← Historia 25347 · de
Historia 25347 — capítulo 13
13
Misterios
Las siguientes noches Harry no había podido dormir bien, constantemente tenía pesadillas que hacían que le doliera muchísimo la cicatriz. En algunas soñaba con esa profecía, en otras soñaba que Voldemort torturaba a Emerald, esas eran las peores, Harry temía por ella, sentía que el estar cerca de Emerald implicaba ponerla en riesgo, Harry aún no podía olvidar la noche en que los habían atacado los dementores.
Un día después de Hallowen, Emerald le dijo que por alguna razón sentía que los dementores no querían eliminarla, sino llevarla consigo, eso hizo que las preocupaciones de Harry fueran en aumento. Quizás Alex tuviera razón, él decía que desde que Harry había llegado a Greenwitch le pasaban cosas malas a Emerald; pero Harry no se podía imaginar estar lejos de ella.
Emerald era para él como una pequeña chispa de alegría en medio de la oscuridad, nunca había conocido a alguna chica como ella, tenía de todo: era inteligente, alocada, divertida, sensible, muy buena en Defensa Contra las Artes Oscuras, grandiosa jugadora de Quidditch; aunque también tenía algunos puntos malos: su carácter explosivo, orgullosa y perfeccionista, era muy similar al de Harry, ambos eran tan parecidos, tenían tantas cosas en común, quizás eso era lo que le gustaba a Harry de ella…
Una mañana de lunes, a mediados de noviembre Harry, se había metido en un gran problema al haberse quedado dormido en clase de Historia de la Magia, la profesora Richards le quitó varios puntos a Fénix y le dejó deberes extras a Harry,
— ¿Cómo se te ocurre dormirte en clase?—lo reprendió Hermione cuando se dirigían a clase de Defensa Contra las Artes Oscuras— ¿Qué has estado haciendo en las noches?
—Ya te dije que nada, —le repitió Harry con fastidio por enésima vez—es solo que no he podido dormir bien, he tenido pesadillas con… Voldemort…
Ron hizo una mueca de dolor y Hermione ahogó un grito.
—Harry te he dicho que deberías enviarle una carta a Dumbledore—dijo Hermione—esa profecía es algo… sospechosa, seguro que a Dumbledore le interesará
—Estoy seguro que Dumbledore ya debe de saber de la existencia de esa profecía, además no me va a decir nada que no me haya dicho…
Harry, Ron y Hermione entraron al aula de DCAO, tomaron sus lugares de costumbre al fondo del salón. Harry se alegró de que el profesor Alborg entrara rápido a su clase, estaba cansado de que Hermione siempre le estuviera repitiendo lo mismo una y otra vez.
—Acomódense por parejas—les ordenó el profesor—hoy trabajaremos en algo nuevo.
Todos se acomodaron por parejas, Harry por supuesto se había juntado con Emerald. Mientras los demás se juntaban con sus parejas el profesor hacía desaparecer las butacas con un movimiento de su varita.
—Harry… —empezó a decir Emerald mirándolo de manera reprobatoria
—Mira, si me vas a sermonear por haberme quedado dormido—dijo Harry con fastidio—te aviso que Hermione ya me regañó, y no pienso seguir soportando…
—Oye, oye no te exaltes—le respondió Emerald con serenidad—solo te iba a decir que cuando pienses quedarte dormido en clase no te sientes adelante, ay Harry te falta mucho por aprender ¿Cómo a mi no me descubrieron?
— ¿también te quedaste dormida? —preguntó Harry sorprendido
— ¡No! ¡Es el fin del mundo! —Exclamó Pablo que estaba cerca de ellos y había escuchado todo— ¡La perfecta Emerald se quedó dormida en clase!
—Cállate, no te metas—le espetó Emerald—tu estabas hablando con Darrow, no con nosotros, así que vuelve a lo tuyo
—A ya veo… sigues enojada con Alex, bueno en fin, todavía no rompes el record que son tres meses—dijo Pablo sonriendo y luego se volteo
Cuando todos se hubieron juntado en parejas el profesor Alborg se puso en frente de ellos y alzó la voz para que lo escucharan.
—Jóvenes, hoy vamos a empezar a estudiar algo muy interesante—dijo El profesor y todo el mundo guardó silencio y prestó atención—una vez que ya practicamos la Legeremancia, vamos a empezar a estudiar Oclumancia.
