*sentí rabia por un momento al verla tan tranquila, como si nada hubiese pasado…como si no se hubiese marchado y este mes nunca hubiese transcurrido - Ron agachó la mirada y suspiró.

  • Entonces, ¿Qué vas hacer? - el moreno se encogió de hombros.

  • Aún no lo sé…sólo quiero que pase el sepelio y tratar de dejar toda esta congoja en el cementerio, cuando tenga la mente más clara veré que hago con ella.

  • ¿Pero vas a dejar a Sarita sola? - Harry negó.

  • Yo, a diferencia de Hermione, no lastimo ni dejo sola a las personas que amo - Ron no comentó nada, pues en cierta forma hacía bien en alejarse de Hermione, pues ya creía que le había llegado su tiempo.

  • Oye Ron, te iba a pedir un favor - le dijo su amigo después de un minuto en silencio. El pelirrojo asintió.

  • Claro, dime.

  • Es que voy a recoger a Martina y a Sarita para llevarlas al cementerio, pero Her…Hermione va a ir a medicina legal a reclamar el cadáver y pues…

  • ¿Quieres que la acompañe y la lleva al cementerio para que nada le pase? - le completó la frase con una medio sonrisa. Harry suspiró.

  • Es inevitable - fue lo único que pudo decir. El pelirrojo le dio unas palmaditas en el hombro y negó.

  • No hay problema, voy en taxi hasta mi casa y cojo las llaves del auto - el moreno le sonrió.

  • ¡Gracias amigo!

  • Ajá… ¿ya me tengo que ir?

  • Sí, yo creo que ya debe estar en camino.

  • Ok - y dándole un abrazo, salió por la puerta y bajo por las escaleras.

  • Luna no tienes porque hacer esto, enserio - le insistía por vigésima vez a una testaruda rubia. Esta negó y tomando su abrigo del perchero, abrió la puerta y salió de la casa.

  • No te voy a permitir ir sola a una morgue…es terrorífico.

  • En Hogwarts me enfrente a cosas peores, ¿Qué más que los dementores ó los mortifagos? Esos sí eran terroríficos.

  • Pues sí pero…igual, yo soy tu amiga y no te voy a dejar sola - Hermione bufó con exasperación.

  • Como quieras - y abordaron el primer taxi que paro.

En el camino la castaña le contó a la rubia sobre la declaratoria que tuvo que rendir y el sueño tan extraño que había tenido en la madrugada.  Luna se mordió el labio y miro por la ventana.

  • Me preocupa que estés involucrada en todo esto - le comentó en un tono bajo y de intranquilidad - Si no encuentran al culpable y no hay mas sospechosos tu podrías…- la joven asintió.

  • Ir a la cárcel - le completó en un tono lúgubre. Luna se estremeció de solo imaginárselo.

  • ¡Ni lo digas! Mira como me pongo de sólo pensarlo - espetó - Hay que encontrar pistas, no sé cómo, pero hay que hacerlo.

 ¿Y eso de que serviría?

  • De mucho, porque así no tendrían razones para involucrarte. Lo que no podemos permitir es que la ley te coja ventaja, porque si ve  una falencia no tendrá reparo en hundirte - Hermione la miro sorprendida.

  • ¿Y desde cuando tienes esos dotes de abogada? - la rubia se encogió de hombros.

-Bueno, la verdad es que siempre me han gustado las leyes…

Parqueó frente al instituto de medicina legal de Londres y bajo su celular-el cual había dejado en el auto desde ayer-y cuando lo miro vio seis llamadas perdidas de Luna. Supuso que lo había llamado para contarle lo de Helen, así que no vio la necesidad de regresarlas, además después del sepelio podría hablar con ella.

Entró por la puerta corrediza y después de preguntar en la recepción dónde quedaba la sala de entrega, subió al quinto piso y camino por un largo y solo pasillo. Nunca le habían gustado esos lugares, por eso jamás trabajaría en un lugar como ese...

  • Disculpe, es que vengo a reclamar un…cuerpo - le dijo a una mujer sentada detrás de un gran escritorio.

  • ¿Nombre?

  • Helen Thomas - la cuarentona buscó en la red y chasqueó la lengua.

