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Historia 25347 — capítulo 2
2
Último día en hogwarts
A la mañana siguiente Ron despertó a Harry muy sonriente, y aun adormilado se puso la camisa, sus otros compañeros ya habían salido, así que se apresuró a vestirse. Cuando Harry y Ron bajaron se encontraron a Hermione sentada en una butaca frente al fuego y no parecía muy contenta.
— ¿Pero que les pasa a ustedes? —Les pregunto la chica furiosa—
Vamos ya es demasiado tarde
—Hermione, apenas son las 8:30—dijo Ron—no pensarás que vayamos a clases o si
—Claro que no, pero tenemos muchas cosas que hacer—dijo Hermione mientras salían por el retrato de la señora Gorda— ¿ya prepararon sus cosas?
—Em... si. —Mintió Ron—Me muero de hambre, espero que en Greenwitch sirvan buena comida...
—Y que jueguen Quidditch...—dijo Harry sonriendo
—Y que haya lindas chicas... —continuó Ron
—Comida, Quidditch, Chicas—dijo Hermione apesadumbrada— ¿Es lo único en que piensan los hombres?
Harry, Ron y Hermione entraron al Gran Comedor que ya estaba casi vacío; tomando en cuenta que seria la última vez que desayunaban ahí Harry y Ron comieron hasta más no poder mientras Hermione leía su ejemplar de El Profeta.
— ¿Viene algo que valga la pena? —Preguntó Ron después de que Hermione puso el periódico sobre la mesa
—Las mismas tonterías de siempre. —Le contesto la chica—El ministerio habla maravillas de Harry ahora, es el colmo; también hablan sobre el intercambio escolar y todo eso y sobre... la inocencia de... Sirius
—Será mejor que nos vayamos tenemos muchas cosas que hacer—dijo Harry tratando de evitar aquella conversación
—Si, vamos—coincidió Ron
Los tres amigos salieron del Gran Comedor y se dirigieron a la sala Común de Gryffindor que estaba completamente vacía.
—Porque no vamos a terminar de arreglar nuestras cosas y luego vamos a visitar a Hagrid—sugirió Hermione
—Si buena idea—coincidió Ron con su amiga.
Harry y Ron subieron a su dormitorio y al igual que la sala común estaba vacío, ya que Neville, Dean y Seamus, con quien compartían habitación estaban en clases.
Harry abrió su baúl con una patada, estaba completamente desordenado, a pesar de que era el primer día, sacó todo lo que había dentro y lo primero que metió fue su escoba, su capa de invisibilidad y el Mapa del Merodeador que sabía que en Greenwitch no le serviría de nada. Después puso dentro toda su ropa y objetos personales y por último metió los libros.
— ¿Crees que nos sirvan en Greenwitch? —le preguntó Ron que sostenía uno de los libros como si fuera un animal raro
—No lo se, pero será mejor que los llevemos, si no quieres que Hermione nos mande de regreso por ellos— le contestó Harry con una sonrisa burlona.
—Bien, pero primero meteré mis golosinas de Honeydukes y si no caben los dejaré, Ginny podrá cuidarlos mientras vuelvo, los libros es lo de menos.
Pero para desgracia de Ron, los libros si cupieron a la perfección en su baúl.
—Creo que es todo
—Valla, no tardamos ni media hora— dijo Harry con alivio
—Pues, si echaron todo a lo trol—dijo la voz de Hermione desde la
puerta
— ¡Oye, es de mala educación espiar a las personas!— se quejó Ron— ¿desde cuando estas ahì?
—lo suficiente para darme cuenta que son unos desordenados—contestó ella—Harry, mira se te olvida tu agenda de deberes que te regalé la navidad pasada, debió haberse caído debajo de tu cama cuando sacaste todo
—Oh, si mi agenda de deberes, que bueno que me recordaste Hermione, no se que haría sin ella, gracias— dijo Harry sarcásticamente
—De nada
—“Debí haberla quemado en vacaciones”—pensó Harry
—pero porque no tardaste tanto, Hermione
—Arreglé todo anoche, solo me faltaba meter unas bolas de lana, imagínate cuantos elfos necesitan ser liberados en Greenwitch
—Sigues con esa idea descabellada del pedo
—El P.E.D.D.O. —lo corrigió la chica ofendida
—Cuantas vece te he dicho que a los elfos no les gusta que los liberen
—Claro que les gusta
—Que no
—que si
—Ya basta—los detuvo Harry—mejor vamos a visitar a Hagrid, tenemos el tiempo contado
—Si, tienes razón—dijo Ron—hay que aprovechar que no tiene clase
Los tres salieron del castillo, caminaban en silencio mientras descendían por el césped hacia la cabaña de Hagrid, en el límite del bosque prohibido. Harry llamó a la puerta de Hagrid y los estruendosos ladridos de Fang respondieron al instante.
