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HHP: Primera Guerra Mundial Mágica — capítulo 27

A Luigi, fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.

Veintisiete: Perspectivas.

20 de mayo de 2020

Norte de Escocia

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

¡Vaya día que había resultado aquel!

Rose Weasley estaba orgullosa de sí misma la mayor parte del tiempo. Quizá no fuera tan lista como algunos, pero podía seguirles el paso si se lo proponía. Tampoco era tan hermosa como ciertas amigas suyas (que sin saberlo, tenían a varios siguiéndolas con la mirada), pero tenía sus cualidades. No, lo que ahora mismo le está carcomiendo el pensamiento era darse cuenta, sin quererlo siquiera, que podía ser más madura que varios sus amigos más serios.

¡Vaya, y apenas ese día estaba cumpliendo catorce años!

El miércoles había comenzado normal. Despertó, gruñó por iniciar el día escuchando quién sabe qué asunto de Giselle y Cecil, estiró los brazos por encima de su cabeza y se levantó de la cama, abriendo las cortinas y deshaciendo una de las trenzas con las que había dormido. Sus brumosos ojos se habían fijado un momento en Hally, que se anudaba ya la corbata a rayas (jamás sabría cómo conseguía su amiga despertar a tiempo, la verdad) y procedió a cambiarse.

Después, en el Gran Comedor, una pequeña riña con Henry, de las acostumbradas. Esta vez había empezado por la cantidad de tostadas que ella había comido. Hally y Procyon se quejaron, claro, antes de marcharse a Aritmancia, pero como Henry no tenía clase en ese momento, tenía que aguantarlo un poco más. Al final, el castaño se hartó de la poca atención que le prestaba y alegó algo de adelantar un par de tareas antes de Encantamientos, dejándola sola. Y cuando ella misma dejó la mesa de Gryffindor para imitarlo, comprendió qué estaba mal ese día: era su cumpleaños y ninguno de sus amigos la había felicitado.

Torciendo la boca, se imaginó que esperarían a que fuera la hora del entrenamiento y siguió con lo suyo. Al irse del Gran Comedor, Dean la alcanzó y le dio un breve abrazo, seguido poco después por Nerie. Vaya, sus primos se habían acordado. Incluso Nerie le dio una curiosa tarjeta cantarina que ella y su hermano habían hecho. Les sonrió con ganas, les agradeció y se marchó.

Al llegar a Encantamientos, también fue lo mismo de siempre. Charlaron un poco de lo que los profesores Davis y Weasley-Mao habían mostrado en clase y escuchó unos cuantos chistes en boca de Procyon y Thomas. En serio, esos dos juntos podían ser más graciosos que sus tíos Fred y George, aunque no pensaba decírselos para no alimentar sus egos.

La clase de Encantamientos también fue más o menos usual: Procyon, Hally y Thomas en alguna tonta competencia por ganar puntos, a la que increíblemente se sumaba Henry; Paula reprobando aquello con una mirada que Ryo trataba de quitarle; Amy y ella sin decidirse a reír o hacer el hechizo del día correctamente; Sunny y Danielle tratando de estar serias… Sí, en definitiva ya era lo normal en esa materia. Por fortuna, la profesora Nicté era paciente que si no, la habría pasado mal al no realizar el encantamiento estimulante como debía.

El almuerzo… Bueno, fue uno de los más bulliciosos que recordaba. Su primo, que desde hacía días parecía molesto con su mejor amigo, parecía que se había reconciliado con él. Los pronósticos sobre la próxima final de quidditch (y las ilegales apuestas al respecto) seguían su curso. De la mesa de Hufflepuff llegaban los chismes más extraños que podía imaginarse. Pero cuando terminó y se iba a Estudios Muggles, un puñado de chicos (salidos de quién sabe dónde) le habían tendido sobres de pergamino, deseándole feliz cumpleaños, antes de largarse a toda carrera.

De acuerdo, eso sí había sido raro. Al reunirse con Paula, Amy, Danielle y Thomas, ellas se emocionaron y le pidieron mostrar las cartas en tanto él las ignoraba para reírse a gusto. Metió todos los sobres a la mochila sin miramientos, para decepción de sus amigas, y se fueron a ser torturados por el profesor Price acerca de cómo los muggles no podían vivir sin electricidad.

Y después de eso, al entrenamiento de todos los miércoles. Quería ver si esta vez podía lograr que su forma animaga le durara más de cinco minutos, pero al llegar a la Sala de los Menesteres, se encontró la decoración festiva que sus amigos pensaban para cada cumpleaños.

Y sí, otro típico cumpleaños de un miembro de la Orden del Rayo tuvo logar.

—No sé cómo pensé que lo habían olvidado —comentó con una sonrisa.

—Eh, entérate que eso no te salva de enseñar las cartas —apuntó Sunny inmediatamente, con una sonrisa cómplice que compartían el resto de sus amigas.

—Pues véanlas si quieren —para acabar de una vez con aquello, Rose sacó los sobres de su mochila y los puso sobre la mesa, a un lado del pastel —A mí no me interesan.

—¿Ah, no? —se extrañó Danielle, mientras ella y las otras sacaban pergaminos y tarjetas.

—Pues no. Si son para pedir citas o cosas así, no me interesan.

—¡Mira, una pide exactamente eso! —se sorprendió Amy —Es de un tal… Howard, de cuarto.

—Ésta también —indicó Sunny, girando una tarjeta ante los ojos, como si no hallara cuál era el encabezado y cuál la firma —¡Ah, ya entendí! ¿Lancaster?

—Debe ser una broma —Procyon, junto con Thomas y Ryo, se había unido a la inspección de tarjetas —¿Lucas Lancaster?

—Eso creo, ¿acaso hay otro?

—¡Yo conozco a este chico! —exclamó Hally entonces —Aramis Goldstein es amigo de Melvin. Nos sentamos con él en el Baile de Navidad.

Procyon hizo una ligera mueca que aparentemente ninguno de sus amigos notó.

—¿Entonces es de Ravenclaw? —Rose se giró hacia sus amigos de esa casa, interrogante.

—¿Goldstein? Sí, lo es. Muchos creyeron que él sería prefecto —se acordó Ryo.

—Es una persona muy educada —Paula meneó la cabeza en señal de aprobación —No suele ser brusco y le da muchos puntos a Ravenclaw en clase.

—Si tanto te gusta, sal con él. Yo no voy a enojarme —apuntó Rose con indiferencia.

—¿Gustarme? Sí, claro —desdeñó Paula para sorpresa de sus amigas —Que reconozca sus cualidades no significa que me guste. Además, es demasiado aburrido.

—¿Aburrido? —se extrañó Hally —Pero si Melvin dice que se la pasa riéndose con él.

