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Historia 24226 — capítulo 28
Capitulo 26.
La maldición del fuego.
Hola a todos ¿cómo les va?, espero que bien la verdad, bueno primero que nada miles de disculpas por haberlos dejados tan abandonados, pero la verdad les seré sincera sufrí por un tiempo de ceroinspiracionitis severa jejeje eso y además de que acabo de terminar finales, pero bueno aquí les traigo uno mas de estos capítulos de esta historia que se esta tornando de lo mas interesante, les cuento rápido que originalmente en este Cáp. Hermione y Harry se iban a meter en tremendo lío, todo por amor, pero al parecer mi inspiración cambio de rumbo y mejor decidí explicar que es lo que le esta pasando a Draco y porque la marca que le hizo Kali es tan mortal ¿quieren saber mas, que es lo que le va a pasar a nuestro Príncipe rubio?, jejeje descúbranlo, a continuación y please no se les olvide dejar un comentario.
A por cierto anuncio especial a todos mis fans al parecer la pagina borro todos los registros de las personas de las que yo era su autor favorito por lo cual convoco que de nuevo me elijan como su autor favorito para que puedan recibir los anuncios de mis actualizaciones bueno ya basta de comerciales les mando un besote muak y disfruten el Cáp..
Hermione había recibido una noticia de lo mas desgarradora, Draco había sido mas afectado de lo pensado en la emboscada que le habían preparado los seguidores de Kali, resulta que la pequeña bruja, le había hecho una terrible y mortífera maldición al rubio, la cual aparentemente no podía ser curada ni por magia ni por pociones, por lo cual la orden estaba consternada al no poder ayudar a heredero de la fortuna de los Malfoy.
Hace unas horas
A muchos pero muchos kilómetros de distancia un vigoroso y gran cuerpo de medimagos liderados por un joven de grandioso talento llegaban de forma veloz hacía donde estaba Zagato y Narcisa con el fin de trasladar en una camilla a Draco Malfoy lo antes posible.
El grupo de medimagos que habían llegado era la brigada especial de Maldiciones de San Mungo, cuatro jóvenes dos chicas y dos jóvenes, trataban de tomar lo signos vitales del rubio mientras corrían por la villa Francesa de los Malfoy, los medimagos no podía aparecerse dentro de la casa de los Malfoy por el simple hecho de que antes de partir, Lucius había lanzado un hechizo protector a la casa parecido al de Hogwarts para de esta forma proteger a su familia, ya que después de la emboscada que había sufrido su hijo, el dejar desprotegida la casa seria como asesinar a sus seres queridos.
Zagato y Narcisa corrían de forma apresurada detrás de los medimagos tratando de escuchar alguna señal, alguna palabra que les diera alguna idea sobre lo que le estaba pasando a Draco, pero nada de nada, el equipo medico estaba demasiado bien entrenado como para saber que hacer sin necesidad de hablar y eso Zagato lo sabía muy bien, ya que el líder del equipo era uno de sus mejores amigos y la clase de telepatía la habían tomado juntos en la academia superior de aurores, donde el chico estuvo a punto de ser el compañero de Zagato, solo que el muchacho, simplemente desistió y prefirió el mundo de la medicina.
A lo lejos y bajo una grandiosa luna llena, ya se dibujaba la puerta de la mansión donde un par de sirvientes y elfos esperaban la llegada de los amos.
En cuanto el equipo medico puso un pie dentro de la mansión aceleraron el paso levitando la camilla y dándole alguna clase de empuje que la hacía muy rápida para así, poder instalarlo lo antes posible dentro de una enorme habitación de estilo victoriano, alfombra en tonos fríos, cortinas negras y una gran cama con los colores característicos de Slytherin vestían la habitación invitando a cualquiera a pasar una grandiosa noche de descanso, sin embargo el descanso quedaba atrás para Draco Malfoy, ahora lo único que importaba era curarlo; los medimagos con velocidad y con gran precisión, cambiaron al príncipe de Slytherin de la camilla a su gran cama, llenándolo de almohadas y un montón de tubos que lo conectaban a una extraña maquina de oxigeno, Draco había perdido el conocimiento desde que Zagato lo estaba trasladando a la villa por lo cual debían de reanimarlo de alguna forma, o seria de lo mas peligroso para el chico, ya que tanto en el mundo mágico como en el muggle, las reglas medicas eran las mismas, si alguien dejaba de respirar por mucho tiempo, sufriría un daño fatal en el cerebro.
Narcisa y Zagato que jadeando habían logrado alcanzar al equipo de medimagos, miraban con atención y con una tremenda angustia la escena en la que el chico era protagonista esperando que reaccionara de alguna manera y en cuanto una medimaga le puso la mascara de oxigeno en la nariz y le dio unos masajes en el pecho, el chico se quejo y se movió quitándose la mascara.
