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Amores Cruzados — capítulo 36
Hola mis queridos lectores!
¿Como han estado? Antes de continuar, les deseo de todo corazón que este 2011 sea un año lleno de muchas bendiciones, prosperidad, amor, salud y exito y que todo lo que se propongan lo cumplan! Muchísimas gracias por acompañarme en el 2010 con AM y RPP, gracias de todo corazón por soportar las tardanzas y los enrredos!
2011 va a ser el año de AM, porque esta apunto de terminar (aun faltan varios capitulos, pero digamos que se aproxima su recta final) Mil gracias por los que siguen ahí en pie este año...los quiero mucho!!
Por otra parte, este capitulo decidí dedicárselo a un personaje con el que me quiero reivindicar xD espero que les guste y ps que tengan una buena lectura!
Emma.
36****La historia de Ginebra
Los pañuelos con agua fría surtieron efecto, pues al cabo de diez minutos la señora Weasley volvía en si. Ginny no se atrevió a pronunciar palabra por miedo a que volviera a desmayarse, así que espero a que su madre abriera por completos los ojos.
Molly sintió arena en sus ojos cuando los comenzó abrir y poco a poco una figura se dibujo al frente. A los pocos segundos, el profundo color marrón y su cabellera tan roja como el fuego chocaron con sus ojos.
-
¿Gi-Ginny?
-
la aludida se encogió de hombros al escuchar su nombre y asintió.
-
Hola…mamá…
Molly Weasley no sabía si alegrarse o no por su inesperada visita, tenía sentimientos encontramos y la discusión de hacia diez años remembro en su mente.
-
¿Qué haces aquí? - le preguntó, incorporándose en el sofá. Ginny se mordió el labio y suspiro.
-
Hace poco regrese, estoy trabajando en un hospital muggle - la señora Weasley arqueó las cejas y se mordió el labio.
-
¿Hospital muggle? ¿Y desde cuando eres enfermera? - la pelirroja se sintió aludida y negó.
-
Soy doctora
-
la mujer, que tenía sus mismos ojos, los abrió como dos pelotas de pin-pon y negó con la cabeza.
-
¿Doctora? ¿Desde cuando?
-
Hay muchas cosas que cambiaron desde mi partida, mamá - Molly asintió y suspirando la miro solemne.
-
Me gustaría saberlas…- Ginny sonrió y sentándose a su lado, comenzó…
"Había transcurrido dos años desde que Ginny Weasley abandono la Madriguera, dos años que sobrellevo las verdes y las maduras en todos su contexto. Luego de graduarse de Hogwarts decidió irse a vivir a Italia junto con una amiga y sus padres. Ellos le brindaron hospedaje pero con la condición de que trabajase, como no podía solventarse su estudio superior mágico, tuvo que conseguir un trabajo muggle para, por lo menos, pagarle a los padres de su amiga la alimentación y el hospedaje que estos le brindaban.
Pero al cabo de seis meses abandonó el hogar sin miramientos, pues el señor O'conner quería algo con ella sin importarle su edad ni que fuese amiga de su hija, por ende, obedeciendo a sus principios, se marchó de Turín con destino a la capital italiana: Roma.
Ahí encontró un trabajo como mesera en uno de los restaurantes más importantes de la ciudad. Ya se había acostumbrado tanto a su vida muggle, que a veces olvidada que podía hacer trampa con su varita mágica. El trabajo, a pesar de que era arduo, le alcanzaba para pagar el alquiler de un modesto cuarto en una casa familiar, el salario mensual para la comida y unos que otros gusticos personales. Pero la verdad era que se sentía en ocasiones incomoda en el restaurante y más de noche, pues siempre tenía que atender a grupos de hombres solos y que quería sobrepasarse con ella por ser una simple mesera.
- Princesa, sabes que te puedo sacar de pobre si sólo te subes en mi auto al terminar tu turno - le comentó una noche un hombre regordete y que había estado insistiendo durante toda la noche desde su llegada - Una mujer tan sexy como tu no merece trabajar en esto…tus curvas te sacarían de la miseria - Ginny Weasley levantó el entrecejo y se rió con ironía.
- Si para salir de la miseria tengo que acostarme con un hombre tan patético como usted, prefiero mil veces seguir siendo pobre…- las mejillas del hombre se tornaron tan rojas como el cabello de Ginny y abrió los ojos como platos.