Todos soltaron gritos sorprendidos y empezaron a susurrar entre ellos. Harry en cambio pensaba que su suerte no podía ser peor, una vez ya había intentado estudiar Oclumancia y no le había ido nada bien, aunque la razón suponía él que debía ser que el profesor había sido Snape. Harry de inmediato sintió las miradas nerviosas de Ron y Hermione clavadas en él.
—La Oclumancia es también conocida como una oscura rama de la magia, pero en mi opinión, es muy útil—explicó el profesor Alborg— La Oclumancia elemental implica limpiar la mente de pensamientos y emociones, así el Legilimente no puede encontrar lazos emocionales hacia el objetivo que se desea ocultar.
La resistencia simple requiere habilidades similares a las necesarias para oponerse a la maldición Imperio. En una de sus formas más avanzadas, la Oclumancia permite al que la utiliza suprimir solo pensamientos y sentimientos que contradicen lo que el usuario desea que el Legilimente crea, permitiendo al que practica la Oclumancia mentirle…
Harry se quedó pensando; no quería volver a pasar por la misma experiencia del año pasado, no quería que nadie hurgara en sus pensamientos, ni siquiera Emerald.
—Harry—lo llamó la voz de Emerald— ¡Tierra llamando a Harry Potter!
De pronto Harry salió de su enajenamiento y su mente volvió de donde andaba, ahora lo recordaba estaba en clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, frente a Emerald que lo veía con sus grandes ojos azules, los tenía tan abiertos que daba risa verla; Emerald agitaba la mano de arriba abajo frente a sus ojos.
Harry rió al ver la cara de Emerald.
—No hagas esa cara—dijo Harry al borde de la risa y tratando de contenerse—te ves graciosa…
— ¡Por fin! ¿En donde andabas? Llevo más de un minuto hablándote y ni rastros de Harry Potter.
—Lo siento—dijo Harry—estaba pensando… que tal vez no sea buena idea estudiar Oclumancia
— ¿Por qué no?—Preguntó Emerald interesada—Es algo muy útil si sabes utilizarlo bien, además no creo que el ministerio haya aprobado que nos enseñen este tipo de cosas, y eso es lo mejor ¡Ir en contra de las reglas! Para eso se hicieron ¿no?
—Oigan, ustedes dos—dijo el profesor Alborg llamándolos desde el otro lado de la habitación—ya dejen de platicar y pongan atención.
Bien, les decía que lo primero que hay que hacer es vaciar su mente de todo pensamiento; bueno, repasemos lo que vimos de Legeremancia, recuerden que el contacto visual es indispensable al igual que la fuerza de su mente. Ahora que saben lo básico empezaremos a practicar, entre ustedes les será más fácil ya que son principiantes. Se pondrán uno en frente del otro; luego uno usará Legeremancia y el otro intentará impedir que su compañero penetre en su mente, en casos extremos usen su varita; no se preocupen si no pueden hacerlo a la primera. Adelante.
Harry, un poco nervioso se paró bien frente a Emerald y preparó su varita.
— ¿Quién empieza?—preguntó Emerald
—Primero las damas—dijo Harry con una sonrisita nerviosa.
Harry y Emerald se sostuvieron la vista por un momento, entonces Emerald apuntó a Harry con su varita.
— ¡Legeremens!
El aula de Defensa Contra las Artes Oscuras empezó a dar vueltas a su alrededor y empezó a desaparecer lentamente, de pronto, en la cabeza de Harry aparecieron imágenes e imágenes, como si fuera una película.
Tenía seis años y Dudley y su pandilla se burlaban de él…tenía ocho años y estaba en casa de la señora Figg viendo fotos de sus gatos… Estaba frente a un gran perro de tres cabezas… Tía Marge se inflaba como un globo mientras que tío Vernon se ponía morado… Se encontraba en el despacho de la profesora Umbridge cumpliendo uno de sus castigos… Sirius caía lentamente en el velo…
— ¡Nooo!—gritó Harry y cayó al suelo de rodillas
Entornó los ojos y nuevamente el aula aparecía ante sus ojos frente a él estaba Emerald mirándolo estupefacta, tenía los ojos abiertos como platos. Harry se levantó del suelo y miró a su alrededor, no era el único que había caído al suelo; muchos trataban de resistirse al ataque de su compañero, varios estaban en el suelo y otros incluso gritaban…
—Me dejaste… penetrar mucho en tu mente—dijo Emerald vacilante—ahora es tu turno…
Harry solo asintió con la cabeza, estaba sudando; el chico preparó su varita y miró a Emerald a los ojos, ella asió su varita fuertemente y también miró a Harry.