Velozmente otro mago del equipo medico saco su varita y con una cuerda transparente sujeto al chico de los ojos grises para que no se moviera, Draco abrió mucho los ojos sin poder hablar y miro a su madre y su primo con cara de susto e implorando su ayuda, sin embargo en lugar de obtener una respuesta en la que su madre sacaría y gritaría a la gente que estaba ahí, algo le causo muy mala espina al ver como Narcisa en lugar de protegerlo simplemente se ponía a llorar.
Cuando uno de los magos le había quitado la chaqueta y la camisa para revisar su brazo y su torso en el cual una extraña marca en tonos rojo y negro se hacia presente en la blancura de su piel, la cara de Zagato se puso tensa y se acerco a mirar mas de cerca para luego preguntarle al líder los medimagos sobre el estado de su primo, el hombre joven lo miro asustado y simplemente se quedo mirando a Zagato, en ese momento una bruja guapa de cabello negro especialista en pociones y brebajes se acerco a Draco y lo hizo beber una poción que hizo que su garganta quemara de una forma casi irresistible además la marca que tenia en el pecho parecía fundirse con su cuerpo, causándole el dolor físico mas profundo que jamás había sentido, cosa que lo mareo como si hubiera pasado horas dando vuelta en su escoba, para después dejarlo exhausto y totalmente adormitado, con las pocas fuerzas que le quedaban y luchando para no cerrar los parpados a lo lejos solo podía ver siluetas borrosas, escuchar leves susurros y sentir golpecillos en su cuerpo, sin mas perdió el conocimiento una vez mas y ya no supo que pasaba.
Entre gritos de hechizos y lenguajes que solo los medimagos conocían varias vendas volaban por los aires, mezclándose con los finos doseles de la cama en donde habían trasladado al chico, sujetándolo con fuerza desde el hombro hasta sus dedos, ya que el chico se había roto el brazo desde el hombro al igual que un par de dedos de las manos, también le habían puesto unas vendas en la cabeza para cubrir un par de heridas que tenia en la frente y fue entonces que la lluvia de hechizos comenzaron una vez mas.
Cientos de rayos daban de golpe contra todo el cuerpo del rubio ocasionando que se contrajera hacia arriba, haciendo que su madre se convirtiera en un mar de lagrimas al ver a su pequeño bebe de esa forma y a merced de esos medimagos que mas que ayudar a su pequeño hijo, parecía que lo querían golpear con saña, sin embargo Narcisa no se había dado cuenta de la razón por la cual el equipo medico golpeaba con tal alevosía el cuerpo de su bebe, era tanto el dolor que le producía ver como su único hijo era tratado de esa forma que en un golpe de cólera se abalanzo hacia uno de los magos tratando de evitar que golpeara al rubio con otro hechizo, sin embargo Zagato corrió de forma rápida hacía su tía y la tomo con fuerza de la cintura evitando que golpeara al medimago.
-tía tranquila, ¿pero que haces?
-Zagato, por dios ¿qué le están haciendo mi niño?, lo están matando.
-No lo están matando, lo están salvando, mira—el joven auror señalo hacia el pecho de Draco, la marca que tenia el chico en el cuerpo se había tornado de un rojo vivo mientras un par de líneas que parecían venas se estaban extendiendo por todo el torso del muchacho invadiendo su abdomen, su brazo derecho y su cuello, sin embargo las líneas empezaban a disminuir y a retraerse hacia la marca, estas bajaban de forma lenta Hacia el pecho de Draco y cuando parecían controladas por cinco varitas una bruja con un complicado movimiento de brazo y diciendo un montón de palabras que Narcisa no podía entender el mago líder lanzo un hechizo al pecho de Draco en color marrón que comenzó a llenar el cuerpo del chico de runas para luego desaparecer y solo dejar un circulo que encerraba la marca que Kali le había hecho al príncipe de las serpientes, seguido esto el cuerpo del rubio dejo de levitar y de contraerse y cayo como una hoja en otoño sobre la cama, al parecer mas descansado, aun así y a sabiendas de que el Slytherin parecía curado, la noticia que estaban a punto de darle tanto a Narcisa como a Zagato los mataría en vida.
-¿Zagato, amor, crees que este bien? —pregunto la mujer a su sobrino aun limpiándose las lagrimas que corrían por sus mejillas.
Zagato no sabía que decir, no quería mentirle a su tía pero tampoco tenía el valor de decirle la verdad, se sentía impotente al tratar de decirle a su tía favorita que su primo, el chico que era como su hermano había sido marcado con una legendaria maldición, una maldición tan potente y tan peligrosa que por miedo ni siquiera se había escrito de ella, los únicos que tenían información sobre ésta, la recibían por el hecho de que habían tomado rigurosos cursos en ocultismo y defensa contra las artes oscuras, además de los medimagos que tenían que estar informados sobre toda clase de maldiciones, enfermedades etcétera.
Esta maldición era tan confidencial y peligrosa que hasta el departamento de misterios le tenía miedo, a sabiendas que en ese lugar había toda clase de cosas raras y espantosas.
