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Historia 24568 — capítulo 61
"61.- El valle de la muerte." Prefacio: …-No podrás contra todos, chico. Es imposible… (Algún demonio)
Se sabía de todo aquello, Mephist al fin había resurgido y estaría allí, en ese mundo en donde ahora ya nada valía la pena, solo el luchar para existir, habían estado invadido sus propios territorios, miles de años de pelea para que llegara uno el cuál se mostraba invencible ante todos y ante todo. Ni siquiera el macrocosmos pudo detenerlo, no se le podía detener. Surcaban los cielos como cual muerte fuese, no podía morir, posiblemente las cosas nunca fueran más complicadas en la vida de todo ser. Pero él no moriría, era inmortal, era dios. Un dios aberrante que había logrado desafiar las leyes más poderosas de la naturaleza, un dios que simplemente había logrado conquistar el secreto del alma y la llave de aquellas cosas que se ocultan más allá de la realidad inexistente y que siempre será de una forma aquello fuerte en tanto a un entorno corriente e insignificante que para las formas humanas nunca sería comprensible. El viento mismo le tenía miedo al demonio, un miedo increíblemente poderoso, el viento moría y seguiría muriendo hasta que algo bueno lograra suceder…, pero era comprensible, la gente estaba estúpida si pensaba en que aquellas cosas buenas llegaran a suceder.
¿Malas? Posiblemente esa era la palabra.
El aspecto galante y bien portado del demonio era indudablemente desquiciado, no fuese por aquel semblante frío y sin sentimientos, sino que era de esperar que si fuese un demonio el aspecto debería ser terriblemente desagradable y asqueroso. Pero no cabía en la mente de cualquiera que aquel demonio parecía más humano que demonio… ¿Cuántos años debería tener? Al menos y posiblemente unos 12 mil 500 años alrededor…, no serían posibles, aquel demonio mostraba un aspecto de no más de treinta años. Inmortalidad: Algo que anhelan muchos y que solo consiguen, o los más idiotas, los más sabios, o aquellos que están destinado a algo sumamente grande. Joven, lo era y demasiado, ¿Cuánto viviría? Posiblemente una eternidad más, dependiendo quien sonriera al último en aquella guerra que había empezado desde que se miró frente a frente con Harry Potter. Pero era realmente raquítico, aquello no podía ser en cierto modo una realidad… algo que tal vez fuera una broma… pero nadie había sido tan bueno en las bromas como para hacer que toda Rumania quedara destruida, que grandes partes de Japón tuvieran profundos cráteres provenientes de una lluvia de escombros que arrasó con la vida de miles de personas… Y nadie tenía tanto poder de convencimiento o de broma para lograr que miles de vampiros abandonaran la zona de los Cárpatos…, posiblemente fuese verdad todo aquello que estaba sucediendo. Posiblemente…
Su cabello largo, tan negro como la noche más oscura, negro como la representación entera del abismo al que estaban condenados aquellos que algo tuvieron que hacer para merecer tal castigo. Algo… Unos ojos llameantes, profundamente locos y con una atrocidad reverberante que al hacer contacto con cualquier otro par de ojos causaban tal terror que se volvían locos los débiles de mente. Eran unos ojos demasiado extraños, completamente rojos en donde debería haber blanco… y un vacío que traspasaba todo límite de naturalidad existente… manipuladores, extasiados, perversos, malignos…, pero siempre vacíos… un vacío a la locura, un vacío que ocultaba algo más allá. Y aquellos dientes, enormes colmillos, feroces, aquellos dientes perfectamente afilados que podrían cortar hasta la piel más gruesa y dura con un solo arrebato de furia y hambre conjunta…, manchados en sangre. Fuerte. Sin duda lo era, demasiado fuerte en un combate cuerpo a cuerpo, se notaban perfectamente esos músculos bien formados y la dureza de su piel, granito y cristal.
