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Historia 24884 — capítulo 4
Había pasado ya una semana, y con ella, una nueva novedad.
– Ya vale, tía. Joder... que jode eso que estés hablando todo el santo día sobre como besa Finnigan– decía Kimi bastante amargada ese día.
– Pienso que Kimi tiene toda la razón. No paras de decir cursiladas– aceptó Ginny, comiendo apresuradamente su pierna de pavo.
– Ya dejenla en paz, no tiene la culpa– reprochó Hermione tras un libro de Tranformaciones.
– Él es tan lindo... tan...– continuaba diciendo Katherine sin hacer ni una pisca de caso a lo que se quejaban sus amigas.
– ¡Bueno, ya, basta! !Ya me e obstinado de tu absurdo comportamiento, Kath! !Pareces mongola!– los que se encontraban en la mesa miraron espectantes a Kimi que se levantaba de golpe, recogía su mochila y se marchaba dando zancadas.
– Hoy no es su día– comentó Ginny también levantandose de la mesa y recogiendo su mochila para irse a la siguiente clase– ¡Bueno, ya! ¡Paren de verla así!– gritó a los curiosos.
Desde aquel día en que habían arreglado a Katherine para su "extraña cita bibliotecaria", como decían las chicas, ésta era ahora la nueva novia de Seamus Finnigan. Los dos tortolos se la pasaban de pasillo en pasillo lanzandose miradas coquetas, y dandose besos. Esto causaba una extrema y misteriosa exasperación en Kimi, que cada vez que los veía así, empujaba o insultaba a cualquiera que osara a cruzar su tan preciado camino. Hermione veía todo muy soñadora, le causaba gracia aquella situación, ya que jamás se había imaginado a Katherine de ese tipo. Ginny, por los momentos, no decía ni pio, ya que no tenía ni tiempo, o mejor dicho, Draco Malfoy no le daba ni tiempo. El rubio últimamente se metía con ella muy amenudo, y cada vez sus momentos de furia se hacían más... ¿cómo decirlo?... Fogozos...
Ron cada vez se alejaba más de Hermione por causa de las "perjudiciales fans", como les llamaba Hermione. Harry ya casi ni se le veía por ahí, siempre andaba dando entrenamientos a su ahora equipo.
Pero ese día, seguramente, se volvería algo especial, bueno... no para muchos.
– Vaya, vaya, vaya...– dijo con malicia Draco Malfoy acercandose con paso lento hacia Ginny y Kimi.
– "Vaya, vaya, vaya..."– se mofó Ginny– Oye Malfoy, ya estoy algo cansada de tus...– pero el chico había cortado sus palabras. Draco se le había acercado tanto que sus labios tan solo quedaban a un palmo de distancia. Ginny se estremeció.
– Estoy cansado de ti, eres una escoria... lo peor que existe... traidora a la ...– Ginny le había lanzado un "petrificus totalus".
– Malfoy, deberías saber que la escoria eres tú. Deberías pudrirte en lo más profundo del infierno... junto con Voldemort...– Kimi miraba todo sin expresión alguna. Malfoy yacía en el suelo.
Después de aquel "pequeño" incidente, Ginny rondaba por los pasillos con los apellidos revueltos. Si se decía que Kimi era una amargada sin remedio, Ginny la sobre pasó, quedando Kimi como una "tierna niña amigable". A la hora de la cena, un chico de Hufflepuff se le había acercado a Ginny con aire preocupado pero serio, diciendole: "El director la quiere ver en su despacho a las siete en punto, de la noche. Hasta luego". Eso para Ginny no fue en absoluto una gracia, ya que esta vez, parecía un ogro.
– ¡Maldito Malfoy!– gritó rabiosa al llegar a la sala común y dejar rápidamente sus libros y mochila en un taburete y largarse de inmediato a el despacho del director. Al llegar al dichoso lugar, Ginny no pudo evitar quedarse como una piedra al entrar apenas por la puerta. Dentro del despacho no sólo se encontraba el director, sino también Draco Malfoy. Éste al verla de esa manera, sonrió despectivo.
– Los e llamado por un asunto, que e de decir, a pasado de sus límites– comenzó a decir Dumbledore.
– Ya...– emitió Ginny reincorporandose, y sentandose en una silla, delante del director.
– El señorito Malfoy, y usted, señorita Weasley..., resivirán su castigo– Ginny recordó aquella pesadilla tan horrible que había tenido días atrás.– El castigo vendría siendo... ir con Hagrid... a visitar sus arañas– Ginny recordó lo que le había contado su hermano, lo que había tenido que vivir en segundo curso. Draco recordó aquella noche que tuvo que ir al bosque prohibido... claro, que no sabía que existían ciertas arañas– En el bosque prohibido– Ginny no sabía si preferir que el profesor se pusiera a bailar un striptis encima de la mesa frente a ella, o ir al bosque prohibido... a ver esas..., arañas peludas.
– Ehh... profesor... ¿está usted seguro de esto?– preguntó Ginny trémula.
– Completamente...– respondió éste apasible. ¿Es que acaso nunca se ponía histérico?, se preguntó mentalmente Ginny– Y sí, a veces me entran ataques de histéria, no crea que me excluyo– comentó este como si respondiera a la pregunta de Ginny, ésta se quedó flipando.
– Profesor, opino que usted se a vuelto completamente demente– opinó Draco de repente, levantandose de su asiento con altivéz. Ginny, muy a su pesar, concordaba con el rubio, mentalmente, claro.
– Pueden marcharse– profirió el director dándose media vuelta. Lo que no sabían Ginny y Draco, es que el profesor, mientras les daba la espalda, sonreía macabramente.
– Es tu culpa– dijo Draco a mitad de camino.
– ¿Mi culpa? ¿Mua?... ¿Eu? ¿Ich? ¿Me?
– Bueno, ya basta de idiomas... sí, fuiste tú la culpable...– dijo el chico amargandose la paciencia, una vez más.
– Te digo, rubio teñido...– el rubio profirió un gruñido–... que todo esto fue tu maldita culpa– dijo apretando los dientes con fuerza. El rubio la miró desdeñoso y tomó otro camino, dirigiendose hacia las mazmorras.
Ginny llegó a la sala común y allí se encontró con Harry, que estaba haciendo un plano del siguiente juego, parecía el propio Oliver Wood. Luego vio a Hermione, como acostumbraba, leyendo un libro. Después a su hermano, Ron, teniendo un sabio partido con un Dean muy nervioso y tratando de ocultar sus piezas. Más allá a Kimi anotando cosas en un cuadernito negro, y al final, en un sofá, Katherine y Seamus, besandose, esto último le causó unas nauseas tan grandes que casi se vomita encima del uniforme. En eso vio a Harry acercarsele a ella presipitadamente, parecia un desquiciado corriendo con varios planos en la mano y tinta regada y estrujada por el rostro.
– Ginny, necesito que ocupes mi puesto de buscador el en siguiente partido contra Ravenclaw– Ginny lo miró un momento como si el chico se hubiera vuelto loco, luego se le ocurrió una hermosa y genuina idea y respondió:
– Vale...