- ¡Chiquilla insolente!- exclamó airado - ¿Cómo te atreves a hablarme de esa forma? ¿Es que a caso no sabes quién soy yo? - la pelirroja lo observo de arriba hacia abajo y asintió:
- Claro, un viejo verde que goza aprovechándose de las jovencitas…
- Eres una…
- Señor Le'mua, ¿ocurre algo? - eraBemjarmin Vanesco*, el jefe del restaurante, al parecer algún mesero le había informado sobre el incidente entre la pelirroja y el señor Le'mua. El hombre regordete asintió.*
- Sí, ¡esa jovencita me ha faltado al respeto! - espetó, señalando a Ginny. La mujer negó con la cabeza.
- ¡El ha sido el insolente! - Exclamó - Quiso propasarse conmigo, y como no se lo permití ahora quiere hacerse la victima.
- ¡Mentira! - Bramó el hombre con los bigotes alborotados - ¡Esa jovencita es una inoportuna, la que quiso pasarse de lista fue ella!
- ¡Eso no es cierto! Señor Vanesco, le juro que yo…- pero el hombre de tez trigueña, ojos grises y cabello negro negó con la cabeza.
- Quiero que le ofrezcas una disculpa al señor Le'mua, Ginebra - le ordenó su jefe con altanería - El es un distinguido cliente y como tal merece respeto.
- Pues si quiere que lo respeten, que comience él respetando a los demás…
- ¿Cómo…?
- Ginebra, discúlpate con el señor Le'mua, si no quieres que prescinda de tus servicios - la amenazó Bemjarmin. Ginebra observo a su jefe y luego a aquel petulante hombre, y deshaciendo el nudo de su delantal lo tiró al suelo.
*- Prefiero morirme de hambre antes que pedirle disculpas a este "señor"
- y sin agregar nada más, salió del recinto. Las miradas la siguieron hasta que cruzó la puerta principal, en especial una mirada de color chocolate verdosa.*
La joven pelirroja se encontraba maldiciendo a lo bajo en las afueras de Roma, ya a varios kilómetros de su antiguo empleo. Odiaba haber deshecho la única solvencia económica que tenía en la**Squadra Azzurra, pero era eso o haberse acostado con aquel asqueroso hombre.
En aquellos momentos, unMaserati Quattroportede color negro cruzó la avenida y se detuvo frente a la pelirroja. Ginny alzó las cejas y observó el auto con desconfianza. ¿Acaso el señor Le'mua había olvidado sus palabras? Se maldijo a lo bajo por no cargar la varita consigo… La puerta se abrió y la ojimarrón ya estaba buscando alguna piedra o un palo para propinarle un buen golpe en la cabeza, pero del interior del automóvil no bajo ningún Le'mua ni nada que se le pareciera, es más, Ginebra tuvo que auto controlarse para no abrir la boca a causa de la sorpresa.
- Eres Ginebra Weasley, ¿verdad? - le preguntó un hombre de tez trigueña, cabello castaño y ojos chocolate con unos visos verdosos. Tenía un acento italiano muy marcado y una sonrisa de ensueño. La pelirroja asintió aturdida.
- Te vi salir del restaurante, al parecer no fuiste muy gentil con el señor Le'mua - le comentó el hombre con una media sonrisa. Ginny chasqueó los dientes y apretó los puños.
- Si vino a sermonearme por algo que el muy cretino se lo tenía bien merecido, ¡ahórrese sus palabras! - y acto seguido camino hacia el Oeste, rumbo a su habitación de alquiler. El hombre negó con la cabeza y la alcanzo en suMaserati
- No vengo a sermonearla ni nada por el estilo - le comentó, sacando la cabeza por la ventanilla - Sólo venía a ver si necesitaba algo - Ginny se detuvo y miro sorprendida a aquel desconocido. El hombre detuvo su auto y volvió a bajarse.
- Soy Sebástian Cow - dijo, extendiéndole la mano derecha - Mucho gusto - Ginny lo miro desconfiada por unos segundos, pero después le acepto el gesto.
- Ginny Weasley, aunque al parecer eso usted ya lo sabe - Sebástian sonrió con picardía y asintió.
*- Desde que entraste a trabajar en el "*Mirabelle" tuve una razón más para asistir, que la espectacular vista que se tiene de la ciudad - Ginny se sintió alagada, pero sólo por un momento.
- Tengo que irme - fue todo lo que le dijo antes de echar andar camino al Este de nuevo.
- ¡Si quieres te llevo! - le gritó el hombre cuando esta ya se encontraba a una cuadra de distancia. La peliroja negó. - ¡Es bueno hacer ejercicio de vez en cuando! - ¿Puedo acompañarte? - Ginny se quedo pensativa y luego respondió: - Si me sigues el ritmo…"
Ginny guardó silencio tras relatar su primer encuentro con Sebástian y tragó saliva. A nadie le había contado sobre su vida después de la Madriguera y le era doloroso remembrarla.