— ¡Legeremens! —dijo Harry
Por tercera vez consecutiva el aula volvió a desaparecer frente a sus ojos y otra vez aparecieron imágenes en su mente, recuerdos… pero esos recuerdos no eran suyos.
Una niña pequeña de cabello castaño oscuro, corto le gritaba a una mujer de aspecto malvado, mientras por sus mejillas rodaban lágrimas… La misma niña pero un poco más grande lloraba en una oscura habitación… Emerald estaba frente a la mujer que vendía túnicas en Magic Center… Ahora estaba en la sala común de Fénix discutiendo con Pablo… Greck besaba apasionadamente a Emerald… El terrible rostro como de serpiente, blanco y demacrado de Voldemort aparecía, sus ojos escarlatados con las pupilas de rendija como de gato le devolvían la mirada…
Al instante Harry sintió un fuerte pinchazo en la cicatriz y de inmediato recuerdos que si eran suyos empezaron a aparecer, solo fue por un instante muy corto y cuando de nuevo el aula apareció ante su vista, volvía a estar tumbado de rodillas en el suelo.
—Estás bien, Harry—dijo Emerald
— ¿Qué… fue eso?—tartamudeó Harry— ¿Por qué… Voldemort estaba en tus pensamientos?
Emerald frunció ligeramente el entrecejo y se acomodó un mechón de su cabello detrás de la oreja.
—No… no se de que me hablas Harry… yo no vi nada… tal vez… te lo imaginaste
Harry se sintió confundido, él había visto el rostro de serpiente de Voldemort y Emerald no; aunque no sería la primera vez que veía cosas que la demás gente no podía ver, él estaba completamente seguro de que el demacrado rostro de Voldemort estaba dentro de los pensamientos de Emerald y no se lo había imaginado.
Al terminar la clase se fueron al salón-comedor, era hora de la comida, Harry no tenía apetito, esa clase había hecho que se le revolviera el estómago y la cabeza también así que se él prefirió irse a la Sala Común antes de la clase de Transformaciones.
Las siguientes clases de Oclumancia que tuvieron fueron igual de desastrosas para Harry, la mayoría habían mejorado mucho, pero él parecía ir de mal en peor; la cabeza le dolía constantemente y el dolor de la cicatriz a veces era insoportable, sin mencionar sus pesadillas.
El mes de noviembre pasó tan rápido, las vacaciones de navidad ya estaban muy cercanas, así que los profesores los traían muy atareados con los deberes y en enero les pondrían exámenes trimestrales, así que todos los alumnos pasaban la mayor parte de su tiempo en la biblioteca.
Los primeros días del mes de diciembre, el clima se volvió mas frío, una ligera capa de nieve cubría los extensos jardines del colegio y las chimeneas estaban encendidas, así que el castillo no era tan frío. A donde quiera que iban los alumnos andaban bien abrigados y se ponían sus bufandas para cubrirse del frío. Harry, Ron y Hermione, pensaban que Greenwitch no era un lugar tan frío comparado con Hogwarts, así que el clima no les afectaba mucho como a los demás.
El último partido del trimestre sería el sábado antes de salir a vacaciones, Fénix se enfrentaría contra Unicorn; por primera vez en su vida, Harry no deseaba jugar a Quidditch, pues la última semana había estado lloviendo y el frío era mas intenso.
El miércoles antes al partido Harry y Emerald se dirigieron después de la comida al campo de Quidditch a entrenar; como era costumbre Pablo estaba insoportable, ganar ese partido era todo para él, así que no los dejaba en paz ni un momento. No importaba si llovía, si nevaba o si hacía un viento espantoso, todas las tardes entrenaban muy duro.