-Zagato—volvió a repetir Narcisa al no tener respuesta de su sobrino.
-No lo se tía, no lo se, esa marca es de lo mas sospechosa, lo mejor sería que le llamaras al tío Lucius, el seguro sabrá que es lo que le han puesto a Draco.
El rubio soltó a la guapa mujer que lo miraba desesperada y con los ojos vidriosos, Narcisa podía ser exagerada y dramática y a veces un poco lenta pero no era tonta y al ver que su sobrino estrella, el que era un genio en eso de las artes oscuras se veía preocupado y no sabia que era lo que tenía su pequeño hijo en el pecho ocasiono que todos los órganos se le cayeran al suelo, Narcisa tenia miedo, un miedo que jamás había experimentado, sin mas, abrazo a su sobrino y corrió hacia la puerta en busca de una chimenea para buscar a Lucius.
En cuanto Zagato estuvo seguro que su tía ya se había marchado con delicadeza se acerco al líder de los medimagos y puso una mano sobre su hombro, el mago estaba revisando los signos vitales de su primo mientras supervisaba la elaboración de una extraña poción que humeaba y soltaba un montón de vapor de colores.
-Disculpa Sam—dijo Zagato al joven medimago.
El hombre se volvió hacia el auror y con algo de temor en los ojos y la boca seca, este solo negó con la cabeza.
El auror imito el movimiento del medimago y el horror se postro en los ojos azules del muchacho, que perdiendo el control por completo se abalanzo hacía el mago totalmente desesperanzado por la actitud del hombre, Zagato lo zarandeaba con fuerza mientras un par de lagrimas comenzaban a correr por sus mejillas.
-No me digas que en realidad es lo que estoy pensado, saqué a mi tía de aquí para que no escuchara pero por favor Sam dime que no es cierto—alego el rubio incrédulo ante la imagen de Draco tendido en una cama marcado como si fuera una res con esa despreciable maldición.
-Lo siento Zagato, pero desde que lo vi supe que tu primo...bueno...ya sabes, solo lo salvamos para que pueda estar sano esta última semana que le queda, gracias a dios que hace un año tome un curso extensivo de runas y de embrujos antiguos, si no lo hubiera hecho esas cosas que se extendían por el cuerpo de tu primo lo hubieran desintegrado en cuestión de segundos.
-Ya veo, gracias...pero... ¿Estas completamente seguro que solo le queda una semana?
-Sin lugar a dudas, de hecho debo decir que es de lo mas afortunado ya que él es el segundo mago que por lo menos yo eh tratado y tenga una esperanza de vida de una semana, ya que la mayoría de las personas que es tocada por esta maldición a lo mucho solo sobreviven unas horas, así que a pesar de todo deberías de agradecer de que Draco tenga oportunidad de despedirse, muchos ni siquiera aguantan el impacto y mueren de inmediato tragados por esas cosas que salen de la marca.
-Pero Sam, no digas eso, por favor, tiene que haber alguna forma de poder ayudarlo, siempre debe de haber una cura, demonios, somos magos no somos como los muggles, no se puede dejar vencer Sam, debes de tener un as bajo la manga, no es justo lo que le esta pasando a Draco, él aun es muy joven tiene toda una vida por delante.
El medimago viendo lo histérico que se había puesto zagato lo tomo de los hombro y lo zarandeo un poco—Hey, Zagato mírame, dime algo ¿desde hace cuanto me conoces?
-Hace cinco años.
-Y somos amigos ¿no?.
-Si.
-Entonces no dudes de mi, se que es muy difícil lo que estas pasando, pero créeme amigo yo haré todo lo que tenga en mis manos para poder salvar a este chico, averiguare con sabios ancianos que conozco, me meteré en el departamento de misterios, te prometo que no dormiré, no comeré, no me importa pero me pondré a buscar como loco la solución, solo es cuestión de que confíes en mi y en mi equipo, ahora cálmate y quiero que me escuches muy bien, Dumbledore debe de saber esto lo mas rápido posible, al igual que toda la orden sabes que yo guardo tu secreto de que eres auror y que estas con la orden y con los mortifagos, pero solo debo darte una sugerencia de que debes emplear bien tus movimientos, eres un amigo muy preciado y no quiero que te pase nada.
-Gracias, Sam no sabes lo que daría porque fueras auror y fueras mi compañero, por lo menos con tigo podría compartir todo lo que me pasa después de un día pesado.
-Jejeje lo se amigo pero ya sabes que eso de asesinar gente y andar en cosas peligrosas no es lo mío, a mi me gusta ayudar a la gente.
-Lo se, y espero con todo mi corazón que lo hagas con mi primo, sin embargo tengo una pregunta para ti, dime algo ¿qué le vas a decir a mi tío Lucius cuando llegue?, seguro quedra saber que es lo que tiene pintado su hijo en el pecho.