Molly la observo expectante y suspiró. Supuso que aquello le afectaba sobremanera a su hija y no le insistió en que procediera, pues quería que lo hiciera a su paso. Ginny le agradeció en silencio aquel acto de comprensión y sonriendo, continúo…
"Ginny creyó que tras cruzar la quinta calle a una velocidad menor a los cuarenta kilómetros, Sebástian iba a desistir en su coqueteo dejándola tranquila, pero fue todo lo contrario, es más, hasta disfrutaba del momento mucho más que la peliroja.
- A si que eres inglesa, ¿eh? - le había preguntado cuando atravesaban la sexta calle. Ginny asintió.
- ¿Lo supiste por mi acento o por…?
- Tu vestimenta - le comentó sin miramientos. La joven levantó el ceño y Sebástian se encogió de hombros - Ustedes las inglesas tienen una forma muy refinada para vestir, se distinguen de las Francesas porque pareciese que sólo tuvieran en sus guardarropas unos vestidos viejos y escuálidos y de las Italianas porque éstas son mucho más atrevidas a la hora de elegir atuendo - Ginny asintió y sonrió.
- Bueno, no sabía que los italianos nos tenían en ese contexto - comentó. Sebástian negó.
- No creo que todos los italianos, sólo yo…
Quizá haber renunciado al*"*Mirabelle" no había sido tan malo como creyó desde un principio, pues Sebástian, al verla desubicada y sin empleo, le ofreció una vacante como secretaria en el Hospital en el que trabajaba y la peliroja acepto gustosa, aunque algo temerosa .
-¡No se nada de esto! - le había dicho en la mañana de camino al hospital, era la primera vez , después de tres semanas de "acercamiento" que se montaba en su*Maserati . No podía negar que se sentía muy cómoda, pues los asientos mullidos en cuero era reconfortantes y el espacio dentro no era para nada incomodo.*
- No te preocupes por eso, con el tiempo se aprende - le había comentado con un guiño de ojo.
Desde ahí, la relación entre ambos comenzó a tornarse más "profunda" pues la joven pasó de ser una simple recepcionista a la secretaria privada de Sebástian, aunque ningún doctor la tenía porque no había necesidad.
- Siento que todas me tienen envidia - le había comentado una vez en la cafetería. Sebástian se encontraba en su descanso de dos horas antes de entrar a turno de 24 y la había invitado a tomarse un café junto con unos deliciosos bocadillos Italianos.
El hombre negó con la cabeza tras oír sus supuestos - No les prestes atención, ya sabes, a palabras necias…
- Oídos sordos - le dijo, completando su frase, luego miro por encima del café el grueso libro que su jefe estaba leyendo, se titulaba:
" Casos de traumas pediátricos: Sus déficit y cómo tratarlos"
- Amas tu trabajo, ¿verdad? - le comentó, sacándolo de su lectura. El joven asintió.
- Sí, ser médico fue lo que siempre soñé ser y es muy grato para mí haberlo realizado - Ginny sonrió y asintió. El hombre la miro a los ojos y preguntó:
- Tú estás muy joven aun, vas a cumplir a penas veinte, ¿no? - La aludida asintió - ¿Y no quieres realizarte como profesional? - Ginny se encogió de hombros y se llevo un pedazo de bocadillo a la boca.
- La verdad es que no me gusta hablar mucho de eso - le dijo a lo bajo. El joven de cabello castaño arqueó las cejas y la miro expectante.
- ¿Por qué? - preguntó algo tímido. A pesar de que en los últimos cinco meses habían desarrollado un largo vinculo, había cosas que no sabía de la peliroja, pues esta siempre trataba de evadirlas.
Ginebra se mordió el labio y suspiro.
- Bueno, la verdad es que después de terminar el Colegio no tenía cabeza para otras cosas y mis sueños los fui dejando a largo plazo - el joven asintió y tomando las riendas de la conversación, preguntó:
- Pero, ¿qué te gusta? Supongo que debes tener algo que te llame la atención - Ginny suspiró.
- Sí, la verdad es que siempre me ha gustado mucho la medicina mugg…la medicina - le comentó, corrigiéndose justo a tiempo - Ayudar a las personas me a parecido algo muy altruista, aunque la verdad no me veo en estos ajetreos - y rodeo con los ojos la atestada cafetería. Sebástian rió a lo bajo y suspiro.
- Pero al final aprendes a amarla y todo el esfuerzo vale la pena, te lo aseguro…
Aquella conversación quedo "en el olvido" luego de que se presentara una emergencia en el hospital y el único doctor en trauma presente fuese Sebástian.
- Te prometo que seguiremos después - le dijo, echando a correr tras las enfermeras.