—Eso a mí no me consta ni me interesa.

Mientras las chicas discutían eso, los chicos decidieron confirmar algo con Ryo.

—¿No les parece raro que varios chicos se les acerquen a nuestras amigas ahora que cumplen catorce años? —Thomas se contenía a duras penas de reírse ante la idea.

—Ni lo digas. El mes pasado fue cumpleaños de Paula y le hicieron lo mismo —Ryo no se veía de buen humor —Al menos eso me contó. Su cama estaba llena de sobres después de la cena.

—¿En serio? —de pronto, a Thomas se le habían quitado las ganas de bromear.

—Claro. Y como la semana siguiente cumplió años Mary Ann, se repitió la escena.

Los chicos, suponiendo que se refería a Mary Ann Alcott, hicieron una mueca de fastidio. Hasta ahora caían en la cuenta de los relatos de las chicas de su curso, en los cuales varias eran acosadas por muchachos para desearles feliz cumpleaños. Incluso Bryan se acordó que dos semanas después de su último cumpleaños fue el de Joan Finch-Fletchley y la pobre sufrió lo indecible por un chico de sexto que hechizó una tarjeta para que revoloteara en torno a su cabeza.

—Había oído de esto —susurró Thomas de pronto y cuando Procyon lo miró, comprendió que su mejor amigo había estado concentrado en recordar algo que quizá había escuchado, leído o visto —Pero cuando supe el detalle, pensé que era una estupidez. Ahora veo que no tanto.

—Si en un año o más quieres contárnoslo… —masculló Henry.

—En realidad creía que era como una leyenda urbana, porque para empezar, se lo oí a Zabini y sus amigos. Que las chicas de Hogwarts son deseables cuando cumplen catorce años.

—¿Deseables? —Henry pronunció la palabra lentamente, con expresión de asco.

—Ajá. Al parecer, los mayores creen que interesarse en menores de catorce años es malo, casi perverso, así que en cuanto las chicas comienzan a cumplir esa edad, se alborotan y…

—Sí, creo que ya entendimos el concepto —a juzgar por la cara de Procyon, Henry no era el único a quien esa idea le desagradaba.

—Al menos nosotros no se los haremos a las que vengan detrás, ¿o sí?

Ante esa cuestión hecha por Thomas, los demás arquearon una ceja antes de asentir. Y es que Thomas no solía hacer ese tipo de observaciones, que demostraban la madurez que usualmente ocultaba. Ese breve silencio les hizo darse cuenta que sus amigas habían dispuesto del pastel y de hecho, Paula los llamó en ese momento para comer algo antes de se les terminara el tiempo.

Aún cuando sus amigos habían estado hablando aparte, Rose creyó saber cuál era el tema. Ya lo había visto en enero, poco después de las vacaciones de Navidad, al ver a la pequeña Diane Creevey sacar su castaña cabeza de una montaña de sobres que inundaban su cama. La pregunta aquí era si los que mandaban las felicitaciones escritas eran verdaderos pretendientes o simples bromistas.

Bueno, A Rose no le agradaba la idea de averiguarlo. Por eso había dejado que sus amigos leyeran todas aquellas cartas y tarjetas. Con la memoria que tenía, seguramente olvidaría la mitad de los nombres para el día siguiente, pero si otros aparte de ella los leían…

—¿Qué, crees que con eso ya no tendrás problemas?

Rose hizo una mueca al escuchar esa pregunta en voz de Sunny. Cuando llegaron a Pociones, la castaña la jaló con ella para que fuera su compañera ese día (a lo mejor no quería rezongar como la semana pasada, cuando para su mala suerte, le había tocado con Calloway) y como la pelirroja no era de las que se quedaban calladas mucho tiempo, le comentó sus deducciones.

—Mira, cuando dije que me disculparía con el ogro negro, era en serio, lo hice —relató Sunny, revisando el caldero donde se cocía a fuego lento una poción que tenía la apariencia de crema de champiñones —Me contestó que no había problema, que si recordábamos a mi familia, tenía cerebro para sacar buenas notas —el mohín de la castaña reveló que quizá Snape, al hablar de la familia de su tutelada, había mencionado a Wendy Drake —Pero de pronto me advirtió sobre lo que algunos chicos han venido haciendo en los últimos años, de señalar que una niña cumplió los catorce llenándola de felicitaciones. A mí me dio risa, sinceramente, y aseguré que nadie se tomaría esa molestia conmigo, pero él hizo una mueca espantosa y declaró que yo, como la mayoría de mi generación, pasaría por eso. Que de hecho ya había castigado a algunos de quinto de su propia casa. ¡Cuidado con la esencia de ajo! —advirtió, al ver cómo Rose por poco derramaba la mencionada sustancia en la mesa —Sí, castigó a unos de quinto por hacer que una tarjeta le mordisqueara el cabello a Bridge. ¿No recuerdas que su cumpleaños fue poco después del de Amy?

Ahí sí que Rose casi se da un zape mental. ¿Cómo no se había acordado que hasta la siempre serena Amy había tenido su ración de disgustos en su último cumpleaños? En primer lugar, sus padres no la habían felicitado ni con una lechuza, tarea que recayó en el único hermano que la chica tenía a la mano. Pero Harold, en aquellos días preocupado por el regalo de San Valentín para su novia, apenas le había dedicado un abrazo y una sonrisa a su hermanita. Los amigos de Amy habían llegado a la conclusión de que el mediano de los hermanos Macmillan no se dignó a más porque Danielle y Sunny andaban cerca. Para rematar, la avalancha de sobres que ese día la habían despertado no le mejoró el humor, por más que intentó reír con Vivian Malcolm y Madison Depp. Solamente sus amigos supieron sacarle una sonrisa al celebrarla en la Sala de los Menesteres.

—Y claro, fue mi cumpleaños y todo se fue al diablo —concluyó Sunny repentinamente, lo que hizo que Rose diera un respingo —A mi dormitorio no llegó nada, lo mismo que en el desayuno, pero… ¿Recuerdas que Snape me mandó llamar después? ¡Me mostró una montaña de cartas! Había interceptó todas las de esos idiotas que nada más querían enfatizar que cumplí catorce y…

—Debió ser una pesadilla —sentenció Rose, intentando hacer una broma, pese a que intuía que ese suceso era la razón por la que Sunny estaba sensible a cualquier mención de Snape.

—No imaginas cuánto. Al menos le dejé claro que eso de tener novio no me interesa.

—Estamos de acuerdo en algo, ¡es el fin del mundo!

