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Amores Cruzados — capítulo 33

Hola gente! Disculpen la tardanza, pero es que me he enfrascado tanto en un proyecto que tengo en mente que, bueno, he perdido el hilo del tiempo...aunque tampoco le quito crédito a la Universidad que muy amablemente colabora (grr) Este capitulo en particular me gusto mucho, no lo sé, quizá porque cambio tanto su formato que al final salió el más inesperado.... Aquí se ve un pequeño adelanto de lo que vino hacer cierto personaje a Londres, aunque claro, su participación será un poco más relevante (guiño)  y obviamente, otras cosillas que espero les guste :D Se preguntaran porqué el titulo? bueno, espero que alguien adivine el porque :D, si no, se los comentaré en el próximo capitulo... Ciao!!! Emma. PD: Así, disculpen los errores o quizá horrores ortograficos, es que es casi la medianoche, mañana me toca madrugar, pero me rehusaba irme a dormir sin subir el capitulo (si ya, una manía mía, lo siento) mañana lo edito....beso!... Gracias por los rews del anterior cap...! como siempre, increibles :D

33****Red Moon

Ahí viene - le dijo el más joven a su jefe, al tiempo que se retiraba del alfeizar de la ventana. El hombre tragó saliva y se sobo las manos con nerviosismo. Sabía que la iba a pagar caro por su error, pues una vida inocente había caído y la que debía haber muerto seguía con vida. Tres golpes secos tocaron la puerta y los hombres se miraron angustiados.

  • Se que están ahí… ¡Ábranme inmediatamente! - les exigió el hombre con furia. El más joven dio varios pasos hacia adelante y estiró la mano para girar el pomo, pero su jefe lo detuvo.

  • ¿Qué crees que haces, imbécil? - le espetó el hombre levantando el entrecejo, el chico se encogió de hombros.

  • Si no le abrimos el es capaz de tumbar la puerta y cuando lo haga no nos dejara explicarle y nos matará enseguida.

  • ¡Pero si le abres y le explicamos igual nos matara! - exclamó el hombre con los ojos desorbitados a causa del miedo. El joven asintió.

  • Quizá…o tal vez no - y girando el pomo, abrió la puerta. Stevens se encontraba al otro lado con una fotografía en una mano y un puño en la otra…


Una vez más Hermione se levantó de la cama con el pijama impregnado en sudor y su ritmo cardiaco a más de 80 pulsaciones por minuto. Le dolía el vientre y cuando bajo su mirada noto las marcas de sus uñas en el, ¿a caso ella misma se las había hecho? ¿Pero porque?

*"Estas pesadillas me van a matar"*pensó en su fuero interno, mientras se tocaba la cabeza. Ya había pasado dos días desde el funeral de Helen y aún esas pesadillas la invadían todas las noches y siempre eran las mismas: muchos dedos apuntaban en su contra y Harry le gritaba que era una asesina por haber matado a la única mujer que lo amo de verdad. Pero hoy había sido distinto, pues en el sueño sentía que le desgarraban el vientre, como si unas garras entraran en el y sin compasión le arrancara todo lo que tenía dentro.

Podía entender el significado de ese desgarre, pues era el dolor que sentía por todo lo que estaba pasando, ¿pero no entendía porqué fuera del sueño se había lastimado con sus propias manos? Negó con la cabeza y supo que para que esas pesadillas aminoraran tenía que conseguir de nuevo un trabajo, porque no se podía pasar todo el día encerrada en el apartamento de Luna sólo haciendo los quehaceres.

Se incorporó de la cama y se metió a la ducha, pues el agua fría era lo único que la calmaba un poco y por lo menos podía disimular frente a Luna el miedo que sentía que tras esa audiencia la encontraran culpable.

Su amiga le había dicho que tenían que investigar acerca de lo sucedió, retornar a los lugares que frecuentaron ese día y tratar de recordar si se habían topado con personas fuera de lo común o que resultaran sospechosa; pero la rubia se encontraba tan ocupa en evitar a Ron, que mínimamente le hacía caso a ella, pues siempre se iba temprano para impedir que el pelirrojo la retuviera en su apartamento antes de salir a trabajar y llegaba muy tarde para no tener que toparse con él en la entrada. Ya estaba cansada de tener que decirle a Ron todas las mañanas que Luna había salido temprano al trabajo porque necesitaba editar unas columnas  antes de las siete y en la noche decirle que por culpa de su jefe toda la semana iba a llegar después de las diez.

Después de vestirse salió de su habitación y encontró (como los últimos días) el apartamento vacio y la acostumbrada nota de su amiga rubia sobre el comedor: "Me fui temprano para…bueno, ya lo sabes. No creo que Ron venga hoy, porque ayer, según lo que me contaste, sonaste muy convincente y yo creo que ya se canso de insistir…aunque igual es mejor prevenir que lamentar, así que no olvides el discurso. Compre pan fresco, esta en la alacena… ¡Que tengas bonito día!

Te quiere,

*Luna"*La guardo en el bolsillo de su pantalón y entró a la cocina.

Abrió la alacena, busco el pan fresco que su amiga había comprado y se preparo una humeante taza de chocolate, pues el invierno estaba apunto de arribar y ni la calefacción del apartamento era suficiente para aminorar el frío que azotaba a la capital inglesa.

