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HHP: Primera Guerra Mundial Mágica — capítulo 28
A Luigi, fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.
Veintiocho: Entre espuma.
1 de junio de 2020
Norte de Escocia
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
La final de quidditch había dejado un gran sabor de boca en la mayoría de los estudiantes, que cuando querían descansar un poco las mentes, recordaban lo más memorable de ese juego y sonreían de puro gusto. Pero después de eso, aunque el clima era excelente, el ambiente se sentía más relajado sólo fuera del castillo y alejado de cualquiera que no se ocupara de los exámenes.
Los de tercero, principalmente, estaban aterrados ante la enorme cantidad de datos que tenían que repasar. Por si fuera poco, la aparición de las nuevas optativas hizo necesario hacer más exámenes por día, a excepción del último, que solamente había dos programados y no todos los presentarían. Dependía mucho de los horarios de cada quién.
—¿Qué asignatura creen que deba dejar para el próximo curso? —comentó Thomas sin venir a cuento cuando salió del primer examen, el de Transformaciones.
—¿Disculpa? —se escandalizó Paula, que como todavía no pasaba al aula de Lovecraft, se veía un tanto nerviosa —¿De verdad piensas dejar alguna materia?
—Bueno, es que si el año que viene los exámenes serán así, no quiero repetir la experiencia.
Procyon le dio la razón a su amigo con un movimiento afirmativo de cabeza. Incluso él, que no solía estudiar demasiado, se había visto arrastrado con sus amigos a la biblioteca la semana precedente para releer apuntes hasta el cansancio.
—Tal vez deberías dejar Estudios Muggles, que a fin de cuentas, no la necesitas —se decidió a opinar Hally, conteniendo una risita al ver cómo Giselle Olsen paseaba de un lado para otro murmurando cosas ininteligibles —Eso te aligeraría los horarios.
—Cierto, pero Estudios Muggles es pan comido comparada con otras materias.
—Para ti, quizá —renegó Rose, alzando la vista brevemente de sus apuntes para decir aquello.
Daba la casualidad de que Estudios Muggles era el último examen de ese día.
—¡Finnigan, Cecil! —llamó entonces el profesor Lovecraft desde la puerta del aula, dejando salir a Joan Finch-Fletchley, quien tenía un gesto sombrío en el rostro.
Después de eso, los que quedaban mejor guardaron silencio y se concentraron en recordar cualquier cosa que les sirviera para convertir un caldero en un dragón de Komodo.
A la hora del almuerzo, varios de tercero querían comer hasta reventar (y quizá echarle un último vistazo a sus libros antes del siguiente examen, que era el de Encantamientos), pero tuvieron que esperar un poco a que se reorganizara el Gran Comedor, pues los alumnos de quinto aún estaban realizando la parte teórica de su primer TIMO. Ese año, tanto esos exámenes como los ÉXTASIS y los del resto del colegio habían iniciado al mismo tiempo, aunque los de quinto y séptimo concluirían hasta la semana siguiente, como pudo enterarse Rose por medio de su prima, quien confesó haber leído a escondidas el horario de su hermano.
—Ya ves que ha andado muy raro desde la boda de Allie —apuntó Nerie, bebiendo de un trago la mitad del jugo de calabaza de su copa, en tanto los mellizos Copperfield, a su lado, repasaban para su propio examen de Transformaciones preguntándose mutuamente la lección.
—Seguro es por los ÉXTASIS —la calmó Rose, llevándose a la boca un trozo de salchicha frita.
—Ojalá.
Enseguida, la pequeña Longbottom fue ligeramente presionada por sus amigos para repasar con ellos y la mesa de Gryffindor, como el resto, se sumió en una especie de silencio tenso roto únicamente por el sonido de los cubiertos y el movimiento de hojas de pergamino.
Tras el almuerzo, los de tercero se dirigieron al aula de la profesora Nicté, esforzándose por mantener la mente en el montón de conjuros que habían aprendido ese curso. Los llamaban de dos en dos y pronto supieron la razón: había que hacer una demostración del hechizo rastreador para luego, ejecutar encantamientos estimulantes. Amy apenas salió bien librada, porque por los nervios, Vivian Malcolm estuvo a punto de ponerla histérica con su encantamiento estimulante. Por otra parte, Matthew Kent realizó el hechizo rastreador de manera tan brusca que mandó su objeto (su pluma para escribir) a toda velocidad hacia donde estaba escondido Donald Warren, consiguiendo que se le clavara en la pantorrilla.
Se fueron a comer arrastrando los pies, aunque Rose miraba con fingido reproche a Diane Creevey, que la puso a reír por casi diez minutos antes de poder hacer el hechizo rastreador. Hally, por su parte, había hecho pareja con Bridget Fonteyn, quien le dirigía frías miradas al haberla hallado en menos de dos minutos al hechizar un pergamino doblado en forma de avioncito.
—Bien, a repasar para mañana —comentó Henry con cierto alivio, al sentarse a la mesa de Gryffindor. Rose le mandó miradas asesinas —Bueno, yo ya no tengo exámenes hoy.
—Sí, claro.
La pelirroja comió de manera inusualmente callada, aunque tan rápida como siempre. Después de eso, se levantó y se dirigió a la puerta del Gran Comedor cinco minutos antes que sonara la campana, que fue cuando los de tercero que cursaban Estudios Muggles salieron corriendo rumbo al primer piso, a enfrentar lo que resultó una extenuante prueba sobre las necesidades básicas de los muggles ante su falta de magia.
Para la cena, las mesas de las casas estaban llenas de estudiantes con las cabezas pesadas. Los de quinto y séptimo comentaban sobre sus exámenes de Encantamientos, en el cual la mayor parte estaba aliviado, por sentir que lo había hecho bien.
—Nigel, ¿tienes un minuto? —llamó Dean al dejar a un lado el tenedor.
El aludido, con la boca llena de puré de papas, asintió y tomó su copa para beber un sorbo.
—También ustedes, chicas —añadió el pelirrojo, dirigiéndose al Trío Tentación, quienes lo miraron sin entender —Ah, y ustedes, si son tan amables —miró a sus compañeros de dormitorio, los cuales interrogaron a Nigel con los ojos sin obtener más que un encogimiento de hombros.
April Fisher, que se sentaba entre Cillie Lindgren y un chico de sexto, arqueó una ceja.
—¿Qué, hacen un grupo de estudio y no me invitan? —quiso saber.
—Pues no, así que no te entrometas —se apuró a contestar Janice, que intuía de qué se trataba el asunto y sonrió con ironía.
Fisher hizo un mohín y no preguntó más.
Dean, en cuanto terminó su cena, le hizo un gesto a Janice y a Nigel, con lo que supieron que debían seguirlo. Los demás de séptimo a los que había llamado Dean los imitaron poco después.
—Explícales a las chicas —pidió el pelirrojo a su novia cuando iban por los pasillos, rumbo a la torre de Gryffindor —Si hay dudas, se las aclararé más tarde.
Janice asintió y les hizo una seña a Omie, Cillie y Reggie para que se atrasaran unos pasos y comenzar a charlar en voz baja.
—¿De qué se trata todo esto, Dean? —inquirió Stuart Tracy.
—Lleguemos al dormitorio y se los cuento.
Minutos después, cuando cada chico estuvo sentado a los pies de su cama, Dean se quedó de pie en el centro de la habitación y relató, de forma sencilla, la charla con sus padres el día de la boda de su prima. Para cuando terminó, Jerry Burgess, Stuart Tracy y el quinto chico del dormitorio (de cabello negro y ojos verdes), se veían desconcertados, pero para Nigel no parecía una novedad.
—Mis padres hablaron de algo así en Navidad —reveló —Mi madre no vivió tanto la segunda guerra porque en esa época estaba en el extranjero, pero mi padre sí. Es de familia muggle, por favor, ¡tuvo que huir cuando se creó ese estúpida Comisión de Registro de Hijos de Muggles!
—Ni lo digas, mis padres tuvieron que irse a Irlanda —señaló con desgano el de cabello negro y ojos verdes, que respondía al nombre de Kevin O'Higgins —Varios clanes irlandeses se habían unido a Quien-Ustedes-Saben en la primera guerra y cuando se produjo la segunda, no dudaron en retomar sus fechorías. Mi padre es sangre limpia, pero mi madre no, así que ya se imaginarán la que pasaron para estar allá sin que les hicieran algo.