Las dos comenzaron a reírse un poco fuerte, por lo que Snape se paseó delante de ellas a modo de advertencia, ya que no podía quejarse de su poción (a primera vista parecía bien hecha). Al notar eso, Sunny se llevó un dedo a los labios y Rose, a duras penas, obedeció y se fue silenciando.

Para la pelirroja, los miércoles de ese ciclo escolar transcurrían de manera lenta, llenos de más información de la que, estaba segura, recordaría para los exámenes. Esa impresión se reafirmaba al tener la cátedra de Cocina y Repostería Mágicas justo antes de la cena. Como bien había declarado la profesora Hagrid, repasaban lo más importante del año para el examen final, pero según su punto de vista, eso solamente les abría el apetito para cenar como condenados a muerte.

—Y díganme, ¿alguien sabe cómo les proporcionaremos a todas las mesas un pastel borracho tan exquisito como éste?

A Amy y Sunny se les subieron los colores cuando Val mostró el postre del que hablaba. Claro, Rose debió preverlo: esas dos destacaban en la asignatura juntas, como si estuvieran dotadas para ello. Lo que era bueno, podían hacer equipo y crear cosas verdaderamente sabrosas.

—¿Haciendo más siguiendo la receta igual a Macmillan y Wilson? —insinuó Kleiber.

No se veía muy contenta de que la estuvieran superando personas como Amy y Sunny. Rose, al oír cómo la profesora Hagrid le concedía parte de la razón y esperaba alguna otra idea, supo el motivo exacto por el que Paula no la soportaba: era algo más bien instintivo, pues su amiga era en esencia, una Ravenclaw más auténtica que Kleiber.

—Hay que multiplicarlo —sentenció Archibald Patterson en ese instante.

Esa respuesta, para regocijo de los Hufflepuff's presentes, aportó diez puntos a su casa.

La clase terminó con una alabanza de la profesora sobre cuánto habían progresado y una carrera al Gran Comedor, donde aparecerían de un momento a otro los últimos alimentos del día.

—¡Al fin la cena! —Rose se sentó a la mesa de Gryffindor con una sonrisa cansada —No sé ustedes, pero este día ha sido eterno.

—Es raro que tú lo digas, siendo tu cumpleaños —observó Henry, bebiendo jugo de calabaza.

—¿Y eso por qué, señor sabelotodo?

—Digamos que estás más tranquila de lo usual.

—¿Eso qué significa?^

—¡No, por favor, no comiencen! —rogaron Hally y Procyon por lo bajo.

—Significa que algo te mantiene más calmada de lo usual… ¿Las tarjetas de los chicos, quizá?

Rose lo miró fijamente, con una ceja arqueada y expresión de contemplar algo poco interesante.

—Ser deseable no me tranquiliza, Henry —apuntó la pelirroja, para sorpresa del castaño y Procyon —Lo que me calma es crecer. Cuando sepas la diferencia, reaccionas y me hablas.

Si alguien hubiera llamado a Henry y Procyon en ese momento, no habrían obtenido la menor atención. Rose, que siguió con su pastel de carne como si nada pasara, meneó la cabeza ante la imagen de los dos chicos, conteniendo una risita. Era divertidísimo que, pese a todo lo que creía saber Henry y lo inteligente que mostraba ser Procyon, les hubiera ganado un asalto.

Si bien se lo había comentado su madre el verano pasado: no importaba cómo fuera una chica, al final siempre lograba madurar antes de lo que cualquiera espera.

El problema para la alegre hija de Ron Weasley era que no estaba segura de querer madurar.

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23 de mayo de 2020

Norte de Escocia.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Las gradas del estadio estaban llenas en sus dos terceras partes de rojo y dorado. Era evidente quién era el favorito para ganar la Copa de Quidditch.

—Bien, damas y caballeros, ¡bienvenidos al partido final de la temporada! —proclamaba Erica Radcliffe con su megáfono mágico, color amarillo —¡Gryffindor contra Ravenclaw! Las apuestas favorecen a la casa de los leones cinco a uno, lo que no me sorprende…

—¡Señorita Radcliffe!

—Lo siento, profesora McGonagall.

—Y aquí viene la escuadra de Gryffindor, que es una de las mejores que se ha visto en años —anunció Thomas con un megáfono verde y una gran sonrisa —¡Dean Longbottom! ¡Odette Wood! ¡Alan Copperfield! ¡Procyon Black! ¡Henry Graham! ¡Rosaline Weasley! Y… ¡Hally Potter!

Los jugadores fueron zumbando por el cielo en cuanto eran nombrados, lo que le valió a Hally vivas y aplausos, aparte de un coro ahogado de ¡la futura Corner!

—Qué idiotas —farfulló Rose cuando estuvo lo suficientemente cerca de Procyon para que la oyera —Es decir, ¿apenas van a cumplir un año y ya los están casando?

—Qué más da —Procyon se encogió de hombros y fue a tomar su posición.

—¡Y aquí tenemos al equipo de Ravenclaw, señoras y señores! ¡Mariah Fitzgerald! ¡Melvin Corner! ¡Paula Hagen! ¡Christian Chambers! ¡Raven Boot! ¡Wilbur Orville! Y… ¡Ryo Mao!

También el equipo de túnicas azules recibió su tanda de aplausos, aunque no sonó tan fuerte. En tanto, había secciones de familiares que discutían sobre quién podría ganar el partido y claro, no faltaban adultos que se ponían a recordar su época de estudiante.

—Quisiera que ganara Ravenclaw.

El comentario, hecho por un hombre rubio de túnica azul marino, complexión atlética y ojos verdes, desconcertó a la mayoría de los que ocupaban esa grada. Algunas mujeres no le quitaban la vista de encima porque era muy atractivo, pero en cambio los varones…

—¿No es usted Rudolph Bannister? —inquirió un mago castaño y de barba corta.

—Sí, soy yo. ¿Qué se le ofrece?

—¿Por qué viene a sentarse a una grada llena de ex-Gryffindor's?

Bannister arqueó una ceja, indiferente, hasta que la persona a su derecha le sujetó un brazo en actitud cariñosa y sonrió a los demás de manera conciliadora.

—Rudolph estuvo en Ravenclaw cuando vino a Hogwarts, pero como yo fui de Gryffindor, le pedí sentarnos aquí. Mi prima está jugando.

Y la persona, una pelirroja de ojos oscuros ataviada con una túnica rojo cereza, señaló con una mano hacia donde se colocaba la guardiana de Gryffindor.

—¿Pariente de Weasley, eh? —otro mago, de cabello negro, sonrió aduladoramente —Dígame, señorita, después del partido, ¿no quiere pasar a Las Tres Escobas a tomar algo?

—Rudolph, ¿quieres ir a Las Tres Escobas a tomar algo?