Pero la verdad era que aquella conversación no quedo en el olvido y desde ese preciso momento Sebástian Cow se prometió a si mismo que iba a lograr que Ginebra Weasley entrase a la facultad de Medicina a como diera lugar.
Los meses pasaron y con ello se cumplió un año de estadía de la peliroja en el "Salvator Mundi Hospital" y Sebástian había conseguido lo que unos meses atrás se prometió: lograr que la peliroja entrara a la facultad de medicina. Para comentarle aquello la había citado en su casa en una reunión que supuestamente le había organizado los miembros del hospital para celebrar su primer año ahí, pero la verdad era que la "reunión" tenía más bien el nombre de cita y los asistentes iban a ser sólo ellos dos.
- ¿Y donde se supone que están los demás? - le preguntó la peliroja cuando hubo llegado a su apartamento. El joven se encogió de hombros y se mordió el labio inferior.
- Quizá te dije una pequeña mentirilla - le comentó, expresando su acción con los dedos. Ginny arrugó el ceño en desaprobación.
- ¿Qué "mentirilla"? - Sebástian rodo los ojos y suspiro.
- Bueno…eh…quizá que la fiesta no fue idea de los empleados del hospital si no sólo mía y que…los únicos invitamos vamos a ser nosotros dos…- Ginny abrió la boca para protestar pero la cerró enseguida al verse fuese de base. ¿Cómo se le había ocurrido aquello?
- Quieres propasarte conmigo, ¿verdad? - le preguntó a la defensiva. El italiano negó.
- ¡No, jamás haría eso!
- ¿Entonces para qué diablos me citaste a solas en tu apartamento? - le espetó, metiendo la mano en su gabardina, ese día sí había llevado consigo la varita.
- Si dejas ese semblante y me permites explicarte…
- ¡Quiero que me digas toda la verdad! - exclamó. ¡Estaba harta de los hombres que se querían sobrepasar con ella sólo porque la consideraban "sexy". "Creí que eras diferente" pensó con decepción.
- Ginebra, sé que no fue correcto haberte dicho mentiras, pero si te decía que sólo íbamos a estar nosotros dos jamás hubieses aceptado.
- ¡Y por obvias razones! - Sebástian asintió.
- Lo sé, pero…lo que tengo que decirte es importante - le dijo, y camino hacia la mesa de centro. Ginny seguía sus movimientos con detenimiento, al tiempo que agarraba bajo su gabardina su varita mágica.
- ¿Recuerdas la conversación que tuvimos hace un año en la cafetería? - le preguntó con una media sonrisa. Ésta asintió.
- ¿Qué hay con ella? - Cow se encogió de hombros.
- Bueno, tú dijiste que te gustaría estudiar medicina, así que…- sacó unos papeles blancos de un sobre café y se los estiro. Ginny los recibió con inseguridad y los observó con suspicacia. Una vez leyó la información inscrita en el papel, observó absorta a su interlocutor.
- ¿Qué es esto? - preguntó, aunque la respuesta era obvia.
- Una beca para que estudies en**Bocconi University - le comentó sonriente - Me costo conseguirla, pero al final logre que el rector dijera que sí - Ginny seguía mirando absorta los papeles…
- Pero…
- Es una universidad pública, pero te aseguro que es la mejor en toda Italia…- pero se detuvo al ver las lagrimas de la joven pelirroja.
- ¿Qué pasa? ¿Acaso no quieres…?
- No, no es eso - lo interrumpió con una corta voz - Es sólo que…han pasado tantas cosas en mi vida que ya he olvidado lo que se siente cuando alguien se preocupa por ti - y lo miro a los ojos. Sebástian sonrió y tomando su rostro con delicadeza, la beso. Fue un beso corto, dulce, tierno, un beso que Ginny necesitaba con urgencia, un beso que le hizo recordar que siempre había algo porque luchar.
…Varios años después…
Justo cuando llego a su lado, este se guardaba en el bolsillo de su traje una caja. A la pelirroja aquello le pareció extraño.
- ¿Ocurre algo? - le preguntó, observando sus profundos ojos chocolate con verde, Sebástian negó.
- ¿Debería? - y le dio un corto beso en los labios.
Cinco meses después de que Ginny aceptara la propuesta del doctor Cow para estudiar medicina, este se le había declarado y ahora llevaban 6 años de noviazgo y hoy, el día de graduación de la pelirroja, Sebástian iba a dar un paso gigantesco en su relación.
- Ginny, ya es hora - le comentó su compañera de facultad Mafalda Watson, llegando a su lado. La joven asintió y se mordió el labio.
- Te va ir muy bien, suerte - le deseó su novio dándole un nuevo beso. Ginny asintió y haciendo acopio de su valor, camino por el pasillo y subió las escaleras del escenario.
