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Historia 24675 — capítulo 5

Harry, Ron y Hermione fueron directos a la cocina del Grimmauld Place, donde se encontraban Lupin y la señora Weasley. Los dos los miraron, y, cuando vieron las caras de los tres amigos, se dieron cuenta rápidamente de que algo había pasado.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó la señora Weasley, acercándose a ellos.

Los tres amigos se miraron, y Hermione empezó a contar, con voz entrecortada, lo que había sucedido en la sala de juicios del Wizengamot.

—¿La Marca Tenebrosa en la sala de juicios? —preguntó Lupin, muy impresionado, cuando Hermione terminó de hablar.

Harry asintió.

—Dios mío... qué horrible muerte debió de sufrir —musitó la señora Weasley, que se había sentado al oír el relato de la muerte de Dolores Umbridge—. ¿Vosotros estáis bien? ¿Queréis tomar un té?

—No —respondió Harry rápidamente. Lo que quería era irse rápidamente arriba con Ron y Hermione para hablar de lo sucedido.

—Está bien... Será mejor que os vayáis a descansar —sugirió, con aire distraído. Los tres amigos se apresuraron a asentir y salieron de la cocina, en dirección a la habitación de Harry y Ron.

No habían hecho más que entrar, cerrar la puerta y sentarse en las camas, cuando Ginny abrió la puerta y entró también en la habitación. Sonrió.

—¡Ya habéis llegado! Me pareció oíros subir las escaleras y... ¿qué pasa? —preguntó de pronto, viendo las caras de los tres.

Esta vez fue Harry el que empezó a relatar la historia del juicio y el posterior asesinato. También Ginny se quedó altamente impresionada.

—¿Ni Dumbledore pudo romper aquella pulsera? —preguntó, sorprendida y extrañada—. No me lo puedo creer... Dumbledore es el mago más grande del mundo, es...

—No sé si no pudo, o simplemente no le dio tiempo, porque todo ocurrió demasiado deprisa —terció Hermione—. Aunque la verdad, parecía tan sorprendido y horrorizado como los demás.

Estuvieron callados un rato. Harry se levantó y se acercó a la ventana. Miró por ella unos instantes, sin observar nada en concreto, y habló:

—Sea como fuere, ya no podemos hacer nada por Dolores Umbridge. Y, aunque su muerte haya sido horrible, no seré yo quien llore por ella. —Ron, Hermione y Ginny le miraron—. Lo que realmente me importó de toda su declaración fue aquello que dijo de que el día 31 parecía especialmente contento, y también cansado... dijo que había averiguado algo.

Ron puso expresión de estar recordando algo, pero Hermione abrió mucho los ojos.

—¡Es cierto! —exclamó—. Yo también me di cuenta... el día 31 fue el día que tuviste tu sueño, ¿verdad?

—-Sí —respondió Harry.

—Entonces, ¿Es ya seguro que Quién Vosotros Sabéis tuvo algo que ver con ello? —preguntó Ginny.

—Estoy convencida —respondió Hermione.

—Yo también —afirmó Harry.

—¿Y qué es lo que averiguó? —preguntó Ginny.

—No sé, quizás que podría unirse a mí para aumentar aún más su poder, no sé... aunque no me imagino que haya atacado mi mente para provocarme esa visión, salvo que quisiera saber otra cosa y la visión fuese una consecuencia...

—¿Y qué querría averiguar? —preguntó Ginny.

—Bueno, ¿qué es lo que Harry sabe y Voldemort ha querido saber desde que retornó? —preguntó Hermione.

Ron abrió mucho los ojos.

—¡La profecía!

Harry miró a Hermione, que asintió.

—¿Crees que quería saber lo que decía a través de mí?

—Es lo más lógico, ¿no? Es la única forma que tiene ahora de saber qué decía...

—Pero... ¡espera! —exclamó Harry, recordando algo—. Dumbledore se quedó muy pensativo cuando le dije que en mi sueño aparecían las profecías... quizás sea cierto... aunque, ¿por qué aparecían las dos? A él sólo le interesa la primera, ¿no? La otra ya no dice nada útil... de hecho, él ni siquiera sabía de su existencia.

—Bueno, supongo que intentaría acceder a algo relacionado con las profecías en tu mente, y por eso aparecían las dos... —opinó Hermione.

—O sea, que, según parece, ya conoce su contenido... —resumió Ginny.

—Pero, ¿de qué le sirve conocerla? —preguntó Ron—. Quiero decir, él quería saber cómo matarte ¿no? Creía que la profecía se lo diría. Pero no dice nada de eso... Sólo dice que uno de los dos deberá matar al otro...

—No sé qué utilidad puede tenerle, pero si Dumbledore no quería que supiera lo que decía, sería por algo —dijo Hermione.

—Bueno, ahora sabe que tienes un poder que él no conoce, Harry —dijo Ron—. Quizás te coja miedo... ¡Seguro que por eso envió a Umbridge para intentar matarte!

—No. No creo que me tenga miedo. Creo que se le han abierto ciertas posibilidades que nosotros no entendemos. Algo relacionado con la segunda parte del sueño...

—No creo que logremos entender esto, Harry —opinó Ginny muy seria—. Pero hay una cosa que sí creo, y es que tienes que hablar con Dumbledore y decirle que crees que Quien tú sabes conoce la profecía...

—Ya —dijo Harry—. Esta tarde tengo clases de oclumancia con él. De todas formas, estoy seguro de que no se le escapó la declaración de Umbridge. De hecho, ya cuando le conté el sueño mencionó la profecía y parecía preocupado... Creo que se lo temía.

—Bueno, ya veremos qué pasa —dijo Hermione—. Ahora deberíamos bajar a comer.

—Si —dijo Harry— Tengo hambre...

Bajaron. El señor Weasley, Bill, Fred, George, Kingsley y Tonks habían llegado ya, y todos hablaban de lo sucedido en el Ministerio. Cuando Harry, Ron, Hermione y Ginny entraron en la cocina, todas las conversaciones cesaron y las miradas se centraron en ellos. El señor Weasley corrió a abrazar a Ron.

—Estoy bien, papá —dijo Ron, un tanto incómodo.

—¡No sabes como me asusté cuando me enteré de lo que había sucedido! —exclamó el señor Weasley—. La Marca Tenebrosa en el Ministerio... Es terrible.

Ninguno de los tres se libró del interrogatorio, porque aunque casi todos conocían casi todos los hechos, en algunos casos los rumores que se habían extendido por el Ministerio habían alterado la verdadera historia.

Cuando finalmente la atención dejó de centrarse en ellos, Harry se dejó caer en una silla al lado de Lupin.

—Pareces preocupado —dijo éste—. ¿Tanto te ha afectado?

—No es por eso... bueno, en parte sí, pero lo que más me preocupa es otra cosa —respondió Harry.

—¿Otra cosa? ¿El qué?

—Bueno... —dijo Harry— Creo que Voldemort la conoce.

—¿Que conoce qué?

—La profecía. Que ya sabe todo su contenido.

—¡¿Cómo dices?! —preguntó Lupin, sorprendido y preocupado a la vez—. ¿Cómo lo sabes?

Harry le explicó la declaración de Umbridge.

—¡Oh...! —exclamó Lupin, y su preocupación se acentuó—. Esto no es bueno... nada bueno... Aunque Dumbledore ya sospechaba algo así. Tendrás que decírselo en cuanto llegue, Harry. No creo que después de lo sucedido venga a comer, pero seguramente vendrá después, al fin y al cabo, hoy tendrás la primera clase de Oclumancia.

Harry asintió.

La comida transcurrió tranquila, porque casi todo lo que se podía decir respecto a al muerte de Dolores Umbridge ya había sido dicho, y todo el mundo se dedicaba a pensar. Al poco de terminar, y mientras los cuatro amigos estaban el salón, jugando una partida de naipes explosivos, llegó Dumbledore.

Llamó a Harry, y éste fue a reunirse con él, mientras sus amigos le deseaban buena suerte con la oclumancia.

—Buenas tardes, Harry —saludó Dumbledore. Sonreía ligeramente, aunque aún parecía preocupado—. Al final no pude venir a comer, con todo lo sucedido... pero bueno... Será mejor que subamos al salón de arriba. Estaremos más tranquilos.

Harry asintió y ambos subieron las escaleras y entraron en el salón del primer piso.

—Profesor... —dijo Harry en cuanto llegaron a la estancia y cerraron la puerta—. ¿Cómo lo hizo?