-No te preocupes Zagato, Lucius sabrá lo que es en cualquier momento, no creas que solo en la academia de aurores tenemos clases avanzadas de defensa contra las artes oscuras, hay documentos y mucha información que afirma que los mortifagos de más alto rango también son entrenados en esos temas.
-eso quiere decir que mi tío sabe lo que le va a pasar a Draco.
-Seguramente, sin embargo me quedare a confirmarle el tiempo que el chico tiene, tú por favor Zagato, debes avisar a Dumbledore, él talvez sea el único que pueda ayudarle, yo se lo comentare a Lucius y de inmediato partiré a investigar.
-Esta bien Sam, gracias, me voy entonces, por favor te pido que cuides a mi primo.
El medimago alzo un pulgar y trato de sonreír—descuida cuenta con eso, cuídate.
Los pasillos de la villa francesa de los Malfoy pasaban de forma rápida ante los ojos aguamarina del auror mas carismático y mas poderoso del mundo mágico, el chico corría como desesperado en busca de una lechuza o de una chimenea con red flu y después de varios pasillos recorridos una resplandeciente luz verde lo segó un poco, con curiosidad el chico espió un poco por la rendija de la puerta y vio con alegría como Lucius salía de la chimenea con una cara de tristeza que jamás le había visto, sin mas y siendo de lo mas educado, toco a la puerta de la que parecía ser la habitación de sus tíos y entro al aposento tapizado en finas telas y tapetes; en la adoselada cama, Narcisa estaba sentada con todo el vestido arrugado y mojado, la pobre mujer aun lloraba por lo de Draco, Lucius la abrazaba mientras la tomaba por el montón y le pedía que parara de llorara que seguro lo que le había pasado a Draco no era nada mas allá que una simple fractura.
-Hola tío, —saludo Zagato y poniéndose junto a su Lucius mientras miraba con tristeza a Narcisa
-Ya amor deja de llorar, el estará bien, te lo juro, lo único que pasa es que Draco siempre ha sido un poco exagerado y lo sabes Cissy.
-Pero Lucius mi bebe, levitaba y se convulsionaba, además mi niño precioso tiene algo en su hermoso cuerpo una extraña marca
El mortifago alzo una ceja extrañado y miro a Zagato, el chico solo bajo la mirada y le puso una mano el hombro a su tío, como era de esperarse a Lucius no le dio buena espina para nada, así que tomo a Narcisa de la mano y la levanto con fuerza mientras salían de la habitación corriendo con dirección a al habitación de Draco.
Después de que sus tíos lo habían dejado solo, Zagato se dejo caer en la adoselada cama, saltando un poco por el rebote de los resortes, el chico que tenia la vista fija en el dosel comenzó a recordar ese dolor, ese maldito dolor que no sentía desde hacer tiempo, desde que había muerto su madre y el amor de su vida, esa mujer que lo había llenado de tanto amor y ternura pero que sin embargo ya no estaba con el, en ese momento fue cuando el muchacho se pregunto porque el destino estaba empeñado en jugarle malas pasadas, parecía que él había nacido con una maldición en la cual no podía ser feliz y estaba destinado a perder a todas esas personas que de verdad le importaban, habían pasado ya varios años desde que había perdido a su madre y unos menos a Mariane, pero la posibilidad de que ahora perdería a su amigo, a un chico que era como el hermano que siempre había querido, simplemente lo destrozaba, ya no le quedaban fuerzas para seguir adelante, la única razón por la que se había convertido en auror había sido porque el sueño de su madre era ese y él le había cumplido su deseo sin embargo la mujer no había podido verlo, porque había muerto de forma prematura antes de su graduación, aun así había seguido con el trabajo de auror sobresaliendo de forma brillante para después el unirse a la brigada especial, y esa vez solo lo había hecho por otra mujer, aquella mujer a la que amaba y quería proteger con todo su corazón, y también lo logro, los dos lo hicieron pero después de un maravilloso año de romance y misiones y justo una semana después de que Zagato le había pedido su mano en matrimonio, aquella misión había llegado, esa misión que maldecía y con la que aun después de tantos años todavía tenia pesadillas, aquella que a simple vista parecía tan fácil pero que al final resulto ser fatal, ella había muerto a manos de una poderosa hechicera en el sur de Asia y para colmo en sus brazos, Zagato aun no se perdonaba el no haber podido ayudarla, el, no haber podido detener a la bruja o simplemente se maldecía al recordar que se había quedado inmóvil y no pudo morir por ella.