Justo cuando se iba a sentar al comedor, el timbre sonó y la castaña suspiró. Sabía que era él ¿pues quién mas timbraba a las seis de la mañana? Negando con la cabeza y haciendo una nota mental de que debería buscar pronto una casa (a si fuese de alquiler) abrió la puerta y en efecto era él: Con un traje ejecutivo y una gabardina negra que le llegaba hasta los tobillos, Ron Weasley la saludo como de costumbre al tiempo que miraba por sobre su hombro.

  • Luna no está - le repitió (por enésima vez) su amiga - Se fue temprano porque…

  • Necesitaba editar unas columnas antes de las siete, lo sé - le concluyó el pelirrojo con sorna - Estoy por pensar que quizá me esta evitando - concluyó el pelirrojo con determinación. Hermione iba abrir la boca para felicitarlo, pero  recordó que le debía lealtad a Luna por todo lo que había hecho por ella, así se retracto.

  • ¡Pero que locuras dices, Ron! Ni que Luna fuese una niñita para evitarte…es sólo que en las editoriales se trabaja muy duro todo el tiempo, ya que siempre salen primicias que hay que editar velozmente y pues…bueno, de eso ella vive, ¿no? - el joven asintió y negó con la cabeza.

  • Bueno, la iba a invitar a desayunar pero…- luego miro a la castaña con detenimiento y sonrió.

  • ¿Quieres ir conmigo? Es que reserve una mesa en el café y la verdad no quiero ir solo, es muy triste…- Hermione rió a lo bajo y suspiro.

  • Pero lo reservaste para desayunar con Luna - le recordó la intelectual - No creo que me merezca ese privilegio - Ron negó.

  • ¡Tonterías! A pesar de todo lo que pasó con Harry tú sigues siendo mi amiga, aunque no te niego que aún me da rabia la actitud que tomaste frente al problema con Sarita, pero bueno, creo que eso no es de mi incumbencia, ¿o si? - la castaña abrió los ojos como platos y se quedo absorta tras su reacción.

  • Por Merlín, Ron Weasley aceptando que algo no es de su incumbencia, ¡pero como te a cambiado Luna! - le espetó la mujer con una sonrisa en el rostro. El pelirrojo negó.

  • No, no, te equivocas, ella y yo sólo somos muy buenos amigos, nada más…yo…- Granger negó con la cabeza y sonrió.

  • Ya traigo mi gabardina - le dijo, y entro al apartamento.

Mulan Coffe era un reconocido café ubicado en el centro de Londres, los amantes del buen cappuccino o un buen expresso bien cargado iban a ese lugar porque-según muchos-era el único sitio donde las bebidas daban reconocimiento a su nombre.

  • Siempre quise venir aquí - le comentó la castaña entrando al local - Me han dado muy buenas recomendaciones - el pelirrojo asintió.

  • A veces vengo aquí con Harry…- y miró de soslayo a su compañera. La ojicafé negó.

  • No te preocupes, lo estoy superando - el pelirrojo asintió y continuó -…Venimos a desayunar o sólo a tomarnos un expresso bien cargado, aunque alguna veces servía para aminorar la resaca que dejaban los whiskys de la noche anterior... - Se sentaron a la mesa y un mesero les entregó la carta, después de ordenar dos desayunos gourmet con un cappuccino y un chocolate tinto, Hermione miró a su amigo y se mordió el labio.

  • Ron - lo llamó con suavidad. El pelirrojo levantó el ceño.

  • ¿Te puedo preguntar algo?

  • Claro.      

  • Eh… ¿Harry toma mucho? - el pecoso la miro con sorpresa y chasqueó la lengua.

  • ¿Por qué lo preguntas?    

  • Bueno, no sé, se me ocurrió por lo que dijiste hace un rato de aminorar las resacas - Ron asintió.

  • Ah, eso. Bueno, si te soy sincero después de tu primerahuida…- Hermione se encogió de hombros - Harry comenzó adentrarse en el alcohol, era como su puentede escape a una realidad sin ti. Había tomado la costumbre de salir del trabajo directo a un bar que queda a unos quince minutos de OWNES. Las primeras semanas no lo acompañaba porque tenía otras cosas que hacer o simplemente me daba flojera, pero después de ver cómo llego un día a la casa dije que era mejor acompañarlo, porque en su estado conducir un automóvil era como si un niño de cinco años lo manejará.

  • ¿Tan mal se ponía? - el Weasley asintió.

  • Sí, hubo una vez que hasta perdió el conocimiento, me asuste tanto que tuve que llamar a nuestra secretaria (que en ese entonces era una joven brasilera que sabía primeros auxilios) para que lo atendiera, pensé que le había dado una sobredosis de alcohol o algo, pero resulta que sólo se había dado un pequeño golpe en la cabeza y por todo el nivel de alcohol que tenía en su sangre pues no aguanto la contusión y se desmayo, pero te juro que ese día pensé que iba a perder a mi amigo…- Hermione se mordió el labio y suspiró. Con cada palabra que el pelirrojo decía era como si muchas dagas se clavaran en su pecho haciéndola sentir más culpable de todo por lo que había pasado el moreno.

  • Pero el ya no es así, ¿verdad? - el pelirrojo negó.

  • No, conocer a…Helenle sirvió mucho. Ella fue como el "cemento" para construir otro puente lejos de ti - luego agacho la mirada y carraspeó - Lo siento si hablo así pero es como veo las cosas - su amiga negó.

