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Historia 24648 — capítulo 4

IV

No le había costando tanto trabajo cargar al muchacho como esperaba. Casi desfallecido de hambre y de frío había pasado todo el camino en los brazos de Namae, dormido.

Se encontraban en la casa de Tirael, pero él no estaba allí. Ni él ni ninguno de esos papeles por los que parecía delirar.

El niño, ahora más limpio y más despierto comía ávidamente sentado frente a Namae, pero no le prestaba especial atención. No dejaba de mirar al vacío, a veces se movía un poco en su sitio y entrecerraba los ojos frente a las velas intentando ver algo. Luego lanzaba miradas fugaces a la chica esperando una respuesta, pero ella sólo sonreía y le dejaba comer.

-¿Cómo te llamas? –preguntó al cabo, masticando- ¿Nam? Que nombre más raro... ¿y él?.

-En realidad es Namae... ¿Y por qué supones que es “él”?.

-Porque su voz era grave, como la de mi padre. Yo me llamo Adiam. ¿Qué es? ¿Una brisa? Da calor... ¿Un fantasma? Mi tío dice hay fantasmas buenos –escupió un poco de comida sobre la mesa- ¿Es un fantasma del bosque?. ¿En el bosque hay fantasmas?. Damián, el vecino, dice que si, pero yo no le creo.

-No sé si en este bosque hay fantasmas. Pero de ser así, él no sería un fantasma del bosque.

-¿Por qué?.

-Porque siempre va conmigo y yo no he estado nunca en este bosque.

-¿Es amigo tuyo?.

-... Sí.

-Sé que es eso –dijo rotundo- Damián también es mi amigo y no nos separamos nunca. Hasta una vez estuvimos apunto de entrar en el bosque.

-¿Y por qué no lo hicisteis?.

El niño miró seriamente de nuevo a la nada y pareció caer en la cuenta de cual era su situación. Pero no lloró, sabía que alguien iba a estar dispuesto a cuidar de él. Viviría con otra familia y pronto, si fuera necesario, olvidaría la anterior.

-Todos dicen que fue una bruja del bosque. Les encantan los niños como yo y como Damián se parece mucho a mi por eso se lo llevaron.

-¿Los niños como tú?.

El muchacho se retorció las manos y movió nervioso los pies. Namae sonrió dulcemente y reconfortó al chico. Se fijó en su pelo rizado y sus facciones sueves e inocentes.

-Yo no creo que parezcas una niña. Además crecerás y dejarás de parecerte a tú hermana.

Adiam sonrió contento y se acercó a la mesa.

-¿Quieres que te cuente un secreto?.

-Claro.

Namae también se acercó a él despacio. Primero Adiam miró al aire y afirmó con la cabeza como para decir que él también podía escucharlo y luego susurró en voz baja.

-Nadie me creyó. Dicen que eso no puede ser cierto, que soy un mentiroso. Pero yo vi lo que le ocurrió a Damián. Y También quien se llevó a mi hermana. Fue una luz blanca resplandeciente. -Namae guardó silencio- ¿Tú me crees?.

La muchacha afirmó con la cabeza y le susurró que ya era tarde para él. Le tendió una mano y le acompañó hasta la que sería su habitación. Adiam no protestó, se dejo guiar tranquilo y una vez en la cama se durmió como si ya fuera de noche.

-¿Así que ahora debemos atribuir una causa física a los delirios de Razel? –preguntó la voz cuando Namare regresó al comedor.

-Eso parece... Así que no tenemos nada... Una luz blanca que hace que la gente muera y que se lleva consigo a los niños... ¿Por qué?

-¿Coleccionismo?.

Namae miró al aire y negó con la cabeza esbozando una pequeña sonrisa.

-Ayúdame ¿Quieres?. Vamos a ver... Esta claro que realmente lo único que le interesan son los niños ¿No? Hasta ahora sólo se a enfrentado a la familia de Adiam y el colegio.

-¿Cuántos han desaparecido?

-No lo sé y Tirael tampoco. Dice que no hay mucha gente de aquí que sepa contar... También podríamos preguntar a la profesora, pero al parecer ella no estaba en ese momento. Se fue del pueblo poco después, por miedo a las represalias. La conclusión es que aún no tenemos nada.

Namae se recostó en una butaca y cerro los ojos con actitud distante mientras acariciaba la pluma que tenía en el pecho.

-Tirael siempre se ha preocupado mucho de esta pluma. Supongo que debe ser algo muy preciado para la alquimia... –Esbozó una sonrisa como tantas otras veces- Jamás se la daría –luego suspiró- “Sólo un ángel puede herir a otro ángel” ¿No te sientes mal al hacerlo?

-Después de lo que ellos me hicieron a mi, en absoluto. –Esta vez, su tono denotaba una tristeza amarga –Además, yo no obro injustamente.

Namae no contestó. Sólo acarició el aire y luego la pluma.

-Lo siento –dijo mirándola.

-No es culpa tuya.

La chica se levantó y se dirigió hacia una de las velas que aún continuaban en la mesa. Estaba apunto de apagarse y su llama osciló siniestra cuando ella la levantó un poco por encima suya. Entonces sonrió de nuevo. La sombra de la vela dibujaba en el aire un lienzo de color verde, dos ojos que a su vez también le sonreían.

-Siempre les odiarás por ello.

-Siempre les odiaré por alejarme de ti.