Y ahora Draco su primo, su hermanillo gritón estaba a una semana de perecer y una vez no podía hacer nada, una vez estaba inmiscuido en cosas tan peligrosas por alguien a quien apreciaba y otra vez no servia de nada una vez mas, no iba a poder hacer nada, aun recordaba perfecto como hace seis años Dumbledore lo había contactado para que se uniera a la orden y de igual forma a los mortifagos con la finalidad de ayudar a Draco y a la comunidad mágica, —recuerdo que acepte gustoso después de lo de mi madre y de Mariane, Draco era la única persona que me importaba y valía la pena para mi, ni siquiera mi padre me parece que merece mis sacrificios, es un idiota, un patán, una marioneta mas del señor oscuro, un hombre por el cual a pesar de que se que me dio la vida yo no la daría por el, nunca le agrade, no le importe, sin embargo para su conveniencia si soy su hijo, su orgullo, el mejor y mas prometedor discípulo del señor oscuro, el prometido de la hija de los Valdavier, novio de esa loca de Kaira que ni siquiera me gusta y mucho menos me despierta un deseo sexual, sin embrago es tiempo de que deje de pensar en eso y me ponga a hacer algo rápido, talvez yo no pueda hacer nada por Draco pero seguro que Dumbledore lo hará.
Sin mas el guapo rubio se levanto de la cama tomo un poco de polvos flu y grito el nombre de una dirección en Londres, el chico saco su varita y hechizo la puerta para que no lo pillaran, entonces metió la cabeza en la chimenea siendo abrazado por las llamas verdes y para su sorpresa parecía que Dumbledore ya lo estaba esperando, el viejo estaba sentado en un sillón ornamental frente a la chimenea comiendo un turrón de limón.
-Profesor—dijo el auror.
-Zagato—asintió el anciano.
De la forma mas rápido que pudo y con los detalles mas importantes, le explico la situación a lo que Dumbledore escuchaba de lo mas atento y serio, ni un músculo se movía, su miraba no decía nada eso le dio un podo de miedo a Zagato, ya que nunca había visto al viejo con esa expresión tan seria, ya cuando habían terminado Dumbledore escribió rápido una carta y llamo a fawkes.
-Llévale esto a la profesora McGonagall —le susurro y sin que el rubio pudiera detenerlo Dumbledore se coló a la habitación de sus tíos, el imponente viejo vestido en una capa azul pizarra le puso una mano en el hombro y le sonrió, esa sonrisa tranquilizo un poco a Zagato, hasta que de pronto la puerta de la habitación se abrió de golpe a pesar de que el auror había puesto un hechizo.
-ZAGATO! —grito Lucius con terror en sus profundos ojos grises.
El muchacho tristemente se volvió hacia su tío y lo miro, Lucius no daba cabida a lo que veía, era extraño que justamente la persona que necesitaba estuviera ya en su casa.
-pero como...Dumbledore...como supo que iba a llamarlo.
-Mmm..Digamos que un canario me lo dijo—susurro el viejo que se acerco a Lucius—ahora porque mejor no nos dejamos de situaciones incomodas y de preguntas sin importancia y vamos a ver que es lo que le pasa a Draco.
-el tiene esa maldición Dumbledore.
-¿Maldición, cual de todas Lucius?
-Por favor no es hora de hacerse el gracioso con migo, sabe perfecto de que hablo, mi hijo tiene esa marca, esa cosa que ni siquiera el señor tenebroso es capaz de hacer, esa maldita marca que roba el alma de las personas y las lleva al infierno, la maldición, la marca de las tres comas, la maldición del infierno.
Al escuchar lo anterior el semblante de Dumbledore se puso tenso—rápido llévame hacia Draco.
Lucius y Dumbledore salieron de la habitación dejando solo de nuevo a Zagato en esa fría habitación.
Calidas lagrimas comenzaron a correr el magnifico rostro del auror, llenándolo de tristeza y rabia, no era justo que siempre pasara lo mismo y le quitaran a las personas que mas quería, no era justo, una vez mas entendía porque había ocasiones en las que la gente decía que era un muchacho amargado, antipático y antisocial, pero él no lo hacía porque quisiera sino por el simple hecho de que, que caso tenía amistar con la gente y formar lazos si al fin y al cabo morirían y la felicidad que le pudieron haber dado no se compararía con la tristeza de perderlos.
Zagato lloraba y lloraba en silencio, cubriendo su cara con sus manos mientras su espalda se encorvaba y se movía por los sollozos, él ya no quería sufrir mas algo así, a pesar de que se veía fuerte, exitoso, guapo todas las mujeres lo deseaban y era el mejor auror en el mundo mágico, nada de eso lo importaba, lo único que lo hacia sentirse feliz era el sentimiento de que contaba con alguien, que tenia un amigo fiel, una persona que a pesar de su corta edad nunca lo iba a dejar caer y pensó que nunca lo dejaría, al menos había pensado que el primero en morir seria él y no Draco, sin embargo las cosas se habían invertido y ahora estaba a punto de perder a su mejor amigo y hermano.
Sin que Zagato se diera cuenta alguien había entrado en la habitación y se sentó a su lado abrazándolo, eso de verdad lo había confortado mucho, entonces levanto la mirada y vio a su tía Narcisa a su lado mirándolo con dulzura.
-Descuida amor, Dracito estará bien, ya lo veraz.