  • No te preocupes, Ron, eres libre de decir lo que piensas - El joven continuó.

  • Helen le enseño que habían cosas mucho más importantes que un amor no correspondido. Pero yo creo que lo que más le ayudo a Harry fue Sarita, ya que cuando Helen se la presento fue como si se conocieran desde hace mucho tiempo. En ese entonces no entendíamos porque se llevaban tan bien, pero después de la carta del Ministerio y todas esas pruebas pues ya es mucho más claro.

  • Sí, es como si "la sangre llamara" - Ron asintió.

  • Exacto. Fue ese encuentro con su pequeña hija que lo saco de ese triste y vacio mundo. Aunque no te miento que cuando te fuiste por segunda vez, volvió a caer en ese mundo, pero salió fácilmente de nuevo, gracias a Helen - Hermione comprendió que todo el tiempo que había creído que ella había sido la victima y Helen la victimaria era pura mentira, pues los papeles siempre fueron inversos: Ella destruyó a Harry y Helen sólo reconstruyó lo poco que había dejado con su amor, dedicación y ternura y una vez más se preguntó el porque la vida era tan injusta.

El desayuno llegó y mientras comían no habían vuelto a tocar el tema de Harry y el puente de escape que éste había formado tras las huidasde Hermione, y la castaña lo agradeció, pues ya no creía que su pecho soportara tanto dolor.

A eso de las siete y media ya habían terminado, no solo con los huevos, si no también con un postre de vainilla que el pelirrojo había pedido.

  • ¿Te gusto? - le preguntó su amigo luego de que el mesero hubo recogido los platos. La intelectual asintió.

  • Sí, estuvo delicioso, aunque insisto que no merecía tanto - el Weasley negó.

  • ¡Tonterías! - Espetó - No creo que en casa de Luna te alimentes tan bien como acá - y sonrió. Hermione hizo lo mismo, pues le venía bien reírse de vez en cuando. 

  • Hermione y a todas estas, ¿tu estás trabajando? - la ojicafé negó.

  • No, cuando me fui de Canadá deje el único trabajo que me había "sostenido" durante los últimos años y antes de irmepues trabajaba en una empresa de un amigo de *Harry,*pero la abandone, a si que ahora ando desempleada.

  • ¿Y no te hace falta trabajar?

  • Por supuesto, es muy frustraste vivir de la caridad de Luna y más porque a ras su sueldo le alcanza para pagar las ultimas cuotas del departamento y comprar uno que otros víveres. Las cuentas que tenía en Canadá por todo lo que había conseguido en mis años como modelo pues lo perdí casi todo porque después de esa discusión que tuve con Shaoran el cancelo todas mis cuentas y me dejo con muy poco dinero - Ron abrió los ojos como platos.

  • ¿Cómo dices? ¿Qué ese malnacido te robo todo tu dinero? ¿Y con que derecho?

  • Con el derecho que tenía como mi representante. Yo había firmado unos papeles donde le daba el poder de manejar el 70% de mis acciones y cuando sucedió todo eso pues el cancelo 3 de las cuentas que tenía a mi nombre y con la otra tomó el 70% que le correspondía y me dejo sólo el 30% - le explicó la castaña con desdén - Y con ese 30% es que he vivido desde que deje Canadá.

  • ¡Pero eso es inaudito! - exclamó su amigo con indignación - ¡Humillante! Nadie puede vivir con un 30% de su sueldo, ¿y no puedes hacer nada? - Hermione negó.

  • No y si la hubiera tampoco lo haría.

  • ¿Por qué?

  • Porque tengo cosas mucho más importantes que recuperar mi dinero - y agacho su mirada. Por su expresión Ron supo de qué se trataba.

  • Cuanto lo siento, Hermione, si se de algún trabajo yo te aviso, ¿bueno? - la castaña asintió, aunque le produjo risa, pues en esos momentos su prioridad no era conseguir un empleo (o bueno, tal vez sí) pero no por el momento.

La intelectual decidió regresar al apartamento porque lo había dejado hecho un lío y Ron la dejo en la entrada del mismo.

  • Gracias por evitarme la vergüenza de desayunar solo - le dijo su amigo con una sonrisa.

  • Gracias a ti por sacarme de esta cueva - ambos rieron y se tomaron de las manos.

  • Te prometo que te encontrare un empleo, una chica tan inteligente como tú no puede ir vagando por la vida sin rumbo fijo - Hermione sonrió.

  • Y yo te prometo que le diré a Luna que viniste otra vez.

  • Gracias, aunque sigo insistiendo que me esta evitando - la ojicafé negó.

  • Ya veras que mañana en la noche la encontraras y podrás ir a cenar con ella - Ron arrugo el ceño y la miro confundido.

  • ¿Cómo así? No entiendo.

  • Tú confía en mí - y dándole un beso en la mejilla, se despidió de su viejo amigo pelirrojo y cerró la puerta.


  • ¡Sólo espero que ésta vez sea diferente! - Le espetó el hombre relajando los puños y metiendo el arma en el pantalón - Porque a el no le gustan los errores y si no fuera porque ese día tenía mi arma, no estaría con vida - el otro hombre lo miraba con furia, en aquellos momentos se encontraba tumbado en el suelo y un trapo viejo junto con sus manos estaban sirviendo de apósito para aminorar la hemorragia que había producido el arma del jefe en su pie izquierdo - Y agradece que te perdone la vida - luego miro hacia la esquina donde se encontraba el joven que muy amablementele había abierto la puerta y lo llamó con un grito.