—No podemos entrenar así—dijo Emerald a Pablo mientras se asomaba por una ventanilla que daba de los vestidores hacia el campo—mira como está aya afuera
—No seas miedosa—dijo Pablo—es solo una llovizna…
— ¡Llovizna dices! ¡Llovizna dices! —Gritó Emerald histérica— está cayendo una tormenta, lo que tu quieres es que me lleve el aire verdad, lo que pasa es que tu me odias
—No te odio—dijo Pablo mientras de disponía a salir al campo—todo lo contrario
Emerald puso cara de perplejidad, y mejor ya no dijo nada más. Los siete jugadores del equipo salieron al campo volando en sus escobas. El agua de la lluvia caía fuertemente y el ruido hacía que las órdenes de Pablo se perdieran.
Después de una hora, bajaron de sus escobas, por fin las chicas habían hecho entrar en razón a Pablo y había decidido suspender el entrenamiento, entraron en los vestidores completamente empapados y llenos de barro.
—No se como soportas estar todo el día con él Emerald—le dijo Elisa la otra cazadora a Emerald mientras se cambiaban en el vestidor de las chicas—es realmente insoportable.
—Creo que deberían darme un trofeo por eso—dijo Emerald en tono irónico—seis años soportando a Pablo, es un gran logro.
—La verdad es que tienes razón—dijo Elisa divertida—si yo con solo verlo en los entrenamientos, ya me fastidia
—Bueno, la verdad es que no es tan mala persona, en el fondo es un buen tipo…
—No lo se, quizás nunca comparta tu opinión; todos los de sexto se la pasan molestándonos a las de quinto, pregúntale a tu prima Rose, siempre se la pasan aventándonos cosas
Emerald rió, la verdad era que los alumnos de su curso eran muy desordenados, de hecho esa era la generación más desastrosa en los últimos años, siempre estaban causando problemas y los cursos anteriores habían sido peor, había profesores que ya no los aguantaban. Su antiguo profesor de Pociones se jubiló porque ya no los soportaba, era un hombre mayor al que siempre sacaban de quicio…
Quince minutos mas tarde salieron de los vestidores para dirigirse a su sala común y disfrutar del calor de la chimenea. De pronto unos pasos que no eran los de ellos se escucharon venir por el pasillo.
— ¿Qué haces aquí Armando? —preguntó Pablo al novio de Ale
—Vine a buscar a Emerald—respondió él muchacho en tono cortante, nunca le había caído bien Pablo.
—No vendrías a espiar nuestro entrenamiento y a copiar mis tácticas ¿verdad?
Armando lo fulminó con la mirada y no dijo nada, solo se dirigió hacia Emerald que venía muy animada platicando con las chicas.
—Emerald— dijo Armando saludándola de beso—llevo todo el día buscándote, necesito decirte algo, es muy importante
Armando esperó a que los demás se alejaran y doblaran al otro pasillo para quedarse ahí solo con la chica, que lo miraba en busca de una explicación, era rara la vez que Armando le decía algo importante, la verdad casi nunca, siempre estaba mas con Ale, Iza y Karen. Ambos empezaron a caminar por el pasillo dirigiéndose a la sala común de Fénix.
—Mira—dijo Armando— esque no se como decirte, es algo muy delicado.
Emerald arqueó una ceja, no estaba entendiendo nada
—Mejor, me lo dices luego, a horita pareces…muy exaltado—dijo la chica confusa—o mejor dile a Iza o a Ale, ellas me contarán a mi.
—Mejor entrégale esto a Iza, tu vida depende de esta carta—dijo Armando muy serio sacando de su túnica un trozo de pergamino muy bien doblado— no intentes leerla, porque no le vas a entender, está en clave
—Si me lo imaginaba, bueno me tengo que ir, no terminado mis deberes de Transformaciones ni de Pociones.
—Te acompaño hasta tu sala común, no tengo nada que hacer y ya me fastidié de estar en mi sala común, no soporto a los de mi casa, a buena hora me pusieron en Drakon.
—Ni modo—se limitó a decir Emerald—así es la vida, a veces buena y a veces mala, nunca se sabe…
Mientras tanto Harry se encontraba con Hermione y Ron sentado frente a la chimenea, los tres estaban terminando sus deberes.
—Esto es muy complicado—se quejaba Ron a cada momento—no se como le haces Hermione
—No sería tan complicado si se dispusieran a poner atención—los regañó Hermione en tono severo y reprobatorio—en lugar de estar jugando y durmiendo en clase
—Dale con lo mismo. —Dijo Harry—Tu ni siquiera te esfuerzas en ayudarnos un poco, en tu conciencia quedará si reprobamos los exámenes trimestrales, no se porque ponen exámenes
—Es verdad, en Hogwarts solo pones a finales del curso—mustió Ron afligido
—Será mejor que dejen de quejarse y se pongan a terminar eso—puntualizó Hermione—oye Harry ¿Dónde está Emerald? Aún le faltan sus deberes de Transformaciones y Pociones.