  • Ya esta en trámite…creo que ellas la están reclamando - dijo, señalando con su dedo índice hacia la derecha. El pelirrojo giró la cabeza y se encontró con el semblante cansado de la castaña y el soñador rostro de la rubia. Inconscientemente sonrió y agradeciéndole a la mujer, se retiró.

  • Ya esta todo en orden, voy a pedirle a mis hombres que la suban al carro para que la trasladen al cementerio - les informó el doctor de mediana edad a las jóvenes. Ambas asintieron.

  • Muchas gracias, doctor.

  • ¡Luna! - le gritó Ron antes de que se fueran. La rubia giro sobre sus talones y lo miró sorprendida.

  • ¿Ron? ¿Y tú que haces aquí?

  • Bueno…eh…Harry me contó todo ayer y me pidió que viniera acompañarlas - luego miro a Hermione - Hola… ¡que milagro! - la castaña se encogió de hombros.

  • Hola, Ron - Luna sonrió, pero luego recordó el incidente de ayer y puso cara de pocos amigos. El pelirrojo notó el cambio y levanto el ceño.

  • ¿Estás bien? - la rubia gira la cara y se dirigió a Hermione con seriedad.

  • ¿Nos vamos? - la intelectual miro a Ron de reojo y después a su amiga y suspiró.

  • Ajá.

Cuando entraron en el ascensor, Luna apretó el botón del living tan rápido que la pierna derecha de Ron quedo atorada entre ambas puertas.

  • ¡Ron! - Exclamó Hermione preocupada - ¡Luna, ten más cuidado! - la reprendió. La rubia chasqueó la lengua y movió la cabeza de un lado a otro.

  • ¿Qué? - Preguntó inocente -¿Yo que hice?

  • ¡Pues que casi me arrancas el pie! - le espetó Ron, sobándose la magulladura que se había formado en su pantorrilla.

  • No es tan grave - le dijo Hermione tras alzar su pantalón y revisar la herida - Fue superficial.

  • ¡Sí, sobrevivirás! - le soltó la rubia con desdén. El pelirrojo enarco las cejas y miro a Hermione.

  • Ni idea - le dijo entre dientes.

  • ¡Luna, Luna! - le gritaba Ron cuando salieron del ascensor, pues la rubia fue la primera en hacerlo y daba grandes zancadas como para que nadie la alcanzara.

  • ¡Oye, espérame! ¿Qué te pasa? - la mujer resopló y luego negó con la cabeza.

  • ¿A mi? ¿Nada? ¿Y a ti? ¿Cómo está tu celular? - Ron arrugo la frente y se quedo pensando en aquella pregunta, pero después recordó lo de las seis llamadas y soltó una pequeña carcajada.

  • ¿Y ahora tú de qué diablos te ríes? - le preguntó su amiga con repulsa. Ron negó.

  • ¡No puedo creer que estés enojada por esa bobada! - exclamó el Weasley con asombro - ¡Por Merlín, Luna, ni que fueras mi novia! - la ojiazul abrió la boca para protestar pero la cerró enseguida y sólo soltó un soplido de enfado.

  • ¡Yo me hago atrás! -gritó Ravenclaw cuando llegaron frente al auto del pelirrojo.

  • Pero, Luna…

  • ¡Colabora! - le pidió entre dientes. Hermione rodó los ojos y se subió al auto, seguido de un Ron muerto de la risa y una Luna envuelta en llamas…pero de ira…

Bajaron del auto e inconscientemente tomó la pequeña mano de su hija. Sarita lo miro y le dio una media sonrisa, pues necesitaba mucho ese gesto.

  • Estás siendo muy fuerte - la felicitó su padre en un susurró mientras caminaban hacia el camposanto. Sarita sonrió.

  • Gracias…lo hago por mi abuela, ella esta destruida…

  • ¡Eres muy fuerte y valiente! - y le guiño un ojo.

En el camposanto ya se encontraba Luna con Ron y *Hermione.Harry la miro embelesado por unos segundos y meneó la cabeza al instante..." ¡Deja de pensar en ella!"*se reprendió.

Hermione subió la mirada y la agacho enseguida, pues sabía que si lo seguía viendo iba a ser perjudicial para su salud mental.