  • ¡Ey, tú, ven ayudar a tu amiguito que necesita de primeros auxilios! - le espetó socarronamente. El muchacho se incorporó del suelo y lentamente se fue acercando al hombre que era unos años mayor que el.

  • Recuerden, tienen plazo hasta el sábado y si se equivocan de nuevo pues no fallare esta vez en mi tiro - y soltando una risa burlona salió de la habitación y cerró la puerta.

El hombre lo observó marcharse para luego soltar una palabrota en el aire.

  • ¡Maldita sea! - luego miro a su compañero y lo cogió por la solapa de la camisa - ¿Ves? ¿Ves lo que hiciste hijo de perra? ¡Mírame la pierna, mira como me la dejo ese bastardo! - el muchacho trago saliva y tartamudeo  con nerviosismo.

  • Yo…yo…yo creí que…no…no nos…no nos iba ha-hacer nada…- se disculpo el joven con lagrimas en los ojos - Yo…no…no creía que…fu-fuese tan...tan malo - el hombre soltó una sonora carcajada.

  • ¡Por dios, si es Stevens! ¿Sabes quien fue su padre? Un mafioso que no le importaba matar a su propia familia con tal de salvar su pellejo. Además él viene de un mundo extraño, nadie sabe donde estudio ni a qué se dedica y el hombre que quiere asesinar a esa mujer es igual de extraño que el, muy pocas veces sale en las noches, es como si le temiera a las tinieblas - y luego miro el calendario que se encontraba al frente y musitó: - Hoy es luna llena…


Sarita salió de la habitación de su abuela después de dejarle el desayuno sobre la mesita de noche y entró a su dormitorio.

No podía creer que ya hubiesen pasado dos días después del entierro de su madre, para ella era como si nunca hubiese sucedido, pues siempre creía que se encontraba trabajando y que llegaría en la noche para darle un beso de bienvenida.

Justo cuando entró al dormitorio su celular vibro y el nombre de Harry resonó en la pantalla. Ya se había vuelto costumbre desde la muerte de Helen, pues no había hora que su padre la llamara para saber cómo estaba y si Martina comía adecuadamente.

  • Hola, Harry - la saludo la niña disfrazando su voz por una más serena.

  • Sarita, pequeña, ¿cómo amaneciste?

  • Pues igual que ayer, supongo - el moreno asintió.

  • Perdóname por no haber ido ayer, pero es que la reunión con Ángela se alargo más de debido y cuando salí iban a ser las once y no vi adecuado visitarte.

  • A esa hora aun estaba despierta, no podía dormir hasta que mi abuela no lo hiciera - La niña escucho como al otro lado su padre suspiraba.

  • Claro, tú siempre preocupándote por los demás - luego escuchó el sonido de una lengua al chasquear con los dientes y otro suspiro.

  • ¿Quieres almorzar hoy? Puedes decirle a tu abuela, si quieres. Eso le servirá para que se despeje  un poco y sigo insistiendo que vivir en esa casa no es bueno para la salud mental de ambas - pero la niña negó.

  • Y yo te insisto que por nada del mundo la vamos a vender. Esta casa perteneció a mi madre y es el único sitio donde sentimos su presencia, es el único sitio donde no me siento tan…sola- y se tapo la boca para evitar llorar-de nuevo- - al otro lado Harry trataba de ser fuerte, a pesar de que sabía que su hija lo necesitaba mucho más que su trabajo.

  • Bueno, ¿quieres almorzar hoy? - la niña se mordió el labio.

  • Te estoy llamando, porque no sé si mi abuela quiera y yo sin ella no salgo de la casa - el ojiverde asintió.

  • De acuerdo, espero tu llamada. Cuídate mucho, hija - no era la primera vez que Harry la llamaba de esa forma, pues después del entierro de Helen las llamadas y los encuentros posteriores ya incluían ese calificativo y en cierta forma a Sarita le confortaba, pues aminoraban un poco el dolor que sentía por la perdida de su madre.

  • Bien, que tengas un bonito día…Harry - aunque para ella le era -aun- muy difícil llamarlo *padre -*se colgó el auricular y Sarita hizo lo mismo. Después tomó el último libro que había comenzado a leer la otra noche y se sumergió-como siempre-en sus páginas.

El timbre del teléfono sonó y la castaña arrugo el ceño, pues muy pocas veces-por no decir nunca-sonaba ese aparato.

  • ¿Bueno? - dijo, al descolgar el auricular. Pasaron varios segundos hasta que escucho una voz que la descoloco por completo.

  • Hola, Hermione, soy yo, Harry - la castaña sintió como su pecho daba un vuelco de alegría y se mordió el labio con nerviosismo.

  • Harry…que…que gusto volver a escucharte, desde el entierro de Helen no hemos tenido la posibilidad de…

  • Te llamaba para preguntarte si estás ocupada - la interrumpió bruscamente el ojiverde al otro lado del teléfono. Hermione iba a reprocharle por esa acción pero prefirió callar.

  • Pues la verdad no mucho, estaba terminando de organizar unas cosas aquí en el apartamento que esta hecho un desastre - el moreno asintió.