-Dumbledore, ¿ya sabe como curarlo? —pregunto el rubio a su tía, a lo que esta respondió negando con la cabeza.
-No amor, pero me prometió que buscaría por mar y tierra la forma de ayudarlo y...yo le creo, Lucius podrá decir lo que quiera de Dumbledore pero algo si no puede negar, es un gran mago y es el único que podrá ayudar a Draco...sabes, ni siquiera el señor tenebroso sabe que hacer con mi lindo hijo.
-¿El tampoco sabe como revertir la maldición? —Narcisa negó con la cabeza una vez más.
Zagato apretó los ojos y se levanto de golpe—te prometo tía que yo también ayudare, no se de que forma pero haré lo que sea para que mi primo este sano y salvo, además...te prometo que acabare con esa maldita niña que se atrevió a hacerle ese a Draco.
Narcisa lo abrazo—gracias Zagato, siempre has sido mi sobrino favorito y ahora reitero el porque, pero dime que es eso que tiene mi bebe, ¿por qué es tan letal?
-Veraz tía es como un avada kedavra pero...mmm—Zagato no sabia muy bien como explicárselo a Narcisa sin romper los acuerdos de confidencialidad de la academia de aurores—pero...bueno, digamos que actúa en forma retardada y tiene un efecto mas letal.
La hermosa mujer se llevo las manos a la boca y en su rostro se veía el horror, Zagato no sabía de donde le había salido tanto valor al poder decirle a su tía lo que estaba a punto de pasarle a Draco.
-pero Zagato, no hay nada peor que el avada kedavra, ¿qué puede ser peor que una muerte tan rápida, que no te das cuenta que estas muerto hasta que llegas al cielo o al infierno?
-Eso es lo mas horrible de la maldición que tiene Draco, veraz, la maldición del fuego se denomina como aquella en la que mueres pero no lo haces del todo, recuerdas que el señor tenebroso un día se burlo de lo que le dijo Dumbledore.
-Si, Dumbledore le dijo que había algo peor que la muerte.
-Exacto el profesor se refería a esta maldición tía, ya que después de que sufres una agonía al saber que tu muerte llegara en un día o bueno en el caso de Draco siete, se te consume el cuerpo, la mente y el alma, ya que lo mas letal de la maldición del fuego es que esta consume tu alma y por ende cuando mueres nunca descansas en paz, ya que al ser tu alma consumida por la oscuridad no te vas ni al infierno ni al cielo.
-Pero Zagato, ¿qué el infierno no es la oscuridad?
-Eso es lo que todos sabemos tía pero existe otra clase de oscuridad una tan compleja y horrible que hasta el mismo demonio no la entiende del todo, esta maldición no fue inventada ni descubierta por los magos, sino por un muerto viviente y no estoy hablando de un zombi, sino que hace miles de años existió un hechicero en la india que hizo mucho mal y estuvo a punto de terminar no solo con los magos de su país si no los de todo el mundo, se puede decir que es el antecesor del señor tenebroso, entonces los países se aliaron y lo atraparon dándole una muerte horrible, lenta, dolorosa y llena de agonía, por lo cual los maldijo prometiendo que tarde o temprano regresaría.
Como era de esperarse después de años en el infierno, se dice que hizo un pacto con el demonio y este lo ayudo a regresar a la vida, fue entonces que creo la maldición del fuego y la profano por todo el mundo mágico, dejándosela como legado a solo aquellos brujos y brujas que al igual que el después de morir regresaran del infierno.
Al parecer la mocosa que hirió a Draco es de esas pocas privilegiadas, pero bueno tía te dejo, si tienes mas dudas sería bueno que Dumbledore te lo explicara...yo...bueno tengo que hacer unas cuantas cosas—el chico saco su ya concomido báculo y con el mismo, dio un golpe en el piso ocasionando que una onda en color azul se empezara a formar.
El chico ya no podía estar en ese lugar lo que menos quería era ver llorar a Narcisa por su culpa, sin embargo algo lo sorprendió, su tía se había acercado a el y lo había abrazado como una madre lo hace con su hijo, acercándose y dedicándole un beso en la frente.
-Gracias Zagato, gracias por ser el único lo bastante sincero para decirme a lo que voy a enfrentarme, gracias por creer en que no me pondría como una psicópata al saber lo que le pasaría a mi bebe, pero sobre todo te agradezco lo que has hecho por mi y Draco, te quiero mucho sobrino.
Zagato con un nudo en la garganta le sonrió y también la beso en la frente mientras la abrazaba fuerte, ahora se sentía mas comprometido a ayudar a Draco, de que forma lo haría no lo sabía pero una cosa si era segura, daría todo por conseguirlo hasta su propia vida, esta era la situación perfecta para de una buena vez hacer algo por una de las personas que mas le importaba.
Sin más dio otro golpe en el piso con su báculo y en un bortex de luz desapareció de la habitación.