El mago de cabello negro estaba por protestar pero entonces un rubio a su izquierda, que al parecer era su amigo, le dio un codazo.

—-¿No lees las noticias? —siseó el rubio —Si esa chica es una Weasley y viene con Bannister, debe ser su prometida. Lo anunciaron a principios del mes.

El de cabello negro tragó en seco y ya no miró a la pareja para nada.

En ese momento los suplentes de ambos equipos habían terminado de ser anunciados y el profesor Krum dio el silbatazo inicial. La quaffle fue puesta en el aire y con increíble agilidad, Alan Copperfield la atrapó, pasándosela a Odette Wood entre varios alaridos de apoyo provenientes de las gradas. Sobra decir que Agatha Copperfield y Nerie Longbottom eran las más entusiastas.

—¡Y Wood tiene la quaffle, volando entre Chambers y Corner! —narró una entusiasta Erica —¡Se la pasa a Longbottom! ¡Ahora la tiene Copperfield! ¡No, eso estuvo cerca! Boot acaba de mandar una bludger a toda potencia, ¿cómo tiene tanta fuerza esa chica?

Los aficionados de Ravenclaw le dedicaron abucheos a esa frase, aunque debían darle algo de razón: Boot, a simple vista, no tenía el físico de una persona con madera de golpeadora.

—Y aquí tenemos muestra de que los libros no deben juzgarse por su cubierta —alegó Thomas cuando Orville se confió y dejó que Wood se acercara a los aros —¡Anotación de Gryffindor!

Los partidarios del equipo de los leones rompieron en ovaciones, en tanto el juego continuaba. Y aunque los profesores no lo admitieran, la combinación de comentaristas era muy acertada, ya que si había personas alegres de dar pormenores de lo que sucedía en lo alto, eran Erica y Thomas.

—La pelota está en posesión de Corner… ¿Qué le verá él a Potter? —la inocente pregunta de Erica trajo algunas risas de las tribunas —¡Ya, como sea! —añadió, al notar la furibunda mirada de Thomas —Corner le manda la quaffle a Fitzgerald, que se la pasa a Hagen, quien se cuela entre Longbottom y Copperfield para lanzar un pase a Corner, él tira…

Un lamento resonó de las gradas con azul y bronce, mientras que los partidarios de Gryffindor le aplaudían a rabiar a su guardiana. En verdad Rose se había lucido con una media vuelta rápida para detener el disparo de Corner al aro a su derecha… con la cola de la escoba. La pelirroja, al hacer eso, había mandado la quaffle lo más cerca posible de donde se veían su primo y Odette, sin preocuparse por acertar. Había practicado esa maniobra hasta el cansancio en los entrenamientos y además, le encantó el efecto que tuvo en el público.

—¡Madre Santa! ¿Quién es esa niña y qué le hicieron a mi Rosaline? —exclamó Ron Weasley, sentado dos filas por detrás de su sobrina Allie.

—Es Rose, Ronald —aseguró la señora Luna tranquilamente.

—Los hijos sueles superar a los padres —comentó el señor Potter, cubriéndose la mayoría del rostro con el ala de un sombrero marrón. Casi no usaba sombreros de magos, pero en esa ocasión se hizo indispensable, tanto por los rayos solares como por posibles miradas indiscretas.

—Sí, claro —Ron Weasley no parecía muy convencido. No porque desconfiara de la habilidad de su hija, pero le parecía un gran progreso en poco tiempo.

—¡Ahora la quaffle la lleva Fitzgerald! Va zumbando esta chica, lástima que es su último curso —unos cuantos estuvieron de acuerdo con las palabras de Thomas —¡Pasó la pelota a Corner! Él se ha escapado por poco de una bludger de Henry… ¡eh, amigo mío, apunta bien!

—¡Elliott!

—Lo siento, profesora McGonagall.

Unas cuantas risas aligeraron el ambiente, que después se puso tenso al ver a dos personas descendiendo a toda velocidad hacia un punto dentro del área de Ravenclaw.

—¡Los buscadores van tras la snitch! —anunció Erica por todo lo alto, causando una ahogada exclamación del público —Mao lleva la delantera, pero sabemos que Potter es más rápida…

—¿Sabemos? Se nota que miras los entrenamientos de Gryffindor, Erica. ¿Por qué será?

—¡Elliott! ¿Eso a ti qué te importa?

Que los comentaristas en turno no discutieran había sido demasiado bueno para ser cierto.

—Me importa porque Hally y Ryo son mis amigos. Pero como en quidditch no pueden ganar los dos, mejor no tomo partido. Aunque si de crítica neutral se trata…

—¡Ay, ya basta, Elliott! Como si supieras mucho de quidditch…

—Ah, claro que sé. He leído cuanto libro encuentro del tema y también fui a los Mundiales, por lo que puedo decirte que ese Amago que Hally acaba de hacer se lo vi a Stefka Krum.

—¿Qué cosa?

La joven de Hufflepuff se giró al campo enseguida, consternada por haberse perdido una de las jugadas. Efectivamente, Hally Potter se estaba elevando con un movimiento de espiral fino y bien ejecutado, en tanto Ryo Mao, salvándose por poco de estrellarse contra el césped, mostraba claros signos de enfado. Erica maldijo por lo bajo y siguió narrando, ahora sin desviar los ojos de los jugadores, por más que hubiera querido seguir a Dean cada vez que tenía la quaffle.

—Thomas es único —rió Danielle, después de calmar a Amy por el reciente truco de Hally.

El partido era una extraña combinación de sorpresas y alegría; jugadores y espectadores lo estaban disfrutando sin ganas de que terminara pronto. Pronto el marcador estuvo a favor del equipo escarlata ochenta a cuarenta, lo que, haciendo cuentas, aún no era suficiente para declarar ganadores de la copa. Más cuando la snitch debía ser atrapada por dos de los mejores buscadores que se habían visto en mucho tiempo.

—¿Qué te parece, eh? —Sun Mei Weasley-Mao observaba con ojo crítico cómo los cazadores de Ravenclaw buscaban un hueco entre los golpeadores de Gryffindor para anotar otro tanto.

El esposo de ella, John Weasley, sonrió con cierto aire orgulloso.

—No sé… Con Dean de capitán, las estrategias son más precisas, pero los de Ravenclaw se caracterizan por su habilidad de pensar rápido y bien. Ya veremos.

Sun Mei sonrió, convencida de que John no había querido declararse abiertamente del lado de su antigua casa y sus primos por respeto a ella. Aunque debía admitir que estaba en una posición similar, al ser profesora de Hogwarts y callarse ciertos gritos de ánimo para su hermano.