—Bueno, no es tan difícil para alguien como él —respondió el director—. Supongo que ya conoces muchos de los objetos mágicos altamente peligrosos que hay por ahí.

—Sí, a veces Ron me habla de objetos que su padre tiene que requisar.

—Exacto. Digamos que la pulsera que le puso a Dolores Umbridge no es en sí un objeto extraordinario... excepto por el increíble hechizo de protección que evita que pueda sacárselo. Utilicé todo mi poder para romper la pulsera con el encantamiento seccionador, pero ya viste que no funcionó... Bueno, hubiera conseguido sacársela si hubiésemos tenido más tiempo, claro, pero todo fue demasiado rápido.

Harry asintió.

—¿Por qué lo hizo, profesor? Ella ya había confesado y declarado. ¿Qué sentido tenía matarla entonces? ¿Por qué no lo hizo antes?

—No podría asegurar al cien por cien el motivo —respondió Dumbledore—, pero estoy casi seguro de que lo hizo simplemente para asustar. Un asesinato como ése en la sala de juicios donde tantos seguidores suyos fueron juzgados. Es indudable que fue un gran golpe de efecto...

«Sólo para asustar —pensó Harry, asqueado—. No había ninguna razón... sólo por asustar...».

Harry se quedó callado durante un rato, sumido en sus pensamientos. Dumbledore se sentó en uno de los sillones.

—Hay algo más que te preocupa, ¿verdad? —le preguntó.

—Sí —confesó Harry—. Me preocupa lo que dijo sobre el día en que Voldemort estaba contento... me preocupa que haya logrado averiguar el contenido de la profecía gracias a mí. ¿Cree usted que la conoce, que averiguó lo que dice?

Dumbledore le miró, pero no dijo nada durante unos instantes.

—Sí, Harry —dijo, suspirando—. Yo también lo creo. Oí perfectamente lo que declaró Dolores. Supongo que eso era lo que pretendía... y por eso es necesario que te esfuerces en la oclumancia, Harry. Debes evitar todo contacto mental con Lord Voldemort. No podemos evitar el mal que ya está hecho, pero podemos evitar males futuros.

—Está bien... Pero profesor —pidió Harry, Intentando ocultar toda la rabia que sentía al pensar que si Voldemort conocía la profecía, todo lo que habían hecho durante el año anterior no servía para nada—, ¿Por qué no me explica antes en qué consisten exactamente la Legeremancia y la oclumancia?

—Verás —explicó Dumbledore—. La legeremancia proporciona al que la utiliza acceso a diversos estratos de la mente de la persona objetivo. Muchas veces, o si uno no sabe como hacerlo bien, sólo se consigue un acceso superficial a los pensamientos activos de la persona... pero un dominio más profundo permite «hurgar» en los recuerdos, en cosas casi olvidadas y enterradas... Bien dirigida, la legeremancia es una mina de información. Para evitar el acceso, como ya sabes, podemos recurrir a la oclumancia. Harry, la oclumancia consta de dos partes, diferenciadas pero interrelacionadas e inútiles la una sin la otra: La primera parte es la mental. Vaciar la mente, controlar las emociones y evitar visualizar como pensamientos activos aquello que queremos ocultar. Esto es indispensable y es lo primero que practicaremos. Luego está la parte mágica. Con ella, la mente crea una barrera contra la penetración externa. Eso sí, sin dominar la mente, no se logra nada. Es por ello que dominar la oclumancia es muy difícil y cuesta un trabajo casi constante, ¿entiendes? —Harry asintió—. Bien, entonces comencemos.

—De acuerdo —dijo Harry.

—Cierra tu mente —le ordenó Dumbledore—. Evita los pensamientos más emotivos, que son aquellos que más fácilmente se dejan llevar, nublando la razón y favoreciendo la penetración del atacante.

Harry intentó hacerlo, pero le era muy difícil dejar la mente en blanco con tantas cosas como estaban sucediendo.

—Venga, Harry. Cuando cuente tres: 1... 2... 3... ¡legeremens!

Harry sintió cómo hurgaban en su cabeza, cómo se abrían los recuerdos de sus sueños, del miedo por sus amigos y por sí mismo, Sirius caía por el velo... Sirius... Sirius había muerto porque él no había logrado dominar aquella técnica, porque se había dejado engañar... No podía dejarle continuar... tenía que resistirse...

—¡YA! —gritó. El torrente de imágenes se detuvo. Dumbledore sonreía.

—¡Bien, Harry! —lo felicitó Dumbledore—. Ha sido un buen intento. Conseguiste detenerme al final, pero debes impedirme entrar. Debes dejar tu mente en blanco.

—Eso es lo que me decía el profesor Snape, pero es muy difícil.

—Está bien. Vamos a ver... —Dumbledore observó la habitación—. Ya sé... fija tu mirada en un punto de la habitación y concéntrate solamente en lo que ves, evita pensar en nada más ¿de acuerdo? —Harry asintió—. Tres segundos.

Harry se fijó en los dibujos de uno de los sillones hasta que sólo veía los colores, no ya la forma. Sintió que se iba, que se adormecía, que se relajaba...

—¡Legeremens!

Sintió el impacto, sintió hurgar, pero mantuvo la concentración en el sillón, hasta que al final, empezaron a superponerse imágenes de su tía Marge y de los Dursley, de Dudley persiguiéndole con sus amigos... y luego cesó.

—¡Excelente! —exclamó Dumbledore, muy contento—. Esta vez me ha costado mucho más hacerlo.

Harry se frotó la cicatriz. Le dolía un poco y la sentía palpitar. Dumbledore le miró un rato.

—Será mejor que hoy lo dejemos aquí. No ha estado mal. El próximo día seguiremos practicando el vacío mental, el control de las emociones. Cuando lo hayas logrado, empezaremos con el cierre mágico de la mente.

—Vale —dijo Harry.

—¿Qué tal te encuentras?

—Me duele un poco la cicatriz...

—Eso es normal, pero a medida que vayas progresando, el dolor debería de disminuir. Bueno, ahora tengo que irme, y que no se te olvide practicar, dejar la mente en blanco antes de dormir. Utiliza lo que te he enseñado: Fija tu mirada en algo antes de dormirte y no pienses en otra cosa. Es muy importante.

—Sí, profesor.

—Hasta luego, Harry —dijo Dumbledore, y desapareció.

Harry bajó al salón de abajo, donde Ron, Hermione y Ginny le esperaban.

—¿Qué tal ha ido? —preguntó Hermione.

—Creo que bastante bien. Mucho mejor que con Snape, desde luego.

—Normal —dijo Ron— Debe de ser imposible vaciar la mente cuando Snape te está mirando con esa cara que tiene...

—Dumbledore me ha explicado cómo hacerlo. Cómo vaciar la mente antes de dormir —explicó Harry—. Espero no volver a tener esos horribles sueños...

—Claro que no —dijo Hermione convencida—. Dumbledore es el mago más grande del mundo. Seguro que con él progresas rápido.

—Eso espero, porque no quiero que Voldemort se entere de más cosas a través de mí.

—¡Es cierto! —dijo Ginny— ¿Le preguntaste a Dumbledore sobre la profecía?

—Sí —respondió Harry—. Y él está de acuerdo conmigo. Cree que Voldemort la conoce ya. Que averiguó lo que decía a través de mí.

—¿Y qué piensan hacer? —preguntó Ron.

—No lo sé. Sólo me dijo que eso era lo que teníamos que evitar y empezamos con las clases...

—Vaya...

—Bueno. Esperemos que no le sirva de mucho —dijo Ginny, esperanzada.

—A mí me preocupa más el resto del sueño... lo que no eran como recuerdos... Creo que fue alguna especie de efecto del intento de Voldemort... pero, ¿por qué sucedió ahora y no antes?

—¿A qué te refieres? —preguntó Hermione.

—Me refiero a que él ha estado intentando entrar en mi mente durante todo el año pasado... incluso lo consiguió varias veces... ¿Por qué no hubo antes ese sueño, entonces? ¿Qué es lo que es distinto ahora?

—¿Por qué no se lo preguntas a Dumbledore? Quizás ya sepa por qué viste eso —propuso Hermione—. Nosotros no podemos contestarte a eso.

Harry se quedó pensativo un momento y luego miró a sus amigos.

—Sí, lo haré. Y vosotros estaréis conmigo.

—¿Nosotros?