— ¿Por qué preguntas? —dijo Harry extrañado—acaso ya te habla
—Si, parece que ya se le pasó el coraje, hablamos como dos personas maduras, aunque no se si decir que Emerald es madura; solucionamos todos los malos entendidos, aunque bueno, admito que ya no me habla de la misma forma que solía hacerlo
—¿y que esperabas? —Dijo Ron en tono sarcástico—que te diera las gracias por que casi la matas y le quitas a su novio.
—En primer lugar el que se equivocó de poción fuste tú y yo jamás le quise quitar a Harry.
Ron solo soltó un bufido y siguió escribiendo.
—A esque se me olvidaba que tu noviecito es Ángel—dijo Ron en tono cortante y sin mirar a su amiga que rápidamente dejó de escribir
—Ángel no es mi novio—le reclamó Hermione—es solo mi amigo, estas celoso como tu querida Karen no te hace caso
—Eso no es verdad— respondió Ron ofendido poniéndose de pie de un brinco—si yo quiero puedo hacer que sea mi novia a horita mismo
Ron apartó su mochila de una patada y se dirigió a donde estaba Karen platicando con Ale e Iza sobre chicos.
Ron apartó a Karen del brazo y la atrajo hacia sí, luego la acercó más hacia él, estaban a solo un palmo, entonces lo que hizo Ron a continuación dejó a todos con la boca abierta; le había plantado un beso en la boca a Karen y ella se lo correspondió encantada.
Cuando se separaron Karen no dijo nada, su cara ni siquiera parecía de sorpresa, al contrario lo que hizo Ron lo había tomado como la cosa mas normal del mundo; Ron en cambio estaba completamente rojo, mas que su cabello se podría decir.
—Karen…—tartamudeó Ron— ¿Qui… Quieres… ser mi… no… novia?
—Si claro—contestó Karen con indiferencia sin pensarlo dos veces
Entonces Ron se quedó pasmado, no sabía que hacer ahora. Entonces de pronto un fuerte ruido bajó a Ron de las nubes. Se había escuchado un gran portazo proveniente de las habitaciones de las chicas. Ron volteó a ver a sus amigos, pero solo estaba Harry, lo que le dio a entender que la que se había ido y había cerrado de un portazo había sido Hermione, pero no le importó mucho. Ron se acercó a Harry con cara de perplejidad y aún estaba muy rojo.
—¿Qué le pasa a Hermione? —le preguntó Ron a Harry quien lo veía muy sorprendido
—No… no lo se—masculló Harry boquiabierto—se fue y ya, sin despedirse siquiera.
Ron tenía la vista fija en la puerta de la habitación de las chicas como si con tan solo mirarla fuera a salir Hermione alegre y todo volviera a ser normal como antes, pero como no sucedió clavó su vista en el suelo, de pronto la alfombra parecía tener algo interesante.
—Como se te ocurrió hacer eso—siguió hablando Harry en voz baja—debes estar muy loco, pudiste… pudiste haber elegido a alguien… mejor… como…
En ese momento entró Emerald muy deprisa a la sala común y se dirigió a Harry y a Ron.
—Que onda—dijo ella sentándose sobre la alfombra, pero de inmediato se percató de la seriedad de los dos— ¿me perdí de algo?
—Ron… Ron le pidió a Karen que fuera su novia y ella… aceptó…
— ¡No! —Gritó Emerald sorprendida—eso si que es… una sorpresa; bueno Ron no me lo tomes a mal pero no se si hiciste bien… esque pues… Karen no es tu tipo de chicas, ella pues… cambia de novio cada semana o dos a lo mucho y te recomiendo que no te ilusiones demasiado… con ella.
Ron se levantó lentamente de su asiento, tenía aspecto de asustado, pero no dijo nada al comentario de Emerald, solo se dirigió a la habitación de los chicos en silencio y entró por la puerta.
—Ya no soporto esto—dijo Harry malhumorado— ¿Por qué no admiten simplemente que se quieren y ya?
Emerald rió y luego miró a Harry sonriendo.