Harry y Sarita se hicieron al frente de Hermione y en medio de la señora Thomas para darle fuerzas. La pequeña tomó la mano de su abuela y esta la apretó con firmeza, como si jamás pretendiera soltarla.

El sacerdote inició con la tradicional oración seguida de unas cortas palabras referente a la difunta, luego unos compañeros de trabajo de la rubia dijeron unas últimas palabras antes de que uno de ellos se echara a llorar.

Harry quería hablar también pero sintió que las fuerzas lo habían abandonado y no se quería derrumbar frente a Martina ni mucho menos frente a su hija.

  • ¡Que el señor la tenga en su gloria! - exclamó el sacerdote vertiendo agua bendita sobre la caja de madera - ¡Que descanses en paz, Helen Thomas! - al decir esas últimas palabras, el ataúd de color café oscuro fue descendiendo lentamente con ayuda de cuerdas amarradas por cada extremo.

La señora Thomas se tapó la boca con ambas manos y ahogó un grito, pues ya había gritado suficiente en el hospital y en la eterna noche que había pasado llorando.

Sarita se mordió el labio inferior y por primera vez-desde que había recibido la noticia-una lágrima resbaló por su mejilla perdiéndose en su caída. Sólo fue una lágrima.

Harry tragó saliva y negó con la cabeza…quizás si nunca hubiese encendido ese televisor aquella noche…y como un acto reflejo miró a la castaña, la cual se encontraba limpiándose las lagrimas con el dorso de su gabardina.

Unos cuantos truenos resonaron en cielo y varias gotas de agua comenzaron a caer con violencia anunciando la llegada del invierno.

El agua se mezcló con las lágrimas de los presentes y los paraguas dieron su arribo.

  • Sarita, ve al auto con tu abuela, ¿si? Que no es apropiado que se mojen - le dijo su padre, abriendo un paraguas negro y entregándoselo - Yo ya las alcanzo - Sarita asintió y miro de soslayo a la intelectual.

  • Hermione, ¿vienes? - le preguntó la rubia. La mujer negó.

  • Voy enseguida.

  • ¿Te quedas con el paraguas?

  • No, tranquila, llévatelo - la joven asintió y recordándole que mojarse no era bueno, abrió el paraguas y camino a grandes zancadas para que Ron-una vez más-no la alcanzara.

  • ¡Luna me voy a mojar! - le grito su amigo con reproche.

  • ¡Pues ese es el caso!  - Hermione rió a lo bajo por el comportamiento de esos dos, parecían unos niños chiquitos.

  • Bueno, por lo menos alguien se divierte - le dijo una voz a su costado. La ojicafé pegó un respingo y agacho la cabeza apenada.

  • No, yo…es que Luna esta disgustada con Ron y…

  • Sí, como sea…- Hermione se mordió el labio y desvió su vista al sepulcro de Helen.

Harry suspiró he hizo lo mismo.

  • ¿Sabes que fue lo último que me dijo? - le  comentó la castaña rompiendo el silencio, Harry negó.

  • No, ¿qué?

  • Me dijo que no perdiera lo que era mío y que…el amor verdadero sólo se encuentra una vez en la vida - y lo miro de reojo. El moreno se mordió el labio y carraspeó con molestia.

  • ¿Por qué regresaste, Hermione? - le preguntó bruscamente, girando su cabeza para observarla. La ojicafé tragó saliva y tomó una larga bocanada de aire.

  • Nunca me fui - le confesó. Harry arrugó el ceño y se revolcó el cabello.

  • ¿Cómo que nunca…? ¡No te entiendo!

  • Sí, nunca me fui. Llegue al aeropuerto pero algome hizo cambiar de parecer.

  • ¿Y dónde estuviste todo este tiempo?

  • En casa de Luna…y antes de que arremetas contra ella, yo le pedí que no le dijera nada a nadie.

  • ¿Por qué? - le preguntó Harry un poco molesto. Hermione se encogió de hombros.

  • Porque no quería que nadie se enterara de mi presencia, además  necesitaba un respiro y pensar bien las cosas.

  • ¿Qué cosas tenías que pensar? - Le preguntó su ex novio con brusquedad - Si ya el daño lo habías cometido ¿para que te arrepentiste? - Hermione abrió la boca para protestar y lo miro con reproche.