—Sí, Ron. A vosotros os afecta tanto como a mí... quiero saber por qué en ese sueño tenía que matar a Hermione... y sospecho que vosotros dos... —dijo dirigiéndose a Ginny y a Ron— vosotros dos estabais... bueno, muertos...

—¿Por qué dices eso? —preguntó Ginny, asustada

—Porque en mi sueño, Hermione estaba sola. Lo sabía. Y si estaba sola, es porque vosotros... bueno, ya imagináis...

Ginny ahogó un grito.

—Harry, esfuérzate en la oclumancia —pidió Ron—. Nosotros te ayudaremos, pero no vuelvas a tener un sueño como ése...

—No fue mi gusto tenerlo —declaró Harry con sequedad.

Pasaron varios días tranquilos en la casa, mientras agosto transcurría, acercándose cada vez más el comienzo del nuevo curso. Ron había intentado varias veces que les dejaran salir o hacer algo de vez en cuando, pero la señora Weasley se negó rotundamente. Tras lo sucedido en el Caldero Chorreante les vigilaba a cada rato, para saber si estaban bien, y los cuatro estaban ya aburridos hasta cotas extremas. La única diversión que tenían eran las cosas que de vez en cuando les traían Fred y George cuando volvían de la tienda por las noches. Se aburrían tanto que estaban deseando que hubiese algo que limpiar o alguna tarea por hacer. Cuando no tenían nada que hacer, se sentaban en el salón de abajo con la puerta abierta, para saber quién entraba o salía y quitar algo de la monotonía que inundaba la casa. Vieron varias veces al profesor Snape, pero en ningún momento se hablaron. Se limitaban a lanzarse miradas de odio.

Harry había explicado a Ron y a Hermione en qué consistía la Oclumancia, y la chica había intentado ayudarle como podía, aunque sin saber Legeremancia no le eran de mucha ayuda. Hermione se lamentaba constantemente por no tener algún libro de dónde poder sacar información.

Seis días después de la primera clase con Dumbledore, Lupin le comunicó a Harry que aquella tarde tendrían una nueva. Harry recibió la noticia con alegría. No le gustaba demasiado la práctica de la Oclumancia, pero podría hablar con Dumbledore, y al menos no se aburriría.

Cuando Dumbledore llegó, le dijo a Harry que esperara en el salón de arriba, que él subiría enseguida. Cuando finalmente subió el director, unos diez minutos más tarde, se encontró allí también a Ron, Hermione y Ginny.

—Hola muchachos —les dijo Dumbledore mirándolos por encima de sus gafas de media luna—. ¿Qué tal os encontráis?

—Bien, profesor —contestó Hermione.

—Me alegro, pero ahora os rogaría que nos dejaseis solos. Harry necesita toda la concentración posible.

—Profesor —dijo Harry—. Antes de comenzar quería preguntarle una cosa... por eso están aquí ellos —señaló hacia sus amigos.

—¿El qué, Harry?

—Bueno... Usted sabe que la noche en que tuve aquel sueño, Voldemort intentó averiguar el contenido de la profecía buscándola en mi mente...

—Sí

—Pero nosotros queríamos saber por qué... por qué vino el sueño que tuve después. ¿A qué se debió?

Dumbledore no dijo nada durante un momento. Luego suspiró.

—Veréis... no estoy muy seguro de por qué sucedió eso. Creo que, cuando Voldemort supo el contenido de la profecía, y vuestras mentes estaban conectadas, de alguna manera... se os reveló una posibilidad alternativa a mataros el uno al otro. Lo que viste, Harry, es el final de ese proceso. No llego a comprender exactamente cómo podrías llegar a ser parte de Voldemort, pero estoy seguro de que ése era el final de todo... Respecto a cómo se ha revelado eso, de momento sólo podemos hacer conjeturas.

—Profesor —intervino Hermione—, ¿por qué Harry me mataba? ¿Por qué también a Ron?

—¿A Ron? —inquirió Dumbledore, sorprendido.

—Sí... bueno, no lo vi en mi sueño —explicó Harry—, pero sabía que había sucedido. Hermione estaba sola...

—Verás, Harry. Ya te dije que Voldemort no podía poseerte si estabas lleno del sentimiento que él tanto detesta e infravalora. Si te unes a él, una cosa estaría clara: No podríais estar unidos si tú sientes cariño por alguien. Tendrías que destruir todo aquello que amas. Sólo así podríais vivir unidos. Voldemort no permitiría que una parte de su ser sintiese algún tipo de amor o de afecto por algo. Que Ron o Hermione siguiesen vivos sería un peligro latente, porque siempre tendrías algo por lo que liberarte, algo que podría hacerte reaccionar y cambiar de bando...

—Comprendo...

—Cuando me contaste tu sueño, me decías que una parte de ti deseaba hacer lo que hacías, mientras otra parte se horrorizaba. Esa parte es la que muere. Por eso digo que lo que ves es el final. El final de todas las amenazas para la supremacía de Voldemort... y la tuya.

—Pero yo no lo haré. Nunca me uniría a él... ¿Por qué habría de querer hacerlo? ¡Él mató a mis padres! Y por su culpa murió Sirius...

—Por el dolor, Harry —le dijo Dumbledore con voz muy tranquila y calmada—. Tú mismo lo dijiste: a veces el dolor es tan grande que haríamos lo que fuese porque parara, por no sentirlo... Si Voldemort ha urdido nuevos planes encaminados a hacer que te unas a él, visto el fracaso de su nuevo intento de asesinato, temo que intentará utilizar tu dolor.

—Eso quiere decir...

—Que intentará dañar a los que amas, Harry.

Harry miró hacia Ron, Hermione y Ginny, que se habían quedado mudos. Por supuesto, ellos sabían que estaban en peligro, por ser de las familias que eran, por ser enemigos de Voldemort y por ser amigos suyos, claro, pero nunca habían sido un objetivo preferente para el malvado mago. Saber que ahora ellos quizá corrían más peligro que él le hizo sentirse extrañamente furioso.

—Querrá que te dominen la ira, el odio y el dolor —continuó Dumbledore— Pero no os preocupéis. Aquí no puede encontraros, y en Hogwarts estaréis a salvo. La Orden os vigila, y también el Ministerio de Magia. Y ahora, si nos disculpáis —Miró a Hermione, Ron y Ginny—, Harry debe practicar. Sabéis lo que está en juego.

Ron, Ginny y Hermione salieron, deseándole suerte a Harry. En cuanto se cerró la puerta, Dumbledore le dijo a Harry que volviera a dejar la mente en blanco. Harry volvió a fijar su vista en el sillón, intentando alejar de su cabeza todo pensamiento que no fueran los colores. Cuando Dumbledore creyó que estaba preparado, le apuntó con su varita:

—¡Legeremens!

Harry notó de nuevo aquellos dedos que hurgaban, pero siguó concentrado en el sillón, en sus colores... pero de pronto, se vio a sí mismo muerto en el suelo, y a Ron, y al señor Weasley, y a Hermione... veía el boggart que había encontrado la señora Weasley el verano anterior. De pronto, Harry se encontró gritando.

—Tranquilízate, Harry —Le dijo Dumbledore poniéndole una mano sobre su hombro—. Tienes que olvidar eso.

—Lo sé, ¡pero es muy difícil! ¡No soporto la idea de que puedan atacar a mis amigos por mi culpa!

—Harry, no es por tu culpa... Tú no eres responsable de lo que voldemort haga o desee hacer.

—Sí, pero si no fuera por mí...

—Si no fuera por ti, Voldemort quizás no habría sido vencido, y quién sabe lo que habríamos tenido que lamentar. No puedes culparte. Ahora haz el favor de concentrarte y de vaciar tu mente.

Harry volvió a intentarlo, y consiguió resistir más tiempo, pero al final, su mente volvió a llenarse de imágenes en las que veía a Hermione caer atravesada por un hechizo y a Ron ser atacado por un cerebro...

—Venga, lo has hecho mucho mejor —Lo animó Dumbledore cuando se detuvo—. Sigamos.

Continuaron practicando durante mucho tiempo. Aunque tardó mucho en hacerlo igual de bien que al final de su primera sesión, cuando la señora Weasley les llamó para cenar había mejorado bastante.

—Lo estás haciendo bien. Ahora bajemos a cenar y recuperar fuerzas. Creo que Molly nos ha preparado algo delicioso —Dijo Dumbledore con una sonrisa—. Mañana continuaremos.

—¿Mañana?

—Sí, tendremos que aprovechar el tiempo al máximo, Harry. Sólo quedan veinte días para que comience el curso escolar.