  • Claro. Bueno, es que…yo he estado muy ocupado en el trabajo y desde el sepelio de Helenpues no me ha quedado mucho tiempo para visitar a nuestra…a Sarita y como tu también eres la madre pues me preguntaba si…

  • ¿Si podría acompañarte a verla? - le preguntó la ojicafé con un tono de ilusión. Harry guardo silencio.

  • No, te iba a decir que si no estas muy ocupada quizá podrías visitarla y de paso hablar con ella porque no han tenido posibilidad de hacerlo, ¿o si? - la mujer negó.

  • No, la verdad es que desde que nos reencontramos en el hospital no he hablado con ella.

  • Bien, creo que es un buen momento, ¿no? O al menos que quieras darle su espacio para no presionarla porque el dolor que esta sintiendo debe sobrellevarlo sola - le comentó el joven como quien no quiere la cosa. Hermione apretó los puños y bufó con exasperación.

  • ¿De nuevo con las indirectas? Yo creí que las habías enterrado en el cementerio.

  • No son indirectas, sólo digo la verdad - le dijo Harry con sutileza.

  • ¿No crees que ya es suficiente, Harry?  - le espetó la joven furiosa - Sí, cometí un error y no sabes cuán arrepentida estoy, pero no tienes que colocarte la mascara de verdugo y castigarme por todo lo que te hice, como si lo que tu hiciste no fuese igual o peor que lo mío.

  • Discutir contigo sobre estos temas es caso perdido - le dijo el ojiverde con firmeza - Y la verdad ya me canse de darte explicaciones sobre lo que ocurrió hace diez años, si me crees o no ya me tiene sin cuidado - hubo un corto silencio y el moreno continuó - La casa queda ubicada a 3 cuadras del London park en el drive queen - se formó otro silencio en donde la castaña quería gritarle a Harry que lo odiaba por lo que le había dicho, pero se contuvo al escuchar al otro lado una voz de una mujer que al parecer apenas entraba a la oficina del ojiverde: "¡Cuelga ya ese teléfono!" le ordenaba la voz femenina al otro lado del auricular *"Ron me dijo que quizá no desayunaste hoy y le creo" "¿No desayune hoy"*le había contestado el ex Gryffindor al otro lado, Hermione ya comenzaba a levantar el ceño con desdén.

*"Sí, por ende traje un pequeño picnic y no me vayas a decir que no porque me debes una salida a comer, ayer nos quedamos juntos hasta tarde y luego te hiciste el loco y te fuiste" "Ya iban a ser las once de la noche"*le refutaba el moreno *"Sí, pero igual. Anda, cuelga ese teléfono, que no creo que otra persona sea tan importante como yo…"*y tras decir esas palabras el peculiar tono de corte sonó en el teléfono de la castaña.  La intelectual reprimió las ganas de llorar y esa sensación de zamparle un puño a la mujer con que se encontrara Harry, pues al fin y al cabo su prioridad no era el si no su hija… ¿o no?...

Cuando el timbre sonó había pensado en cualquier persona menos en ella, verla parada ahí la dejo en estado de shock.

  • ¿Me dejas entrar? Esta haciendo mucho frío aquí afuera - la niña asintió y dejo entrar a la castaña que estaba envuelta en una gabardina color violeta con un pantalón blanco y unas bocas que hacían juego con su gabardina.

  • ¿Qué haces aquí? - fue lo primero que le preguntó, pues era inevitable. Hermione agachó la mirada y suspiro.

  • Quería saber cómo estabas, aunque la verdad es que fue Harry quien me llamo, me dijo que quizá hablar conmigo te despejaría un poco por todo lo que estás pasando - Sarita asintió.

  • Él es un buen tipo - la intelectual rió, pues una vez más se sentía conversando con una señorita de quince años y no con una niña de diez.

  • ¿Y tu abuela?

  • Esta dormida, pues después del entierro no hace más que eso - le comentó su hija con sorna.

  • ¿Y no es malo? - Sarita negó.

  • Prefiero eso a que se la pase llorando sin control - Hermione se mordió el labio y miro con detenimiento el rostro de su hija: tan pequeña y ya se estaba reflejando las marcas que dejaba una perdida tan grande como la que había sufrido. Quizá si no se hubiera ido su hija no estaría así, quizá hasta ya la podría estar llamando mamá.

  • ¿Tienes hambre? Hice tocino, lo único que se hacer bien - la castaña negó.

  • ¿Tu eres la que haz cocinado desde que…? - la niña asintió.

  • Sí, a mi abuela no le ha dado ánimos de nada, aunque Harry a veces nos trae comida de restaurantes y me ahorro fritar la carne.

  • Me hubieras llamado, yo con gusto hubiera venido para ayudarte - le comentó la ex gryffindor con una sonrisa. Sarita se encogió de hombros.

  • No tenía tu número y la verdad era que estaba luchando conmigo misma para no odiarte por lo que hiciste - Granger chasqueó la lengua y agacho la mirada. Sarita vio su reacción y negó con la cabeza.

  • Tranquila, el dolor que siento por la perdida de Helen ocupa todo el espacio que tengo para los sentimientos, así que el odio ya paso a un segundo plano.

  • Gracias - musitó la mujer sin saber si lo decía en serio o en chanza - Sigo insistiendo que eres muy madura para tu edad - pero la niña volvió a negar.