—¿Saben? Ésa si es buena pregunta, ¿para qué querrían los clanes irlandeses unírsele a ese remedo de mago? —se preguntó Nigel en voz baja, reflexivo.
—Eso no interesa —retó Dean a su amigo —Lo que importa es que si Hagen sigue atacando países a diestra y siniestra, ningún lugar será seguro ya. A menos que hagamos algo al respecto.
—Pues conmigo puedes contar —dijo Jerry enseguida —En cuanto nos graduemos comenzaré a ser aprendiz con mi padre y eso puede servirnos de mucho.
Recordando que el señor Burgess trabajaba en El Profeta, Dean asintió aprobatoriamente.
—Pues yo no tendré buenos contactos, pero mi familia es muggle —dejó claro Stuart, haciendo una mueca de concentración —Pienso pedir trabajo en el Ministerio en algún departamento que se relacione con los muggles y así, podría enterarme si empiezan a darse políticas en su contra.
—Eh, podemos ser colegas —sugirió Nigel —Mi padre trabaja en el Comité de Excusas para los Muggles y dice que el Departamento de Accidentes y Catástrofes en el Mundo de la Magia a menudo trata con muggles. Yo pediré trabajo allí con los ÈXTASIS que apruebe, necesito el dinero. No puedo dejarle todo a Mara, que con la joyería y después entrando al Departamento de Misterios, tendrá mucho qué hacer…
—Ah, ¿entonces es oficial? —se interesó Dean, adoptando un semblante severo que los otros chicos relacionaron con días pasados, cuando el pelirrojo y su mejor amigo casi no se hablaban.
—A Mara le costó un poco, pero finalmente su familia aceptó dejarnos la casa. A condición de que nos hiciéramos cargo de la joyería de Londres, claro está.
—Insisto en que deberías quedarte a trabajar con ella, al menos hasta el año que viene, pero allá tú. Si luego pasa algo malo, no vengas a buscarme.
—¡Eres un mal amigo! ¡Justo cuando Mara aceptó hacerte padrino del niño!
—¿¡Qué cosa!?
Tan enfrascados habían estado en su conversación (ya casi parecía discusión), que Dean y Nigel se sorprendieron al escuchar esa exclamación proveniente de sus compañeros.
—¿Entendimos bien? —indagó Jerry, recuperado de la impresión —Nigel, ¿vas a tener un hijo?
—¿Vas a vivir con Kreisky? —añadió Stuart, recordando parte del diálogo de los dos amigos.
—¿Y para cuándo serás papá? —se interesó Kevin, conteniendo la risa.
—Bien, bien, iré por partes —Nigel tomó la situación con humor, haciendo ademanes pomposos como si apaciguara a una multitud —Sí, Jerry, voy a tener un hijo. Sí, Stuart, me voy a vivir con Mara. Y Kevin, Mara hizo algunos cálculos y cree que el bebé nacerá para noviembre. Lo que es curioso, porque el cumpleaños de ella es ese mes.
—¿No se piensan casar? —Dean arqueó una ceja ante la pregunta de Jerry, pensando por primera vez que su compañero ya se comportaba como un auténtico reportero.
—Claro que sí, fue otra de las condiciones que nos puso la familia de Mara. Lo organizaremos todo para el mes que viene.
—Espero que no sea cuando Janice y yo estaremos en La Isla —advirtió Dean, serio.
—¡No faltaba más! Tienen que estar presentes los padrinos.
—Espera, ¿somos los padrinos? ¿Después de cómo te traté? ¿Estás bromeando?
—Pues no. Estabas en tu derecho de enojarte. Más cuando bromeé diciendo que no debimos celebrar San Valentín de esa forma porque…
—Ya, olvídalo —Dean calló a tiempo a su amigo, porque el resto de sus compañeros, con los rostros colorados, ya se hacían una idea de cuándo se había embarazado Mara Kreisky —En ese caso… está bien. Seré el padrino de la boda y también del bebé.
—Genial, porque tengo una pregunta, ¿qué te parece el nombre de Nathaniel? Como Mara está segura de que será un niño, quiere llamarlo así y…
—A mí no me metas en eso. Llámenlo como quieran.
Nigel esbozó una sonrisa radiante, por lo que los demás pensaron que, aunque accidental, su futuro hijo lo hacía sumamente feliz.
—Bien, ¿bajamos a la sala común? —pidió Dean, a quien se le notaba un tanto avergonzado por la reciente propuesta de Nigel —Tal vez las chicas tengan dudas del tema.
—¿Les dijiste? —se sorprendió Jerry.
—Ya lo había conversado con Janice, porque hablará con sus padres y su hermano Roland en cuanto llegue a casa. Ella está poniendo al corriente a Omie, Cillie y Reggie.
—¡Eh, no es justo! —Nigel hizo un puchero bastante gracioso para un joven de su edad, lo que constataron las risas de Kevin y Stuart —¿Yo no le puedo contar a Mara?
—Aunque no le digas nada, se acabará enterando —masculló Dean, sin mucha convicción.
Al pie de la escalera, oyeron el barullo de varios estudiantes que aprovechaban ese momento del día para estudiar un poco para los exámenes del día siguiente. A una de las mesas de trabajo, con varias sillas vacías, Janice y el Trío Tentación los estaban esperando.
—Ya les conté cómo están las cosas —inició Janice en cuanto los chicos tomaron asiento —Las tres están de acuerdo en aceptar la invitación. Y también… Bueno, que ellas te lo expliquen.
—Dean, si no es molestia, quisiéramos que nos ayudaran a proteger a nuestras familias —Omie Walker hablaba con solemnidad, tal como el asunto requería —Son muggles, no quisiéramos que algo les pasara. Además, con nuestras carreras, tendríamos varias oportunidades de hablar con la gente, aunque viajaríamos demasiado.
—¿A qué se dedicarán, chicas? —se interesó cortésmente Kevin.
—Yo conseguí plaza en la Academia Mágica de Moda, Belleza y Diseño de Londres —a Cillie se le veía orgullosa por su logro —Eso de peinar y arreglar a Omie me gustó —rió un poco.
Los otros observaron a la aludida, quien sonrió ampliamente.
—También tengo una plaza allí, junto con unas portadas en las revistas mágicas —anunció Omie con orgullo, para luego mirar a Nigel y explicar —Cillie me ayudó a tomar unas fotografías para enviárselas a tu madre. Participaré en un desfile que tiene el mes que viene en Mónaco.
Nigel, que recordaba parte de la agenda de su madre en el verano, asintió.
—Y yo tengo empleo en El Quisquilloso —concluyó Reggie, quien soltó un suspiro de hartazgo ante las caras sorprendidas de Jerry, Stuart y Kevin —Haré trabajo de campo.
—Sabes lo que opinamos de eso —replicó Cillie en ese momento —Sé que investigar plantas y criaturas mágicas es lo que quieres, pero… ¿Tienes que viajar tanto?
—Por supuesto. De eso se trata el trabajo de campo, so tonta. Pero aún así te quiero.
—Cillie, con las cosas como están, no es conveniente que vayas a viajar sola, ¡y menos al continente! —estalló Omie en voz baja y angustiosa —¿No lo entiendes?
—Claro que lo entiendo. Pero confío en la señora Weasley y me aseguró que antes de viajar, me enseñará lo suficiente como para cuidarme sola.
Reggie confiaba ciegamente en lo que decía, eso sus amigas lo sabían de sobra. Y Dean, que confiaba en su tía Luna, sabía que la rubia mujer jamás mentiría con algo así.
—Tía Luna sabe muchos trucos, ella y tío Ron vivieron la segunda guerra —el pelirrojo se dirigió a Omie y Cillie, para tranquilizarlas —Van a enseñarle bien a Reggie, estoy seguro.
—Dean, sabemos que tus tíos son personas estupendas, ¡pero no confiamos en los extranjeros!
—Priscilla, deberías pensarlo bien…
—¡Tú ni me hables, remedo de Gryffindor!
Los jóvenes movían la cabeza de Cillie a Stuart, como en un partido de tenis, sin comprender a qué se debían las últimas palabras de la pelirroja.