Bajaron a cenar. Mientras comían, Lupin estuvo preguntándole a Harry qué tal le iban las clases.

—El profesor Dumbledore dice que bien —Respondió Harry—. Desde luego, muchísimo mejor que con Snape.

—Bien, Harry. Sigue esforzándote. Estoy seguro de que tienes capacidades. No hay mucha gente que a los 13 años ya sea capaz de hacer un patronus... ni aún a la tuya.

—Bueno... ahora sí. Hermione, Ron y Ginny también pueden hacerlo —repuso Harry—. Ron y Ginny aún no lo dominan del todo, pero con un poco de práctica...

—¿Se lo enseñaste tú?

—Sí, en las reuniones del ED, el año pasado.

—Guau —Lupin parecía impresionado—. Debes ser un excelente profesor... y ellos muy buenos alumnos.

Harry se sonrojó un poco y siguió comiendo su pastel de carne, hasta que Hermione preguntó:

—Profesor Dumbledore...

—¿Sí, Hermione?

—¿Quién es nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras?

—Bueno... —dijo Dumbledore, aparentemente apesadumbrado—. No he conseguido encontrar un candidato dispuesto, así que he tenido que optar por el único disponible.

—Que es... —comenzó a decir Ron, asustado. Miró a Harry. Se le veía claramente que creía que Dumbledore diría «Severus Snape».

—Yo, por supuesto —terminó Dumbledore, sonriente.

Hermione, Harry, Ginny y Ron se miraron los unos a los otros, incapaces de decirse nada.

—¡Genial! —terminó por decir Ron, aliviado.

—Gracias, señor Weasley —le sonrió el director.

Tras semejante revelación, terminaron de cenar, mucho más contentos que antes, por supuesto.

Durante las dos semanas siguientes, Harry continuó sus clases con Dumbledore. Había progresado muchísimo, y, aunque por supuesto Dumbledore podía hurgar en su mente, prácticamente sólo lograba ver lo que Harry le mostraba, que casi siempre eran unas manchas de color que se parecían a un sillón.

—Pronto podremos empezar con la segunda parte, Harry —le dijo Dumbledore el día 21 de Agosto—. Tendremos la próxima clase, si puedo, el día 23. Empezaremos a cerrar tu mente mágicamente.

—Bien, profesor —dijo Harry.

—¿Te ha dolido la cicatriz algo?

—No, sólo un poco cuando terminamos las clases...

—Bien. Mejor así. Ahora, cuando aprendas la defensa mágica, no volverás a sentir irrupciones externas en tus sueños.

Sin embargo, no pudieron tener la clase del día 23, porque un poco antes de comenzarla, Snape llegó con, al parecer, importantes noticias, y hubo una reunión extraordinaria de la Orden.

—¿Qué habrá sucedido? —preguntó Ron.

—No lo sé —dijo Harry—. Ahora ya no siento nada cuando Voldemort se siente contento o furioso...

—Ya, y por una parte es una lástima —dijo Ron, y Hermione le lanzó una mirada severa—. ¡Ya lo sé, Hermione! Pero es la única forma de que nos enteremos de algo más...

—Vamos Ron, ya nos enteraremos. Al final siempre nos enteramos —le dijo Hermione.

Al poco rato, todos se marcharon de la casa, excepto la señora Weasley.

—¿Qué ha pasado, mamá? —preguntó Ginny.

—No estamos muy seguros todavía —respondió ésta, evadiendo el tema—. Pero sea lo que sea, mañana os enteraréis. Ahora olvidadlo.

Al parecer, debía de suceder algo gordo, porque nadie acudió a cenar, excepto el señor Weasley y Bill, que comieron algo, y, tras hablar unos minutos con la señora Weasley, volvieron a irse.

—¿Qué pasará? —preguntó Harry a los demás, una vez estuvieron en el cuarto en el que dormían él y Ron.

—Ni idea —respondió Fred—. Pero seguro que es serio. Todos parecían preocupados...

—Deberíamos irnos a dormir —dijo Hermione—. Si vuestra madre nos encuentra a todos aquí, en vez de estar en la cama...

—Sí, será lo mejor. Mañana nos enteraremos —dijo Ginny.

—No sé cómo... Mamá ha puesto un encantamiento en la cocina para que no funcionen las orejas extensibles —comentó George, un poco enojado.

—Bueno, si es algo importante, saldrá en los periódicos, ¿No? —dijo Hermione—. Mejor vayámonos.

Ella y Ginny se despidieron y se fueron a su cuarto. Fred y George también se desaparecieron.

—¿Qué tramará? —preguntó Ron, mientras se metía en la cama y apagaba la luz.

—No lo sé —respondió Harry, preocupado—. No lo sé...

Se tapó y se durmió. Sin embargo, no pudo dormir tranquilo, porque más tarde, en algún momento de la noche, la cicatriz comenzó a darle punzadas, y un sueño, una serie de imágenes, ocupó su mente. No entendía mucho, porque el sueño no era claro, como si viese algo lejano, algo difuso... supo que era una de sus visiones, era consciente de ello. Quizás la mejora de la oclumancia le había permitido aislarse de los sueños... ¿Por qué, entonces, veía ese? No lo sabía. Las imágenes llegaban vagas. Se acercó a una chimenea que había en una estancia oscura, de ella había salido una mujer, que se volvió para verle, y emitió un grito de terror, que Harry oyó muy lejano, como proveniente de un pozo profundo. Levantó la varita rápidamente, sin que la mujer tuviese tiempo de actuar. Un rayo verde salió de la misma, y un instante después la mujer estaba muerta. Se acercó a la chimenea, que estaba encendida con un fuego verde, y lanzó contra ella una poción, luego murmuró un conjuro y las llamas se apagaron. Se sentía contento. Todo iba bien... la imagen se borró, y sólo quedó negrura. Harry no supo cuánto tiempo esperó, hasta que la visión volvió a aclararse. Sabía que podía romper la conexión, que podía detenerla, que debía dejar de ver lo que veía, pero no podía. La curiosidad era muy grande. Voldemort había matado a alguien y tramaba algo importante... ¿Qué era? ¿Dónde estaba? La visión se aclaró, y vio un largo y oscuro pasillo, iluminado por débiles antorchas. Se acercó a una puerta, donde había más gente. Esperaban algo. No le vieron. Él entró y lanzó un hechizo, como un pequeño punto amarillo. El hechizo estalló, y los guardianes cayeron, heridos o muertos. Le habría gustado acabar con ellos, pero ahora no podía, él llegaría pronto. ¿Quién era «él»? Harry no lo sabía. Voldemort tenía prisa. Atravesó la sala donde estaban los hombres heridos, y se acercó a una zona llega de puertas enrejadas. Cada celda contenía a una persona. Se acercó a la primera y miró, sonriente. El prisionero se arrodilló al verle, y también sonrió. Su aspecto era lamentable, pero Harry reconoció, con odio, la figura altiva de Lucius Malfoy. Había averiguado dónde estaba Voldemort, y qué pretendía: había ido a liberar a los presos de Azkaban. Abrió las puertas de las celdas con prisa, y los mortífagos que había encerrado en junio salieron, arrodillándose ante su señor. Voldemort sonrió, y les ordenó que se dieran prisa, y que subieran a lo alto de la fortaleza, la vía de escape más rápida. Harry se sentía furioso. ¿Nadie iba a detener aquello? La cicatriz le dolió más, y perdió de nuevo la conexión durante un largo rato.

Cuando la recuperó, se vio en lo alto de una torre. Era de noche, y el cielo estaba nublado. Sólo algunas antorchas en la fortaleza permitían ver algo. Pero Voldemort no las necesitaba. La oscuridad era su elemento predilecto, en ella se sentía seguro y más fuerte, no por nada tenía aquellos ojos que le permitían horadar hasta en la negrura más profunda. Harry sentía los gritos de la lucha que se libraba en el exterior de la fortaleza, pero junto a él no había nadie. ¿Dónde estaban los mortífagos? Hacía algo en el borde de la torre, ya casi estaba... entonces, sintió un golpe, y un grito desgarró el aire, seguido del sonido de un cuerpo al caer. Voldemort se volvió, iracundo, y miró a su enemigo, que descendía de una escoba, frente a él.

—Dumbledore... —pronunció el nombre con asco y desprecio... pero no había ni atisbo de miedo en su voz. Sólo odio.

—No te saldrás con la tuya, Tom —dijo el anciano que sostenía la varita frente a él.