—Harry, Harry, eso no es fácil; mira cada quien piensa de manera diferente respecto a expresar sus sentimientos a otra persona—le explicó Emerald pacientemente—es mas si tu nunca me hubieras dicho que yo te gustaba, jamás te hubieras enterado que yo quería contigo, me a pasado otras veces, no se si me entiendas.
—Pero… pero esque se comportan como niños— dijo Harry Exasperado
—Eso si—coincidió Emerald— bueno, mejor me callo porque no estoy en condiciones de decir esas cosas. Bien, me tengo que ir Harry, tengo que darle una carta a Iza que me dio Mando, parece que es urgente.
Emerald se levantó de la alfombra y se despidió de Harry con un beso en la mejilla.
Al siguiente día Hermione siguió sin hablarle a Ron, Harry en cambio se sentía entre la espada y la pared, parecía que ahora si era el final de su larga amistad. Últimamente los tres andaban muy separados; Ron se la pasaba la mayor parte del día con Karen besuqueándose en cualquier rincón del colegio, Hermione, casi siempre estaba en la biblioteca y casi siempre tenía una expresión severa en el rostro, Harry en cambio estaba con Emerald y raras veces asistía con Hermione a la biblioteca para no dejarla sola.
El viernes por la mañana entraron a su última clase de pociones, pues el lunes ya estarían de vacaciones; Harry se sentó en una mesa con Ron, Emerald, Karen e Iza.
Todos empezaron a preparar una fácil poción contra el catarro, Ron parecía estar de mal humor esa mañana, pues echaba los ingredientes en su caldero de una forma muy brusca, Harry que estaba a su lado era el que tenía que estar soportando sus murmullos y quejas.
—No se que le ve a ese presumido—farfulló Ron entre dientes mientras vertía descuidadamente alas de escarabajo—Primero Krum y ahora ese…
Harry mejor se volteó hacia Emerald que estaba muy concentrada en su caldero.
—Lo estas haciendo mal—dijo de repente la chica sin apartar la vista de su poción que empezaba a echar humo púrpura como debía de ser—si viertes el pelo de unicornio antes que el jugo de mandrágora te saltará en la cara, y si piensas hacer eso déjame hacerme a un lado primero.
—¿Que…? ¿Cómo te diste cuenta? Ni siquiera me estabas mirando—dijo Harry
Emerald no le contestó, solo dio vuelta a la siguiente página de su libro de pociones avanzadas.
—Esque ella lo ve todo—dijo Iza sonriendo
—No es verdad… me di cuenta porque tomó mis ingredientes—se justificó Emerald— Iza abriste la carta que te di anoche
—No—dijo Iza despreocupada—nunca abro las cartas que me da Mando a menos que diga “Importante” en la parte de enfrente
—Él me dijo que era importante, que mi vida dependía de ello
—Ay ya sabes como es Mando de exagerado
—Si es cierto— dijo Emerald olvidando el asunto
Entonces Emerald regresó a su trabajo y ya no dijo nada mas
— ¿Por qué no se puede poner del mismo color que la tuya? —preguntó Harry que estaba completamente seguro de que había seguido las instrucciones al pie de la letra
Emerald tomó un puñado de unas hojas secas que tenía en un lado y que por cierto olían muy mal, y las vertió en el caldero de Harry, que de pronto soltó un vapor morado y se tornó del mismo color que la de Emerald.
—Señorita Darrow, le recuerdo que no debe hacerle la poción a su compañero—dijo la profesora Darrow que la había estado observando desde el principio, esa profesora parecía tener algo en contra de Emerald—tiene cero y cinco puntos menos para Fénix.
— ¡No, eso es injusto! —Gritó Emerald— ¡no le estoy haciendo la poción!
—Pues lo que yo vi fue otra cosa—añadió la profesora y apuntó su varita al caldero de Emerald— ¡Envanezco!
El caldero de la muchacha se limpió al instante y la poción que le había costado tanto trabajo realizar había desaparecido completamente dejando su caldero limpio.
— ¡Que le pasa! ¡Usted no puede hacer eso, no tiene derecho! — saltó Emerald furiosa—¡Vieja loca!
—Sígame gritando y la enviaré con la directora— le advirtió enojada la profesora Darrow
—Sabe que no me importa—dijo Emerald recogiendo violentamente sus cosas— puede hacer lo que se le venga en gana.