Volviendo al tiempo actual
Esa noche la castaña mas linda de Gryffindor lloraba en los brazos de su mejor amigo, maldiciéndose por no apreciar el amor del rubio, ese amor que ahora se daba cuenta, era de lo más puro y real.
-Quiero verlo susurro Hermione—quiero decirle que lo amo, nunca se lo he dicho, él...él me lo ha dicho tantas veces y yo jamás he podido decírselo, pero ahora ya puedo hacerlo, no hay duda de lo que me hace sentir, si no lo amara no me sentiría de esta forma, la tristeza no me estaría carcomiendo los sentidos y el alma por dentro, pero además, sabes Harry—Hermione se froto la cabeza y su gesto expreso el dolor que sentía—no se que me pasa parece que algo me golpeo porque ni siquiera recuerdo si me despedí de él.
Harry trago saliva ahí estaba su confirmación Hermione había perdido en su memoria los momentos que había pasado bajo el efecto de la pastilla.
-¿de verdad lo amas? —pregunto de forma seria el muchacho de los ojos verdes.
Hermione lo miro con sus bellos ojos color miel, lo que hizo que a pesar de lo mal que se sentía, el chico se sonrojara; ella se colgó de su cuello quedando de frente a él como si quisiera besarlo, a Harry los brazos le temblaban, no sabía si teniéndola en esa posición iba a poder contenerse, esos labios tan lindos y dulces lo llamaban a que los besara, sin embargo no era el momento, su Hermione estaba sufriendo mucho por Draco y no iba a ser muy simpático que le robara un beso, haciéndola sentirse peor de lo que ya se veía, sin mas solo se dedico a mirarla también.
-Si, lo amo Harry, lo amo mucho, no se porque me he dado cuenta, talvez son las circunstancias o que se yo, pero de algo estoy completamente segura Draco Malfoy hace que mi corazón palpite con fuerza cada vez que lo recuerdo, hace que se me erice la piel cada vez que recuerdo sus caricias y sus labios tocando mi cuerpo, no puedo dejar de pensar en el, ni siquiera puedo dormir. —dijo la castaña.
Un nudo grande y doloroso se posiciono dentro de la garganta del pelinegro impidiéndole respirar correctamente, las palabras de Hermione lo habían atravesado como si fueran afilados cuchillos, ella amaba a Draco y no había duda de eso, —pero entonces... ¿porque paso, eso, en el baño?—pensó el muchacho, mordiéndose un labio para que el dolor físico desviara un poco el emocional.
-Harry ¿estas bien? —pregunto la muchacha al ver a su amigo con los ojos cerrados y mordiéndose el labio.
-Eh...si, lo siento, es que...bueno sabes perfecto que no me acostumbro a verte con Malfoy y estoy mucho menos acostumbrado a que me hables así de él, discúlpame Mione.
-No te preocupes, y la que debería de pedir perdón soy yo, se que Draco y tu se han odiado desde el primer momento en que se vieron y lo que menos quiero es que se detesten mas de lo que ya se detestan, es solo que tú eres el único que sabe lo que tengo con él y por eso te puedo contar todo, perdón Harry he sido una desconsiderada con tigo.
Harry la tomo de la barbilla y le alzo la cara para volverse a encontrar con esos hermosos ojos color miel.
-Hey, no pasa nada, te lo he dicho antes y te lo vuelvo a repetir confió ciegamente en tu juicio y tu decisión de estar con Malfoy, no tienes de que disculparte, todo esta bien, de acuerdo.
Una leve sonrisa apareció en los labios de la chica ocasionando una vez más que a Harry casi se le cayera el mundo, esa carilla simplemente lo derretía, pero debía contenerse, no podía cometer ninguna estupidez.
La castaña lo abrazo fuertemente y el chico le correspondió—gracias Harry, eres el mejor amigo del mundo, de verdad te lo agradezco mucho, mucho—los ojos de la chica se volvieron a llenar de lagrimas—Harry.
-Si, ¿qué pasa Herms?
-Harry...yo quiero decirte algo...
El corazón del muchacho latía con fuerza—talvez a recordado algo—pensó el pelinegro con la firme esperanza de que de un momento a otro la castaña se le tirara encima y lo llenara de besos.
-Harry...yo...yo...te quiero mucho, mucho, mucho...amigo.
-¡¿AMIGO?! —grito el chico en su interior.
-Pensaras que soy una demente por decir algo así tan de repente pero sabes, creo que es bueno decirle a las personas lo que sientes por ellas, ya que no sabemos cuando nos va a llegar la hora—Hermy comenzó a llorar de nuevo—ya ves lo que me ha sucedido a mi, yo ni siquiera me pude despedir de Draco y decirle lo que siento por él.
-Vamos Hermione no seas negativa, aun tienes siete días para estar con Draco, además tengo la plena seguridad de que ese idiota va a estar por aquí muy pronto fastidiando como es su costumbre, seguro que el profesor Dumbledore encuentra el remedio para salvarlo, solo es cuestión de que confíes en el.