—¿Ah, no? —Se rió con aquella risa espeluznante que aterrorizaría a cualquier otro mago, excepto a aquél al que hacía frente.

«Dumbledore... —pensó Harry—.¿Por qué no llegó antes?».

—Ya es tarde para ti, viejo metomentodo. Ya me has causado muchos problemas, demasiados problemas... Pero ahora ya no podrás hacer nada. Ya es tarde para ti —repitió—. Ahora soy el mago más poderoso del mundo, Dumbledore, como pronto comprobarás. El Lord Voldemort al que te enfrentaste en junio no es sino la sombra de lo que soy ahora... He descubierto el gran secreto, profesor —pronunció la palabra «profesor» con un tono de absoluto desprecio, insultante, despectivo, y luego sonrió con maldad.

—Demuéstralo, Tom —la voz de Dumbledore sonaba tranquila.

—No lo necesito, Dumbledore, porque tú también lo sabes... sé que lo sabes desde que Potter te contó cómo volví... no lo sabes todo, no..., pero sí muchas cosas, sé que lo intuyes. Y ahora todas tus precauciones han sido en vano, he roto tu hechizo antidesaparición, como has visto, y también conozco el contenido de la profecía... —Se rió con ganas. Dumbledore no dijo nada—. Me sorprendes, viejo idiota... No sabes cómo me alegré al conocer la verdad... sólo Potter puede matarme, ¿eh? Resulta gracioso... No tienes ninguna esperanza, Dumbledore, ninguna.

—¿No? —preguntó Dumbledore—. Dime entonces por qué ha conseguido huir de ti cinco veces ya...

—Ha tenido... mucha suerte, desde luego. Pero eso no será suficiente. Ese chico será mío... vivo o muerto.

—Nunca mientras yo viva.

—¿Ah, no? —siseó Voldemort—. Si ésas son tus condiciones... ¡Muere, entonces!

Agitó la varita y un resplandor amarillo muy intenso brilló. Dumbledore intentó protegerse, pero su intento no fue suficiente, y cayó hacia atrás, golpeado por la explosión. Quedó tendido en el suelo. Sin embargo, logró incorporarse. Estaba herido. Tenía sangre en la cara, aunque no parecía nada grave. Apuntó rápidamente con su varita hacia su enemigo.

—¡Desmaius! —gritó.

Voldemort se rió. Se tambaleó ligeramente al recibir el impacto... y volvió a incorporarse. Harry casi no resistía, la cicatriz le dolía demasiado. Sentía que iba a perder el contacto, pero no quería; deseaba ver lo que sucedía, deseaba saber de qué hablaba Voldemort...

Dumbledore miró a su enemigo con un deje de preocupación.

—No ha servido de nada, Dumbledore... de nada. Ya te lo dije: estás acabado —Miró hacia abajo, y vio que las cosas estaban mal. Tenía que irse pronto—. Acabaré contigo otro día, viejo loco. —Agitó de nuevo su varita, y de nuevo Dumbledore intentó protegerse, sin que resultara del todo. El hechizo estalló y el director de Hogwarts quedó tendido en el suelo.

Harry se sintió aterrado. Sabía que Dumbledore no estaba muerto, porque Voldemort lo sabía. Quería matarlo, rematarle por fin... pero no tenía tiempo, ahora no podía ponerse a luchar con él. Se volvió y saltó al vacío. Cayó, pero su velocidad descendió, hasta posarse en el suelo con suavidad. Miró a su alrededor, pero Harry casi no veía, la cicatriz le dolía más cada vez por el esfuerzo, y la conexión se rompió. Se sumió en la negrura, y despertó en la oscuridad de su habitación.

Se levantó de la cama. En estos momentos, en Azkaban, había heridos, muertos... Voldemort había rescatado a sus mortífagos, y Harry había visto cómo el terrible mago había derrotado a Dumbledore... ¿Cómo? ¿Por qué había crecido tanto su poder? ¿Qué era lo que Dumbledore sabía desde que le había contado la forma en que había retornado? El temor lo embargó... ¿Cómo iba él, un muchacho de dieciséis años, vencer a un mago al que ni Dumbledore podía derrotar? Se encontró deseando no haber visto nada. En la cama de al lado, Ron dormía apaciblemente, con la respiración acompasada. Le envidió. Harry volvió a la cama, pero no consiguió dormirse en toda la noche.

Empezaba a quedarse dormido de nuevo cuando un sonoro «crac» volvió a despertarle del todo. Era Fred. Parecía muy serio. Se acercó y despertó a Ron, que empezó a protestar.

—¿Fred...? —dijo Ron, adormilado—. ¿Qué haces aquí?

—¡Chist! ¡Cállate! —le ordenó el gemelo—. Tenéis que leer esto. Voy a despertar a Harry.

—Ya estoy despierto —dijo Harry, incorporándose y poniéndose las gafas.

—Ah... vale —dijo Fred, dando un pequeño brinco al oírle—. Mirad, os he traído El Profeta...

—Ya sé lo que dice —soltó Harry, en tono serio.

—¿Cómo dices? —preguntó Fred, mirándole con cara rara. Ron también le observó con interés.

—Habla del ataque a Azkaban, ¿verdad?

Fred abrió la boca completamente. Ron los miraba sin entender nada.

—¿Ataque a Azkaban? —preguntó. Le cogió el periódico a su hermano y comenzó a leer.

ASALTO A LA PRISIÓN DE AZKABAN

El Ministerio de Magia ha informado de un terrible suceso acontecido la pasada noche, cuya gravedad ha motivado la salida de una edición especial de este diario.

A media tarde del día de ayer, cundieron rumores de que El que no debe ser nombrado planeaba un ataque contra Azkaban, donde se encontraban presos varios de sus seguidores desde el pasado junio. Tras la deserción de los dementores, la fortaleza se hayaba custodiada por aurores y funcionarios del Ministerio, y se habían aumentado los métodos mágicos destinados a evitar la fuga de los prisioneros.

Tras conocerse el rumor, se tomaron medidas para aumentar la protección de la prisión, pero fue inútil. El propio Lord..., con cinco de sus seguidores, entre los que se encontraba Bellatrix Lestrange, se aparecieron en la isla de la prisión, violando de forma inexplicable el hechizo antidesaparición que Albus Dumbledore había creado para protegerla.

Los guardianes de la fortaleza no pudieron hacer nada para contener a los agresores, y la ayuda no pudo llegar a tiempo, debido al bloqueo de la única chimenea con la que se podía acceder al interior de la prisión, por la cual iban a entrar los refuerzos del Ministerio de Magia. Los mortífagos fueron liberados, e incluso varios prisioneros más huyeron. Se prevee que se unan a las filas de El Que No Debe Ser Nombrado.

Debido a la batalla que tuvo lugar en el exterior de los muros de la prisión, es necesario lamentar la muerte de los aurores Maldius Dawlish y Gillian Torch. Por otra parte, Antonin Dolohov, uno de los prisioneros, resultó muerto al caer desde lo alto de la fortaleza.

Aparte de los muertos, se encuentran heridos Kingsley Shacklebolt, Gabriel Munbungs, Edward Shorks, Bill Weasley...

Ron y Fred se miraron, y salieron corriendo de la habitación, seguidos por Harry. Bajaron a las cocinas, donde estaba la señora Weasley, que parecía ligeramente preocupada.

—¡Mamá! ¿Qué tal...?

—¿Ron? —la señora Weasley se los miró, sorprendida—. ¿Qué haces...? ¡Fred! ¿No se supone que debías de estar en la tienda? —preguntó, con voz de enfado.

—¡Mamá! ¿Qué es esto de que Bill está herido? —preguntó Ron, sin hacer caso de su madre. La señora Weasley palideció.

—¿Cómo sabes eso?

Ron le mostró a su madre el periódico.

—Vaya... —miró a Fred con mala cara, y luego suspiró—. No os preocupéis, apenas tiene nada. Volverá pronto. Tu padre vino por la mañana y me contó lo que había pasado. Ahora está en el Ministerio. Percy está con Bill, pero yo iré a buscarlo después, cuando Lupin regrese.

—¿Qué le pasó? —inquirió Fred.

—Una explosión —respondió la señora Weasley con una tranquilidad que sorprendió a Harry. ¿Cómo podía estar tan calmada con lo que había pasado? Tal vez apenas supiese nada...

—Volveré a la tienda, a contárselo a George —dijo Fred, despareciendo. Ron y Harry se quedaron en la cocina.