Nunca le había gustado hablar frente a tantas personas, es más, odiaba hacerlo, pero por sus destacadas calificaciones había sido seleccionada como vocera de la promoción 2003 y no podía decir que no. En el público vislumbro a su novio y cuando éste le sonrió, le devolvió el gesto.
Ella estaba ahí por él y no tenía las palabras suficientes para agradecerle todo lo que había hecho, es que si no lo hubiese encontrado…
- Dicen que para llegar a ser médico hay que pasar primero por muchos infortunios….- Comenzó, sin dejar de mirarlo - Muchos días de trasnocho, muchos libros por leer, muchos casos clínicos inconclusos, muchos pacientes insufribles por atender, muchos profesores irritantes por soportar, muchas discusiones por enfrentar y mucha sangre por ver. Pero al final de cuenta todo tiene su recompensa - y miro de soslayo a su novio - Porque lo único que lo vale es estar aquí, saber que a pesar de todo se logro pasar esos infortunios, esos obstáculos que la vida puso frente a ti para lograr el tan anhelado titulo.
Son muchas las historias que cada uno de nosotros tenemos al respecto sobre cómo llegamos a la facultad, pero lo único que sí tenemos en común es que hoy, oficialmente, somos unos médicos con titulo. ¡Felicidades, generación 2003!
- Creo que superarte el discurso que dije cuando me gradué - le comentó su novio ya en la pista. Ginny sonría con las mejillas rojas como su cabello.
- Sólo dije unas cuantas palabras - pero Sebástian negó.
- No creo que fueran unas cuantas palabras - luego la miro a los ojos y tocó inconscientemente la caja que tenía aún guardada en su traje Armani.
- Ya regreso, amor - le dijo y sin previo aviso se escabullo entre las personas que bailaban en la pista. Ginebra arrugó el ceño y trato de seguirlo, pero varios compañeros de facultad la abordaron para felicitarla por su profundo discurso.
- Oh, gracias - comentó con bochorno e incomodidad, pues lo único que le importaba era saber dónde se había metido su novio.
Varios minutos después la música se detuvo y los abucheos no se hicieron de esperar.
- ¿Qué paso? - preguntaban algunos.
- ¡Regresen la música! - Gritaban otros - Ginny por su parte observaba extrañada a un hombre que se le hacía sumamente familiar.
- ¿Ese no es el doctor Cow? - preguntó una jovencita a su lado.
- ¿No es tu novio? - dijo otra. Ginebra abrió los ojos como platos y lo miro absorta ¿Qué estaba haciendo?
Sebástian tomó el micrófono por el que su novia hablo y miro a todos los presentes con nerviosismo, pues al igual que la pelirroja, odiaba hablar en público.
- Eh…ajam…Ginebra Weasley, ¿Puedes venir un momento por favor? - Ginny arrugó el ceño y con parsimonia se fue acercado al escenario pero no subió.
- ¿Qué crees que haces? - le preguntó entre dientes.
- ¿Vas a subir o no? - Ginny negó y Sebástian resopló con fastidio.
- Tu siempre tan…Vas a ponerlo difícil ¿eh? - y metiendo su mano dentro del traje, saco una pequeña caja de terciopelo negro. Algunos presentes lanzaron silbidos, otros sólo se limitaron a escuchar. Ginny era la única que no entendía nada.
- ¿Qué estas haciendo, Sebástian? - le preguntó, ya enojada. Cow sonrió y arrodillándose hasta quedar a su altura, la miro a los ojos.
- Ginny - comenzó, abriendo con lentitud la caja - Un día yo te dije que una mujer como tu era muy difícil de encontrar, ¿recuerdas? - la pelirroja asintió - Pues bueno, ahora no quiero dejarte ir nunca…Ginebra Weasley, ¿Quieres ser mi esposa?..."
-
¿Te casaste? - le preguntó absorta su madre con los ojos abiertos como platos. Ginny asintió.
-
Sí - dijo y mostro el anillo que siempre llevaba consigo como símbolo de fidelidad y amor hacia Sebástian. Molly se tapo la boca con ambas manos y miro sorprendida a su hija.
-
¿Y dónde esta? ¿Te dejo? - aquella pregunta no le sorprendió, pues era obvio que la iba a formular tarde o temprano.
-
Sí - dijo con pesadumbre - Aunque no de la forma como hubiese preferido...
"En todo el hospital decían que ellos eran la pareja perfecta: A pesar de que el ya tenía un largo camino recorrido y ella apenas estaba marcándolo, ya comenzaba a dejar su huella en cada paciente que atendía, pues era igual o mucho mejor que su esposo.