—¿Remedo de Gryffindor? —se atrevió a susurrar Stuart poco después, en tono incrédulo y molesto —¿Remedo de Gryffindor? —repitió, elevando el volumen de su voz y poniéndose de pie —Si eso crees, entonces ¿por qué demonios quisiste salir conmigo?
—Eso yo no me lo sabía —musitó Nigel, inclinándose hacia Dean para que lo oyera.
El joven Longbottom se encogió de hombros.
—Oye, no me salgas con eso, ¡ni siquiera aceptaste! —se defendió Cillie.
—¡Qué esperabas! No iba a ponerme a saltar de gusto por alguna posible broma.
—¡Una posible broma! ¿Me crees capaz de eso? No vuelvo a echarle un Confundus a alguien…
Acto seguido, la chica hizo aspavientos para que la dejaran pasar y cuando Janice y Kevin se apartaron, Cillie salió del círculo de sillas y subió a su dormitorio.
—¿Qué pasó aquí? —indagó Nigel finalmente.
—Déjenla, se le pasará —afirmó Omie, encogiéndose de hombros, gesto imitado por Reggie poco después —Y tú, Tracy, más te vale que lo arregles antes de irnos, que si no…
Tanto la chica negra como la castaña fulminaron a Stuart con la mirada, cosa que él se tomó razonablemente bien: dejó escapar un leve escalofrío y asintió, manso.
Dean, Nigel y Janice se miraron unos a otros, estupefactos.
Esperaban que esas rencillas se resolvieran pronto, para preocuparse de cosas más importantes.
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5 de junio de 2020
Norte de Escocia
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
—¿Qué asignatura creen que deba dejar para el próximo curso?
Esa pregunta hizo que algunos miembros de la Orden del Rayo sintieran que vivían otra vez cierta escena. Aunque ahora quien hablaba era otra persona.
—¿Tú, dejando una de tus materias? —se sorprendió Ryo, mirando a Henry de cabo a rabo.
—¡Se los dije, estos exámenes son crueles! —exclamó Thomas.
Iban rumbo a los jardines tras el desayuno, a su primer examen del día, el de Cuidado de Criaturas Mágicas. Algo de razón tenía Henry soltando esa interrogante y Thomas, de quejarse: al echar un vistazo a los días recientes, los de tercer curso coincidían en que habían sido agotadores.
Tras las pruebas del lunes, el martes había sido extenuante iniciarlo con Historia de la Magia, donde apenas supieron relacionar correctamente nombres con fechas, para luego sufrir lo indecible con Snape y un examen de Pociones que tenía truco por alguna parte (eso alegaba Rose). La mitad de la Orden se marchó después a los jardines para ser atentamente evaluada por el profesor Kukai y se terminó el día (o mejor dicho, se inició el día siguiente) al hacer a media noche el examen de Astronomía, bajo la atenta mirada de la profesora Hunter.
El miércoles, a primera hora, Defensa Contra las Artes Oscuras, para lo que el profesor Lupin combinó un examen escrito con la ejecución de un hechizo al azar. Después del almuerzo, el de Herbología, donde varios se quejaron de terminar rostizados por el sol; al terminar de comer, los que cursaban Runas Antiguas corrieron al aula de la profesora Mathison, pues no querían ser culpables de que el examen (consistente en la traducción de un párrafo distinto para cada alumno) no acabara a tiempo. Al salir, Danielle y Walter oyeron a una quejumbrosa Emily Lancaster sobre que no había traducido cierto símbolo como debía, lo que seguramente la haría reprobar.
Para el jueves, solamente quedaban materias optativas, así que a ratos unos se relajaban mientras otros se comían las uñas debido a la tensión. Ese día el primer examen era el de Arte Mágico, en su aula del ala sur, y realmente fue agradable dedicarse únicamente a copiar la estatua que tenían enfrente mientras la profesora Weasley-Mao los rondaba a paso lento. Luego, quienes tomaban Adivinación estuvieron por mandar al diablo al profesor Cassidy, ya que su examen consistió en un cuestionario acerca de los métodos vistos en el curso y después, uno a uno pasaban con él a usar alguno (Rose casi suelta una palabrota al tener que leerle la mano al profesor). El último de ese día fue para los de Aritmancia, donde Hally comprobó con satisfacción que ser buena en matemáticas muggles ayudaba, ya que sus cálculos fueron de los más rápidos (Bryan fue el único que pudo seguirle el paso).
Por eso el viernes estaban anticipando un descanso que sentían merecerse. Al llegar ante la cabaña del profesor Hagrid, veían muchas cajas vibrando levemente, esperando que no tuvieran algo peligroso. Sin embargo, cuando el profesor les explicó qué harían, casi se fueron de espaldas: las cajas contenían réplicas de las criaturas mágicas estudiadas durante el curso y debían elegir una para después, ir con él y contestar algunas preguntas. Cabe señalar que Brandon, Calloway y Mackenzie fueron de los primero en quejarse por semejante sistema, pero el resto obedeció de inmediato, deseando con todas sus fuerzas sacar una criatura sobre la que pudieran contestar.
—¡Salamandra! Eso me tocó, ¡una salamandra! —declaró Ryo cuando el examen concluyó y el profesor Hagrid los dejó marchar —¿Y a ustedes?
—Me tocó lo mismo —contestó Bryan y Paula lo secundó con un asentimiento de cabeza.
—A mí me tocó un hipogrifo —soltó Thomas con una risita —Y el profesor Hagrid no me dejó quedármelo ni cuando le dije que se parecía a Flashblack.
—A mí también me tocó eso —señaló Henry, y Danielle alzó una mano al oírlo.
—Por lo menos no quisieron sacarles los ojos —masculló Rose antes de aclarar —Me tocó un bowtruckle, ¡parecía uno de verdad! Se enojó sólo porque le rompí un dedo.
Sus amigos comenzaron a reír.
Tras un almuerzo abundante y sabroso, Rose parecía recuperada de su impresión y se dispuso a bajar a las cocinas a su examen de Cocina y Repostería Mágicas. Hally, Procyon y Henry, en tanto, se reunieron con Paula y Thomas para repasar un poco más Alquimia, que sería su último examen. Bryan y Danielle, ya libres de todo, se encontraron en el vestíbulo después de despedirse de ambos grupos y decidieron dar una vuelta por los jardines.
—Vaya, quién lo diría, ¡ya no tenemos exámenes! —exclamó la rubia, estirando los brazos en alto —¿No es genial? Podemos descansar un poco más que el resto.
—Supongo —accedió Bryan, ladeando la cabeza —¿Crees que nos vaya bien?
—¿En los exámenes? ¡Por supuesto! Hemos estudiado como locos sin acordarnos de otra cosa. Como Sunny, que ahora mismo debe estar rompiéndose la cabeza al intentar acordarse de no sé cuántas recetas y hechizos para la comida.
—Pues los otros tampoco lo tienen fácil. Escuché que Alquimia puede ser dura. Archie la lleva y con lo calmado que es, lo he visto desesperarse un poco al hacer las tareas en la sala común.
Danielle, acordándose del pelirrojo de Hufflepuff, no pudo imaginarlo perdiendo la paciencia. En eso estaba cuando iban llegando a orillas del lago y divisó a alguien que no tenía el menor interés en saludar, lo mismo que Bryan, quien preguntó.
—¿No es Zabini?
—Por desgracia —Danielle hizo una mueca, dado que el prefecto no le era simpático —No hay que toparnos con él, es un pedante y…
—Oye, ¿no está Corner con él?
—¿Bromeas? ¿Dónde?
La rubia y el castaño se acercaron unos pasos más y descubrieron que efectivamente, Corner y Zabini estaban manteniendo una conversación, pero no solos: el Slytherin iba con tres amigos y el Ravenclaw, con cuatro. Por sus posturas, era como si fueran a pelear de un momento a otro.
—Como oíste, Corner —decía en ese momento Zabini, con los brazos cruzados —Eres niñero de tu propia novia.
Danielle y Bryan, echándole un vistazo al área, decidieron ocultarse tras unos árboles cercanos al cerezo que habían plantado los de Hoshikino el curso pasado.
—¿Eso a qué viene? —quiso saber el aludido, intentando sonar tranquilo aunque su rostro delatara un profundo fastidio.