—Desayunad, vamos —les dijo la señora Weasley—. Yo me prepararé para cuando vuelva Lupin.

—¿Él también estaba allí? —preguntó Harry.

—Sí, él también, pero no le ha pasado nada.

—Veamos qué más dice aquí —dijo Ron cuando su madre hubo salido de la cocina, inclinándose hacia el ejemplar de El Profeta, mientras empezaban a desayunar:

... e incluso Albus Dumbledore, que han sido trasladados ya al Hospital San Mungo. Afortunadamente, ninguno de ellos corre peligro.

En el Ministerio ha cundido el caos, y nadie parece estar muy seguro de qué debe hacerse para enfrentarse al Que No Debe Ser Nombrado. Albus Dumbledore ha rechazado hacer declaraciones sobre lo que planea hacer, y Cornelius Fudge aún no ha tenido tiempo de concedernos una entrevista.

—¡Maldita sea! —exclamó Ron—. Otra vez todos sueltos... ¿Y qué es eso de que Dumbledore está herido?

Harry miró a Ron.

—Yo lo vi. Vi el enfrentamiento de Dumbledore y Voldemort...

—¿Lo viste?

—Sí..., pero de forma distinta a como lo veo siempre... me llegaban las imágenes, pero yo sabía que soñaba, y que podía desconectar... supongo que se debe a la oclumancia. No obstante, quise seguir viendo... y vi. Voldemort le dijo a Dumbledore que ahora era el más poderoso mago del mundo, gracias a algo, que ambos sabían, pero que no dijeron... Voldemort le lanzó un hechizo e hirió a Dumbledore, dejándolo en el suelo...

—¿Sin más?

—Sí... bueno, añadió algo más —recordó Harry—. Le confirmó a Dumbledore que conoce la profecía...

Ron hizo una mueca de desagrado.

—Mierda... —dijo.

—Pero lo que más me preocupa... —comenzó a decir Harry.

En esos momentos alguien llegó a la casa, interrumpiendo la conversación de los dos amigos. Se abrió la puerta de la cocina y vieron que era Lupin, con cara de cansado y todo manchado. Tenía un corte en la cara y varios desgarros en su túnica.

—¡Profesor Lupin! —exclamó Harry— ¿Qué sucedió? ¿Estuvo allí? ¿Se encuentra bien?

—Sí, Harry. Luego, si queréis, os lo contaré todo, pero, si no os importa, voy a darme un baño y a tomarme un té antes de nada... y tengo que ver a Molly...

—Ya estoy aquí —respondió la señora Weasley, entrando en la cocina y observando preocupada el aspecto de Lupin—. ¿Te encuentras bien?

—Sí, gracias, Molly. Solamente muy cansado... Puedes irte a San Mungo cuando quieras...

—Gracias, Remus —dijo ella. Se despidió de Ron y Harry y se marchó.

Lupin Les dijo que se iba a tomar un baño y subió por las escaleras. Cinco minutos después bajaron Hermione y Ginny, ambas con cara de sueño.

—¿Qué pasa? —preguntó Ginny, bostezando—. He empezado a oír ruidos en todas partes... —miró la cocina, y luego a Harry y Ron—. ¿Dónde está todo el mundo?

—Tomad —dijo Ron, acercándoles el periódico.

Hermione lo cogió, y sus ojos se abrieron como platos, despertándose completamente.

—No puede ser...

—¿El qué? —preguntó Ginny, acercándose a ella y leyendo también.

—¡Ah! —chilló—. ¡Bill!

—Tranquila, está bien —dijo Ron—. Mamá ha ido a buscarlo a San Mungo. No tiene nada grave. Pronto volverán.

—Dios mío, Dumbledore herido... —murmuraba Hermione, aterrada—. Pero... ¿Cómo...? Él es el mago más...

—Ya no —la interrumpió Harry. Hermione levantó la mirada del periódico y se fijó en su amigo—. Ya no es el mago más poderoso del mundo. Voldemort lo es.

—¿Qué? ¿Por qué dices eso? —preguntó Hermione, aterrada.

—Ayer... ayer por la noche me pasó algo muy raro —explicó Harry—. Tuve otra visión, pero no como las del año pasado... creo que, creo que yo la provoqué... —Hermione, Ginny y Ron le miraban boquiabiertos y sin comprender—. Creo que la visión se produjo como las demás veces, pero luego fue distinto... distinto porque yo quería verla... yo mantuve la conexión hasta que no pude más. Vi a Voldemort matar a una mujer y bloquear la chimenea de la Red Flu, y luego le vi sacar de las celdas a los demás, les ordenó que subieran a la torre... Allí no sé qué pasó. Perdí la conexión, y, cuando la recuperé, Voldemort estaba junto a los muros, haciendo algo, pero Dumbledore llegó y le atacó. Oí un grito, y luego oí la conversación entre ambos.

—¿Qué dijeron? —preguntó Ginny.

Voldemort le dijo a Dumbledore que ahora él era el más mago más poderoso del mundo, y que él, Dumbledore, ya lo sabía debido a la forma en que había vuelto, aunque no sé a qué se refería... También mencionó que conocía la profecía, y que yo... —hizo un pausa— yo sería suyo, vivo o muerto. Luego le lanzó un hechizo a Dumbledore, y él no pudo defenderse, cayó herido, y Voldemort bajó desde lo alto de la prisión. Después la cicatriz me empezó a doler demasiado y no vi más.

Hermione se mordía el labio inferior con tanta insistencia que Harry pensó que acabaría haciéndose daño.

—Ahora es el mago más poderoso del mundo gracias a la forma en que volvió... —Murmuraba, mirando al vacío.

—¿Estás buscando respuestas, Hermione? —preguntó Ron, mirándola.

Hermione no le contestó. De hecho, no parecía haber oído la pregunta de Ron. Éste iba a repetirla, cuando Lupin, con mucho mejor aspecto, entró en la cocina.

—¿Qué tal estás? —le preguntó Harry.

—Mejor, aunque sigo cansado —respondió, con una sonrisa triste.

—Cuéntanos lo que pasó en Azkaban —pidió Ron.

—No sé si debería...

—Ya lo sabemos casi todo, viene en El Profeta —terció Ginny—. Sólo queremos saber cómo fue el ataque y qué le pasó a Bill.

—Está bien —aceptó Lupin.

Se preparó un té, se sentó y empezó a hablar, mientras los demás le miraban, expectantes.

—Veréis, ayer por la tarde, el profesor Snape nos comunicó que había ciertos planes para asaltar Azkaban durante la noche y liberar a los presos. Todos nos sorprendimos, porque de momento, no había hecho nada por ellos. De todas formas, empezamos a prepararnos. Dumbledore acudió a hablar con Fudge y nosotros emprendimos camino a Azkaban para ayudar en su protección. Dumbledore nos dijo que él acudiría con ayuda en el momento preciso, para evitar sospechas. Esperamos allí durante horas. Creíamos que vendrían por mar, o algo así, ya que Dumbledore había invocado un hechizo antidesaparición en toda la isla, pero Voldemort lo rompió, no sabemos cómo.

—¿Apareció sin más? —quiso saber Harry.

—No... apareció un círculo rojo cerca de la fortaleza, y en él se aparecieron. Salieron de él, pero el círculo quedó allí. Yo estaba en las puertas, junto a Arthur y otros, y nos preparamos, mientras avisábamos a los demás. No contábamos tener tan poco tiempo. —Lupin hizo una pausa y tomó un sorbo de té—. Nos dirigimos a ellos, pero le habíamos subestimado: Cuando nos acercamos a ellos unos cincuenta dementores nos rodearon.

—¿Llevó dementores? —dijo Hermione, aterrorizada.

—Sí —respondió Lupin—. Tuvimos que defendernos de ellos mientras los mortífagos nos atacaban. En tanto, Voldemort pasó de largo, destruyó las puertas y entró, dirigiéndose a la chimenea. Allí mató a Torch, la primera aurora que había llegado, y bloqueó el acceso, para evitar, sobre todo la llegada de Dumbledore. Luego se dirigió hacia el pasillo de máxima seguridad, donde estaba el otro equipo de defensa, pero se libró de ellos y rescató a los prisioneros, los mandó subir a lo alto, y los bajó con un hechizo levitatorio hacia dónde estábamos nosotros y el círculo aquel. Sospecho que tenía un tiempo limitado.

—Vaya... —murmuró Ginny—. ¿Y mientras, vosotros?