Todos los alumnos habían dejado de poner atención a sus pociones por ver la discusión entre la profesora y Emerald. Emerald se colgó la mochila al hombro y se dirigió a la puerta a paso firme.
—Venga a mi escritorio—le dijo la profesora
Entonces sacó un pedazo de pergamino, era un reporte, llenó las líneas que estaban en blanco que acababa de llenar rápidamente y se lo entregó a Emerald, quien se lo arrebató.
—Va a ir con la directora y ella decidirá su castigo—dijo la profesora con un tono de voz enérgico y triunfante a la vez—Señor Potter, usted también, pídale a alguno de sus compañeros que le haga el favor se vaciar su poción y entregármela, ahora fuera los dos.
Harry miró Emerald, luego a la profesora y después fue tras Emerald, eso si era realmente injusto lo único que había hecho Emerald era vaciar esas hierbas en su poción y había sido todo, lo demás lo había hecho él solo. La profesora Darrow podría tener un aspecto generoso y alegre pero era la mujer más despreciable que había visto en el mundo, bueno después de Umbridge. Harry salió detrás de Emerald quien se encargó de cerrar de un portazo la puerta.
La chica caminaba tan rápido que era casi imposible para Harry alcanzarla.
—Podrías esperar—dijo Harry molesto—ahora me vas a echar la culpa a mi
—Nadie te está echando la culpa—musitó Emerald fríamente mientras aminoraba el paso y permitía que Harry la alcanzara—esque esa vieja tiene algo en contra de mi, nunca me ha caído bien, ni yo le he caído bien
—A donde vamos—preguntó Harry impaciente mientras subían unas escaleras.
—Con la directora—respondió Emerald al instante—mira lo que dice aquí
Emerald extendió el pedazo de pergamino que tenía una letra apenas entendible, pues al parecer la profesora lo había escrito muy rápido, la chica lo leyó en voz alta en indignada:
Reporte
Emerald Darrow y Harry Potter
Razón: La señorita Darrow le hizo la poción al señor Potter y después de eso
se atrevió a gritarme; la conducta de la señorita Darrow va de mal en peor en mis clases.
Firma: Silvia Darrow
— ¡No lo puedo creer! —gritó de pronto Emerald haciendo que Harry se sobresaltara—no cabe duda, esa mujer me odia
—Crees… crees que nos castiguen
—No, por supuesto que no—le respondió Emerald tranquila—No hay razones concisas, además la directora es una mujer muy racional, he hecho cosas peores que de verdad merecían la expulsión y mírame aquí estoy dándole lata a la gente
Emerald sonrió y siguió caminando.
Doblaron por varios pasillos y subieron muchas escaleras; cuando Harry empezó a creer que nunca llegarían y que posiblemente ya se habían perdido, el panorama se le empezó a hacer familiar, pero no sabía porque si nunca había ido al despacho de la directora, entonces Emerald se paró frente a una hermosa puerta de cristal esmerilado; ahora lo recordaba en su sueño había estado allí.
Entonces como una gran ráfaga, la cabeza de Harry se llenó de ideas y conclusiones. La profecía misteriosa que había visto seguro estaba allí, ahora todo estaba muy claro para Harry, aunque seguía sin saber de lo que hablaba esa profecía.
Emerald abrió la puerta y Harry la siguió por unas escaleras de caracol que comenzaron a girar al instante que pisaron el primer escalón; cuando se detuvieron un poco mareados se dirigieron a una puerta de madera muy hermosa también.
—“Frutitas de colores” —susurró Emerald y por la forma en que sonó su voz Harry pensó que estaba a punto de reírse, quizás por la contraseña un poco extraña.
La aldaba de oro de la puerta hizo un extraño sonido como si hubieran quitado varios cerrojos. Emerald llamó a la puerta antes de entrar, pero nadie contestó, la puerta solo se abrió sola y silenciosamente; Los dos entraron sin hacer ruido, como temiendo que al mas leve susurro algo se fuera romper o alguien fuera a despertar.
Harry había confirmado sus sospechas, ese lugar era efectivamente donde se guardaba la misteriosa profecía, todo estaba completamente igual; La gran sala circular, hermosa y con esa tintineante musiquita, como la de una caja musical. Las paredes de un blanco platinado y las extrañas flores en jarrones elegantes que estaban posados sobre las mesas de patitas finas. Había también un escritorio grande de madera con elegantes patas, a lado del escritorio había una mesa alta donde estaba posado un gran libro que se veía muy viejo, parecía tener muchísimos años de antigüedad y a su lado una larga pluma de fénix posada en un pequeño tintero que tenía una extraña tinta plateada que relucía fantásticamente.