—¿Por qué más, si no, saldrías con una chiquilla como Potter? ¿Nada más para que los demás no la consideren deseable cuando termine el curso?
Uno de los amigos de Corner, de cabello castaño oscuro, abandonó su postura imparcial para adelantarse un par de pasos con la varita en alto.
—Repite eso —desafió con voz muy educada, que no parecía concordar con su ánimo.
—Calma, Aramis —le pidió Corner, para acto seguido mirar al frente —Lo que tú creas o dejes de creer me tiene sin cuidado, Zabini. Pero si me entero que tú o uno de tus amigos le hace algo malo a Hally, la pagarán caro.
—¿Qué podrías hacernos tú? —se burló un joven castaño y enclenque del grupo de amigos de Zabini a quien Danielle reconoció como Todd Nott.
—Podemos hacer mucho, si es que son tan estúpidos como para provocarnos —aseguró un chico de cabello esponjado con la corbata de Ravenclaw.
—Y no estamos alardeando —añadió un joven de cortísimo cabello negro y ojos verdes, con una corbata desanudada al cuello a rayas negras y amarillas.
—Bah, no perderemosnuestro tiempo —Zabini desdeñó a Corner y sus amigos consultando su reloj —Tenemos los TIMO'S encima, sería una estupidez pelear ahora y por algo insignificante.
—¿Qué demonios…? —masculló otro de los amigos de Corner, moreno y de espalda ancha.
—Andando, que no querrán una T en sus TIMO'S, ¿o sí, Corner?
El Ravenclaw apretó los puños cuando vio a Corner y sus amigos alejarse, lo que ocasionó que Danielle contuviera un gemido de repugnancia. Bryan vio su cara y le hizo una seña para que se alejaran de allí sin ser vistos.
—¿Qué pasó? —inquirió en cuanto se hallaron bajo el haya que usaban a menudo como sombra en sus reuniones —Danielle, ¿te sientes bien?
—Sí, claro, pero… ¿te fijaste? ¡Blow era uno de los amigos de Zabini!
—¿En serio? —Bryan frunció el ceño, tratando de acordarse de lo recién visto, cuando cayó en la cuenta de ese detalle y otro —¡No puedo creerlo! ¡Y Lancaster estaba de parte de Corner!
—¿Ah, sí? —ahora fue el turno de Danielle de hacer memoria —¡Es cierto! Pues no sé tú, pero para que Blow y Lancaster dejaran de ser amigos, tuvo que pasar algo muy serio.
—Aunque no me explico cómo ese asunto de las chicas deseables puede causar tanto…
—¡Eso es! —Danielle dio tal brinco debido a su idea repentina, que Bryan se asustó un poco —¡Lo siento! Pero piénsalo, si todo este lío es por nosotras, ¿por qué no hacer algo al respecto?
—¿Exactamente de qué estás hablando?
—Sencillo: hay que devolverles el favor.
Bryan, arqueando una ceja, comprendió al poco rato y no pudo evitar sonreír.
—Ya te hace daño convivir con Thomas —aseguró.
A Danielle la inundó una carcajada alegre que Bryan no pudo compartir.
En cuanto los demás se enteraran, sería la guerra.
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13 de junio de 2020
Norte de Escocia
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Los TIMO'S y ÉXTASIS habían concluido, para bien de los estudiantes de quinto y séptimo. No debían preocuparse por los resultados hasta julio, lo que se reflejó en la algarabía que inundó el castillo ante la última salida a Hogsmeade del curso.
—Dean, ¿te despedirás como lo hicieron tus primos?
—Nigel, no digas tonterías.
—Janice, amiga mía, deja que mi mejor amigo conteste, ¿quieres?
Los tres jóvenes soltaron la carcajada, liberando parte de la tensión que los había asaltado durante la duración de los exámenes. No eran los únicos: unas cuantas chicas ahora reían por lo nerviosas que se habían puesto al inicio de los exámenes y pudieron ver a varios de quinto curso dar gritos liberadores en los jardines después del almuerzo.
—Oscar está loco —aseguraba Odette Wood, refiriéndose a su hermano mayor en quinto curso —No sé cómo lo soporto.
—Cuando mi hermano hizo sus TIMO'S, tampoco era muy agradable y mira que la mayoría del tiempo es lo máximo —Nerie, con esa confesión tan espontánea, se granjeó risas de sus amigos.
Hubo más personas que contemplaron a los chicos de quinto vociferando frases de alivio. Las chicas de la Orden del Rayo, antes de reunirse con sus amigos para ir al pueblo, se habían refugiado bajo la sombra del árbol bautizado como el cerezo de Hoshikino por obvias razones.
—Muy bien, ¿todo listo? —inquirió Danielle, extendiendo las dos manos.
Una por una, sus amigas le entregaron pergaminos. La rubia los revisó uno a uno, complacida, comparando su contenido con el de un pergamino mucho más largo en su regazo.
—Procyon debería darle un premio a su elfo —musitó, conteniendo una risita.
—Oye, Dobby tuvo que darle un par de golpes —recordó Hally.
—Sí, me enteré. Pero en cuanto soltamos los nombres de mi padre y mi abuela, se portó de lo más servicial —Danielle suspiró con enfado —Quién entiende esas mentes…
—Resultó mejor, porque así pudiste ordenarle que no le dijera a Procyon qué estás tramando —observó, para sorpresa de todas, Rose —¿Qué? —se quejó la pelirroja.
—Cuando quieres, te fijas hasta en el más mínimo detalle —le indicó Paula.
Las demás rieron con ganas.
—Como sea, espero que resulte el resto del plan. De eso se encargarán ustedes, chicas.
Danielle observó a Sunny y Amy, quienes asintieron en el acto.
—¿Segura que nos obedecerán? —inquirió Sunny, haciendo una mueca.
—Según el Estándar Británico de Contratos de Elfos Domésticos con Instituciones Públicas, cualquier integrante de dichas instituciones puede ordenarles y obtener obediencia —recitó Hally con los ojos cerrados, como solía recordar una lección o una lectura —Y en Hogwarts, los alumnos somos integrantes de la institución.
—¿Cómo sabes todo eso? —quiso saber Paula, curiosa.
—Ah… Mamá colaboró una temporada con el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas en pro de los derechos de los elfos. Así que tiene varios libros y documentos sobre el tema. El verano pasado, cuando me aburría, leía algunos.
—No me imagino leyendo cuando estoy aburrida —reconoció Rose, fingiendo un puchero.
Las demás volvieron a reír antes de ponerse de pie y echarse a correr.
Mientras tanto, los chicos habían estado hablando de lo habitual: los exámenes, el quidditch…
—¡Ya tardaron demasiado! —se desesperó Thomas, yendo de un lado para otro.
—Vaya, por lo general, el que suelta esas frases es Henry —observó Procyon, ganándose una mirada asesina de su castaño amigo —¿A ti qué te pasa?
—¿Qué se traerán esas seis? —soltó el pelirrojo anaranjado, fijando sus verdes ojos en Bryan.
—Olvídalo, le prometí a Danielle que no diría nada.
—¿Nada de nada?
—Exacto, nada.
—Centauros, Thomas, haznos un favor y explícate —refunfuñó Ryo.
El aludido estaba por contestar cuando Walter hizo una seña de que se acercaban sus amigas.
—Disculpen la demora —Sunny, que era la que había llegado primero, hizo una sonrisa torcida.
—Bueno, andando, que es la última salida del curso y hay que aprovechar —animó Rose.
—Sí, más cuando alguien se nos irá a la mitad —Danielle, sonriendo con picardía, no pudo evitar ir contra Hally, quien le dedicó un puchero antes de adelantarse.
—No comprendo tu afán de sacar el tema de las citas de Hally a cada momento —señaló Paula.
—Es cierto, lo haces muy seguido últimamente —se acordó Amy.
—A ver, piénsenlo un minuto, ¿les parece normal que una pareja esté casi un mes sin dirigirse la palabra más que para saludarse y despedirse? —ante la cuestión de Danielle, el resto de sus amigas negó con la cabeza, sin darse cuenta que los chicos no se perdían palabra —Pues eso es precisamente lo que ha pasado con esos dos. Hally jura que es porque Corner tuvo sus TIMO'S, pero aparte, creo que Zabini no lo dejaba en paz con ya-saben-qué. Y no es por darle la razón a Zabini ni nada por el estilo, pero portándose así, Corner sí que parece niñero.