—Repelimos a los dementores y seguimos luchando contra los mortífagos, pero nos fue difícil porque nosotros estábamos débiles a causa de la lucha con los dementores, así, Bellatrix Lestrange mató a Dawlish...

La cara de Harry se transformó en un gesto de odio al oír el nombre de la asesina de Sirius.

—... y entonces llegó Dumbledore. Se había aparecido con una escoba sobre el mar, fuera de la isla, y se dirigió hacia Voldemort, que en ese momento estaba bajando a Dolohov. Voldemort perdió la concentración y aquél cayó desde lo alto de la torre.

—Ah... —dijo Ron, mirando a Harry—. Entonces fue eso lo que...

Harry le dio una patada en el tobillo a su amigo por debajo de la mesa, antes de que pudiera decir las palabras «oíste en tu sueño». Ron se calló.

—¿Qué decías, Ron? —preguntó Lupin.

—Digo que entonces fue eso lo que le pasó a Dolohov —respondió, mirando a Harry fugazmente.

—Sí, se mató al caer... pero Voldemort hirió a Dumbledore y bajó. Los mortífagos se replegaron hacia el círculo y desaparecieron, aunque Lucius Malfoy se llevó un recuerdo mío en su hombro derecho —dijo Lupin con satisfacción.

—¡Buf! —dijo Ron cuando Lupin terminó— Debió de ser terrible...

—Lo fue, Ron —dijo Lupin, cabizbajo— Murieron dos personas y no logramos impedir la liberación de los mortífagos. Y además ahora son más que antes...

—¿Cuántos prisioneros se fueron con él? —preguntó Hermione—. Quiero decir, que no fueran mortífagos.

—Unos ocho —respondió Lupin—, y conseguimos detener a tres que se habrían ido tambiénl. Los demás prisioneros no quisieron irse. Se quedaron en sus celdas.

—Menos mal...

—Sí, ya lo creo... —Hermione se mostró de acuerdo.

Lupin se terminó el té y dijo que se iba a descasar un rato, si no les importaba. Harry, Ron, Hermione y Ginny se quedaron en la cocina, terminando de desayunar, y luego se pasaron la mañana hablando del ataque, esperando la llegada de los demás.

—Sucedió algo más en el combate entre Voldemort y Dumbledore —dijo Harry, de pronto.

—¿El qué? —le preguntó Ron.

—Cuando estaba en el suelo, tras el primer hechizo de Voldemort, Dumbledore le lanzó un hechizo aturdidor a él... y no le hizo nada.

—¡¿Qué?! —preguntó Ron, impresionado—. ¿Cómo...?

—No lo sé —respondió Harry—. No lo sé, pero también estoy asustado. Él simplemente se tambaleó, pero lo resistió... lo resistió.

Hermione seguía pensativa, intentado quizás sacar algo en claro de todo aquel lío.

Lupin, por su parte, durmió hasta la hora de comer, hora en que también llegaron los señores Weasley y Bill. Con ellos venía Fleur Delacour, que, al parecer, también se había unido a la Orden.

Todos saludaron a Bill, preguntándole como estaba, y luego a Fleur, que les dirigió una sonrisa. Preguntó a Harry qué tal estaba y felicitó a Ron por lo que había hecho en el Caldero Chorreante. Ron se ruborizó, Fleur siempre causaba en él un efecto similar. Hermione frunció el entrecejo y puso cara rara. Fleur se fijó en ella.

—Hola, «Hegmione» —la saludó Fleur, sonriendo ligeramente.

—Hola —Dijo Hermione con sequedad.

Los Weasley, Bill y Fleur pasaron a la cocina, con Lupin, pero Ron, Harry, Hermione y Ginny se quedaron un momento en el vestíbulo.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Ron.

—¿A mí? —respondió Hermione, extrañada—. ¿Por qué lo preguntas?

—No sé... tu saludo a Fleur me ha parecido... raro —dijo, encogiéndose de hombros.

—Imaginaciones tuyas —repuso Hermione, dirigiéndose a la cocina. Pero antes de entrar, miró a Ron y dijo—: En todo caso, rara ella. No sé a qué ha venido esa sonrisa al mirarme.

—Yo sí —afirmó Ginny, muy contenta. Los tres la miraron con curiosidad. Harry, en realidad, no entendía nada de lo que iba aquella conversación—. Pero no os lo voy a decir, no es asunto mío —declaró, abriendo la puerta y entrando en la cocina, dejándolos a los tres allí, que tardaron un momento en seguirla.

La señora Weasley empezó a preparar la comida, ayudado por los chicos y por Fleur, para acabar cuanto antes.

—¿Cómo te hirieron, Bill? —preguntó Ginny, en cuanto empezaron a comer.

—Bueno, a mí me habían asignado, junto con otros diez magos, que guardáramos las celdas de los mortífagos. Cuando oímos la alarma y que empezaban los combates, nos pusimos alerta, esperando el ataque y los refuerzos del Ministerio... refuerzos que no llegaron nunca. Quien vosotros sabéis nos atacó de repente, sin darnos casi tiempo a defendernos. No sé como no nos mató a la mayoría. Supongo que quería marcharse cuanto antes... Se había hecho invisible, y nos pilló casi por sorpresa... Utilizó un hechizo explosivo de una potencia que no había visto nunca. Así me hirió a mí, dejándome inconsciente. No pudimos hacer nada. Es demasiado poderoso... No sé cómo nos nos mató a todos.

Bill sacudió la cabeza, mirando hacia abajo. Fleur le acarició el brazo cariñosamente y le sonrió. No había duda que le consideraba todo un héroe.

El resto de la comida transcurrió entre el silencio y conversaciones banales. Tras terminar, Bill fue a acostarse, al igual que el señor Weasley. Fleur volvió a Gringotts, y Harry, Ron, Hermione y Ginny se fueron a pasar la tarde al salón.

Tardaron dos días en volver a ver a Dumbledore. Sólo quedaban cinco días para comenzar el curso, y Harry ya se había hecho a la idea de que no daría más clases de Oclumancia hasta volver a Hogwarts. Pero ese día, Dumbledore volvió a Grimmauld Place. No parecía haber sido herido, pero estaba serio y preocupado. Parecía más viejo, mucho más viejo que la última vez que Harry lo había visto. Llamó a Harry y le comunicó que tendrían una clase, y que sería la última antes del comienzo del curso.

—Bien, Harry —le dijo Dumbledore cuando estuvieron los dos en el salón que utilizaban siempre—, hoy comenzaremos con el cierre mágico de la mente. Con él, evitaremos cualquier tipo de intrusión. Es la parte más complicada de la oclumancia, y la que revela al agresor que dominamos la técnica.

—¿Se lo revela al agresor?

—Sí. Hasta ahora eres capaz de dominar tus pensamientos y recuerdos ante una intrusión, pero el agresor es capaz de entrar, aunque sólo ve lo que tú le muestras. Esto impide que sepa si dominas la oclumancia, o bien no tienes lo que busca. Sin embargo —siguió explicando Dumbledore—, con el cierre mágico, el agresor será incapaz, o prácticamente incapaz de penetrar y obtener cualquier cosa, con lo que sabrá que está siendo rechazado ¿Entiendes? Esto es lo que practicaremos ahora.

—Sí... ¿Cómo se hace?

—Esto es lo más complicado. Normalmente, todo aquel que estudia oclumancia debe de haber estudiado Teoría de la Magia. Como a lo mejor sabes, es una asignatura que sólo se cursa en séptimo, y es de las más difíciles. Un buen mago se caracteriza por dominar bien la Teoría de la Magia ¿Has oído hablar de esa asignatura?

—Un poco —dijo Harry—. Consiste en explicar y entender cómo hacemos los hechizos y esas cosas ¿Verdad?

—Más o menos —dijo Dumbledore—. En la Teoría de la Magia se estudia por qué se usan las varitas, cuál es su utilidad, por qué unos hechizos funcionan y otros no... ¿Sabes cuál es la función de la varita mágica?

—Bueno... con ella se hacen los hechizos ¿No? Por lo menos, la mayoría.

—Sí, pero podemos hacer magia sin varita: desaparecernos, la legeremancia, etc... La varita es un canalizador. Canaliza y proyecta la magia, pero la magia en sí, se hace con la mente, como cuando estamos enfadados y hacemos cosas extrañas. Ya sabes a qué me refiero.

Harry asintió. Recordaba haber hecho desaparecer cristales cuando estaba enfadado, hacer estallar cosas e incluso haber convertido a su tía Marge en un globo.