Minutos después, estando el marcador cien a setenta y cuando varios en las gradas se agotaron de tanto gritar y aplaudir, un chillido de emoción de Erica les dio nuevas fuerzas. Hally y Ryo se lanzaron hacia la snitch, que zigzagueaba cerca de la base de los aros de gol de Gryffindor.

—¿Qué, pretendes ganarme, Hally? —soltó Ryo por encima del ruido de la multitud.

Pero ella no le contestó. A juzgar por su expresión, tenía la mente fija en conseguir su objetivo.

—Con que ésas tenemos… —musitó el Ravenclaw.

Ambos inclinaron los cuerpos hacia adelante, aún volando en picada. Esta vez no se trataba de ningún truco, dado que un destello dorado frente a sus ojos los llamaba. La pelota alada hizo un quiebre extraño, hacia la derecha, cosa que hizo a Ryo maldecir por lo bajo.

Era como si la snitch quisiera darles la victoria a los leones.

Hally, al ver ese desvío sonrió ampliamente y no lo desaprovechó. Sólo tuvo que estirar el brazo al máximo, abrir la mano izquierda y cerrarla fuertemente en cuanto rozó la esfera dorada con las yemas de los dedos. Se sentía tan bien que no pudo evitar alzar el puño en alto, con una amplia sonrisa en el rostro… y dándole un puñetazo a Ryo en el proceso.

—¡Grifos, Hally, ya ganaste, no quieras sacarme del juego ahora! —se quejó el moreno.

—¡Lo siento, lo siento! —Hally se dirigió a él con preocupación —¡No fue mi intención!

—Ya lo sé, pero eso no evita que me duela.

—¡Bien hecho, amiga mía! —Rose fue la primera del equipo de Gryffindor en ir a abrazar a Hally —¿Y a ti qué te pasó? —le preguntó a un Ryo con la mejilla enrojecida.

El muchacho estaba por replicar cuando el resto del equipo escarlata se reunió a celebrar con su buscadora, en tanto Thomas y Erica anunciaban la victoria de Gryffindor por sus megáfonos. Se olvidó un poco de su frustración cuando Paula se colocó a su lado.

—¿Entonces no lo imaginé? —dijo ella, arqueando una ceja —¿Hally te dio un golpe con la snitch aún en la mano?

—¿Tú qué crees? —ironizó Ryo, haciendo una mueca de dolor.

—¿Vamos a la enfermería?

—No, no me moriré por esto. ¡Gigantes! No sabía que una chica tuviera tanta fuerza.

Paula le dedicó un mohín ofendido, pero Ryo sonrió alegremente y le indicó con un gesto que se reunieran con el resto de su equipo.

La rubia en seriono sabía si molestarse con las palabras de él o con su aparente despiste. Pero eso lo averiguaría con el tiempo.

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—¡Rose! ¡Eh, Rose!

La pelirroja se giró en cuanto salió de los vestuarios, adelantándose a su equipo. Al divisar a quien le hablaba, sonrió de manera amplia y corrió a darle a esa persona un fuerte abrazo.

—¡Allie! ¡Pensé que estarías en Londres por lo de tu boda!

Rose no pudo evitar un vago sentimiento de tranquilidad al estar con su prima. Allie era una chica que transmitía paz con el más mínimo gesto y la época que había vivido con ella era una de las mejores. Siempre supo que era por ella y Sam que pudo pasar unos meses con su tío Charlie quien, entre otras cosas, le había enseñado a volar.

—¡Cómo crees! Esa ciudad no sirve para eso. Rudolph y yo pedimos prestada La Madriguera.

—¿La Madriguera?

—Ajá. Necesitábamos un sitio donde albergar a toda la gente que asistirá. Ya te imaginarás cuántos Weasley, Bannister, amigos y no tan amigos andarán por allí…

—¿No tan… amigos?

—Creo que se refiere a algunas personas que tuvimos que invitar.

Rose desvió la vista hacia la izquierda, sin liberar a su prima del abrazo. El hombre que vio en ese momento, rubio y de ojos verdes, era bastante guapo. Además, de él emanaba una sensación de sabiduría y calma muy agradable.

—Mucho gusto, Rosaline —el rubio le tendió una diestra grande y ancha —Rudolph Bannister.

La chica estrechó esa mano con ganas, sonriendo poco a poco al darse cuenta que el prometido de su prima era una persona amable y pacífica, ideal para ella.

—En realidad hemos venido acompañando a tío Ron —admitió Allie en ese momento —Va a pedir permiso para que salgas mañana del colegio. También pedirá permisos para Dean y Nerie.

—¿Permisos?

—Para la boda. Queremos que esté toda la familia.

—¿En serio iremos a la boda? —intervino en ese instante Dean Longbottom, que con el resto del equipo de Gryffindor, había salido de los vestuarios —Pues nos encantaría. ¿Pero por qué no vinieron mis padres a…?

—Es una larga historia y prefieren contártela en persona —Allie adoptó una expresión seria que no le era común, igual que cortar frases ajenas —De hecho, habrá una… reunión al respecto.

—¿Reunión? —Dean arqueó una ceja, suspicaz.

—Sí, pero te explicarán la mayoría de los detalles mañana. Por lo pronto, vamos al castillo y por favor, Rose, tienes que contarme cómo hiciste ese giro para parar la quaffle con la escoba. A Rudolph le interesa saber.

El hombre rubio sonrió levemente, con gentileza, lo que sonrojó a Rose en extremo.

No es que viniera a cuento, pero de pronto Rudolph Bannister no solamente le parecía uno de los mejores guardianes de la liga inglesa de quidditch.

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24 de mayo de 2020.

Cercanías de Ottery St. Catchpole.

La Madriguera.

El amplio jardín de La Madriguera había sido limpiado y arreglado a conciencia, en espera de colocar lo necesario para otro enlace matrimonial de un miembro de la familia Weasley. Los magos y elfos domésticos encargados de la organización deambulaban por todas partes, pero para un ojo bien entrenado, simplemente era el ajetreo de costumbre para un evento así.

—¿Dónde está la estilista? ¿¡Dónde está la estilista!?

Algunos de los invitados que ya habían llegado se quedaron de piedra con semejante grito. Más cuando una joven de cabello rojo y rizado, vistiendo una túnica azul platinado, pasó corriendo hacia el interior de La Madriguera procurando no tropezar con sus tacones negros.

—¿Cómo es posible que tía Sophie grite así? —masculló la pelirroja.

Los que conocían a los Weasley se quedaron desconcertados. ¿Acaso se refería a la señora de Charlie Weasley? ¿Ella había lanzado semejante alarido?

—¡Penny, por última vez! ¡Busca a la estilista que se hace tarde!

La chica de cabello rizado salió de la casa otra vez, con varita en mano y expresión fúnebre.