—¿De dónde sacaste semejante conclusión? —quiso saber una Sunny estupefacta.
—Del todo el lío que queremos resolver. Creo que allí está gran parte del problema. Sólo que no entiendo cómo Hally, con el cerebro que tiene, aún no se ha dado cuenta.
—Mira, Hally será todo lo inteligente que quieras, pero a veces es muy inocente —declaró Rose al instante —Papá dice que en eso, se parece a su padre.
—Pues como su amiga, estoy preocupada. Así que veré qué puedo hacer.
Las demás, con cierto recelo, se encogieron de hombros. Ni siquiera Amy, que la conocía desde hacía años, se atrevía a interferir con aquella idea. A todas les quedaba claro que cuando se trataba de Hally, Danielle podía llegar a comportarse como hermana mayor sobreprotectora.
—Gárgolas, esto no terminará bien —musitó Ryo en cuanto consideró que sus amigas no podían escucharlo —Danielle puede ser muy terca y si hace a enojar a Hally, tendremos guerra.
—Nunca he visto discutir a esas dos —les hizo notar Thomas de improviso —Y jamás quiero verlo —añadió, con el rostro adornado con una mueca de disgusto.
—Ninguno quiere ver eso, ¿pero qué podemos hacer? —Henry estaba cabizbajo al decir todo eso —Siento los ánimos caldeados en todas, como si estuvieran ansiosas por algo. Debe ser lo que están tramando. Ahora no es buen momento para entrometernos.
—¿Entonces cuándo, hasta el verano? —masculló Thomas.
—Quizá podamos hablar con ellas antes de volver a casa.
Ante esa alternativa, Thomas se calmó, pero sólo un poco.
Los doce amigos recorrieron Honeydukes, La Casa de las Plumas y la tienda Dervish y Banges antes de comenzar a separarse. La mayor parte de los chicos, casi por inercia, irían a Zonko en tanto las chicas se encaminaron a la tienda de túnicas Umikaze. Bueno, todas menos Hally, que había quedado con Corner en Las Tres Escobas.
—Si no hace algo al respecto… —oyeron Sunny y Rose que espetaba Danielle por lo bajo.
—Ya me está dando miedo —musitó Amy, que también había oído.
En realidad, cuando Hally llegó a Las Tres Escobas, estaba hecha un manojo de nervios. Buscó con la mirada a Corner, pero al no encontrarlo, supuso que aún no llegaba. Así pues, se dirigió a la barra con la intención de pedir una cerveza de mantequilla mientras esperaba, repasando mentalmente (quizá por enésima vez) lo que tenía pensado decirle al Ravenclaw.
Y como si lo hubiera invocado, Corner entró en ese momento al local, acompañado por algunos amigos. La chica reconoció a Aramis Goldstein, al prefecto de quinto de Gryffindor (hermano de Odette Wood) y si no mal recordaba, el chico de cabello esponjado se apellidaba… ¿Croaker?
—¡Ah, Hally! —Corner la ubicó y levantó una mano, saludándola. Ella devolvió el gesto, pero tuvo que parar cuando le entregaron su bebida —Hasta luego —el chico se despidió de sus amigos y fue hacia la barra —Lo siento, tenía que comentarles algo a los chicos. ¿Te hice esperar?
—No, no. Prácticamente acabo de llegar. ¿Nos quedamos aquí o…?
—Déjame ordenar y buscamos una mesa, ¿te parece?
Hally asintió y en menos de dos minutos ya estaban mirando a su alrededor, decepcionándose al ver el bar repleto de gente. Se notaba que era el día de la última excursión y además, el final de los exámenes. En mesas donde se veían alumnos de séptimo, el ambiente se notaba extraño, entre feliz y nostálgico, pues esos jóvenes pronto iniciarían una vida lejos del colegio.
—Mira, por allí —Corner señaló una mesa cercana a las puertas.
Fueron a sentarse, Hally sosteniendo su cerveza de mantequilla a medias y el alargado vaso del chico, que contenía una bebida verdosa y espumosa. Al principio no dijeron nada, pero al cabo de un rato ella dio un largo sorbo a su bebida y se mordió el labio inferior.
—Melvin, he estado pensando… —comenzó, desviando los ojos hacia el ventanal que había quedado a su izquierda —Siento que… Bueno, que algo anda mal.
El nombrado, que acababa de apoyar su vaso en la mesa, captó la esencia de la frase al vuelo.
—¿Estás enfadada conmigo? —fue lo primero que preguntó.
—Yo… No estoy segura, porque no sé qué es peor: que casi no nos habláramos o que a mí me importe tan poco. Siento que… tuve algo de culpa.
—No, Hally, aquí la culpa la tuve yo, estaba muy ocupado y debí hacer el esfuerzo por estar contigo más tiempo, quitando nuestras citas aquí y unos cuantos paseos por los jardines.
—Bueno, sí, pero…
—Además, vienen las vacaciones de verano y podré compensarte. Mis padres me dijeron que este año nos quedaremos en Londres. Tienen asuntos pendientes.
La chica se emocionó al escuchar eso, pero trató de que no se le subiera a la cabeza o terminaría olvidando lo que necesitaba decir.
—Gracias, en serio —le dedicó una sonrisa —Pero… ¿y si me sigo sintiendo así?
—¿Así? ¿Así cómo?
—Como si algo no encajara. Llámame loca o lo que tú quieras, pero desde que inició el curso me da la impresión de que hay algo que no me dices. Tal vez no tenga que ver conmigo, pero…
—En parte, eso es cierto —Corner suspiró, resignado —Tiene que ver contigo. Y a la vez no.
—No entiendo.
—¿Recuerdas a Zabini?
—¡Cómo olvidarlo…!
—Desde que se enteró que tú me gustas, no para de fastidiarme. No sé qué mosca le picó, pero le encanta sacar el tema cada vez que nos encontramos. Mientras sólo se metiera conmigo, no tenía de qué preocuparme, pero antes de dejar el colegio el curso pasado, insinuó que sería más divertido molestarte a ti. Así que me la he pasado vigilándolo para asegurarme que…
El muchacho se interrumpió al observar a la jovencita frente a él apoyar un codo en la mesa para apoyar la barbilla en la mano, con expresión aburrida.
—Melvin Corner, eres todo un caballero, ¿pero por quién me tomas? —la voz de Hally sonaba suave, con un deje de sarcasmo que a Corner le sorprendió —No es por presumir, pero soy hija de dos de los magos más famosos de Reino Unido. Y con los amigos que tengo, ¿crees que alguien en su sano juicio me atacaría? Antes Procyon pelearía con Thomas a punta de flecha.
Ante lo último, Hally rió un poco, recordando cierto incidente del curso anterior; sin embargo, esa pequeña perorata había logrado que su novio se pusiera a pensar. Por lo visto, la muchachita que había elegido por pareja, aparte de inteligente, tenía un orgullo que no quería que nadie pisoteara. Y aparentemente, se había tomado su intención de protegerla como un insulto. Eso, unido a la distancia que ambos habían mantenido en las últimas semanas era suficiente para que cualquiera, no solamente ella, pensara que algo andaba mal con su relación.
—No te estoy regañando —aclaró Hally en ese instante, girando un poco la cabeza hacia el ventanal, con lo que Corner se dio cuenta que tenía las mejillas sonrosadas —Quizá me pasé con lo que te dije, pero… ¡Preferiste ver si Zabini hacía algo a decírmelo! ¿Te costaba mucho avisarme? Así me habría puesto a buscar un maleficio qué echarle.
Corner se echó a reír ante la imagen de Hally con varita en mano, amenazando a un Zabini que no sabía cómo enfrentar a una chiquilla a la que le llevaba casi tres años. Sin pensarlo demasiado (porque en caso contrario, la vergüenza lo habría vencido), estiró una mano por encima de la mesa para atrapar la que segundos antes había sostenido la barbilla de la jovencita. Todavía estaba tibia.