  • Soy igual que las niñas de mi edad, si no recuerda como me comporte cuando supe que tu y Harry eran mis padres.

  • Pues sí, pero era una reacción común, yo hubiese hecho lo mismo en tu situación o algo peor…- la niña se sentó en el sillón y se quedo pensativa, su madre la observo expectante.

  • ¿En qué piensas? - le preguntó, sentándose a su lado. La peliazabache se mordió el labio y suspiro.

  • En que mi madretenía razón.

  • ¿En qué? - le preguntó la castaña curiosa.

  • Que soy una niñita berrinchuda, caprichosa y testaruda - rió a lo bajo - Y en cierta forma me parezco a ti.

  • No te entiendo.

  • Míralo de está forma: cuando Harry te hizo todo eso, tú reaccionaste muy mal, no lo quisiste escuchar y  te marchaste. Cuando yo escuche esa conversación yo reaccione muy mal, no los quise escuchar y me escape de casa…luego pasó lo del accidente y todo eso. Nuestras reacciones se parecen, a diferencia de que tú puedes salir de la ciudad cuando quieras y yo no - la castaña rió por la deducción de su hija, ¿Cuánto tiempo había gastado en asimilarla?

  • Sí, quizá tengas razón - ambas se miraron y por primera vez sonrieron, juntas. Hermione comprendió que al fin y al cabo no haberse ido no fue del todo un error…

Era agradable conversar con su hija de trivialidades sin sentir esa desazón en su tono, pero no podía negar que había ocasiones en que sentía su rechazo, pero no la culpo, pues era lo menos que podía recibir por parte de ella.

  • Ya van a ser las seis - dijo, al ver el reloj de la mesa de centro. Sarah asintió.

  • ¿Ya te vas? - la castaña suspiro.

  • Si es lo que quieres - Sarita negó.

  • ¿Sabes preparar pollo al ajillo? - le preguntó su hija como quien no quiere la cosa, la joven asintió.

  • Mi madre me enseño, ¿quieres aprender?


Luna bajo del taxi a todo correr y entro en el ascensor como alma que se lleva el diablo, pues quería evitar encontrarse con él (por si ya la estaba esperando en el living) al abrir la puerta del apartamento se dio cuenta que se encontraba vacio y el lugar donde siempre dejaba una nota para Hermione ahora había sido ella quien le había escrito:

"Querida Luna,

Fui a ver a Sarita, quiero conversar con ella y además saber si se encuentra bien. No creo que tarde tanto, igual compre arroz chino por si llegas temprano.

Besos,

Hermione G.

*PD: No creo que Ron venga en la noche, pues en la mañana le deje muy en claro que ibas a estar muy ocupada"*Luna sonrió, pues eso le parecía una muy buena noticia.

Descargo su bolso junto con su chaqueta en el perchero y entró a la cocina para servirse el arroz chino que su amiga había comprado. Sinceramente levantarse a las cuatro de la mañana para evitar que Ron hablara con ella la dejaba muy cansada y estaba apunto de tirar la toalla, pero después recordó que no le había contestado el celular por quién sabe qué cosa y volvía de nuevo su "sed" de venganza.

Sí, se comportaba como una chiquilla, pero no le importaba.


  • ¿Porque tenemos que hacerlo ahora? - le preguntaba el joven mientras tomaba su arma y la guardaba en el bolsillo.

  • Porque ya sabemos dónde vive y eso nos da una gran ventaja.

  • Pues sí, pero en el estado en el que estás no podrás conducir la motocicleta.

  • ¿Y quién dijo que lo iba hacer yo? - y lo miro fijamente. El muchacho negó con la cabeza.

  • No, ya sabes que odio manejar esas cosas no soy muy bueno…

  • Pues tienes que serlo, porque como dijiste, en mi estado no podré conducirla.

  • ¿Y quien le va a…disparar? - aun odiaba decir esa palabra.

  • Pues yo imbécil, ¿Quién más?

  • Pero… ¿Por qué no lo dejamos para el viernes? El nos da plazo hasta el sábado y…

  • Porque conozco a Stevens y sé que mañana vendrá a reclamarme el porque no lo hicimos hoy aprovechando que es martes y muy pocas personas se encuentran en su casa porque están cenando por fuera.

  • ¿Y qué tal que ella también haga lo mismo? - Le planteó el muchacho como quien no quiere la cosa - Nadie nos asegura lo contrario.

  • ¿Podrías ser más optimista, por favor? - y tomando las llaves de la mesa, estiró su mano y se las entregó.

  • ¿Vamos? - no era una pregunta y el joven lo sabía.


Trabajar en el hospital Westminster no había sido un suplicio como lo creyó desde un principio. Pues se mantenía igual o más ocupada que en su anterior trabajo y el hecho de vivir lejos (muy lejos) del pueblo de Ottery St. Catchpole la alejaban de los malos recuerdos de su adolescencia, pues ella estaba segura que ahí nada ni nadie iba a dañar su "burbuja" de perfección atendiendo heridos y salvando vidas. Pero a veces el destino se empecinaba a romper esa perfecta burbuja, descolocando nuestras vidas por completo…


  • ¿Y a dónde vas? - le preguntó su amigo con picardía. El pelirrojo se encogió de hombros.