Pero era tan simple y tan desafiante aquellas formas sobrehumanas en las que simplemente una leña al fuego podría ser tan penetrante en calor como las mismas llamas del infierno nauseabundo y asqueroso en donde todo poder o habilidad se verían corrompidos por aquella locura inminente en un desafiante aspecto de colocación de neuronas, como si toda esa vida llena de alcohol y tabaco por la que la mayoría de las gentes pasa te persiguiera hasta llegar a un límite en donde tu sistema de órganos se van dilatando hasta dejar de funcionar, te llega la hora en que el rigor mortis se ve en una forma en donde tu cuerpo fétido se caga por dentro y aquella piel se empieza a palidecer, entonces, si es que existe un más allá en donde te encuentras las cosas empiezan a verse rojas, negras y blancas, los fuegos fatuos en donde según esto un Dios verá cual es tu destino logrará decidir si te vas a la mierda o quedas en aquella gloria inaudita y extenuante en donde posiblemente cantarás todo el santo día hasta que tus cuerdas vocales se vean atrofiadas y ya no sepas decir o pensar otra cosa que no sean cantos. Pero posiblemente no estés muerto, (o eso es lo que tú quieres creer), posiblemente te encuentres caminando por aquellas entrañas de tan inmenso lugar, sinceramente nadie sabe en dónde está, Mephist simplemente salió de algo parecido, pero no quiere decir que el infierno haya sido ese… no, el infierno es algo mucho peor, el infierno es la misma puta vida cuando uno cae en depresión absoluta, una mierda de vida a la cual estás destinado a lamentarte por todo, a crearte un mísero infierno en donde las cosas ya no tienen valor alguno, en donde cada pasos que das te va conduciendo por una vereda espinosa al fondo de un abismo sin salida, oscuro y tétrico, putrefacto y olorosamente desagradable, donde cada célula de tu cuerpo se deleita de tan excitante olor y empiezan a entrar en un recóndito lugar al que podríamos llamar Zona Muerta, o llámesele como quieran ustedes, posiblemente eso no valga nada ya. Las cosas siempre vienen y van, siempre van y vienen… pero tu cuerpo muere lentamente en un plano de donde cada cosa sale, ese lugar, tan bello lugar al que posiblemente solo pocos logren ingresar y salir vivos, si no es que mueren por aquella mísera mierda en sus propios escritos…
Mephist lo sabía… (Y se satisfacía) Harry Potter lo sabía… (Y lo practicaba) Heero Yuy lo sabía… (Y lo entendía) Severus Snape lo sabía… (Y se preocupaba) El macrocosmos lo sabía… (Y se reía) Roland lo sabía… (Y lo vivía) El escritor lo sabía… (Y lo lloraba)
Y sonreía… no podía parar de sonreír… Mephist comprendía todo perfectamente, todos son parte de algo y de algo al todo y del todo a nada. Siempre podían hacer de la vida un camino diferente a la monotonía de toda la vida. Pero tal vez esta vez no, tal vez ya todo estuviera escrito, eso era algo que él no debía permitir, aunque el macrocosmos interviniera, tendría que reventar esas leyes y hacer nuevas, obligarlo a que todo fuera diferente. Ese Él que tras el tecleo se escondía tenía el poder para debilitarlo, errores pasados fueron haberle dado tantisísimo poder…, igual, tenía el poder de quitarlo todo. No podía permitirlo… Ambos lo sabían…
Mephist lo sabía… (Y temía) El escritor lo sabía… (Y lo temía)
Ambos entendía esa forma de pensar… el resplandor se podía observar, el delirio mental del escritor, aquella depresión que sentía sobre sí, aquella maldita depresión que hacían aventajar a Mephist más de lo que ya estaba… Y no muchos lo sabían… Solo ellos dos, posiblemente el líder vampírico también lo entendiera ya.