  • ¿Perdón? ¿Por qué me estás tratando así, Harry?

  • ¿Porque quizás te estoy devolviendo un poco de tu propia medicina? - le espetó el hombre con fiereza. Hermione soltó una risita irónica y negó con la cabeza.

  • ¡Genial! Me tratas mal por todo lo que te hice, ¿verdad? ¡Ahora la que te estoy debiendo soy yo!

  • No me refería a eso…

  • ¡Harry, yo te explique en esa carta las razones que tenía para irme y si tu no eres capaz de entenderlas…!

  • El hecho no es si fui o no capaz de entenderlas, el hecho es que renunciaste a algo que por derecho te pertenece pero por cobardía negaste aceptar…

  • ¡Si yo me fui era para dale su espacio, para que pensara bien las cosas! - exclamó la castaña con indignación. Ya comenzaba a enfurecerse. Harry resopló con fastidió.

  • Claro, pues bonita tu forma de brindarle espacio a los demás…

  • ¡No tenía otra alternativa, Harry! - le gritó la mujer con los puños apretados.

  • Sí la tenías - le refutó su ex novio con fiereza - ¡Tenías la opción de quedarte conmigo y de luchar juntos por nuestra hija! La verdad es que te desconozco tanto… - le dijo, ahora en un susurro casi inaudible - La Hermione que conocí en Hogwarts y de la cual me enamore ya no existe, ahora es una…cobardeque le gusta irse por el camino fácil. Esa Hermione fuerte, empedernida y que nunca desfallecía hasta alcanzar una meta, ya no existe, ya no la distingo en esos ojos chocolate - sus fuerzas comenzaron a descender al igual que su enojo, con aquellas palabras ahora sólo sentía vergüenza.

  • Harry…- lo llamó la chica, pero este la interrumpió.

  • Yo sólo quería estar contigo y que lucháramos juntos por nuestra hija, que lucháramos inalcanzablemente hasta el día que nos aceptara, yo sólo quería…- y guardó silencio, pues ya sentía que con cada palabra se hacía más daño del debido.

  • Harry, yo si quiero luchar por mi hija, por eso regrese - le comentó la intelectual con congoja. Harry asintió.

  • Sí y de cierta forma me alegro…pues ahora más que nunca necesita a su madre.

  • Y a su padre - le dijo en un murmullo. Él asintió.

  • Sí, pero creo que de ahora en adelante las cosas serán diferentes - Hermione arrugó el ceño y lo observo confundida.

  • No comprendo…

  • Yo siento que no puedo seguir en lo mismo Hermione, yo…me alegro mucho de que estés aquí, pero tú decidiste marcharte de mi lado hace casi un mes y…

  • ¡Pero ya regrese! - lo interrumpió la ex gryffindor con desesperación - Podemos…si hablamos con más calma y como gente civilizada…- pero el ojiverde negó.

  • Si vine hablar contigo sólo era para saber la razón de porque regresaste y ahora que ya la sé no tengo nada más qué hablar…

  • Pero Harry, yo sé que fue un error haberme ido y lo lamento mucho. Sé que haz sufrido por mi culpa pero por favor démonos una segunda oportunidad, ¿si? - Harry quería gritarle que sí, que le daba tres, cuatro, cinco, todas las oportunidades que fuesen necesarias, pero su orgullo de macho no se lo permitió.

  • Yo te pedí en el pasado otra oportunidad y me la negaste, así que no creo que yo pueda hacer lo contrario…

  • Pero, Harry…- el moreno negó.

  • Lo siento, Hermione…adiós - y dándole un beso en la frente, dio media vuelta y se marchó. Hermione lo vio partir y en aquellos momentos sintió como las lindas palabras que hacia dos días le había dicho Helen, se las llevaba el viento y se perdía con la lluvia…

Hermione comprendió, que a veces, éramos nosotros los únicos culpables de que aquellas segundas oportunidades se escaparan de nuestras manos y no tuviéramos la más mínima posibilidad de atraparlos, pero como bien decía su madre: "*El que persevera alcanza"*pero puso en tela de juicio si ese proverbio aún aplicaba para ella…

[To be Continued…]