— ¡Atrás Fang! —Se oyó decir la voz de Hagrid que abrió la puerta de un golpe— ¡Ya era hora! ¡Creía que no vendrían a despedirse!
—Esque estábamos ocupados—dijo Hermione mientras entraban a la enorme cabaña de Hagrid.
Se sentaron a la mesa mientras Hagrid comenzaba a preparar el té.
—He oído que Greenwitch es un lugar fabuloso—dijo Hagrid— y hay todo tipo de criaturas interesantes.
Harry, Ron y Hermione se miraron entre ellos, para Hagrid una criatura interesante era una criatura 100% peligrosa.
—Sus normas son muy similares a las de Hogwarts, pero los EXTASIS los toman hasta séptimo y no en sexto.
—Genial, tendremos que seguir estudiando todas las materias—se quejó Ron— una vez escuché a Percy decir que eran mas estrictos en cuanto a las clases y su nivel académico era muy alto.
—Véanlo por el lado positivo, aprenderemos más cosas nuevas—les dijo Hermione emocionada.
—Que no te importa otra cosa que no sean las clases, Hermione
—No, Hermione tiene razón, pueden aprender muchas cosas de Greenwitch y no solo hablo de las clases—dijo Hagrid mirando la cara de Ron y de Harry—pueden aprender cosas de los chicos y los chicos de ustedes
—Y podemos conocer chicas nuevas—dijo Ron
Terminaron comiendo con Hagrid, aunque no comieron mucho; Hagrid
nunca había tenido lo que se dice muy buen gusto para la cocina.
A media tarde empezó a llover suavemente. Resultaba muy agradable estar sentados junto al fuego escuchando a Hagrid y a Hermione discutir sobre la liberación de los elfos.
Como a las tres y media Harry, Ron y Hermione se despidieron de Hagrid para regresar al castillo.
—Vamos Hagrid, no nos iremos para siempre, solo será... un año—trató de animarlo Hermione
—Está bien, prométanme que no se meterán en problemas como comúnmente acostumbran—sollozó Hagrid y se sonó ruidosamente la nariz con un pañuelo de lunares
—Lo prometemos—dijeron los tres al unísono
Los tres iban subiendo al castillo por la gran extensión de césped cuando Harry recordó algo.
— ¡Hedwig!—exclamó el chico de pronto—olvidé ir por Hedwig a la lechucería, los alcanzo mas tarde
Ron y Hermione se dirigieron al castillo mientras Harry se fue a la lechucería, que se encontraba en la cima de la torre Oeste.
Era un cuarto circular de piedra, muy frío y con corrientes de aire ya que las ventanas no tenían cristales; el piso estaba completamente cubierto de paja y excrementos de lechuza. En una percha casi en la cima de la torre se encontraba Hedwig recostada entre una lechuza gris y una rojiza, Harry se apresuró hacia ella, deslizándose un poco sobre el piso.
—Hedwig—la llamó y obedientemente la lechuza se posó sobre su hombro—tenemos que irnos
En ese instante entró Cho.
—Harry—exclamó Cho poniéndose roja—que gusto verte
—Em... si lo mismo digo—mintió Harry
—A si que te vas a Greenwitch—dijo ella
—...si... después de la cena—respondió Harry indiferente
—Que bien—dijo Cho notando la evasión de Harry—mis padres y yo vamos de vacaciones todas las navidades a Flowery Islad, es la isla donde se encuentra el colegio... quizás nos veamos en las vacaciones.
—Si... bueno Cho me tengo que ir, solo venía por Hedwig
—Em... si adiós, que te vaya bien—dijo la chica un poco decepcionada—nos vemos
Harry salió de la lechucería dejando sola a Cho, no podía creer que le hablara después de cómo se había comportado con el año pasado, lo que le dio gran alegría fue que después de todo ya no sentía nada por Cho, inclusive ya no sentía ese extraño cosquilleo en el estomago cada vez que la veía.
Harry caminó en silencio con Hedwig posada sobre su hombro, le quedaba todavía tiempo antes de la cena, no tenía muchas ganas de regresar a la sala común de Gryffindor, la lluvia había cesado así que decidió dar un paseo alrededor del lago.
El cielo estaba serenamente gris, Harry se detuvo y se sentó bajo la sombra del Haya donde una vez el vio a su padre torturar a Snape; se recargó sobre el tronco y cerró sus ojos dejando que el viento frío y suave acariciara sus mejillas, lentamente se recostó sobre la hierba y se fue quedando dormido...
Harry se encontraba en una playa, contemplando el mar; de pronto ante su vista apareció Cho con su largo y lacio cabello negro pavoneándose sobre su espalda, de pronto unos brazos rodearon su cuello por detrás, Harry giró su cabeza para ver quien lo tenía abrazado y sin previo aviso los suaves labios de una chica rozaron los suyos, el sin decir nada le correspondió el beso que duró un par de segundos.