  • A ninguna parte - el moreno asintió.

  • De acuerdo, me saludas a Luna.

  • ¡Bueno!...- y Harry sonrió satisfecho al ver sus orejas tornarse tan rojas como su cabello.

  • ¡Esto me lo pagaras, Potter! - lo sentenció su amigo amenazándolo con el puño en alto. El ojiverde hizo un ademán con la mano de "No me importa" y el pelirrojo se perdió de vista.

  • Si que eres malo con tu amigo - le dijo Ángela disfrutando de la escena. Harry negó.

  • Es que esos dos ya era para que estuvieran juntos, pero son tan tercos, parecen unos niños.

  • Con razón se llevan tan bien - el joven negó con la cabeza y tomando los papeles volvió a su trabajo.

  • Entonces me decías que las exportaciones de la mercancía consiste en el factor de demanda - la pelirroja asintió y abriendo su laptop le enseño unos diagramas de barras…

Luna se levantó de la cama refunfuñando.

  • ¿Por qué no llevaste las llaves? - Le gritaba a nadie en particular, mientras atravesaba la sala - Estaba viendo una película de miedo - giró el pomo de la puerta y abrió los ojos como platos al verlo parado al otro lado como quien no quiere la cosa.

  • ¡Luna, hasta que por fin te encuentro! - la rubia dio media vuelta y le tiró la puerta en sus narices, dejándolo a fuera.

  • ¡Oye!, ¿que te pasa? - Le preguntó el pelirrojo molesto - ¿Me puedes abrir la puerta?  

  • ¡No quiero! - le grito la ex Ravenclaw al otro lado.

  • ¿Y porque no? Mira, me he bajado del carro en este frío de los mil demonios sólo para hablar contigo y tu me tiras la puerta en la cara, ¿se puede saber porque?

  • ¡Así como tu ignoraste mis llamadas yo puedo tirarte lo que se me de la gana en tu cara! - le gritó la rubia con rabia. Ron abrió la boca para protestar y negó con la cabeza.

  • A si que por eso me estabas evitando, ¿eh? ¡Ya sabía yo! Yo le dije a Hermione, pero ella me aseguro que era porque te dejaban mucho trabajo en la editorial.

  • ¡Pues es verdad! 

  • ¡pues no te creo!

  • ¡Pues no me importa! - el pecoso bufó con exasperación y negó con la cabeza, sinceramente hablar con esa mujer era un caso perdido.

  • Mira, cuando quieras hablar conmigo como una mujer civilizada, me dices - y sin agregar nada más se fue. Luna se asomó por entre la puerta y vio como se marchaba hasta llegar al ascensor y el sentimiento de culpa la invadió enseguida.

*"El sólo quería hacer las pases contigo"*le dijo esa vocecilla imprudente dentro de su cabeza *"Y mira como lo tratas"*Luna se mordió el labio y suspiro.

  • ¡Odio que tengas razón! - y tomando la gabardina del perchero junto con las llaves, cerro la puerta y corrió por el pasillo. Tomó el siguiente ascensor y llegó hasta el living justo en el momento en que Ron salía por la puerta.

  • ¡Ron! - le gritó la rubia, pero este no la escuchó. Corrió hacia la entrada y el portero rectifico una vez más que esa inquilina le faltaban más de dos tornillos en la cabeza.

  • ¡Ron, Ron! - el pelirrojo, al escuchar sus gritos, giró sobre sus talones y arrugó el ceño.

  • ¿Ocurre algo? - Le preguntó confundido - Creí que no querías verme nunca en tu vida - la rubia chasqueó la lengua y rodo los ojos.

  • Así era, pero…bueno, has venido tantas veces y yo he sido tan desconsiderada contigo que me pareció adecuado aceptar tu cita para hablar contigo.

  • ¿Cita? - Preguntó el pelirrojo confundido - ¿Qué cita? - luego recordó que toda la semana había ido a su casa a buscarla como un loco, y asintió.

  • Claro, bueno, no es tanto cita como una cita, ¿no? Sólo vine a pedirte disculpas por lo del teléfono, te juro que lo deje en el carro y…- Luna le tapo la boca con su dedo índice y sonrió.

  • Conozco una cafetería increíble donde podemos sentarnos a charlar, ¿te parece? - el pelirrojo asintió, a un con el dedo sobre sus labios, y sacando las llaves de su bolsillo, se montaron al auto. Cuando éste arrancó, una motocicleta con sus ocupantes hizo lo mismo…

¿Acaso eran ilusiones suyas o esa motocicleta los andaba siguiendo desde hacia un cuarto de hora? Miro a Ron de reojo y se mordió el labio con nerviosismo. Si le decía, capaz de que frenaba en seco y la sacaba del auto por histérica, pero si no…

Se detuvieron frente al semáforo y la rubia agacho la mirada, Ron arrugó el ceño.

  • ¿Te pasa algo? - le preguntó, mirándola por el rabillo del ojo. La ex Ravenclaw negó.

  • No, es sólo que…- miro por el espejo retrovisor de al lado y se mordió de nuevo los labios.

  • Ron, me dirás que estoy loca pero….creo que desde que salimos del apartamento hay dos hombres siguiéndonos - como supuso, Ron abrió los ojos como platos y miro asustado por el retrovisor.

  • ¿Hombres? ¿Qué hombres? ¿Mortifagos? - y los sucesos de Hogwarts saltaron a su mente. Luna negó.