Nadie quiso ir a averiguar si de verdad Sophie Weasley estaba tan histérica.

No era para menos. En cuanto a personalidad, la señora Sophie era serena y práctica; muchos decían que sus hijos se le parecían en eso. Sin embargo, bastaba con que una cosa no saliera bien en algo que hubiera planeado para alterarle los nervios. De no ser porque su marido se había hecho cargo de la instalación de la carpa del jardín y del banquete, ahora estaría peor.

—Madre, por favor —pedía Allie, sonriendo nerviosamente. Llevaba puesta una túnica vieja color verde olivo sobre el vestido de novia, pues no quería mancharlo —Cálmate. Si la estilista no llega, hacemos el trabajo nosotras y fin del asunto.

—Pero hija…

—Permiso —Penny Weasley, sonrojada con la carrera que había dado, entró a la habitación donde Allie se arreglaba —Tía Sophie, ya fui al punto de aparición y solamente me topé con unos cuantos invitados —la mujer estaba por soltar improperios cuando Penny continuó —Y me traje a una de las amigas de Frida a que nos ayude.

Acto seguido, Penny asomó la cabeza fuera de la habitación y llamó.

—¡Eh, Mindy! ¡Puedes pasar!

Una chica de cabello castaño dorado y una original túnica de gala azul cobalto con algunos desgarrones y cadenas colgando en su costado izquierdo entró, esbozando una radiante sonrisa.

—Buenas tardes, me comenta Penny que están atrasadas, así que espero ser de utilidad.

—¡Por supuesto! —la señora Sophie no se lo pensó dos veces —Me retiro para dejarte trabajar, Mindy. Veré si Charlie y Sam no tienen problemas.

A continuación, la mujer salió como vendaval, lo que arrancó suspiros de alivios de las dos primas presentes y una ceja arqueada de la joven Whitehead.

En tanto, las cosas iban mejor en el jardín. La Cucharilla Dorada había enviado a sus mejores empleados al tratarse de la boda de un famoso jugador de quidditch, en tanto Charlie Weasley y su hijo Sam supervisaban que bajo la carpa todo estuviera perfectamente colocado. Ambos vestían túnicas de gala negras; el padre llevaba una corbata negra y el hijo, una verde botella.

—Charlie, ¿todo bien por aquí? —quiso saber su mujer, alisándose la túnica verde esmeralda que llevaba, combinada con un elegante sombrero.

—Por supuesto. Estábamos por terminar. Sam, ve a ver cómo van las damas de honor.

El muchacho aceptó la encomienda con una sonrisa, cosa que sus padres no tardaron en notar.

—¿La chica Krum pudo venir? —inquirió la señora Sophie con cierta ironía.

—¿Tú qué crees?

El matrimonio rió un poco antes de seguir con los preparativos.

Los invitados seguían llegando, casi todos apareciéndose en una colina cercana al pueblo. Se suponía que el matrimonio Longbottom era el encargado de guiarlos hacia la antigua casa de los Weasley, pero debido a un imprevisto, les encomendaron la tarea a sus hijos. Nerie se divertía con el aspecto variopinto de los magos y brujas que llegaban, aunque Dean se cansaba al conducir el viejo auto muggle de su madre hacia La Madriguera repleto de gente.

—¿Por qué tenemos que llegar al lugar de la boda en este armatoste? —se quejó una castaña.

Dean y Nerie, en los asientos delanteros del coche, hicieron muecas de disgusto, pero no se quejaron. Habían reconocido a la bruja, de gesto altanero y túnica color rosa pálido, y no querían molestar a Rudolph Bannister con esas nimiedades.

—Es entretenido —declaró un mago castaño de túnica marrón cuya cabeza se inclinaba para no dar con el techo del auto —Según sé, la boda es en una casa de los Weasley, ¿qué tiene de malo?

—Nada, nada.

Al llegar a terrenos de La Madriguera, los hermanos Longbottom bajaron del auto y abrieron las portezuelas de los pasajeros, dedicándoles una educada sonrisa. En ese viaje habían llevado a cinco personas, cosa imposible a ojos de los muggles, pero no para una bruja habilidosa como la señora Longbottom, que había aprendido algunos trucos de su padre.

—Muchas gracias, primo —señaló Ángel Weasley, acercándose en ese momento, luciendo la misma túnica de gala que había usado en la boda de su gemela —¿Algún problema para llegar?

—Ninguno, ninguno —otro joven castaño, increíblemente guapo, ataviado con una túnica azul marino —De hecho, fue interesante.

—Los muggles se habrían sorprendido de vernos salir a todos del auto, es un modelo compacto —comentó risueño un muchacho delgado de cabello negro y túnica rojo oscuro.

—Ya, como sea, ¿a dónde tenemos que ir? —indagó la castaña de túnica rosada.

Dean miró a su primo de tal forma, que éste supo que debía llevar a esas personas a sus lugares.

—Síganme todos, la ceremonia comenzará dentro de poco —pidió Ángel con una sonrisa.

Los cinco invitados, completados con una joven de corto cabello rubio y porte elegante de túnica color aguamarina, fueron tras Ángel hacia la carpa blanca en los jardines.

—¿Todas las jugadoras de quidditch famosas son así? —soltó Nerie sin poder evitarlo.

Dean negó con la cabeza.

—La novia de Sam es mucho más famosa y no se comporta así —observó.

Nerie asintió ante las palabras de su hermano antes que ambos abordaran de nueva cuenta el vehículo y regresaran al punto de aparición. Según su copia de la lista de invitados, todavía había magos que no habían llegado.

Y esperaban que no fueran astros del quidditch tan pedantes como Fiona Connery.

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La ceremonia comenzó sin nada qué lamentar, y la entrada de la novia a la carpa del brazo de su padre borró cualquier sentimiento de incomodidad. Las damas de honor y sus acompañantes, lo mismo que los padrinos, ocuparon sus lugares antes, gratamente impresionados con el aspecto que ofrecía Bannister con una brillante túnica color verde oscuro, con una rosa roja prendida en el pecho y que era idéntica a las del ramo de la novia.

—No sé cómo me metiste en esto —musitó en español, con un humor excelente, un hombre moreno de túnica negra con botones dorados: era el acompañante de Penny —Aunque me halaga que me invitaras, pero…

—Vamos, no es para tanto —alegó Penny en un cuchicheo—Ahora, silencio.

El moreno obedeció y prestó atención.

—Yo, Allyson Sophie, te entrego esta argolla como símbolo de mi amor. Y prometo estar contigo en todo lo bueno y en todo lo malo hasta que la muerte nos separe.

—Yo, Rudolph Wilfred, te entrego esta argolla como símbolo de mi amor. Y prometo estar contigo en todo lo bueno y en todo lo malo hasta que la muerte nos separe.