Después de terminar de observar con detenimiento el despacho la vista de Harry se fijó en la misma vitrina de vidrio que había visto en su sueño, con numerosos objetos valiosos y entre el libro blanco y el dije de plata, estaba un cojín de raso celeste sobre el cual estaba posada una pequeña esfera de cristal, que despedía su débil luz y con una etiqueta, que Harry ya no se molestó en leer, pues ya sabía lo que decía.
De pronto una puerta que estaba lateral al despacho se abrió y apareció de directora muy seria. Harry y Emerald se voltearon de inmediatamente a verla, llevaba su largo cabello plateado recogido en una larga trenza y llevaba puesta una túnica celeste.
La profesora se sentó detrás del escritorio y luego con su varita hizo aparecer dos elegantes sillas en las cuales se sentaron Harry y Emerald.
—Cuanto tiempo sin vernos, Emerald—dijo la profesora mirándola sobre sus gafas de media luna y sonriendo a la vez— ¿Por qué te han mandado ahora?
Emerald le extendió el trozo de pergamino lentamente con una mano temblorosa mientras trataba de sonreír tímidamente. La profesora Dumbledore tomó el pequeño pedazo de pergamino y lo leyó atentamente, luego lo tiró en una papelera que lanzó un eructo.
—Ya veo—dijo serenamente la profesora entrelazando sus dedos.
—Pero… yo no hice la poción de Harry, solo le estaba ayudando un poco—se apresuró a decir Emerald
—Emerald—dijo lentamente la profesora
—usted sabe que esa mujer me odia, se lo ha demostrado otras veces…
— ¡Emerald! —La profesora alzó la voz y Emerald se calló—estoy segura que me dices la verdad, pero también se que es verdad que le gritaste, te he dicho muchas veces que controles tu carácter; y déjame recordarte que la profesora Darrow no te odia
Emerald asintió apesadumbradamente.
Después la directora fijó su vista en Harry y le sonrió. Harry sintió una extraña sensación era como estar frente a Dumbledore, el aspecto sereno de la directora hizo que se olvidara por completo de que estaba en el mismo lugar en el que había estado en su sueño.
—Vaya—exclamó la directora de pronto—así que tu eres Harry; Albus me ha hablado mucho de ti, eres tal y como te imaginaba, Harry.
Harry la miró confundido, no sabía que decir o mas bien si debía decir algo.
—Yo no sabía… que el profesor Dumbledore… tenía una hermana— titubeó Harry.
—A veces la familia se llega a distanciar por circunstancias que muchas veces no son de nuestro agrado. —le limitó a decir la profesora y los miró a ambos—Harry, tienes algo que agregar, veo que tu atención está fija en la profecía que se encuentra en mi vitrina.
—No…yo… no—balbuceó el chico—esque me preguntaba ¿Por qué esa profecía se encuentra aquí y no donde están las demás?
—Verás, Harry; hay secretos tan importantes que uno debe de guardar celosamente, secretos que deben ser descubiertos tarde o temprano, cuando creamos necesario, pero que por el momento no debemos preocuparnos por ellos.
Harry asintió perplejamente, la verdad era que no había entendido nada, pero mejor decidió quedarse callado.
—Emerald—dijo serenamente volviéndose a la chica que estaba distraída viendo por una ventana— Tienes algo que contarme…
—A… eh… ¿Qué? —Titubeó Emerald bajando de las nubes—Yo… no nada
—Bien, si eso era todo ya pueden regresar a sus clases—dijo la directora encaminándolos a la puerta—y recuerden que los sueños, sueños son y algunas veces deben ser olvidos ¿entendido?
Harry y Emerald salieron del despacho de la directora, ambos muy confundidos, incluso mas que cuando llegaron.
Harry no sabía que pensar; de pronto la idea de que la directora sabía que había estado soñando con la profecía lo embargó. ¿Por qué quería que dejara de soñar con aquella profecía? ¿Qué tenía que ver él con esa profecía? ¿Por qué la directora la guardaba tan celosamente? ¿A quien quería proteger? ¿Sería él?...