  • No, unos…unos hombres en moto - y miro de nuevo por el espejo. En efecto, ahí se encontraban a unos dos autos de distancia - Me dirás paranoica pero…- cuando el semáforo dio verde, Ron le dio lo que más puedo al acelerador y el velocímetro llegó a marcar casi 120km/hr

  • ¡Ron, cuidado! - le gritaba la mujer envuelta en pánico cuando el joven viro a la izquierda y el auto estuvo apunto de volcarse.

  • No tienes porque correr…

  • Nos persiguen, Luna, y no cualquier gente…- le decía el pelirrojo entre jadeos.

  • ¿Acaso los conoces? - le preguntó la rubia aterrada. Ron negó.

  • No, pero no son de fiar dos tipos que andan en una moto - viro a la derecha y se adentro por una oscura calle - Trataré de perderlos por la 35, luego subiéremos por la 44 y bajaremos a la estación de policía, esos muggles nos tienen que ayudar - Luna se maldijo a lo bajo por no haber traído su varita, ¿Por qué diantre no había traído su varita?

Salieron de la oscura calle y subieron por una empinada avenida solitaria y con uno que otros locales-los cuales estaban apunto de cerrar-Luna miro por el retrovisor y suspiro aliviada.

  • Ron, ya no nos persiguen - le dijo y el Weasley aminoró la marcha, pero justo cuando iban virando hacia la izquierda, por una calle muy angosta y que daba a una especie de pequeño barranco, la moto se les travesó y se posaron enfrente. Luna se llevó las manos a la boca para evitar gritar y Ron los miro expectante.

Uno de los hombres alzo un revolver y apunto a Luna, la rubia abrió los ojos como platos y negó con la cabeza, las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas.

Ron, miro a Luna y después a los hombres que tenía en enfrente y en un arranque de valentía pisó el acelerador a todo lo que podía dar. El conductor de la moto reaccionó justo a tiempo y esquivo el auto que iba directo a aplastarlos. El joven suspiro, pensando que quizá esos dos se habían salvado, pero había olvidado quién era que sostenía el arma.

Al apretar el gatillo la bala salió disparada a más de 60km e impacto contra el parabrisas trasero del auto y dio de lleno en el hombro del pelirrojo, que perdió el control del mismo y comenzó a patinar sobre el asfalto mojado.

  • ¡Ron! - grito Luna al ver la mancha de sangre recorrer por su camisa - ¿Te han herido? ¿Estás bien? - el pelirrojo medio asintió.

  • No puedo mantener…el auto…en…recto…- espetó, casi en un susurró. Luna se zafó el cinturón y tomó el control del timón.

  • ¡Nunca he manejado un auto! - le grito la rubia entre llantos. El pelirrojo bufo a causa del dolor en el hombro.

  • Es…fácil…sólo…muévelo un…poco…de…un lado…a….otro…y… ¡Vira hacia la derecha! - le grito el pelirrojo al ver que el auto se acercaba mucho a la orilla de aquella angosta avenida. Luna dio la vuelta entera al "timón", pero al hacerlo las llantas hicieron fricción contra el asfalto mojado y comenzó a girar en círculos muy rápidamente.

El pelirrojo piso a fondo el freno pero este no reaccionaba, pues era más potente la fuerza que el asfalto hacía a las ruedas.

Luna tenía la cara envuelta en sudor y los ojos tan abiertos como dos pelotas de tenis.

  • ¡Ron, haz algo! - le grito la rubia, pero fue lo último que el pelirrojo pudo escuchar antes de que perdiera el conocimiento…

El botón rojo de la sala de urgencia se encendió y la pelirroja salió de su despacho como un bólido.

  • ¡Accidente automovilístico! - Le comentaba un enfermero corriendo hacia la entrada del hospital - Al parecer perdieron el control del auto y se fueron por el barranco que hay entre la 35 y la 44 - Ginny asintió, pues aquello ya no le sorprendía, los heridos eran pan de cada día en su trabajo.

  • Son dos jóvenes, un hombre y una mujer, de aproximadamente 25 años de edad - le anunció el paramédico arrastrando tras de si una camilla - Su identificación dice que se llama - el hombre sacó la cédula de su bolsillo y la leyó bajo la tenue luz de la sala - Ronald Weasley.

Los heridos ya no le sorprendían, pues era pan de cada día….

Ginny abrió los ojos como platos y se detuvo en seco, el hombre hizo lo mismo al igual que sus compañeros.

  • ¿Se encuentra bien, doctora? - le preguntó el paramédico mirándola expectante. Ginny abrió la boca pero la volvió a cerrar. Quería mirar la camilla pero al mismo tiempo se negaba hacerlo. No podía ser él…no, tenía que haber un error.

  • ¿Cómo…cómo dijo que se llamaba? - preguntó, sin dar crédito a lo primero que su cerebro le había trasmitido.

  • Ronald Bilius Weasley - está vez no había ninguna duda, tenía que ser él. Ginebra aparto la mirada del paramédico y giró su rostro hacia la camilla donde se encontraba aquel joven herido y al verlo (con la ropa hecha jirones y el rostro manchado de sangre) sintió que la vida como la conocía cambiaba por completo…

Y lentamente fue cayendo en la completa oscuridad…

[To be Continued…]