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Historia 25211 — capítulo 2
Tonks corría por las calles de Hogsmeade. En su cabeza aun daba vueltas el mensaje que le había llegado de Remus. Según decía, estaba prisionero en La Casa de los Gritos por Fenrir Greyback, el malvado licántropo a las órdenes de Lord Voldemort. Debía de ayudarle.
Justo cuando estaba llegando, un mortifago cuyo nombre desconocía le cortó el paso.
-¿A dónde vas, pequeña? ¿A salvar a tu amigo el licántropo?- le dijo con fanfarronería. Tonks sacó su varita y apuntó directamente al pecho del mortifago.
-Apártate o te apartaré yo misma- le dijo, con voz amenazadora. Al ver que el mortifago no se movía, la apuntó y exclamó- ¡Desmaius!
El mortifago cayó a un lado del camino inconsciente, y la joven corrió hacia la casa encantada. Sabiendo que la puerta estaba cerrada, con un hechizo la abrió y entró corriendo. Subió al primer piso. Allí, tendido y semi-inconsciente, se encontró a Remus. Tenía un corte en la mejilla y una fea herida en el hombro.
-¡Remus!- gritó la chica, mientras se arrodillaba a su lado-. ¿Qué te ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto? ¿Quién…?
Pero Tonks no pudo seguir hablando, porque alguien la cogió por detrás y la golpeó. Con un grito, ella cayó rodando por el suelo y se volvió a tiempo de ver cómo Greyback levantaba el puño y lo descargaba contra ella pero no le dio, porque rápidamente ella había levantado una barrera defensiva a su alrededor.
-¡Desmaius!-gritó la chica apuntando al hombre lobo. Greyback salió disparado hacia atrás, pero no quedó aturdido. Mientras el licántropo se levantaba, Tonks volvió a acercarse a Remus y lo zarandeó, esperando a que éste se reanimara y se incorporara. Pero Remus simplemente gimió de dolor. Tonks volvió a zarandearle, esta vez más despacio. Remus pareció volver un poco en si.
-Arriba, Remus. Tenemos que salir de aquí… No te preocupes, yo puedo… - pero no pudo seguir hablando porque Greyback volvía a la carga. Con un movimiento rápido, la joven le esquivó, pero a la segunda vez no tuvo tanta suerte: Greyback arremetió con ella y la golpeó con fuerza. Con un grito de dolor, Tonks cayó y rodó por el suelo. Sentía que le dolía todo el cuerpo.
-¡Remus, ayúdame!-gritó al ver que él se movía un poco. Parecía que estaba recobrando la consciencia. Iba a volver a llamarle cuando Greyback se volvió a lanzar contra ella, golpeándola con una fuerza brutal. Volvió a rodar por el suelo, esta vez cayendo muy cerca de Remus.
-Este es tu final, muñequita-rezongó Greyback, acercándose lentamente a la muchacha. Tonks cerró los ojos. Aquel iba a ser su final… a no ser que ocurriera un milagro. Pero parecía que nadie la iba a librar de la muerte. Sintió las manos de Greyback alrededor de sus hombros, y cómo tiraba de ella hacia arriba. Después, cerró la mano derecha alrededor de su cuello. `` ¡Me va a estrangular!´´, pensó Tonks, presa del pánico. Intentó zafarse de las manos de su captor, pero no lo consiguió. Poco a poco, sentía como el aire dejaba de llegar a sus pulmones… como la cabeza le daba vueltas… se le fue nublando la vista… y de repente un torrente de aire entró a sus pulmones cuando Greyback la soltó con un grito de dolor. Tonks cayó al suelo y empezó a toser. Poco a poco, cuando se fue recuperando, vio que Remus estaba de pie, y que examinaba cuidadosamente a un Greyback inconsciente que estaba tendido a sus pies.
-Tonks, ¿estas bien?- preguntó él, con voz grave. Se acercó lentamente a ella. La chica asintió y se llevó una mano a la garganta. Aun tenía la sensación de la manaza de Greyback alrededor de su cuello. Remus la ayudó a ponerse en pie y después la miró durante un instante. Acto seguido, sonrió.
-Gracias por venir en mi ayuda, Tonks- le susurró con cariño-. Si no hubieras aparecido, seguramente no hubiera podido aguantar mucho más.
Tras un breve intercambio de palabras, ambos decidieron aparecerse en casa de los Weasley, donde podrían curar sus heridas. Y asi lo hicieron.
Juntos, se aparecieron en la puerta de La Madriguera, y Tonks llamó a la puerta. Fue Molly la que les abrió.
-¡Dios Santo! ¿Qué os ha pasado a vosotros dos?- rápidamente, les hizo entrar en la casa-. ¿Os habéis encontrado con los mortifagos? Pasad, estamos de suerte: Dumbledore esta aquí.
Los tres pasaron a la cocina, donde el profesor Dumbledore hablaba animadamente con los gemelos Fred y George Weasley. Parecían hablar de algo que les hacia reír. Pero cuando los vieron entrar, las risas cesaron. El trío se volvió al verles entrar llenos de magulladuras.
-Remus, Tonks… ¿Qué os ha pasado?-exclamó Fred, levantándose de la silla de golpe. Dumbledore también se levantó y se acercó a ambos pero no les dijo nada. Simplemente les indicó que le siguieran. Una vez hubieron salido al jardín, Dumbledore les habló con voz grave.
-Contadme todo lo que ha pasado.