—Ahora recuerdo por qué quise salir contigo —esa frase captó la atención de ella, que volteó el rostro para mirarlo de frente, boquiabierta —¿Sabes? La primera vez que te vi, en tu Selección, no habría puesto atención de no ser porque escuché tu apellido. ¡Estaba tan pasmado como el resto! Y perdona que te lo diga, pero en aquel entonces, eras demasiado pequeña.
—Sí, claro —renegó ella, haciendo una mueca.
—Lo eras —reafirmó Corner, con una sonrisa —Pero cuando nos encontramos para tomar el traslador a los Mundiales, me quedé un tanto… ¡No te reconocía! ¿A dónde había ido la pequeña Potter que yo recordaba? Eras la misma, pero para mí ya no. Y mis amigos se burlaron como nunca cuando anuncié que te invitaría al baile, ¡los muy idiotas no paraban de llamarme pervertido y otras tonterías! Pero no me arrepiento, Hally. Ni siquiera cuando regresé a casa el año pasado y mis padres se quedaron mudos cuando dije que mi novia era la hija de Harry Potter.
—¿Así se los dijiste?
—Así lo dijo papá —aclaró el muchacho, rodando los ojos al acordarse de las palabras exactas, que no tardó en decir imitando el tonito de sorpresa de su padre —Estás bromeando, Mel, ¿Hally Potter? ¿Tu novia es la hija de Harry Potter? ¡Si le haces algo malo, Harry me matará!
Eso hizo que ambos soltaran una carcajada que les duró bastante, aunque en ningún momento Corner liberó la mano de Hally. En un momento dado, ella se inclinó hacia adelante, intentando recuperar el aliento, y él imitó el movimiento con sumo cuidado, con el propósito de hacer algo que llevaba deseando desde hacía mucho tiempo. Esperaba no ir demasiado rápido.
Que sus amigos lo llamaran pervertido si querían. Era el momento de dar el siguiente paso.
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—¿Dónde se habrá metido?
Casi era hora de cenar. Varios de los excursionistas habían vuelto temprano al colegio, pues el clima se había puesto muy caluroso, como preludio del verano que se avecinaba. Danielle, cruzada de brazos y tamborileando el piso con la punta del pie, era la viva imagen de la impaciencia.
—Quizá nosotras volvimos muy pronto —intentó calmarla Rose, aunque estaba casi tan ansiosa como la rubia Slytherin —Ni siquiera esperamos a los chicos.
—Teníamos que hacerlo así para que no se dieran cuenta de que pasamos a Zonko poco después que ellos salieran, ¡pero Hally sabía que completaríamos el plan aquí!
—Vamos, Danielle, por una vez que llega tarde… —Paula le restó importancia al asunto —Será mejor que te calmes —aconsejó —Si no, el plan no saldrá.
A regañadientes, Danielle asintió y respiró profundamente.
—¡Lo siento, lo siento! —oyeron que decía una Hally sofocada, que subía la escalinata de piedra lo más rápido que podía —Sé que llego tarde…
Rose, a espaldas de Danielle, le hizo señas para que se callara, cosa que Hally logró al morderse el labio inferior en señal de temor.
—Te lo pasaremos si fue por una buena razón —aseguró Danielle, notando por detrás de su amiga que Melvin Corner subía la escalinata a unos pasos de distancia —Hola, Corner.
—Ah, hola, Malfoy —el muchacho sonrió débilmente y todas, a excepción de Hally, lo notaron un tanto sonrojado —Lo lamento, Hally llegó hasta ahora por culpa mía. Con permiso.
A continuación, entró al castillo y se encontró con dos de sus amigos en el vestíbulo, que lo llamaron ruidosamente antes de desaparecer por las puertas del Gran Comedor.
—No es que me importe, pero… ¿se puede saber qué tanto hacías? —inquirió una Danielle que poco a poco, recuperaba su talante habitual.
Hally, ante tal cuestionamiento, puso una expresión soñadora y musitó.
—Espuma…
—¿Disculpa? —Rose arqueó una ceja, confundida.
—Eh, los chicos —alertó Paula en ese instante.
Las cuatro dejaron el lugar, cruzaron el vestíbulo y guiadas por Rose, bajaron unas escaleras que las llevaron ante un cuadro que representaba un frutero. La pelirroja le hizo cosquillas a una pera, la cual emitió una risita antes de que el cuadro abriera la entrada a las cocinas.
—Val nos advirtió que no debíamos circular por aquí a menos que viniéramos a clase —informó Rose entonces, esquivando a unos cuantos elfos que vigilaban ollas humeantes —Pero vamos, ni que nosotras fuéramos a hacer algo realmente malo.
Sus amigas, repasando lo que sucedería si todo salía bien, se echaron a reír antes de divisar a Sunny y Amy dándoles a un par de elfos las últimas instrucciones.
—¿Entendido? —preguntó Sunny, viendo a los elfos de forma alternativa.
—Entendido, señorita —respondió una de las criaturas con una gran sonrisa y dedicándole una profunda reverencia —No tendrá queja de nosotros, señorita.
—Muchísimas gracias —dijo Amy, quien notó a las recién llegadas —¡Ya era hora! —exclamó, aliviada —Sólo falta lo de Hally.
La recién nombrada, que todo el camino había cargado con una bolsa de papel de Zonko, le tendió ésta a Amy, con una vaga sonrisa de disculpa. La castaña Hufflepuff sonrió a su vez, le entregó la bolsa al elfo que se mantenía callado, lo que quizá se debía a la cercanía de Sunny.
—Muy bien, se los encargamos —Danielle les dedicó una sonrisa a los elfos.
El que había permanecido callado, con grandes orejas y ojos verdes inyectados en sangre, se inclinó ante ella con deferencia.
—Como diga la joven ama —afirmó, para luego mascullar como si no se diera cuenta —No entiendo cómo la nieta de la señorita Cissy tiene estas amistades, ¡ay, mi pobre ama! Mire quiénes rodean a la nieta de la señorita Cissy: un montón de mestizas y algunas sangre sucia…
—¡Kreacher, si sigues con ese vocabulario te acusaré con Procyon!
Las palabras de Danielle fueron tan efectivas como un hechizo, puesto que el elfo frunció los labios para contener la sarta de improperios que se le ocurrían. Pesaba sobre él una orden directa de Procyon y por eso no podía ni mirar a las chicas como hubiera querido.
—Hasta que yo te diga, obedecerás a mis amigas, Kreacher. Y si me entero que insultaste a alguna de ellas, no vuelvo a llamarte fuera del alcance de mi abuela, ¿comprendes?
Si algo bueno le hallaba Kreacher a obedecer al último de los Black era no ver a Magnolia.
—Hay que subir —Paula consultó su reloj —No tardan en servir la cena.
Las chicas se encaminaron a la puerta, sonriéndose unas a otras por lo que estaba a punto de pasar, permitiéndose una risita al cerrarse el cuadro del frutero tras ellas. Al subir la escalera, Danielle se acordó de algo.
—Hally, ¿ahora nos puedes explicar por qué llegaste tarde?
—¡Por favor! —exclamó Rose —Y no digas otra vez eso de espuma, porque no tiene sentido.
—¿Espuma? —repitió Sunny, sin comprender.
—Ah, eso… —Hally se puso tremendamente colorada, cosa que puso en alerta a sus amigas para lo que escucharon a continuación, dicho en un murmullo —Melvin y yo nos besamos.
A los cinco segundos, el grito que surcó el vestíbulo sobresaltó a más de uno, hallándose con que las culpables eran unas chiquillas de tercer año.
—¡Al fin! —dejó escapar Rose por todo lo alto —Ya estaba pensando mal del tipo.
—¡Rose, por favor, no lo llames así!
—De todas formas, ya se había tardado —coincidió Sunny con su pelirroja amiga.
—¡Vaya, una de nosotras ha sido besada! —susurró Amy, enternecida.
—Increíble —fue todo lo que pudo pronunciar Paula, con los ojos muy abiertos.
—Es oficial, te perdono la demora —sentenció Danielle, abrazando a Hally —¡Felicidades!
—Hablas como si se tratara de mi cumpleaños —se rió Hally, ya estando en las puertas del Gran Comedor —Espera a que te besen a ti también.
—Falta mucho para eso —afirmó Danielle con firmeza.