La actuación de los padrinos (Penny Weasley y Chris Connery) fue impecable, aunque Fiona se veía molesta (el rumor entre los Chudley Cannons era que había deseado el papel de madrina). Al concluir, unos cuantos movimientos de varita organizaron el sitio en una pista de baile rodeada de mesas redondas y los invitados se dividieron entre felicitar a los recién casados y ubicarse en una mesa, en espera de que se iniciara el primer baile.

—¿Qué pasa con tu tía, Frida? —comentó Mindy al sentarse a una de las redondas mesas, yendo del brazo de Jason Bradley —Da miedo cuando se pone nerviosa.

—Eso ya lo sabemos —rió Frida, acomodando a uno de sus gemelos en una silla alta que había conjurado minutos antes. Patrick, a su derecha, hacía lo mismo con su otro hijo —Lo que me preocupa es que la estilista no haya llegado. Era una amiga de tía Sophie, no creo que…

—¿De qué hablan? —se interesó Gina, que tras felicitar a Allie, tomó asiento en compañía de William Bluepool y sus hijos —¡Hola, Mindy, Jason!

Frida puso al corriente a Gina, en tanto Jason se acercaba a su ahijado, en brazos de William.

—¿La señora Baker no llegó? —se extrañó Gina.

—Eso me dijo Penny. Por eso Mindy tuvo que ayudar a Allie.

—Bueno, algún contratiempo debió tener y no pudo mandar una lechuza.

Frida asintió, no muy convencida.

Pronto la fiesta se animó bastante. Los Bannister resultaron ser personas con buen sentido del humor que enseguida congeniaron con los Weasley y demás invitados. Las excepciones fueron pocas, como el carácter irascible de Fiona Connery o el mal humor de uno de los parientes de Rudolph, pero por lo demás, la gente estaba encantada. Dean estaba charlando con Sam en tanto Nerie correteaba por allí con Benny Copperfield cuando un llamado de su madre lo distrajo.

—Hijo, ¿puedes venir un momento?

El pelirrojo asintió, prometiéndole a Sam seguir con su plática después. Siguió a la señora Longbottom hasta el interior de la casa, donde tuvieron que cruzar una cocina atestada de elfos domésticos y magos de La Cucharilla Dorada antes de llegar al pequeño estudio que en el pasado había pertenecido al abuelo Arthur. Allí, de pie frente a un estante lleno de libros, se hallaba un hombre de cara redonda, túnica negra y corbata a rayas.

—Ah, gracias, Ginny —Neville Longbottom tomó asiento tras el escritorio, en tanto su mujer lo hacía en un sillón junto a la única ventana de la habitación —Siéntate, Dean.

El muchacho obedeció, ocupando una de las sillas delante del escritorio.

—Nos llegó tu carta después de la orientación académica —comenzó el señor Longbottom.

Dean arqueó una ceja.

—¿Hay algún problema con eso, papá?

—No, en absoluto. De hecho, nos alegra que sigas tu vocación. El asunto que tenemos que tratar es otro —el matrimonio Longbottom se miró por un segundo —Sabes que hay rumores de guerra, ¿cierto, Dean?

—Sí, lo sé. Con la remesa de alumnos extranjeros que entraron a primero…

—Varias de esas familias pidieron licencias temporales para vivir en el país en cuanto Merkel firmó la rendición —Dean, acordándose que Merkel era el apellido del ministro de magia alemán, asintió en señal de comprensión —En el departamento estuvimos saturados concediéndolas. Y poco a poco, van llegando refugiados de sitios donde el Terror Rubio atacó, esperando salvarse.

—¿Salvarse de qué?

—Es evidente que el Terror Rubio no quiere vivos a quienes puedan oponérsele. Y magos arrancados de sus familias y sus hogares por sus ataques son un buen ejemplo. Sólo piénsalo, hijo, si atacaran nuestra casa y te obligara a escapar, dejándonos atrás, ¿no querrías vengarte?

Ante esas palabras, Dean asintió de mala gana. No era partidario de las disputas, pero le daba la razón a su padre en cuanto a su posible reacción.

—Varios de esos magos aceptaron a darnos información sobre la forma de operar del Terror Rubio, a cambio de las licencias. Hubo quienes no lo consideraron un trato justo, y estamos entre ellos —añadió el señor Longbottom ante la cara de su hijo —Yo era de la opinión de dar las licencias por el simple hecho de haber logrado dejar al Terror Rubio atrás, sin unírsele, pero como te habrás dado cuenta por las noticias, no me escucharon. Ahora lo que nos preocupa es, además de la seguridad de los nuestros, la de los muggles que colaboran con nosotros.

—¿Los muggles que…? —Dean titubeó, sospechando a dónde quería llegar su padre.

—Actualmente hay varios muggles que colaboran con el mundo mágico, ya sea por petición del Ministerio o por ser parientes de magos —intervino en eso la señora Longbottom, haciendo que su hijo se torciera un poco a la izquierda para mirarla —Debes saber de algunos, como la empresa de la familia de tu novia —Dean hizo una mueca —Y hay más organizaciones muggles como ésa, que tienen conexiones con instituciones mágicas y hemos empezado a ponernos en contacto con ellos.

—¿Ponerse en contacto?

—Te hemos hablado de las dos guerras, ¿cierto? —indicó el señor Longbottom, a sabiendas de que su hijo contestaría de forma afirmativa —En ambas, el ministerio se distinguió por su política de aparentar bienestar y no hacer gran cosa para detener a los mortífagos, cosa que varias veces pagó caro —el señor Longbottom tragó saliva pesadamente —Y había una sociedad secreta que…

—¿Eso qué tiene que ver conmigo? —inquirió Dean educadamente.

—Con la guerra que el Terror Rubio quiere comenzar, necesitamos organizarnos en caso de que el Ministerio no tome las medidas pertinentes, cosa que es probable que suceda. Como ya eres mayor de edad, queremos invitarte a tomar parte y…

—Espera, papá, ¿estás hablando en serio? ¿Yo, participar en… una especie de resistencia?

El joven miró alternativamente a su madre y a su padre, en espera de que revelaran que eso era una broma, pero tras examinar brevemente sus expresiones, llegó a la conclusión de que no era así.

—Nosotros mismos llegamos a hacerlo cuando se dio la segunda guerra —apuntó la señora Longbottom con suavidad —No corrimos tantos riesgos como otros, pero ayudamos en todo lo que pudimos para que la gente no se rindiera. Y eso queremos ahora: animar a las personas a no tomar el camino equivocado sólo por encontrarlo más fácil.