Las enfermeras afirmaban que era toda una aventura verlos atender un mismo caso, pues se complementaban el uno al otro, no eran necesarias las palabras entre ambos y se comprendían mutuamente. Realmente cada uno era la media naranja del otro.
Todos en el hospital les profesaba un amor eterno, un amor que sólo la muerte podría separar y ojala hubiesen estado equivocados…
Era una noche lluviosa de víspera de fin de año, Sebástian Cow terminaba su turno y dejaba todo a cargo de la enfermera en jefe.
- Te encargo al paciente del 24 - le comentó, antes de dejar la recepción - Recuerda controlar el suero y que tome la pasta cada tres horas.
- Sí, doctor, no se preocupe - le dijo la mujer con una sonrisa.
- Nos vemos el 2 de enero - y dándole un abrazo y un beso de feliz año, salió del hospital.
Quizá si no se hubiese metido por aquel callejón para ahorrar tiempo, quizá si se hubiese tardado un poco más en el hospital, quizá si la enfermera en jefe lo hubiese llamado para una emergencia, Sebástian Cow seguiría con vida.
Ginny no recordó cómo paso, sólo en su mente retumba el insistente repiqueteo del teléfono en la casa que compartía con su esposo desde hacía dos años.
Él la había llamado hacia tres horas para informarle que iba en camino y quizá se demorara un poco por el tráfico que se formaba en la ciudad en plena víspera de fin de año. Ella lo había comprendido, pues al fin y al cabo no tenían ningún afán, apenas iba a ser las nueve.
Cuando el teléfono había sonado a la medianoche, supo que no iban a ser buenas noticias.
- ¿Bueno? - había dicho en un hilillo de voz.
- Señora Cow, su esposo…- le dijeron al otro lado de la línea, palabras que fueron suficientes para que la joven pelirroja tomara su varita, recordara que era bruja y se apareciera a las afueras del " Salvator Mundi Hospital"
En el hospital emanaba un aire de pesadumbre y desazón, nadie quería infórmale nada cuando llego a la recepción y la enfermera en jefe la ignoro cuando le dirigió la palabra.
- ¿Qué le paso a mi esposo, Dorothy? - le preguntó la mujer con voz firme y mirada decidida, a una practicante de quinto año.
La rubia agacho la mirada y se mordió el labio.
- No soy quien para darle esa información, doctora Cow - le comentó en un hilillo de voz y dio media vuelta sobre sus talones para marcharse, pero la pelirroja fue mucha más rápida y tomándola por el brazo la devolvió de un jalón.
- Desde que llegue nadie me a dado razón de mi esposo - le espetó, observándola con severidad - Es como si para todos yo fuese un fantasma: Los porteros esquivan mi mirada, los practicantes fingen hacer otras cosas y las enfermeras me ignoran olímpicamente. ¿Me puedes decir qué diablos está pasando? ¿Dónde esta mi esposo? ¿Por qué me llamaron para decirme algo sobre él y que no lograron concluir? ¿Qué ocurre, Dorothy? ¡Te exijo que me digas la verdad o si no yo misma me encargo de que ese titulo jamás llegue a tus manos! - la practicante la observo con miedo y abrió los ojos como pelos de pin-pon.
- Doctora, Cow…yo…le juro que…yo no…no pu-puedo…- le dijo entre sollozos. Ginny apretó con firmeza su muñeca y acercó más su cuerpo.
- ¿Cómo que no puedes? ¡¿Por qué no puedes?!
- Doctora Cow, me…me esta…lasti…lastimando- le decía la joven rubia en un hilo de voz, pero Ginny estaba cegada a causa de la incertidumbre.
- ¡Me importa un carajo si te fracturo la muñeca en tres partes, lo único que quiero saber es dónde esta mi esposo!
- Tu esposo estaba en cirugía - le comentó una voz muy familiar a sus espaldas. Ginny soltó la muñeca de la pobre practicante y encaró la fría mirada de su antiguo profesor de cardiología.
*- ¿Qué mi esposo estaba en cirugía? - preguntó, incrédula - No entiendo
- el doctor Morris chasqueó la lengua y se alboroto el poco cabello que aun conservaba.*
- Hace dos horas fue traído de urgencias porque al parecer unos vándalos quisieron robarle el carro, este opuso resistencia y le propinaron cuatro tiros, uno de ellos muy cerca del arco aórtico - Ginny escuchaba todo aquello en cámara lenta, como esperando a que su esposo saltara detrás de un sillón y le gritara un "Feliz día de los inocentes atrasado o algo por el estilo" pero nadie hablo ni hizo nada después de que el doctor Morris le comentara lo sucedido.
Una bala estuvo muy cerca de alcanzar el arco aórtico, muy cerca del corazón, quirúrgicamente era imposible que pudiera salir ileso y ella lo sabía, pero aún así preguntó.