El viento se cortaba, el zumbido de aquellos millones de demonios podrían verse opacar el cielo, contaminar el aire con aquel azufre y sulfuro de amoniaco en emanaba en vapores y se perdía en el aire, contaminando los pulmones de aquellas aves que circulaban por allí y desaparecían una por una de distintas formas, pues si no las atrapaban los demonios caían muertas en algún lugar de aquel bosque donde pronto serían devoradas por algún animal que recontaminaría al igual que ellas por la carne reseca y amarillenta que empezaba a translucir sobre la fuerza del bosque que no podría defenderse ni de la más mínima cosa una vez que sus ríos se vieran contaminados y todo aquel ecosistema sufriera una transformación apta para los demonios que habían puesto ya su bandera y lema Formación y destrucción.
La situación era terriblemente catastrófica, sinceramente las cosas empezaban a dar una situación de desesperanza para muchos… Aquella parte era la indicada, el atlántico se vería rodeado de una enorme colisión de poderes volcánicos, la cadena empezaba a debilitarse.
Mephist desvió la mirada, el Atlántico no era buena idea, un lugar en medio del agua no era justamente lo que tenía después de haber salido de aquella prisión infernal. El calor era lo que necesitaban, que mejor que el calor… No tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que aquel lugar era el mejor territorios, serían un continente en medio de un continente… un imperio en una tierra de nadie, un lugar en un lugar, un mundo en un arenero, una ancla en el viento. Y miles de rayos invadieron el cielo (El escritor lo sabía, Harry lo sentía, Mephist lo imponía) dejando a su paso una inmensidad de colores que transmutaban la secuencia absoluta de lo que muchos hubiesen querido fuese una irrealidad. Sonreía, simplemente eso hacía.
Para que decir cuanta gente gritó desesperada al ver la inmensidad de demonios que se agazapaban en el cielo. Para que decir lo que le dolió al escritor escribir tales escenas. Para que decir la impotencia que sintió Harry Potter al no poder hacer nada. Para que decir lo sonriente que estaba el macrocosmos al ver dicha movida en el tablero de ajedrez de Mephist. Para que decir aquellos sentimientos mezclados de toda esa gente que fue atravesada, pulverizada, azotada, cortada, quemada, carbonizada por toda aquella inaudita fuerza de la mano de un dios como de un demonio a la vez. Para que decir que era lo que merecían en verdad aquellas personas que posiblemente jamás serían liberadas del abismo negro a la que fueron condenados dichos caballeros valientes por desafiar a los dioses. Para que decir lo que sufrió Roland cuando aquellas langostruosidades le cortaron los dedos índice y corazón de la mano derecha. Para que decir lo que sufrió Odetta Holmes al perder las dos piernas cuando el metro se las rebanó todo por culpa de Jack Mort quien la empujó… el que empuja… así lo llamaba Stephen King. Para que decir que Eddie Dean era un maldito yonki adicto a la nicotina. Para que decir que Jake Chambers era el verdadero hijo de Roland de Gilead. Para que decir que aquella torre que todos tenemos siempre desaparece. Para que decir que el escritor se volvía loco cada vez que aquellos juegos de palabras lo encerraban en una profunda prisión llena de sus temores más negligentes y pervertidos. Para que decir todo… Pero sin embargo lo debo decir… tal vez describir… aquello que sintieron miles de personas… solo que serán pocas las que yo podré explicar aquí… muerte. Dolor. Tal vez algo más… tal vez algo menos. Ojalá esto pare alguna vez.
Y con dolor se empieza…:
"La madre y el hijo."