—Bien —continuó Dumbledore—. Una varita mágica canaliza la magia, haciéndola más manejable y más potente. Del mismo modo, las pociones no funcionan si el que las prepara no es un mago, o a veces incluso no funcionan si no es un mago el que se las bebe. Por ejemplo, Harry, la poción multijugos no funciona si se la toma un muggle, ¿entiendes?

—Sí —dijo Harry.

—Bien. Lo que intento explicarte es que, para cerrar tu mente mágicamente, debes hacer magia sin varita. Debes relajarte, dejar la mente en blanco y cerrarla mediante algún tipo de muro o puerta que nadie pueda abrir ¿lo coges?

—Más o menos... Debo hacer lo mismo que ya hacía, y desear una barrera.

—Sí. Debes dejar tu mente en blanco, excepto por un muro. Ese muro debes imaginártelo como una barrera entre tu mente y lo que está fuera, o como una puerta. Eso no funcionaría en un muggle, pero tú eres un mago, y tu mente proyectará esa barrera contra las agresiones externas, que «rebotarán» en ese muro sin conseguir obtener nada ¿Lo entiendes? —Harry asintió—. Bien, entonces vamos a probarlo

—Vale —dijo Harry, no muy convencido.

—Contaré hasta cinco, Harry.

Harry fijó su vista de nuevo en el sillón que siempre utilizaba, hasta que no vio nada, y empezó a pensar en un muro que separaba su mente del exterior.

—uno... dos... tres... cuatro... cinco... ¡Legeremens! —gritó Dumbledore

Harry sintió de nuevo que hurgaban, que intentaban entrar en su mente. Aunque sólo veía el sillón, no conseguía evitar que aquellos dedos entrasen. Se esforzó más y segundos después la intrusión cesó.

—Bien —dijo Dumbledore, bajando la varita—. No ha estado mal para ser la primera vez, pero no has logrado detenerme. Al final me has echado, pero eso ya lo sabías hacer antes. He visto el muro, pero no es lo que necesitas para detenerme. Recuerda que no es un muro real. Tienes que proyectar la idea de que tu mente es infranqueable.

—Lo intentaré, pero es difícil...

—Lo sé, pero cuando hayas cogido la idea progresarás muy rápido. Venga, volvamos a intentarlo.

Harry dejó de nuevo la mente en blanco. Intentó visualizar el muro, sellar su mente mediante la magia... y se acordó del hechizo que Hermione había usado en el departamento de Misterios. Pensó «¡Fermaportus!» mientras visualizaba su mente, intentando cerrarla como si fuera una puerta. Y sintió que así era. Cuando Dumbledore gritó «¡Legeremens!», tardó un rato en lograr entrar, y apenas consiguió nada. Harry lo expulsó con rapidez.

—¡Excelente, Harry! —le felicitó Dumbledore— ¿Cómo lo hiciste? No sentí como un muro...

—Utilicé el hechizo fermaportus. Lo hice para cerrar la mente y que no se pudiera abrir, como si fuera una puerta...

—Excelente —dijo Dumbledore, sorprendido—. No esperaba que lo consiguieran con tanta rapidez... Desde luego, tienes aptitudes, eso no se puede negar —afirmó—. Bueno, como has visto, un mago no necesita la varita para hacer magia. La varita sólo es un medio de proyectar la magia, Harry. Pero en tu mente, la magia puedes utilizarla sin más. Nuestras reacciones mentales, nuestras ideas, son lo que condiciona la magia que hacemos. No podemos usar hechizos sin saber lo que hacen. La mente es lo esencial. No lo olvides. Seguiremos trabajando un rato más, para que fijes la idea. Si lo haces tan bien como ahora, en la próxima clase, que ya daremos en Hogwarts, utilizaré toda mi capacidad para atacarte, y de improviso ¿de acuerdo?

—De acuerdo —dijo Harry, un poco colorado por las alabanzas del director.

Siguieron practicando un rato, y Harry no sólo logró hacerlo igual, sino que cada vez lo hacía mejor. Al cabo de media hora, Dumbledore decidió dejarlo.

—Bueno Harry. Has estado muy bien —dijo, levantándose—. Nos veremos en Hogwarts —se dirigió a la puerta.

—Profesor...

—¿Sí?

—¿Qué sucedió en Azkaban? —preguntó Harry—. ¿Cómo le hirieron?

—Voldemort me hirió —explicó el anciano mago—. Me cogió por sorpresa, desde luego... y no se puede negar tampoco que ahora sea más poderoso que antes, bastante más...

—¿Cómo pudo romper el hechizo antiaparición?

—No lo sé... supongo que con su poder, puede conseguir casi cualquier cosa.

—Pero... ¿Eso quiere decir que podría aparecerse en Hogwarts?

—No —respondió Dumbledore—. El hechizo que protege Hogwarts es muy antiguo, y de otro tipo... No creo que nadie pueda romperlo. No te preocupes por ello. ¿Algo más?

Harry dudó.

—No, gracias, profesor —dijo finalmente.

—Nos veremos en Hogwarts, entonces —dijo Dumbledore, despidiéndose y saliendo de la habitación.

Harry se quedó pensativo un momento. No había sido sincero con Dumbledore, porque no le había hablado de su visión, pero al fin y al cabo, Dumbledore tampoco le había dicho nada de su conversación con Voldemort, y aunque había comentado el hecho de que fuera ahora más poderoso que nunca, no había dicho nada acerca de por qué lo era, ni qué era lo que Dumbledore sabía acerca de la manera en que había retornado. Y aunque también había mencionado la forma en que Voldemort le había herido, no comentó nada acerca del hecho de que su hechizo aturdidor apenas había tenido ningún efecto en él. Intentó convencerse de que había una buena razón para ello... o bueno, tal vez Dumbledore no lo supiera, aunque Voldemort creyera que sí. Pensando en que ya lo averiguaría, Harry bajó contento, o todo lo contento que podía estar en las circunstancias actuales, a explicarles a Ron y a Hermione sus progresos.

—¡Bien, Harry! —dijo Hermione muy alegre—. Por fin te librarás para siempre del acecho de Voldemort en tus sueños.

—Sí... —Reconoció Harry. Luego su cara se entristeció y dijo con pesadumbre—: Ojalá me hubiera esforzado tanto con Snape. Ahora Sirius estaría vivo...

—Vamos, no te entristezcas, Harry —le dijo Ginny, poniéndole una mano en el hombro—. Tú no podías saber que Quien tú sabes intentaría engañarte para que fueras al Departamento de Misterios...

—Sí, pero Snape me avisó, me dijo que él podría intentar utilizarme... y yo no le di importancia. Y Hermione también me lo dijo. Me dijo que seguramente sería una trampa...

—Vamos, déjalo ya —pidió Hermione.

Harry se calló durante un rato, mientras veía como Hermione y Ron jugaban al ajedrez mágico.

—Le pregunté a Dumbledore sobre el ataque —comentó, cuando Ron y Hermione terminaron la partida (con victoria de Ron).

—¿Sí? —preguntó Hermione, muy interesada—. ¿Y qué te dijo?

—Nada que ya no supiéramos. No me habló de la causa de que Voldemort sea ahora cada vez más fuerte... Claro que yo tampoco le conté nada acerca del sueño...

—Eh, Harry... —dijo Hermione, mirando a Ron—. He estado pensando... y creo que ya sé a qué se refería Voldemort.

Ron asintió.

—¿A qué?

—Creemos que al hecho de usar tu sangre —explicó Hermione.

—¿Mi sangre?

—Sí, él te dijo que tu sangre le haría más fuerte que la de ningún otro, ¿no? —dijo Ron.

—Sí, pero eso era porque con mi sangre la protección de mi madre no sería una barrera para él y podría matarme —replicó Harry.

—Es posible que sólo sea eso... pero no encontramos otra cosa —dijo Hermione—. Tiene que ser por tu sangre.

Harry calló. ¿Tendrían razón? Pero, ¿Por qué iba a ser más poderoso por usar su sangre? ¿No sería más poderoso si usara la de otro mago más experimentado?

No volvieron a hablar del tema, pero Harry pensaba en ello a menudo, y no podía evitar sentirse preocupado.

Así pasaron los últimos días de Agosto, y llegó el momento de regresar a Hogwarts. El día 31, Harry, Ron, Hermione y Ginny prepararon todas sus cosas. Al día siguiente, dos coches del Ministerio les llevarían a la estación de King’s Cross, para coger el tren que los llevaría de vuelta al colegio.