—Hay algo que no entiendo —dijo Rose lentamente, con el ceño fruncido —¿Qué quisiste decir antes con espuma?
—¡Ah, ya! Lo que sucede es que… Como Melvin y yo habíamos estado bebiendo espuma, a eso…A eso me supo el beso.
Al final de la frase, las mejillas de Hally estaban más rojas que una manzana.
—A eso llamo un recuerdo delicioso —bromeó Rose.
El resto de sus amigas volvió a reír antes de dirigirse cada una a su mesa.
—Hally, me mareas —dejó escapar Henry en cuanto la chica se sentó entre él y Cecil Finnigan.
—¿Ah, sí?
—Sí, estás condenadamente alegre.
Ella volvió a sonrojarse, lo que causó que Rose contuviera una carcajada, ya que tenía la boca llena de puré de papas. Ante la mirada interrogante de Henry, la pelirroja tragó.
—Déjala, está acordándose de mucha espuma.
—¡Rose!
Henry decidió no atender la pequeña pelea que se desató entre las dos chicas.
Las cosas fueron bastantes normales hasta el postre, cuando aparecieron lo que se veían como huevos sorpresa delante de cada estudiante varón que contara con catorce años o más. Los profesores, en cuanto se dieron cuenta, quisieron inspeccionar uno de ellos, pero lo pensaron demasiado tarde: los alumnos ya los estaban estrellando contra el piso y entre humaredas de distintos colores, a todos les salía el mismo artículo: una boina negra con una corta y extravagante pluma color rosa. Sin resistir la tentación de bromear, los chicos tomaron las boinas del suelo y se la calaban en distintas posiciones, mirándose unos a otros. Pero Nigel y sus compañeros de dormitorio fueron detenidos por Dean con un gesto de mano: el pelirrojo había estado observando su respectiva boina y algo en la pluma rosa le pareció familiar…
—¡Nos salvamos! —exclamó el joven Longbottom por lo bajo, para desconcierto de sus amigos —He visto esto, lo hacen mis tíos. Es una pluma delatadora.
—¿Una qué? —se extrañó Jerry Burgess.
No hizo falta que Dean contestara. A su alrededor, varias risas y quejas estaban hablando por él. La mayoría de los afortunados que se pusieron la boina ahora tenían escrito en sus frentes, con brillantes letras rosas, la palabra DESEABLE.
—Recuerdo que tío George pensó en esto junto con Gina y nos lo contaron la Navidad pasada —tras unas cuantas carcajadas al ver las distintas reacciones de loa afectados, Dean les estaba explicando a sus amigos cómo funcionaba el artículo —Surgió de que necesitaban comprobar de algún modo las verdaderas intenciones de los extranjeros con quienes hacían negocios. Así que tomaron una pluma a vuelapluma, experimentaron con algunas pociones de la verdad y resultó esto —dejó la pluma rosa junto a su copa dorada. Los demás vieron que se balanceaba sobre su punta —Sólo debes dictarle a la pluma lo que necesitas saber, colocarla en un sombrero cualquiera y en cuanto alguien se lo ponga…
—¿Pero por qué todos esos chicos tienen la palabra deseable en la frente? —inquirió Stuart.
—Tal vez alguna chica molesta quiso regresarles la jugada. Escuché que este año se pusieron pesados con las que cumplieron catorce años. Yo hubiera hecho algo por lo que le tocó a Rose, de no ser porque ella me dijo que todo el asunto le daba risa.
—Ya veremos qué tal le parece a tu hermana —dejó escapar Kevin.
Eso le puso a Dean tal expresión indignada que a su alrededor estallaron las carcajadas.
—No puedo creerlo… —masculló McGonagall en la mesa de profesores, viendo aquel desastre y constatando que casi todos los afectados, tras un momento de enfado monumental, se empezaban a tomar con humor la broma para luego encaminarse a la enfermería.
—¿Quiere que investiguemos esto, profesora? —ofreció amablemente el profesor Lovecraft.
—Por favor —accedió la directora, intentando no mostrarse cansada.
Le gustaba su trabajo, pero en ocasiones se sentía muy vieja para seguirle el paso al colegio.
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16 de junio de 2020
Norte de Escocia
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
—Dijiste que no habría problema, ¡lo dijiste!
—Rose, deja de regañar a Hally y ponte a trabajar.
La pelirroja le dedicó a Paula una mueca de inconformidad antes de sumergir su esponja en la cubeta de manera brusca, con lo que salpicó un puñado de agua jabonosa.
Era la última semana del curso y casi todos los estudiantes descansaban de tareas y exámenes paseando por los jardines, volando por el campo de quidditch y jugando a orillas del lago, entre otros entretenimientos. Pero Rose y sus amigas estaban encerradas en el aula de Historia de la Magia, limpiándola a conciencia de la manera muggle, como castigo por la broma con las plumas delatadoras a los chicos de catorce años en adelante.
Los profesores Lovecraft y Davis las habían atrapado al hablar con los elfos domésticos. Para su desgracia, Hally había olvidado que en la jerarquía de Hogwarts, un profesor está, por lógica, por encima de un alumno y los elfos del colegio estaban obligados a incumplir la orden de las chicas de silencio absoluto al ser interrogados. Aunque según supieron después por boca de Dobby (que trabajaba en Hogwarts durante el curso escolar), Kreacher estuvo encantado en delatarlas.
—Dobby lo escuchó hablar mal de su ama, señorita —contó el elfo en el instante en que las seis amigas habían salido del despacho de la directora, tras ser sermoneadas y sancionadas —Oyó que la señora Magnolia lo había castigado, señorita, pero Dobby no le cree, señorita, porque Dobby conoce a la señora Magnolia y es una buena bruja.
Hally, que sabía por Procyon que su abuela hallaba formas diversas de fastidiar al elfo en venganza por algo relacionado con su difunto abuelo, decidió no comentar esa frase.
Así pues, las jovencitas fueron citadas por su respectivo jefe de casa al despacho de la profesora McGonagall, después del desayuno. La directora, con aspecto más severo del usual, las cuestionó sobre el motivo de la broma, a lo que Danielle contestó que había sido su idea por todo el asunto de las chicas deseables. La profesora, tras escuchar atentamente, no tuvo más remedio que mandarlas asear el aula de Historia de la Magia, ignorada por los diligentes elfos por el sencillo motivo de que el titular de la materia estaba muerto.
—Lo siento —musitó Hally al tallar con fuerza una de las mesas.
—No le hagas caso a Rose —pidió Amy, que le ayudaba limpiando las sillas de los alumnos.
—Cierto, en vez de quejarse, debería limpiar más aprisa —reprochó Sunny, pasando un trapo gris y mojado por el pizarrón —Yo creí que no tendría que hacer algo como esto hasta llegar a casa… ¡Y todavía me falta el sermón de Snape! —se lamentó.
—A mí no me preocupa tanto un sermón —Danielle, con escoba en mano, barría una esquina del aula con fuerza, levantando una nubecilla de polvo —A Frida le dará risa cuando se entere.
—¿Y qué te dirá tu hermano? —se interesó Paula, que como Rose, limpiaba ventanas trepada con mucho cuidado a un andamio que había conjurado el profesor Lovecraft.
—No lo sé, pero con la esposa que tiene, no creo que me castigue demasiado.
Las demás rieron brevemente, para después seguir con sus quehaceres. Lo bueno es que todas habían hecho aseo al estilo muggle, incluso Danielle, por lo menos una vez en su vida.
—Rose, pásame tu cubeta, mi agua está muy sucia.
La nombrada obedeció, estirando una mano para tomar la cubeta, pero no calculó bien las distancias y terminó tirándola en la cabeza de Paula, que inocentemente, se había colocado justo debajo de su andamio para recibir lo que había pedido. La rubia Ravenclaw quedó bañada de pies a cabeza, con espuma blanca escurriendo por la cara y la ropa.
—¡Tú, grandísima…!
La pelirroja, apenadísima, se mordía los labios para no reírse como lo hacían las demás.
—¡No fue a propósito! ¡No fue a propósito! —se apresuró a decir.
Paula bufó con resignación y como no podía salir de allí hasta que acabaran (el profesor Davis vigilaba la puerta por fuera), buscó algo con qué secarse. No podía hacerlo con magia porque les habían quitado las varitas para que no hicieran trampa a la hora de limpiar.