- ¿Cómo…está? - el doctor Morris se mordió el labio inferior y trago saliva. Se acercó a su antigua estudiante con premura y la miro a los ojos, esos ojos color marrón que a su colega lo habían hipnotizado.
- Tu más que nadie sabe que una herida de esa proporción, quirúrgicamente hablando, es muy difícil de sanar - Ginny negó con la cabeza. ¡Claro que lo sabía, pero no podía creer, no quería creer!
- ¡Usted es el mejor cirujano cardiólogo que conozco, si no hay otro mejor para estabilizar a Sebástian, ese es usted! - le comentó en un hilo de voz con un dejo de esperanza. Morris suspiró y negó con la cabeza.
- Lo siento Ginny, pero esa herida era demasiado profunda y las demás tampoco cooperaron - la pelirroja negó con la cabeza, se rehusaba a creer.
- No, debe estar mintiéndome, el…no…¡usted tuvo que salvarlo, tuvo que hacerlo! - el doctor Morris negó, de nuevo.
- Lo siento, Ginny, hice lo humanamente posible pero su cuerpo no resistió…
- ¡Mentira! ¡Mentira! -Comenzó a gritar como una loca maniaca - ¡Quiero verlo! ¡Exijo verlo! - Morris negó.
- Sabes que esta prohibido si no estás a cargo - le recordó con vehemencia - Lo siento - pero Ginny no se iba a dejar por un hombre que le superaba la edad, un vejete que no sabía extraer unas simples balas de un cuerpo, un médico mediocre.
Sin previo aviso corrió hacia el pasillo que conducía a los quirófanos y busco alguno que aún tuviera la puerta abierta, lo encontró: el número tres.
Abrió la puerta con fuerza asustando a las instrumentadoras y a las enfermeras que se encontraban aún en el lugar.
- Doctora Cow, ¿qué hace? - preguntó una de ellas con asombro. Ginny entró al quirófano apresuradamente, importándole un carajo la bioseguridad, se acerco a la camilla y quito la sabana que cubría el cuerpo de su esposo.
- ¡Carguen a 120 joles! - exclamó, tomando el desfibrilador. Las mujeres la miraron absorta.
- ¿No me oyeron? ¡Que carguen a 120 joles!- ninguna de las cuatro mujeres se movió, por ende la pelirroja tuvo que hacerlo sola.
- ¡Partida de inútiles! - espetó, mirándolas con fiereza.
*- Doctora Cow - murmuró una joven instrumentista observándola con miedo
- Doctora, el doctor Cow esta…*
- ¡No menciones esa palabra, no la menciones! - le espetó con fiereza apuntándola con el desfibrilador - ¡Aquí la doctora soy yo, no tu! - y cargo el aparato a 150, luego a 180 hasta llegar a 250, iba hacerlo de nuevo, pero una mano la detuvo.
- ¡No siempre los puedes salvar a todos, doctora Cow! - le espetó la voz del doctor Morris con firmeza.
Ginebra observo el placido rostro de su esposo y la cruda realidad choco en su frente: ¡Estaba muerto y no podía hacer nada al respecto!
Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas, primero fueron lentas, silenciosas, pero después el peso del abandono inundo su pecho, llenándolo de una desazón indescriptible.
- ¡No puede ser…no, no puede! - Repetía constantemente, al tiempo que la iban alejando del quirófano y por ende del cuerpo inerte de su esposo - No puede…yo…apenas estábamos comenzando…llevábamos dos años…no…no puede estar mu-muerto…no…- las lagrimas caían sin vergüenza por sus mejillas y se perdían en su camisón. El no podía estar muerto, debía ser una broma.
- ¡Sebástian….Sebástian sal ya, despiértate, muy buena tu broma pero…es suficiente! - gritaba desesperada una vez llego a la recepción. Sus compañeros, estudiantes y profesores la observaban con lastima y tristeza.
- ¡Sebástian! - Grito, mirando hacia el quirófano - Amor…amor... ¡Despierta, no me dejes…amor…amor! - y se desplomó sin fuerzas en el suelo. Su respiración era acompasada, comenzaba a hiperventilar, sentía que en cualquier momento su corazón dejaría de latir…ya no lo estaba sintiendo.
- ¡Sebástian…no me dejes! - fue lo último que dijo antes de caer en un profundo letargo…"
- Cuando volví en si ya había trascurrido dos meses desde su muerte, sus familiares arreglaron el sepelio y tiempo después me di cuenta que asistí al entierro pero estás son las horas que no recuerdo nada - le dijo a lo bajo. Remembrar aquellos recuerdos no fue tan difícil como creyó, o quizá ayudaba que fuese su madre la receptora.
