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Historia 25211 — capítulo 4
-… Y después de eso, nos besamos- terminó de contar Tonks. La señora Weasley no podía dejar de sonreír mientras se retorcía las manos con gesto nervioso.
-¡Eso es precioso, Tonks!-le dijo con voz emocionada. Después le cogió la mano y se la estrechó con fuerza-. Te lo dije, pequeña, te dije que Remus estaba enamorado de ti. ¡Saltaba a la vista! Nunca te quitaba el ojo de encima, siempre se preocupaba por ti, siempre…
-Ay, Molly, ya basta. Solo fue un beso-Tonks se ruborizó al recordarlo-. Eso no significa nada. Ya te he dicho que cuando nos besamos… él se marchó sin decir nada más. Al menos podría haberse quedado un rato conmigo.
Molly escuchó atentamente las palabras de la joven, y volvió a sonreír pero no contestó. Sabía que para Remus había sido un paso demasiado grande, y que a partir de ese momento le costaría dar el siguiente, pero no quería desanimar a la muchacha con esos pensamientos.
X X X
Mientras tanto, Remus meditaba sobre lo que había pasado la noche anterior con Tonks. Lo que había sentido al besarla no lo había sentido con ninguna otra mujer. No paraba de darle vueltas a la imagen que, sabía, no se le borraría nunca. Sus rostro fino y de piel clara, sus ojos grandes y bonitos, sus labios suaves y seductores, su piel cálida… Remus no paraba de pensar en ella. Pero a la vez se daba cuenta de que se estaba obsesionando demasiado, y que eso no podía ocurrir. Por eso, decidió hablar con Dumbledore.
-Quiero que me des cualquier misión que me tenga ocupado durante todo el día- le dijo Remus, con decisión. Dumbledore le miró extrañado.
-¿Y estos deseos tan extraños? ¿Qué te preocupa, Remus?- le miró inquisitivamente, pero Remus negó con la cabeza.
-Simplemente quiero mantenerme ocupado con el trabajo para no pensar en las demás cosas.
-Está bien, si así lo deseas, así lo haré.
Pasaron varios días, y Tonks se sentía muy mal porque desde la noche del beso, Remus evitaba encontrarse con ella.
-No te preocupes, cariño- le decía Molly-. Tienes que darle un tiempo para pensar.
Una mañana, cuando estaban con el resto de los miembros de La Orden en Grimmauld Place, se encontraron y Tonks le retuvo cuando él se daba media vuelta.
-Espera, Remus, tenemos que hablar- le dijo la chica, empujándole para llevarle fuera, al pasillo. Remus se apoyó en la pared y esperó a que ella hablara, sin oponer resistencia a la conversación.
-¿Por qué evitas encontrarte conmigo?
Remus alzó la mirada y la miró directamente a los ojos.
-¿Quién te ha dicho que te evito, Tonks?
-Tú y tus actos… ¿Qué es eso de que te pasas el día entero trabajando? Ya ni siquiera tienes un rato para hablar conmigo- Tonks dijo esto con un deje de tristeza, que Remus notó al instante.
-Eh, no digas eso. Siempre que quieras hablar conmigo, te escucharé, no debes preocuparte por eso. Pero tenemos que saber guardar la compostura, Tonks. Tenemos que evitar que pase lo que paso… hace unos días.
Ante estas palabras, el corazón de Tonks empezó a latir con más rapidez de la normal y se sintió profundamente entristecida, pero no dijo nada en absoluto. Se limitó a asentir con la cabeza y a bajar la mirada.
-¿Tonks, por qué no me dices nada?- preguntó Remus, al ver que la chica no contestaba-. Lo siento, de verdad que lo siento. Pero si seguimos así… te expondré demasiado.
Ante esas palabras, Tonks reaccionó.
-¿Exponerme? ¿A qué? ¿Crees que no puedo defenderme sola?
-No, no he querido decir eso. Simplemente…- pero Remus no supo qué decir. Se había quedado en blanco. Tonks le miró dolida, se dio la vuelta y volvió a entrar en la cocina. Remus la siguió y se ruborizó al ver que todo el mundo estaba ya sentado, y que los miraban con interés. Él se sentó a la derecha de Dumbledore, mientras que Tonks se sentaba algo alejada a los demás. La reunión empezó.
Pero Remus pronto dejó de prestar atención al discurso. Estaba demasiado preocupado. Con disimulo, alzó la mirada y miró a Tonks. Se sobresaltó al verla llorando. Dumbledore también se dio cuenta e interrumpió su discurso.
-Nymphadora, querida, ¿te encuentras bien?-le dijo, con voz preocupada. Tonks levantó levemente la cabeza y asintió, no sin antes dirigir una mirada decepcionada a Remus. El anciano profesor captó aquella mirada y asintió para sí mismo, pero no dijo nada. Prosiguió la reunión.
Al terminar, Dumbledore retuvo a Tonks y Remus en la habitación, mientras que a los demás les indicó que salieran. Una vez estuvieron solos, Dumbledore les miró a ambos con gravedad.
-Veo una serie de tensiones entre ambos que no se como aliviar-comenzó diciendo-. Al principio pensé que sabríais solucionarlo todo vosotros solos, pero después de lo que estoy viendo hoy, me doy cuenta de que ninguno de los dos sabeis llevar esta situación.
-Estoy bien, profesor. No se preocupe por mí- dijo Tonks con rapidez. Dumbledore le miró con amabilidad.
-Lo se, pequeña. Se que eres fuerte, y por eso mismo me preocupo. No quiero que lo personal entorpezca vuestra profesionalidad a la hora de actuar para la Orden. Y eso va también para ti, Remus- añadió mirando al otro hombre, que observaba a Tonks con preocupación-. Comprendo que estáis atravesando unos momentos difíciles, pero no debéis hundiros el uno al otro.
Remus fue a decir algo, pero no se atrevió y bajó la mirada. Después, Dumbledore se despidió de ambos, y les dejó a solas. Remus se armó de valor, y dijo:
-Tonks, no era mi intención que te lo tomaras tan a pecho, lo siento mucho.
-¿Cuál es la razón que te impide salir conmigo, Remus? ¿Es que no te gusto?-preguntó la chica, con los ojos llorosos. Remus se sonrojó.
-No es eso… quiero decir, que no soy el más adecuado para ti, Tonks. Mereces a un chico joven y fuerte que te haga feliz.
-¡Pero yo no quiero a un chico joven y fuerte que me haga feliz, Remus! Lo que quiero es tenerte a ti… eso es lo que verdaderamente me haría feliz- susurró Tonks, mientras una silenciosa lágrima rodaba por su mejilla. A Remus se le partió el corazón. Alargó una mano hacia ella, y le secó la mejilla.
-No quiero verte llorar, Tonks. Eres la chica más hermosa que he visto nunca, no te quepa duda. Pero necesito que me entiendas. No podemos estar juntos.
Con una última caricia, y un suave beso en la mejilla, Remus salió de la habitación dejando a Tonks sumida en una profunda tristeza.