Lo sabía desde esa misma mañana, lo sentía, sabía que no tenía poderes de premonición o esas cosas que se anunciaban hoy en día. Egipto era caracterizado por muchas de esas. Miles de fortunas te daban a diario, pero ninguna mejor que la suya propia. Y ahora lo comprendía todo. Jamás debió de irse de América, pero aquellos problemas con su ex esposo eran tremendos… El escritor lo sabía: sabía de la maldita hipocresía de los hombres, sabía que los hombres (aunque el fuese uno) era unos hijos de puta en todos los aspectos de la vida… ¿Por qué mierda tenía que ser así? Y pensaba. …Pero afortunadamente los dejó en paz… pero ahora… ahora… en vez de irse a California con su madre decidió invertir su dinero y viajar hasta el otro lado… en aquellas tierras calientes, donde parecía no haber invierno mas que por las noches, cuando el desierto se volvía frío y peligroso. ¡Lo supo entonces, lo supo entonces, maldita sea por que tenía que saberlo! El hijo miró al cielo, exactamente como en Rumania, exactamente igual pero a la vez tan diferente y extenso. Pero eran luces, ¿qué tan extraño podía ser eso? Nada en verdad. Uno nunca creía que aquellas cosas fueran extrañas, simplemente el momento de celebración de algo, juegos pirotécnicos tal vez. El problema con todo eso era que por esos momentos nada era para celebrar, el fin de año estaba aún a dos días, las luces de miles de colores se veían por eso de las diez de la noche, no antes, además era plena luz del día y aquellos juegos pirotécnicos jamás se veían tan hermosos a esas horas. Imposible, no, tal vez no, pero nadie gastaría dinero en eso si nadie los iba a apreciar, además no costaban tan baratos. Era simple, tan simple como ver un campo de rosas en medio de un desierto infernal en donde muy a la fuerza crece alguna planta y en donde los escorpiones salen de la tierra para picar a algún inocente que pasaba en esos instantes por aquel desgraciado y mal aventurado lugar. Pero en fin, aquellas luces, luces muertas posiblemente, luces que presagiaban todo mal en la tierra. Aquel mal inaudito e incauto, aquel mal estúpido e irrelevante que la gente pasa desapercibido por instantes elocuentes pero que con el tiempo va creciendo de una manera fuertemente sobrehumana… todo aquel paraje de aguas sucias, persistentes en cuanto a una pestilencia arraigada por miles de cadáveres que han pasado por todas aquellas eras en las cuales muchos han quedado y que hoy en día ya nadie recuerda…, solo pocos. Harry Potter lo recordaba. Heero Yuy lo recordaba. Roland lo recordaba. El macrocosmos lo recordaba. Mephist lo recordaba. El escritor lo recordaba… (Pues él lo leía). Aquellas épocas antaño. Pero siempre lo supo, era mal agüero estar en ese lugar, precisamente en esas fechas… ¿por qué no viajó a Estados Unidos para estar con su madre?… ¿por qué simplemente no quiso volver? No lo sabía… El destello se propicio, el grito del pequeño niño fue tan penetrante en los oídos de la madre que aterrorizada vio como los ojos del pequeño niño que era su hijo ardían en acido, esos ojos aguados y viscosos ardían en un ácido de pútrido olor que te ahogaba en un instante. El pequeño se llevó las manos a los ojos, a esas cuencas ya corroídas por el jugo ácido que corría por entre sus mejillas, la madre trató de ayudarlo, pero el miedo se combinó con aquel humo que empezaba a salir de su piel de espalda descubierta. Los gritos de la madre empezaron. Alrededor muchos miraban lo que pasaba. Segundos después a todos por igual. """« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »""" "El oculista que pudo haber visto mal."