Molly se secó con rapidez las lágrimas que resbalaron con lentitud por sus mejillas a cada paso de la historia de su hija y se mordió el labio.
-
Ginny…- no sabía qué decir, ¿es qué, qué palabras eran adecuadas para expresar lo miserable que se sentía por haberla abandonado a su suerte y después enterarse que la única persona que la hizo feliz había muerto? ¿Qué podría decirle? Ginebra entendió su pleito interno y sonrió.
-
No te preocupes mamá, con escuchar sin reproches fue más que suficiente - Molly le devolvió el gesto y le tomó la mano.
-
Hija, no sabes cuanto me duele escuchar lo mal que la pasaste y lo miserable que a sido tu vida - Ginebra lanzó una media sonrisa y negó.
-
No a sido miserable, mamá
-
la corrigió en un susurro - Tengo mi profesional, la cual amo con demasía y los recuerdos de Sebástian siguen intactos - y miro de soslayo su argolla de matrimonio.
Molly iba a decirle lo orgullosa que estaba de ella, pero en aquellos momentos su hijo Fred entró por la puerta con una senda hilera de pergaminos flotando a sus costados.
-
¡Puff, los últimos meses del año son atroces! - comentó, a nadie en particular, pues su rostro estaba oculto por otra senda de pergaminos color violeta - Y yo que creí que Octubre era el mejor mes del año para Sortilegios Weasley, pero al parecer las personas quieren muchas bromas para fin de año - con ayuda de su varita condujo los pergaminos hacia la mesa más cercana y suspiro.
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Puff, por Merlín somos magos. Hola mamá… ¿Qué hace ella aquí? - preguntó, cuando sus ojos se posaron en los ambarinos de su madre. Ginebra pego un respingo y se incorporo con rapidez del sofá.
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¡Fred! - exclamó asustada. El joven pelirrojo arrugo el ceño y miro expectante a su madre.
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He preguntado, ¿qué hace ella acá? - Molly se encogió de hombros y se incorporó al igual que su hija.
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Frenddy, yo…vino a visitarnos - el gemelo abrió la boca para contestar pero después la volvió a cerrar. No se le ocurrió nada bueno para decir, sólo se limito a reír a lo bajo.
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¿Qué es lo gracioso? - le preguntó Ginny con severidad. Fred negó con la cabeza.
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¿Viniste a visitarnos? ¡Vaya! ¿Y qué trajiste? ¿Obsequios? ¿Cómo te fue en tu viaje? ¿Encontraste tu cordura?
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Ginny levanto el entrecejo y lo miro ceñuda.
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¿Qué te pasa? - le preguntó, molesta.
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¡Eso mismo te pregunto yo a ti! - Le espetó su hermano - ¡Te largas hace diez años, destrozas el corazón de mamá, divides a toda una familia y luego regresas como si nada! - Gritó, al tiempo que señalaba los acontecimientos con los dedos de su mano - ¿Y pretendes que te de un abrazo de bienvenida? ¡Lo siento, pero no soy Santa Claus!
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¡Fred Weasley, respeta a tu hermana! - le gritó su madre con los puños apretados. El gemelo levantó el ceño.
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¿Qué la respete? ¿Así como ella te respeto hace diez años? - l preguntó acalorado. Molly negó.
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Eso ya paso, Ginny era muy joven y seguramente esta muy arrepentida, ¿verdad? - y miro a su hija. El pelirrojo soltó una carcajada.
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No estás segura, pero aún así me pides que la respete - le escupió con indignación - ¡Mamá, respétate un poquito, por Merlín! ¡Recuerda todo lo que hizo!
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Fred, dale una segunda oportunidad, es tu hermana…- pero el gemelo Weasley negó.
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Lo siento mamá, pero nunca olvidare cómo te pusiste tras su partida, no se tu, pero a mi me dolió verte así, me dolió porque te amo y ella te hirió - dijo, lanzándole una venenosa mirada a su hermana - Y dime de una vez si ella va a regresar para irme a vivir con George y su esposa - los ojos de Molly se anegaron en lagrimas.
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Fred, no me pidas que escoja entre mis dos hijos, por favor.
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Pues ella no le importo lastimar a Harry y de paso a nosotros con tal de llevar su cometido - comentó, en un susurró - Y no te pido nada del otro mundo, mamá.
Molly negó con la cabeza y las lagrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, Ginny se mordió el labio y encaro a su hermano.
- No tienes porque colocar a elegir a mamá, Fred, yo me voy - y dicho esto, tomó su varita y desapareció. Lo último que escuchó fue el grito de su madre clamándole que volviera…
[To be Continued…]