—Te amo—le dijo la chica
—Yo también—le dijo Harry
De pronto Cho ya no existía para el. Harry giró sobre sus talones y unos ojos azules, profundos como el mar le devolvían la mirada...
—Te amo—volvía a decir Harry, pero entonces empezó a sentir un dolor en la cicatriz— ¡Basta!—gritó Harry
Abrió sus ojos y sobre su cabeza estaba Hedwig picoteándole la cicatriz.
— ¡Oye!—dijo Harry enfadado con su lechuza—No hagas eso
Harry miró su reloj, ya casi era hora de la cena; el chico se paró de inmediato y corrió hacia el castillo con Hedwig volando tras el.
—“Demonios me quedé dormido”—pensó—“¿Quién sería esa chica?
— ¡Harry!—dijo la voz de Hermione tras el mientras corría por el vestíbulo—donde estabas, creí que solo ibas por Hedwig a la lechucería
—Si pero, no me di cuenta de que horas eran—se excusó Harry—
¿Dónde está Ron?
—Ya está en el gran comedor—dijo Hermione mientras se encaminaban hacia las escaleras que daban al Gran Salón
Ambos entraron al gran comedor y se sentaron a lado de Ron que ya estaba comiendo. Harry no tenía suficiente apetito solo sabía que estaba enojado con Hedwig por haberlo despertado y no dejarlo descubrir quien era la chica de su sueño.
Tras la cena, los tres subieron a la sala Común de Gryffindor por sus baúles y a ponerse ropas muggles, estaba llena de gente, todos los despidieron con vítores y aplausos, como si fueran tres héroes.
Harry, Ron y Hermione bajaron de la torre para dirigirse a la oficina de Dumbledore; caminaron en silencio por el vestíbulo, doblaron a la esquina y se pararon frente a una gárgola grande y extremadamente fea.
—Palomitas ácidas—dijo Harry
De pronto la gárgola cobró vida y se hizo a un lado, la pared que se encontraba detrás de esta también se abrió en dos. Detrás del muro de piedra había una escalera de caracol que subía lentamente hacia arriba como si fuera mecánica, los tres chicos subieron y con un ruido sordo el muro se cerró tras ellos. Subieron más y más, hasta que al fin la escalera de piedra se detuvo y vieron ante ellos una reluciente puerta de roble, con una aldaba de bronce en forma de grifo.
Harry tocó la puerta que de inmediato se abrió y fueron recibidos por Dumbledore.
—Ya llegaron los viajeros—dijo Dumbledore con un tono alegre y sarcástico—Bien, solo hay que esperar a que lleguen el señor Malfoy y la señorita Parkinson.
En ese momento la puerta se abrió nuevamente y por ella entraron Pansy y Draco muy altivos como siempre.
—Bueno, ya estamos todos ahora si—dijo muy serio Dumbledore—Ultimas indicaciones, los enviaré en un traslador a New York donde se encontraran con un funcionario del ministerio, allá serán... las diez de la mañana del 3 de septiembre si no me equivoco; el funcionario del ministerio los llevará a comprar lo que van a necesitar en Greenwitch y luego los llevará al hotel donde se quedaran hasta el día 4 de septiembre; posteriormente tomaran el transporte que los llevará a la Academia de Greenwitch donde empezaran sus clases a partir del 5 de septiembre...
»Les pido que cumplan las reglas de ese lugar, aunque son similares a las de Hogwarts no busquen pretextos para que los manden de regreso—Ron rió pero al parecer Dumbledore hablaba muy en serio— Creo que eso es todo
Dumbledore tomó una tetera que estaba sobre su escritorio y apuntó con su varita y susurró « ¡Portus!» La tetera se movió un momento produciendo un resplandor azulado y luego volvió a la normalidad.
—Es hora—dijo Dumbledore—Me saludan a mi querida hermana, suerte...
Los cinco tocaron la tetera.
Todos sintieron como si un gancho los jalara de debajo del ombligo hacia delante. Los hombros del grupo entrechocaban uno contra otro. Sus pies se despegaron de la tierra, iban todos a una enorme velocidad en medio de un remolino de colores y una ráfaga de viento que aullaba en sus oídos. Y Entonces...
Tocaron tierra; el traslador golpeó con un ruido sordo el suelo y los cinco cayeron al suelo y se golpearon unos contra otros, los baúles cayeron con un fuerte estruendo y las lechuzas ni se diga...
Se encontraron en una habitación húmeda y desvencijada, parecía abandonada, la pintura de las paredes se estaba cayendo, el suelo era de cemento frío y los cristales de algunas ventanas estaban rotos.