Podía haber sido un día muy normal, monótono como todos los otros, los pacientes viene y van por aquellos lentes con graduación para que se pueda ver mejor, algunos solo viene por un simple examen de la vista, otros para recoger sus lentes nuevos, otros para apenas hacer los trámites, pero siempre se ve a personas caminando por ese lugar, ya sea para comprar lentes con los cuales puedan lucir mejor o simplemente por el hecho de que los necesitan, cosas o gotas para los ojos, para la conjuntivitis y demás enfermedades. El oculista era un joven de unos treinta años a lo mucho, cabello negro fuerte y ojos cafés claros, un chico singular, era amable y perspicaz, aunque incluso eso tenía al igual que muchos problemas de la vista. No han llegado a pensar el ¿por qué la mayoría de los oculistas usan lentes? Irónico ¿no? Pero ese oculista de profesión, el cual primero estudió medicina y después se especializó en el sistema ocular, no sabía de la importancia que tenía el llevar sus lentes aquel día, los usaba regularmente para leer o cuando la vista se le llegaba a cansar, pero ahora, ahora maldita sea que no ha decidido llevarlos mientras caminaba al centro de El Cairo por algunas cosas que su amada y hermosa esposa embarazada necesitaba. Y era extraño, no podía ser que en ese momento las cosas fueran a empeorar, en esos lugares no llovía casi nunca, era extraño de por sí que el agua fuera fluida, pero aquellas nubes seguramente taparon el sol, pues la sombra fresca empezó a invadir toda la ciudad, o por lo menos esa parte. Aquellas cosas, tan irreales en la mierda de vida que se podía llevar encontraban una forma de supuesta exaltación en cuadrados distintos a una forma cúbica de sinónimos para los que se puede utilizar la vida. Pero nunca supo, o más bien, no supo, no entendió, no pudo ver bien cuando aquella penetrante luz iracunda le cayó encima y lo desintegró, dejando solo un chorro de líquido viscoso y nauseabundo el cual fue pisado por aquellas personas que corrían de un lado a otro tratando de huir de aquella paranoia. """« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »""" "Y terminas de una forma inconcebible."
Siempre corría, corría en la institución educativa, corría cuando trataba de escapar de los buscapleitos, corría para llegar a la tienda cuando su madre le mandaba a comprar alguna cosa para la comida o la típica coca-cola que siempre se tomaba por las tardes. Pero ahora corría por otras cosas que tal vez solo en aquellas películas de terror pasaban; y es que aquella horrible cosa lo perseguía desde hacía ya cinco minutos, desde el momento en que vio al señor de la bata blanca que reconoció como el oculista central se derretía antipáticamente sin poder hacer nada.
-Ven, no te vayas, ¿por qué huyes de mí? -Decía aquella voz en su mente. No me traiciones ahora, pensó el chico que brincó unos bultos de arena cerca de un puesto de fruta fresca.
Los aleteos empezaban a escucharse más fuertemente, no quería él mirar atrás, no debía hacerlo, simplemente no debía hacerlo… brincó fuertemente dentro de un edificio doblándose el tobillo al pisar mal el primer escalón de aquella arenosa escalinata que daba a la azotea. Los vidrios tintinearon en el suelo cuando las ventanas se rompieron simultáneamente, dejando entrar a más de una de esas criaturas que invadían el cielo. Siguió corriendo, cojeando, abrió la corrediza puerta de madera, pero lo estaban esperando, o sí, vaya que sí lo esperaban. Lo último que vio el chico fue que parte de su piel de la cara quedaba entre aquellas enormes garras del demonio…, resbaló por las escaleras y en el séptimo escalón de arriba abajo se rompió el cuello al caer en posición lateral. El demonio sonrió y en ese momento el escritor también lo hacía. """« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »""" "Rosas."
Un hermoso estruendo para Mephist se provocó desde las entrañas de la tierra en ese lugar, las laderas y largas tierras vacías empezaron a sufrir una extraña transformación en cuanto a arena se podía decir, largas plantas negras empezaron a brotar de aquellas grietas que surcaban a zancadas enormes aquella colosal llanura en donde solo se veía arena dorada, y más allá arena dorada también era lo que se veía. Dos chicos corrían presurosos para escapar de la ciudad, para poder lograr escapar de lo que seguramente sería un caos sin igual… Muerte se sentía, muerte se gozaba, muerte se vivía. Y más allá arena dorada era lo que se inquietaba. El fulgor de una oleada de maldad hizo que aquellos dos chicos se separaran fuertemente por la crepitación de aquellas fuertes espigas de trigo que se petrificaban hasta parecer de acero y que atravesaban a cuanto se le atravesaba enfrente.