Remus se dispuso a contarlo todo. Cómo él había seguido a Greyback y cómo éste le había encontrado y le había llevado a La Casa de los Gritos para interrogarle. Después contó cómo había conseguido mandarle una nota de auxilio a Tonks, y ella terminó de contar lo que había pasado a continuación.
-Entonces, ¿habéis dejado a Fenrir Greyback inconsciente en La Casa de los Gritos?- preguntó Dumbledore, hablando lentamente-. Bueno, mejor allí inconsciente que suelto y matando gente. Me alegro de que esta historia termine felizmente, y espero que ambos os recuperéis pronto. Ahora tengo que irme. Daré una vuelta por Hogsmeade para vigilar que a los mortifagos no les de por hacer ninguna de sus fechorías.
Dicho esto, Dumbledore les sonrió y desapareció.
-Bueno, ¿os apetece una taza de… Donde esta el profesor Dumbledore? – exclamó sorprendida Molly, cuando fue a buscarles. Se encogió de hombros-. Bueno, pues pasad vosotros a la cocina y os prepararé una taza de chocolate bien caliente.
Pasaron a la cocina y se sentaron alrededor de la mesa. Pronto, los gemelos Weasley junto con sus hermanos mayores Bill y Charlie se unieron a ellos. Les abordaron a preguntas, pero Lupin y Tonks se las ingeniaron para no tener que contestar a todas ellas. Después de tomar la taza de chocolate, la señora Weasley curó mágicamente las heridas de ambos y les mandó a descansar.
-Podéis instalaros en la habitación de los gemelos. Ellos os la cederán con gusto, ¿verdad, chicos?-añadió, mirando amenazadoramente a los gemelos. Estos asintieron. Pronto, Remus y Tonks ya estaban en la habitación a solas.
-Tonks- dijo Remus. Tras llamarla, pareció vacilar y se quedo callado, pero pronto prosiguió-. Quería volver a agradecerte el hecho de que fueras a buscarme.
-No tienes por qué agradecérmelo-comentó ella, restándole importancia al asunto con un gesto-. Estoy segura de que tú hubieras hecho lo mismo por mí.
-Claro, no te quepa la menor duda de ello- se apresuró a afirmar Remus. Después pareció vacilar una vez más y añadió-. Aun asi, me pareció algo muy bonito por tu parte que fueras a buscarme, a pesar de todo lo que ha pasado últimamente entre nosotros.
Tonks pareció incomoda ante la mención del asunto personal entre ambos.
-No te preocupes, ya me dejaste claro la ultima vez que entre tu y yo no puede haber otra relación que no sea la de compañeros de trabajo o una pequeña amistad- comentó Tonks, con voz casi enfadada. Recordar aquello la ponía de muy mal humor. Remus se quedó sin habla ante la contestación de la chica. Pero se repuso enseguida y contestó rápidamente.
-Sabes que llevo razón y que entre tú y yo no puede haber nada más, Tonks.
-Eso no es cierto, Remus- exclamó la muchacha, volviéndose hacia él con evidente enfado. Se puso enfrente de él con los brazos en jarras-. Si entre tú y yo no hay algo mas es solo porque tú no lo quieres asi, porque aun no me has dado una razón convincente que me explique por qué no podemos estar juntos.
-La razón es muy poderosa, Tonks. Soy demasiado viejo, pobre y peligroso para ti- repitió por enésima vez Lupin. Tras decirlo, no pudo evitar sentir un nudo en la garganta. Sabía que aquellas no eran razones suficientes para la chica.
-¡Pero a mi eso me da igual! A ver, Remus, es cierto que eres bastante mayor, pero tampoco son tantos años… Y eso de que eres demasiado pobre es una tontería. Yo no pretendo que me des riquezas ni nada de eso. Me basta con tu presencia en mi vida, ¿sabes? Y lo de que eres peligroso… solo eres peligroso una vez al mes, es decir, doce días al año… ¡tampoco son tantos días!-casi gritó la muchacha. Sus mejillas estaban teñidas de un color rosado intenso, que denotaba el profundo enojo que sentía. Su cabello ahora no estaba de color rosa chicle, como solía estar. Estaba de un color gris claro, y muy, muy liso. Cuando Remus escuchó las palabras de la chica, sintió que las razones que él utilizaba para parar a la muchacha eran sendas tonterías, y se sintió bastante estúpido.
-Mira, Remus-siguió diciendo Tonks al ver que él no contestaba-. Veo que no me vas a contestar, y tampoco pretendo que lo hagas. Solo quiero decirte, para terminar, que no me esperaba que fueras tan borde e insensible. Asi que, a partir de ahora, la relación que habrá entre nosotros será estrictamente una relación de compañeros de trabajo, nada más.
Dicho esto, Tonks se dio la vuelta y, sin siquiera quitarse los zapatos, se tumbó en una de las camas.
Remus hizo un amago de acercarse a ella para hablarle pero se resistió. Si eso era lo que quería la chica, asi lo harían.
Pero mientras tomaba esa decisión, algo en su corazón le decía que aquello era un error y que lo mejor para enmendarlo era pedirle perdón y abrazarla mientras ella estaba allí, tumbada y enfadada. Luchando contra sus sentimientos, Remus se tumbó en la otra cama, perteneciente tal y como comprobó, a Fred, por la gran letra F que había en el cabecero de la cama. Cerró los ojos mientras una pequeña lágrima escurría por su mejilla y pronto, muy pronto, se quedó dormido.
Continuará…