-Lo se Harry, pero dime ¿y si no lo pude salvar?, yo...me muero Harry...Draco ha sido el único que ha podido darme algo de luz en esta interna oscuridad que trata de sobrecogerme, de esta soledad que él llena cada vez que estoy a su lado , si Draco muere yo moriré con él, aunque no lo haga físicamente.
-Ya te dije que no pienses en eso, —el chico trago saliva, estaba a punto de matar de nuevo cualquier esperanza con Hermione, pero no quería verla sufrir ni llorar y si Draco la llenaba tanto como ella decía, iba a dejarle el camino libre, lo que había pasado entre ellos, ya no importaba, al igual que lo había hecho Hermy el también trataría de olvidarse de todo—ya veraz que cuando regrese, pasara la semana y él seguirá con vida, ustedes seguirán con su romance un par de meses mas hasta que salgamos de aquí, se casaran y tendrás un montón de pequeños rubios que te amaran y te saludaran jalando tus vestidos y gritándote, ¡mami, mami!, llegaras a tu hogar del trabajo y te recibirá el idiota de Draco con un abrazo, tendrán cenas somáticas y bueno tendrán noches llenas de...tu sabes...
Hermione sonrió mas por compromiso que por otra cosa, — gracias Harry, espero que tengas voz de profeta, nada me gustaría mas que eso.
Al ver que no había funcionado el tratar de animar a la castaña Harry rebusco en su bolsillo y sintió aquella carta que Draco le había dejado a Hermy, aquella carta escrita por puño y letra de su enemigo de amores numero uno, carta en la de seguro, le diría cosas hermosas a Hermione, cosas que harían que la castaña lo amara mas, cosas que ocasionarían que Hermione olvidara a todos los hombres que estaban rodeándola, esa carta era su perdición, sin embargo debía dársela, no solo porque se lo había prometido a Ginny sino porque Hermione la necesitaba, necesitaba saber que Malfoy si se había despedido de ella.
Mientras la chica miraba una vez mas crepitar la llamas, una mano se acerco a ella, una mano que tenia en su palma un sobre color negro, un sobre tan característico de él de su Draco Malfoy.
Hermione tomo la carta y la acerco a su pecho mirando a Harry sin saber que decir, este simplemente volteo la cara, —esa carta, me la dio...bueno eso no importa Malfoy al parecer la dejo para ti en tu dormitorio, yo...bueno—el chico se levanto y se fue hacia la ventana—yo te dejo para que la leas.
La castaña solo pudo decir gracias.
Dando un vistazo hacia Harry que tenia la mirada perdida en la ventana, con las manos temblorosas y llenas de sudor Hermione abrió con rapidez el sobre sacando de su interior una carta con el característico olor de Draco impregnado en su superficie, la carta a simple vista no era tan larga como la que le había dado antes, sin embrago eso no le importo a Hermione y con desesperación comenzó a leer de forma rápida, sus ojos se movían con velocidad por cada una de las líneas que Draco había escrito para ella.
En la ventana Harry la miraba de reojo esperando en cualquier momento que la chica se pusiera a llorar una vez mas, era inevitable y demasiado predecible que Hermy reaccionaria así debido a las circunstancias en las que se encontraban, y si, justo eso había pasado, no habían pasado mas de dos minutos después de lo que Harry había pensado cuando la castaña ya se encontraba sollozando en el suelo de la sala común, sin mas y con precaución Harry se acerco hacia su amiga, y la miro con esos ojos verdes que a mil kilómetros expresaban que la amaban, se sentó junto a ella y la abrazo con fuerza mientras ella hundida en las palabras del príncipe de las serpientes mojaba con lagrimas el pijama de Harry, éste sin otra opción solo le acariciaba el cabello con dulzura y le daba palmaditas en la espalda.
-oh Harry...oh Harry—lloraba la chica de forma descontrolada mientras apretaba contra su pecho la carta de Draco.
-Tranquila, Hermy, Tranquila—le susurraba el pelinegro, claro que quería saber que decía la carta, pero sabia que si se lo preguntaba Hermy lloraría con mas intensidad, si eso podía llegar a ser posible; le dolía, realmente le dolía verla en ese estado sollozando de una forma tan dolorosa y cancina, su boca se había puesto seca al sentirse impotente y no poder ayudarla, se sentía un inútil al no poder decirle algo que la hiciera parar de llorar, no porque no quisiera, si no por el simple hecho de que no podía porque sabia perfecto que con una frase o palabra que sus labios pronunciaran, la llaga que se había formado en su ya lastimado corazón se abriría de nuevo dándole paso a que este se desangrara llevándolo a una muerte segura.
-Es que Harry, ¿qué es lo que tiene Draco, que clase de Marca, que demonios fue lo que le paso?
-No lo se Hermione no lo se—le respondió el chico de los ojos verdes