-¡Mark! -Gritó la chica, novia, hermana, amiga, compañera, no lo sé… Pero el chico al escuchar su voz tan rasgada y atemorizada viró en fuerza desmedida y se vio de frente contra una de esas enormes matas de rosa negra que brotaban como si el viento fuera su enemigo a muerte. El encanto, atrayente influencia de aquel aroma que conducía al despiadado final que podía ser percibido por muchos otros al ver al chico de nombre Mark acercarse hacia esa principal rosa en medio de aquel campo ennegrecido. Pero el encanto, el aroma eran tan excitantes, aquel joven tuvo una profunda y alargada erección que no pasó desapercibida por las rosas que lentamente lo fueron rodeando. Una grieta más se abrió ante sus ojos, podían ser los ojos de la locura…, una locura excitante y descarrilada. Eran espinas muy gruesas, filosas y venenosas las que salían de los enormes tallos de esas rosas, pero el joven jamás sintió dolor cuando aquellas espinas empezaron a desgarras su ropa y su piel, una rosa salió de la nada, queriendo crecer y no quedarse atrás, su tallo rozó el ojo izquierdo del joven que solo sonrió, su cuenca se vació, aquel ojo negruzco quedó colgando, con la rebaba escurriendo por entre su pecho y los jirones de su playera. Lentamente se fue quitando la carne, regando sangre a aquellas plantas que se alocaban cada vez que eran salpicadas, era el jugo de la vida para ellas, era un síntoma embriagante que no todos podían sentir. Y cayó al suelo, siendo devorado por aquellas rosas carnívoras que hacían la danza de la muerte. La chica gritó, no podía ya hacer nada, se giró para seguir corriendo pero una enorme colisión de piedras arremetieron contra ella, uno de sus brazos fue a parar al centro de la ciudad donde una chica corría y al ver el brazo brincaba para ser quemada después con la explosión de un tanque de nitroglicerina que un comerciante había llevado de contrabando para unos rebeldes en las fronteras y que tenían rasgos palestinos o iraquíes. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**Mephist estaba divertido, era tiempo, ya era momento de eliminar a toda la basura humana, nadie debía de salir con vida. Nadie. Asintió. Los demonios lo entendieron.
No le gritó al Macrocosmos, le gritó a quien está detrás de todo esto, le gritó al hijo de perra que se escondía tras el monitor divirtiéndose en escribir ese caos. (Divirtiéndose, imposible).
-¡Ahora verás que no solo tú tienes el poder de hacer lo que se te plazca! -Extendió el dedo fuertemente y una oleada de viento azotó la ciudad, devastando varios edificios y casas a su paso.
Los sonidos chirriantes de aquellos demonios hambrientos se acercaron a los oídos de cada uno de los habitantes del lugar, no solo de ese, de varias aldeas en aquel desierto tan prominentemente respetable. No solo ese lugar sería atacado, no, jamás, no solo ese, no solo Egipto sería territorio de Mephist.
La gente gritaba…: Nuevamente con dolor se empieza:
*Corrían, pero aquel demonio apresuró el vuelo y de un zarpáso le voló la cabeza al adulto mientras la esposa veía desgarradoramente como a su hija el demonio la penetraba intensamente, rompiéndole todo el aparato reproductor femenino de una sola entrada.
-¡No! Aburrido era el grito, siempre gritaban esa palabra, nadie actuaba. El demonio excitado no por lo que le hizo a la pobre niña, sino por aquel sabor a miedo que tenía en la boca después de haber arrancado un pedazo de la mejilla de la niña y engullirlo con desesperación. Un demonio bajó con suavidad y con una mano atravesó el pecho de la mujer que se ahogaba con su propia sangre, le arrancó el corazón y se lo tragó. -Delicioso… -fue lo único que dijo aquel demonio. Abrió después el estomago de la mujer y le devoró pedazo a pedazo cada parte de sus entrañas.
*El chico sabía defenderse…:
-¡Expelliarmus! -Gritó. El Demonio había muerto al quebrársele el cuello. -No podrás contra todos, chico. Es imposible -comentó uno de los demonios que se limpiaba asquerosamente con la lengua la sangre que tenía en el rostro. -Pero podré intentar matar a más de uno de ustedes. -No lo creo… No pudo voltear, un demonio le arrancó las piernas de un solo tiro. Murió de la impresión.