Al terminar, la señora Longbottom se quedó mirando a Dean, en espera de su respuesta. Tanto ella como su marido estaban conscientes de tener un hijo con un desarrollado intelecto y ecuánime personalidad. Cuando era niño, la abuela del señor Longbottom comentó que, a excepción del cabello rojizo, Dean era como Frank; por algo el segundo nombre del chico era el de su abuelo paterno. ¿Habría acertado Augusta creyendo que su bisnieto sería como su hijo y su nieto?

—¿Exactamente qué buscan contactando a las organizaciones muggles que cooperan con el mundo mágico? —preguntó Dean repentinamente, con una pose que sus padres reconocieron enseguida: era la que ponía cuando resolvía una tarea del colegio particularmente difícil —Me imagino que es para ponerlos sobre aviso acerca de lo que Hagen está haciendo, ¿pero para qué otra cosa? Podría ser… Obtener aliados entre los muggles, tal vez. Hacerlos ver la verdad antes que el Ministerio les meta ideas raras en la cabeza.

—Más o menos es la idea —el señor Longbottom sonrió con orgullo, tras oír la deducción de su hijo —Si aprendemos de los errores del pasado y planificamos bien, salvaremos muchas vidas y lograremos defendernos mejor del Terror Rubio, si es que se decide a venir a Reino Unido.

—¿Tienen algo con nombrar a Hagen o…?

—No, no tiene parecido con… Voldemort —interrumpió la señora Longbottom al instante —A diferencia de ese mago tenebroso, el Terror Rubio aún tiene familia con el mismo apellido. Hemos llegado a la conclusión de que no hay que confundir a Hugo Hagen, el Terror Rubio, con los pocos parientes que le quedan, que son refugiados de Reino Unido.

—O sea, que no cortarán a todos los Hagen con la misma tijera.

Dean observó a sus padres asentir.

—Y una cosa más —el señor Longbottom se puso de pie, dando a entender que sería el último punto que tratarían —La mayoría de tus compañeros en Hogwarts también son mayores de edad y además, de familias muggles. Si crees que entre ellos hay alguien de confianza… Invítalo cuando tengamos la primera reunión.

—Allie mencionó una reunión, ¿de qué se trata exactamente?

La señora Longbottom miró a su esposo y éste asintió con la cabeza.

—¿Has oído hablar de la Orden del Fénix, Dean?

El muchacho, sin ocultar su asombro, sólo atinó a dar una cabezada en señal de afirmación.

—Pues de eso tratará. Tomaremos lista tanto de los viejos miembros como de los nuevos.

Al escuchar eso y ver a su padre encaminarse a la puerta del estudio, el joven supo que las cosas de verdad irían en serio. Así pues, volvió a la boda y al menos hasta el día siguiente, que volviera al colegio, trataría de divertirse y ser feliz por su prima y su recién estrenado marido.

Ya habría tiempo para preocuparse por lo que se avecinaba.

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21 de octubre de 2010. 9:40 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

¡Hola, gente! ¿A que no se esperaban otro capi tan pronto? Pues a decir verdad, yo tampoco creí tenerlo para estas fechas, ¡pensé que me tardaría más! Sobre todo porque me estaba saliendo de verdad extraño (y lo hice constar en una nota delFace*, jajajaja).*

Bueno, les comento que este capi salió de forma graciosa. Lo primero que estuvo escrito es la final de la copa de quidditch, ¡en serio! Creí que eso se quedaría como inicio del capi, pero luego revisé el capi anterior y pensé que era un salto temporal muy largo en el fic, por lo que retrocedí unos cuantos días y puse el cumpleaños de Rose. Ahí está la primera de lasperspectivasdel capi, porque casi todo está desde el punto de vista de la pelirroja. ¿Quién la viera tan madura? Vaya, ni que fuera una fruta… Pero lo que piensa es verdad, o eso creo yo: las chicas maduramos más rápido, aunque no digo que ciertos muchachos no lo hagan.

Luego, la final de quidditch. Ya mencioné que fue lo primero del capi que estuvo listo y me disculpo sinceramente con las fans de Ryo por el puñetazo que Hally le da, ¡pero fue sin querer! Fue para ponerle algo chusco al asunto, aparte de que Erica y Thomas sí pelearan al narrar, cuando muchos pensaban que no lo harían. No sé cómo sea el curso que viene con esos dos de comentaristas. O lo correcto sería decir que no sé cómo le voy a hacer para escribir el curso que viene, porque tengo muchas ganas de hacerlo pero no se me ocurre nada de nada. Si alguien tiene ideas, preguntas respecto a la saga (que creen que podrían contestarse en las próximas entregas) o algo parecido, serán bienvenidas.

Y por último, la boda de Allie Weasley y Rudolph Bannister. Si se acuerdan del capiCorrespondencia*, una carta de la chica Weasley daba a entender que su boda sería el siguiente mes y como eso fue en abril, pues aquí lo tienen. Según la visión de Rose, Rudolph está hecho para Allie y yo creo que es cierto (y no lo pienso nomás por ser la autora). El segundo nombre de Bannister, aparte de ser igual al del búho de Danielle (por cierto, ya no ha salido, pobre viejo búho), simboliza algo que yo me sé y tiene que ver con algunas notas que tengo para el futuro de los personajes. Por cierto, Penny llevó acompañante a la boda y éste habla español, ¿quién creen que es? Ah, luego lo sabrán, jajajaja.*

Al menos cerré con broche de oro al hacer que Ginny y Neville invitaran a su hijo a la que será una renacida Orden del Fénix, ¿qué tal? Con la guerra a la vuelta de la esquina, es lo conveniente, y aparte me encantó poner a Neville centrado y decidido, como se empezaba a ver en los últimos libros, ¡ese hombre me cae genial! Ginny también, pero… digamos que lo que hizo la Innombrable en los últimos dos libros no me convenció demasiado. Aún así, es buen personaje y me agrada cómo se comporta como señora de Neville.

Una última cosa. La convocatoria paraEl Ermitañoseguirá en pie al menos hasta el siguiente capi, porque como ya dije, no creí tener el presente tan pronto. Lo curioso es que, revisando mis apuntes, vi que el personaje elegido paraLa Fuerzaes el mismo que yo tenía contemplado, ¿recuerdan? La escogida fueAmy Macmillan*. Y si quieren saber algo, estoy considerando el tema de losArcanos Visionariospara la cuarta entrega, pero dependerá si termino de asignarles personajes antes de acabar conPGMM. Cuento con ustedes.*

Bien, me despido de momento, esperando de verdad que el capi no les haya resultado muy raro. Cuídense mucho, en serio visiten a sus difuntos (quienes celebran eldía de Muertos*) y nos leemos… esperemos que casi tan pronto como esta ocasión.*