Pudieron acabar a la hora del almuerzo. En cuanto el profesor Davis les entregó sus varitas, Paula la agitó con un complicado movimiento mientras caminaba, produciendo un chorro de aire caliente que la tuvo seca al bajar el último tramo de escalera. Rose no dejaba de lanzarle miradas de disculpa, por lo que le dedicó un gesto de reconciliación que la pelirroja aceptó.
Con lo que la rubia de cabello corto no contaba era con que Ryo le recordaría el incidente.
—Paula, ¿cómo es que terminaste oliendo a pino y azafrán? ¿Te cayó limpiador mágico encima?
—Rose me tiró agua con limpiador mágico encima —respondió, alicaída.
—Ah, vaya… Creí que Huginn bromeaba cuando me lo contó.
—¿Huginn andaba por allí? —Paula se puso perspicaz, imaginando que volaba por encima de sus cabezas el cuervo mágico miniatura que le había regalado a su amigo hace dos años.
—Pues sí. Lo dejé salir ayer, no dejaba de quejarse porque no lo atiendo y Donald amenazó con mandarme a dormir a la sala común si no hacía algo al respecto.
—Vaya, yo que pensaba que andabas espiándonos…
Al escuchar eso, Ryo escupió la mitad de su jugo de calabaza. Frente a él, Mary Ann Alcott y Karen Tate se echaron hacia atrás para no mancharse.
—Gárgolas, Paula, ¿podrías no decir esas cosas mientras estoy comiendo?
—¿Y yo qué iba a saber? No pensé que reaccionarías así por una bromita de nada.
Su amigo hizo una mueca muy extraña y siguió con lo suyo.
—¿No me digas que te ofendió lo del sábado? —aventuró Paula al cabo de un rato.
—Ya que lo preguntas, no puedo creer que mis propias amigas me hicieran semejante trastada.
—¿Y nosotras cómo íbamos a saber que la pluma delatadora funcionaría contigo? No creímos que serías tan descerebrado como para indicar a una chica como deseable. ¿A quién fue, por cierto?
Ryo, que notó cómo las cejas de su amiga se fruncían a pesar de su aparente calma, optó por no contestar. Se limitó a terminarse el almuerzo y al intentar levantarse, Paula posó en la mesa con excesiva su copa dorada ya vacía.
—De acuerdo, te lo diré —el chico se acomodó de nuevo en el banco, pero ahora fue Paula la que hizo señal de levantarse —Eh, ¿a dónde vas?
Paula no contestó. Compuso una mueca rara, como si contuviera algo desagradable en la boca, antes de abandonar la mesa de Ravenclaw y poco después, el Gran Comedor.
—Ahora sí la hiciste buena, Ryo —sentenció Mary Ann Alcott, negando con la cabeza.
Para confusión del muchacho, Karen Tate y Marianne Bridge hicieron el mismo movimiento que Mary Ann, lo que en su opinión, no podía ser nada bueno.
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27 de octubre de 2010. 2:20 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)
Bueno, gente, se nota que cuando la inspiración está disponible, cualquier cosa se puede. Aquí les presento otro capi dePGMMantes de lo previsto, lo que me recuerda a los días en que la saga apenas comenzaba y hacía capítulo tras capítulo, con la mente llena de ideas. A ustedes les gusta esto, pero por su propio bien, no se acostumbren, que en cuanto tenga empleo nuevamente, regresarán las actualizaciones esporádicas. Muy esporádicas. Están avisados.
Algunos, de hecho, querrán matarme por cortarle precisamente aquí, pero como el capi estaba alcanzando una extensión excesiva (al menos para lo que suelo presentarles), decidí que era buen momento para parar. Además, así no nos desviamos mucho de uno de los temas presentados que seguramente, causará un aluvión de comentarios y no todos para alabarme (o eso creo yo). Pero vayamos en orden.
Los exámenes finales, los benditos exámenes. Dean y compañía presentaron los ÉXTASIS, el pelirrojo obedeció a papá y anda convocando a nuevos miembros a la renacida Orden del Fénix, se supo lo que harán algunos saliendo del colegio… ¡y también qué se traían Mara y Nigel! Alguien, en un comentario, inesperadamente dio con la respuesta (aunque no sé si estaba bromeando o no).Ro 91de Fanfiction, le atinaste, ¡Mara va a tener un bebé! Aunque Nigel revelando la fecha exacta de su concepción es algo que no sabes si reírte o ponerte colorada, jajajaja. La boda de la pareja Thomas-Kreisky será, como quizá lo hayan notado, uno de los tantos asuntos pendientes para la siguiente entrega… que quién sabe cuándo empiece.
Después, Danielle utilizando el cerebro para hacer una broma, ¿quién la viera? Si el Draco de mi saga lo supiera, le daría algo, jajajaja. Aunque por poco no resulta por colarse el primer evento que le da título al capi (de hecho, al principio solamente este evento le daba título al capi): ¡beso! ¡Hubo beso! Hally Potter ha sido oficialmente besada por su novio, aunque lamento no poner la descripción del suceso, eso lo dejaré para otro momento, ya que quizá haya lectores(as) que piensen como los amigos de Corner y lo llamen pervertido, ¡besó a una niña de trece años! Ya, como sea. Al principio, en la fabricación de esta escena (vamos, cuando la escribía apenas), después de que Hally alegaba que algo andaba mal, tenía dos opciones: ella cortaba a Corner o él la cortaba a ella. Pero de repente, salió un Corner comprensivo en extremo (en serio, no sé de dónde le salió) y hubo beso. ¡Rayos, ni yo me he recuperado de la impresión! Y eso que soy la autora…
Luego, la broma. No es demasiado espectacular, con todo y que imaginar a los muchachos con la palabra en sus frentes sí es gracioso, jajajaja. No, lo interesante aquí es que las atraparon, ¿qué tal su castigo? Y para acabarla, Paula se enfadó con Ryo. ¿A alguien le suena este comportamiento de la Ravenclaw? Supongo que sí, pero Ryo no tiene ni idea, como se ve al final, al intuir que las otras chicas de su curso y casa (ni quién se acuerde de Kleiber, jajajaja) saben algo que él no. Ya veremos si hace algo al respecto o, como la mayoría de los chicos, primero se queja de que las mujeres son incomprensibles y luego piensa cómo resolverlo.
Ahora sí, terminé. Solamente me restan unos detallitos, a saber:
Primero: por las fechas que se mencionan en este capi, la entrega está por acabar, pero no tengo previsto el número de capítulos necesarios para ello. Uno, dos, si acaso tres… pero no más de cinco, ni loca.
Segundo: sigo sin candidatos para el siguiente Arcano. Si alguien tiene algunos, póngalos en mihi5*, en elFace, en un comentario al capi donde salió por primera vez… ¡vamos, sí se puede! No lo pongo yo porque lo prometí al dar los personajes paraLos Enamorados, ¿recuerdan?*
Tercero: no estoy segura de cómo o cuándo vaya a escribir la siguiente entrega. Eso lo tengo claro con la cantidad de cosas que he ido sacando en esta entrega y algunos detalles en las anteriores que nomás se quedaron volando. Por eso desde el capi anterior les he pedido que si tienen sugerencias o preguntas de algún asunto que veanpendiente*, ¡ánimo, díganlas ahora o callen para siempre! Soy la autora, cierto, y también todopoderosa con lo que pasa y deja de pasar en la saga, pero no cae mal refrescarse la memoria de vez en cuando. Y en ocasiones los fan's son los más adecuados para eso, créanme.*
Y cuarto: habrán notado que es casi tradición tomarme un descanso entre una entrega y otra. Cuando terminePGMM*, olvidaré un poquito la saga y me concentraré en los demás fic's que tengo, antes de volver con la siguiente entrega… que para empezar, ni título tiene, y eso me preocupa: antes, a estas alturas, ya tenía título listo. Pero espero que todo salga bien y decidirme antes de anunciarles un final aquí.*
Ya, a despedirse por hoy. Cuídense mucho, abríguense al ir con sus difuntos (no creí referirme alDía de Muertosen una nota de autora por tercera vez consecutiva, jajaja) y nos leemos… pues no sé si este mismo mes, pero ya veré.