Las calles se habían ya pavimentado de sangre, de restos y restos de carne y viseras, los demonios lambían insistentemente el suelo, tenían bastante hambre, al fin podían comer comida de verdad.
Columnas de fuego eran vistas de todos los puntos de aquella ciudad, una hilara de volcanes, una cadena volcánica se precipito, aquel desierto pudo apreciar el esplendor de volcanes furiosos haciendo explosiones de lava constante, la arena dorada iba desapareciendo, aquel suelo volcánico iba cubriendo gran parte del lugar.
-¡Que surja, que emerja, que el mundo sea testigo de mi omnipotencia! Y estructuras salidas de la tierra empezaron a levantarse, la arena corría y escapaba por los abismos que se formaban, paredes inmensas, cúpulas, picos en torres, todo aquel lugar parecía un castillo entre castillos, paredes de lava condensada y petrificada ya, ríos de sangre, estructuras casi indestructibles, arcos hechos de cadáveres, plantas jamás vistas pero que nadie hubiera querido ver. Monolitos de formas diabólicas… veintiún signos entre las puertas principales. Colonias y colonias de inmensas fuentes… y lo más tétrico; la cámara de procreación.
Mephist estaba acongojado, estaba iracundo y satisfecho consigo mismo, podía ser seguro, aquel Valle sería su guarida.
Todo seguía parejo… El Valle de la Muerte estaba hecho. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**Harry sabía que algo malo estaba pasando, podía sentirlo, Mephist no se quedaría en un lugar solamente. Sabía que miles de personas en ese momento estaba sufriendo por una devastadora colisión de maldad. Sentía una impotencia terrible, algo sobrehumano lo estaba pasando a él, con toda esa inmortalidad no era posible aún de hacer algo debido para que las cosas pararan un cierto tiempo, hasta que él lograra hacerse de todo aquello que le faltaba. Y de que faltaba tiempo lo faltaba. Se pasó una mano por el pelo, agitándolo suavemente mientras las ideas no le dejaban pensar en algo más sensato que destrozar pedazo a pedazo al miserable demonio que ahora estaría ya construyendo algo en donde habitar. Las cosas se estaban complicando mucho. Mephist empezaría a ganar terreno, debía darse prisa. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**Heero Yuy en estado inconciente razonaba aquellas pautas de las cuales fe creado, sabía que su origen no era tal y como lo decían. Sabía que había algo mucho más adentrado en él. Había algo mucho más decreciente en todo aquel aspecto. Había algo más, otros como él, no refiriéndose a vampiros sino a su persona. Otros muchos como él. Demasiados. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**Un suspiro se escuchó entre el viento, miles de formas universales conspiraban para crear un vacío enérgico ante la expectativa de que posiblemente no solo alguien entre algo surgiría para desequilibrar las cosas. Pero el escritor lo meditaba profundamente… ¿cómo seguir? ¿Cómo poder avanzar en un camino incierto en donde las cosas cada vez cambiaban de forma cuando uno pensaba ya tenerlas? Lo sentía, si seguía las cosas cambiarían drásticamente.
Pero todo estaba incorporándose a su lugar…: El Valle de la Muerte estaba ya.
"Heero Ainur Yuy Inou..." "Ultimo Caballero Templario..." "Dios de la Muerte..." "Guerrero Elemental del Fuego..." "Guardián de los Secretos Illuminati..." "Rey Shaman..." "Líder Vampírico..." "Próximo Heredero Al Trono Infernal..." "Au revoir"
»»!En el próximo capítulo!:««
»»"… -Te conozco perfectamente, Harry. Sé que piensas ir por los horrocruxes hoy mismo.
-No puede ser…
-¡Es imposible! -Escarlet había hecho magia sin varita muy fácilmente-. ¿Cómo…?"««